“EL ORIZABEÑO” Y SU DILEMA ANTE DOS TAUROMAQUIAS.

MINIATURAS TAURINAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Los toreros de a pie ya han renunciado a los bigotes, excepto el picador, que orgulloso lleva puesto un traje híbrido, casaca a la española, pantalón de cuero al estilo campirano, sombrero jarano, de esos de “piloncillo” y el bigote. ¡Faltaba más! Como testimonio de la presencia que el varilarguero representaba en las cuadrillas toreras, no podía dejar de ostentar la vara larga de picar, esa vara seguramente de otate que recordaba el viejo testimonio del valeroso Juan Corona gracias a estos versos:

 El valiente Juan Corona

el de la vara de otate,

aunque la fiera lo mate

ha de picarlo sin mona.

    Sí, ese Juan Corona cuyo nombre, metido en el corazón del romance y el corrido mexicano, representó para quienes continuaban su labor, el modelo a seguir, a pesar que desde 1851 había quedado inútil para la profesión, luego de un delicado percance.

Quien ocupa el sitial de honor es Antonio González, mejor conocido como “El Orizabeño”, torero que junto a sus banderilleros terminan convenciéndose y haciendo suya la expresión del toreo a pie, a la usanza española en versión moderna, que se impuso en México a partir de 1883, aunque logró cotas importantes cinco años más tarde, con el advenimiento de Luis Mazzantini, Diego Prieto o Ramón López, entre otros.

Antonio González, se dio cuenta que no podía sufrir el mismo trato que la prensa propinaba a Ponciano Díaz, cuestionándole no solo su estilo. También, su forma de vestir, respetándole –eso sí-, y al menos en nuestro país, su peculiar bigote, que fue motivo de malestar entre aficionados y prensa españoles cuando el de Atenco se fue a la península, invitado por Luis Mazzantini, a la sazón empresario de la plaza de la Carretera de Aragón, para ser ascendido a la categoría de matador de toros el 17 de octubre de 1889.

Pero cuando Ponciano regresó, la afición tuvo para él un gesto de desprecio. Comprendió que se había cometido una traición y Díaz González comenzó a padecer la decadencia y el olvido. Eso, seguramente lo percibieron, entre otros, Gerardo Santa Cruz Polanco y Antonio González que procuraron seguir otra ruta. Santa Cruz Polanco cuestionando al propio Ponciano al crear su cuadrilla “Ponciano Díaz” como forma enérgica de reclamo ante las actitudes nada convenientes que manifestaba el popular torero nacido en Atenco y “El Orizabeño”, que, como se puede apreciar en la imagen, viste con toda propiedad el terno español y ya no lleva bigote. Aún así, con ese esfuerzo, Antonio González no tuvo la fortuna de brillar con luz propia, debido, con toda seguridad, al impresionante movimiento revolucionario decidido por los hispanos que se vieron respaldados por una buena parte de la prensa, que hizo suyos los principios de aquella nueva época. “El Orizabeño” y cuadrilla tuvieron que sobrevivir para luego extinguirse y desaparecer en el espacio provinciano, único y último reducto del toreo a la mexicana, a pesar del escaso apoyo de algunas otras tribunas periodísticas que se convirtieron en defensa perentoria de la tauromaquia nacional.

El diestro “El Orizabeño” con los miembros de su cuadrilla, cuando actuaba como espada en los redondeles mexicanos. En LA LIDIA. REVISTA GRÁFICA TAURINA.

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