UNA EXPERIENCIA TAURINA EN AMECAMECA EN 1880. (Primera de dos partes).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Bellísimo paisaje de Amecameca obtenido por Alfred Briquet en 1896. Disponible en internet noviembre 5, 2019 en:

http://catalogo.fototecaantica.net/ficha/?page=ft/fichas.php&cat=buscar&ver=amecameca&ficha=FVE-KB-023

Amaquemecan, Amecameca y hoy Amecameca de Juárez, es ese curioso nombre de origen náhuatl para este risueño poblado mexiquense que conservó por muchos años esa evocadora razón que bien cabe en la novela o en la poesía, así como un enorme cúmulo de historias es hoy el escenario de las presentes notas.

Tengo registros que recogen las primeras referencias taurinas en ese sitio. El primero de ellos, lo leemos así: PLAZA DE TOROS DE AMECAMECA, EDO. DE MÉX. En El Pájaro Verde, D.F., del 26 de noviembre de 1864, p. 4, aparece la siguiente noticia:

Fiestas en Amecameca (…) En los días 16, 17 y 18 –de diciembre-, habrá corridas de toros, lidiando con ellos una compañía de mojiganga y máscaras, terminando el 18 con dos lucidos bailes, uno en la calle principal y el otro en la casa de D. Santiago Castilla.

Y luego esta otra, de 1880:

 VILLA DE AMECAMECA. Gran feria en la (…) en los días del próximo carnaval (7 al 14 de febrero). (…) Habrá cuatro corridas, en las que se jugarán toros de la famosa, sin rival acreditada y arrogante raza de Atenco, los que serán lidiados por una de las mejores cuadrillas de la capital de México; ejecutándose en un todo conforme al orden que en dicha capital se observaba.

No se sabe con certeza quienes irían a torear. Debe haberse tratado, con toda seguridad, de pequeñas compañías de toreros aborígenes, improvisadas, pero siempre encabezadas por su “capitán de gladiadores”. Más tarde lo harían con frecuencia Bernardo Gaviño, Ponciano Díaz, o españoles como Carlos Borrego “Zocato”, entre otros.

También el Dr. Carlos Cuesta Baquero –es decir Roque Solares Tacubac-, refiriéndose a Julio Bonilla, de periodista a periodista, creador del Arte de la Lidia en 1884- comenta:

Era (J. Bonilla) asiduo concurrente a las corridas que desde el año de 1867 en adelante eran efectuadas en los pueblos inmediatos, relativamente, a la ciudad de México. Eran en Cuautitlán, Tlalnepantla, Texcoco, Amecameca, Zumpango y otros. También en la ciudad de Toluca, capital del Estado de México. No las había en la metrópoli y en la jurisdicción del Distrito Federal, POR TENERLAS PROHIBÍDAS EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, LICENCIADO DON BENITO JUÁREZ, QUIEN FUE ANTITAUROMÁQUICO, A PESAR DE QUE A VECES RECURRIÓ A «LOS TOROS» para arbitrarse dinero destinado al sostenimiento de hospitales militares, cuando el heroico asedio que sostuvo la ciudad de Puebla en el año de 1863.[1]

No dudo que esas celebraciones vinieran de más atrás, pero son apenas un par de ejemplos, el informe más antiguo que poseo al respecto. Lo interesante, y para continuar, es el hallazgo de unas interesantísimas notas escritas por Un español, y publicadas en dos entregas en el Boletín de Loterías y de Toros, y en Madrid, entre el 7 y el 14 de febrero de 1881. En ese reportaje denominado “Cartas de Méjico”, con fecha del 15 de diciembre de 1880, refiere su experiencia ocurrida el 21 de noviembre de 1880.

De tan amplia información haré síntesis, pues sus referencias taurinas no tienen desperdicio.

Comienza señalando su nostalgia por la patria, pero advirtiendo de entrada “En España no hay fiesta sin toros, en Méjico no hay ferias o algún acontecimiento que conmemorar sin las clásicas corridas”.

https://es.wikipedia.org/wiki/Amecameca_de_Ju%C3%A1rez#/media/Archivo:Amecameca-Iztaccihuatl.jpg

En clara alusión al tipo de festejos que entonces se celebraban, y donde era imperante el desorden, no garantizaba que dichos espectáculos durasen mucho en nuestro país. Del mismo modo hizo crítica de las “Tapadas de gallos”, o las mesas de ruleta y banca.

Cuando se trasladaba de México a Amecameca, Un Español traería el ejemplar del Monitor Republicano, D.F., del 20 de noviembre de 1880, en cuya pág. 2, se advertía:

CORRIDA DE TOROS.-Hemos recibido boletos para asistir mañana a la función de toros que tendrá efecto en Amecameca. Habrá granada encantada, arca de Noé, jaripeo de dos novillos y toro embolado.

Cada uno de los cuatro que se lidiarán, tiene su nombre particular.

Ya en el poblado y con una capa de polvo blanco encima, se dirigió al primer “fondiche” que encontró a su paso. Se estremeció al ver pasar a la banda del pueblo que encabezaba el “convite”, formado por seis picadores ¡en qué caballos! ya los quisieran así y tan baratos los inolvidables Bartolo y Colita (refiriéndose a dos antiguos picadores hispanos). Les antecedía el “loco” vestido de arlequín con caperuza blanca y el rostro ¡qué rostro! vale la pena no describirlo.

A una hora antes de iniciar el festejo, nuestro personaje se encaminó hacia la plaza, y su descripción nos habla que era una improvisada instalación de madera, eso sí acompañada en las afueras por un tenderete donde se apreciaba la siguiente leyenda: “Pulque fino de San Cristóbal con lo que resucitan los muertos”. El pulque es una bebida que suple al vino, que aquí no se da; el único que hay es el de España, pero cuesta cada botella un peso; es de un color lechoso y de sabor malísimo para los que no estamos acostumbrados, de bastantes grados alcohólicos y que pone la cabeza de los indios en un estado lamentable.

https://es.wikipedia.org/wiki/Amecameca_de_Ju%C3%A1rez#/media/Archivo:Amecameca-popocatepetl.jpg

Esa tarde, en la que actuaba Ponciano Díaz y su cuadrilla, también se contó con la presentación de una mojiganga titulada El Arca de Noé.

La plaza daba lugar a unas 2500 personas, con algunos palcos o lumbreras, una contrabarrera y burladeros. Llegada la hora de dar comienzo al festejo, ya sonaban los insultos empujados por la impaciencia que provocaba fueran más y más fuertes.

“No se hace el apartado de los bichos hasta el momento de la corrida, que no hay chiqueros, sino tan sólo el callejón que directamente desde el corral va al redondel. Y ¡comenzó el festejo!” nos advierte, mientras desfilan la cuadrilla.

Tal contingente lo encabezaba su “capitán” Ponciano Díaz y tres banderilleros más, tres picadores y las mulas de arrastre. Concluida dicha introducción, todos se colocaron en sus sitios, mientras el “loco” abría la puerta del chiquero, “subido en un listón que tiene dicha puerta, en medio y sentido horizontal, desde donde y a la salida del toro le coloca la divisa… si puede!

Y uno a uno fueron saliendo los toros de Atenco anunciados en aquel festejo. Primero fue Atleta, luego Tigre, siendo Quita calzones el tercero, así como un cuarto que en realidad se le hizo participar en la mojiganga y uno más ser “girapeado” que utilizaron tres aficionados que montados a caballo salieron al redondel.

Nuestro “cronista” nos relata lo sucedido con el primero en estos términos:

Ya en el ruedo el primero llamado Atleta, que según el programa debía estar poseído de brío y feroces instintos, emprendió la pelea ¿con qué dirán ustedes? con la contrabarrera, empeñado en saltarla; pero convencido sin duda que ésta tenía más bríos que él y que los picadores le buscaban en todos terrenos lo mismito, lo mismito que algunos tumbones que yo me sé… arremetió a ellos, tomando hasta 11 puyazos, algunos recargando y con voluntad, pero poder… ¡quía! no hay tu tía. He dicho puyazos, en lugar de lanzazos o chuzazos, pues me creí transportado en un momento a aquella célebre noche de Jueves Santo, tomando al picador por el sereno, que impávido esperaba con chuzo en ristre al toro de D. Vicente y que lo mismo dan estos picadores en los morros, que en las costillas, que en la parte posterior de los Atleta; pero ¿en el morrillo? eso es más difícil aquí que lo que parece, y si no apuesto al amigo Paquito Calderón que se venga por esta tierra de guadalupitas y si aciertan a dar un puyazo siquiera en su verdadero sitio a un toro de Atenco, me obligo a enseñarle la receta para quedarse de pie, siempre que algún toro español de no muy buena intención y de cabeza, le quiera tomar medida de un traje. Y llamamos herradero en España al desconcierto que reina en el redondel cuando sale un toro que dice ¡allá voy! pues aquí es un zafarrancho de combate; el toro huyendo como alma que lleva el diablo, los picadores a galope detrás y por delante, este que se estrella, aquel que tropieza con el toro y cataplum… a besar a su madre tierra, uno que chilla, otro que ríe, aquí se levanta, allí vuelta a caer, el loco que hecho un Tony Grice baila y para completa armonía ¡música! ¡música! ¡música! Todo en este mísero mundo tiene fin y lo tiene también esta infernal algarabía. El toro se aburre, se arrincona en la barrera hecho una criba a picotazos, pero el morrillo limpio. Claro es, si no le tiene. Este Atleta era un becerro utrero, colorado, ojo de perdiz, corni-brocho y de unas 16 arrobas, flaco y con un pelo no de invierno… sino… de dos lo menos.

Sonó el clarín a rehiletes.

Ramón Pérez, con un traje verde con oro, puso dos pares en el pescuezo del bicho a la media vuelta, pues de frente ni cuarteando no le es posible, porque esto no tendría mérito alguno, el tercer par quedó para otra ocasión mejor y para muestra como ahí se dice basta un botón.

Las banderillas son más cortas que las de España en bastante, en cambio son también mucho más lujosas, las puestas a este primer toro, eran dos liras y dos cornetas caprichosamente adornadas con banderitas nacionales. Es también costumbre que un solo banderillero ponga los tres pares de Reglamento: las ponga bien o mal, nunca falta el chin, chin, chin.

Colección digital del autor.

    Por último, íbamos a ver al capitán prusiano ejecutar la suerte suprema.

Una vez cogidos el trapo y asador y hecha una venia, no brindis, a la presidencia, dirigiose al bicho con la serenidad de un Frascuelo, y creído yo que tal apostura y arrogancia serían el preludio de una buenísima faena y de una estocada hasta la cruz, no cabía en mí de gozo y casi casi desprecié en mi mente a los que se dicen matadores de toros de cartel.

Pero, ¡oh humanidad! cuán efímero son tus goces e ilusiones, a cada pase del intrépido, ágil y ameritado diestro Díaz, sentía que en mi entusiasmo iba cayendo una gota de agua helada que hacía bajar su temperatura progresivamente y por fin bajó a cero, y me helé. Era que el toro había recibido una tremenda puñalada.

CONTINUARÁ.


NOTAS

[1] La Lidia No 3 del 11 de diciembre de 1942.

Deja un comentario

Archivado bajo CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s