GALERÍA DE TOROS FAMOSOS y TOROS INDULTADOS EN MÉXICO. SIGLOS XVI a 1946. (II).

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Continuando con estos afanes, que tienen como propósito entender en qué forma los autores novohispanos pusieron empeño especial para describir a esa especie animal tan particular como es el toro.

Poca información tenemos del Lic. D. Diego Ambrosio de Orcolaga, Abogado de la Real Audiencia de la misma Corte, quien sacó a luz una espléndida obra el año de 1713, por motivo de la celebración –por espacio de Tres Semanas-, del Natalicio del Serenísimo Señor Infante de las Españas El Sr. D. Felipe Pedro Gabriel… Me refiero a LAS TRES GRACIAS / MANIFIESTAS / En el Crisol de la Lealtad de México, don- / de con universales, celebró su aplauso por / espacio de Tres Semanas, el Fausto, y di- / choso Natalicio del Serenísimo Señor In- / fante de las Españas / El Sr. D. PHELIPE PEDRO GABRIEL, / que prospere la Divina Majestad para Co- / lumna de la Fe, y aumento de su Monarquía / Refiérelo sumariamente por sus Tres Estancias, EL LIC. D. / DIEGO AMBROSIO DE ORCOLAGA, Abogado DE / la Real Audiencia de la misma Corte; / QUIEN DEBIDAMENTE LE DEDICA. Y OFRECE / AL SEÑOR D. DOMINGO / ZABALBURU, / Del Consejo de su Majestad, Caballero / del Orden de Santiago, Gobernador, y / Capitán General, que fue de las Islas Fili- / pinas, y Presidente de la Real Audiencia, / que en ellas reside. / Con Licencia en México: Por los herederos de Juan Joseph Guillena Carrascoso.156 ff. Veamos qué nos dice Orcolaga: 

Si de Astros, y de Estrellas, son fanales…

 

Si de Astros, y de Estrellas, son fanales

del Vulgo de las luces, Presidentes,

no se vieron jamás concursos tales,

venir de las comarcas diferentes

el arte, el gusto y la naturaleza,

ni con más Majestad, ni más grandeza.

Los balcones que al sol fueron lumbreras,

en orden tan valiente descollaron,

que Babilonios fuertes, las esferas

o Babeles confusos los juzgaron:

No sin razón, porque sus primaveras

en fecundos pensiles se atraparon,

y las lenguas, que elogios pretendieron

en tanta multitud, se confundieron.

Mayo, y abril parece que en tal día

barajados en flores se apostaban,

si de ámbares el uno flux decía,

en otro las primeras se miraban:

Cada cual entre si se compería (sic),

cuando por puntos de amalibea luchaban;

que en tales lances, bien supo el verano

por rendirse al real pie, ganar de mano.

La belleza, donaire, y gentileza

de racionales, de cupido arpones

más cuerpo supo a dar su belleza

por robar con más alma, corazones!

Si bandolera aquí naturaleza

a sus leyes fundando en sin razones

dejó a esta gracias, parcas de las vidas

de ella prendadas, del primor prendidas.

 

(La Fiesta de los Toros)

 

En continuado triduo le jugaron

de los que Diana[1] aquel favor menguante

medio círculo enfrente señalaron,

(dilema de la parca terminante!)

cuyo denuedo intrépido juzgaron

ser de otra esfera monstruo dominante,

y es que quizá se desprendió en un vuelo

en tauro transformado, el león del cielo.

De Europa, y de Pasiphe los amados,

de Perilo tormentos encendidos,

de Jafan los ardientes apagados,

y de Jarama linces conocidos,

de toda esta tarde toreados

se vieron acosados, y curtidos,

que en el valor, y el alma de tal día

cobarde se escogió la valentía.

Por que puesto en la lid, el bruto fuerte,

horrible gladiador de arena tanta,

si su fiereza hermosa los divierte,

su despego, y orgullo los espanta;

mas si su vista es teatro de la muerte,

y del asombro su membruda planta,

desvanece esta máquina arrogante

el filo ensangrentado, de un infante.

El jueves, ya que al cesar se le daba

lo que era suyo, a DIOS de todo dueño

de sus mismas finezas se tomaba,

para gratificarle en tanto empeño:

Luz de la zambra del que celebraba

Melchifedec, y Aarón le dio en diseño,

y en el Pan de los Ángeles, de Nieve,

a DIOS le paga con lo que a Dios debe!

Con el que en la vía láctea fue amasado

pan en flor de azucena, siempre bello (…)[2]

 Las astas de los Toros, fingen el semicírculo de Diana (la –del toro de Júpiter, robador de Europa, y de los de aliento de llamas que Jasón apagó con la magia de Medea), cfr. Ovidio, Metan. 2, 846, y 7, 100… –De la demencia de Pasifae, Virgilio, Egl. 6, 45 (y R. Darío, La Gesta del Coso). –Perilo, artífice de Atenas, forjó para Fálaris un toro de metal, que caldeado, arrancaba mugidos a sus víctimas encerradas en él… –Tales mitologías taurinas, las zahiere lindamente D. Leandro de Moratín, en La derrota de los Pedantes; mas olvidó la egregia oda de su padre, D. Nicolás, a Pedro Romero… (Méndez Plancarte).

Nuestro siguiente autor es el que puede considerarse como el primer cronista taurino: Fray José Gil Ramírez, “natural de México, Lector Jubilado del Orden de San Agustín, eruditísimo en las letras humanas… y maestro del célebre joven abogado D. José Villerías y Roelas”, el cual “vivió ciego muchos años y falleció por el de 1720” (Beristain). Su obra capital es Esfera Mexicana (1714), donde hace exquisita y valiente descripción de unas fiestas –como un rapto de una pluma / del águila de Augustino (Orcolaga)-, sin contar otra crónica especial de “Toros y Gallos”, en prosa líricamente gongorina y de grande eficacia plástica: las Sombras del Tauro, que Nicolás Rangel, al catalogar tan deliciosa narración, lo gradúa de el primer revistero taurino del siglo XVIII

El 6 de febrero de 1713, los miembros del Cabildo dijeron:

Que están inmediatas las fiestas del nacimiento del Serenísimo Señor Infante (Felipe Pedro Gabriel, quien nació el 7 de junio de 1712 en Madrid, hijo de Felipe V de España y de María Luisa Gabriela de Saboya), y dispuesta la plaza del Volador para que en ella se lidien los toros.

Anotaba nuestro autor, para empezar:

Tiene el cielo cuarenta y ocho imágenes que ilustran su zafiro una de ellas; que siendo imagen es signo, es el Toro, mentido robador de Europa y luciente honor del cielo; sujeto principal, por ser él la llave dorada de los astros, con la cual abre las puertas del año”.

Y en el día de la gran celebración:

“No bien había hollado la caliente arena el animado bruto, cuando valiente Cuadrilla de rejoneros y ligera tropa de Toreadores de capa, acordonándole el sitio, le había embarazado los pasos; provocábanle con señas y silbidos que atendía furioso; reportándose impaciente, bramaba al estímulo de su enojo, y airado escarbaba la arena; temerosas señas de sus mortales iras. Venció la provocación al reporte, y rompiendo impetuoso, acometió denodado al primero que le esperó atrevido; repitió el cometimiento, librando la vida en algunos lances, por no rendir el hálito, sino por dar el triunfo al más dichoso; murió por último, más que a punta del acero, al precipitado arrojo de su cólera, manchando el suelo con el múrice de su sangre, para escribir con tinta roja, en el trágico papel de la arena, avisos inútiles a los otros. Lidiáronse catorce aquella tarde, con iguales lances y semejantes circunstancias, premios y víctores a los vencedores, como se acostumbra en tales ocasiones. Excedióse en bizarría el Excelentísimo Duque de Linares, que no individuo, porque hablar de esto, después de tantos y tan merecidos aplausos fuera Ligna mitere in Sylvan (echar leños en el bosque).

Portadas de dos de los documentos –tanto de 1713 como de 1724- aquí reseñados.

   En 1722, varios autores se suman al certamen literario “Estatua de la Paz”, esto en Zacatecas, con motivo de la presentación del obelisco que se le erigió al señor Don Luis I (rey de España en 1724). Y entre las notorias exaltaciones, surge aquella que describe parte de las fiestas, como sigue:

Estatua de la Paz.

 (. . . . . . . . . .)

Que muertos los deseos

vieron lograr Pensílicos Hibleos.

o de el templo lo diga

siempre ejemplar de una piadosa viga

la función tan costosa,

con que gracias a Dios dio fervorosa

su devoción activa;

donde, mas que ascua viva

ardía en su pecho amante

la fe, con que constante

al cielo le pedía

por el aumento de la Monarquía:

Precediendo a ella en fuegos, y candiles,

si liberales gastos, no civiles;

porque de su franqueza

cortedad juzga la mayor largueza.

Publíquenlo severas

dentro del Circo las treinta y dos fieras,

que en un día se lidiaron,

a los que las miraron

dando gusto, y espanto,

de su valor con singular quebranto;

ya en los Toros feroces,

que en bramidos, y voces

cobraban la requesta

de su indomable destrozada testa;

ya en cíbolos valientes,[3]

que regionales monstruos eminentes

con erguidas cervices

el color sin matices;

ser cada uno es notorio

irracional lanudo promontorio,

abultado coraje,

de los montes horror, Toro salvaje.

Mas para que me canso

en referirte, lo que bien no alcanzo?

no siendo de mi intento;

sino es, contarte el superior contento,

con que los cisnes sabios,

de otros antiguos émulos, y agravios,

el humor agotaron

de Hipocrene,[4] y hablaron

ebrios de sus cristales

tales elogios en conceptos tales,

como verás curioso,

si el papel leyeres; aunque ansioso

sincopa sea el estilo,

que corte de tu gusto el cuerdo hilo.

Y pues que ya te he dicho,

por uso, por costumbre, o por capricho

el motivo de el hecho,

de ello quedes, o no bien satisfecho;

o me culpes, o no piadoso, o recto;

o te parezca bueno, o imperfecto;

ya cumplí con mi oficio,

(. . . . . . . . . .)[5]

    Para 1749, las fiestas de la proclamación de Fernando VI fueron centro de atención por parte de las autoridades. Su efervescencia continuaba activa. Fue así como la Nueva Vizcaya se suma con una relación más: Hércules Coronado, que a la augusta memoria, a la real proclamación, del prudentísimo, serenísimo, y potentísimo señor D. Fernando VI Rey de las Españas, y legítimo emperador de las Indias, le consagró en magníficas fiestas y gloriosos aparatos, la muy ilustre, y leal ciudad de Durango, cabeza del nuevo Reyno de Vizcaya, quien lo saca a luz… por mano del Sr… México, Colegio Real y más antiguo de San Ildefonso, 1749 / (22). 96 p., que contiene a su vez descripciones taurinas y una pequeña muestra poética.

Anota José Cosío, su autor:

Si preguntamos a los astrónomos, y mitologios, cuál fue la causa de poner el signo de Tauro allá en el cielo, cual la razón de colocarse este bruto feroz entre los Astros, nos responderán desde luego con Higinio, que por haber conducido a las espaldas hasta la sila de Creta sin lesión a Europa (…) Pues si es tal la belleza, y felicidad de Europa, que la venera un animal tan fiero, que un bruto tan horrible como un Toro sabe hacerle espaldas; que mayor obsequio pues de consagrársele en los triunfos invictos de Alcides, que el sacrificio de los Toros en sus aclamaciones, y en sus fiestas. Y ahí puede grabársele esta letra, que como escrita en Salamanca toca, y le viene bien a Europa, sin otra mudanza, que una sola línea:

Galán vizarro Toro…

 Galan vizarro Toro,

divisando de lejos el estrado,

se fulminó bifulco rayo alado,

temiendo en la tardanza su desdoro;

mas de las ideas del fiel decoro

se halló tan sorprendido

del abanico al aire,

que equivocó el favor con el desaire

volante entre aprehensiones de corrido.

No obstante cortesano, y generoso

hace espaldas a Europa victorioso;

con que haciendo paréntesis de bruto,

de discreto merece el atributo.[6]


[1] Diana: diosa virgen de la caza.

[2] José Francisco Coello Ugalde: Relaciones taurinas en la Nueva España, provincias y extramuros. Las más curiosas e inéditas 1519-1835. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1988. 293 p. facs. (Separata del boletín, segunda época, 2)., p. 77-78.

[3] Al parecer era una costumbre más o menos establecida, el hecho de que se jugaran o se corrieran cíbolos. Así como encontramos ese dato con las correrías de Luis de Velasco en el bosque de Chapultepec en 1551, también aparecen mencionados dichos ejemplares en la cuenta de gastos de la recepción del arzobispo-virrey Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta en 1734. Véase: Salvador García Bolio: “Plaza de Toros que se formó en la del Volador de esta Nobilísima Ciudad: 1734. [Cuenta de gastos para el repartimiento de los cuartones de la plaza de toros, en celebridad del ascenso al virreynato de esta Nueva España del el Exmo. Sor. Don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta]”. México, Bibliófilos Taurinos de México, 1986. XX + 67 p. Ils., facs.

[4] Hipocrénides: las musas. Dióseles este nombre por el de la fuente Hipocrene, consagrada a ellas.

[5] Op. Cit., p. 104-105.

[6] Coello Ugalde: Relaciones taurinas…, op. cit., p. 181.

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