LO EXCEPCIONAL EN LA OBRA DEL “CHANGO” GARCÍA CABRAL.

FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

¡Chango!, genial de toda genialidad.

Revista de Revistas. El Semanario Nacional. Año XIII. México, 26 de marzo de 1922, N° 620.

Ernesto García Cabral fue un artista que hoy debo evocar, pues debe haber un justo reconocimiento al dibujante, al pintor que nació en Huatusco, Veracruz en 1890 y muere en la ciudad de México en agosto de 1968. La mejor ventana posible a su fecunda creación la encontró en el afortunado espacio de Revista de Revistas, donde desde fechas muy tempranas a la salida de tan emblemática publicación (la cual circuló desde 1910), este artista parece ser un continuador natural de aquel otro, también intenso y creativo como lo fue José Guadalupe Posada, quien había muerto en febrero de 1913, así como de José Clemente Orozco, con quien fue de la mano en aquellos años iniciales del siglo XX.

Alumno consagrado de Germán Gedovius, comenzó su andar en publicaciones como La Tarántula y Frivolidades, Caras y Caretas, Fantoche y cuantas dieran espacio a su ilimitada creación.

Sus coloridas ilustraciones se ocupan de los temas de actualidad en aquellas épocas y lo mismo caricaturiza al personaje de moda, que pone en valor la esencia de otros temas como el religioso, o aquellos que tienen que ver con festividades como la semana santa o los días decembrinos, por ejemplo.

Para entenderlo a profundidad, basta con dar lectura a un evocador escrito que redactara a su memoria un contemporáneo suyo. Me refiero al gran periodista Roque Armando Sosa Ferreyro[1] a quien cedo la palabra:

México y el arte están de luto por la muerte de un pintor, dibujante y caricaturista extraordinario, de un hombre cabal en su carácter y en el desbordamiento de su afecto, de un humorista espontáneo que derrochó las luces pirotécnicas de la gracia y la sátira en las tinieblas de la vida diaria.

Su portentoso ingenio, su admirable destreza, su dominio de la técnica –que en él era el dominio de todas las técnicas-, realzaron el talento que a través de sesenta años de perseverante labor señalan una época sin paralelo en el periodismo nacional.

Revista de Revistas. El Semanario Nacional. Año XII. México, 4 de diciembre de 1921, N° 340. Así ilustró a Juan Belmonte, cuando regresó a nuestro país.

Si en su vida tuvo una juventud de alegre desorden, en que navegó sin brújula y al garete, ávido de aventuras, horizontes y placeres, en el ejercicio del lápiz, la pluma y el pincel tuvo una celosa disciplina, una renovada inquietud de saber siempre más, hasta alcanzar el conocimiento minucioso de la anatomía humana, para llegar hasta la difícil expresión del desdibujo por el amplio camino del dibujo. ¡Y esto con una certera exploración subjetiva de los hombres, con la percepción de caracteres en sus rasgos propios y en su personalidad anímica y con el más fino y sano sentido del humor que hacía aflorar la sonrisa, no la carcajada!…

El arte de García Cabral se expresó en múltiples formas y la que más cultivó fue la caricatura, lo mismo en máscaras que hacían la disección de sus modelos que en temas políticos y costumbristas, representando con unas cuantas líneas los tipos populares, las féminas seductoras, las matronas opulentas, los elegantes de barriada, los pulqueros y cargadores, las secretarias y las fámulas, los burócratas y los banqueros, los payos dispersos en la metrópoli, y los policías y los peladitos, toda la fauna social.

Sin embargo, García Cabral fue no sólo un caricaturista de excepción, sino un ilustrador magnífico, desbordante de fantasía; un retratista que aprisionaba en sus trazos y medios tonos la recóndita sicología de un personaje: un dibujante de línea segura y suave, que copiaba del natural escenas palpitantes de vida, como en las corridas de toros; y un pintor de exuberante colorido, que valorizaba y armonizaba el gouache como la acuarela y el óleo, y que excursionó con el mejor éxito en algunos murales dignos de los más amplios elogios.

En laudanza de su genio digamos que fue un conocedor de todos los secretos del oficio, y que sabía manejar como pocos los múltiples recursos de la técnica para encauzar las corrientes creativas de su espíritu. Al contrario de muchos improvisados que han hecho de la farsa su modus vivendi, García Cabral fue un verdadero maestro en la composición, el dibujo, la perspectiva y la gama cromática. Toda su obra confirma la sapiencia plástica que atesoró en academias y museos, y que le sirvió de pedestal para decir su mensaje de belleza y de arte, de buen humor y de constructiva crítica en el panorama de México y del mundo…

Revista de Revistas. El Semanario Nacional. Año XII. México, 19 de noviembre de 1921, N° 654. La incógnita de la temporada taurina: el “divino calvo” Rafael Gómez “Gallito” creador de las “espantás”.

Desde niño dio muestras de sus aptitudes en el manejo del lápiz y la pluma, y estas disposiciones le valieron que el gobernador del Estado de Veracruz, don Teodoro A. Dehesa, lo pensionara en 1907 –cuando tenía 17 años de edad-, para venir a estudiar en la Academia de San Carlos. Vivía con el mínimo ingreso de veinticinco pesos mensuales -¡los pesos monumentales de aquellos tiempos!- y ganó sus primeras extras con las caricaturas que le encargó Fortunato Herrerías –de la dinastía que formaron él y sus hermanos Ignacio, Gonzalo y Ernesto-, para la revista política y festiva “La Tarántula”.

En la ruta caricaturesca, ascendió a las páginas de “Frivolidades” y de “Multicolor”, donde hizo armas combativas contra los prohombres de la época juntamente con los famosos dibujantes Santiago R. de la Vega y Atenodoro Pérez y Soto.

La fuerza de su personalidad mereció que el Presidente don Francisco I. Madero le otorgara una beca para estudiar en París, y en la Lutecia de la bella época vivió intensamente, embriagándose, conforme a la exhortación de Baudelaire, de amor, de vino y de poesía. La caída del régimen maderista dejó en el aire a García Cabral, quien tuvo que esforzarse para vender sus caricaturas y apuntes a las revistas más famosas de entonces: “Le Rire”, “La Vie Parissiene”, “La Bayonette”, compitiendo en concursos semanales con los mejores y más famosos artistas radicados en la capital de Francia.

Revista de Revistas. El Semanario Nacional. México, 14 de enero de 1923. Gaona recibiendo una ovación.

Después, el huracán de la Primera Guerra Mundial lo llevó a España y más tarde a la Argentina. En todas partes impuso la calidad de su espíritu, la garra de su ingenio, el aguijón de su sátira, la maestría y el dominio de su dibujo. Y acumuló un caudal de experiencias, en el vértigo de su desbocada juventud, para retornar a México e incorporarse a la prensa nacional y dejar el testimonio de su genio en portadas de revistas y en apuntes de excepcional valor por su intención y por la difícil facilidad de sus líneas y matices cromáticos.

Admirador suyo de siempre, desde sus primeros pasos en el laberinto del periodismo, lo conocí en 1922, recién llegado yo a México, y desde entonces cultivé con él una amistad sin reservas, disfrutando el privilegio de su cordial afecto y de su simpatía fraterna. En el tapanco de lo que era el archivo de “Revista de Revistas”, en la vetusta casona de Nuevo México, a cargo del humanísimo Marcos A. Jiménez –el inspirado compositor que después se consagró con la bella melodía “Adiós, Mariquita linda”-, veía todas las tardes a Ernesto García Cabral llegar nervioso y jovial, recostarse en una banca de madera, dormir una breve siesta teniendo por cabecera un diccionario, y luego levantarse para dibujar su caricatura diaria…

Lo absorbió implacablemente el periodismo, que reclamaba sin cesar las astillas deslumbrantes de su genio creador. Fue un trabajador infatigable… y murió pobre, pudiendo haber atesorado una fortuna; pero capitalizó cariño, admiración y un prestigio internacional. Vivió una época en que se concedía menos importancia al dinero y fue un gozador de todos los placeres, hasta que en la madurez de su existencia formó un hogar modelo, un hogar en que el amor de la esposa y de los hijos correspondieron en plenitud al gran corazón de Ernesto García Cabral.

Revista de Revistas. El Semanario Nacional. Año XIV. México, 2 de diciembre de 1923, N° 708. Juan Anlló “Nacional II”.

De él podríamos escribir muchas páginas. No es la ocasión y dejamos para otra vez el rico anecdotario de este artista que acaba de morir, a los 77 años de edad, pues nació en Huatusco de Chicuéllar el 13 de noviembre de 1890. Ahora se le rendirán honores y homenajes, se exaltarán sus virtudes, su calidad extraordinaria de hombre y de artista. Y en testimonio de ello rubricamos estas líneas reproduciendo el juicio que Rodrigo de Llano, el inolvidable amigo y maestro del periodismo mexicano, escribió en 1957, cuando en la Galería de Artes Plásticas de la Ciudad de México se presentó una exposición retrospectiva de sus obras: “Su labor, dispersa en diarios y revista le ha valido fama universal, una merecida admiración que se agiganta con la perspectiva de los años. Como dibujante, como caricaturista, como pintor, Ernesto García Cabral es un positivo valor contemporáneo, digno de todos los elogios. Sin embargo –como es costumbre entre nosotros, y propio de la mezquindad humana-, la consagración y el reconocimiento de su enorme dimensión artística sólo habrán de enmarcar su nombre cuando García Cabral no pueda brindarnos ya sus obras inmortales”.

El Sol de México, 9 de agosto de 1968. Apunte de Rafael Freyre.

Y como habrán podido apreciar al cabo de este imprescindible perfil, fueron apareciendo algunas de esas creaciones y recreaciones suyas, además de algún retrato y hasta el honroso homenaje que hiciera otro artista, para un gran artista. Allí está la notable caricatura, más bien excepcional dibujo a lápiz que logró Freyre por aquellos días en que se registró la pérdida irreparable del enorme creador que hoy es motivo de reconocimiento.


[1] El Sol de México, edición del 9 de agosto de 1968. Roque Armando Sosa Ferreyro, García Cabral.

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