EL AMBIENTE TAURINO EN 1831.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

La Alameda, emblemático espacio público, óleo del gran artista J. M. Rugendas en 1833.

   1831 se percibe como un año que registró una interesante actividad taurina, por lo menos en la ciudad de México. Sin embargo, recordemos que eran los tiempos en los cuales, dada la reciente emancipación, esto significó un profundo rechazo a toda influencia o presencia española, de ahí que la prensa respondiera indiferentemente. Sin embargo, hubo a lo largo del mismo una serie de circunstancias ventiladas sobre todo en El Sol (1821-1832) el cual se mostró siempre en oposición a Iturbide, de que desapareció en cuanto Iturbide mismo fue coronado como primer Emperador de México. Claro, El Sol volvió a brillar en cuanto cayó el efímero imperio, además de estar inmiscuido en los intereses de las logias masónicas de filiación escocesa. Su director fue el médico catalán Manuel Codorniú.

En varios “Comunicados” se percibe en forma elocuente pero farragosa el conflicto que pervivía por entonces, sobre todo entre quienes como empresarios, desempeñaban actividades no siempre afortunadas, según lo que podrán leer más adelante. Además, encontramos vicios y virtudes, el nombre de, al menos dos asentistas: un tal Cires y a Francisco Javier de Heras. Ni por casualidad aparece el nombre de Manuel de la Barrera, aunque en el fondo es quien hábilmente pudo haber manejado la situación a través de terceros. También aparece un torero, cuyos seudónimos: “Un torero de Necatitlán” o “segundo Pepe Hillo” nos hace entender que ese personaje acaparaba o monopolizaba cierta cantidad de espectáculos en la muy criticada administración de la plaza de toros del “Boliche”. O sobre la conveniencia o no de que siguieran funcionando plazas en aquel espacio urbano, sugiriendo que estas se levantaran fuera de la ciudad, dada la anarquía que se presentaba justo cuando llegaban los encierros o que, por su mal manejo no faltaba algún “torete” escapado. Veamos los interesantes comunicados de aquellos momentos.

 El Sol, del 15 de enero de 1831, p. 4. COMUNICADO.

Sres. editores de El Sol. Mis caros amigos: acabo de saber por un conducto fidedigno, que el empresario de la plaza de toros, ciudadano Francisco Javier de Heras, ha ejercitado en estos días su piadosa beneficencia, escogiendo los animales más grandes y gordos que se han lidiado en las últimas funciones para socorrer con ellos a los infelices de S. Lázaro, S. Hipólito, hospicio de Pobres, casa de mujeres dementes y presos de las cárceles.

Estos rasgos de generosidad presentados por una mano franca para lenizar las escaseces que comúnmente experimentan los establecimientos en que yace la humanidad afligida, exitan la mía a publicarlos aunque la resista, como creo, la modestia de tan apreciable bienhechor, siendo tanto más recomendables, cuanto que se me ha informado que en los azarosos días de la Acordada del mes de diciembre del año de 28 fue uno de los saqueados completamente, y que no le ha quedado otro recurso que la expresada plaza para atender las urgencias de su numerosa familia.

Al hacer notorios unos hechos que tanto conmueven mi sensibilidad, no puedo menos de tributar al ciudadano Heras, las efusiones de la más tierna gratitud que sinceramente le prodigan los socorridos por sus beneficios, asegurándole que con ello ha labrado un nuevo eslabón muy poderoso, para que esta patria que adoptó por suya, se glorie de tener en él un hijo benigno, que en medio de su cortísima suerte patentiza de un modo ejemplar la benevolencia y otras virtudes que tanto se distinguen en la nación mexicana.

Si vds., sres. editores, se dignan conceder un claro en sus apreciables columnas a este corto desahogo de mi reconocimiento, emplearé este mismo para darles las más expresivas gracias, y asegurarle que seré perpetuamente su más obligado y atento servidor.-El mexicano agradecido.

 El Sol, en su edición del 6 de abril de 1831 insertaba este COMUNICADO:

Sres editores de El Sol.-Muy sres. mios: Parece que ayer ha sido la bendición de la nueva plaza de toros que se ha construido en la misma entrada de la Alameda. El establecimiento de esa plaza, y la elección del local ha sido el pensamiento más feliz que pudo ocurrir en el año de 1831. En este memorable año se ha prohibido para siempre la diversión de s (por relajación de costumbres en donde hasta hubo edicto emitido por el Cabildo de la Iglesia Metropolitana el 5 de marzo anterior), y con los toritos del Boliche se prohíbe también la libertad de pasearse en la Alameda, a no ser que se determine el que quiera hacerlo a echarla de toreador, a dar carreras y volteretas y a llevar su revolcada si le falta la destreza, o no tiene el vigor necesario para salvarse de la embestida de uno de esos animalitos de dos espadas.

No es tan remoto este riesgo, pues ayer para solemnizar la bendición, trajeron unos toretes, y luego se escapó uno y fue a turbar con su presencia la tranquilidad de los que se paseaban en la Alameda muy ajenos de tan incómoda visita. Véase el modo de que este bonito paseo se haga inútil, pues ¿quién ha de concurrir a él el día que se haya de lidiar toros para exponerse al riesgo de ser atropellado y tal vez muerto? ¿Mandarán los padres de familia a sus hijos como lo han estado haciendo hasta ahora, porque se había considerado el paseo menos expuesto para las criaturas, porque en su centro está libre de los coches y de los caballos? Parece que no, y también que no quedarán muy reconocidos ni a los inventores de la tal plaza ni a la autoridad que permitió se colocara en paraje tan impropio para esta especie de diversiones. Las plazas de toros no deben consentirse en el centro de las ciudades, por los muchos riesgos que trae consigo el manejo de unos animales que no siempre hacen lo que se pretende que hagan. Sean cualesquiera las precauciones que se tomen, acontece el que un toro se escapa del encierro, y toma el camino que mejor le parece, y aunque no embista ni lastime a ninguno, asusta y sobresalta a cuantos se ven expuestos a sus hostilidades. Mil ejemplares hay de acontecimientos de esta clase aún en la difunta plaza de San Pablo, y no se evitaron sobrando el celo y el cuidado más activo y eficaz.

Subsista, pues así se quiere, ese bárbaro espectáculo, al que por mal nombre se llama diversión; pero no se consienta sino en los extremos de la ciudad, alejando sus peligros y accidentes del centro de ella, en el que debe conservarse la confianza y sosiego de las personas que prefieren un paseo tan inocente y agradable cual es la Alameda, del que se les va a privar injustamente desde el momento que comiencen las lidias en la nueva plaza. Ayer se dio una pequeña muestra con la huida del torete.

¿Se deberá aguardar para tomar providencian tan propias de la policía a que sucedan algunas desgracias?

Por saber si hemos de esperar a este tiempo, suplico a vds., sres. editores, me favorezcan dando un lugarcito a este reclamo que hace Un padre de familia.

 El Sol, edición del 8 de abril de 1831. COMUNICADO

Sres. editores de El Sol.-Mis apreciables conciudadanos: es llegado el caso de suplicarles me franqueen un lugarcito en su refulgente Astro para referir el inmensurable desorden que se está notando en la nueva plaza de toros (cita junto a la Alameda) para que el sr. gobernador con su acostumbrada justificación y energía evite las funestas trascendencias que acarrearía dicha plaza, originados únicamente de ambicionar el mayor número de boletos, sin calcular el de individuos que pueda ocupar el precitado lugar. Siempre deberá reprobarse el ningún orden que hay respecto del reparto de boletos, pues habiéndose (en la tarde de ayer) vendido un considerable número de estos, quedó completamente ocupada la plaza, de lo que resultó que ya no se permitió entrada a los que tenían comprados sus boletos. Estoy previendo la respuesta que dará el dueño de la plaza a lo que llevo estampado; pero semejante respuesta es digna del mas alto desprecio, pues que al sr. regidor Peredo se le patentizó la justicia y consideración que tenía un número considerable de ciudadanos, casi se conformó con la disculpa que le dio el encargado de aquel edificio, habiéndose concluido aquellos momentos con decir al sr. Pereiro: “Ha he servido a este público, vallan vds. por la ventana para que se les devuelva su dinero, ahora voy a cumplir con el público de allá dentro”. Se retiró sin que hubiera cumplídose nada.

Se alegaba (sin duda maliciosamente) que no se podía devolver ningún dinero, porque muchos de los boletos que ya habían servido, los habían tirado por la azotea, y que era una confusión ¡que disculpa! el sr. Peredo se atrojó mucho, este sr. debió haberse informado del giro que se da a los boletos para averiguar la verdad, y ya que no lo hizo le diré: que al venderse los boletos en las casillas les cortan una esquina (los boletos son cuadrados) y al entrar a ocupar los lugares o acientos se les corta otra esquina, con cuya segunda cortada se amortizan; ahora bien, pues si su señoría hubiera mandado que se presentaran todos los boletos que se reclamaban, y solo se hubiera devuelto el dinero de aquellos boletos que solo tuvieran una punta cortada, claro es que los que se dice que tiraron por la azotea deberían de estar con dos esquinas menos, y de estos no se devolvería nada por conocerse el engaño. ¡Qué operación tan sencilla! La que si se hubiera adoptado, seguramente que ni el público le ha habría perdido el respeto ni se habría dado lugar a que la tropa baleara a los ciudadanos engañados, cuyo balazo no sé si el oficial de la guardia estaría facultado para mandarlo tirar; estoy persuadido que como siempre ha sido mejor la condición del que posee, puede que no se devuelva el precio de los boletos comprados a que me refiero, pero si así fuere, me contentaré con hacer presente al público, y en particular al sr. gobernador, del distrito, para que procure que se metodice el mejor arreglo para evitar en lo sucesivo la repetición de estos actos, tan nocivos al público como al dueño de esa diversión.

Vds. Dispensen, sres. editores, la molestia que con este motivo les infiere su afectísimo servidor q.b.s.m.-V. A.

    El Sol. COMUNICADO. México agosto 10 de 1831

Señores editores. Muy señores míos. Desde que se levantó la plaza de toros del Boliche, no ha cesado su empresario de causar directa e indirectamente considerables perjuicios al de la de Necatitlán, no tanto por su fabricación, pues que en el dichoso sistema que afortunadamente nos rige, cada ciudadano puede especular en el ramo que más le acomode, cuanto en otras rencillas promovidas sin la mejor limpieza y que por bastardas, me he propuesto dejarlas ahora en el tintero. Mas para satisfacer a vds., señores editores, y que no culpen de temerario mi aserto, les citaré un pasaje que acaba de suceder, y que sirve de un testimonio irrefragable a los que calla. Estando dispuesta ayer en la plaza de donde soy torero, la celebración de la entrada en esta capital del ejército triunfante de las tres garantías, y puestos al efecto los anuncios de estilo en los parajes acostumbrados, un dependiente de la del Boliche, cerca del medio día, anduvo colocando sobre estos y al pie de ellos, otros contra-avisos en que sin denominar la plaza de su procedencia, noticiaban al respetable público el no verificarse la corrida por no haber podido llegar el ganado antes de las seis de la mañana mediante hallarse existente la sabia orden, sobre la materia, del señor gobernador territorial; cuyo documento, del modo que se publicó, y al no haberse tomado por mi y mis compañeros las medidas correspondientes al caso, hubiera inferido un nuevo daño a la empresa de donde dependo, pues que por su sentido literal no debiera asistir persona alguna a la referida función; y aunque el amo a quien se le dio parte de esta peregrina ocurrencia la oyó con su inalterable calma, atribuyendo este suceso a un accidente casual, yo, que no discuto tan noblemente y soy por naturaleza malicioso, no puedo menos de darle otro distinto carácter, y aconsejar por el respetable conducto de vds. al señor Cires y sus diestros dependientes, aquella religiosa máxima bien conocida en todos los pueblos, de que no hagas a otros lo que no quieras que hagan contigo por las fatales consecuencias que suele acarrear su inobservancia.

Si vds., señores editores, tienen la generosidad de imprimir estos mal forjados renglones, en su refulgente Sol, le prometo que el domingo próximo clavará con la destreza de un segundo Pepe-Hillo dos banderillas de fuego por la preciosa salud de vds. su atento y muy humilde servidor.-Un torero de Necatitlán o segundo Pepe Hillo. (El Sol. Ciudad de México, 12 de octubre de 1831, p. 3-4).

Vamos por partes, pues parece contener algunas confusiones.

Si nos atenemos a lo que “Un torero de Necatitlán” señala como principal motivo el ingreso del “ejército triunfante de las tres garantías”, que como todos sabemos, se trata del Ejército Trigarante, este hizo su feliz entrada a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, de ahí la conmemoración.

Por otro lado, al consultar el Diario Histórico de México (1822-1848) de Carlos María de Bustamante, tanto de los días 9 y10 de agosto, como del 11 y 12 de octubre de 1831, tampoco se encuentra nada relacionado con lo que “el segundo Pepe Hillo” asegura.

Aunque sí lo hace respecto a lo ocurrido el

Martes 27 de septiembre de 1831

(Día tan pésimo como el de ayer)

A pesar de esto el alba se anunció con cohetes y cañonazos y después con repiques en las iglesias y dianas en los cuarteles en celebridad de la entrada del ejército de Iturbide, cosa que en nueve años no se había hecho. Estas son arterías del vicepresidente Bustamante, y aproches que va poniendo para el restablecimiento del imperio, que acaso en México principiará por el pronunciamiento del centralismo; mas el hombre se chasquea, aunque se apoye en cantones, según mi cálculo. Esta tarde se soltaron dos globos atados con una cuerda en el cuartel de gendarmes, el uno tenía un rótulo que decía España, y el otro América, el segundo apenas comenzó a volar cuando se incendió con el mucho viento, mas el primero se remontó bastante, y al fin corrió la misma suerte. Uno y otro simbolizaban la empresa de Iturbide cuyo lema es, Orbem ab orbe solost y que traen sus adictos de placas y medallas.

Por la noche se iluminaron los cuarteles, reuniéronse las músicas militares de los cuerpos y dieron zambra por toda la ciudad seguidas de turbas de léperos, unos gritaban “¡Viva Iturbide!”… “¡Viva Agustín I!”, otros… “¡Mueran los gachupines!”… otros “¡Mueran los extranjeros!”. En el Coliseo gritó [Mariano] Arista (que hoy está haciendo el mismo papel de Pío Marcha) “¡Viva la independencia!”… un capitán llamado N. Rey gritó “¡Viva el emperador Iturbide!”, y le respondió la canalla de la cazuela “¡Viva!”.

No son éstos los únicos desmanes que se han cometido, pues por la imprenta se publicó una marcha. Un tercer grito de expulsión de gachupines, y una poesía a la Memoria de la gloriosa entrada del Ejército Trigarante. En ella se provoca a todo mexicano a que moje su espada en la sangre del general [Felipe de la] Garza y del doctor Fernández, diputado que era de Tamaulipas cuando murió la víctima de Padilla. Finalmente, para que no dejara de derramarse sangre por éste, se mató un soldado resbalándose de una cornisa del cuartel de junto a Palacio en el acto de encender unas candilejas. Por todo ha pasado el gobierno, y nadie duda que él regenta y active estas intentonas para perderse.

O se trata de una inserción mal intencionada, el hecho es que nada concuerda, salvo que contribuye en darnos algunos datos, como su alias mismo, la actividad en ambas plazas y de que, por algún conflicto suscitado con “Cires” que era, a la sazón el empresario en la plaza de Necatitlán o posible apoyo del ya mencionado Javier de Heras.

Recordemos también que meses antes de la coronación, fue incendiada la plaza de San Pablo y que, por consecuencia, se habilitó la plaza Nacional de Toros, que estaba en la entonces Plaza Mayor o nueva plaza de la Constitución. Así que, por razones particulares, llegaron a funcionar simultáneamente hasta tres plazas en la ciudad.

Desde luego, que ha sido necesario adelantar la revisión del mismo bisemanario unos días a la propia publicación, para encontrar que hasta el 15 de octubre aparece el siguiente y adulador

COMUNICADO

Ciudadanos editores de El Sol.-Apasionado de los hombres cuando lo recomiendan sus virtudes cívicas, y sin considerar jamás cualesquiera otra efímera circunstancia con que otros exteriormente se engalana, deslumbrándose ellos a sí mismos, y abriéndose el paso entre miserables aduladores, que no conocen otra senda por donde conducirse, que la muy ancha y trillada de la degradación y bajeza, he tenido hasta aquí la resolución necesaria para encomiar a los primeros y vituperar a los segundos, siempre que ha llegado su vez; así es que el magistrado y mas insignificante ciudadano han alternado de esa suerte, sometiéndose los que viven de la maldad, o en su egoísmo sin sentimientos de naturaleza, al desprecio de los que solo conocen la virtud, y hablan el idioma de la sinceridad y franqueza, cuya conducta siempre halla su correspondiente recompensa.

Desde que el actual empresario de la plaza de toros de Necatitlán repuso esa diversión que tanto agrada a los mexicanos, debe haberse observado, no solamente por el empeño que toma en hacer placenteras sus corridas, a cuyo fin no omite gasto por gravoso que sea, sino aun en sus mismos avisos para excitar al concurso, que su respeto, cariño y gratitud con que en todas ocasiones dirige su palabra al público, ofreciéndole sus diversiones, dan la más exacta idea de su bello genio en la sociedad.-Mas si esos rasgos de su carácter lo han debido recomendar con los mexicanos desde que se ha comprometido a servirlos, los anuncios que ha fijado en los días 25 de septiembre, 2 y 9 de octubre presente para celebrar con la mencionada diversión los memorables sucesos del grito de Dolores, entrada del ejército trigarante en esta capital y el aniversario de nuestra carta federal, dan también la más exacta idea del amor y filantropía por la independencia de este país que ha adoptado por suyo, y de la religiosa piedad con que ha acudido a la menesterosa humanidad, como se ve de las repetidas donaciones que ha hecho de un toro de los que han lidiado para que el sr. juez de la plaza lo mandase al establecimiento público que fuese más de su agrado.

Véase, compatriotas, si este ciudadano mexicano es digno de vuestro aprecio por las distinguidas cualidades que lo caracterizan y recomiendan sus derechos en sociedad. Yo por mi parte estoy muy reconocido, y no teniendo otro arbitrio para manifestarle mi gratitud, suplico a los sres. editores de El Sol permitan que salga en su apreciable periódico esta publicación que hago en loor del empresario de la plaza de Necatitlán, protestándoles que hasta hoy no tengo otro honor que el de conocer de vista, y por lo que llevo relacionado, a este recomendable individuo.

Soy de vds. con la más sincera atención su s.s. Otro mexicano agradecido.

Imagen de la Alameda en nuestros días, por Santiago Arau.

   La forma de rubricar cada una de las inserciones nos deja ver el hecho de que era preferible ocultar el nombre de este o aquel ciudadano inconforme antes de ser víctima o blanco de ataques o de cualquier dime o direte en momentos complicados. Lo importante es haber encontrado algunos de los síntomas y circunstancias en los que se movía el espectáculo taurino, sujeto, ya lo pudimos comprobar, a diversos intereses o abusos donde no queda otra razón para afirmar que, de una u otra forma, algunos vicios persisten.

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