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¿QUÉ TANTO DE REALIDAD Y QUÉ TANTO DE FICCIÓN TIENE EL TOREO EN NUESTROS DÍAS?

A TORO PASADO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Con cierta frecuencia, los taurinos somos abordados con una pregunta que parece venir del país de los lugares comunes: ¿Qué tanto de realidad y qué tanto de ficción tiene el toreo en nuestros días? A lo cual, nuestras respuestas pueden tener diversos argumentos, fundados sobre todo por el momento que se vive. De ese modo, parece ser que la fiesta transita en permanente crisis (y si es preciso recordar, la crisis es apenas un momento, un instante de situación dificultosa o complicada), por lo que entonces se trata de una sumatoria de ciclos que se repiten con igual síntoma patológico.

   Los toros tienen de sobra el condimento dogmático y enciclopédico que lo particulariza, haciéndolo único. Pero también lo enferma y seriamente, porque se observa en el tendido y en poca cantidad, al aficionado en cuanto tal, ese individuo formado y fundado en un ansia por la búsqueda del conocimiento. Y lo vemos raramente porque abundan los extremistas y fundamentalistas o su contraparte: el espectador transitorio.

   El toreo, al igual que una institución educativa es receptor de diversas líneas o tendencias que desde luego dan un brillo peculiar. En modo opuesto las líneas son tendenciosas ocasionando que la o las “escuelas” proyecten malas enseñanzas. Es decir, estamos frente a una condición absolutamente maniquea, resultado de la confrontación entre la pasión y la razón, por lo que es preciso recordar aquella frase que dice que la “inteligencia y la profundidad no siempre van juntas”.

   Por cierto, hace unas semanas aparecía un importante argumento del escritor colombiano Edmundo Paz Soldán quien apuntó: “Pertenezco a una generación a la que se le ha enseñado a tener nostalgia de lo que no ha vivido, que creció en la época del neoliberalismo caracterizada por ser poco heroica y que ha aprendido a ser conformista…”

El Heraldo de México, 11 de octubre de 1967. Plaza de Arlés, Francia. Torero: Miguel Mateo “Miguelín”. Fotografía de Lucien Clergue. Imagen incluida en la colección “Photography Annual From UPI”, seleccionada como una entre las mejores de aquel año.

   Por otro lado, Eric Hobsbawn, en su Historia del siglo XX anota:

   “La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX. En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres, de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven”.

   Estas dos afirmaciones sumamente profundas nos revelan que el pasado que por alguna razón se analiza en el presente, no es lo que dicen que era. Pero el presente no tiene ya la capacidad heroica que dicen que tuvo también el pasado. Es decir, aparte de enfrentarnos a un dilema, ambos tiempos no poseen el valor, o los elementos de confrontación son forzadamente inventados y el término de este balance podría apuntar a la invención. Contra ciertas invenciones tenemos que estar perfectamente vacunados. Un gran historiador como fue Edmundo O´Gorman se puso en pie de guerra en cuanto se intensificó la postura del “descubrimiento de América”, lanzando un hermoso argumento que tituló La invención de América, atenuando así un discurso más oficial que sensato. Quizá más rebuscado que lógico.

   Todo lo anterior, ¿ante qué escenario nos enfrenta? O ¿es que entonces el toreo se nos desmorona en las manos como una mera ficción o cuento?

   No estoy manejando hasta el momento ningún motivo por los que permanentemente nos rasgamos las vestiduras. Simplemente analizo desde la superficie los diversos estímulos que nos orillan a tales desenfrenos en los cuales nuestra participación individual o colectiva hacen que se alteren parcial o totalmente las estructuras donde descansa un espectáculo varias veces centenario.

   Entonces, ¿de dónde proviene el caos y el desacuerdo?

   Por lo visto la obra de Jorge Portilla: La fenomenología del relajo podría ayudarnos a dilucidar tanta confusión, solo que se queda impregnada una tremenda incongruencia sobre los valores que para unos y otros son buenos o son malos. Veamos al toro de hoy -primer y gran argumento-, el que pasa por un racero de comparaciones y perspectivas siempre en desacuerdo. El toro que se lidia en nuestro presente puede ser más pequeño o más grande al que se lidiaba hace 50 o 100 años; o viceversa. ¿Cuál es entonces el mejor promedio? ¿Qué época goza o ha gozado de ese privilegio?

   Las presentes notas están demasiado cargadas de cuestionamientos, debido básicamente a la falta de unidad, empujada -de eso estamos seguros- por múltiples intereses de actores y espectadores conforme cada época o momento que se vive. Por lo tanto va a ser difícil lograr que se tenga el común acuerdo y por consecuencia una imprevisible solución a ese eterno problema.

   La construcción del toreo ha llegado a su mejor punto en nuestra época, dirán algunos. La deconstrucción del toreo ya está aquí, dirán otros. Todo es según el cristal (con que se mire) del momento que se vive y hay que aceptarlo, no es resignada y última consecuencia, pues hay que verlo como un organismo que responde en multitud de reacomodos que provienen de la suma multitudinaria de acciones y reacciones humanas, climáticas si cabe; económicas, políticas. Sociales en consecuencia. Bueno o malo es lo que transcurre aquí y ahora, aunque tampoco es posible quedarnos en la cómoda posición de aceptar la postura maniquea que en nada resuelve el enorme conflicto generado dentro de un espectáculo fácilmente manipulable por ambas condicionantes, dueñas de un peso específico que son capaces de señalar el camino a seguir. O es que también, -a la manera de Edmundo O´Gorman-, ¿tendremos que ponernos en pie de guerra para enfrentar, ya no tanto el pasado, sino el presente, y por precaución, también el futuro taurinos?

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LA TAUROMAQUIA MÁS MODERNA, SUSTENTO DEL PASADO QUE APLICA EN EL PRESENTE, CON UNA PERFECTA CONCIENCIA DE LO QUE SERÁ TAMBIÉN EL PORVENIR.

A TORO PASADO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

 (Texto elaborado en diciembre de 2001).

   Las TAUROMAQUIAS de José Delgado y Francisco Montes, publicadas en 1796 y 1836 respectivamente, han logrado abarcar todos los conceptos que la técnica allí expuesta puso al servicio del toreo como expresión que incluye –no podía ser la excepción-, el valioso toque de la estética, concebida en su peculiar condición efímera, que por eso la hace más destacable. Con el paso de los años, fueron surgiendo otros intentos que se depositaron en sendas TAUROMAQUIAS, como la de Rafael Guerra Guerrita, o la que Federico M. Alcázar concibió como TAUROMAQUIA MODERNA en 1936. Es curioso que no existan, hasta donde tengo conocimiento, trabajos teóricos que describan las normas empleadas por José Gómez Ortega Joselito, Rodolfo Gaona y Juan Belmonte (y si así fuera, perdonen mi ignorancia), aunque de ello se ocuparan en su momento Gregorio Corrochano y José Alameda, de quien por cierto El hilo del toreo es una de las obras sustanciales en este sentido. De igual forma, Domingo Ortega con su conferencia “El arte del toreo” de 1950, aportó con sus experiencias otros tantos adelantos de la manifestación ambivalente (arte y técnica; técnica o arte, como quieran ustedes) no habiendo más remedio por parte de las nuevas generaciones de toreros que adaptarse y adecuarse a estos cambios, pues de otra forma el ejercicio técnico y el espíritu estético se quedarían rezagados, como una moda fuera de época.

Ha habido también otras condiciones que por una u otra razón se quedaron sin ser expresadas en trabajos de esta naturaleza. Allí están los legados de Armillita, Manolete, Antonio Bienvenida, Antonio Ordóñez, Joselito Huerta, Paco Camino o del Niño de la Capea. Sin embargo, nunca es tarde si ha de hacerse una disección a estos capítulos de suyo importantes y que se desplegaron peculiares durante buena parte del siglo pasado. Será porque no han encontrado al amanuense o tratadista adecuado, o tal vez por el hecho de que en algunos casos es tan reciente su paso que aún no ha sido posible asimilar sus influencias.

Instalados en pleno siglo XXI, la tauromaquia ha podido lograr un estado que se adapta a los nuevos tiempos, que, como apuntó en su momento Raúl Aramburú (6TOROS6, N° 389, del 11 de diciembre de 2001) –y del quien me ocuparé con extensión en lo que resta de este artículo-. Aramburú dijo de José Tomás (que) “interpreta en el momento actual –en medio de un mundo globalizado, altamente tecnificado y donde la estadística, las cantidades y los resultados prevalecen las más de las veces sobre la esencia y la autenticidad- el retorno, aunque parezca contradictorio, a los orígenes de la más pura forma de interpretar el arte de torear”.

Las notas de Aramburú nos recuerdan hoy la célebre jornada del 2 de diciembre de 2001 en la plaza de Acho, en Lima, Perú, cuando Paco Ojeda y José Tomás torearon “mano a mano”, hecho que convocó a dos toreros representativos de dos generaciones distintas, y ambos poseedores de un común denominador: la trascendencia en el toreo de su tiempo.

Uno es sucesión del otro.

En cuanto al Paco Ojeda, que decide reinstalarse antes de perpetuarse, su presencia en Lima, como en muchas otras plazas representó un impacto, pero también un “antes y un después de su revolución. No fue una figura convencional, que se rigiera por las leyes ni las exigencias formales del mercado taurino de su tiempo, ni tampoco estuvo en la cima lo suficiente para marcar una época, pero sin duda constituye un punto de superación de la técnica de torear, incluyendo su nombre en la selectiva lista de los que hicieron avanzar el toreo a pie a lo largo de sus trescientos años de historia. Fue, por sus características técnicas y anímicas y sin el menor asomo de duda, un auténtico revolucionario”.

De esta primera cita del corresponsal peruano se desprende una notable y sintética interpretación que se acerca al intento por darle a la TAUROMAQUIA como tal su última y más actualizada versión, lo cual representa un importante reto para cualquiera que se aventure a semejante empresa.

Este libro, cuyo hacedor es Carlos Cazalis, recién ha llegado a mis manos…

   La otra parte que merece atención en este momento es el enigma que comienza a generar con su toreo José Tomás. Retomando de nuevo el apunte de Raúl Aramburú, este dijo de Tomás: “Es un tópico decir que la tauromaquia de José Tomás invita a la intriga, a la curiosidad, y por supuesto a la polémica. Sucede siempre que se trata de un revolucionario. Y el de Galapagar también lo es, sin duda alguna. Basta con advertir las innovaciones que su toreo aportó en el corto tiempo de fin de siglo, quietud extrema, ligazón, cercanía, personalidad, suavidad (producto de un temple muy grande), hondura y largueza en su toreo de muleta y, si me apuran mucho, nuevas técnicas inaplicadas hasta ahora”.

En estos dos importantes toreros recae hoy día el nuevo arquetipo en el que se sostendrán los conceptos venideros de la tauromaquia más moderna, la cual no ignora sustentos del pasado que aplica en el presente, con una perfecta conciencia de lo que será también el porvenir. Las tauromaquias –está visto en nuestro tiempo- van ligadas por un hilo invisible, por lo que la siguiente cita del peruano termina por darnos un perfecto esquema de conclusiones:

José Tomás (es), en la práctica un continuador de Paco Ojeda aunque distinto, no es torero de números ni de vorágines estadísticas. Torea para sí y pretende reivindicar, desde su óptica, la integridad del artista, que es al final el eje sobre el que gira toda la fiesta. El protagonista principal. Y en este empeño se encuentra en la actualidad, tratando de imponer su concepción basada en la solución de los problemas que plantean los toros convenciéndoles, sin forzarlos, con una quietud asombrosa, una ralentización de las formas, un concepto meridiano de las distancias y las alturas, un temple elevado a la máxima percepción y así poder sacar a flote todas las virtudes de sus oponentes con el añadido de un valor espartano, sin el cual nada de lo anterior sería posible”.

Esto último parece marcar el síntoma peculiar y estrictamente acorde a los tiempos que corren, donde breves descripciones apuntalan el signo de todas las experiencias acumuladas en tres siglos, escenario temporal que ha visto pasar la evolución del toreo de a pie hasta llegar a ser lo que hoy es. A tal grado de perfección ha llegado la tauromaquia que no necesita demasiadas teorías, o es que es tan “perfecta” que apenas unos cuantos “teoremas” alcanzan para describirla. Sin embargo esa “perfección” puede estar muy cerca de ocasionar una ruptura en la medida en que se aleje de los más rancios principios, ruptura ceñida de misterio que genere el alumbramiento de un estado de cosas cercano a la belleza sin peligro.

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ENSAYO Y NOTAS SOBRE UNA CONFERENCIA DE LA DRA. DOLORES BRAVO (Fiesta pública y escenificación del poder).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Villa de Guadalupe, 4 de marzo de 2004. Amanece nublado, aunque a ratos sale y se oculta el sol.

I

   El sentido de entretenimiento o diversión, adquirió imagen especial durante el virreinato, pues fue en ese periodo donde se manifestó la consolidación no solo de la fiesta oficial. También la de carácter religioso, e incluso civil. Lo pagano y lo profano al servicio de dos poderes fundamentales: la corona y la iglesia. Además, y fuera del contexto novohispano, muchas de ellas continuaron efectuándose quizá bajo otra mentalidad, diferentes tiempos y otras razones, permitiéndoles a otro buen número pervivir hasta nuestros días, inclusive. Al hacer un recuento de todas aquellas celebraciones que afirmaron no solo el sentido de un pueblo con derecho a divertirse, sino que además legitimaron y garantizaron el afianzamiento de la autoridad fuese esta política, eclesiástica e incluso universitaria (ya veremos su participación concreta). Pues bien, el citado recuento alcanza una cantidad muy importante de celebraciones de diversa índole y cada una de ellas encuentra su detonante en el calendario litúrgico, fiestas de tablas y otras. Del mismo modo, la corona y sus representantes en América también fueron causa para otras celebraciones cuyo impacto alcanzó diversas magnitudes, traducidas en conmemoraciones, muchas de ellas testimoniadas en multitud de relaciones de fiestas, sermones y otros, factor por escrito donde los cronistas dispusieron de suficientes motivos para describir esos acontecimientos con lujo de detalle.

   De igual forma, la Universidad como institución, también se posicionó privilegiadamente para efecto de sumarse a las conmemoraciones, agregando al catálogo sus propios elementos, de los que se platicará con amplitud más adelante.

   Bien, ya contamos con el sustento institucional generador y estimulador de las múltiples versiones de fiesta y otras puestas en escena, como túmulos funerarios o fábricas, que recordaban la reciente muerte del monarca o algún miembro de la casa reinante, así como los autos de fe, donde el tribunal de la Inquisición, tras el grave aparato que imponía, terminaba dictando sentencias a diversa escala.

   Ahora es preciso hacer un repaso a ese enorme catálogo que en su momento, debe haber rebasado a un pueblo siempre cautivo en fiestas. De ahí que considere la siguiente nómina como

 CATÁLOGO DE CONMEMORACIONES Y MOTIVOS DE CONCENTRACIÓN POPULAR, SEGÚN GREGORIO MARTÍN DE GUIJO Y ANTONIO DE ROBLES (1648 – 1664 y 1665 – 1703, respectivamente).

GREGORIO MARTÍN DE GUIJO: 1648 – 1664.[1]

1648

-Auto del Santo Oficio. Entre otro de los juzgados fue Martín Garatuza (30 de marzo).

-Día de la Exaltación de la Cruz. Reedificación de la Cruz del cementerio de la Catedral, jubileo de las cuarenta horas en ella y procesión de sangre, religiones y cofradías, por la peste. (14 de septiembre).

1649

-Procesión de la Cruz del Santo Oficio. Procesión entre muchos caballeros de hábito y la nobleza del reino con toda gala y bizarría (10 de abril).

-Auto general de la fe en la plazuela del Volador (17 de abril).

-Colocación de suntuoso retablo en una capilla de la catedral. Hubo procesión con el Santísimo Sacramento y varias misas (21 de octubre).

1650

-Día de la Purificación de Nuestra Señora (catedral), en medio de gran fiesta. (2 de febrero).

-Auto de la fe en la Catedral (13 de marzo).

-Paseo víctor del Doctor de Miguel de Ibarra por varios conventos –facetamente, con espadas desnudas- (14 de marzo).

-Colocación del altar de Santa Rita (Convento de San Agustín). Acudieron diversas órdenes religiosas y mucha gente del pueblo. (22 de mayo).

-El Vicario general de la Merced, Fr. Pablo Arias de Soto tomó posesión con grandes júbilos y festejos (22 de junio).

-Juramento del señor virrey (Conde de Alva de Lista). Bienvenida, recepción, toros y tocotines de los indios (esto último en Chapultepec). (28 de junio).

-Entrada del virrey entre gran ceremonia. Te deum laudamus, arco triunfal y otros (3 de julio).

-Máscara de los Estudiantes de la Compañía. Máscara a “lo faceto” que se decía en “hacinamiento de gracias de la venida del señor virrey…” (7 de julio).

-Auto de la Inquisición (10 de julio).

-Bendición de la iglesia de San Lorenzo con mucha y variada asistencia (11 de julio).

-Dedicación de la iglesia de San Lorenzo (16 de julio).

-Ordenó el arzobispo al hijo del virrey, con corona y grado en medio de júbilo (5 de agosto).

-Altar nuevo, colateral dedicado a Nuestra Señora del perdón, con muy solemne fiesta (5 de agosto).

-Fiesta de San Hipólito (13 de agosto).

-Visita del Sr. Virrey con motivo de “haberse hecho a la vela la flota”, visita a varios conventos, entre música, bailes y regalos (14 de agosto).

-Consagración del arzobispo de Filipinas (4 de septiembre).

-Sermón del obispo de Segovia. Concurrió todo el reino (17 de septiembre).

-Publicaciones y procesión de la devoción del Rosario. Procesión (con) tanto número de gente que no se había visto mayor concurso (2 de octubre).

-Muerte del Sr. Arzobispo Juan de Mañosca. Un día después, embalsamado, acudieron a misa de requiem varias órdenes (12-13 de diciembre).

1651

-Maitines de Reyes. Ocurrió mucha gente de todos estados (5 de enero).

-Honras del señor Arzobispo. Asistió el virrey, audiencia, tribunales, todas las religiones y mucho número de gente (15 de enero).

-Consagración de óleo. Jueves santo (6 de abril).

-Fiesta de la Cruz en el Rastro. Los rastreros celebraron la fiesta con una lucida máscara de indios, misa, simulacros militares. El turco en el remate del castillo. Participación y compañía del virrey a la plaza, donde hubo tres días de toros. Similar aparato, con el “que se alborotó el reino”, tuvo lugar en diciembre del año anterior (7 de mayo).

-Festejo del conde de Alva, acompañado de la nobleza del reino, paseó con notable concurso de gente en bizarros caballos (29 de junio).

-Procesión de sangre para mitigar el colixtle, con rogativa en catedral. (13 de octubre).

-Fiesta de Santa Teresa con asistencia del virrey y audiencia, a más de las religiones (15 de octubre).

-Toros (recoger notas en Guijo, T. I., p. 179-180).

1652

-Fiesta de nuestra Señora de la Concepción. Gran celebración. Procesión, misas, toros y máscaras (23 de enero).

-Iglesia de la Piedad, día de la Purificación de nuestra Señora, apertura de la iglesia, casa y convento a nuestra Señora de la Piedad (acudió a ella todo el reino) (2 de febrero).

-Máscaras. Celebra sus años el virrey con toros, lidiados en el parque (3 de septiembre). (Recoger notas en Guijo, T. I., p. 199-200).

-Muerte de la Condesa Da. Luisa de Albornoz y Legazpi con asistencia “de toda la nobleza del reino” (18 de mayo).

-Venida de la Virgen de los Remedios. Hubo un “grande concurso de gente que le salió a recibir…”. Repique, luminarias, etc. (17 de junio).

-Procesión de la octava de Corpus. Hubo comedia (19 de junio).

-Consagración del señor arzobispo, con asistencia de diversas personalidades (25 de julio).

-Entrada del señor arzobispo, quien fue recibido con arco de colgaduras y acompañado por diversas órdenes religiosas y el pueblo (3 de agosto).

-Entrada del virrey duque de Alburquerque. Arco en forma acostumbrada (15 de agosto).

-Pendón transferido por la dilación de la entrada del virrey (24 de agosto).

-Honras al obispo de la Habana. Túmulo muy honrado, con asistencia del virrey, audiencia y religiones (1° de octubre).

-Juramento de defender la Concepción de Nuestra Señora, celebrada en medio de gran aparato (5 de octubre).

-Entierro y honras del señor arzobispo. Asisten: virrey, audiencia y tribunales. (15 de noviembre).

-Fiesta al Santísimo Sacramento (23 de noviembre).

-Toros (22, 23 y 25 de diciembre).

1654

-Fiesta de la Concepción entre grandes demostraciones de la Real Universidad (17 de enero).

-Máscaras “a lo grave” y a “lo faceto” (29 de enero).

-Cumpleaños del rey en medio de saraos con asistencia mayúscula (8 de abril).

-Dedicación de la Iglesia nueva de la Merced (30 de agosto).

-Salida del Conde de Alva de Lista en medio de gran demostración popular (17 de octubre).

-El suceso de las cuarenta horas (6 de septiembre). (Véase Guijo, T. I., p. 264).

1655

-Fiesta continua del Santísimo Sacramento por todo el año (1° de enero).

-Fiesta de la Concepción de nuestra Señora en la Universidad (20 de enero).

-Anatema (14 de marzo).

-Años del rey (8 de abril).

-Apertura de la iglesia de la Concepción (13 de noviembre).

1656

-Mejoría del virrey (21 de enero).

-Muerte de una negra de la virreina (24 de enero).

-Dedicación de la Catedral (1° de febrero).

-Traída de la Virgen de los Remedios (16 deptiembre).

-Auto particular de inquisición (20 de octubre).

-Fiesta del rey (12 de noviembre).

-Aviso de estar la flota en la Habana (13 de noviembre).

-Rogativa por la flota (2 de diciembre).

1657

-Capilla nueva (19 de julio).

1658

-Parto de nuestra reina (20 de marzo).

-Fiesta al parto de la reina del príncipe Felipe Próspero (28 de abril).

-Mascarada “a lo faceto” (1° de mayo).

-Toros (20, 21 y 22 de mayo).

-Justicia de catorce personas por el pecado de la sodomía (6 de noviembre).

-Celebración de la edad del señor príncipe Próspero (28 de noviembre).

1659

-Fiesta de Corpus (26 de mayo).

-Segundo parto de la reina nuestra señora, infante (13 de julio).

-Entrada del Conde de Baños (16 de septiembre).

-Asistencia del virrey al convento de San Jerónimo (30 de septiembre).

-Pregón del Santo Oficio (1° de octubre).

-Fiestas (desde el 13 de octubre).

-Procesión del Santo Cristo de la Columna (5 de noviembre).

-Procesión del auto general de la fe (18 de noviembre).

-Toros (22 de noviembre).

1661

-Años del rey (8 de abril).

-Traída de Nuestra Señora de los Remedios (14 de junio).

-Segunda octava de la virgen (3 de julio).

-Muerte de una nieta del virrey (11 de agosto).

-Colación de nuestra Señora Copacabana (5 de octubre).

-Apertura de la iglesia de San José de Gracia (26 de noviembre).

1662

-Años de la virreina (25 de mayo).

-Comedia (11 de junio).

-Procesión de la bula de la Concepción (16 de julio).

-Procesión de Nuestra Señora Santa María la Redonda (14 de agosto).

-Procesión de la Concepción en la catedral (2 de septiembre).

-Fiesta de la Concepción en el convento de Santo Domingo (10 de septiembre).

-Fiesta de la Compañía en la Profesa (14 de septiembre)

-Fiesta de la Concepción (17 de septiembre).

-Auto de fe (30 de septiembre).

-Fiesta en San Jerónimo (8 de octubre).

-Fiesta en el Carmen (5 de noviembre).

-Fiesta en Jesús María (5 de noviembre).

-Fiestas reales con toros (7 de noviembre).

-Fiesta de la Merced (19 de noviembre).

-Fiesta de Balvanera (19 de noviembre).

-Fiesta en Santa María la Redonda y fiestas en Santa Catarina Mártir (25 de noviembre).

-Fiesta en el Hospital real de Indios y fiesta de la platería, esta última con toros (8 de diciembre).

-Fiesta en San Bernardo (10 de diciembre).

-Santa Catarina, reedificación y apertura (22 de enero, sic.).

1663

-Traída de la Virgen de los Remedios (26 de junio).

1664

-Auto de fe (4 de mayo).

-Pendón asistido del señor obispo virrey (12-13 de agosto).

-Entrada del virrey en Chapultepec. Hubo toros. (7 de octubre).

-Entrada del de Mancera en el gobierno. Hubo toros (15 de octubre).

-Primera asistencia del virrey en la iglesia de San Lucas (18 de octubre).

-Segunda asistencia, en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen (19 de octubre).

-Edad del príncipe (16 de noviembre).

-Asistencia del virrey a Catedral. Fiesta del Patrocinio de Nuestra Señora (9 de noviembre).

-Entrada del señor arzobispo Cuevas (10 de noviembre).

-Posesión del señor arzobispo (15 de noviembre).

(Hasta aquí Gregorio Martín de Guijo).

ANTONIO DE ROBLES (1665 – 1703).[2]

1665

-Entierro Del señor arzobispo (4 de septiembre).

-Dedicación de la iglesia de Jesús Nazareno (11 de octubre).

-Vísperas y oración fúnebre del señor arzobispo (25 de octubre).

1667

-Venida de nuestra Señora de los Remedios (11 de mayo).

-Novenario a nuestra señora (12 de mayo).

-Beatificación de San Pedro Arbúes. Fuegos en la plazuela y toros (17 de septiembre).

-Remate de las bóvedas de catedral con muchas fiestas (22 de diciembre).

1668

-Auto de la fe de Santo Domingo (3 de febrero).

-Venida de nuestra señora de los Remedios (13 de junio).

-Beatificación de Santa Rosa del Perú (12 de febrero en Perú).

1669

-Fiestas del pendón (12 y 13 de agosto).

-Fuegos, luminarias, máscaras de 84 caballeros y toros (2 de septiembre).

1670

-Años del rey nuestro señor D. Carlos II (6 de noviembre).

-Recibimiento del señor arzobispo (8 de diciembre).

-Azotados por el santo oficio (9 de diciembre).

1671

-Dedicación de la iglesia de Balvanera (7 de diciembre).

-Anuncio de la publicación de la beatificación de Santa Rosa del Perú (1°-12 de marzo).

1672

-Fiestas de canonización de San Francisco de Borja (25 de enero y 14 de febrero).

-Máscara (7 de febrero)

-Ahorcado (14 de mayo).

-Fiesta a Santa Rosa de Viterbo (4 de septiembre).

1673

-Casamiento de la hija del virrey (28 de mayo).

-Dedicación de la iglesia de las capuchinas (10 de junio).

-Siete hombres quemados por sodomitas (13 de noviembre)

-Entrada del duque de Veraguas a Chapultepec (16 de noviembre).

-Entrada del virrey a la ciudad de México (8 de diciembre).

1674

-Celebración de los años del rey, comenzaron con los toros (7 de noviembre).

1675

-Dedicación de San Cosme (13 de enero).

-La Universidad celebra la fiesta a la Purísima Concepción de nuestra Señora con comedias y torneo a lo “faceto” (27 de enero).

-Máscara ridícula (6 de febrero).

-Torneo y toros por fiesta de la Universidad (8 de febrero).

-Día de Corpus (13 de junio).

-Entrada del visitador de San Agustín (10 de octubre).

-Años del rey con comedia en palacio (6 de noviembre).

-Toros a los años del rey (11, 19 y 20 de noviembre).

1676

-Se pregona se bata moneda de oro y de que saliesen todos los ministros de la Casa de la Moneda a caballo; hubo muchos arcos y atabales (23 de mayo).

-Toros por la entrada del rey en el gobierno (6-21 noviembre).

-Máscara de caballeros (25 de noviembre).

-Fiesta de los gremios por la entrada de S. M. al gobierno ( 8 de diciembre).

1677

-Carreras de caballos en San Sebastián (20 de enero).

-Fiesta de la Universidad (24 de enero).

-Fiesta del rey en Tacuba; cañas y toros (25 de enero).

-Fiesta, sermón y comedia (9 de agosto).

1678

-Auto del Santo Oficio (20 de marzo)

-Azotados (22 de marzo).

-Venida duodécima de Nuestra Señora de los Remedios (30 de mayo).

-Octava de Corpus (16 de junio).

-Vuelta de nuestra Señora de los Remedios (19 de junio).

-Procesión al hospital (¿de indios?) con muchos fuegos, loas y estandartes (8 de octubre).

-Toros (22, 23 y 24 de noviembre).

-Toros (4, 5 y 6 de diciembre).

-Primera piedra de Santa Teresa (8 de diciembre).

1679

-Carrera de 8 caballeros delante del balcón de Palacio (27 de junio).

-Toros y maroma (11 de diciembre).

-Toros. Uno en zancos, toreó. (13 y 14 de diciembre).

1680

-Dedicación nueva capilla de Nuestra Señora de Loreto (5 de enero)

-Día de la Epifanía, misa, sermón y mucho concurso (6 de enero).

-Dedicación en San Felipe Neri de una colateral (29 de enero).

-Fiesta de la Universidad (18 de febrero).

-Fuegos, hachas, luminarias (5 de abril)

-Fiesta en San Agustín (28 de agosto).

1682

-Toros (11 de enero)

-Certamen de la Real Universidad (18 de enero)

-Fiesta de las escuelas (25 de enero)

-Día de Corpus (8 de mayo)

-Fiesta del rey (29 de noviembre).

1683

-Fiesta de la Universidad (21 de febrero)

-Años de la reina (21 de abril)

-El Corpus (17 de junio)

-Bautismo del hijo del virrey (14 de julio)

Víctor o toma de grado de un bachiller (22 de julio)

-Entrada del arzobispo (4 de octubre)

-Fuegos de la cruzada y sarao con asistencia de los virreyes (28 de noviembre).

-Toros en el Volador (2, 9, 13, 23, 28 y 30 de diciembre).

1684

-Toros en la plazuela de la Trinidad. Cañas y máscaras (segunda quincena de junio).

-Los años del hijo del virrey (5 de julio).

-Años del rey (6 de noviembre).

1685

-Fiesta de Nuestra Señora de la Concepción en la Universidad (13 de mayo).

-Venida de nuestra Señora de los Remedios (2 de junio).

-Bendición de la cruz para la nueva iglesia de San Bernardo (23 de junio).

1686

-Fiesta en la real Universidad de la Limpia Concepción de Nuestra Señora (3 de febrero).

-Toros en Chapultepec (11 de noviembre).

-Asiste el virrey a la fiesta de los Betlemitas (27 de diciembre).

1687

-Acto de la Universidad al Virrey (21 de enero).

1688

-Años del virrey. Hubo cadenas y comedia (6 de enero).

-Auto en Santo Domingo (8 de febrero).

-Fiesta de nuestro padre San Pedro (11 de julio).

-Toros y moros y cristianos en la plazuela de Jesús Nazareno, a la celebración de la cruz (5 de octubre).

-Entrada del virrey en público (4 de diciembre).

-Fiesta de Jesús Nazareno, por la dedicación de iglesia nueva (7 de diciembre).

-Fiesta de Jesús Nazareno (8 de diciembre).

-Fiesta de la congregación de San Pedro en la dedicación de la iglesia de Jesús Nazareno (15 de diciembre).

-Años de la reina (22 de diciembre).

1689

-Fiestas de la Cruz de la Trinidad. Se lidiaron toros en la plazuela de la Santísima Trinidad (24 y 25 de enero).

-Toros en San Pablo y moros y cristianos (10 de mayo).

-Elección de rector de la cofradía del Santísimo Sacramento (2 de julio).

-Toros en la casa del conde de Santiago (11-14 de julio).

-Repetición del hijo de D. Diego Franco (16 de agosto).

-Fuegos de la cruzada de noche (26 de noviembre).

1690

-Azotado (21 de febrero)

-Auto en Santo Domingo (5 de marzo)

-Azotado (6 de marzo)

-Fiesta de la Santísima Trinidad (21 de mayo).

-Fiesta de Corpus Christi (25 de mayo).

-Toros en el parque de Palacio con tablados (14-15 de junio).

-Toros (19 de junio).

-Fiesta de la congregación de San Pedro en la Octava de la dedicación de San Bernardo (2 de julio).

-Fiesta de la Trinidad (9 de julio).

-Fiesta de San Bernardo (20 de agosto).

-Fiesta en el hospital de Jesús Nazareno (8 de octubre).

1691

-Bandera arbolada para China (11 de enero).

Víctor del Dr. D. Juan de Brisuela (4 de febrero).

-Matrimonio de la Condesa de Santiago (2 de mayo).

-Máscara curiosa (9 de mayo).

-Máscara de los plateros (10 de mayo).

-Máscara del conde de Santiago (11 de mayo).

-Toros, cañas –de los de Amozoc-, con castillo y tienda de campo, en el Volador (28-31 de mayo).

1692

-Fiesta de Nuestra Señora de los Remedios (10 de agosto).

-Procesión de sangre de San Sebastián (30 de septiembre).

-Fiesta de la limpia Concepción de nuestra Señora (7 de diciembre).

-Pregón de la canonización de San Juan de Dios (8 de diciembre).

1693

-Certamen en San Agustín (18 de enero).

1694

-Paseo para la borla en Teología del Dr. D. Manuel Mendrice (23 de agosto).

-Fuegos y luminarias en la calle de Tacuba (7 de diciembre).

1695

-Años del virrey (11 de enero).

-Visita de los virreyes a la Santísima Trinidad, donde hubo comedia (31 de enero).

-Ida de la Virgen de los Remedios (7 de marzo).

-Fiesta de la Merced (30 de octubre).

-Años del rey (6 de noviembre).

-Toros en Chapultepec (15 de noviembre).

1696

-Auto en Santo Domingo (15 de enero).

-Azotados (16 de enero).

-Fiesta de San Juan Sahagún (13 de febrero).

-Entrada del virrey (27 de febrero).

-Lutos por la muerte de la reina (30 de octubre).

-Honra de la reina en Catedral (24 de noviembre).

-Honra de la reina en Santo Domingo (10 de diciembre).

-Procesión del Santo Cristo de la Columna (13 de diciembre).

1697

-Entrada del conde de Moctezuma por virrey (2 de febrero).

-Fiesta de los betlemitas en la Catedral (10 de febrero).

-Ahorcados (21 de febrero).

-Honras de la reina en Jesús María (9 de marzo).

-Ahorcados (14 de marzo).

-Ahorcados (29 de abril).

1698

-Honras del señor arzobispo (2 de septiembre).

1699

-Azotados (18 de febrero)

-Fiesta de corte (14 de mayo)

-Auto de la fe (14 de junio).

1700

-Luminarias y fuegos (20 de octubre).

-Canonización de San Juan de Dios en la ciudad de México (16-30 octubre).

-Toros que hubo en aquellos días de la canonización.

-Máscara (6 de noviembre).

-Máscara de niños (7 de noviembre).

-Toros por las fiestas de San Juan de Dios, en la plaza de San Diego (15 de noviembre).

-Toros a mañana y tarde (16 de noviembre).

-Mulata sentada como hombre, toreó a caballo (17 de noviembre).

-Toro de once (24 de noviembre).

-Toros (13-15 de diciembre).

1701

-Fiesta en Santiago Tlatelolco. Asistió el virrey (16 de enero).

-Pregón de luto por el rey Carlos II (16 de marzo).

-Tarasca nueva de siete cabezas que anduvo dentro de la Catedral (26 de mayo).

-Auto en el Santo Oficio (22 de julio).

-Toros por el virreinato del señor arzobispo en la plazuela de San Diego (13-15 de diciembre).

1702

-Recepción del palio por el señor arzobispo (6 de enero).

-Toros en San Diego (23-25 de enero).

-Posesión del virreinato (27 de noviembre).

-Toros en Chapultepec (28 de noviembre).

-Toros en Chapultepec (2-3 de diciembre).

-Fiesta de la Concepción en la Universidad con máscara ridícula. (10 de diciembre).

1703

-Auto del Santo Oficio (18 de mayo).

-Arribo de ocho salteadores negros y mulatos (…) acompañados de mucha gente (31 de mayo).

-Vuelta de los virreyes a la ciudad. Toros (4-6 de junio).

-Toros de los virreyes a la ciudad. Toros. (4-6 de junio).

-Toros que se jugaron en Chapultepec a los años de la señora virreina (25 de junio).

-Fiesta de San Ignacio de Loyola en la casa Profesa con gran solemnidad (21 de julio).

-Toros en Chapultepec, en honor de los años dela hija de los señores virreyes (30 de julio-1° de agosto).

-Toros en Chapultepec a los años del señor virrey. Carreras de los de Toluca, que vinieron a celebrarle los años con dichos toros y juegos de cañas y alcancías. (9 de noviembre).

-Toros en Chapultepec (10 de noviembre). (297 acontecimientos).

Sergio Carrillo Escobar: Historia de un corazón. México, Gobierno del Distrito Federal, 1999. Este libro fue editado, entre otros propósitos para los niños. En tan interesante como lucida obra, se “fomentan la vivencia de la historia a partir de una serie de imágenes que muestran los cambios del Zócalo de México a lo largo de seis siglos, desde la fundación de Tenochtitlan, hasta el terremoto de 1985”. (Datos obtenidos en internet, agosto 27, 2017 en: http://www.ibero.mx/exalumnos/pdf/boletin_31_otono_2005.pdf).

II

   Lo anterior viene a confirmar las puntuales apreciaciones hechas por la Doctora Dolores Bravo Arriaga, quien dictó la conferencia “Fiesta pública y escenificación del poder”, dentro del marco del ciclo denominado ARTE Y CULTURA COLONIAL: EL APARATO FESTIVO.

   El tema, que cuenta con importante sustancia, dio motivo a las presentes notas.

   Fiesta que depende del poder o la autoridad: fiesta oficial. No hubiera sido posible el mundo hispano de no haberlo heredado por el sentido de las fiestas oficiales que organizó el poder. La celebración barroca está ligada al poder. La fiesta se ubica en un ámbito urbano, detenta y proyecta a los ciudadanos los símbolos del poder. Arzobispo y virrey en la Nueva España eran la máxima potestad. Al poder le interesa por lo tanto que sus grandes símbolos estén representados ante el gran público, el pueblo. Participan representantes de los diversos estamentos. Fiestas civiles y religiosas, en estos el poder encuentra su afianzamiento. Las fiestas tienen un tiempo que se debe –entre otras razones-, al calendario litúrgico que con su contexto se establecía un orden para la celebración de la fiesta misma, rompiendo la “tranquilidad” del devenir de la capital novohispana. En templos, parroquias se celebraban las fiestas de sus patronos (con novenarios, procesiones o luminarias). Si había dedicación del templo, la dimensión de fiestas era similar.

   Fiestas civiles, paseos del pendón, mascaradas. Los espacios: atrios de las iglesias, plazas públicas, la plaza mayor como centro simbólico, escenario primordial de las acciones festivas. Las fiestas entonces celebradas eran catárticas en medio de liberación, emociones, donde coincidían las clases sociales, estratégicamente repartidas a lo largo y ancho del espacio de celebración.

   Al poder novohispano, ¿qué le interesa poner en escena?

   Con las relaciones de fiestas tenemos constancia de aquellas celebraciones donde se podían conocer la doble cara, tanto en sucesos alegres como desafortunados. Ante dos máscaras -Demócrito y Heráclito- se admiraba la población novohispana. En la Universidad, al doctorarse algún estudiante de teología –por ejemplo-, esto daba motivo para organizar una fiesta, como afianzamiento también de su poder. Canonizaciones de santos, dedicaciones de templos (obras terminadas), la más importante de ellas fue, desde luego, la de la Catedral Metropolitana en 1667.

   La beatificación de Santa Rosa de Lima, es una de las fiestas majestuosas celebradas donde los indios y criollos la hicieron y la tomaron como suya.

   Suntuosidad, riqueza de procesiones, con que se adornaban las imágenes. Fiestas presididas por los altos representantes de la autoridad civil y religiosa. Canonización de San Juan de Dios –en 1700-, que incluye paseo del pendón, lo que significaba el nacimiento de la Nueva España, fiesta la mayor que se hacía en México, según opinión de Gemelli Carreri.

   El esplendor de la fiesta barroca le debe mucho la pugna con las sectas luteranas, debido a que son las que establecen la diferencia entre reforma y contrarreforma. Autos sacramentales, procesiones, carros alegóricos, tarascas, máscaras o mascaradas (a lo grave o serio, o a lo “faceto”). Todas ellas eran en consecuencia, una profunda emoción que penetraba por los sentidos.

   Las mascaradas encarnaban la realidad, como mundo, como escenario del tiempo. El barroco, como arte, va a permitir todos los contrastes.

   También es de tomarse en cuenta las despedidas que se dieron a determinados personajes de la vida política o religiosa, como fue el caso de la de Fray Payo Enríquez de Rivera, en la cual se hicieron fiestas para evocar su alejamiento de la ciudad.

   Autos de fe, puestos en escena por la Inquisición eran otro motivo de concentración pública, a pesar de su imagen macabra. Hasta aquí los apuntes derivados de la conferencia de la Dra. Bravo Arriaga.

   El balance hecho a las obras de dos diaristas fundamentales como Gregorio Martín de Guijo y Antonio de Robles, nos dan una idea más que precisa sobre el comportamiento de las diversas actividades citadinas que no se reducen a la sola fiesta o celebración. También están presentes una importante cantidad de acontecimientos de índole variada, capaces todas ellas de poseer un poder de convocatoria suficiente para reunir de manera colectiva o multitudinaria a los habitantes de una ciudad como la capital del reino de la Nueva España.

   Los patrones de comportamiento que hemos visto a lo largo de 55 años son suficiente materia de estudio para comprender la patología citadina que se enteraba entre repiques de campana, pregones, desfiles, arcos triunfales, recepciones de virreyes y otras autoridades, nupcias reales, nacimientos de infantes, fallecimiento de monarcas, autos de fe y otros, de situaciones extraordinarias las cuales se convertían en concentraciones populares que atestiguaban “con sus propios ojos” la diversa situación a la que fueron convocados. De ahí que la vida cotidiana en la Nueva España no estaba reducida al solo influjo de la fiesta. También se unieron a este catálogo otras tantas conmemoraciones como las ya revisadas en las obras de Guijo y Robles. En algunos años los índices aumentaban o disminuían en función del acontecimiento ocurrido. Pero por ningún motivo fueron épocas en reposo o perdidas en el oscurantismo de la ausencia de datos. Estos existen por fortuna, y sólo hay que tenerlos como referencia para efectuar un balance desde diversas perspectivas.

   Como se ve, la Nueva España entre los años de 1648 a 1703. Y luego, como ocurrirá bajo el registro de otras fuentes documentales como la “Gaceta de México”, nos dan un rico panorama de posibilidades sobre los diversos detonantes que inquietaron a una ciudad siempre dinámica. No podemos olvidar toda la gama de motivos de carácter religioso como las movilizaciones de imágenes: la virgen de los Remedios, la virgen de Santa María la Redonda, las procesiones de sangre y otros que sirvieron como paliativo a sequías o inundaciones. Incluso, para encontrar una pronta solución a las epidemias o enfermedades constantes que azotaban este gran centro urbano que, una vez más, nos vuelve a declarar la intensidad en que vivía.

   Entre aquellos tiempos y los nuestros han cambiado muchas cosas, es cierto. Sin embargo, todavía existen un buen conjunto de elementos que funcionan en franca continuidad de lo que eran en el periodo virreinal. Es cierto, ya no existe la inquisición, ni los virreyes. Tampoco se acostumbran ya los arcos triunfales, pero en asuntos religiosos o taurinos, por ejemplo, todavía se perciben muchas semejanzas donde ha cambiado la forma, el fondo permanece casi intacto. El calendario religioso marca pautas, eso sí, cada vez en menor medida, pero se conservan fiestas consideras como “claves”. Allí están la de la Candelaria, la del Corpus, la del 12 de diciembre, la fiesta de la cruz, celebrada con todo boato hoy día por albañiles y personas de la construcción en su conjunto, entre otras.

   El velo de un pasado se mantiene, menos contundente que en épocas como las de los siglos virreinales. Sin embargo, esa Fiesta pública y escenificación del poder planteada en su conferencia por la Dra. Dolores Bravo se mantienen intensas bajo otras condiciones, pero sin deslindarse de su principio original.


[1] Gregorio Martín de Guijo: DIARIO. 1648-1664. Edición y prólogo de Manuel Romero de Terreros. México, Editorial Porrúa, S.A., 1953. 2 V. (Colección de escritores mexicanos, 64-65).

[2] Antonio de Robles: DIARIO DE SUCESOS NOTABLES (1665-1703). Edición y prólogo de Antonio Castro Leal. México, Editorial Porrúa, S.A., 1946. 3 V. (Colección de escritores mexicanos, 30-32).

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MORANTE DE LA PUEBLA: MAJESTUOSO COMO LA CAPILLA SIXTINA, INTROSPECTIVO COMO UN AUTORRETRATO.

A TORO PASADO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Acaba de triunfar, una vez más “Morante de la Puebla” en la plaza de toros “México”. Esto ocurrió apenas nada, es decir que ya transcurre la noche del 11 de diciembre de 2016 y, con el misterio del sereno de la noche, apenas voy recuperándome del milagro, ese que como muchos han presenciado, de otra manera, donde la sangre de San Genaro pasa del estado sólido al líquido. Cuando esto sucede es que el milagro se ha producido. Fue lo mismo que ocurrió con José Antonio.

   Con tal motivo, y a modo de homenaje, me permito desempolvar una crónica escrita hace 10 años y que por lo visto hoy por la tarde, encontrarán ustedes algunas semejanzas que no la ponen tan distante entre aquella tarde y la de hoy.

 MORANTE DE LA PUEBLA: MAJESTUOSO COMO LA CAPILLA SIXTINA, INTROSPECTIVO COMO UN AUTORRETRATO. Apuntes y reflexiones a la cuarta corrida de la temporada 2006-2007 en la plaza “México”. Domingo 26 de noviembre de 2006. José Antonio “Morante de la Puebla”, José Mari Manzanares (hijo), Omar Villaseñor –que confirmó su alternativa-, y José Mauricio, en la lidia de 6 de La Gloria y dos de Garfias.

    José Antonio Morante Camacho no daba crédito luego de los tres pinchazos que ponían terrible desenlace a una obra de arte efímera con que se había prodigado en profundo estado de gracia en el quinto de la tarde, enfrentando a un torillo reservón de San Martín, al que hubo de obtener los tonos requeridos de ese lienzo majestuoso que no sabíamos si era tan imponente como los frescos de la capilla Sixtina o tan introspectivo como un autorretrato. Desde que se abrió de capa nos fue diciendo con el compás de varias verónicas que se deslizaban en la armónica compañía del temple cobijado, que el cante grande estaba surgiendo inquieto, y que esperáramos las tonadas del “quejío” más profundo, como las campanadas del “angelus” en medio de su arrebato matinal, melódico y reparador, pues que su sólo tañido vendría a convocar a los celestiales duendes los que, uno a uno surgirían del misterio para traducirse luego en espléndidos pases durante la faena de muleta.

   “Morante de la Puebla” estaba oficiando plenamente convencido de que aunque el pupilo de José Chafic no valía gran cosa, la faena habría de contener los ingredientes necesarios para provocar el gozo y el deleite más refinados y profundos. Ante aquel marmolillo la faena tuvo que construirse en diversas partes del ruedo, lo que podría suponer una rebaja de calidad. Sin embargo, en el afán profesional del torero de la Puebla del Río, a un suspiro de Sevilla, se desplegaron lienzos, mármoles, pentagramas y escenarios de todo tipo para el surgimiento de una obra espiritual que disfrutamos admirados gracias a cada uno de los planteamientos estéticos armónicamente equilibrados con un despliegue técnico del que goza, como resultado de su intensa y rica campaña española, la cual, con toda la serie de frutos memorables, encuentran eco y resonancia por estos días en ruedos mexicanos. Fue por eso que en plena conciencia de la gesta que estaba logrando, sometido al éxtasis que una y otra vez emanaban desde las profundidades del alma, concibió esa faena si no articulada; si no equilibrada; sí con los suficientes elementos de gracia, majestad e imperio.

   Fueron varios los pases en redondo y con la derecha que convencieron al más escéptico. Fueron dos trincherazos al borde de las tablas, simplemente inconmensurables, suficiente motivo para ponerse en pie y tributarle sincera ovación. Fue esa actitud soberbia, altiva, de torero caro, la que asomó durante aquellos momentos en donde parecía decirle José Antonio a su nuevo apoderado, o consejero espiritual Rafael de Paula que lo acompañaba en el callejón: “Maestro: ¡ahí va eso!”

   Sin embargo vinieron los tres indeseables pinchazos a romper con el encanto. De pronto la ya hermosa sinfonía terminaba con notas destempladas e inconexas. Afortunadamente ya había dejado evidencia del portentoso quehacer que se nos grabó en las retinas, pero sobre todo en la memoria, casi siempre perecedera en los hechos recientes, pero que es capaz de conservar en los más recónditos sitios de su capacidad, las cosas buenas e imperecederas que uno puede presenciar en la vida, para conservarlas tan vivas e intensas como acabamos de verlas apenas hace unos instantes que quisiéramos se eternizaran, que nunca terminaran, como el amor.

   Esos momentos de inmediato se tradujeron en lo que para mí es la más perfecta traducción de esa tragedia: el “Homenaje a García Lorca” de Silvestre Revueltas, cuyas notas iniciales tienen un peso de pesadumbre. Sólo que avanzada dicha obra vienen a entonarse unos compases lúdicos y brillantes al mismo tiempo que rememoran de nuevo la hazaña apenas vista por ese enorme torero, enfundado en un terno grana y oro que representaba al héroe de la larga jornada, un nuevo Teseo vencedor del minotauro, gracias al hilo de la encantadora Ariadna que generosa, puso en las manos de esta figura elegida para el disfrute de tan gratos momentos.

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José Antonio parece repartir bendiciones a su llegada a la plaza de toros “México” en un descapotable. Fotografía del autor.

   He referido la “larga jornada”, como si se tratara de la representación del “Anillo de los nibelungos” de Richard Wagner. Estos festejos “kilométricos” con ocho toros van de una torerísima tarde al nocturno preinvernal de un artificio cargado de cierta tristeza, como fueron los tintes ya en los últimos dos capítulos, tanto de Omar Villaseñor como de José Mauricio. De este último lo único con que podría compensarle su mala actuación es debido a los pocos contratos que consiguió a lo largo de un 2006 que se extingue. Omar Villaseñor, tiene una cercanía con el entrañable David Silveti, heredero directo de ese halo celestial que a tres años de su ausencia, sigue pesando con su fuerte carga de recuerdo. En el de su confirmación y primero de la tarde nos dejó clara muestra de haber asimilado cosas muy buenas del salmantino. Se percibía en Villaseñor esa escuela que levantó ámpula y hasta saboreábamos un triunfo rotundo. Pero la espada fue el “talón de Aquiles” no sólo de Omar. También de sus compañeros en el cartel y ese el tormento para Villaseñor en su segundo al que terminó viendo regresar a los corrales luego de que desde el biombo de la autoridad le sonaran los tres avisos. Esa faena, a un toro bien presentado pero difícil, áspero, que se volvía en un palmo de terreno, que le buscaba para herir y hasta sufrió algún susto, fue el otro lado de la moneda con respecto al de la apertura. Sin correr la mano, sin darle la distancia y quedándose a merced de aquel manojo de peligros por lo que nunca pudimos observar labor muleteril alguna.

   También comparecía de nueva cuenta José María Manzanares hijo, luego de haber triunfado ocho días atrás con el merecido corte de dos orejas en gélida y húmeda jornada que trajo consigo la salida a hombros. En el lote que tuvo enfrente demostró sus enormes capacidades, ese “rodaje” del que viene precedido luego de una intensa campaña española. José María es un muchacho dueño de enormes atributos técnicos y artísticos que desplegó a plenitud esta tarde, a pesar de que sus enemigos no fueron propicios para florituras, y aún así fue capaz de obtener resultados plausibles. No refrendó la estatura de ocho días atrás, pero el cúmulo de detalles, de su condición insuperable como “maestro” en cierne no quedó oculta. No cabe duda que, tanto las 63 corridas de José Mari Manzanares como las 57 de “Morante de la Puebla” durante la temporada española que recién ha terminado, no se parecen en nada a los escasos festejos que acumularon Omar Villaseñor y José Mauricio (que lleva cuatro en este 2006), lo que deja ver la marcada diferencia de administraciones, pero también de la celebración de festejos en cada uno de los dos países hoy enfrentados en la plaza de toros “México”. Y si a eso agregamos el pésimo encierro que enviaron José Chafic y Marcelino Miaja, dos de los cuales fueron rechazados y sustituidos por otros dos de Garfias, pues entonces el desequilibrio en cuanto al balance que hoy pudimos constatar, deja en el aire un buen número de interrogantes sobre el destino de la fiesta en México. El espectáculo parece estar metido todavía en el subdesarrollo, en la poca o nula iniciativa o buena disposición de empresas, que para eso están, pero que no son capaces de dar las suficientes oportunidades a los nacionales para ponerlos en condiciones de igualdad frente a los hispanos. De ahí que nuevamente la torería mexicana no tenga los suficientes elementos para ser vista con buenos ojos por las empresas españolas que de un buen número de años a esta fecha no ha demostrado ningún tipo de interés por diestros de este lado del mar. Por fortuna lo ha hecho con el único abanderado que satisface plenamente todos los requisitos, incluso los más exigentes. Por eso allí está el colombiano Cesar Rincón que pudo llegar al interesante número de 35 tardes. Si alguno de ustedes preguntara por un mexicano triunfador en ruedos hispanos durante 2006, salvo “Joselito” Adame, que hace temporada como novillero triunfador, simple y sencillamente no encontramos respuesta alguna. Es una lástima.[1]


[1] Si de lo que me he enterado a través de varias notas periodísticas es un hecho, lamento muchísimo que “los bajos fondos”, los intereses más oscuros hayan hecho de las suyas con la conversión de los “toros” de San Martín, que teniendo marcado en las ancas un mismo fierro quemador, los hicieron pasar como de “La Gloria” con la salvedad de que los colores de la divisa son distintos. Eso me parece un atraco, una maniobra muy sucia por la que alguien deberá responder. Esto no puede quedarse así.

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LOS EMPEÑOS DE UNA CAUSA.

A TORO PASADO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Rematada el 15 de junio de 2006, esta crónica que hoy comparto fue resultado de un contraste literario cuyo misterio resolverán los amables lectores si es que aciertan a degustarla con paciencia.

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LOS EMPEÑOS DE UNA CAUSA. Apuntes y reflexiones a la cuarta y última corrida de la temporada “torista” en la plaza “México”. Domingo 4 de junio de 2006. Ignacio Garibay, Alberto Espinosa y Jorge López (confirmación de alternativa de los dos últimos). 4 toros de Santa María de Xalpa y 2 de Barralva.

Dª. Juana Inés de la Cruz.

Convento de San Jerónimo,

Ciudad de México.

Dignísima señora:

   Con la licencia que usted me permita, quisiera informarle que he encontrado en el título de una de sus obras de teatro, para más seña, “Los empeños de una casa” el motivo de mis “apuntes y reflexiones”. En tanto comedia de enredo, ingeniosa y ágil, junto con su respectivo sainete, fue obra común de siglo tan novohispano como el XVII. Sólo que, por el hecho necesario de hacer una pequeña modificación, por el momento retiro de su título la parte correspondiente a la habitación –la casa-, para darle, tal y como lo indica el diccionario de la Real Academia española de la lengua, a la “causa” el “motivo o razón para obrar”.

   Enterado de sus notables quehaceres y más aún, de que habiendo sido representados en 1683 “Los empeños de una casa”, vaya por usted, esta sorpresa que hoy día he reunido en uno de mis trabajos capitales.[1]

empenos2

LOS EMPEÑOS DE UNA CASA[2]

SAINETE SEGUNDO

(. . . . . . . . . .)

ACEVEDO[3]

 

Silbadores del diablo,

morir dispongo;

que los silbos se hicieron

para los toros.[4]

(. . . . . . . . . .)

JORNADA TERCERA

 

ESCENA TERCERA

 

CASTAÑO[5]

 

Dame licencia,

señor, de contarte un cuento

que viene aquí como piedra

en el ojo de un vicario

(que deben de ser canteras):

Salió un hombre a torear,

y a otro un caballo pidió,

el cual, aunque lo sintió,

no se lo pudo negar.

Salió, y el dueño al mirallo,

no pudiéndolo sufrir,

le envió un recado a decir

que le cuidase el caballo,

porque valía un tesoro,

y el otro muy sosegado

respondió: “Aquese recado

no viene a mí, sino al toro”.

Tú eres así ahora que

me remites a un paseo

donde, aunque yo lo deseo,

no sé yo si volveré.

Y lo que me causa risa,

aun estando tan penoso,

es que, siendo tan dudoso,

me mandes que venga aprisa.

Y así, yo ahora te digo

como el otro toreador,

que ese recado, Señor,

lo envíes a Don Rodrigo.[6]

    Pues bien, como “empeños de una causa”, por cierto loables, se encuentra la de saludar y celebrar el esfuerzo que una vez más, la nueva empresa de la plaza de toros “México” tuvo en ofrecernos durante la temporada “torista” el elemento que nos fue negado durante años, pero manejado como si existiera: el toro. Al margen de resultados y balances, es esta especie de la raza animal la que se encontraba secuestrada y amenazada por los propios encargados de dar forma al espectáculo. Claro que no son todos, pero los pocos que manejaban el mayor peso específico de esta balanza, lo hicieron con tal habilidad que terminaron causándole daños severos, algunos irreversibles a una infraestructura, por lo que hoy día, varias plazas del país permanecen cerradas, así como por el hecho de que otras tantas ganaderías, de las 300 que existen a lo largo y ancho del territorio nacional fueron marginadas, disfrutando del beneficio apenas unas cuantas que siguen, por ahora, en el candelero, como si fuesen las únicas en surtir y satisfacer, de manera constante todas las necesidades creadas a lo largo de un año taurino.

   Esperamos tiempos mejores a partir de ejemplo tan positivo, estimulado por dos empresarios que de esto, ya saben un rato. Sin embargo, al poner el dedo en la llaga se están comprometiendo no sólo con la fiesta. También con la afición que espera una constante y no una baja en la calidad que ya nos garantizaron, por lo menos, en cuatro festejos inolvidables a donde, de hecho no acudieron las mayorías esperadas, pero se desplegó un importante aparato publicitario que los pone, insisto, en el dilema de continuar o replegarse. Lo primero es deseable. Lo segundo, de ocurrir, habrá de ponerlos en situación comprometida.

LOS TOREROS

   Ignacio Garibay, con siete años de alternativa, comprueba su muy avanzada carrera con vistas a convertirse en figura del toreo, sólo que para que eso suceda necesita demostrarlo una y otra vez, en cuanto cartel sea incluido. Pero ni Garibay ni otros en el presunto candelero merecen una atención tan inestable de una actuación hoy y la otra hasta quien sabe cuándo. Sin embargo, razones como la caudalosa serie de verónicas con que nos obsequió en sus dos ejemplares da motivos suficientes para pensar en lo bien asimilado que trae el arte y la técnica taurinas, pues, como lo sabemos, esos lances de recibo son de una belleza sin igual, pero de un enorme grado de dificultad si no se tiene idea clara del enorme potencial con que salen al ruedo los toros, y pararles, con todo el temple, la gracia y carácter requeridos, lo cual da por resultado la gracia en toda su dimensión. Ambas faenas tuvieron el privilegio del equilibrio, aunque por momentos no se definiera bien la situación, en virtud de que el lote enfrentado mostraba elementos de casta y bravura a veces seca, a veces intensa, como se requiere en cualquier lidia o enfrentamiento. Por el buen desempeño de labor desplegado sobre todo en el segundo, cuarto de la lidia ordinaria, y luego de colocar una muy buena estocada, se le otorga merecida oreja de la que no pudo ocultar su enorme satisfacción.

   Alberto Espinosa y Jorge López llegan a la confirmación de alternativa con algunos festejos en la espuerta. Imposible ponerse exigentes con dos matadores de toros que han podido acumular, acaso, algunos otros festejos en lo que va del año. Se trata, en efecto, de toreros marginados, marginación que debe terminar siempre y cuando encuentren una administración más favorable, que los apoye, que encuentren por vía del diálogo y el entendimiento otras tantas oportunidades en cuanta plaza, feria o ciclo se organice. Sus demostraciones dieron idea de que pueden, pero para hacerlo requieren de la constante para afinar métodos, esquemas, procedimientos. Pero, por encima de todo esto, poner al servicio de su profesión el arte y la técnica, dos valiosos instrumentos de que se vale toda figura del toreo que se precie.

   Una tarde no es suficiente para sacar conclusiones. En todo caso, nos entusiasmará muchísimo el hecho de que podamos verlos una y otra también para poder definir el tipo y estilo que los vaya caracterizando al cabo del tiempo.


[1] José Francisco Coello Ugalde: Aportaciones Histórico-Taurinas Nº 31: La poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI (Antología). México, 1986-2006. 1067 p. Ils., fots. (Inédito)., p. 118-119.

[2] Sor Juana Inés de la Cruz: OBRAS COMPLETAS. Vol. IV. Comedias, Sainetes y Prosa. Edición, prólogo y notas de Alberto G. Salceda. México, 4ª reimpr. Fondo de Cultura Económica-Instituto Mexiquense de Cultura, 2001. XLVIII-720 p. Ils., retrs., facs. (Biblioteca americana, serie de Literatura colonial, 32)., p. XVIII. Los Empeños, con su loa, sainetes, letras y sarao, se representó en la casa del Contador don Fernando Deza, en Méjico, el 4 de octubre de 1683, con motivo de un festejo ofrecido a los virreyes Condes de Paredes y en ocasión de la entrada pública del nuevo arzobispo don Francisco de Aguiar y Seijas.

[3] Acevedo, es uno de los interlocutores, junto a Muñiz, Arias y compañeros.

[4] Sor Juana Inés de la Cruz: OBRAS COMPLETAS. Vol. IV., op. cit., p. 123.

[5] Castaño, es uno de los interlocutores, junto a Don Carlos.

[6] Sor Juana Inés de la Cruz: OBRAS COMPLETAS. Vol. IV., ibidem., p. 131.

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UNA MIRADA SENCILLA A CASI CINCO SIGLOS DE TOREO EN MÉXICO. DE LA CONQUISTA AL SIGLO XIX.

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EN MEDIO DE LA BARBARIE, CÓMO EXPLICAR QUE EL TOREO ES UN ARTE.

A TORO PASADO. 

EN MEDIO DE LA BARBARIE, CÓMO EXPLICAR QUE EL TOREO ES UN ARTE.[1] 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Una primera y gran respuesta a este asunto con el que más de algún amigo nos pone en predicamento o en entredicho, a la hora de preguntarnos sobre nuestro gusto por un espectáculo “bárbaro y sangriento” como es el de los toros, la encontramos en un admirable apunte de José Alameda, al justificar la aparición de su libro Seguro azar del toreo:

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   “Seguro Azar” es el título de un libro de Pedro Salinas. El libro nada tiene que ver con los toros. El título, sí, aunque el poeta no lo hubiera podido sospechar.

   La reunión de esas dos palabras, en principio antagónicas –seguro azar- es como la cifra verbal del toreo, con su tensión y su emoción de antagonismo resuelto. Aunque sea resuelto un punto, para replantearse el siguiente.

   La conciliación de lo contradictorio, como base de planteamiento, sólo se da en el toreo. Ni en la música, ni en la pintura, ni en alguna otra de las artes, acontece que la materia sea opuesta, adversaria, hostil, como lo es el toro. Y que de esa hostilidad pueda lograrse, asombrosamente, la armonía. Tal situación es lo que a juicio de algunos, rebaja al toreo y, por lo que tiene de lucha material, se niegan a considerarlo como arte. Juicio superficial. Al contrario: es un arte enriquecido por el drama.

   Amplitud y restricción, tiempo y espacio, cálculo y osadía, improvisación y regla, disciplina y ruptura… En armonizar lo antagónico está la clave del toreo, su interés, su gracia, su permanente drama, pues todo debe salir bien, aunque todo pueda salir mal. El azar es la levadura del toreo.

   Por eso, lo que “se trae hecho” –trampa contra el azar- no sirve. Extremando la idea, podríamos decir que la “doctrina” misma es una especie de trampa –la trampa doctoral-. Razón de que los toreros demasiado técnicos, o demasiado “canónicos”, no suelan ser favoritos de los aficionados de más fina sensibilidad. Lo que hay en ellos de genérico, de previsto, de “preparado”, se opone, aunque no siempre –pero si en principio- a la llama creadora.

   Aunque pueda parecer ociosa la observación, hay que subrayar que todo esto debe tomarse como relativo. Baste un ejemplo. Entre los toreros más cerebrales –en apariencia- que hayan existido, está Fermín Espinosa “Armillita”, y sin embargo cuando se ponía la muleta en la izquierda y lograba su verdadera realización estética –lejos ya del campo de lo mental, embebido en el mundo sensible del arte- la tensión emocional de la plaza era asombrosa, insuperable. El fenómeno de la transformación se da siempre en el arte, pero más acusadamente en el toreo, donde toda metamorfosis cabe, por ser un arte puramente “en vivo”.

   Aunque se sepan cosas y se tengan noticias y vivencias del pasado que nos ayuden a comprender sobre la marcha, no hay que confiar demasiado en ellas, sino tener presente que el toreo está reciennacido y recienmuriendo a cada paso[2].

   Lo anterior nos pone en situación de privilegio, puesto que para hacer una defensa inteligente, no hay como palabras inteligentes, de la proporción en que hemos apoyado el primer fundamento, ya que en ese sentido el propio Alameda enfrentó en diversas épocas de su vida algunas polémicas, recordándose la última de ellas, confrontando su experiencia con Carlo Coccoli, antitaurino declarado, también muy inteligente, pero que terminó aceptando el discurso del autor de El hilo del toreo, su última y más consagrada obra, donde parece haberse dado la suma de todas sus experiencias.

   Por otro lado, hoy día, pareciera que las instituciones escolares estuvieran fomentando entre las nuevas generaciones una cultura ecológica que es motivo para saludar y celebrar tal forma de concienciar a quienes tendrán que enfrentar una crítica realidad dentro de algunos pocos años. En el contexto de esa nueva forma de reflexionar los ecosistemas y las formas de vida no humana, no hay por el momento, y luego de hacer una revisión a diversos programas de nivel primario y secundario, que no existe una línea precisa para denostar o cuestionar lo que pudiera estar sucediendo con el espectáculo de los toros. Nada de eso está mal, pero debe hacerse considerando una serie de situaciones que deben acudir a la explicación no solo histórica del caso. También a todo un escenario arqueológico, antropológico, social, filosófico y hasta social de este complejo entramado.

   Quizá en otro momento ya hemos entrado en materia al respecto de los argumentos que manejan grupos o partidos ecologistas, defensores legítimos de ecosistemas y formas de vida no humana, que al cuestionar el espectáculo lo descalifican bajo el primer elemento de ser una fiesta retrógrada, fomentada por grupos sociales absoluta y profundamente insensibles a la agresión que ocurre en el momento en que un toro es motivo de una lenta agonía, de un despiadado tormento, sin tomar en cuenta todas las valoraciones que ya se han referido apenas hace unos instantes y que tienen un peso específico acumulado en siglos de andanzas, no solo en el viejo continente. También en este, donde tras los hechos de conquista que se dieron a pocos años de la colonización, se insertó en la forma de vida cotidiana un proceso que dio extensión a la que abandonaban aquellos hispanos decididos a poblar definitivamente estas tierras.

   La iglesia, el estado y diversos grupos sociales han cuestionado a lo largo de los siglos el toreo como una forma de expresión sustentada por otros tantos grupos sociales que han encontrado en él una razón para divertirse, para gozar de sus misterios hasta el grado de conmoverse ante la condición fugaz que tiene como de su propiedad, puesto que todo cuanto puede preverse es simplemente una especulación, ya que al ocurrir todas y cada una de sus manifestaciones, estas vienen dándose en consonancia con un tiempo limitadamente corto, capaz de modificar o alterar el destino en un instante. De ahí que José Bergamín concluyera que lo que sucede en el ruedo es música callada del toreo; de ahí que Pepe Luis Vázquez sentenciara: el toreo es algo que se aposenta en el aire, y luego desaparece, apoyándose con el célebre verso de Lope de Vega. Por lo tanto, en medio de la barbarie, tenemos suficientes elementos para explicar que el toreo es un arte que alcanza a creadores sensibles quienes modifican ese estado de gracia en otro nivel estructural hasta convertirlo en otras obras perennes que terminan trascendiendo, y que por lógica dan continuidad a ese solo instante etéreo y volátil en que se sumerge el toreo.

   Quizá, todo este conjunto de ideas no sean finalmente el escudo o la lanza con que tengamos que defendernos de los no taurinos, pero al menos servirán para que ellos también comprendan que no estamos movidos por un instinto primitivo, donde quedan saciados nuestros bajos deseos de sangre y de muerte, pues el sacrificio no se da por el vano principio de una matanza sin más. Posiblemente esto ocurrió en los tiempos más primitivos, en donde el hombre tenía que hacerlo para sobrevivir. Pero quedan también una serie de evidencias que nos demuestran que su contacto en un medio absolutamente natural, nos presenta hoy un testimonio plasmado en las pinturas rupestres, lo que señala las primeras insinuaciones no necesariamente creadas con una fuerza divina, puesto que el origen de las religiones se daría en un mundo distinto, evolucionado, separado por la creación de diversos estados los que, a su vez, crearon y asumieron como suyos unos principios de convivencia, de la que surgió después una estructura de ideas y creencias, tanto políticas como religiosas que, o terminaba enfrentándolos por un lado o aceptando aquellos elementos de interelación, por el otro. La religión en cuanto tal, en sus diversas modalidades apareció en escena y para proclamarla, venerarla, pero sobre todo para sostenerla tuvo que surgir una patrón de comportamiento que entenderíamos en un principio como el rito, sin más. El rito lleva y conlleva propósitos muy concretos de exaltación, pero también, y como dice Pitt-Rivers, el intercambio de un bien material por un estado de gracia que hizo entonces más contundente la presencia de aquel elemento ligado a fuerzas que se separaban de lo terrenal, para ingresar a un espacio desconocido, donde lo mortal encuentra una barrera con lo inmortal. En ese sentido, por ejemplo, la religión católica nos habla en su más absoluto extremo de dioses. Por ello, la muerte representa uno de los factores más representativos en todas las culturas humanas, la que, al paso de los siglos se convirtió en un poderoso instrumento de explicación a la luz de todos esos argumentos que las religiones –en todas sus modalidades- han planteado en una multiplicidad de alternativas.


[1] Publicado en la revista Matador año 8, Nº 3 enero de 2003.

[2] Carlos Fernández Valdemoro (Seud. José Alameda): Seguro azar del toreo. México, Salamanca ediciones, 1983. 92 p. Ils., retrs., facs., p. 7.

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