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LAS SUERTES DE LA “MAMOLA” Y LA “MEMELA”.

ANTIGUAS SUERTES MEXICANAS DEL TOREO, O REMINISCENCIA DE OTRAS QUE YA NO SE PRACTICAN.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

Suerte de “La Mamola”. Antonio Navarrete: TAUROMAQUIA MEXICANA.

    Parecen dos términos que pueden prestarse al juego, a la sospecha, e incluso al picoso manejo del albur. Sin embargo, tanto “mamola” como “memela” tuvieron, durante el siglo XIX una directa aplicación, por lo menos en los toros.

Hacia 1884, y en unos versos dedicados a Ponciano Díaz, el pueblo le demandaba:

¡Ahora, Ponciano!, le gritan,

atórale a ese torito,

Hazle la memela, pues,

con solo tu capotito.

   ¿En qué consistía dicha suerte?

La respuesta se encuentra en curiosa edición de las Suertes de Tauromaquia que Luis G. Inclán publicó en 1862, y cuya reproducción facsimilar se debe a la agrupación de los Bibliófilos Taurinos españoles hecha en 1995. Dice al respecto:

“LA MEMELA.-Para esta suerte se pone el diestro tirado en el suelo boca arriba, en línea recta del viaje. que el toro trae o intenta tomar, y al tiempo de que humilla le pone los dos pies en la frente para que lo haga dar una machincuepa, siga su viaje y el torero salga por los pies del toro”.

Esa fue, a lo que parece, una suerte eminentemente mexicana, realizada con motivos de auténtico alarde, aprovechando, por un lado la velocidad de rayo con la que el burel salía de toriles, y también por el hecho de que viniendo de las oscuridades a un espacio iluminado y abierto, de pronto tanto deslumbramiento no le permitía demasiada claridad.

Dicha suerte parece recordarnos aquel salto que ejecutaban hombres o mujeres en la isla de Cnosos y del que, habiéndose impulsado con uno de los pies en el testuz del toro, se realizaba en el viaje una “machincuepa”, maroma o giro del cuerpo sobre la cabeza, hasta dar de nuevo y en posición vertical, con alarde de gimnasta en cuanto el toro seguía su camino en sentido contrario,

Lo de Ponciano y otros diestros que la pusieron en práctica debe haber tenido su puntito de tensión y de emoción.

En cuanto a la suerte de la “mamola”, esta se realizaba “a porta gayola”, en la cual el aventurado en ejecutarla se colocaba tirado, boca arriba, soportando en las plantas de los pies una olla normalmente llena de ceniza o de yeso, lo cual ocasionaba que el encuentro inmediato del toro que salía al ruedo era de suyo “explosivo”.

Esa suerte, muy antigua tenía gracia y encerraba peligro. Para ello era necesario un toro “limpio”, no un marrajo ya toreado que tirara cornadas. Si este se “quedaba”, el percance era seguro y casi siempre grave. Para hacer la “mamola”, el torero, antes de se abriera el toril, se acostaba de espaldas al suelo frente a la puerta, a una distancia adecuada para ser visto por el toro en los momentos previos a su salida. De pronto, el valiente levantaba verticalmente las piernas para sostener entre los pies una olla –“piñata” llena con ceniza o yeso. En esa postura esperaba la embestida. El toro entonces rompía con el testuz el cacharro aquel y la ceniza o yeso le bañaba la frente, ojos y hocico, pareciendo como si lo hubiesen enmascarado. El torero en tanto era volteado con el impulso de la embestida hacia atrás y daba la machincuepa de rigor.

La mejor forma de entender tan significativo alarde es gracias a la recreación que de esta y otras suertes hizo Antonio Navarrete en su ya clásica obra Trazos de vida y muerte así como en La Tauromaquia en México”, de las que traigo hasta aquí la imagen que ilustra las presentes notas.

Tres puntos finales.

Se percibe una fuerte influencia circense en estas suertes, lo que no es casual, debido a que el diálogo entre espectáculos como el taurino y los circos también se hizo notar con fuerza en el curso, no solo del XIX, sino también durante el XVIII, precisamente cuando el relajamiento social, e incluso sexual se dejó notar con mayor fuerza durante el periodo que se afirmó con la “ilustración”. No es casual que uno de los personajes que llegaron de las carpas –habiendo vestido leotard-, fue Timoteo Rodríguez, primer esposo que fue de María Aguirre la Charrita mexicana.

Otra referencia importante, de la que busco datos y espero encontrarlos, está relacionada con la famosa puesta en escena “Los cuatro siglos del toreo en México”, compañía encabezada por Edmundo El Brujo Zepeda, personaje que emprendió sin mucha suerte el camino de la tauromaquia allá por los años 30 del siglo pasado. Sin embargo, con empeño y paciencia, tuvo a bien montar ese espectáculo que reunía la demostración de diversas suertes como las que esta serie pretende rescatar.

El otro aspecto parte de una sugerencia, la que les hago para que en cuanto puedan, vean Calzonzin inspector, película que Alfonso Arau, su director realizó en 1973. En los últimos 5 o 7 minutos, existe una buena cantidad de imágenes que recrean las mojigangas, esos espectáculos fascinantes que nos vienen de varias centurias para acá, pues todavía es posible admirarlas, más en espacios rurales que urbanos. Es decir, en sitios que vinculados con labores en el manejo de ganado, y esto a su vez con el toque ritual y religioso que supone integrarlo a las fiestas dedicadas al santo patrón o la santa patrona, representa la posibilidad de que en todo ese concentrado de gozo, vayan incluidas tales reminiscencias que se revisten de acuerdo a los tiempos que corren. De ahí que hoy día, se mantienen gracias a los nuevos aspectos que emocionan o conmocionan a la sociedad con objeto de llevarlos a la teatralidad, sin faltar su toque de crítica y de sátira.

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