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DE SEGUIR A ESE PASO, LA FIESTA SERÁ UN REMEDO.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Hoy, los gustos de la afición han cambiado radicalmente. Con los hechos, por cierto bastante lamentables que se vivieron en el ruedo de la plaza “México”, no se puede pensar en otra cosa que en la pérdida de esencia en el sentido de lo estrictamente original que tiene el espectáculo de los toros. El desfile de reses provenientes de la ganadería de Montecristo, estuvo encabezado por aquellas banderas de la invalidez, la mansedumbre y la falta de casta, que alcanzaron a convertir la jornada en un tedioso capítulo de desencanto, colmado además por una sesión que fue larga, larguísima, casi tres horas, como si con este remedio los toreros hubiesen querido levantar el derrumbe. Aquella apariencia, la correcta presentación de los ejemplares de Germán Mercado Lamm no tuvo ninguna semejanza en cuanto al pésimo juego que mostraron en la plaza.

   Tras el largo receso que “enfrió” a la afición, este 22 de enero, fecha de notable efeméride con motivo de un aniversario más del nacimiento de Rodolfo Gaona Jiménez (22 de enero de 1888), volvieron a sonar parches y clarines a las 4:30 de la tarde, como primer intento que, por parte de la empresa, pretende corregir la suma de errores que ha venido cometiendo en torno a la organización de esta temporada 2016-2017, agregando a lo anterior un propósito de bajar precios, o ajustarlo al que se cobró justo hace un año, cuando los carteles “conmemorativos” al aniversario de la plaza ya habían sido confeccionados. La entrada –apenas un tercio-, dejó notar el enojo, la desconfianza habida para con los empresarios por una afición que no responde debidamente a los llamados de carteles de lujo, que tampoco tienen la mejor manufactura, y que vienen a ser  incluso “más de lo mismo”. Y durante la lidia, tuvimos que observar ciertas alteraciones que ya son aceptadas por esa neoafición que se ha instalado en nuestros días. He aquí algunos ejemplos.

   Quedó comprobado que ninguno de los tres espadas: Miguel Ángel Perera, Juan Pablo Sánchez y Diego Silveti no lograron nada de notable con la capa que no fueran meros esbozos, pero sin llegar siquiera al sobresalto.

   Durante el primer tercio, la presencia del varilarguero prácticamente es decorativa, pues aquel momento en el que se determinan infinidad de cosas relativas al toro y la bravura de este, todo queda reducido a un puyazo, monopuyazo o apenas el leve castigo de un “refilón”, después del cual el astado sigue bajo el peto y son los subalternos quienes tienen que quitar al ejemplar, arrancarlo de ahí, ante la mirada conforme de los matadores que se mantienen impasibles en esos momentos, por lo que el antiguo “quite” ese que era retirar al toro para reducir el peligro de un percance y donde las figuras se lucían en lances emotivos, hoy es un mero trámite que los diestros decoran con algunos capotazos que muchos suelen llamar “quites” cuando ya no lo son. Se trata en todo caso de lances con un toque de gracia o de exposición. En seguida, y ya durante el segundo tercio, los banderilleros unos, no todos, dejan ver sus deficiencias y por tanto tenemos que soportar ese desgaste de peones que tocan y vuelven a tocar, lancean y vuelven a lancear sin miramiento alguno a un ejemplar al que van minando innecesariamente.

   Ya para el tercer tercio, lo que queda por ver es el comienzo de una faena en la que dejar ahormado al animal para disponer de él en la faena, es recurso que ha desaparecido. Esos pases de castigo, en todo caso suelen verse al final del trasteo, mientras todo se conduce por el intento de faenas que pretenden lucidas, bonitas, que es en buena medida, propósito de la moderna tauromaquia. Sin embargo, con esto queda demostrada la pérdida de otro elemento de valor donde gana el arte, pero pierde la técnica.

   Y esta tarde, ¡cómo sufrimos con esa fallida labor con la espada! en la que los alternantes, como si hubiesen logrado un acuerdo común, se fueron de balde pinchando en hueso, y más de alguno demostrando que con la espada corta de descabellar no se llevan. En seguida vino la participación de los puntilleros, dos señores respetables, llenos de años, pero no de facultades cuya imagen ya no es tan agradable. Se necesitan personas más jóvenes para cumplir con dicho cometido y no a estas personas que un buen día pueden ser blanco de algún percance. Algo tendrá que hacer la Asociación de Banderilleros, Picadores y Puntilleros procurando evitar un caso desagradable producido por algún momento de riesgo o peligro.

   El fuerte signo de decadencia que esta tarde pudimos contemplar con tristeza, nos pone una vez más en alerta, pues de seguir a ese paso, la fiesta será un remedo. Los principales responsables, en esta ocasión fueron el ganadero y la empresa. Desde luego, que otro reflejo de esa indiferencia provocada por la ausencia de bravura, fue esa actitud relajada y relajienta que se hizo notar en los tendidos. La gente no estaba metida en los toros, sino en otra cosa. En la medida en que la emoción estuvo ausente, esto fue suficiente para dispersar, distraer y no conectar con el sólo ambiente que por sí solo es necesario para atraer… pero no hubo tal. Y eso no produjo sino algunos momentos en donde por ejemplo Juan Pablo Sánchez se acomodó con el quinto, y que de tanto liarse con él, debido a lo corto en sus embestidas, pasó un apuro que repuso volviendo a recuperar el ritmo de esa faena que, entre altibajos también recobraba aliento.

   Para terminar con estas notas que parecen ser el reporte de un desencanto, creo que hoy los pacientes aficionados tuvimos que sortear la notable e incómoda presencia de vendedores, que no dejan de moverse, de realizar su propósito, pero sin que se queden sentados esperando el momento en que tras la primera estocada y luego ya cuando el siguiente toro aparece en la arena, sea el tiempo preciso para sus empeños de venta y despacho de cuanto se ofrece en los tendidos. Aquello es un verdadero mercado, donde la novedad fue la del ofrecimiento de bebidas alcohólicas, servidas al pie del lugar de quien las solicitara, como si de un bar se tratase. La delegación “Benito Juárez” y sus inspectores deberían darse una vuelta a la plaza para regular esa venta desproporcionada y sin control que incomoda a quienes asistimos. El “pasadero” de vendedores con cervezas, canastos, bebidas, y otros productos es una auténtica monserga que debe controlarse, evitando con ello que se desaten por aquí y por allá distractores que entorpecen nuestra atención.

   Y la cereza en el pastel fue la aparición de aquel joven que, saltando del tendido al ruedo, como si de un “espontáneo” se tratara, este consiguió en parte su propósito al despojarse de una chamarrilla con lo que quedó pecho y espalda al descubierto. En ambos sitios se podían leer frases de rechazo ante lo que para él era la tortura. No más tortura, se alcanzaba a leer no solo en su cuerpo sino en un cartel que alcanzó a desdoblar. Aquello duró unos cuantos segundos y se le retiró en medio de un fuerte reclamo de los aficionados, quienes no pararon al descubrir en el tendido a los “cómplices”, otras cuatro personas que materialmente fueron lanzadas de la plaza.

   Mal la pasamos, y no quiero que estas notas queden como símbolo del pesimismo, pero se necesita poner atención en todo lo aquí apuntado más otros factores que, por mínimos pero no por ello vitales en la lidia, deben ser atendidos para evitar en lo posible que vuelvan a repetirse. La tauromaquia, ya lo advertía, está cambiando, pero ese cambio se debe a deficiencias que son en realidad, descuidos o abandono generados por la ausencia de factores tan indispensables como esa notoriedad en bravura, presencia, codicia, edad, presencia y demás circunstancias que parten del eje central del espectáculo: el toro. Sin todo esto, vuelvo a repetir, el espectáculo sólo será un triste remedo.

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“MORANTE DE LA PUEBLA”, “HIEROFANTE” DEL TOREO, LLEGÓ A LA CUMBRE.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Rosa Montero, reconocida escritora española, acaba de consignar en una reciente colaboración periodística, y justo en el texto que tituló como “Una hermosa lágrima”,[1] el pasaje de un mendigo callejero que produjo en ella la profunda sensación de “un regalo en forma de cristal que refleja la dignidad y la belleza de la vida”. Por su relevancia, lo reproduzco a continuación:

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   En su interior, hay una expresión que hoy, tras admirar la nueva comparecencia de José Antonio “Morante de la Puebla” nos lleva a entender que cuanto se produjo en el ruedo de la “México” fue tan similar a aquel sucedido que nos cuenta en el clímax de su texto la autora, entre otras obras como La loca de la casa:

   Horas más tarde, aún trastornada por el suceso, escribí a un amigo contándole la historia, y él me contestó: “Es un hierofante; no sientas pena de él”. Me pareció precioso: sí, un hierofante, que en la Grecia antigua era el sumo sacerdote de los cultos mistéricos. De hecho, la palabra hierofante significa “el que hace aparecer lo sagrado”, y eso era exactamente lo que había logrado…”

… y logró, ahora volviendo a estos territorios espirituales, el de la Puebla del Río.

   Así que, convertido “Morante de la Puebla” en auténtico “hierofante”, parece que la referencia, aunque compleja en el uso de una expresión que no es común, comprende su dimensión como un absoluto.

   Y el “torito de la ilusión” se llamó… Peregrino que como todos los de esta tarde, correspondieron a la traída y llevada ganadería de Teófilo Gómez, por aquello de que es “garantía de éxito”, aunque no en presentación, pues todos a pesar de los pesos que se definieron, no se correspondían con la realidad. Veamos si no.

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El Programa. Plaza México. Año 30 N° 1025, 8ª corrida. 11 de diciembre de 2016 (páginas interiores).

El orden en que salieron fue este:

Agua Clara (N° 359), 508 kg.; 2° Don Ricardo (N° 355), 491 kg.; 3° Sanjuanense (N° 375), 530 kg.; 4° Peregrino (N° 337), 520 kg.; 5° Romancillo (N° 325), 540 kg., y 6° Farolito (N° 345), 536 kg.

   Más claras no pueden ser las evidencias.

   Con Peregrino sucedió el reencuentro. Y José Antonio, enfundado en ese lila y azabache que daba aires de invocación cercana al milagro, comenzó un despliegue de lo bello y efímero. Se le veía ya en estado de gracia, cuyos inciensos bordaron verónicas y chicuelinas, rematados ante el alarido de una asistencia ávida del milagro, como el que ya rememoran los mexicanos y guadalupanos creyentes del sucedido al pie del cerro del Tepeyac.

   Del castigo justo, como de trámite, con el piquero pasamos a un tercio de banderillas donde a su término los de la cuadrilla saludaron la ovación con montera en mano. Y “Morante” al brindar la faena, nos advertía que el sobresalto estaba por suceder.

   Y así fue.

   Andándole de las tablas a los medios concibió el preámbulo bordado de gozo. Por la derecha, consiguió prodigiosos momentos. “Morante” tiene la virtud de escaparse con ligereza de esos cartabones que en realidad no dicen nada, salvo que se repitan una y otra vez, con lo que se pierde la esencia de una estética que intentan pero no encuentran. Así que el andamiaje de esta faena se forjó con el toque de la gracia.

   El de Teófilo Gómez cumplió a cabalidad con los estándares de tan consentida ganadería, por lo que la garantía de triunfo llegó felizmente, como llegó el momento de la culminación, en la que tras una estocada que ejecutó dentro de las normas clásicas, consiguió que el cuarto de la tarde-noche rodara “patas pa´rriba”, como bravo guerrero. (Dos orejas y vuelta al ruedo, tras el arrastre lento a los restos del ejemplar).

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Morante de la Puebla, en olor de santidad. Disponible en internet diciembre 12, 2016 en:

http://www.altoromexico.com/img/cmsgaleria/galimg99842.jpg

Fotografía: Sergio Hidalgo.

   En su primero, ya nos había anticipado entre buenos y firmes apuntes lo que vendría con su segundo. Con tal escenario, José María Manzanares intentó dos trasteos que no pudo rematar como quizá era su propósito. Pero los duendes no lo permitieron, así que todo quedó en buenas intenciones.

   Por lo que respecta a Gerardo Rivera, nos llevamos una grata impresión en el de la confirmación. Bien plantado con la capa, con banderillas superior, con mucha habilidad y certero. Es ya un rehiletero que confirma, en su caso, a uno más de los de la escuela clásica mexicana. Con la muleta también estuvo muy valiente, corriendo la mano y deletreando cada pase, entre los que destacaron los saboreados pases de pecho. De tan valiente, y al intentar una “arrucina”, se puso en calidad de carne de cañón, con lo que se llevó tamaño susto, del que ni siquiera se miró la ropa. En ese toro y con el sexto mostró pocas habilidades con la espada así que el gozo… se fue al pozo.

12 de diciembre de 2016.


[1] EL PAÍS SEMANAL, N° 2097 del domingo 4 de diciembre de 2016, p. 96.

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CON LOS DE “EL VERGEL”… POCO OROPEL.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En efecto, los toros propiedad de Octaviano García Rodríguez, procedentes de la Hacienda Soledad, en Vallecillo, Nuevo León fueron ejemplares que, en conjunto no mostraron un comportamiento homogéneo. Antes al contrario, lo heterogéneo de lidia y juego de los seis que se lidiaron, arrojó un balance harto interesante que sirvió de mucho para entender no solo el arte de los toros. Sino la técnica que va aunada a aquel ejercicio. Y no es que hayan sido toros terroríficos, sino por el hecho de que la lidia –vuelvo a ese término clave-, la lidia hubo de tener algunos cambios frente a lo que la estandarización nos tiene acostumbrados.

   Con los de José Julián Llaguno en su nueva línea o encaste Domecq (vía Jandilla), los aficionados asistentes el sábado 26 a la plaza “México”, tuvieron el privilegio de reencontrarse con toros. Lamentablemente no fue lo que se esperaba… Y este domingo 27 de noviembre, la materia prima estuvo formada por un encierro justo en presentación, y donde cada uno de los seis ejemplares se desbordó en diferentes comportamientos lo cual fue de enorme utilidad para quienes se encontraban en el ruedo y para aquellos que, desde los tendidos observamos y analizamos el desarrollo del festejo.

   A Sergio Flores le correspondió un lote complicado, sobre todo su primero con el que las cuadrillas naufragaron en pésima actuación. El tlaxcalteca terminó doblándose con él, castigándole para someterlo y todavía tener algo con qué lucirse, pero no se lo permitió. Así que la labor fue de una brevedad que se agradeció. Con el quinto de la tarde, Flores tuvo enfrente a un ejemplar que parecía mansear, pero que entre sus negativas de embestir y luego hacerlo con fijeza pudo forjar una faena a la cual, y si me apuran, faltó ese ingrediente de reposo para encontrar mejor equilibrio. Sergio en algún momento estaba tan entregado que no supimos en realidad qué quiso hacer en ese instante, pero corrigió a tiempo y volvió a tomar el paso, obligando al de el Vergel a permanecer en el centro del ruedo, cuando este pretendía irse a la querencia –y que en algún momento lo logró-. Sin embargo pudo más la voluntad tlaxcalteca que se extendió en otros tantos momentos, hasta culminar con una casi entera, traserilla que derrumbó al que hizo quinto. La petición fue unánime, aunque habría sido suficiente una oreja. Sin embargo, la demanda obligó a que Jesús Morales se retractara de su decisión como Juez de plaza y de uno pasar a dos apéndices, lo que en automático generó esa especie de devaluación a lo ya sentenciado. Si la decisión de la máxima autoridad en la plaza se altera en esa forma, genera un distanciamiento más con el rigor y la justicia.

   Tanto en ese toro como en alguno más, se desató una especie de miedo colectivo entre los de a pie, pues no atinaban colocar un par de banderillas como es su obligación. Pasaban en falso, intentaban, y así lo consiguieron, colocar los palitroques con el recurso poco afortunado de la suerte de sobaquillo. Y peor aún, en angustiosas carreras pretendieron más de dos colocar un palo. Lo único que estaban causando era una pésima condición en la lidia, pues a sus carreras y pasadas en falso se agregaban más capotazos. Penosa circunstancia que soportamos, y que deben evitar en lo sucesivo.

   Fermín Rivera que carga con ese nombre, el mismo que llevó su abuelo, se ostenta como un torero a lo clásico. Le falta “romper” para convertirse en definitiva en la figura del toreo que muchos hemos esperado de él. Llevamos varias temporadas cargando con esa paciencia de santo, y hoy casi lo logra, pues consiguió además de unas lucidas chicuelinas, construir una faena en la que fue posible apreciar firmeza en el trazo, rotundidad en los remates. La estocada, casi entera tardó en hacer efectos. El toro se refugió en tablas pero no se dejó humillar para el descabello. A Fermín en tanto, se le concedió una oreja y con ella dio merecida vuelta al ruedo.

   El español José Garrido, en la confirmación de su alternativa diré que cumplió dignamente y que estuvo voluntarioso, aunque sin conectar con los tendidos salvo en algunos momentos afortunados.

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¡NO NOS MERECÍAMOS ESTO!

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Ocho ejemplares de José Joaquín Marrón Cajiga dieron al traste con una tarde-noche en la que la mansedumbre, junto a los constantes derrumbes de los cornúpetas en el ruedo nos dejan ver –una vez más-, cómo la fiesta se va al precipicio, sin posibilidad alguna de salvación.

   Hace ocho días, un lleno esplendoroso. Hoy, domingo de Super Bowl, las mayorías decidieron quedarse en casa y disfrutar toda esa parafernalia del balón ovalado, mientras en la plaza de toros “México”, se registraba una entrada de novilladas. El asunto no para ahí. Sabíamos los asistentes que hoy nos recetaban un cartel de cuatro matadores, con lo que justo antes de las ocho de la noche, estábamos saliendo del recinto cabisbajos, derrotados, luego de soportar aquel desagradable espectáculo en el que la bravura, la pujanza y otros factores que son característicos en el toro, simple y sencillamente brillaron por su ausencia.

   Si ya en presentación dejaron que desear, en el juego fueron candidatos seguros para la yunta y esto se lo tendrá que pensar muy bien el ganadero, para resolver el tremendo galimatías que hoy tuvo que encarar. Pero también la autoridad, ¿será capaz de valorar y poner a discusión el retiro del cartel por tan malos resultados?

   Lo que hicieran Francisco Rivera Ordoñez, Diego Silveti, Fermín Espinosa “Armillita IV” y Juan Pablo Llaguno desmerece ante unos remedos de toros que además rodaron por la arena incontables ocasiones causando el enojo de los pocos asistentes, que se portaron con bastante decencia. Esto en otros tiempos, hubiera sido motivo suficiente hasta para destruir una plaza o que los aficionados bajaran al ruedo mostrando su indignación por el fraude que se estaba consumando. Evidentemente los tiempos han cambiado, pero lo que hoy hemos presenciado es el reflejo de la crisis que vive el espectáculo en todos sus aspectos, y más aún los que se materializan en la plaza de toros, cuando se lleva a cabo el festejo, eso sí bajo la fuerte presencia del azar. Pero si el azar es todo ese conjunto de circunstancias que he intentado resumir en estas notas, solo puede tenerse como resultado la debacle.

   ¿Qué hacer al respecto?

   En esto mucho tiene la culpa la empresa que no ha sabido cuidar ni sus propios intereses… menos los de los aficionados a quienes nos someten a una especie de graciosa explicación de “Confórmate con lo que te ofrezco”, y además nos cobran unas cantidades que no se corresponden con lo que pagamos. Así que hoy tuvimos el clásico fenómeno del “kilo de a ochocientos gramos” o una supuesta buena bebida rebajada con agua. También ya poco esperamos de las autoridades que no están haciendo su papel y quedan reducidas a ser “convidadas de piedra”. Y me refiero tanto a las de la delegación “Benito Juárez” como a las de la Jefatura de Gobierno que tienen abandonada a su suerte a este espectáculo. A todo lo anterior, esperamos un quehacer digno y responsable de la prensa haciendo un severo extrañamiento. No es justo que la fiesta se desmorone, y más en estos tiempos en que se “enseña el cobre” de esta manera. No bastan declaratorias de Patrimonio Cultural Inmaterial a favor de la fiesta si por otro lado se preparan casos de posible prohibición, por ejemplo en San Luis Potosí, donde ya sólo están esperando un buen momento para consumar ese anhelado propósito. Por lo tanto, no es casual la presencia de movilizaciones de grupos antitaurinos, como la que hoy se registró en el Monumento a la Revolución, bajo la consigna de “Abolición ¡Ya!” contra las corridas de toros. Parece que eso estamos esperando.

   Un delicado asunto también se dejó notar en esta jornada: el monopuyazo, lo que significa que la crianza ha tocado fondo en el hecho de producir un “toro” que no acomete a las cabalgaduras, y si lo hace es porque los públicos, profundamente sensibles y alterados en su percepción, tienen por idea el hecho de que la suerte de varas es precisamente eso: la reservada acometida de reses que apenas tienen la suficiente fuerza para embestir, recibiendo a cambio un puyazo, lo que no puede traducirse sino en descastamiento a pasos acelerados.

FORMIDABLE BRONCA EN LA PLAZA DE EL TOREO

   Los hechos sucedidos la tarde del 7 de febrero de 2016 en la plaza de toros “México” son de suyo delicados y requieren una especial atención, evitando con ello que la fiesta de toros en este país registre otra estrepitosa caída, si no queremos de veras que esto produzca una especie de paro respiratorio y con ello la declaración de muerte. No exagero, pero las condiciones no están para seguir tolerando lo que sólo se mantiene con “pinzas”. Espero que no tengamos que convertirnos en cómplices de esta amenaza que hace agua en la complicada embarcación de la tauromaquia mexicana.

7 de febrero de 2016.

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CON LA ESPERANZA DE MEJORES TIEMPOS, FIRMAN JOSÉ TOMÁS y JOSÉ ADAME.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

Dedico estas notas a una “tomasista” o “tomista” declarada, Rosana Fautsch F.

   Han pasado ya todos los alientos causados por el que fue, en términos publicitarios, el espectáculo taurino del año. Seguramente habrá otros que le superen en términos de balance, a menos que se repita la condición más importante: la de un lleno en la plaza de toros “México”. Pero además, el festejo aludido vino acompañado de elementos que orbitaron como un auténtico sistema solar en el que el “mano a mano” José Tomás y “Joselito” Adame se convirtió en eje central de este episodio, que ya sentó precedente.

   Llegar a la plaza era ya todo un espectáculo, lamentablemente empañado por un grupo de antitaurinos que no paró de vociferar casi hasta la mitad del festejo. Tal concentración fue “encapsulada” por granaderos, que los hubo como para contener toda una manifestación, pero ello evitó cualquier fricción o enfrentamiento con los aficionados que llegaban por miles al coso de Insurgentes. Otra razón más es que a la entrada, parecía que no accedíamos a una plaza de toros sino a un reclusorio. Tres o cuatro grandes muros metálicos fueron el parapeto por el que estuvimos obligados a pasar, previa revisión tipo carcelaria luego de habernos formado en largas, larguísimas filas bajo la paciente espera de aquel dispositivo que no terminó ahí. La siguiente etapa vino luego del paseíllo. Se comprende que José Tomás, como primer espada se tome, junto con su administración, algunas libertades o ventajas, ¡pero hombre!, 20 minutos para el retiro del adorno floral, el rastrilleo de los monosabios, la presencia de aquella camioneta que distribuye el agua, y vuelta a rastrillar y apisonar la arena… ¡20 minutos!

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Esto sucedió a las afueras de la plaza de toros “México”. No se trataba de ningún reclusorio…

   Por los registros históricos habidos hasta nuestros días, ninguna “figura del toreo”. Ningún “mandón” fue capaz de causar semejante molestia, lo que es de notar luego de esa desagradable experiencia. Sin temor a equivocarme, la última gran conmoción fue la de aquellos lejanos días en que “Manolete” vino a México y armó la que armó, sin necesidad de estas cosas. En fin, que no íbamos armados, ni con intención alguna de ocasionar conflictos, sino simple y sencillamente a presenciar un espectáculo de las dimensiones ya conocidas.

   Por lo demás, el desempeño de José Tomás –tomando en cuenta lo dicho hasta aquí- se vio empañado por algunos factores que diluyeron las esperanzas por admirar una gran hazaña. El de Galapagar se notó desenvuelto, en su estilo arrebatador, de plantarse como una columna salomónica y soportar las arremetidas de aquellos tres ejemplares (cuatro si nos atenemos a la estadística). A su primero que terminó justo de fuerza, tuvo que ponerse más cerca, al punto de ser prendido hasta en dos ocasiones. Sin embargo, hasta ahí, todo era correcto, aún no se desataban los demonios y la faena se quedó en un buen intento. Remató de un estoconazo algo desprendido, y aunque la petición no fue mayoritaria, Jesús Morales otorgó sin más miramiento una oreja, misma que fue protestada. Esto vino a convertirse en inoportuna razón que provocó el desacuerdo general, hasta el punto de tener que ocultar aquel “obsequio”, agradecer desde los medios y pasar a retirarse al callejón. Todo esto en un santiamén.

CONTRASTES...

   Al segundo de su lote, pequeño e indigno para esta plaza, pero que pasó casualmente sin que se le protestara, José Tomás lo supo entender de mejor manera. Si bien, en sus lances de recibo no se le pudo ver el deseable aplomo, pues aquellas “verónicas” no fueron maravilla ni excelsitud arrebatadora. La mano de la salida por uno y otro lado apuntaron hacia arriba, con lo que nos quedó a deber con mejores lances. Por “chicuelinas” más tarde bien, pero no más. Vestido de salmón y oro construyó una faena a la que los españoles nos tienen poco acostumbrados en México. Esta fue a base de varias series de muletazos, caudalosos y por ambos lados. Pero las mayorías seguían incrédulas. El desencanto subió de tono tras varios desaciertos con la espada.

   Y vino el episodio con el quinto, el cual fue devuelto sin mayor trámite. En su lugar, salió un ejemplar de Xajay, en el mismo tenor de aquel y para entonces las cosas se tornaron burla, pues por más esfuerzo que intentó el madrileño, el público ya no quiso tomárselo en cuenta. El mito se tambaleaba.

   ¡Viva Aguascalientes´nnn! ¡Viva!, fue ese grito de batalla que se escuchó casi toda la tarde, demostración de afecto que los aficionados dedicaron a “Joselito” Adame, Antígona natural de José Tomás en este polémico cartel, y del que el aguascalentense sacó ventaja luciendo sus adelantos y más de algún detalle de mal gusto, que los tuvo.

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Plaza llena y tarde de toros sin más.

“Joselito” tiene la virtud de mostrar cada tarde sus adelantos, aunque si no es capaz de pulir algunas deficiencias, aquello podría convertirse en un auténtico dolor de cabeza. El acabose en estas “novatadas” fue ese par de momentos en que lanzó las zapatillas por aquí y por allá sin motivo aparente.

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Panorámica del acontecimiento taurino del año.

   Por lo demás, bien, muy bien por momentos, donde materialmente quedó convertido en “carnada” dando cara a dos de sus tres enemigos con los que pudo lucirse a ese extremo, lo que por algún momento no comprendió la “clientela” y después terminó agradeciéndole. Pero a pesar de que marcó los tiempos tal cual lo establecen las más rancias tauromaquias, su toreo no causó las conmociones esperadas, ni tampoco puso de cabeza a una plaza que seguía a la espera de un milagro mayor, como aquellos que se producen o no en la más importante de las iglesias en Nápoles, justo donde reposa la sangre de San Genaro, y de la que para que se produzca el milagro es que esa sustancia debe licuarse, lo que sucedió recientemente, justo en marzo de 2015.

   “Joselito” animado por los gritos que recordaban su “matria” y la de muchos más que allí se encontraban, tuvo un notable desempeño en el último de la tarde-noche, al que entre otras cosas, lo saludó con una serie de lances por “zapopinas”. De la faena, y como las otras dos, realizadas en un mismo terreno, lo que habla del mando del torero sobre el toro, fue dándole forma con sapiencia y mucho mando. Técnicamente impecable, lo cual en su caso no fue una casualidad, pues ha venido a la plaza de la recientemente declarada ciudad de México con un bagaje de actuaciones dentro y fuera del país que le ponen en condiciones de compromiso cada vez más notables. Estaba mentalizado el hombre y así lo entendió y así se lo propuso. Delantera y desprendida quedó la espada en el remate de aquel trasteo, y como tardara en doblar echó mano del descabello. Dos orejas generosas que sirvieron para equilibrar de cualquier manera una jornada que no alcanzó las cotas esperadas.

   A la salida, aquello todavía seguía siendo un río de gente, a la que no se le apreciaba con demasiado entusiasmo. Pronto fueron retirándose, quizá con la esperanza de mejores tiempos, o una mejor tarde de toros que esta…

GRABADO ROSSANA FAUTSCH F.1

Apunte en blanco y negro de José Tomás, por Rosana Fautsch. 2003.

   Antes de terminar, solo me queda un apunte: la mala nota –una vez más- con el ganado. De mala presentación y apenas con un puntito de raza, que alguno hasta hizo cosas de manso y aún así, aplaudieron sus despojos camino al matadero. Por precaución, evito poner el nombre de esas dos ganaderías que, una vez más, se prestaron para manchar su honor.

2 de febrero de 2016.

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PARA MORANTE, “…DAR UN SÍ QUE GLORIFICA”.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.  

Plaza de toros “México”, Ciudad de México. Domingo 17 de enero de 2016. 14ª corrida de la temporada 2015-2016. José Antonio Morante, “Morante de la Puebla”, Octavio García “El Payo” y Fermín Espinosa “Armillita IV” con 6 ejemplares de Teófilo Gómez.

   Entendemos que la fiesta de los toros tiene, entre una gran cantidad de ingredientes, el principal de ellos: el toro. Además, este elemento, luego de un largo tiempo dedicado a su crianza, debe exhibir en la plaza la edad, peso y todo aquello relacionado con la casta y la bravura. De lo anterior se tendría en consecuencia, un encierro notable en todos sentidos. Notable para el ganadero, para los toreros, para la prensa y más aún, para la tauromaquia, con lo que esta última ganaría en consecuencia muchos puntos en su cotización, hoy a la baja. Creo que es el anhelo de todos, pero nunca falta algo que llamaríamos factor incertidumbre o factor destino, pues cuando el toro ya está en el ruedo, las cosas pueden rodar de diversa manera, con lo que varios años de esfuerzo dedicados por el ganadero prácticamente terminan en la nada… o en triunfo resonante.

   En medio de ese idealismo, la jornada de hoy ofrecía una enorme duda, pues se lidiaba un encierro de Teófilo Gómez, ganadería que al cabo de los años han convertido en “predilecta”, sea porque son “toritos de la ilusión” o porque resultan “cómodos” para los toreros. Lamentablemente esta tarde, y salvo por detalles del cuarto Debutante de nombre, que a pesar de habérsele concedido arrastre lento y que tal merecimiento no correspondió con la realidad, el resto fue un amasijo desesperante de mansedumbre y falta de casta. El encierro, disparejo en presentación y con la sospecha de que varios de ellos eran novillos adelantados, no mostró nada en particular que no fuera eso, mansedumbre. Todos pasaron con un refilonazo, común denominador en esta y otras temporadas recientes, lo que significa una señal de alerta para entender que la suerte de varas tiene que reformarse o reafirmarse para que recupere su significado y cobre la importancia que debe poseer, en momentos en que la actual puesta en escena parece ya no tenerla en mucho aprecio. Los varilargueros se han convertido en personajes “non gratos”, y esto sucede porque la suerte misma, una de las más importantes en el desarrollo de la lidia, no se realiza de conformidad con los usos y costumbres, pero también por el hecho de que montados en una muralla pretenden –la mayoría de ellos- cebarse sobre ejemplares que no acometen con bravura y pujanza, de ahí que la otrora suerte de varas sea hoy un remedo.

   Si bien, el triunfador de la jornada fue Morante de la Puebla, quien hizo despliegue de facultades, pero sobre todo de un arte quintaesenciado, y que tuvo en el segundo de su lote al mejor de la tarde, el resto de los ejemplares no permitieron demasiadas posibilidades para que Octavio García El Payo y Fermín Espinosa Armillita IV pudiesen lucirse como habría sido su deseo. En todo caso, se les agradece su voluntariosa actitud, donde no pueden quedar de lado una serie de pasajes aislados, muy firmes por cierto que nos dejó en la retina el propio Octavio García, quien se va afirmando cada vez más y más.

   Y hete aquí que José Antonio Morante Camacho, decidió recuperar el tiempo perdido, con lo que al desplegar su capote en ese cuarto de la tarde, ya se anunciaban cantes mayores. En el preludio más consistente firmó varios lances por chicuelinas de sobrada belleza. Y durante la faena de muleta, Morante tuvo la virtud de acoplarse en el ritmo que ofrecía el de los herederos de Teófilo Gómez, con lo que al final apreciamos una obra que supo a armonía, haciéndose cómplice del tiempo en sus más diversas condiciones. Incluso, detuvo el tiempo en más de algún pase, hasta causar la conmoción de rigor en los tendidos, desde donde surgió una voz entonada por miles de gargantas que construían aquella caja de resonancia convertida, tal cual lo sentenciaba Gabriel Celaya en estos versos:

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

 y en tanto somos dar un sí que glorifica. ¡Damos un sí que glorifica! a esa faena, lo dimos convencidos luego de admirar aquel prodigio. Los versos de Celaya están llenos de rotundidad, que por eso su cuerpo principal se llama La poesía es un arma cargada de futuro. Y en esa consistencia se concibió aquella obra morantiana. En pleno estado de gracia, todavía desplegó su muleta por el lado izquierdo, en un pase desdeñoso que duró eternidades, hasta quedarse grabado, como se quedan grabadas las buenas cosas en la memoria. La estocada, poquito atrás y tendida fue suficiente para que Debutante se entregara. Ondeaban cientos de pañuelos en el tendido, y digo cientos pues la entrada, en demerito del cartel, apenas alcanzaba poco menos de la mitad del aforo. Pero, ¡oh sorpresa…o desilusión!, sobrevino la penosa actuación del juez de plaza –así, con minúsculas-, quien sin ostentarse como la Autoridad que debería ser, mostraba patética actitud que iba convirtiéndolo en un personaje con fuertes señales de incapacidad. Tras larga deliberación finalmente concede dos orejas que, desde luego le supieron a gloria al torero triunfador. Es más, creo que, aunque tardío, tal reconocimiento parece ser de los más justos y equilibrados en esta temporada, poniendo a Morante de la Puebla al borde de la salida en hombros, como así sucedió.

   Una tarde que era necesaria por su contenido ha ocurrido hoy, justo cuando la actual temporada sigue sin mostrar un color definido, a pesar de algunos “triunfos” aislados, que se perdieron por su falta de afirmación, o por el simple hecho de que al ser valoradas desde el palco del juez, dejaron de tener su mejor reconocimiento.

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URDIALES POR LOPE DE VEGA.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En realidad, tan atrevida intención de escribir una “crónica” me rebasa, luego de que sigue en el aire el delirio de la faena que nos ha dejado Diego Urdiales y solo encuentro una razón, que viene de aquel hermoso ejercicio que Lope de Vega se propuso en

Un soneto me manda hacer Violante…

 Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto;

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante.

 

Yo pensé que no hallara consonante,

y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto,

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

 

Por el primer terceto voy entrando,

y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

 

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.

   Así, en medio de esa perfección, salvo la infumable embestida del ejemplar de Bernaldo de Quirós, el diestro de la Rioja simplemente “detuvo el tiempo”.

   Lo demás, lo demás… fue lo de menos.

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CELEBRAR LA FALSEDAD.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Tercer festejo de la temporada 2015-2016. Plaza de toros “México”. Ganado, impresentable de Fernando de la Mora. Julián López “El Juli” y Octavio García “El Payo”, “mano a mano” (¡¡¿?!!).

   Durante los siglos coloniales, llegó un buen día severa medida que impuso la corona sobre sus colonias. Un virrey en turno, al leer aquel pliego no tuvo más palabras que estas: “Acátese pero no se cumpla”. Si me remito a un caso del pasado histórico y se percibe en el fondo un deliberado deslinde al no procurar certeza administrativa, se está frente al fraude, sin más. Hoy día, en la cosa taurina debo decir que lamentablemente estamos ante una autorregulación que alienta incumplimientos, desairando usos y costumbres, reglamentos, autoridades y las buenas intenciones por conseguir dar un buen espectáculo.

   Eso se repitió ayer domingo, una vez más, en la plaza de toros “México”.

   Por tal motivo quisiera expresarle a los señores Julián López Escobar y Octavio García González mi total desacuerdo por la actuación que desempeñaron, y que hasta en tanto no demuestren esas mismas capacidades frente a toros con edad, trapío, casta y bravura, lo demás será celebrar la falsedad.

   Ambos toreros, en medio de la confección de un descabellado cartel, que no cuadra con las circunstancias normalmente acostumbradas, pues un “mano a mano” se da, en forma natural cuando dos figuras entran en competencia y lo que queda es que sus virtudes se pongan a prueba, ahora sí, en un cartel de tamaña magnitud. No habiendo aquel motivo, un primer reflejo se percibió en el hecho de que no fueron capaces de llenar el coso de Insurgentes, como era de esperarse en semejante novedad.

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Transcurría ya la lidia del cuarto de la tarde…

Pero ni “El Juli” ni “El Payo”, con sus respectivas administraciones están solos. También formaron parte de este megafraude la empresa, el ganadero, las autoridades (jueces y delegación política “Benito Juárez”), una prensa parcial…, y el colmo también el público asistente, quienes no fuimos capaces de levantar la voz hasta el punto de un reclamo que para estos momentos, estaría cimbrando el ambiente taurino. Pero como se ve, nada malo pasó, por lo que las cosas siguen y seguirán tan a su aire…

   El día de ayer, acudió a la plaza un sector muy amplio de aficionados en potencia, que no lo son propiamente dicho, pues para ello requieren formarse una tarde sí y otra también hasta entender a profundidad la razón de la tauromaquia. Pero en su afán de conocer, se acercaron al coso capitalino. Supongo que lo habrán hecho con curiosidad, pero llevarse esa impresión, la de un espectáculo que olía a corrupción (o es que ni siquiera pudieron darse cuenta de tal circunstancia), los habrá puesto ante el predicamento de volver o no volver, con eso de que también el precio de las entradas ya es otro, bastante caro por cierto, a pesar de que en el caso del “Derecho de apartado”, la empresa se haya visto generosa, complaciente, al respetar el mismo precio de la temporada pasada. No sabíamos que en algún momento se cobraría venganza, y lo ha hecho cobrando entradas en las que ya uno se la piensa dos veces.

   Quizá para esta crónica no tenga ningún sentido describir las “hazañas” obtenidas por los toreros aquí mencionados, pero sí el hecho de que en medio de sus puestas en escena, sucedieron un conjunto de circunstancias referidas a continuación. Fue notorio que a cada ejemplar se le “recetó” un puyazo, e incluso algún refilonazo, lo que es menos, bajo una rigurosa mirada de los del tendido, que parece ser o no están dispuestos ya a soportar la dureza de la suerte de varas, o entendieron la debilidad del ganado. En ese sentido, la suerte debe estar sujeta a nuevos análisis para saber en qué medida puede ser más valorada. De esto depende la buena disposición de matadores –que ordenan- y de piqueros –que cumplen a satisfacción dichas órdenes-, pero suerte que debe realizarse de conformidad con las reglas y usanzas más tradicionales. Por supuesto que no hubo quites, prácticamente en extinción, y los lances de uno y de otro resultaron solo eso: lances. El quite, según Luis Nieto Manjón en su Diccionario ilustrado de términos taurinos, es la “suerte que ejecuta un torero, generalmente con el capote, para librar a otro del peligro en que se halla por la acometida del toro”… lo que generalmente se dio en el pasado cuando sucedían estrepitosos tumbos y era menester la oportuna intervención de los de a pie, en quites o lances que evitaban mayores estragos.

   Y mientras observaba los esfuerzos que imprimió “El Juli” para cumplir a cabalidad, frente a aquella carencia de bravura. Y por más que se entregara, mientras no brillara la bravura, aquello estaba convirtiéndose en una pantomima. “El Juli”, por ejemplo en el quinto, le tocaba los lados con la muleta, mientras se desarrollaba un aparente enfrentamiento. Y los toques continuaron con efectos de luz de artificio. Vamos que se notaba bien a las claras esa disposición teatral que tienen los toreros para su puesta escena, plagada en momentos de libertades, creación, inspiración, suposición e incluso como dueños de la tensión y la emoción, para que todo rime. Finalmente el madrileño, sabedor de algunos “tranquillos”, puso en práctica la ya conocida estocada que le denominan como “julipié”, lo cual no es otra cosa que cuadrar en la cara del toro, apuntar al morrillo y, en el momento del encuentro, arquear el cuerpo, de tal forma que la suerte de la estocada –las más de las veces-, se consuma en forma espectacular.

   Y así como vimos esos detalles en Julián, lo mismo intentó Octavio, que de hacerlo, como ya se mencionaba al principio de estas notas, con toros sin más, estoy seguro: otro gallo va a cantar.

9 de noviembre de 2015.

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LA GESTA DE ALFREDO RÍOS NO SE CONCRETÓ DEL TODO.

LA CRÓNICA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Diversos pasajes pondrían a los héroes o a todos aquellos caídos en el cumplimiento de su deber en situación de privilegio siempre y cuando su acción haya ocurrido ante la mirada de muchos testigos, capaces luego de dar testimonio de semejante hazaña, hasta convertirla en una página gloriosa de la historia nacional, por ejemplo. Varias de estas acciones ocurrieron en diversos campos de batalla o en otros sitios de confrontación. En uno y otro, la presencia de personas o multitudes sería suficiente para no hacer olvidar la gesta apenas ocurrida.

   El domingo pasado, la plaza de toros “México”, y algunos miles de espectadores en los tendidos, pasaron del asombro al sopor; de la indiferencia al grito de horror nada más presenciar, ya en plena culminación del festejo la caída de un héroe el cual sufrió seria cornada y que luego libró dura e intensa pelea, la de unos breves instantes para liberarse del enemigo que mantuvo en alto su bandera en la batalla hasta que la espada del “matador” fue el arma para liquidarlo.

   Es bueno recordar que el propósito del “matador” tiene en estos casos una finalidad de duelo y enfrentamiento, en oposición al “cazador” que normalmente realiza sus labores en grupo con fines de consumo o de “diversión”, según así lo califica José Ortega y Gasset en su imprescindible libro La caza y los toros.[1] de cuya obra haré algunos comentarios en su oportunidad. Solos así los dos contendientes sería de esperase, al concluir la contienda, forjada con sus propias fuerzas o las armas que lleve cada quien consigo, tendría como resultado que uno de los dos resulte victorioso. En ocasiones, el acto podría contar con efectos contundentes si los dos “enemigos” cayesen en el ya mencionado campo de batalla. Esto, excepcional de suyo ha llegado a suceder en casos que sólo podrían exaltar los himnos cargados de memoriosas alabanzas destinadas a recordar los héroes. Un caso como el que aquí se indica ocurrió aquella ocasión en que José Cubero “Yiyo” y “Avispado” de Marcos Núñez caían simultáneamente, luego de que aquel dejaba una estocada en buen sitio y de efectos contundentes, y este otro le asestaba tremenda cornada que penetrando la espalda, alcanzó el corazón del diestro provocando su muerte en forma instantánea. Tal hecho ocurrió en la plaza de toros de Colmenar Viejo (Madrid) la tarde del 30 de agosto de 1985, alternando el diestro madrileño, aunque nacido en Francia en 1964 con Antonio Chenel “Antoñete” y José Luis Palomar.

   Para descubrir a ese nuevo héroe caído debo agregar que me refiero a Alfredo Ríos “El Conde” que, vestido de nazareno y oro parecía, en todo caso que oficiaría una misa y no para terminar “roto” en la enfermería como así sucedió. Incluso, cuando ya casi nadie quedaba en los tendidos de la plaza, todavía fue capaz de tomar camino al quirófano, sin apoyo de las asistencias y ponerse así, en manos de los médicos que le atendieron puntual y profesionalmente.

   Los toros, huesos duros de roer pertenecientes a La Estancia, integraron un encierro bien presentado, de juego incierto, con tendencia a la mansedumbre en unos casos, de cegada casta en otros, lo que puso a sus matadores en más de un predicamento. Parecía de pronto una escena del pasado traída al presente, donde el abierto combate desplazaba en forma natural las florituras a que estamos acostumbrados, por lo que el festejo no estuvo exento de pasajes interesantes gracias a la técnica o la estética que estuvieron ahí, pero sin que ello significara consolidar las aspiraciones de los tres espadas.

   Si Jorge Sotelo se aleja de los patrones establecidos o estandarizados de la faena que muchos de los actuales toreros realizan. Y si además pule sus deficiencias, es probable que en adelante no se pierda de vista; de otra forma estará condenado a ser uno más de los del montón.

   En Pedro Gutiérrez Lorenzo “El Capea” pesa el nombre, el largo abolengo de un su padre que en esta misma plaza fue capaz de armar auténticas escandaleras, lo que hace imposible que lo supere. Por eso, no ha terminado de convencer. Tiene capacidad, pero no ha aprendido todas las lecciones que, en forma directa habrá dedicado su padre, el maestro Pedro Gutiérrez Moya en forma de cátedra. Beberse de un trago todo el conocimiento es imposible. Toma tiempo, y además hay que saber proyectarlo no como lección “aprendida”, sin más, sino “aprehendida”, externándola desde una muy personal interpretación.

   La gesta de Alfredo Ríos no se concretó del todo, cuando a pesar de notarse solvencia en sus deberes, los dos ejemplares en suerte no permitieron mayores aspiraciones, por eso tuvo que buscar en la opción del “regalo” ese “toma y daca” que proporciona la suerte. Por Toriles no salía CONSENTIDO sino un auténtico “Barrabás”, el que había aguardado un mes en los corrales con todo lo que supone una malicia acumulada. Y así fue. El punteño, cargaba antiguos lauros de pretéritas jornadas que rememoraban aquella célebre dehesa. Allí estaba, más que repuesto, entero, vigoroso y retador. A todo eso le salió “El Conde” quien respondió al duelo. Un primer pase para fijar al morlaco aquel, en el terreno de las tablas y cerca de la querencia natural. Pasó. Vino el segundo y al pasar también fue para volverse en un palmo de terreno y enganchar a Alfredo a quien lo mantuvo prendido en su ofensiva cornamenta soltando gañafonazos al aire de los que se libró milagrosamente el diestro jalisciense. Flaqueando endureció su dignidad permaneciendo en el ruedo hasta vencer al enemigo.

ALFREDO RIOS_EL CONDE_FOTOGRAFÍA_SERGIO HIDALGO

Disponible enero 14, 2015 en: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=galprod&id=3891

Fotografía: Sergio Hidalgo.

   Pocas ocasiones como de la que se hace recuento, dan la oportunidad para detenerse a reflexionar, procurando con ello afirmar el conjunto de significados del que es poseedora la tauromaquia, recuperando con ello su misterio como auténtico ritual.

 14 de enero de 2015.


[1] José Ortega y Gasset: La caza y los toros. Madrid, Espasa-Calpe, S.A., 1962. 170 p. (Colección Austral, 1328)

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 AL MORBO, DISTANCIA DE POR MEDIO.

LA CRÓNICA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Me imagino la cantidad de tinta que habrá corrido luego de las incidencias del festejo de ayer domingo 28 de diciembre, y todo por darle un enfoque más tendiendo a lo escandaloso, o a lo morboso que a aquel otro, en donde se dieran a conocer opiniones de peso y valor relacionadas con aspectos más técnicos que estéticos, o de la razonada crítica que arrojó la ausencia de magisterio por parte de tres toreras que padecieron el pésimo trato de una empresa que supuestamente se habría mostrado generosa, y terminó luego de este caos poco peculiar dejando ver lo mal intencionada en su proceder.

   Al solo anuncio de un cartel como este, uno supondría que, por descontado, si no el lleno, sí al menos una buena entrada habría sido el balance por asistir a la plaza “México”. Pero no llegábamos a cinco mil los asistentes, lo cual sigue dejando mucho que desear en los propósitos de una empresa que no tiene el menor interés en impulsar un espectáculo al que faltan muchos apoyos, y uno de ellos, el publicitario falló rotundamente.

   El encierro, propiedad de D. Armando Guadiana Tijerina tuvo, en términos de presentación lo justo, y si me apuran varios de ellos mostraban rasgos “anovillados”. Sin embargo ha sido un encierro con el que “otros” ni siquiera darían la cara. Respecto a su juego, si bien el primero mostró una bravura seca, a la que estamos muy poco acostumbrados, y hasta terminaron despidiendo sus despojos entre incomprensibles chiflidos, los demás ya no defendieron la causa de la divisa. Incluso, cuarto y quinto saltaron al callejón y el sexto cargaba con una inmensa sosería. A pesar de tales dificultades, mi primer apreciación es que Karla de los Ángeles, independientemente de ser su primer actuación como “matadora de toros”, y fuera de los errores cometidos en varias partes de la lidia en el que abrió plaza, nos dejó ver una planta torera que, si la afina, habrá “Karla de los Ángeles” para rato. Lamentablemente estuvo cometiendo una serie de errores que consistieron en esa terca necesidad de los adornos (que no venían al caso) intentando hasta en tres ocasiones ese pase en redondo denominado la “Bernardina”, cuando apenas había conseguido sacarle unos espléndidos pases más por la derecha que por la izquierda. Justo cuando eso parecía convertirla en blanco de inminente cornada, y tras perfilarse, sobrevino el percance, precisamente en un instante en que al intentar “hacer la cruz”, no supo desasirse en el momento de la verdad, con lo que el primer susto se consumó para su desgracia. Volvió a la carga y aplicando buena parte del mismo procedimiento aunque con mejor resultado, tampoco dejó de proporcionarle el amargo sabor de la derrota, pues ya reducida en aquel primer encuentro, donde incluso llevaba ya la cornada, en este otro tuvo que resolver la papeleta justo en el momento en el que el toro se le arrancó, lo que para colmo se convirtió en el doloroso balance de una segunda herida más.

   Así las cosas, y aquello convertido en un “mano a mano” forzoso, tanto Hilda Tenorio como “Lupita” López seguían en el ruedo, seguramente dispuestas a todo. En los tres ejemplares que encaró Hilda Tenorio vimos a una torera en potencia, dispuesta ya a las grandes hazañas. Por desgracia con esos tres toros apenas nos dejó ver un pequeño muestrario de lances con el capote, pues hasta hubo intento de lancear por chicuelinas. Fue tal la forma de embestir de aquel su primer toro, que terminó despojándola de capote de buenas a primeras, con lo que toda intención se esfumó de inmediato. Un grave error fue permanecer impasible, lo mismo que “Lupita” López en el tercio de varas, pues ambas dejaron que las cuadrillas resolvieran la papeleta (salvo una efímera intervención de Hilda) por lo que esperar un quite fue inútil. Había condiciones naturales para que detonara algún enfrentamiento… nada. Quizá “el horno no estaba para bollos”. Un detalle más que espero vaya puliendo Hilda es que en ningún momento pasó por su cabeza el hecho de que estaba convertida en “Directora de lidia”, lo que originó ciertos pasajes de desorden que ocurrieron sí, seguramente porque también nadie se lo recordó.

   Hilda tuvo, ya muleta en mano muy afortunadas intervenciones, en que pudo mostrarnos su aplomo, el conocimiento de los terrenos, la lidia que debe aplicarse a toros como estos, de muy complicadas condiciones que no dieron para más, dada la reducida cuerda de los de “Guadiana”, toros a los que les pegaron con saña durante el primer tercio de la lidia, ante la absoluta indiferencia de un juez que debía detener aquel castigo alevoso y sancionarlo. Evidentemente la suerte de varas es muy importante, y para consumarla se necesita que el piquero la realice en forma virtuosa. Lo que estamos viendo en estos tiempos es un remedo de aquella suerte en que se deben apreciar muchos detalles, pero si el propósito es entre otras cosas, tapar la salida, barrenar y bombear la vara, se está ante un agravio a la suerte misma, de ahí que el público vea en el varilarguero a la figura no solo del “villano” sino de alguien que lo hace muy mal y debe ser expulsado cuanto antes del ruedo. ¿Cuántas ocasiones, ejecutándose la suerte como lo marcan los cánones, no han sido obligados muchos picadores de vara larga a destocarse del castoreño para consagrarles una ovación de largo aliento? Justo en eso estriba hacer las cosas en apego a lo que usos y costumbres establecen como situaciones correctas y apropiadas para que el balance del espectáculo sea mucho más interesante.

   Hilda tuvo con la espada notorios desaciertos, por lo que debe practicar no solo la suerte misma, sino la puntería. Los aceros que usó para culminar sus batallas quedaron en sitios no muy apropiados, y aunque el público se mostró generoso con ella, poco apreció la colocación de la espada. Tiene, en la persona de Teodoro Gómez a un buen consejero, a una buena “voz desde el callejón” por lo que debe seguir acumulando la experiencia hasta llegar al punto de conseguir resolver todas las dificultades más que con la ayuda de su conciencia.

   “Lupita” López tuvo al santo de espaldas, y aunque sus pinceladas nunca dejaron de darnos cierta idea de lo que pretendía, es cierto que la dominaban los nervios, y un permanente dudar en la postura, terminaron provocando que arqueara el cuerpo en demasía. Que hubo más de un susto, sí, pero ocasionado en buena medida por sus dudas, las que pueden venir de su escasa presencia en carteles durante 2014 (llegó a la plaza “México” con la impensable cantidad de tres festejos en su haber), lo cual orillaría a cualquier empresa a tomarse en serio su seria actitud y ponerla una tarde sí y otra también en cuantos carteles se armaran al respecto. Lo mismo, esto sería extensivo para Hilda, para Karla y otras tantas toreras que andan por ahí, ocultas y no porque quieran, sino porque pretenden ocultarlas intenciones de muy baja estofa, empujadas por la misoginia y el oscuro propósito de desplazar la presencia femenina en un espectáculo que, por muchos años ha detentado el género masculino. Ya sabemos las historias de marginalidad sufridas en carne propia con respecto al destino de Raquel Martínez, de Cristina Sánchez o Mari Paz Vega, esta última convencida y empeñada en saberse “matadora de toros” y defender a ultranza su parcela.

   Difícil tarde, en la que ciertas decisiones se consumaron para bien de unas, y mal de otros. Quisiera pensar que tanto Karla, como Hilda y “Lupita” tuvieron que aceptar tamaña responsabilidad, en un día casualmente inoportuno -28 de diciembre-, y en un cartel de esos de “o lo tomas o lo dejas”, que no faltó de tener su mala intención de fondo, sobre todo por el hecho de que son estas tardes, las de diciembre o enero de cada temporada cuando la empresa ofrece “carteles de oportunidad” y no combinaciones afortunadas. Es deseable que Hilda Tenorio, por ejemplo, por ser la mejor librada en todo esto, se le viera alternando con un Enrique Ponce al que piensan programar en breve, sabiendo que para el diestro valenciano se le garantizan las mejores condiciones. Por supuesto que el deseo aquí plasmado no llegará a materializarse. Sin embargo, estoy seguro que Hilda sería capaz de hazañas iguales o superiores que las prometidas en la que será mediática presentación del hispano, allá por febrero de 2015.

 29 de diciembre de 2015.

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