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A 166 AÑOS DE UN “ESPECTÁCULO EXTRAORDINARIO” ENCABEZADO POR BERNARDO GAVIÑO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

  

   El acontecimiento que hoy rememoro, tiene que ver con aquella deslumbrante puesta en escena que significó la tauromaquia mexicana durante buena parte del siglo XIX. Y como puede observarse a través del cartel adjunto, esto sucedió ni más ni menos que hace ¡166 años!

Si bien, el cartel lo encabeza el diestro español Bernardo Gaviño y Rueda (1812-1886), este logró introyectarse en el gusto de los aficionados de aquel entonces, logrando hacer “del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX”, según lo pude afirmar en la biografía que, en 2012 me publicó la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Apenas el pasado 1° de junio, un grupo de portorrealeños encabezados por Juan Manuel García Candón, llevó a cabo un “Brindis por Bernardo Gaviño”, y para eso se reunieron en el recinto ferial de Puerto Real, en la calle de su nombre. Esto sorprende, pues a medida que ha transcurrido el tiempo, el paso de este personaje se fortalece gracias a que se reconoce en él una participación directa en el devenir del toreo.

Lo que logró Gaviño fue simple y sencillamente dar continuidad al hilo conductor de un ejercicio cuya combinación –técnica y estética-, estaba en pleno desarrollo de madurez en territorio hispano que dejó para siempre desde 1829; madurez que quedó garantizada en territorio americano; fundamentalmente en Cuba y México.

Al estudiarle por más de 30 años, me doy cuenta que Bernardo Gaviño no fue una figura más en el panorama del espectáculo de los toros. Supo aprovechar el protagonismo que lo puso en niveles de envidiable popularidad lo que permitió, entre otras cosas, una amistad y trato, lo mismo con personajes del poder o la élite que integrantes del pueblo llano.

Esta actuación, una más de las 725 registradas entre 1829 (o 1835) y 1886 en nuestro país, incluyendo Uruguay, Cuba, Perú y Venezuela, posee elementos de fascinación sólo explicables a la luz de todos aquellos componentes que permitieron –en este caso-, la construcción de un “espectáculo extraordinario”, el cual incluyó la presencia de “galgos y liebres”, así como el “toro embolado”, sin faltar la curiosa advertencia aparecida al final del cartel y que apuntaba con cierto humor involuntario: “La función, que solo se verificará si el tiempo lo permite, comenzará a las cuatro y media, y para evitar que se repita lo que sucedió la tarde anterior, se suplica a los concurrentes que no lleven perros, porque no se les permitirá la entrada en la plaza”.

Ello hace suponer que en el festejo del 30 de mayo, pudieron suceder cosas en las que ciertos concurrentes, enterados, de una “corrida de Galgos y Liebres”, se les hiciera fácil llevar a sus mascotas con el simple objeto de soltarlas a la hora en que los anunciados solemnemente en el cartel, galoparan por el ruedo. Aquello debe haber sido el caos…

Gaviño y su cuadrilla se enfrentaron una vez más, a los célebres toros de Atenco (condición que se dio hasta en poco más de 390 ocasiones), lo que supone una particular cercanía con el propietario de la emblemática hacienda, en ese entonces José María Cervantes y Velasco. Años más tarde, esa continuidad la habría de mantener Ignacio Cervantes Ayestarán.

Gracias a esa condición, Atenco logró posicionarse en lugar de privilegio, por lo que alcanzó un sitio envidiable, sobre todo porque durante casi todo el siglo XIX, sus toros se hicieron presentes en diversos festejos tanto en la capital como en plazas cercanas a la misma. Un recuento hecho sobre el comportamiento del ganado atenqueño entre 1815 y 1915, arroja la cantidad de 1178 encierros, lo cual deja claro el nivel de importancia, pero sobre todo de capacidad en cuanto al hecho de que, al margen de los tiempos que corrieron, y de las diversas circunstancias que se desarrollaron a lo largo de esa centuria, sea porque se hayan presentado tiempos favorables o desfavorables; ese espacio casi al centro del valle de Toluca, fue capaz de enfrentar condiciones previstas o imprevistas también. Me refiero por ejemplo al paso de los insurgentes en octubre de 1810, a las condiciones de clima; a la revolución, al reparto de aquellas casi 3 mil hectáreas realizado por los integrantes de la “Sociedad Rafael Barbabosa, Sucesores”, entre otros.

Quizá la más cercana descripción sobre cuál era el proceder de Gaviño en el ruedo, la encontramos en la reseña de Joaquín Jiménez Tío Nonilla, escrita un par de años antes, justo el 6 de junio de 1850, tras una actuación del propio gaditano en la plaza de Tacubaya. De esa ocasión, selecciono algunos de los apuntes más destacados.

“La cuadrilla se presentó en la plaza, donde fue recibida con los mayores aplausos: la mascada del presidente se agitó de nuevo y se presentó en la lid el

Primero colorado, buen mozo y cuyo nombre de pila, si hemos de dar crédito al anuncio repartido anteriormente, era Orgulloso; la salida fue buena en toda la extensión de la palabra, tomó nueve varas, cinco de Juan (¿Corona?) y cuatro de Escamilla y despachó a mejor vida dos apergaminados rocines, que según el dicho de los inteligentes, exhalaron sus últimos suspiros, dando las gracias a la fiera que tan caritativamente los había quitado de este mundo de escaseces y trabajos para ellos. Revolcó varias veces a ambos jinetes y recibió tres pares de banderillas de papel y un par de fuego, que hacen un total de cuatro pares, y de los cuales uno de ellos se le colgó en la barriga, otro en las quijadas y dos pares solamente fueron los regularmente puestos. Bernardo (Gaviño) lo capeó con bastante limpieza y desenfado y después de ver ondear la sangrienta mascada del presidente cogió la espada y la muleta, y acabaron las penas del animalejo de una sola buena recibiendo. El cachetero, menos diestro que Bernardo, acabó de completar la obra con tres golpes a cual de ellos menos bueno. La víctima fue arrastrada hasta los pies del inhumano carnicero…

…“Quinto embolado y más arrogante y fuerte que todos los otros y con el cual había [habrían] de entendérselas los comanches [réplica de indios guerreros surgidos durante varios conflictos en el norte del país entre 1821 y 1848], todos ellos rellenos de paja, y cabalgando los picadores sobre macilentos, mohinos [caballo o mulo de pinta oscura], cuya excesiva formalidad se presta bien poco a semejantes lances, el bicho hizo rodar siempre que les acometió, y aun volar algunas veces contra su costumbre a los cabisbajos asnos y a los banderilleros igualmente; derramó a torrentes la paja que formaba a semejanza de algunas bellas, las robustas posaderas de los comanches, cebóse en vano con los que tan vilmente se ponían a salvo de sus certeros tiros, y después de tanta ignominia murió como los traidores, por la espalda, de un solo flechazo disparado certeramente por uno de los comanches. Este infeliz animal, el más bueno quizá de todos, fue a imitación de los hombres, el más malamente maltratado, y exhaló su último suspiro maldiciendo la injusticia de la justicia humana”.

Como se podrá notar, buena parte de aquellas expresiones entendidas como parataurinas, provenía de una natural y espontánea forma de entender el significado de una fiesta, efecto que cada uno de los integrantes, entre cuadrillas y los otros elementos anunciados supieron imprimir para materializarla en el sentido más espontáneo que ellos pudieran lograr.

A lo que se ve, privó durante muchos años libertad, independencia de acción, creación y recreación en el toreo decimonónico mexicano, cuyo principal legado se concentró –con los años-, en la figura de Ponciano Díaz y sus adherentes. El diestro atenqueño ostentó en un toreo híbrido, lo mismo a pie que a caballo, la cúspide de aquellas representaciones que Bernardo Gaviño detentó en medio siglo de presencia, influencia pero también decadencia, como todo fenómeno en el que quedó de manifiesto la figura a quien un día, y en plena madurez llamaron cariñosamente “Papá Gaviño”.

Referencias:

José Francisco Coello Ugalde: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Prólogo: Jorge Gaviño Ambríz. Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Peña Taurina “El Toreo” y el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C. 2012. 453 p. Ils., fots., grabs., grafs., cuadros.

–: Anexo N° 8: “Participación del ganado bravo de Atenco durante el siglo XIX mexicano y los primeros años del XX (1815-1915)”. 797 p. Ils., fots., facs., maps. Incluido como tal en mi proyecto de tesis doctoral: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia”. México, Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras. Colegio de Historia, 2006. 251 p. + 135 +797 p.

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INTERESANTÍSIMAS DECLARACIONES DEL DR. JOSÉ ROJO DE LA VEGA EN 1953.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

I

   En el patio de cuadrillas de la plaza de toros “México”, ocurrió un casual encuentro que tuvieron el Dr. Javier Rojo de la Vega y Manuel García Santos allá por octubre de 1953. Quedaron para verse pronto, y eso sucedió en una esplendorosa cena. El recordado periodista, ejerciendo el oficio como uno de los mejores habidos en aquellos tiempos, atinaba a preguntarle:

-¿Algunas curas habrá usted hecho en esos tiempos?

   Y la respuesta del galeno no pudo ser otra que esta:

-No pocas. Recuerdo una tarde en la plaza “El Toreo” que tuvimos que intervenir en ¡once cornadas…!

-¡En una sola corrida…! ¿De quien eran los toros?

-De Sayavedra. Pero las cornadas las produjeron dos toros de Quiriceo que salieron de sobreros. ¡Imagínese usted! ¡Una enfermería con dos camas y once heridos en ella! ¡Aquello parecía un campo de batalla…!

-¿Recuerda el nombre de alguno de los heridos?

-Uno fue este Santiago Vega que toreó en la novillada de La Oreja de Plata el otro día en la México. Otro Luis de la Sota. Otro “Terremoto de Tacuba”…

-¿Ninguno llegó a destacar en el toreo?

-El que más lejos ha llegado ha sido Santiago Vega.

   Y así es, en efecto. Las imágenes que nos confirman aquel “campo de batalla” ocurrido la tarde del jueves 28 de agosto de 1941, quedaron registradas en un reportaje gráfico publicado en La Lidia. Revista gráfica taurina, año I, N° 40 del 27 de agosto de 1942, como se verá a continuación:

   Y García Santos, procurando obtener datos de importancia, continuó su “interviú”.

-¿Con qué experiencias y con cual especialización llegó usted al cargo de cirujano de la Plaza de Toros?

-Con la de ser cirujano del Hospital Juárez, donde se practica la cirugía de urgencia ya que a ese Centro van todos los heridos de la Capital.

-Pero la cirugía taurina, ¿no requiere una especialización…? Yo he leído un libro del famoso Dr. Bravo, médico de la Plaza de toros de Madrid (García Santos, debe referirse al Dr. Juan Bravo y Coronado, quien estuvo al frente de los servicios médicos en la plaza madrileña, entre fines del XIX y comienzos del XX) que fue, en el que se demuestra que las cornadas de los toreros requieren una técnica especial para ser operadas…

-Y así es. La cirugía taurina –si vale denominar así a las intervenciones en las enfermerías de las plazas-, es en principio una aplicación de la cirugía de urgencia. Y un cirujano experto en toda clase de traumatologías puede perfectamente operar una cornada. Pero… es cierto que curar las heridas por asta de toro requiere una especialización…

-¿Puede usted citarme un caso concreto?

-¡Cómo no! Recuerdo una cornada enorme de Luis Freg (refiriéndose, quizá a la que el valiente torero recibió 9 de marzo de 1922 por un toro de San Nicolás Peralta). Asistía como invitado –si vale este término-, el famoso Dr. Mayo, cirujano expertísimo. Y le dijimos si quería intervenir en la operación. Se negó.

-¿En qué consiste la diferencia entre la lesión que ocasiona el asta y la que hace otra causa cualquiera…?

-Los aspectos clínicos son distintos. No tiene usted más que ver la forma del cuerno, y tener en cuenta la fuerza enorme que el animal desarrolla al herir. El cuerno penetra en el cuerpo como un proyectil. Reprime la piel –en ocasiones, ¡sin romperla siquiera!- y el orificio que abre constituye una especie de embudo o cono invertido. Luego, las trayectorias que hace por dentro, que a veces son varias… Hay que comenzar por desbridar aunque a los toreros les alarme en principio eso de que se les agrande la herida que traen. Pero es absolutamente necesario para explorar a conciencia y enjuiciar con acierto.

-¿Ha influido la penicilina en las curas maravillosas que ahora se hacen?

-Indudablemente. Pero antes de que se conociera hemos tenido la suerte de operar casos muy graves y eludir el riesgo de la septicemia.

-¿Cuándo la emplearon por primera vez ustedes?

-En la cornada de “Chucho” Solórzano (“El Toreo”, 26 de febrero de 1933, percance que propinó “Lancero” de “Rancho Seco”). Una cornada gravísima, con la vena femoral rota y el peligro de la gangrena gaseosa casi inmediato…

-¿Qué cura recuerda más laboriosa…?

-Una de ellas la de “El Soldado” (“El Toreo”, 22 de noviembre de 1942. El toro se llamó “Calao” y era de “Piedras Negras”). Hubo de ponerle ¡catorce pinzas! Para contener la hemorragia e ir ligando vasos… La de Carmelo (Pérez, en “El Toreo”, la tarde del 17 de noviembre de 1929, por el tristemente célebre “Michín” de “San Diego de los Padres”) también fue muy grave. Nosotros no le aprobamos su decisión de irse a España. Y le recomendamos que si toreara ni se operase. ¿Pero parece que su destino era el de morirse en Madrid…!

-Entonces usted entró a formar parte del cuerpo médico de la Plaza de Toros…

-Exactamente el día 12 de octubre de 1925. El Día de la Raza.

-¿Y el primer torero que usted curó fue…?

-Mariano Montes. Un torero español, lipotímico, con cara de batracio y corazón de león. ¡Si viera usted la pelea que entabló con nosotros para que lo dejáramos salir a matar el toro…! ¡Hasta que se escapó y salió…!

-¿Es frecuente esa decisión de salir a seguir toreando en los toreros heridos;

-Es frecuente lo contrario.

-¿Puedo hacerle una pregunta desagradable? acotaba García Santos.

-La veo venir, respondió impasible Rojo de la Vega.

-¿Se le han muerto muchos toreros desde que es cirujano de la Plaza?

-Muy pocos. (Alberto) Balderas llegó muerto a la enfermería (hecho ocurrido el 29 de diciembre de 1940). Lo inyectamos directamente al corazón y sólo reaccionó unos segundos para quejarse de las piernas. Félix Guzmán murió de una complicación (ello a resultas de la cornada que recibió el 30 de mayo de 1943 en el ruedo de “El Toreo”). ¡Cuando el organismo no solo se niega a reaccionar, sino que además presenta cuatro cilindros de complicaciones o taras fisiológicas… no hay nada que hacer sino esperar el milagro! Este Félix Guzmán dio dos vueltas al ruedo estando herido. Esos movimientos musculares pudieron haber influido en la complicación que sobrevino…

-¿Y “Joselillo”…?

-Ese murió cuando ya estaba curado (se refiere a la cornada que recibió el 28 de septiembre de 1947 en la plaza de toros “México” por el novillo “Ovaciones” de “Santín”). El día en que se le iba a dar de alta. Murió de una embolia. Ya sabe usted que el eminente cirujano francés Dr. René Leriche, maestro universalmente admirado por todos los médicos, ha definido la embolia como “un rayo en un cielo azul”. Y eso es, en efecto.

-¿Puede usted decirme algo más del caso de Félix Guzmán…?

-Que la cornada era relativamente pequeña. Se le trató bien. Igual que en todos los casos análogos. Esto fue un domingo. El martes ya estaba declarada la gangrena gaseosa y con ella la muerte inevitable.

-¿La cornada reciente de mayor gravedad?

-La de Juan Armilla (el 21 de diciembre de 1952 en la plaza de toros “México”, por cornada que asestó “Cañí” de “Rancho Seco”) que fue horrible. Penetrante de vientre llegando hasta la pleura. ¡Un caso tremendo! ¡Y dio la sensación en el público de que no tenía nada porque no se vio mucho aparato y porque él fue a la Enfermería por su pie.

-En general, las cornadas más graves…

-Las de los espontáneos. ¡Los cogen los toros de una manera y les hacen unos destrozos…! Nosotros hemos curado espontáneos con intestinos y epiplón fuera…! ¡No sé cómo hay quien en la plaza se pone del lado de esos infelices que, lo más que logran es eso: Una cornada terrible y… descomponer la lidia sin hacer ellos nada de provecho! (El Ruedo de México. Año IX, N° 120, 22 de octubre de 1953).

II

   La cena demanda que los invitados se sienten a la mesa.

-Vamos a terminar rápidamente doctor: ¿Qué le interesa de la fiesta como aficionado?

-Todo. Pero el toro más que nada. Sin él no habría corridas. Pero ocurre con él como con el perro del Quijote que se le olvidó a Cervantes…

-No entiendo eso…

-Es muy sencillo. Ya sabe usted que del genio de Cervantes no puede dudarse. Ni de su genio ni de sus condiciones de novelista. Y sin embargo… se le olvidó el perro.

-¿Qué perro…?

-Cuando comienza el libro, lo hace con estas palabras: “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua y galgo corredor…” ¿No es así? Pues bien; a lo largo de la obra, salen a relucir la lanza en astillero y la adarga antigua. ¿Dónde vuelve a ocuparse del galgo corredor? Jamás lo volvió a citar. Nunca supimos si acompañó al manchego en alguna hazaña. Ignoramos dónde vivió y dónde murió, porque nada en absoluto nos vuelve a decir Don Miguel acerca de ese perro… Pues eso ocurre a veces con el toro. Que los aficionados van a la plaza sin saber –y sin que les preocupe que es lo peor- de qué ganadería son los toros que se van a lidiar, y luego los cronistas taurinos incurren en el mismo pecado al darle a la pelea del toro una importancia infinitamente menor que la que le conceden a la faena del torero. ¡Y no le digo nada de la injusticia que cometen con él cuando hieren o matan a un lidiador! En esos casos lo califican de asesino, marrajo, pregonao, traidor… Pero yo creo que esto debe ser motivo de otra charla.

-¿Por qué?

-Porque voy yo a incurrir en lo mismo que censuro. En darle al toro poca importancia, al dejar la conversación sobre él para lo último.

-Entonces lo emplazo para una charla acerca del toro de lidia, con destino a los lectores de EL RUEDO DE MÉXICO…

-Y yo la sostendré con mucho gusto… Manuel García Santos.

Disponible en internet en el portal http://www.las-ventas.com/

Toro lidiado en Las Ventas, el 1° de abril de 2018.

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EL DÍA DE LAS MADRES DA MOTIVO PARA UN FESTEJO TAURINO EN 1935.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Colección del autor.

   De acuerdo a los datos más conocidos, el “día de las madres” se remonta al año 1870, a iniciativa de la norteamericana Julia Ward Howe. 52 años después en México, el entonces periodista Rafael Aldúcin, director y fundador de Excelsior, lanzó el 13 de abril de 1922 una campaña para que se definiera aquella celebración. El resultado fue unánime, por lo que se decidió que la conmemoración ocurriera cada 10 de mayo. De entonces y, hasta nuestros días el hecho ha cobrado inusitadas dimensiones que tienen su parte lucrativa; abusiva, pero también estimativa.

Así que, para tener presente ese hecho, y como decía mi propia madre: “no me recuerdes solo el 10 de mayo. Hazlo todo el año”, mi felicitación por adelantado.

En esta oportunidad, y gracias al significado de tal celebración, quiero compartir un hecho ocurrido hace 83 años y del que puedo advertir por adelantado, que se trató de un fascinante episodio taurino.

Resulta que la empresa de la plaza de toros “Vista Alegre” organizó para el viernes 10 de mayo de 1935 una magnífica función la que, por el solo contenido que aparece en uno de los dos carteles anunciadores, mueve a conocer en qué consistió aquella jornada.

¡Oiga Usted…!

¿Qué pasa?

Su señora Esposa y sus pequeños hijos, deben asistir a la Plaza

“Vista Alegre”

El Viernes 10 de mayo de 1935 a las 4 p.m.

DÍA DE LAS MADRES

Por primera vez en esta Capital,

Dos Grandiosos Espectáculos de RISA LOCA

“UNA FERIA MEXICANA”

Y

GRAN CORRIDA DE TOROS

ESTILO ANTIGUO.

LAS AUTÉNTICAS SEÑORITAS TORERAS

“EL ELEFANTE LOCO”

CANTA MÚSICA DE AGUSTÍN LARA.

NÚMEROS DE CIRCO y

GRACIOSOS PAYASOS.

LIDIA A MUERTE DE

4 BRAVOS NOVILLOS TOROS 4

100 PERSONAS EN EL RUEDO

ORDEN DEL PROGRAMA:

A la hora antes anunciada, previo permiso de la Autoridad,

se desarrollarán los siguientes números

1° “UNA FERIA MEXICANA”.

La escena se desarrolla en el famoso pueblo de San Juan de los Lagos, estado de Jalisco.

PERSONAJES: “Carmeta”, -El Afeminado- “Juan Panadero”, “Los Gendarmes 41 y 42”, “El Merolico”, “El Ciego que mira”, “El Gran Payaso “Tin-Tán” y su “Elefante Loco”, “Los Reyes del Aire”, “Los Icarios”, “Los Niños Contorcionistas”, “Yoyito”, el payaso de dos años de edad, “El Mariachi de Cocula”, “Los Cilindreros”, “La Banda del otro Día” y 200 personas más.

Al final de la feria: “Juan Panadero” en unión de “Carmeta”, matarán un bravo novillo-toro.

2° Lidia a muerte de

1 Bravo Novillo Toro 1

Por la notable Señorita Torera María Cobián “LA SERRANITA” acompañada de sus dos Banderilleras.

3° GRAN CORRIDA DE TOROS

Estilo Antiguo. Como se toreaba hace 50 años [es decir, hacia la octava década del siglo XIX].

Presentación de los Brutales Matadores de Alternativa “EL CARCACHAS” y “EL PAMBACERO”, ambos de 90 años de edad, discípulos de PONCIANO DÍAZ, acompañados de la siguiente Cuadrilla:

PICADOR: “EL POCOS TUMBOS”, que montará su caballo marihuana “EL DIABLO”.

BANDERILLEROS: “El Muégano”, “El Pocas-Pulgas”, “El Hilachas” y “El Miserias”. ¡Todos viejos, pero Valientes!

Saltos de “Martincho”, a la Garrocha y al Trascuerno. Banderillas: en Silla.

Lidia a Muerte de

2 Bravos Novillos Toros 2

Otros personajes más en esta corrida: “Juanita la Enfermera” y el “Dr. Rumba”, “El Aficionado Ladrillazos” y “Don Tancredo”.

¡Fin de Fiesta! Palo Ensebado Taurino con valiosos Premios.

TORO EMBOLADO

PRECIOS DE ENTRADA:

SOMBRA $1.00        SOL 50 CTS.

NIÑOS EN AMBOS TENDIDOS MEDIA PAGA.

Sin excepción, todos los números de este Programa, serán cumplidos.

A la entrada de la Plaza SE OBSEQUIARÁN DULCES A LOS NIÑOS.

Colección del autor.

   Hasta aquí con el largo discurso que contiene este curioso documento.

Algo semejante, en cuanto a su organización, ocurrió con la primera novillada goyesca, celebrada en México el 31 de julio de 1927 en la plaza de toros de la colonia Condesa, en la que intervinieron Fermín Espinosa “Armillita”, José Carralafuente, Alberto Balderas y José Muñoz que se las entendieron con ejemplares de San Mateo.

También hubo una corrida “Goyesca”, esto el 2 de febrero de 1930, en el mismo recinto. Allí se presentaron Antonio Luis Lopes (rejoneador de origen portugués), junto con Antonio Márquez, José Ortiz y Joaquín Rodríguez “Cagancho” quienes se enfrentaron a 8 toros de La Punta.

Un festejo más bajo estas circunstancias, lo disfrutó la afición capitalina en la misma plaza el domingo 4 de junio de 1933, dándolo a conocer la empresa –entonces bajo el mandato de Antonio Casillas-, con el nombre de la “Gran Corrida Colonial”, misma que consistió en una “Evocación fidelísima de los usos y costumbres taurinas en el final del siglo XVII. Gran desfile en el Ruedo del Virrey, la Virreina y su séquito. El Pregonero, las antiguas suertes del Toreo. El Salto de la Garrocha, El Salto del Trascuerno. El Salto del Martincho”.

Esa tarde, Antonio Dávila “Morucho” y Guillermo López se las entendieron con dos novillos de Atenco. En el festejo formal, actuaron Manuel Molina, Arturo Álvarez “El Vizcaíno” y Ricardo Torres con 6 novillos de Zotoluca.

No dudo que más adelante, hubiese otros festejos con ese propósito evocador, lo que representaba la posibilidad de conocer, como fue el caso, allá por agosto de 1955, el espectáculo que Edmundo Zepeda “El Brujo”, presentó bajo el nombre de “Los cuatro siglos del toreo en Méjico”.

Retornando al que es motivo en esta ocasión, y para terminar, nos permite conocer una sana intención en la que todos aquellos participantes se unieron para recordar el DÍA DE LAS MADRES, quizá uno de los pocos festejos que, con ese propósito se han realizado en nuestro país. También se percibe, gracias al contenido mismo, una deliberada intención de mezclar lo viejo con lo nuevo; los toros con el circo, el toreo formal con el que lo gracioso se hacía presente. Incluso, también se aprecia cierta forma en que se desliza el escarnio. Entre lo más notorio sobresalen algunos mensajes subliminales donde, por motivo de ciertos escándalos entre homosexuales estos fueron perseguidos desmedidamente en aquella época por la autoridad, lo cual se tomó como pretexto no solo por ese hecho. Incluso, rememoraba el caso de aquel baile que ocurrió la noche del 20 de noviembre de 1901, en el cual se reunieron 42 participantes en una casa particular de la calle de la Paz, todos del sexo masculino. Una parte vestía prendas masculinas, en tanto que la otra lo hizo ataviándose con pelucas, aretes, vestidos y provocadoras caderas postizas. Al ser remitidos a prisión, no llegaron los 42, sino 41 (se sospecha que el único no detenido era Ignacio de la Torre y Mier, el “yerno incómodo” del Gral. Porfirio Díaz). Como consecuencia de aquellos hechos, el número “41” tiene desde entonces una fuerte connotación que lo relaciona con los homosexuales, lo cual, por otro lado, parece un asunto que se va superando y entendiendo de mejor manera por parte de la sociedad en nuestros días.

Cosas veredes.

Exterior de la plaza de toros “Vista Alegre”. En Revista de Revistas. El semanario nacional, año XXVII, Nº 1439, 19 de diciembre de 1937.

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TEATRO y TOROS DURANTE EL VIRREINATO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

“…que la ciudad se alegre y regocije”.

 

Colección del autor.

   Al culminar el proceso de conquista (quizá la última etapa se presentó con la dominación de los indios chichimecas en 1600), y ponerse en marcha la etapa de colonización, el teatro constituyó uno de los instrumentos más importantes que operaron con vistas a consolidar, entre otras cosas, el intento de evangelización por parte de los integrantes de diversas órdenes religiosas.

   Este concepto no era ajeno entre los naturales. Existieron evidencias muy claras de la representación de un teatro nahualt prehispánico (basado en trági-comedias) que puede constatarse gracias a códices existentes, así como a una sólida investigación, lo que permite entender parte de su vida cotidiana.

   Con los años, se hizo notar la presencia de autores representativos como Gonzalo de Riancho, Arias de Villalobos, durante el XVI. Décadas más adelante, se suman al repertorio sor Juana Inés de la Cruz, Juan Ruiz de Alarcón, Eusebio Vela y muchos otros que legaron obras, muchas de las cuales han llegado hasta nuestros días.

   De acuerdo a lo publicado por Armando de María y Campos (Imagen del mexicano en los toros. México, 1953 y Las peleas de gallos en México, 1994), contamos con la evidencia de que en algún momento, sobre todo durante un muy avanzado siglo XVIII, los toros se incorporaron al teatro “de coliseo” –tal y como lo refiere Germán Viveros (Escenario novohispano. México, Academia Mexicana de la Lengua, 2014)-, con lo que el espectáculo traspasaba sus propios espacios para extenderse y combinarse con otros efectos de la escenificación.

   La expresión teatral en aquellos tiempos, guardó una estrecha relación, sobre todo con diversos hospitales que gozaban del financiamiento que, gracias a las funciones llegaba con frecuencia a sus arcas.

   Así como los toros y juegos de cañas, el teatro también quedó sujeto al sumarse en las conmemoraciones establecidas por la autoridad desde 1528. Lo mismo ocurría al solo anuncio de fiestas “repentinas” o “solemnes”.

   Es bueno recordar que, entre las numerosas fiestas novohispanas, estas se debieron a dos razones fundamentales: las fiestas “solemnes”, en las que como apunta G. Viveros [fueron] “de origen por lo general eclesiástico y con fechas fijas; su intención era doctrinaria, dedicada particularmente a españoles y criollos, aunque con participación marginal de indios, mestizos e incluso negros. Éstos intervenían en las procesiones festivas, en las que momentáneamente convivían con criollos y peninsulares, pero sin que hubiera visos de integración social real; en realidad, la población india y mestiza constituía la fuerza de trabajo que hacía posibles las fiestas públicas. La otra modalidad festiva era la de las “repentinas”; durante éstas se celebraban sucesos de la vida laica y tenían carácter aleatorio y lúdico, en oposición a los festejos eclesiásticos” (op. Cit., p. 43).

Armando de María y Campos: Andanzas y picardías de Eusebio Vela (Autor y comediante mexicano del siglo XVIII). Con ilustraciones de la época. México, Compañía de Ediciones Populares, S.A., 1944. 234 p. Ils., facs., p. 39. Probablemente una disposición ochavada como la que se puede apreciar, se utilizó  en el teatro de conformidad a las que se montaban en espacios destinados a la fiestas taurinas

   De vuelta con María y Campos, el autor refiere una de esas primeras escenificaciones en Guadalajara, durante los meses de julio y agosto de 1787, aunque no faltó la voz opositora del Asesor en turno, quien emitió una opinión contundente: “Con la permisión de novillos [concedida “sin duda por el Exmo. e Ilmo. señor Arzobispo que entonces gobernaba], concurre mayor multitud de gentes del pueblo, sin que se les pueda contener… fuera de que no se pueden representar buenas piezas ni hacer bailes. Con motivo de hallarse embarazado el teatro con la especie de tablado que necesita ponerse para figurar la plaza” (Imagen del mexicano en los toros, 12). En seguida indica que, debido a la autorización que concedió el virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa, se corrieron toros en el interior del Coliseo (esto en la ciudad de México) justo el 8 de febrero de 1779. En aquella jornada, se representó la comedia jocosa intitulada El mariscal de Virón. La noche siguiente sucedió algo similar con la comedia Amo y criados en la que se lidiaron otros dos toros y se corrieron liebre acosadas por galgos. El día 10, la cosa tuvo efectos más atractivos, pues se hizo presente una cuadrilla en la que estaba integrada una torera, agregando a lo atractivo del programa dos tapadas de gallos y fuertes apuestas entre los asistentes.

   Los hubo también el 11 y 12. Sin embargo, el día 13 y dadas ya una fuerte carga de razones en que brillaba el desorden, el propio virrey terminó prohibiéndolas. Así que ni teatro, ni toros ni monte parnaso pudieron disfrutar los asistentes que fueron desalojados.

   Si hay que entender el desarrollo de la fiesta taurina dieciochesca, esta evolucionó al cohabitar con el teatro, espacio desde el cual se representaban cuadros que incluían procesiones, “danzas, gigantes y juegos” o representaciones en que el ilusionismo y otros efectos estaban presentes. A ello debe agregarse un relajamiento de las costumbres y, desde luego la confrontación habida con el efecto que la filosofía de la ilustración lanzaba a través de su discurso, lo que llegó al punto de frecuentes cuestionamientos y prohibiciones.

   Para 1638, los espacios teatrales adquirieron poco más de formalidad, pero muy poco sabemos si en esos sitios, la arquitectura efímera daba condiciones para habilitar un escenario adecuado para presentar algún cuadro taurino.

   Fue el Coliseo, y durante el siglo de “las luces”, el sitio donde hubo cabida a peleas de gallos y a corridas de novillos, ambas funciones “restringidas por ciertos intendentes, por considerar espectáculos que nada tenían que ver con el teatro en sí mismo” (Viveros, 62).

   Sin embargo, esas funciones fueron un hecho y quedas registradas en pocos pero suficientes ejemplos para su estudio e investigación.

   El cartel que acompaña estas notas, y que corresponde a una función en 1803, es una de las más cercanas muestras de aquellas puestas en escena, donde la sola evocación del martirio que sufrió en carne propia San Felipe de Jesús, fue pretexto para concretar las razones festivas, mismas que incluían bailes, intervención de compañías y el natural despliegue y montaje en los escenarios cumpliendo así tres tiempos básicos: “De representado, de Canto y de Baile”

   El aviso advierte que “El Coliseo se iluminará y adornará según estilo; siendo la paga doble por orden superior, sin excepción de Palcos y Lunetas de temporada; en cuya virtud y para que no sea perjudicada una causa piadosa de la primera recomendación, se suplica que si los dueños no gustaren ocuparlos, avisen en tiempo a los Cobradores o a la Guarda Casa, para que se puedan arrendar a otras personas.

   México, 11 de febrero de 1803”.

   Finalmente apuntaré que aquel maridaje permitió llevar a las plazas de toros mismas todo un repertorio de cuadros que fueron complemento de la función taurina en el siglo XIX (expresiones parataurinas fundamentalmente basadas en mojigangas, agregando a ello coleaderos, fuegos de artificio, presencia de otros animales, toro embolado, todo lo anterior con sello teatral), alcanzando verdaderas cotas de fascinación como pocas veces se ha contemplado en el curso de la fiesta de toros, la cual se acerca a sus cinco siglos de convivir entre nosotros, como sucederá en 2026.

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A LA SOLEMNIDAD DE TAN GRANDES DÍAS…, ALGUNOS DETALLES SOBRE LA ORGANIZACIÓN Y LA FASCINACIÓN DE FESTEJOS TAURINOS NOVOHISPANOS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

Portada del rarísimo Libro nuevo de escaramuza, de gala, a la jineta, por Don Bruno José de Moria Melgarejo (Puerto de Santa María, 1737), demuestra la posición y el traje usual del caballero, la silla y arreos del caballo, y la manera de sacar el brazo con la rienda, a que tanta importancia se da en todas las obras de jineta.

En Manuel Romero de Terreros, Marqués de San Francisco: Torneos, mascarada y fiestas reales en la Nueva España. Selección prólogo de Don (…). México, “Cultura”, tomo IX, N° 4, 1928. 82 p.

Vimos en entregas anteriores, la forma en que dos cronistas novohispanos describieron lo grandioso de un conjunto de fiestas que conmemoraban la restauración de la Plaza de Orán, en África (junio y julio de 1732), donde combatió con éxito la Armada española, y cuya trascendencia, al otro lado del mar, alcanzó a convertirse en motivo de grandes celebraciones.

Este, junto con otros pretextos, fue un común denominador durante el intenso y polémico periodo colonial, mismo que se formalizó en marzo de 1535, concluyendo con la declaración de la independencia al finalizar 1821.

Lo importante ahora es conocer el procedimiento con que se efectuaron cientos, quizá miles de espectáculos, bajo dos principios fundamentales: fiestas “solemnes” que, a decir del investigador Germán Viveros (Escenario novohispano. México, Academia Mexicana de la Lengua, 2014) eran de origen generalmente eclesiástico y con fechas fijas, con intención doctrinaria destinada a españoles y criollos, y con nula participación de indios, mestizos y negros, con lo que quedaba anulada la integración social. Por otro lado, estaban las conmemoraciones “repentinas” con las cuales se celebraban sucesos de la vida laica, con carácter aleatorio y lúdico, opuestas al festejo eclesiástico.

Todos esos festejos tuvieron como fondo razones que sirvieran para apoyar la obra pública, por un lado. Por el otro, la sola distracción ante penurias y malestares que las hubo en mayor o menor medida. Ese criterio se extendió también al teatro, que eran dos formas, entre muchas otras, para aprovechar el pretexto de la fiesta, sin más.

Los espacios destinados eran diversos. Lo mismo podía ser el atrio de una iglesia, generalmente en construcción, que la plaza pública, o junto al quemadero de la Inquisición, por ejemplo. Se eligió también un espacio emblemático, el sitio donde los aztecas practicaban el ritual de los voladores, de ahí que se le conociera como la del Volador (1586-1815). En su mayoría, fueron construcciones efímeras, con proyecto arquitectónico de por medio, autorizado generalmente por el Ayuntamiento y que permitía el despliegue de gran ostentación.

Así que, a las fiestas oficiales o conmemorativas, como San Hipólito, la del Corpus, San Juan, Santiago o de Nuestra Señora, se sumaron todas aquellas sagradas y profanas, las que surgieron con motivo de diversas razones generadas por la casa reinante (bodas, nacimiento de infantes, asunción de nuevos reyes); las académicas o la recepción de virreyes y otros personajes de alto rango, fin de guerras y un largo etcétera. Celebrar y con fiestas de toros, fue una constante que pervivió bajo niveles en los que se destinaban altas cantidades de recursos económicos.

Incluso, si no bastaban las dos semanas que comúnmente se destinaban a ese asunto, pronto se autorizaba extenderlas por algún tiempo más, ya sea porque estaban significando de enorme beneficio, o porque ciertos personajes, adheridos a gremios involucrados, reclamaban pérdidas (como fue el caso, en más de una ocasión por parte de los “tablajeros”). Desde luego, las autoridades universitarias, reclamaban que un día sí, y otro también representaba el magnífico pretexto para que los estudiantes se ausentaran de las aulas.

Al concluir, la autoridad presentaba “Cuentas de gastos”, donde en cuidadosa información, se indicaba la forma en que se pagaron sueldos, materiales, implementos, ganados; comprobándose hasta el último tomín, grano o maravedí. Y si una no era suficiente, se presentaba la segunda.

Entre algunos ejemplos descriptivos, contamos con el de las fiestas que relata María de Estrada Medinilla en 1640, que debieron ser idénticas en esa dimensión o más a las que en la “Sencilla Relación” nos comparte Alonso Ramírez de Vargas en 1677. Comparables también debieron haber sido aquellas que nos cuenta José Mariano de Abarca, S.J. allá por 1747 y que hoy, gracias a su lectura, se puede ir de asombro en asombro, pues no escapa de su prosa todavía influida por el “siglo de oro” y con encantos del arte barroco llevado al máximo, no solo el nombre de los participantes, sino sus vestimentas o lo lujoso de las cabalgaduras y las suertes que se desarrollaron en la plaza.

Respecto a las tres referencias, comparto aquí algunas insinuaciones.

De FIESTAS DE TOROS, JUEGO DE CAÑAS, y ALCANCÍAS, que celebró la Nobilísima Ciudad de México (1640), María de Estrada Medinilla, escribió –entre otras- estas tres octavas reales:

Hoy el Toro fogoso, horror del cielo,

Por festejar la Indiana Monarquía,

Deja su azul dehesa, y baja al suelo,

Y al robador de Europa desafía:

Todos ayudan con igual desvelo,

A la solemnidad de tan gran día,

Marte da lanzas. Y el Amor sabores,

Cañas Siringa, el Iris da colores,

 

Caballos, y jaeces matizados;

Córdoba dio, la Persia los plumajes,

Telas Milán, Manila dio Brocados,

Las Indias Oro, el África los trajes,

Primaveras ostentan los tablados,

Diversidad de flores son los pajes,

La plaza condujera a su grandeza,

Las de la Inquisición por su limpieza.

 

Suspende, añada la Doncella alada

El curso, que ya estamos sobre el coso

Donde verás con proporción cuadrada,

Culto adorno, aparato generoso:

Aquí yace la Corte convocada

En lucido concurso numeroso,

Tanto, que el lince de mayor desvelo,

Apenas pudo registrar el suelo.

    En la Sencilla Narración… de las Fiestas Grandes… por la mayoridad de D. Carlos II, q. D. G., en el Gobierno, México (1677), Alonso Ramírez de Vargas, apunta:

“(…) Dióse al primer lunado bruto libertad limitada, y hallándose en la arena, que humeaba ardiente a las sacudidas de su formidable huella, empezaron los señuelos y silbos de los toreadores de a pie, que siempre son éstos el estreno de su furia burlada con la agilidad de hurtarles –al ejecutar la arremetida- el cuerpo; entreteniéndolos con la capa, intacta de las dos aguzadas puntas que esgrimen; librando su inmunidad en la ligereza de los movimientos; dando el golpe en vago, de donde alientan más el coraje; doblando embestidas, que frustradas todas del sosiego con que los llaman y compases con que los huyen, se dan por vencidos de cansados sin necesidad de heridas que los desalienten.

“Siguiéronse a éstos los rejoneadores, hijos robustos de la selva, que ganaron en toda la lid generales aplausos de los cortesanos de buen gusto y de las algarazas [alborozo] vulgares. Y principalmente las dos últimas tardes, que siendo los toros más cerriles, de mayor coraje, valentía y ligereza, dieron lugar a la destreza de los toreadores; de suerte que midiéndose el brío de éstos con la osadía de aquéllos, logrando el intento de que se viese hasta dónde rayaban sus primores, pasaron más allá de admirados porque saliendo un toro (cuyo feroz orgullo pudo licionar [enseñar] de agilidad y violencia al más denodado parto de Jarama [región de España famosa por la bravura de sus toros]), al irritarle uno con el amago del rejón, sin respetar la punta ni recatear [evitar] el choque, se le partió furioso redoblando rugosa la testa. Esperóle el rejoneador sosegado e intrépido, con que a un tiempo aplicándole éste la mojarra [hierro acerado que se pone en el extremo superior del asta de la bandera] en la nuca, y barbeando en la tierra precipitado el otro, se vio dos veces menguante su media luna, eclipsándole todo el viviente coraje.

“Quedó tendido por inmóvil el bruto y aclamado por indemne el vaquero; no siendo éste solo triunfo de su brazo, que al estímulo de la primera suerte saboreado, saliendo luego otro toro –como a sustentar el duelo del compañero vencido-, halló en la primera testarada igual ruina, midiendo el suelo con la tosca pesadumbre y exhalando por la boca de la herida el aliento”.

Finalmente, El Sol en León. Solemnes aplausos con quien el rey nuestro señor D. Fernando VI, Sol de las Españas en que se proclamó su Magestad… (1747), anotó lo siguiente José de Abarca:

“Apenas había acabado de entrar esta segunda cuadrilla, cuando siguiendo las huellas que imprimían en la limpia arena los castizos brutos, se presentó en la plaza la tercera, gobernada por el señor don José de Vivero y Peredo, Hurtado de Mendoza, conde del Valle de Orizaba, quien, valiéndose de su ilustre título para demostración de su amor y cuerpo de su empresa, pintó en el lienzo de la adarga aquel jayán de los montes a quien sirven de corona los astros y en las llanuras de su valle, al dios Cupido que, deponiendo el arco y la aljaba, dejaba de perseguir a los hombres y a las fieras para alternar el oficio de cazador con el de hortelano, entretejiendo de todas las flores que adornaba aquella fragante esfera, un breve ramillete que con letra consagraba a su soberanía.

“Luego, don Juan José Martínez de Soria presentó en la suya un sol tocando el punto vertical de la esfera desde donde divide los resplandores del día y un hermoso girasol que en su fragante copa de nácar atesoraba como propias las luces del astro. Decía la letra:

Sólo se mueve esta flor

Con el planeta mayor.

   “Este mismo luminar estampó en la suya don Diego de Saldívar y Castilla, aunque no en la misma estación de su carrera, sino en la última, en que, encendido topacio, tramonta el carro de sus luces para proseguir en los antípodas el infatigable desvelo de su universal providencia. La letra decía:

Si este sol da vida, activo,

A dos orbes en que nace,

Nunca yace, cuando yace.

   “Un laurel y una palma (ambos timbres del valor y crédito de los trofeos), coronados de una verde oliva, mostró el señor don Miguel de Lugo y Terreros, como anuncio dichoso, a lo que parece, de que logrará su Majestad multiplicados triunfos y coronará sus glorias con una paz dilatada. Eso parece que significaba el mote Erit altera merces (Habrá otra recompensa).

“Como reina jurada de cuanta pluma puebla la vaga región del aire, dio en la suya don Juan del Valle, una águila con corona y cetro, extendidas las alas y sobre cada una de ellas un clarín, que por su boca gritaba a la América a quien, parece, representó:

Sólo puede un ave real

Dar gloria y nombre inmortal

   El señor don Justo Trebuesto y Dávalos, conde de Miravalle, pintó en la suya un valle matizado de diversas flores, bañadas con la luz de un hermoso sol. Su letra decía:

Si este valle está lucido,

Y se mira gastar flores,

El sol le da los colores.

    Terminó esta tercera cuadrilla don Antonio Javier de Arriaga y Bocanegra, quien delineó en la adarga un brazo manteniendo un cetro, sobre cuya punta estribaba una cigüeña. El mote lo pidió a la erudición romana, trasladando a honor de nuestro Monarca aquel Pietas Augusta (Piedad Imperial), que Augusto Emperador grabó en una medalla, donde mandó imprimir una cigüeña por símbolo de su piedad.

Estas fueron las lucidas empresas que dieron a la publicidad en sus adargas los caballeros, las que llevaron embarazadas todos los días que duraron sus festines, yendo también todos armados de lanzas con garboso descuido, tendidas sobre el muslo derecho y cuellos de los inquietos brutos, dejándolas luego que paseaban la plaza, para que sin su embarazo se ejecutasen las suertes prevenidas, con la destreza que se deseaba”.

Dichos festejos fueron admirados por miles de asistentes que disfrutaron lo espectacular y maravilloso de su natural y deliberado despliegue. Y como el título del libro de José Deleito y Piñuela: También se divierte el pueblo… (1944), nos retiramos satisfechos, dispuestos para nuevas ocasiones.

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BERNARDINO DE SALVATIERRA y GARNICA, “ESCASO POETA, PERO BUEN VERSIFICADOR”.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

Primera foja del manuscrito. Biblioteca Nacional, Fondo Reservado.

   Va aquí, el resto de la historia…

   Escrita en romance octosílabo (Con-la-Carga-o-Musa-a-Cuestas) y luego concebida en Quintillas tal cual se indica en la introducción, sabemos que dicha obra fue publicitada en la Gazeta de México N° 61 (diciembre de 1732) como Descripción de las fiestas y corridas de toros con que celebró México la reconquista de Orán por las armas católicas de Felipe V, por D (…), natural de México. México, 1732, originalmente por la imprenta de los Herederos Miguel de Ribera. Sin embargo, y de acuerdo a la inserción aparecida en la propia Gazeta fue José Bernardo de Hogal el encargado de esto, procurándole otro título: Descripción segunda de las Fiestas, que celebró esta Nobilísima Ciudad de México, a la feliz Restauración de la Plaza de Orán, en África. Escrita por el Br. D. Bernardino de Salvatierra, y Garnica (…). Sin embargo, en la propia inserción se indica que esa y otras dos publicaciones saldrían donde esta Gazeta. A lo anterior, deberá agregarse que existe el que finalmente aparece en el manuscrito: Fiestas de gobierno que hizo México a la toma de Orán. Y como en un enredo teatral, nos quedamos con tres diferentes títulos y solo uno verídico.

   Sin el impreso, y ahora contando con un manuscrito -sujeto de especulaciones-, vale la pena mencionar que se trata de una “Descripción de fiestas”, la cual consta de 94 quintillas o 470 versos, escritas en un estilo llano, popular, donde falta el referente de los grandes poetas y se acerca más a los poetastros.

   Por su extensión, es imposible darla a conocer totalmente. Sin embargo, conviene elegir algunas de sus partes que permitan conocer el tono lúdico, tanto del autor como de las celebraciones. Vale advertir que se respetan algunas formas del estilo y escritura tal cual fueron concebidas.

 Fiestas de gobierno Que hizo México a la Toma de Orán. Quintillas.

(. . . . .)

De Clarines y Timbales

al trote; digo al Compás

por la Ciudad y arrabales

publican fiestas, nomas

y quedan deseando reales; (65)

(. . . . .)

Hambre canina en sus lloros

Ostentan y así parleros

Dicen aunque con desdoros

Tan a nuestra hambre y Carneros

no bastan? Pues vengan Toros. (105)

Por toros su hambre se abraza

(que es cosa al fin de valor)

Y para que en esta traza

Lo coman todo mejor

Reparten ellos la plaza. (110)

Nueve mil y más se atreve

A sacar de ella su resto

Todo a casa se nos lleve

Porque se ha de sacar esto

Y aquello; fuera ser nieve (115)

(. . . . .)

Primero lo consumido

en remendar a hilo de oro

tal cual toreador vestido

que las ahujas de un toro

mejor habían cosido; (125)

Y también en capas crujientes

media pieza que gastó

fe escarlata y adherentes

porque las guardadas, no

retaban ya para gentes. (130)

Y también seda de coser

para con las viejas capas

remendar y componer

las mulas y sus gualdrapas

que no se podían tener. (135)

Y también para guarnición

de las libreas abiertas

vaciadas a la función?

gastaron tan buenas fuerzas

Como ellos; dos de listón. (140)

Y porque dizque hubo

medido todo, una el sastre

el Conde que lo midió

entendiendo ya el de Sastre

de la obra se lo bajó. (145)

Ni una hebra desperdiciaron

aun las hilachas cogieron

mas por lo que publicaron

Vamos a ver lo que hicieron

después de lo que gastaron. (150)

Toros: En cuya friolera

o plaza de Vista cara

al santo pastor de esta hera.

para que se calentara

dieron solo una lumbrera. (155)

Rebatióla, como un maíz

y fue la acción acertada?

pues su urbano estilo ensayo

por no servir para nada?

se la envió con un lacayo. (160)

Prosiguió el trato grosero

y en tan escasa fortuna

al grave Pastor del Clero

viendo que no le cuadra una

dieron tres; por su dinero (165)

Toros; flacos y entablados

con quien más bravos y fuertes

fueron cuartones, parados

pues estos no hicieron muertes

e hiciéronlas los tablados? (170)

Más; porque se consumiesen

menos toros, cuatro galgos

que aunque la plaza corriesen

para que liebres cogiesen

les habían de decir; galgos. (175)

(. . . . .)

en la otra semana afana

su hambre lo que regulado

a medio partir se gana

y toros por lo ganado

quisieran cada semana. (185)

En esta en que se esmeraban

más, en lo que disponían.

Carreras, y toros traban;

pero los toros corrían

y los caballos golpeaban. (190)

Castillo de tales mañas

arman de Oran al entrego

que en su fábricas extrañas

antes de ponerte fuego

mostraba que era de cañas. (195)

fiestas disponen que creerse

de carrera bien pudieran

tal que sin llegar a hacerse

si tuvieran vergüenza, eran

las fiestas para correrse. (200)

Despeados los moros hallo

aun no corriendo; porque

andaban (aquí entra andallo)

Seis moros hembras a pie

y doce hombres a caballo. (205)

Sus atavíos no alabo

pues los cristianos traperos

con listón en crin y razo

iban sin cabos, en cueros

y el gran turco con su cabo. (210)

Galas dignas de que fiel

la pluma haga de ellas suma

Sirviendo a Oran. Cartel

Penachos, doce de a pluma.

Turbantes, seis de papel. (215)

Al topetearse primero

que a mostrar su agilidad

se echaron como al carnero

por una como Ciudad

doce como caballeros (220)

parten dos y yo al Mirallos

Viendo su juego perdido

dejo ya de murmurallos

pues les gana hasta el sentido

un topetón de caballos. (225)

Al ver el lance fatal

del Castillo al lecho en tropa

llevan a uno por su mal

pues en oficio y en ropa

era cama de hospital (230)

Al Conde o a el fierabrás

de carrera trujamante

Grita el pueblo; fiestas das

no empezadas por delante

y acabadas por detrás. (235)

(. . . . .)

Carnaval vino un dislate

vino un toro en que se ve

Carne de puerco y zacate

tan poco y tan pobre que

todo estaba; en un petate. (245)

Esto da, ya el agenciarlo

Sacando pesos a cientos

para el castillo y armarlo

de los que armaron; trescientos

dice que vale al quemarlo. (250)

Con eso quedan vizarros

de cuernos; mostrando en suma

su economía y desgarros;

mas no larguemos la pluma

que van saliendo los carros. (255)

Obra es suya y de la cola

de un Criollo que se trata

Gachupín de vino y ola

tan hambriento tras la plata

que es el Marqués de Guardiola. (260)

Cinco dispone su ahínco

con artificios tan nuevos

que en su número lo finco

porque en Carros como expuestos

nos dice cuantas son cinco. (265)

(. . . . .)

Dentro de las Musas francas

Tienen flor de harina pura

y númen de pies; y aún zancas

con babas por levadura

amazaba tortas; blancas. (330)

El dice y su vena pica

poniendo espuela al pegaso

de un gran Capitán la pica

porque también el parnaso

Tiene un salteador garnica. [sic](335)

(. . . . .)

Poeta lego el ajuste

le dio con pies de plomo

y para que de ello guste

le mató al pegaso el lomo

Con un romanzón de fuste. (395)

(. . . . .)

Canto de estas fiestas ha hecho

Poeta de escalera abajo

de los que haciendo el estrecho

Toman para sí el trabajo

y para hogal el provecho. (455)

Mas no es fiel su retrato

ni sus facciones compuestas

y solo doy de barato

que quiso hacer grandes fiestas

que quedó el Conde chato. (460)

en cierta plaza por esta

acción, ver si se acomoda

quiere; y oir por V. E. puesta

que si es (para tragar) boda

y para (que gane) fiesta. (465)

Esto el virrey le responde

cuando llega a presentarse

Salese y no sabe donde

y yo se vino a quedarse

aun en esto Chato el Conde. (470)

 (Una rúbrica o remate)

   El verso 335, es el único indicativo en el que el autor se autorefiere, tanto con la quintilla previa como con la posterior, único medio para decodificar la posibilidad en la que, detrás de dicha construcción se encuentre el propio Bernardino de Salvatierra y Garnica, “escaso poeta, pero buen versificador” (Andrés Henestrosa, dixit). Y luego, las que entre los versos 451 y 455 mencionan esa marcada sospecha en la que finalmente José Bernardo de Hogal haya sido quien sacara provecho de aquella madeja sin solución. También van las últimas tres quintillas, que son el cierre contundente de esta tan peculiar como curiosa forma literaria por medio de la cual podemos entender una apreciación más sobre el desarrollo de aquellas fiestas, que se comprende fueron “cosa muy de ver”.

Rúbrica peculiar aparecida al final del manuscrito.

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JOSÉ DE HOGAL y BERNARDINO DE SALVATIERRA y GARNICA, AUTORES NOVOHISPANOS QUE DESCRIBIERON FIESTAS EN 1732.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En el círculo de impresores novohispanos, deben haber existido, como en muchas cosas de la vida, preferencias y rechazos; amigos y enemigos. En ese sentido, y dada la enorme popularidad que alcanzó hacia 1732 Joseph Bernardo de Hogal, este publicó como de su autoría la Descripción poética de las Fiestas con que la Nobilísima Ciudad de México celebró el buen suceso de la empresa contra los otomanos en la restauración de la plaza de Orán, impreso que ha llegado hasta nuestros días gracias a los buenos oficios del historiador José de Jesús Núñez y Domínguez que la publicó en forma íntegra en la cuidada edición de Un virrey limeño en México: Don Juan de Acuña, marqués de Casa Fuerte (México, 1927).

   Afirma lo dicho un acróstico con que cierra esa curiosa “Relación de Sucesos” como sigue:

De este que en su fineza

Juzgo el índice ser, que al generoso

Objeto de sus ansias, victorioso

Solamente en los lejos nos expresa:

Es el que a la atención de tu grandeza,

Pone, el siempre rendido, temeroso

Haliento, que quisiera, un don precioso

Dedicarte en aquesta especie impresa.

Elevárase la Obra a tan felice

Holocausto en planta, si merece

Ofreciéndola a ti, que la eternice

Generoso tu amor; porque apetece,

Al menos aplaudir, no lo que dice:

Lo que intenta de que se le ofrece.

    Como puede apreciarse en la imagen, se trata de un impreso bellamente rematado por orlas y el uso de elementos tipográficos que resaltan el acontecimiento, con lo que de seguro, la venta del cuadernillo resultó un éxito.

   Sin embargo, en la Gazeta de México N° 61 (Desde primero hasta fines de Diciembre de 1732), edición que estuvo bajo la responsabilidad de la imprenta Real del Superior Gobierno, a cargo de Doña María de Rivera, en el Empedradillo, se anunciaba al final de la misma:

OFICIO NUEVO. (…) Otro en lo mismo [es decir un cuaderno en cuarto], en Quintillas, intitulado: Descripción segunda de las Fiestas, que celebró esta Nobilísima Ciudad de México, a la feliz Restauración de la Plaza de Orán, en África. Escrita por el Br. D. Bernardino de Salvatierra y Garnica; impresos donde esta Gazeta.

    Y es que la publicación mencionada se convirtió en caja de resonancia citando los regocijos y alegrías desarrollados en el curso de octubre y noviembre, mismos que acentuaron aquel significativo acontecimiento, ocurrido del otro lado del mundo, pero con un profundo significado político y militar que, por su sola trascendencia, se tomó como pretexto y lo hicieron suyos las autoridades novohispanas… así como los autores que están apareciendo en escena. Leemos en la Gazeta:

   No satisfecha la singular lealtad de S. Exc. Con las repetidas, festivas solemnes demostraciones, que a el aplauso de la Restauración de la importante Plaza de ORÁN, hizo ejecutar el mes antecedente, determinó se continuasen en este, algunas de regocijo, y alegría; en cuya consecuencia, los días 1°, 2°, tercero y cuarto, nono, décimo y undécimo, se corrieron Toros en la Plaza de el Volador, y fue cosa admirable ver aquellos días en el hermoso ochavado, capaz, y bien trazado Circo, la uniformidad de las pinturas, a imitación de los Jaspes, la bizarría de las galas, lo lucido de los trajes, la braveza de los Toros, la destreza de los lances, lo brioso de los Caballos, lo airoso de los Ginetes, la agilidad de los Galgos, la presteza de las Liebres, la armonía de los Clarines, el rumor de los Pretales, que todo formaba un espectáculo verdaderamente agradable y digno de la expectación de tan grave, y numeroso concurso. Son las Carreras de Toros notablemente apetecidas de la Nación Española, y es, que lo lleva de suelo, pues su territorio, es en forma de piel de Toro, por ser uno, y el más célebre Reino de los catorce que, sin el Imperio Romano, contiene en sí la Europa, que como esta tomó el nombre de la Infanta de Fenicia, a quien disfrazado en Toro, llevó Júpiter a Creta, recibió con el nombre la afición.

   A pesar de la intensa búsqueda destinada para ubicar tal “Descripción Segunda”, esto se ha convertido en auténtico misterio. Incluso, se cree que tal descripción no es de Salvatierra y Garnica, sino de otra célebre figura de las letras novohispanas de entonces: Cayetano Javier de Cabrera y Quintero. La popularidad de uno y otro, probablemente generó algún desencuentro con Hogal. De ahí lo que apuntaba al principio de estas notas.

   A decir de Juan José Eguiara y Eguren en su Biblioteca Mexicana (1755), dice de Cabrera y Quintero:

Mexicano de origen y de nacionalidad, habiendo sembrado hondamente los fundamentos a favor de las letras más amenas [Humanidades y Retórica]. Adscrito entre los cultivadores de la Teología y, tenido entre los primeros, adquirió también el grado de la misma facultad.

   Se sabe que nació a fines del siglo XVII, muriendo entre 1775 y 1778 en el convento de los padres hospitalarios betlehemitas de la ciudad de México. Su obra es muy extensa, puesto que se registran hasta 162 diferentes títulos.

   Otro de los autores mencionados, Bernardino de Salvatierra y Garnica, corre en estas circunstancias con menos suerte que los anteriores. Hogal, era para entonces Ministro, e Impresor del Real Tribunal de la Santa Cruzada. Emprendió una gran labor editorial contando para ello con la infraestructura necesaria para publicar y divulgar las diversas obras que entonces salían de su imprenta, ubicada en la célebre calle del Puente del Espíritu Santo.

   Del mismo modo, Cabrera y Quintero estaba posicionado entre los célebres escritores de obras dramáticas que intensificaban el teatro novohispano, por lo que con tamaños contrincantes en la liza, Bernardino de Salvatierra apenas alcanzó algún brillo de popularidad.

   Y en favor de don Bernardino, sólo diría algo absolutamente fundamental: que si bien la “Descripción” no se publicó como tal, la misma existe en calidad de manuscrito en la Biblioteca Nacional. Revisada, analizada y contrastada en sus diversos matices, tal documento presenta las características con que fue anunciado: la hechura total en quintillas. Además, por aquellos días, ningún otro autor, salvo que resulte lo contrario, presentó, ofreció o se le publicó una obra con estas características.

   Decía Andrés Henestrosa tener en su gran biblioteca la Métrica historia de la milagrosa aparición de nuestra señora de Guadalupe de México, compuesta por el bachiller don Bernardino de Salvatierra y Garnica, originario de esta ciudad, salida, como reimpresión de la Imprenta nueva Madrileña de D. Felipe de Zúñiga y Ontiveros, Calle del Espíritu Santo; año de 1782”. El autor de Los hombres que dispersó la danza, define a Salvatierra y Garnica como “escaso poeta, pero buen versificador”.

   Todavía resultó más severo José Antonio de Villerías y Roelas –un contemporáneo suyo- quien juzga a “Salvatierra [como un autor que] no sobresale por su inspiración ni por el dominio del lenguaje. Sus versos, en efecto, casi siempre son duros y, en ocasiones, hasta pedestres.”

   Y es justo en esos términos, en que el manuscrito parece reunir todas esas características, como puede apreciarse en las primeras cuatro quintillas que comparto con ustedes:

Fiestas [¿de Gobierno?] Que hizo México a la Toma de Orán

 Quintillas.

Con la Carga o Musa a Cuestas

échate a por el atajo

y en quintillas mal Compuestas

haz un día de trabajo

Cantando muchos de fiestas.

De Helicona la Corriente

beber tu afán no destase

hielo te brinde su fuente

y aún ruégate que se cuaje

para dar diente con diente.

Huye el caluroso estío

del Pindo y tórrida zona

y a templar el ardor mío

toda en nieve la helicona

se cuaje y vaya de frío.

A la Plaza que a tomar

se llegó por los cabellos

por que el Moro al caminar

con su riqueza y camellos

no se lo pudo llevar.

   Sobre el resto del que viene siendo este ejercicio de revelación, me ocuparé en la próxima entrega. Gracias.

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