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SOBRE DIVERSOS REGISTROS NOTICIOSOS DEL VIRREINATO QUE SE OCUPARON DE LOS TOROS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

También en El Sol en León (…), Relación de sucesos del año 1747 existe una amplia descripción de fiestas, participantes, escenarios y suertes tauromáquicas puestas en práctica durante el siglo XVIII. Colección: UNAM. Biblioteca Nacional. Fondo Reservado.

   En el periodo que va de mediados del siglo XVI a principios del siglo XIX, se produjeron en la Nueva España una cantidad importante de documentos por medio de los cuales es posible hoy día, entender cómo se produjo el desarrollo –entre otras cosas-, de la tauromaquia.

   Tales especímenes se reconocen bajo el término de “relaciones de sucesos” o “relaciones de fiestas” escritos lo mismo en prosa que en verso tanto por autores de fama que por aquellos otros de los que apenas se tiene alguna información sobre su vida y obra.

   En esencia, son el más claro antecedente del registro noticioso donde destacan curiosas formas de expresión que solo pueden entenderse al contextualizar su lectura con los más recientes acontecimientos sobre los cuales giraban aquellas fastuosas conmemoraciones, lo mismo ligadas al pretexto político que al religioso. Incluso al académico. El elevado número de festejos es tan considerable que luego de más de 30 años de llevar a cabo una exhaustiva revisión del caso, me permite concluir sobre la presencia y evidencia cercana a las 400 “relaciones”.

   Muchas de ellas se perdieron o quedaron en posesión de coleccionistas que aún conservan el valor de la curiosidad bibliográfica. Otras tantas se encuentran en bibliotecas nacionales y extranjeras, pero no son todas. Incluso, en buena parte de estos registros apenas existen breves citas que aluden la celebración de festejos taurinos sin más aporte que la limitada referencia. Pero en otros, como El Sol en León (…) obra que escribió José Mariano de Abarca y Valda en 1747[1] con motivo de la proclamación del entonces monarca Fernando VI podemos leer con lujo de detalle el nombre de los caballeros participantes así como la descripción de sus ropajes y algunas de las suertes practicadas.

   Existen al menos tres casos en los que dichas obras detallan con mayor amplitud el tipo de toreo que llegó a practicarse, tanto en el siglo XVII como en el XVIII. Me refiero a un impreso del año 1641, cuya autora: María de Estrada Medinilla recibió incluso el apoyo del Ayuntamiento de la ciudad de México para la edición del mismo, impreso localizado en 2006[2] y perteneciente a la colección “Genaro Estrada” de la Biblioteca de Austin, Texas. La siguiente es un valioso documento ubicado en el Fondo Reservado de la Biblioteca “Dr. Eusebio Dávalos Hurtado” del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y cuya referencia es: Alonso Ramírez de Vargas: SENCILLA NARRACIÓN, ALEGÓRICO FIEL TRASUMPTO, DIBUJO EN SOMBRAS Y DISEÑO ESCASO DE LAS FIESTAS GRANDES CON QUE SATISFIZO EN POCA PARTE AL DESEO, EN LA CELEBRADA NUEVA FELIZ DE HABER ENTRADO EL REY NUESTRO SEÑOR, DON CARLOS SEGUNDO (QUE DIOS GUARDE), EN EL GOBIERNO, EL ILUSTRÍSIMO Y EXCELENTÍSIMO SEÑOR MAESTRO DON FRAY PAYO ENRÍQUEZ DE RIBERA, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, DIGNÍSIMO ARZOBISPO DE MÉXICO, VIRREY, GOBERNADOR Y CAPITÁN GENERAL DESTA NUEVA ESPAÑA Y PRESIDENTE DE LA REAL AUDIENCIA, QUE EN ELLA RESIDE, Y A CUYA ALTA PROTECCIÓN LA DIRIGE SEGURO Y LA CONSAGRA HUMILDE DON ALONSO RAMÍREZ DE VARGAS. Con licencia en México. Por la viuda de Bernardo Calderón. Año de 1677. Dicho documento incluye una amplia descripción de las fiestas celebradas con aquel motivo. Un tercer caso refiere por cierto a un manuscrito, y cuyo autor fue Manuel Quiroz y Campo Sagrado: Pasajes de la Diversión de la Corrida de toros por menor dedicada al Exmo. Sr. Dn. Bernardo de Gálvez… 1786, del que gracias al trabajo de Salvador García Bolio[3] es posible conocer en detalle los hechos de noviembre y diciembre de 1785, donde actuaron en 22, 23 y 24 de noviembre dos, y entre otros personajes cuatro y seis mujeres toreras respectivamente.

Los tres documentos a que hago referencia en la presente entrega.

   Sobre la primera de ellas, auténtica curiosidad por otro lado, pues con tal documento se comprueba el hecho de que María de Estrada Medinilla antecedió a la reconocida “Décima musa”, sor Juana Inés de la Cruz, escribí en “Fiestas de Toros (…). Introducción, estudio y reproducción facsimilar”. Por: José Francisco Coello Ugalde y Carmen Eugenia Reyes Ruiz (México, 2007-2010), inédito, lo siguiente:

LA RECEPCIÓN DEL VIRREY MARQUÉS DE VILLENA EN 1640.

    Como muchas de las recepciones que ocurrieron en el período virreinal, acontecimiento que se ceñía a un protocolo por demás impresionante debido, en primera instancia a la notificación de que eran informadas las autoridades y luego éstas divulgando la noticia a nivel general, obligaba a que se cumpliera cabalmente con el itinerario que empezaba en el puerto de Veracruz y concluía en la ciudad de México bajo una serie de indicaciones que la costumbre había establecido.[4] Pero no era solamente asunto de saludos y formalidades. También estaban las fiestas como complemento y cúspide de aquella parafernalia que alcanzaba varios días o semanas de celebración. En este caso particular, nos ocupamos de la de don Diego López Pacheco, Cabrera y Bobadilla, Marqués de Villena, Virrey Gobernador y Capitán General de la Nueva España, cuyos hechos adquirieron tintes peculiares que se proyectan en varias direcciones. Por un lado, se trata de un suceso que ocurre en momentos del más acentuado clímax en el barroco novohispano, fenómeno cultural estimulado por una serie de elementos alentados por el arte y la literatura –el hipérbole más ponderativo (María de Estrada Medinilla, dixit)-. La recepción que ahora estudiamos a partir de la obra de nuestra autora, nos habla también de otras tantas descripciones, lo que significa que el hecho mismo se convirtió en un acontecimiento extraordinario, mismo que quedó cubierto por diversos documentos que hoy nos permiten entender la magnitud de aquel suceso. Dentro de su manufactura se cumplieron a cabalidad los puntos del protocolo más riguroso. Por otro lado, las fiestas religiosas y paganas también fueron reseñadas y entre todas ellas, las de toros no pasaron desapercibidas ni por María de Estrada ni por algunos otros “cronistas”, entre quienes se encuentran Cristóbal Gutiérrez de Medina, Matías de Bocanegra, Nicolás de Torres, Esteban de Aguilar, Juan de los Ríos Zavala y Sabina Estrada y Orozco.

Otro ejemplo más de las relaciones de fiestas. Este corresponde año año de 1723.

Colección: UNAM. Fondo Reservado.

   La interpretación literaria del siglo XVII adquiere un sentido manifiesto de preponderancia, que arranca con la Grandeza mexicana de Bernardo de Balbuena (1604)[5] y termina con Felipe de Santoyo García Galán y Contreras (1691)[6] pasando por Juan Ruiz de Alarcón, el Pbro. Br. D. Diego de Rivera, el también Pbro. Br. D. Ignacio de Santa Cruz Aldana, el Capitán Alonso Ramírez de Vargas y la jerónima Sor Juana Inés de la Cruz, quienes legaron obras de un elevado valor culterano que se empareja, en esos términos con la de María de Estrada Medinilla.

   Enorme alegría significó el encuentro con la relación de FIESTAS DE TOROS, JUEGO DE CAÑAS, y alcancías, que celebró la Nobilísima Ciudad de México, a veinte y siete de Noviembre de este Año de 1640 EN CELEBRACIÓN DE LA venida a este Reino, el Excelentísimo Señor Don Diego López Pacheco, Marqués de Villena, Duque de Escalona, Virrey y Capitán General de esta Nueva España, &c, mismo que es motivo para el estudio y reproducción facsimilar, fruto de una intensa investigación que busca poner en claro sus más profundos misterios.

   Recordemos, para terminar, que las relaciones o descripciones recrean las “grandes alegorías” como por ejemplo: proclamaciones reales, entradas, esponsales, bodas, nacimientos, bautizos, canonizaciones de santos, etc. En todo esto, el autor procuraba no sólo deleitar sino hacer revivir las jornadas festivas de manera que el lector de la Relación lograba tener la sensación de ver “las fiestas por segunda vez”.


[1] Biblioteca Nacional: R/1748/M4ABA: Abarca y Valda, José Mariano de: El Sol en León. Solemnes aplausos con quien el rey nuestro señor D. Fernando VI, Sol de las Españas, fue celebrado el día 22 de febrero del año de 1747 en que se proclamó su Magestad… por la Muy Noble y Muy Leal, Imperial Ciudad de México… México, María de Ribera, 1748, 36, 306, 20 p. Cfr. Coello Ugalde, José Francisco: Relaciones taurinas en la Nueva España, provincias y extramuros. Las más curiosas e inéditas 1519-1835. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1988. 293 p. facs. (Separata del boletín, segunda época, 2).op. Cit., p. 123-168.

[2] Incluido en “Viaje por tierra, y mar del Excellentissimo Señor Don Diego López Pacheco i Bobadilla, Marqués de Villena, i Moia, Duque de Escalona &c. Aplausos y festejos a su venida por Virrey desta Nueva España. Al Excellentisimo Señor Don Gaspar de Guzmán Conde Duque de Olivares, Duque de Salucar la Maior &c. dedicado por el Colegio Mexicano de la Compañía de Iesus. México: Francisco Robledo impresor, 161 para Fiestas de Toros. IVEGO DE CAÑAS, y alcancías, que celebró la Nobilifsima Ciudad de Mexico, a veinte y fiete de Nouiembre defte año de 1640 / En celebración de la venida a efte Reyno, el Excellentifsimo Señor Don Diego López Pacheco, Marqués de Villena, Duque de Efcalona, Virrey Capitán General defta Nueva Efpaña, &cc. Por Doña María de Eftrada Medinilla. 19 p.

[3] Salvador García Bolio y Julio Téllez García: Pasajes de la Diversión de la Corrida de toros por menor dedicada al Exmo. Sr. Dn. Bernardo de Gálvez, Virrey de toda la Nueva España, Capitán General. 1786. Por: Manuel Quiros y Campo Sagrado. México, s.p.i., 1988. 50 h. Edición facsimilar.

[4] Para mayor información, véase: Diego García Panes: Diario particular del camino que sigue un virrey de México. Desde su llegada a Veracruz hasta su entrada pública en la capital […] [1793], transcripción de Alberto Tamayo, estudio introductorio de Lourdes Díaz-Trechuelo. Madrid, CEHOPU / CEDEX (Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente), 1994.

Además José Francisco Coello Ugalde: Relaciones taurinas en la Nueva España, provincias y extramuros. Las más curiosas e inéditas, 1519-1835. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1988. 293 p. facs. (Separata del Boletín de Investigaciones Bibliográficas, segunda época, 2).

[5] Bernardo de Balbuena: Grandeza mexicana y fragmentos del siglo de oro y El Bernardo. Introducción: Francisco Monterde. 3ª. Ed. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1963. XLIV-121 p. Ils. (Biblioteca del estudiante universitario, 23).

[6] Métrica panegyrica descripción De las plaufibles fieftas, que, á dirección del Exmo. Señor Conde Galve, Virrey, y Capitán General defta Nueva-España, fe celebraron, obfequiosas, en la muy Noble, y leal Ciudad de México, al feliz Cafamiento de Nuestro Catholico Monarcha D. Carlos Segundo, con la Auguftiffima Reyna y Señora Doña Maria-Ana Palatina del Rhin, Babiera, y Neuburg. Verfifica fu narración, vn corto Ingenio Andaluz, hijo del Hafpalenfe Betis; cuyo nombre fe ommite, porque (no profeffando efta Ciencia) no fe le atribuya á oficio, lo que folo es en él (aunque tofca) habilidad. Dedicado a la Excelentiffima Señora Doña Elvira de Toledo, y Osorio, Condefa de Galve, Virreyna defta Nueva-Efpaña, á cuyos pies fe poftra el Author. Con licencia. En México: por Doña María de Benavides Viuda de Juan de Ribera en el Empedradillo. Año de 1691, obra que consta de 82 octavas. Véase: Alfonso Méndez Plancarte: Poetas novohispanos. Segundo siglo (1621-1721). Parte primera. Estudio, selección y notas de (…). Universidad Nacional Autónoma de México, 1944. LXXVII-191 p.(Biblioteca del Estudiante Universitario, 43)., p. 143-144.

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FRANCISCO L. URQUIZO ESCRIBE DE TOROS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

   El que fuera General de División y un revolucionario que pudo reflejar sus reflexiones durante aquel movimiento armado, Francisco L. Urquizo (1891-1969) tiene en su haber varias novelas, como “Tropa vieja”, “Tres de Diana”, “Viva Madero” y una de las más conocidas también: “Fui soldado de levita de esos de caballería” entre otras.

   Con una visión en absoluto apego a la educación militar, describe infinidad de pasajes que recuerdan diversos capítulos y episodios de la revolución mexicana, proceso que vino a dar un cambio en ciertos aspectos de la vida social, política y económica por la que se dio aquel levantamiento, pero que al cabo de los años, parece no haber conseguido los principales propósitos para la que fue concebida. En cambio, el más de un millón de muertos durante el tiempo que duró ese duro capítulo fue el fatal tributo a las aspiraciones de unos cuantos. Con el tiempo, nuevos representantes “revolucionarios” en lo ideológico o hasta en lo demagógico, aparecieron en escena, pretendiendo con ello atribuirse privilegios que ni por casualidad, eran ya los que decidieron el levantamiento armado.

   En búsquedas hemerográficas recientes, encontré un interesante texto que, a modo de colaboración, entregó el General Urquizo a la redacción de El Heraldo de México. Tales notas salieron publicadas el lunes 30 de mayo de 1966, y en ellas se ocupa de la prohibición que impuso a las corridas de toros, el también General Venustiano Carranza. Bien vale la pena conocer otro testimonio de quien, como Urquizo estuvo tan cerca de aquellos acontecimientos.

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UN 12 DE ABRIL…, PERO DE 1885 SE CELEBRÓ INTERESANTE FESTEJO EN ZACATECAS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Agustín Oropeza, picador de toros de origen poblano. Revista de Revistas. El semanario nacional, año XXVII, Nº 1439, 19 de diciembre de 1937.

Y de hecho, ya era el segundo de la temporada, y del que apenas se ha llegado a conocer detalle del mismo, gracias a la consulta que pudo hacerse al semanario El Arte de la lidia, año I, N° 17, del domingo 19 de abril de 185, p. 2.

Por cuanto podemos encontrar en la reseña con que “Un aficionado” redactó la misma, es que en ella predominan aspectos que fueron común denominador en los festejos taurinos previos al episodio que he denominado “reconquista vestida de luces” (desarrollada casualmente desde ese mismo 1885 en adelante), la cual debe quedar entendida como ese factor que significó reconquistar espiritualmente al toreo, luego de que esta expresión vivió entre la fascinación y el relajamiento, faltándole una dirección, una ruta más definida que creó un importante factor de pasión patriotera –chauvinista si se quiere-, que defendía a ultranza lo hecho por espadas nacionales –quehacer lleno de curiosidades- aunque muy alejado de principios técnicos y estéticos que ya eran de práctica y uso común en España.

A lo que se ve, el asunto tiene más picos que una custodia. Entre otras cosas, porque los mexicanos que hicieron suya esta manifestación, fueron fieles a la independencia taurina y esta dio pie a una libre y abierta expresión, que fue la que trascendió en México. Lo curioso es el afecto y admiración por Bernardo Gaviño, diestro de origen gaditano, aspectos que permitieron comprenderlo como un español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. En ese sentido, Gaviño fue consciente de aquel estado de cosas y apoyó a los diestros nacionales bajo peculiar dirección.

Así pues, y de regreso con lo ocurrido en la hermosa Zacatecas, dejemos que el “Reporter” nos ponga al tanto del festejo ocurrido hace ya 132 años.

“Ayer domingo 12 se verificó la segunda corrida de la temporada, tal como lo anunció la Empresa, lidiándose cinco bravos y hermosos toros de la Hacienda de Trujillo.

“El resultado de la función fue el siguiente:

Primer toro, meco (hoy castaño verdugo) de muchas arrobas, gran poder y de siete años de edad. Se prestó con brío a todas las suertes. Los picadores la pasaron muy mal. Jacas fuera de combate y muchos porrazos a jinetes y corceles. Carlos Sánchez bien en banderillas, Fontela en la suerte de muerte, un pinchazo y una estocada de meteisaca (sic) hasta los gavilanes.

Segundo toro. Salió flojo y volvió al chiquero.

Tercero. Negro, grande, de mucha edad, juego y bravura. Fue banderillado por Jesús Blanco con tres y medio pares. Carlos le dio muerte, largando un pinchazo y un meteisaca regular.

“El cuarto de igual color que el anterior, fue más grande que los otros y de doble juego. Tomó muchos puyazos, quedando herido en un muslo el picador Antonio Camacho. El otro picador, Agustín Oropeza, lo picó después, mereciendo por su arrojo que le regalaran el toro. Emeterio Garnica con gran trabajo le dejó cuatro pares de palos. Fontela bien en la suerte de matar; un pinchazo empuntando por el mollar del brazo (¿estocada pescuezera?) y una baja de meteisaca. Estando el ficho fuerte y receloso, el puntillero lo concluyó.

“El quinto de la tarde, salió ligero, de bonita estampa y de juego. Entró regular a la pica. Carlos Sánchez en banderillas a caballo hizo lo que pudo, pues el corcel era bastante brioso y no se prestaba para la suerte. Fontela lo mató con una estocada por todo lo alto que le valió nutridos aplausos.

“El sexto que cerró plaza fue josco (hoy albardado), grande y de libras. Hirió en la pierna derecha a un picador de reserva y fue banderillado pasaderamente. Carlos lo despachó largando un meteisaca.

“Resumen: Corrida en general buena; ganado bastante bueno. Caballos muertos once. Dos picadores heridos. Lleno completo. Para la próxima corrida el mismo ganado”.

Para los lectores de este blog, y en particular de los zacatecanos, la presente evocación reúne varias e interesantes particularidades que van desde el hecho de la lidia de toros que procedían de una hacienda ubicada en el propio estado, propiedad de don Diego de Ibarra varios siglos atrás, situada entre los límites de Zacatecas y Durango, y donde hubo año como el de 1586 en que llegaron a herrarse hasta ¡treinta y tres mil becerros!

Otro dato particular es que justo en esa época del año se desarrollaba la “temporada”, lo cual tiene significados especiales en función de procesos económicos donde el espectáculo taurino ha participado de diversas maneras, siendo esta una razón más que podría explicar dicho aspecto.

En cuanto a la lidia, se percibe la práctica de viejos procedimientos que iban de ponderar la suerte de varas, como un paso relevante durante la lidia. Del mismo modo, el recurso del “meteisaca” era común denominador, lo mismo practicado por Ponciano Díaz que por Carlos Sánchez, quien encabezaba esa “compañía de gladiadores”, como entonces se denominaba a las cuadrillas, y entre cuyos integrantes se encontraba el picador Agustín Oropeza, cuya “tarjeta de visita” ilustra las presentes notas.

Junto a Carlos Sánchez, alternó Andrés Fontela, otro de los diestros que se formaron bajo la sombra del “torero con bigotes”, pero que fincaron esa especie de feudos que mantenían férreamente, con objeto de no verse desplazados por otras compañías de toreros que buscaban contratarse, pero que resultaban una amenaza para quienes ya se sabían seguros, por lo que se comprueba que fue en diversas partes del país donde ese síntoma “feudal” fue una constante, hasta que el dominio impuesto por Ponciano Díaz primero, terminó por derribar aquellos propósitos. Más tarde los propios toreros españoles harían su parte en la consolidación del proceso de “reconquista” que ya había adelantado párrafos atrás.

También es posible apreciar el hecho de que Carlos Sánchez, en suerte muy común por entonces, también colocó banderillas desde el caballo, con lo que se entiende que Ponciano no detentaba tal circunstancia, aunque tuvo el privilegio de ser el que mejor la practicaba (y no es hacer menos a Ignacio Gadea. Tampoco al propio Bernardo Gaviño, Lino Zamora o Pedro Nolasco Acosta que también hicieron lo mismo). El hecho es que gracias a una notable evidencia iconográfica, el de Atenco ganó popularidad y su “fama no desmereció”, según lo cantaban los versos por aquel entonces.

¿A qué arrojo se referirá el “reporter” para que Agustín Oropeza se hiciera acreedor al regalo de uno de los toros?

Evidentemente que por aquella época dicho “regalo” consistía en la concesión de la carne, de ahí que los beneficiados tuviesen una ganancia extra. Sin embargo, tanto Agustín, como su hermano Vicente se caracterizaban en una suerte peculiar. Esta consistía en el hecho de que si perdían el caballo por algún tumbo, entonces enfrentaban el toro a pie, tomándole por los pitones, con tal fuerza que terminaban derribándolos hábilmente. Esto les garantizaba carretadas de aplausos, la admiración del público y, evidentemente el generoso regalo con que Agustín se vio favorecido.

Como hemos visto, el toreo que se practicaba por entonces incluía un espíritu eminentemente nacionalista, así como notoria carga rural, y un toque de originalidad y fascinación.

¡Más no se podía pedir!

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OPINIÓN SOBRE EL TORO DE LIDIA EN 1888.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

 

Representación de un toro de Guanamé en 1888. Cromolitografía publicada en La Muleta, en 1888. Col. Julio Téllez.

    En 1887, hace 130 años cabales, fueron reanudadas las corridas de toros en el entonces Distrito Federal. 19 años y unos cuantos meses habían pasado desde que en 1867, un decreto firmado por los licenciados Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada un decreto que imponía la suspensión de los espectáculos taurinos en la capital del país. La causa, según conclusiones, a las que llego en mi tesis de maestría: “Cuando el curso de la fiesta de toros en México, fue alterado en 1867 por una prohibición. Sentido del espectáculo entre lo histórico, estético y social durante el siglo XIX”. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, División de Estudios de Posgrado, 1996. 228 p. Ils., retrs., facs, se debe al hecho de que la empresa de la plaza de toros del Paseo Nuevo, regenteada por el Sr. Jorge Arellano Arellano no estaba cumpliendo el pago de impuestos o gabelas, razón que demandaba la “Ley de dotación de fondos municipales”, misma que aludía al derecho que tenían los ayuntamientos para imponer contribuciones a los giros de pulques y carnes, para cobrar piso a los coches de los particulares y a los públicos para cobrar por dar permiso para que hagan diversiones públicas (de las cuales, la de toros resultó ser la más afectada).

Pues bien, y de nuevo con el curso de los acontecimientos en 1887, debo mencionar que entre otras cosas, comenzaron a circular diversas publicaciones periódicas más o menos estables, y con propósitos firmes con objeto de diseminar la cultura taurina que para entonces era escasa y se confundía con muchos aspectos que aún predominaban en el medio, debido a la enorme influencia que ejercieron dos personajes fundamentales: Bernardo Gaviño y Ponciano Díaz. Ambos, impulsaron un toreo mestizo e híbrido a la vez (a pie y a caballo), mezclado con extravagancias como las mojigangas, coleaderos, jineteo, e incluso hasta representaciones de fuegos de artificio, como final de cada espectáculo, lo cual debe haber sido una puesta en escena fascinante.

Entre aquel conjunto de impresos se encontraba La Muleta. Revista de Toros, cuyo responsable fue el entonces ingeniero Eduardo Noriega, mejor conocido en el medio como Trespicos. Justo en la edición del 19 de febrero de 1888, y en su número 25, el propio Noriega redactó unas notas a las cuales dio el título de “Los toros de lidia”.

Considerando sobre los últimos acontecimientos –en este 2017-, cuando se han presentado en la plaza de toros “México” los últimos cuatro encierros, en los que por sus características particulares destacó el de Piedras Negras, conviene volver la vista atrás para entender en qué medida el papel de los hacendados de aquellas épocas que hoy nos ocupan, sirvió para configurar o no el destino de la ganadería de bravo en nuestra república. Labor nada fácil, aunque en aquella época y bajo condiciones absolutamente distintas a las que privan en nuestros días, esos “hacendados que se hicieron ganaderos” se fueron acoplando al nuevo estado de cosas para definir aspectos que ya iban en consonancia con el propósito de conseguir un toro de lidia acorde a la tauromaquia que también estaba sentando sus reales por aquellos días.

Veamos la opinión de Noriega con objeto de interiorizarnos en el común denominador de los acontecimientos hace la friolera de 13 décadas.

LOS TOROS DE LIDIA.

“Después de mucho luchar, de sufrir los ataques continuados de una turba de aficionados de pega que precisamente por no saber lo que dicen es por lo que creen que tienen razón, vamos a demostrar, conforme a nuestras escasas facultades este principio:

“Siempre que en México no se despierte en los ganaderos la afición, las corridas de toros serán perfectamente deslucidas.

“En efecto el primer elemento para que una corrida de toros tenga todo el lucimiento de que es susceptible, se necesita que los toros que se lidien sean bravos y de poder.

“La bravura es el factor principal, sin ella no hay ni puede haber diversión posible.

“Este es un principio que no admite discusión, veamos ahora si en México se tienen los elementos necesarios para proveer de toros a las plazas.

“En la temporada que termina hoy se han lidiado toros de las ganaderías siguientes. Atenco, S. Diego, Santín, Cieneguilla y Guanamé.

“De estas ganaderías la mayor parte de los toros, han sido medianos; pero algunos han sido superiores. Estos muy castigados, no han vuelto la cara ni un momento y han llegado a la muerte con facultades, aquellos han sido el padrón de ignominia para el ganadero que ofrece bueyes en vez de toros de lidia.

“¿De lo expuesto puede deducirse aunque no hay toros de sangre? Creemos que no, y sí, que la poca afición y cuidado de los ganaderos los obliga a creer que cuantos toros hay en sus Haciendas son propios para la lidia.

“Si se escogieran con gran cuidado y afición, si viniera el descrédito sobre el ganadero que diera más ganado, si la autoridad obligara a los mismos ganaderos a que dieran toros y no bueyes, entonces, es verdad que no habría muchos toros; pero también no es que los pocos que hubiera serían de otra clase que los que hoy se lidian.

“Hemos querido que el público, es decir los buenos aficionados se persuadan de lo que hoy decimos con todas sus letras y antes lo hemos indicado en nuestras revistas, convencidos de que este y no otro es el remedio único para que pisen la arena de nuestros redondeles toros de lidia y no bueyes de carreta”.

Hasta aquí Eduardo Noriega.

Lo que debe agregarse es que por aquellos días habría de comenzar un proceso en el que contribuyó el contingente de toreros españoles que estuvo desde 1887 en adelante, entre cuyos integrantes hubo varios diestros que fueron intermediarios para la venta de algunos toros más que trajeron desde la península ibérica; con vistas a que sirviesen como pie de simiente entre las diversas haciendas mexicanas; y con ello encontrar, al paso de algunos años más, los resultados que eran de esperarse. Sin embargo, los cálculos fallaron. Las cruzas también, y no se definieron con claridad.

Por ejemplo, y esto sólo como un antecedente ocurrido en noviembre de 1884, los espadas José María Hernández El Toluqueño y Juan Jiménez Rebujina andaban haciendo ruido por Toluca. En la reseña, el “reporter” lo hace en estos términos:

   Las reses que se lidiaron en la plaza de Toluca fueron de la acreditada hacienda de Atenco, y al mentar esta ganadería, no se puede decir nada de elogios, porque la verdad, la cosa está probada con hechos muy grandes. Son toros de origen de raza navarra, de buena ley, listos, valientes y de mucha gracia y renombre en la República (…)

   Los toros que se jugaron en esta corrida, fueron como vulgarmente se dice, de rompe y rasga, es decir, que se prestaron con brío, ligereza y empuje a todas las suertes de los diestros. (El Arte de la Lidia, año I, Nº 4, del 7 de diciembre de 1884).

Por su parte José Julio Barbabosa, anota en “Orijen (sic) de la raza brava de Santín, y algunas cosas notables q.e ocurran en ella J(…) J(…) B(…). Santín Nbre 1º/(18)86”. 178 p. Ms., p. 7:

(era la (Antigua de Atenco), mezclada con S. Diego de los padres, y Atenco con Navarro (ví jugar este toro, p.a mi cualquier cosa) con Miura, Saltillo, Benjumea, Concha y Sierra y con toro de Ybarra, (feo pero buen torito), además, las cruzas de estos toros con vacas de S. Diego, por tanto no bajan de tener 12 clases diferentes de toros en el repetido Atenco, ¿cuál de tantas razas será la buena? (incluyendo, evidentemente lo “navarro”. Notas escritas en noviembre de 1886).

   De lo anterior, conviene recordar que aquel fue un periodo de “acierto y error” que definió el curso de la ganadería mexicana, obteniendo mejores resultados casi al finalizar el siglo XIX. Al comienzo del XX, las condiciones definitivamente eran más favorables y en buena medida, es porque ya se había consolidado el factor de profesionalismo en la crianza del toro de lidia, mismo que comenzó en 1887 mismo, obligado por esa reanudación de la que ya mencionaba sus aspectos fundamentales. Pero por encima de eso, el que iba a ser el ingreso de la tauromaquia por el sendero de la modernidad, la que se desplegó desde aquellos momentos y hasta nuestros días, en que ya evolucionada, ha trascendido a otros niveles que siguen adaptándose a los tiempos que corren.

Dígalo si no esta interesante imagen, en la que es se aprecia evolución en diversos aspectos que incluyen, no podía ser la excepción los elementos estéticos. Disponible en internet marzo 27, 2017 en:

https://desolysombra.com/2015/04/24/javier-conde-de-nuevo-en-mexico/

   Complicado asunto que si no se aprecia debidamente, perdemos de él sus elementos y razones principales, con lo que esta columna pretende contribuir para su mejor entendimiento.

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TESTIMONIOS DE JESÚS MARÍA BARBABOSA, ACERCA DE SANTÍN EN 1889.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

“El Garlopo” y probablemente la cabeza disecada de “Camelio”, lidiados en forma destacada en 1880 y 1889 respectivamente. Cortesía de Salvador Barbabosa.

   En 1894, El Puntillero. Semanario de toros, teatros y variedades convocó a diversos hacendados de entonces, para que contribuyeran con sus testimonios sobre las ganaderías de cartel que por aquella época proporcionaban toros para la fiesta que se desarrollada a finales del XIX. Uno de ellos fue el conocido Jesús María Barbabosa, propietario de Santín, célebre ya desde varias décadas atrás y que seguiría nutriendo de ganado por lo menos hasta 2014. Evidentemente esta hacienda ganadera, desde que posee dicho nombre, derivado del apellido que ostentaba el señor Pedro Santín allá por el siglo XVIII, es motivo de diversas etapas, mismas que parten desde su origen mismo, el que estuvo bajo la égida de quien fuera primer arzobispo en la entonces Nueva España. Me refiero a Fray Juan de Zumárraga quien desde 1536 declara poseer tierras en los rumbos del valle de Toluca, siendo las que en su momento se concentraron ya en el conocido territorio de Santín, motivo de esta colaboración.

Pues bien, el testimonio que conoceremos a continuación, es el resultado de una larga experiencia que acumuló Jesús María, por lo menos desde 1853, en que toma las riendas de diversas propiedades y hasta su muerte, ocurrida en 1892. Tuvo Jesús María la costumbre de dejar testimonio por escrito de diversas actividades, tanto al interior como al exterior de Santín, y cuyos datos hoy conocemos gracias a que se conservaron buena parte de aquellos informes, aunque otros se perdieran en un desagradable incendio.

Volviendo a la convocatoria de El Puntillero [en cuyos números 13 y 16 del 2 y 23 de septiembre de 1894, se publicaron dichas notas respectivamente], diré que no deja de ser interesante la forma de manejar el asunto que ocupó varias páginas de tan rara como poco conocida publicación que circulaba hace poco más de 120 años. Veamos.

GANADERÍAS DE CARTEL. SANTÍN.

“Hoy comenzamos a dar lugar en nuestras columnas a las contestaciones que tenemos en nuestro poder, procedentes de los propietarios de ganaderías de cartel, a los que en su oportunidad se dirigió el Centro “Pedro Romero” en solicitud de algunos datos que, si no forman historia completa, cosa difícil, si se tienen en cuenta las dificultades porque siempre ha atravesado la diversión y el tiempo en que estuvo en receso, forman, en cambio un conjunto interesante que servirá de base para dicha historia”.

Solo con objeto de aclarar dos detalles, y antes de continuar, valen la pena las siguientes notas.

Refiriéndose al Centro “Pedro Romero” lo hacen para identificar al que fue aquel cenáculo, grupo de aficionados taurinos que formaron dicha sociedad, y donde uno de sus más caros propósitos fue dar relevancia a los conceptos teóricos sobre la tauromaquia, tanto en lo técnico como en lo estético en una época que necesitaba estas consideraciones, con objeto de que se diseminaran entre la nueva afición que estaba gestándose justo en la época posterior en que la fiesta “estuvo en receso”, como quedó señalado en el párrafo anterior. Y es que el redactor de El Puntillero nos recuerda el hecho en el cual desde 1867 y hasta 1886 las corridas de toros estuvieron prohibidas en el Distrito Federal, con lo que tales festejos encontraron posibilidades de continuidad en plazas provincianas, incluso algunas de ellas “a un paso del Distrito Federal”, como fue el caso del Huisachal, por ejemplo.

“He aquí la que escribe el Sr. Jesús M. Barbabosa, propietario de la ganadería de Santín, primero en el orden de obsequiar bondadosamente nuestros deseos:

“Señor Secretario de la Sociedad Centro Taurino Pedro Romero.

   “El que suscribe tiene la honra de contestar la atenta circular de vd., que recibió el 8 del que rige, manifestándole, en primer lugar, su satisfacción por haberse instalado una asociación que, no duda el que habla, llevará a efecto al pie de la letra su programa circunscrito a proceder en todo y por todo con justicia, verdad e imparcialidad, y en segundo lugar, a decirle, respecto del primer dato que desea saber esa Sociedad, que la ganadería de Santín, propiedad del que habla, ha tenido su origen, a más de setenta años en la propia finca, del ganado de la propia casa, sin haberse traído para formarla reses de alguna otra parte.

“En cuanto al segundo dato que desea esa Sociedad, le manifiesto que siempre han jugado los toros de esta ganadería con divisa cuyos colores son el verde, blanco y encarnado, y que aunque antes de 1884 se acostumbraba poner el fierro que aparece al margen en la pierna izquierda, y el del año en que nacía cada res en la pierna derecha, desde el año mencionado solo se pone a cada macho el del año en que nace, en la pierna izquierda, y el que le corresponde en la ganadería en la pierna derecha.

“Por lo que mira al tercer dato que quiere esa Asociación, le manifiesto que los toros de la ganadería de que vengo hablando, han jugado por primera vez en la plaza de Toluca, en 1853, con una cuadrilla que presentó el espada Mariano (González) La Monja.

“Por último, respecto al cuarto dato que se pide: aun cuando el que suscribe podría citar varios hechos de muchos toros dignos de mencionarse, para excusar una difusión tal vez fastidiosa, solo hace mención de dos, justificados competentemente, porque no quiero que se me crea bajo mi palabra.

“Sea el primero el que tuvo lugar en Puebla el 28 de marzo de 1880, cuando se estrenó la plaza de San Francisco por la cuadrilla de Bernardo Gaviño, compuesta de 14 personas, en cuyo estreno se jugaron toros de Santín, y el primer toro que jugó llamado Garlopo, (aún lo conservo disecado) fue noble, valiente, de mucho empuje, jugó a satisfacción del público, mató siete caballos con solo nueve varas que recibió, no permitiéndose tomara más varas por la escasez de caballos. Lo expuesto consta en los anuncios y certificado extendido por la autoridad que presidió la corrida [el señor Ignacio Torres, juez de plaza en aquella ocasión], los que conservo en mi poder a disposición de cuantos quieran verlos.

“El segundo hecho es tan reciente que excuso hablar de él. Se trata del segundo toro que jugó en la plaza de Colón el 3 de marzo del corriente año, denominado “Camelio”, cuyo toro tenía en la pierna izquierda el número 84, año de su nacimiento, y en la derecha el número 15, que le correspondió en la ganadería. Tal toro fue jugado por la cuadrilla de Fernando Gómez “El Gallo” como primer espada, y por Carlos Borrego “Zocato” como segundo espada, quien mató dicho toro, cuya cabeza conservo disecada.

“Repito que como este hecho es tan reciente, al público que concurrió a la corrida, entre quienes estuvo alguna persona de las que forman esa Asociación, le consta de vista el juego de dicho toro, su nobleza, bravura, ley y demás pericias que tuvieron lugar. En consecuencia, pongo punto final a mi contestación, persuadido de que con lo expuesto he dado respuesta a los cuatro datos que se me piden, suplicando a vd., señor secretario [Carlos M. López “Carolus”], dé cuenta con la presente a la mencionada Sociedad, para que haga uso de ella como lo estime conveniente.

“Santín, noviembre 12 de 1889. Jesús M. Barbabosa”.

Como podrá apreciarse, se trata de un testimonio que nos da idea sobre el desarrollo que adquirió Santín, y cuyo prestigio se debió a que aquellos toros, denominados como “nacionales” o criollos, tuvieron una morfología característica. Eran de gran alzada, silletos (es decir cuando es notorio un hundimiento en el espinazo) una buena mayoría de ellos. Ostentaba cornamentas muy desarrolladas, y más que cornivueltos, en muchos se pueden apreciar testas alacranadas, de puntas astifinas, unos; astigordos otros tantos. Se puede entender que era común también el lidiarlos con edades que podrían haber superado los cinco años. En el caso de “El Garlopo” es posible que dicho ejemplar haya nacido entre 1874 y 1875, por lo que llegó a la plaza cumpliendo con 5 o 6 años. “Camelio” por su parte, “jugó de 4 años 9 meses 24 días de edad, era hermoso, tanto por su color como por su precioso corte…” según lo expresa José Julio Barbabosa en Origen de la raza brava de Santín…, 1886-1900, cuaderno manuscrito que por fortuna se conserva hasta nuestros días, y en el cual puede conocerse una buena parte de un conjunto de propósitos que se emprendieron al interior de la hacienda, con el objeto fundamental de consolidar la crianza de los toros “santineños”.

Con los años, los colores de la divisa cambiaron para quedar definitivamente en azul, blanco y rojo. Y entre los siguientes propietarios de tan emblemática ganadería, estuvieron al frente José Julio Barbabosa, Agustín Cruz Barbabosa y luego –entre los hijos de este último-, deben considerarse a tres de ellos: Carlos, Salvador y a doña Celia Cruz Barbabosa.

Quiero terminar las presentes notas refiriendo que las mismas provienen de “Historia sobre la raza brava de Santín”. 358 p. Ils., fots., facs., tablas, libro de mi autoría y que actualmente se encuentra inédito.

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“CASTILLOS” y “TORITOS”: REVELACIÓN DE UN RITUAL FRENTE AL PELIGRO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

Foto tomada de la cuenta de Twitter @eTultepec. 2017.

   Mientras los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) realizaron todo tipo de destrucción en el museo de Mosul, al punto de que con la reciente recuperación por parte de las fuerzas armadas iraquíes fue imposible apreciar siquiera la presencia monumental de dos toros alados asirios con cabeza humana, en San Pedro Tultepec, estado de México se percibe, luego de otras tragedias un profundo misterio que acaba de concretarse con las fiestas que, año tras año realizan en torno a la celebración de San Juan de Dios, santo patrono de los artesanos de la pirotecnia.

En diversos reportajes que se han divulgado en medios impresos y electrónicos, puede apreciarse el júbilo que los pobladores de dicho espacio mexiquense demuestran, luego de la quema de 500 “toritos”, y donde efectivamente la mayoría de aquellas figuras ostentaron la figura del toro.

¿De qué estarán hechos los habitantes de ese poblado, en el que nada más acercarse debe percibirse un aroma a pólvora?

¿Qué misteriosa razón los mueve a realizar tan arriesgadas labores que luego se materializan en una fiesta donde muchos de ellos cargan con el dolor de las tragedias recientes?

¿Por qué es el toro la figura central de esos rituales?

Volviendo a las imágenes, lo que puede verse es un proceso en el que al amparo de la noche, cuando deben estallar aquellas piezas, muchos de los participantes materialmente danzan, animados por bandas que rondan por las calles de dicha población (entusiasmo que posiblemente se encuentre impulsado por influjo de alguna bebida) y, como hipnotizados se unen en un baile colectivo que refleja la concentración de todos los componentes del dolor y la alegría, y donde el toro, el “torito” es una especie de pararrayos en el que se descargan esos sentimientos.

Una fiesta tan arraigada como la que sucede cada año, justo el 9 de marzo, ha merecido en esa comunidad el vivo reflejo no solo de concebir verdaderas piezas del arte efímero, sino la necesaria consumación de su presencia a través de la quema respectiva, en la que brotando fuego de sus entrañas, no solo produce la emoción que se desborda, sino el peligro inminente de que se generen accidentes donde la mayoría de estos se producen por quemaduras que se miden de acuerdo a las zonas de cuerpo que fueron expuestas a dicho riesgo. Y este año no fue la excepción, pues hubo poco más de 170 lesionados, quienes reflejados en la figura de un torero, se convierten en víctimas, pero también en héroes que deben cargar con la quemadura como el diestro con la cornada. Seguramente en los códigos que se escriben en el imaginario colectivo debe estar inscrita aquella consigna de que mientras mayor sea el riesgo al que se enfrentan, esto podría tener semejanza con la cicatriz que deje, al cabo del tiempo una herida por cuerno de toro.

Quienes rodean al “torito” lo provocan y lo esquivan con sus cuerpos. No hay capas ni muletas, solo es el empeño que se cumple al legitimar un anhelo de cercanía, aumentando el “riesgo” que queda marcado en la frontera que el fuego se encarga de establecer.

Tampoco es una especie de “pamplonada” nocturna, sino una ceremonia en que se cumplen quizá, los propósitos de una consigna, de un juramento que al culminar produce la recuperación de la calma, con la que el espíritu se siente liberado de aquella tensión.

Si a lo anterior pesa la ausencia de un ser querido o un amigo que hubiesen desaparecido con motivo de alguna conflagración, las dimensiones de aquel conjuro deben ser mayores y por ende muy elevado el deseo de liberación o limpieza de estigmas creados en torno a una tragedia. Eso para ellos, debe ser un imperativo.

San Pedro Tultepec, cuyo nombre es tan maravilloso como el mestizaje mismo, concentró y sigue concentrando ese peligroso quehacer de convivir con una materia que es de suyo peligrosa y obsesiva a la vez, de la que ya integrada en “castillos” o “toritos”, al serle aplicado el fuego, comienza en estos elementos un paso sincronizado de detonaciones, que van de una figura al movimiento mismo, pues sus artesanos han logrado concretar la experiencia del pasado para mantenerla en el presente, y siempre bajo el mismo nivel de peligro.

Recuerdo que allá por el siglo XIX, hubo un maestro que realizó verdaderas piezas cuyo esplendor quedó compartido en multitud de festejos taurinos, fundamentalmente en las plazas de toros de San Pablo y el Paseo Nuevo. Me refiero a Severiano Jiménez, quien incluso, fruto de su experiencia, escribió un manual de pirotecnia del que muy poco se sabe, pero que pasa por ser el instrumento teórico que debe haber servido en su momento para la correcta manipulación de materiales tan explosivos.

Es probable que quedara trazada una línea tan finamente marcada, en la que desde aquel entonces y hasta hoy, estén presentes otros maestros que no solo hicieron suyos esos principios, sino que los mejoraron o enriquecieron. A pesar de lo anterior, la amenaza de lo incendiario sigue tan presente que por eso es capaz de cobrarlo con la vida de seres humanos dedicados a tan peligrosa actividad.

A pesar de que esas labores están controladas. A pesar de todo aquello que ha significado eliminar una tradición con objeto de evitar más accidentes, pareciera como si nada de esto negara entre los habitantes de San Pedro Tultepec la posibilidad de mantener la antigua costumbre de los fuegos de artificio, cuya deslumbrante condición causa asombro, fascinación entre quienes presencian semejantes espectáculos, muchos de los cuales necesitan de la oscuridad para su mejor apreciación.

Y sin tener necesariamente contratos que cumplir (en lo taurino), pero sí otro tipo de razones que se amparan en lo profundo, sobre todo por parte de la religión católica, no faltan en las fiestas a santas y santos patrones el “castillo” y el “torito”, si el barrio o la población, aunque fundamentalmente sus “mayordomos” u organizadores, no tuviesen más dinero que para pagar “uno y uno”. Pero también existen aquellos otros sitios en los que al nivel de la fiesta, esta debe ir compensada con más de un “castillo” y eso sí, también varios “toritos”.

Castillo y toro, elementos cuya presencia puede remontarse al renacimiento mismo, donde el sentido de defensa podría quedar concentrado en estas figuras que, en términos de guerras o invasiones se levantaban o se utilizaban para defender algún territorio específico. Las altas tapias de castillos resguardados, el toro que en grandes manadas también se utilizaba como elemento de defensa, pasaron, como en el toreo a caballo de tener un principio bélico para tornarse estético (de acuerdo a lo que José Alameda planteó en su libro La pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo).

Todos estos supuestos, que provienen del fenómeno de la guerra, y superados sus propósitos, cambiaron para quedar convertidos en otro tipo de expresión, tan riesgosa como las batallas mismas. Perviven, por lo menos en la presencia del “castillo” y el “torito” (llevado al diminutivo más apropiado) para cumplir razones ahora ligadas con la religión. El culto a San Juan de Dios no ha sido la excepción, una de cuyas conmemoraciones también se celebra, de acuerdo a las “fiestas de tabla” el 15 de noviembre, y para lo cual, en el pasado novohispano también hay registro de participación con corridas de toros.

Eran los días en que, bajo el mandato del virrey don fray Payo Enríquez Afán de Rivera (entre 1673 y 1680), la canonización de San Juan de Dios se convirtió en unos de los acontecimientos de mayor aparato conocido por aquellos tiempos. Fueron célebres ciertas fiestas que por su dimensión y su boato, alcanzaron a ser consideradas por los cronistas, unos más célebres que otros para dejar sentadas auténticas relaciones de fiestas, documentos que por su naturaleza nos permite comprender, gracias al minucioso detalle, la forma en que ocurrieron no solo los festejos taurinos. También los de otro orden. Cómo vestían los caballeros, la disposición de la plaza y otras apreciaciones que poco a poco fueron definiendo el papel de las primeras expresiones periodísticas. Gregorio Martín de Guijo[1] primero y luego Antonio de Robles (entre 1648 y 1703), dejaron sentadas en el Diario de sucesos notables las bases de ese propósito, que más tarde continuarían Juan Ignacio María de Castorena y Ursúa así como Juan Francisco Sahagún de Arévalo [2] y hasta José de Gómez con su Diario curioso…(1722-1742, y 1789-1794 respectivamente).[3]

“Toritos” y “castillos”, reminiscencias virreinales donde el talento de artesanos pervive hasta nuestros días, nos han movido para quizá –en vano esfuerzo-, descifrar sus misterios.


[1] Gregorio Martín de Guijo: DIARIO. 1648-1664. Edición y prólogo de Manuel Romero de Terreros. México, Editorial Porrúa, S.A., 1953. 2 V. (Colección de escritores mexicanos, 64-65).

Antonio de Robles: DIARIO DE SUCESOS NOTABLES (1665-1703). Edición y prólogo de Antonio Castro Leal. México, Editorial Porrúa, S.A., 1946. 3 V. (Colección de escritores mexicanos, 30-32).

[2] Juan Ignacio María de Castorena y Ursúa y Juan Francisco Sahagún de Arévalo: Gacetas de México. 1722-1742. México, Secretaría de Educación Pública, 1950. 3 V. Ils., facs. (Testimonios mexicanos, Historiadores, 4-6).

[3] Diario curioso y cuaderno de las cosas memorables en México durante el gobierno de Revillagigedo (1789-1794). Versión paleográfica, introducción, notas y bibliografía por Ignacio González-Polo. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Biblioteca Nacional y Hemeroteca Nacional, 1986. 123 p. Facs., retrs., maps. (Serie: FUENTES).

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FESTEJOS TAURINOS CON PROPÓSITO DE BENEFICENCIA EN MÉXICO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Abundando en lo ya escrito por nuestro colega y amigo Horacio Reiba antes de ayer en este portal, puede decirse con absoluta certeza sobre la existencia de rica información acerca de este tipo de expresiones, donde a lo largo de los siglos ha quedado de manifiesto el apoyo que las corridas de toros han proporcionado en casos de apoyo para la beneficencia, mismo que se ha visto reflejado en acontecimientos que se suman a la solidaridad en casos donde ciertos sectores de la población fueron afectados por fenómenos naturales y que, en su condición vulnerable es preciso encontrar condiciones de nueva estabilidad.

En ese sentido, los datos de que dispongo para una investigación que ahora mismo se encuentra en proceso, y cuyo título es: “Sobre festejos taurinos con fines de beneficencia en México”, permiten afirmar que estos se remontan a los comienzos del siglo XVII, aunque es hasta la segunda mitad del XVIII en que sus intenciones se ven reflejadas en la documentación que hoy día se encuentra resguardada en varios archivos de nuestra ciudad y en buena parte de otros ubicados en el resto del país.

La historia de festejos taurinos benéficos en México, se remonta a tiempos virreinales. Los hubo en distintas expresiones. La obra pública resultó favorecida muchas veces, como también ocurrió con los ejércitos o la iglesia, teniendo para ello un ejemplo muy claro: el que ocurrió en San Luis Potosí en 1800, con motivo de la dedicación del Santuario guadalupano, y en el cual se dieron varias corridas de toros, en las que se dice participó Ignacio Allende, integrante del Regimiento de la Reina. Tales fiestas ocurrieron entre el 9 y el 12 de octubre de 1800. Los ha habido también con fines humanitarios, sobre todo cuando ocurrieron o han ocurrido desgracias naturales, como temblores, inundaciones y otras causas que mueven a las autoridades o a la sociedad a organizar corridas o festejos taurinos.

He aquí un ejemplo ocurrido hace 63 años cabales. Col. del autor.

   Pues bien, me permito compartir a continuación lo ocurrido con un festejo celebrado en 1839.

A finales del siglo XVII, el prefecto Juan Martínez de la Parra de la Congregación del Divino Salvador del Mundo y Buena Muerte -perteneciente a la Compañía de Jesús de la Orden de los Jesuitas-, protegió y mantuvo un hospital para mujeres dementes que adoptó el nombre de la Congregación benefactora, anteriormente esta comunidad de mujeres estaba bajo la protección del carpintero José Sáyago, apoyado por el Arzobispo Francisco de Aguiar y Seijas y estuvo situado por las calles hoy nombradas como Jesús María.

Hacia 1699, la Congregación del Divino Salvador adquirió en la entonces calle de la Canoa (hoy Donceles) un edificio grande pero ruinoso, con la intención de establecer el Hospital para Mujeres Dementes. Un año después fueron instaladas las asiladas a pesar de que las obras de construcción no habían terminado.

Durante los siglos XVIII y XIX, el Hospital del Divino Salvador siempre estuvo sujeto a una penuria de recursos y prestaba sus servicios a pesar de estar en un estado ruinoso. Durante su existencia experimentó diversas reparaciones y remodelaciones conforme avanzaban los conocimientos médicos de la época para mejorar la atención de las enfermas, hasta que dejó de funcionar en 1910, pues las pacientes fueron trasladadas al Manicomio General ubicado en la Ex – Hacienda de la Castañeda; para esas fechas el edificio estaba bastante deteriorado, debido a su uso como Cuartel del Segundo Regimiento de Caballería durante los años de la Revolución, razón por la cual, el Presidente Venustiano Carranza instruyó su demolición (rescatándose sólo un 20% del original) para edificar el actual, construido exprofeso cuyo propósito fue albergar las oficinas de la Beneficencia Pública.[1]

Fachada y detalle del escudo que identifica a este hospital. Véase: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:EX_HOSPITAL_DE_MUJERES_DEMENTES.JPG

Las anteriores son las notas introductorias precisas para contar con un contexto histórico básico en el que podemos conocer el desarrollo del Hospital de mujeres dementes. Avanzado el siglo XIX, seguramente hubo una serie de festejos con estos fines, originados con motivo de ayudar o auxiliar a ciertos particulares, colectivos, o instituciones que padecieron situaciones económicas limitadas. No habiendo otro buen pretexto que las funciones taurinas, incluso las teatrales, dichas instancias se acercaban con frecuencia a la autoridad para solicitar el generoso apoyo, hasta el punto de que se formalizaron festejos cuyos fondos resultaban favorables a quienes buscaban aquel aliento. Incluso tales beneficios llegaron a aplicarse directamente en la obra pública con lo que aquellos trabajos detenidos por falta de presupuesto, concluían felizmente gracias a la acción producida por los espectáculos públicos. Tal es el caso de lo ocurrido con el Hospital de mujeres dementes, que no pudiendo solventar diversos conflictos de orden económico, seguramente “conmovió” a la autoridad al grado de que fue posible organizar un festejo taurino, cuyo interesante cartel fue publicado en el

DIARIO DEL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA MEXICANA, D.F., del 9 de diciembre de 1839, p. 4:

PLAZA DE TOROS EN SAN PABLO. JUEVES 13 DE DICIEMBRE DE 1839.

Collage de la Arq. Viviana Archundia. Consulta en: http://viviana-archundia.blogspot.mx/2012/07/real-hospital-del-divino-salvador.html

Función extraordinaria a beneficio del hospital de mujeres dementes.

   La piedad de los mexicanos ha tenido su mano benéfica a los establecimientos del hospicio y casa de expósitos de esta capital, proporcionando recursos a favor de los infelices que en él se encuentran, ya por medio de suscripciones y ya dedicándoles espectáculos públicos, cuyos productos han contribuido eficazmente al logro de sus piadosos deseos. Mas su celo filantrópico, no ha fijado su atención a otro establecimiento igualmente benéfico a la humanidad, cual es el de mujeres dementes que existen en el hospital del Divino Salvador.

   Este sin duda reclama imperiosamente una mirada de compasión; porque aquellas desgraciadas están careciendo aún de los auxilios más precisos e indispensables por falta de recursos. Tan lastimosa situación que llegó a noticia de mi esposa, la compadeció en sumo grado, y desde luego formó el proyecto de auxiliarlas en cuanto le fuese posible, poniendo pues en práctica sus deseos y contando con la filantropía de sus paisanas a quienes las considera animadas de los mismos sentimientos, a vista de cuadro tan lastimoso y con la cooperación de todos los mexicanos, me pidió una función de toros a beneficio de este Hospital, no dudando que unas y otros contribuirán por su parte al mayor brillo de ella, y aumentando sus productos. Habiendo yo accedido a su petición, deseoso asimismo por mi parte de contribuir a tan loable objeto, no sólo por una vez cedí este día que por su solemnidad es uno de los que en la empresa saca algunas utilidades, sino que me propongo anualmente darlo a dicho beneficio, interin yo sea el propietario de la empresa, destinando sus productos al solo fin de vestir la desnudez de aquellas desgraciadas. Para que estos tengan todo el aumento necesario, he procurado ahorrar todos los gastos posibles, a cuyo efecto invité a las compañías y dependientes de la plaza, para que dejasen la parte que voluntariamente quisieran de sus sueldos, y éstos generosamente dejan la cuarta parte de ellos. Este ahorro, con lo que me prometo sacar de las lumbreras de sombra que he destinado a las autoridades y familias acomodadas de esta capital, a cuyas localidades no he querido señalar precio alguno, dejándolo arbitrario a la generosidad de éstas, y lo que produzca la entrada eventual, formarán sin duda una cantidad capaz de cubrir aquel fin que nos hemos propuesto, al mismo tiempo que patentizadas por este medio tan graves necesidades de aquel útil establecimiento, encontrarán sin duda otros protectores que las alivien enteramente. La función está distribuida del modo siguiente:

   Seis toros escogidos de la sobresaliente raza de la hacienda del Astillero, de los cuales uno será embolado para que jueguen los Figurones en burro, cuyo intermedio por ser de suma diversión a los concurrentes, se ha preferido a cualesquiera otra.

PRECIOS DE ENTRADAS

Lumbreras por entero                                          6 ps.

Entrada general en sombra                                0 6 rs.

Entrada general en sol                                         0 2 rs.

   Las lumbreras que queden, se expenderán en el estanquillo de la 1ª calle de Plateros, con 10 boletos, a 6 ps. El producto sobrante de esta función, la inversión que se dé a éste, y la lista de las autoridades y familias, con lo que cada uno haya contribuido por la lumbrera que se le señale, se publicará por los periódicos oportunamente.

   La función comenzará a las cuatro y media.

   Por cuanto se puede apreciar, dicho festejo debe haber obtenido los propósitos establecidos por sus organizadores. Vale la pena echar a volar nuestra imaginación para recrear lo sucedido allí hace 178 años.


[1] ARCHIVO HISTÓRICO DE LA SECRETARÍA DE SALUD. EDIFICIO DONCELES 39. [en línea], 2017, http://pliopencms05.salud.gob.mx:8080/archivo/ahssa/edificio [consulta: 7 de marzo de 2017]

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