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LAS PLAZAS DE TOROS Y OTROS USOS A TRAVÉS DEL TIEMPO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 

La Jornada, edición del 10 de julio de 1995.

   Comparto con ustedes un texto que escribí en 1995, el cual no ha perdido actualidad.

   Las plazas de toros no son escenarios exclusivos. Los domingos o días de corrida nos acercamos a disfrutar del espectáculo, mientras que esos otros días sin fiesta parecen abandonadas. Pero no, no es así. Resulta que las muchas lecturas que existen en torno a los toros nos revelan que en distintas épocas el escenario taurino se ha empleado como instalación para realizar funciones de ópera, peleas de box, conciertos de grupos musicales, cierres de campañas políticas. También, y en casos muy particulares como patíbulo, albergue o granero. Sin embargo, lo que vino a romper con todo posible aspecto de control fue algo que sucedió en la plaza de toros de Miramar, en Costa Rica.

   Habitantes de este país afectos a lo sobrenatural, convocaron al “Encuentro Mundial de Contactados Extraterrestres” ocurrido en los primeros días del mes de julio de 1995, donde uno de sus “guías” notificó que se presentaría un ovni para lo cual, supongo, la plaza de Miramar sería el sitio perfecto de aterrizaje. La foto que acompaña estos apuntes nos muestra el momento en que los “contactados” realizan uno de los ejercicios ceremoniales en un auténtico remolino humano.

   Cuando no hay un toro en la arena, las cosas que pueden suceder son de lo más diverso y extraordinario. Ahora recuerdo que hacia el siglo pasado (antepasado, corrijo), varios famosos aeronautas se elevaron a los cielos partiendo desde plazas como San Pablo o Paseo Nuevo. Eugenio Robertson, Benito León Acosta o Joaquín de la Cantolla y Rico son célebres por sus ascensiones. En 1869 la del Paseo Nuevo funcionó como instalación para dar cabida al circo de los señores Albisu y Buislay. Evocadoras deben haber sido las imágenes de sinfín de espectáculos de varia invención celebrados en plazas que sirvieron además, como escenario de torneos monumentales, entre fuegos de artificio y combates ficticios. Pero lo ocurrido en Costa Rica no tiene precedentes. Todo un caso.

   Ya que se hizo un recuento de lo fabuloso que puede ocurrir en las plazas de toros pero sin toros (o no necesariamente sin ellos), voy a permitirme recrear el pasado a partir de los testimonios que tengo al alcance.

   Son extraordinarias estas historias. Es como si de repente se sumara a este largo pasaje el curioso recuento de invenciones al puro y dramático estilo radiofónico de Orson Wells, o como lo dejó dicho en su novela 1984 George Orwell quien logró en esta obra una visión con interesante dosis de prospectiva. También es para nosotros un nuevo capítulo donde los viajeros extranjeros o las crónicas de hechos curiosos dan cabida a otro que es totalmente distinto y novedoso.

   Adolfo Theodore, que se llamó asimismo “físico” pudo haber sido el primer hombre que subiera en globo y viajara por los aires mexicanos, pero sus intentos se convirtieron en una auténtica “tomada de pelo”, a pesar de la fuerte carga de publicidad que hubo para promover sus arriesgadas maniobras. Este personaje anunciaba en 1833 que llegaba de Cuba para disponerse a ascender por los aires de la capital, pero pretextos de diversa índole no se lo permitieron. La plaza de san Pablo fue escenario al que acudieron miles de curiosos con el fin de presenciar la hazaña anunciada para el 1° de mayo. De la admiración se pasó a la decepción. Varias peticiones para armar el globo, aparatos y compra de ácidos le costaron al Sr. general D. Manuel Barrera a la sazón, empresario de la plaza-, pero inteligentemente manejado por el aeronauta rubio como habilitador, la suma de 8,376, 6 reales 6 granos que sirvieron para desinflar los deseos de multitudes pues, como nos dice Guillermo Prieto

La inflazón del globo no llegó a verificarse por más que se hicieron prodigios. Los empresarios dieron orden de que nadie saliese, lo que puso en familia a la concurrencia; pero después asomó su cara el fastidio, se hizo sentir el hambre, y el sitio fue atroz. El contrabando aprovechó la ocasión: valía a una naranja un peso, y un peso un cucurucho de almendras.

   Los pollos insolventes como yo, pasaron increíbles agonías.

   Por fin el globo no subió, la gente se retiró mohina y Adolfo Theodore, después de bien silbado y de arrojar sobre su globo cáscaras y basuras, tuvo que esconderse para no ser víctima de la ira del pueblo contra el volador.

   Con todo y el ridículo, un nuevo intento. La fecha, el 22 de mayo. Y como tal, nuevo fracaso y a la cárcel. Con el tiempo se descubrió que el tal Theodore era un bandido bastante fino que se encargó de timar con elegancia a quienes, por desgracia, se le ponían por delante. El típico farsante y embaucador que prometiendo lo “nunca antes visto o realizado”, huye sin dejar huella.

   En 1835 apareció otro francés, Eugenio Robertson quien salvó del desprestigio al empresario del coso, Sr. Manuel de la Barrera y logró ascender el 12 de febrero de aquel año. Me parece que Barrera además del aeronauta en cuestión necesitaba en aquellos momentos presentar novedades de todo tipo. Fue por ello que el 19 de abril siguiente presentó en la capital al hasta entonces poco conocido diestro español Bernardo Gaviño y Rueda quien, con el tiempo va a convertirse en una de las figuras más importantes del toreo en nuestro país, dada la jerarquía en la que se asentó por 50 años, al monopolizar de alguna forma el toreo como expresión que supo proyectar en diversas partes de la nación.

   Otros personajes, héroes momentáneos fueron Benito León Acosta, Mr. Wilson, Cantolla y Rico. Acosta ascendió desde San Pablo el 3 de abril de 1842, dedicando su hazaña al señor general Presidente Benemérito de la Patria, don Antonio López de Santa Anna. Después lo hizo otras tantas veces en Querétaro, Guanajuato y Pátzcuaro.

   Samuel Wilson, norteamericano hizo lo mismo en 1857, justo el 14 de junio desde la plaza Paseo Nuevo en su globo “Moctezuma”. Ese mismo año ascendió desde San Pablo D. Manuel M. de la Barrera y Valenzuela, ascensión que fue seguida de “una corrida de toros bajo la dirección del hábil tauromáquico Pablo Mendoza“.

   Y Joaquín de la Cantolla logró su gesta el 26 de julio de 1863 partiendo desde la plaza Paseo Nuevo. Alternó, por lo menos en cartel con Pablo Mendoza. Otra hazaña, ahora descenso de este personaje interesantísimo, ocurrió el 15 de enero de 1888 cuando se inaugura la plaza de toros de “Bucareli”, lidiando toros de Estancia Grande y Maravillas el gran torero mexicano Ponciano Díaz Salinas.

   Otro aspecto es el del circo. La plaza Paseo Nuevo sirvió el domingo 13 de junio de 1869 cuando ya no era plaza de toros, sino un simple escenario bajo el rigor de la prohibición impuesta desde 1867 con la Ley de Dotación de Fondos Municipales y hasta fines de 1886, como local para una gran función de circo. Se anunciaba como sigue:

Circo ecuestre, gimnástico, acrobático y aeronauta de los señores Albisu y Buislay con un programa variado e interesante: Gran sinfonía por la Banda; lucha de los gimnastas hermanos Buislay; parche, bola por Julio y Etienne; los hijos del aire por Montaño y niño Joaquín; los dos cómicos, Julio y Augusto y los juegos varios de Etienne y niño.

   El caso de la plaza de toros de Celaya, parece ser único. En distintos momentos sirve como granero a fines del siglo (ante)pasado. O como albergue durante la gran inundación de 1904. También como patíbulo, precisamente cuando el 16 de abril de 1915 el coronel Maximiliano Kloss mandó ejecutar a doscientos oficiales villistas en la propia plaza de toros, a causa de las batallas de Celaya y Trinidad. La modernidad se encargó de partir en dos al coso celayense para permitir el paso vehicular en nueva calle que atraviesa a la hoy conocida “ruina romana” de esta próspera ciudad del bajío mexicano. Aprovecharía la ocasión para mencionar que otra plaza como la de Atlixco, en Puebla, también fue escenario similar al que se prestó el de la plaza de Celaya. También, durante la Revolución fue arsenal, campamento, y paredón de fusilamiento. Justo en 1919 el General Fortino Ayaquica rindió sus tropas zapatistas quienes recibieron amnistía.

   Durante la prohibición que impuso el entonces presidente de la república, Venustiano Carranza (de 1916 a 1920) la plaza “El Toreo” sirvió como escenario a los más diversos espectáculos, tales como: peleas de box, funciones de ópera, conciertos. Por ejemplo en 1919 el entonces pugilista negro Jack Johnson se presentó en dos funciones de exhibición. En las representaciones operísticas fueron anunciados tenores de la talla de Hipólito Lázaro, Titta Ruffo, y desde luego el gran Enrico Caruso. Entre las voces femeninas aparecen las de Rosa Raisa o Gabriela Besanzoni. Asimismo se presentó el gran violonchelista Pablo Casals y la sin par Anna Pavlowa, figura de la danza que cautivó a un público totalmente ajeno al taurino. Desde luego, las funciones de la ópera CARMEN de G. Bizet el domingo 5 de octubre de 1919 fue célebre. En 1994 la plaza de toros “México” sirvió de escenario a una mala representación que se hizo de la misma obra del compositor francés.

   Desde luego las plazas han servido como lugar ideal para cierres de campañas políticas o congregación multitudinaria de eventos organizados por esos mismos partidos. Conciertos musicales de diversa índole también se han efectuado en muchas plazas, así como peleas de box en las que se disputan cetros de diversas categorías.

   Así también, el día 26 de octubre -pero de 1996- ocurrió un caso a mi parecer sin precedentes. La jerarquía católica convocó a un acto religioso con que celebraron los 50 años de sacerdocio de Karol Wotyla, quien desde hace años ocupa el rango más elevado: el de Su Santidad, el Papa Juan Pablo II.

   Todo ello sucedió en la plaza de toros “México” con la asistencia de unos 30 mil feligreses. Actos de esta magnitud no los registra la historia, de ahí su importancia.

   Sin embargo, he de recordar que el 3 de febrero de 1946, su Ilustrísima, el doctor don Luis María Martínez, Arzobispo de México ofició una misa en el ruedo de la plaza que se inauguró dos días después. Y al respecto dijo de esto el periodista Carlos León:

…vino con su hisopo y su agua bendita a espantar a los malos espíritus, para que este negocio no se lo llevara el diablo. Y después del recorrido por todo el ruedo, salpicando de agua santificada la barrera y pronunciando los exorcismos de ritual que ahuyentaran a los malos mengues, se volvió hacia los presentes y dijo: “Conste que yo di la primera vuelta al ruedo”.

   Luego, han venido otro tipo de ceremonias que en ciertos domingos -horas previas al inicio de la corrida- se celebran dichos rituales en el ruedo y otros tantos en la capilla del propio coso.

   El lunes 19 de agosto de 1996 se oficia una misa de cuerpo presente para elevar plegarias por la muerte del gran diestro Manolo Martínez que había fallecido días antes. Allí se reunió una multitud que se volcó para demostrar su dolor, pero también su idolatría por el torero recién desaparecido.

   Por tanto, el ruedo de una plaza de toros, sirve y ha servido para llevar a cabo otro tipo de actividades, independientemente del carácter que asume para la ceremonia tauromáquica en cuanto tal. La corrida encierra un contexto de rituales, siendo el más remoto el culto heliolátrico al sol, pero también aquellos otros relacionados con el holocausto, unido por esas raíces de idolatría que se encontraron desde la conquista misma donde el indígena proyecta su intensidad hecha sacrificio, en ese otro sacrificio también con abundantes testimonios materializados en el enfrentamiento belicoso y guerrero, con tendencia a lo estético que protagonizan en la arena el caballero en plaza y el toro, que resulta atravesado y herido de muerte, con la consiguiente presencia de la sangre aspecto este que da pie a la alianza de dos culturas hondamente arraigadas en su tradición secular de distinto origen, unidas en un hecho común.

   Quiero terminar con dos citas que por si solas dan el sello de cuanto encierra un pasaje de la corrida de toros para con el carácter religioso. Una es de Juan A. Ortega y Medina refiriéndose a Brantz Mayer, viajero norteamericano en nuestro país a mediados del siglo (ante)pasado:

(quien) estuvo a punto de apresar algo del significado trágico del espectáculo cuando lo vió como un contraste entre la vida y la muerte; un “sermón” y una “lección” que para él cobró cierta inteligibilidad cuando oyó al par que los aplausos del público las campanas de una iglesia próxima que llamaba a los fieles al cercano retiro de la religión, de paz y de catarsis espiritual.

   Y si hermosa resulta la cita, fascinante lo es aquella apreciación con la que Edmundo O’ Gorman se encarga de envolver este panorama:

Junto a las catedrales y sus misas, las plazas de toros y sus corridas. ¡Y luego nos sorprendemos que a España de este lado nos cueste tanto trabajo entrar por la senda del progreso y del liberalismo, del confort y de la seguridad! Muestra así España al entregarse de toda popularidad y sin reservas al culto de dos religiones de signo inverso, la de Dios y la de los matadores, el secreto más íntimo de su existencia, como quijotesco intento de realizar la síntesis de los dos abismos de la posibilidad humana: “el ser para la vida” y el “ser para la muerte”, y todo en el mismo domingo.

   Nuestro vistazo por distintas épocas y con algunos ejemplos de actividades taurinas y extrataurinas en el gran escenario de la ciudad de México da como resultado la visión que aquí termina, esperando hayan sido ofrecer los distintos conceptos que han enriquecido su vida, desde que el espectáculo taurino se incorporó como un latido más al ritmo de esta impresionante metrópoli.

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DOS AUTORES: CAYETANO DE CABRERA y QUINTERO, BERNARDINO SALVATIERRA y GARNICA, UNA CUENTA DE GASTOS Y LA “RELACIÓN” DE FIESTAS EN 1732. (SEGUNDA y ÚLTIMA PARTE).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    De 1732 existe una Relación en quintillas del Bachiller don Bernardino de Salvatierra, a propósito de las fiestas con las que se celebró en la capital de la Nueva España la noticia de la toma de la plaza de Orán, por las tropas españolas durante ese año. Desgraciadamente se encuentra perdida y no podemos imaginarnos su contenido, hoy tan valioso para este trabajo que se queda en el vacío no sólo por la referida relación, sino por otros muchos enfoques que, tarde o temprano se podrán exhumar. Incluso, José de Jesús Núñez y Domínguez, en su desesperación ha dicho: “por más diligencias que se han hecho no ha sido posible encontrar unos ejemplares de esta descripción”.[1]

En la misma obra del citado erudito, a la sazón, miembro de la Academia Mexicana de Historia, correspondiente de la española, cita otra relación de fiestas,[2] en la que queda consignado “con estilo gongorino que entonces privaba en la literatura”, la siguiente descripción:

1723

De plata, cristal y seda…

 

De plata, cristal y seda

todas las paredes viste

(. . . . . . . . . .)

En la plaza de los toros,

del sol fue el desquite,

dando con tantas hermosuras,

en cada deidad su efigie.

Para que si allá en los rayos

vencerle, no fue difícil,

lo sea aquí, cuando los Soles

en su espera multiplique.

(. . . . . . . . . .)

Era el gyro de la plaza

un ochavo, que al pulirle,

parece que hizo el cuidado,

que el arte se demasíe.

Pues en su círculo, el jaspe

pintó con tales perfiles

que no fue mucho que de él

la naturaleza fíe.

Ricos doseles y bellos

tafetanes carmesíes,

era el cóncavo hermoso

vistosísimos melindres.

De suerte, q`al ver, que en campo

encarnado, se convinen

también diamantes y estrellas,

azucenas y jazmines.

Sin duda corrido el campo

oy está en la plaza, dixe.

De veer que en su tierra, el cielo

viene a plantar sus Abriles.

(. . . . . . . . . .)

A tal influjo, en Passeo

la Regia Guardia consigue,

que del vulgo impertinente

el circo todo se limpie.

Diestros algunos zagales

quedan, solo a que examinen

la heroica verdad, que al hombre

la más cruel fiera se rinde.

(. . . . . . . . . .)

Unos con rejón en mano,

otros con la lanza en ristre,

aquellos que les enojen

y aquestos que les piquen.

Así quedó en siete tardes

para que mejor se lidien

cien Toros, que a ser vinieron

víctimas que sacrifiquen.

Tan célebre, que parece,

que el dictamen los elige

solo para que entretengan,

no para que perjudiquen.

Y con razón, pues no la hay

para que el tal bruto quite

vida, al que es en arriesgarla

con lo que a tal dueño sirve.

(. . . . . . . . . .)

Esta la demostración

fue, con que al Quinto PHELIPE

en su amor siempre constante

en su lealtad siempre firme,

México noble, a sus aras

vota, ofrece, postra y rinde

para que así en holocausto

su obediencia sacrifique.[3]

    Existe un dato que no ha sido posible localizar, pero se da como referencia consultada por algunos otros bibliófilos. Se trata de la Descripción segunda de las fiestas que celebró esta nobilísima ciudad de México, a la feliz restauración de la Plaza de Orán, en África, escrita en quintillas por el bachiller don Bernardino de Salvatierra y Garnica.[4]

Durante el siglo XVIII se siguió manteniendo una poesía erudita, basada en métodos inspiradores a partir de don Luis de Góngora (y no de sor Juana como se le ha atribuido, a pesar de su importantísima participación en las letras durante el siglo XVII). La poesía nacía y se alimentaba en las aulas; la cultivaban, en sus ocios, personas de prosapia universitaria y de bueno o mediado acomodo civil o eclesiástico. La circunstancia de inspiración fue entre otras, la de las entradas de los virreyes, conclusión de guerras, nacimientos de los herederos de la monarquía y otros motivos plausibles de mejor imbricación para lograr obras a propósito en donde pudiesen estar contenidos los sucesos de fiestas taurinas.

En la parte correspondiente al siglo XVIII, y en el año particular de 1732, se tenía por cierto que, la relación de fiestas que rememoraba el “buen suceso de la empresa contra los otomanos en la restauración de la plaza de Orán”, escrita en romance octosílabo, fue inspiración del bachiller don Bernardino de Salvatierra y Garnica. Sin embargo, menciona José de Jesús Núñez y Domínguez

   El señor (Nicolás) Rangel consigna que de esas célebres fiestas “hizo una relación en quintillas el Bachiller don Bernardino de Salvatierra” y que “por más diligencias que se han hecho no ha sido posible encontrar unos ejemplares de esta descripción”.[5]

   Sin embargo, en una nueva búsqueda emprendida en el catálogo de la Biblioteca Nacional, ha aparecido la siguiente ficha del Fondo Reservado:

Nº Sistema: 000555341.

Colección: Archivos y Manuscritos (BN-FR).

Clasificación: MS. 29

Clas. Local: MS.29.

Autor principal: Cabrera y Quintero, Cayetano de, 1698-1775.

Título: Borradores de Cabrera 4 [manuscrito].

Descripción: [1], 295 h. núm., [1]: il.; 22 cm.

Idioma: spa.

Nota: Título tomado del lomo Signaturas antiguas en la cubierta: 462 (en tinta negra), # 550 (en tinta roja). M.F.: Cto. S. Fpe. Neri.

Sellos en tinta: Biblioteca Nacional México. Departamento de Manuscritos Estampas e Iconografía.

Papel de trapo, con filigranas.

Reclamos en algunas hojas.

Deteriorado (Manchas).

Con: Comedia famosa y [palabras tachadas] nueva El Iris de Samalanca –Discursos christianos y politicos en el govierno de la monarchía de España en el reinado de Phelipe IV el Grande / por Antonio Hurtado de Mendoza –Lo que mucho vale mucho cuesta… –Horóscopo hispano en el nuebo [sic] reinado de n[uest]ro catholico monarcha Philipo V –Breve discurso sobre las fiebres en particular la que oi es tan fatal a los yndios con su verdadera curación –El muerde quedito– Viva copia de el magnánimo, sagrado machabeo Joan Hyrcano, el illustríssimo señor doctor d. Joan Antonio de Vizarron, y Eguiarreta… –El alva hermosa y fria… –Fiestas de gobierno que hizo Mex[i]co a la toma de Orán: quintillas –[Apuntes de aritmética] –Elementos geométricos. –Preludio geométrico para la inteligencia y práctica del thaumaturgo óptico, o, Prospectiva curiosa necesario –Preguntas varias de un discípulo al maestro Cortés, curiosas, y una parte provechosas –El arte maestra: discurso sobre la pintura que muestra el modo de perficionarla con varias invenciones y reglas practicas pertenecientes a esta materia –Forma del tablero– Tractado vnico para jugar con destresa el juego de damas llamado marro– Lances sueltos pa[ra] dar a escoger curiosos.

Resumen: Volumen misceláneo de obras atribuibles a Cayetano Cabrera y a otros autores, sobre teatro, geometría, filosofía, astrología, poesía, pintura, juegos de damas, etc.

Pues bien, varias cosas son de llamar la atención. Por un lado, el hecho de que la mencionada ficha refiera a obras de Cayetano de Cabrera y Quintero. Pero además, al hecho de que entre ese conjunto de trabajos, reunidos como “Borradores de Cabrera”, se incluyan las “Fiestas de gobierno que hizo México a la toma de Orán”, y que tales “Borradores” se encuentren escritos en quintillas, lo que nos haría presumir sobre el hecho de que no siendo Bernardino de Salvatierra y Garnica el autor, pero sí Cayetano de Cabrera y Quintero, esto confirma –en parte-, lo dicho por Nicolás Rangel. Se trata sí, de una relación o descripción de fiestas escrita en quintillas. Pero no es de Salvatierra y Garnica sino de Cabrera y Quintero. Será de mucha utilidad acceder a tal manuscrito para asegurar el presupuesto aquí planteado.

Sugiero consultar, de manera adjunta la siguiente ficha, que proviene del mismo Fondo Reservado:

Nº Sistema: 000360716.

Colección: Archivos y Manuscritos (BN-FR).

Clasificación: MS.10191

Clas. Local: MS.10191.

Título: Cuenta de toros en la celebridad de la restauración de Oran y Mazaelquibir [manuscrito].

Año: 1731-1734.

Descripción: [66] p. en 50 h. cosidas; 31 cm.

Nota: Ciudad de México.

34 hojas son de papel con sello real tercero de 1731-1732, y sello real de un cuarto de 1733-1734, de Felipe V.

Algunos ms. ológrafos del escribano real Pedro de Marchena.

Papel de trapo con marca de agua.

Deterioro y manchas en el papel.

ORLAS

Finaliza el año de 1732. Un hecho significativo fue dado a conocer el 18 de noviembre donde se

Hizo notoria, a voz de Pregonero, y con toda la solemnidad de Clarines, y Timbales la feliz Restauración a los Dominios Católicos de la Plaza de Orán, y Fortaleza de Mazalquivir, que á el aplauso de recobro tan dichoso se iluminase toda la Ciudad, sus contornos, y arrabales las noches de los días veinte y siete, veinte ocho, veinte y nueve y treinta, destinados para la Procesión, y funciones de iglesia.[6]

   Así lo informaba la Gazeta de México Nº 60 que cubrió las noticias “desde primero hasta fin de Noviembre de 1732”. Era el principio de un dilatado festejo que se extendió hasta el mes de diciembre siguiente.

Reinaba el Borbón Felipe V. a su vez, el alter ego novohispano era el XXXVII virrey, D. Juan de Acuña y Bejarano, Marqués de Casa-Fuerte, quien gobernó del 15 de octubre de 1722 al 17 de marzo de 1734, día en que murió.

Las primeras tres décadas que comprende el reinado de la casa de los borbones puede decirse que alcanza niveles importantes en cuanto a celebraciones de índole varia, misma que son recogidas por diversos cronistas, así como por aquella publicación periódica, la Gazeta de México (1722-1742), bajo la égida de Castorena y Ursúa así como de Sahagún de Arévalo Ladrón de Guevara, quien anunciaba en gaceta posterior a estos hechos lo siguiente:

D. JUAN FRANCISCO SAHAGÚN DE ARÉVALO LADRÓN DE GUEVARA, Presbítero, primer Historiador, y Cronistas General de la Insigne Ciudad de México, Reinos, y Provincias de Nueva España; suplica a los Señores Prelados Eclesiásticos, y Seculares de las Capitales le comuniquen las novedades que allí acaecieren dignas de la luz pública, para que en los meses futuros se participen á el público.[7]

   Ya en mi libro que, sobre el tema de la poesía en los toros en los siglos XVI al XXI, reúno para el siglo XVIII y muy en particular para su primer tercio abundantes datos que citaré en su momento.

Sin embargo, la importancia capital de esta investigación se sustenta en la reunión de tres importantes documentos que fijan su atención en las fiestas que, con el motivo de la “Restauración de la plaza de Orán” se celebraron en tres diferentes fechas: 27 al 30 de noviembre; 1º, 2, 3, 4, 10 y 11 de diciembre; así como entre los días 13 al 17 del mismo mes. Pero además, se tiene la oportunidad de disponer de la cuenta de gastos documento oficial expedido por la autoridad así como por los “Diputados de fiestas”, con lo que tenemos un panorama más que completo de aquella ocasión. Con alguna desilusión apuntaré que todavía hay un cuarto registro –esto sí sin paradero preciso-. Se trata de la Descripción segunda de las fiestas que celebró esta nobilísima ciudad de México, a la feliz restauración de la Plaza de Orán, en África, escrita en quintillas por el bachiller don Bernardino de Salvatierra y Garnica.[8]

Tales quintillas de Salvatierra y Garnica, es probable que sean sustituidas por otras, pero escritas por Cayetano de Cabrera y Quintero. Eso lo veremos cuando lleguemos a la parte de los descubrimientos.

Antes de entrar en materia de aparato crítico y erudito cabe la pena establecer una serie de elementos para explicar y explicarnos la suma de circunstancias con las que ocurrían aquellos festejos, el apoyo de unas autoridades enfrentadas ya al racionalismo ilustrado que si bien no fue el mismo bajo la égida de Carlos III o Carlos IV,[9] ya se dejaba notar por el sólo hecho del origen francés de los borbones, pero sobre todo por el testimonio que Nicolás Fernández de Moratín dará hacia 1730. el barroco aún es intenso y en medio de esa intensidad el protagonismo en los espectáculos sigue detentado por los nobles. El toreo a caballo gracias a ciertas reglas impresas, así como a normas escritas o no, estaba alcanzando una madurez sin precedentes, lo que permite contemplar no sólo su inusitado derrumbe sino la inmediata adaptación que tuvo que poner en práctica para no perder protagonismo. Será a partir del último tercio del siglo XVIII en que de primeros actores pasaron a lugares de tercer orden como resultado de la nueva composición en la que, los de a pie se convierten en la voz cantante de la tauromaquia considerada como moderna que patentizó tanto la “Noche fantástica, ideático divertimento, que demuestra el método de torear a pie”, escrito por: D. Eugenio García Baragaña, 1750; así como por La Tauromaquia o Arte de Torear. Obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados y toda clase de sujetos que gustan de toros. Por José Delgado “Pepe-Hillo”, 1796. Pero ambos, primeros grandes soportes del toreo tal y como lo entendemos evolucionado y todo, en nuestros días.

Pues bien, dada la naturaleza de estos tres documentos que considero inéditos y que se ocupan de un mismo hecho, pasemos a su revisión previo marco histórico.

La historia de los festejos durante el virreinato, así como fue motivo de exhaustivo seguimiento por parte de la autoridad, y esto se comprueba por los registros tanto de las Actas de Cabildo como de cuentas de gastos y otros, se sumaba al gran cúmulo de celebraciones que autoridades civiles, religiosas e incluso universitarias preparaban bajo el rigor establecido a partir de la dimensión del motivo y por los protocolos del caso. Así también existe toda una literatura que recogió en relaciones o descripciones de fiestas, nos dejan importantes testimonios de lo sucedido en la Nueva España, provincias y extramuros.

Fue así como dada a conocer la noticia el 18 de noviembre de 1732 que ya vimos, se echó a andar toda una pesada maquinaria burocrática a la que se unió la iglesia y configuraron en tiempo relativamente corto todos los elementos para celebrar “el buen suceso de la empresa contra los otomanos en la restauración de la plaza de Orán”.

Juan de Acuña, Marqués de Casa-Fuerte. 1722-1734.

   Bajo el gobierno del virrey Juan de Acuña, Marqués de Casa-Fuerte, ocurrieron los siguientes acontecimientos festivos, donde destaco los de carácter taurino:

Triumphal Pompa, que la… Ciudad de México, dispuso a la entrada del Exmo. Señor, Marqués de Cassa Fuerte… México: José Bernardo de Hogal, 1722.

LÓPEZ, Patricio Antonio. General aclamación de la lealtad mexicana; en la más solemne jura de… Luis Primero… México, 1724.

RAMÍREZ DEL CASTILLO, Pedro. Hércules coronado, justa académica, palestra ingeniosa… México: José Bernardo de Hogal, 1724.

RUIZ GUERRA Y MORALES, Cristóbal. Letras felizmente laureadas y laurel festivo de letras que con ocasión de la jura de nuestro amado rey Luis Fernando el primero, brotó a influjos, no a golpes de Minerva, en el celeste suelo de su Real y Pontificia Academia, Atenas de las Indias Septentrionales…Por (…), de la Orden de San Juan de Dios… México: José Bernardo de Hogal, 1724.

LEVANTO, Dionisio. El sol de el oriente, y de el occidente aplaudidos, en la solemne fiesta… por la coronación de… Luis Primero… México: Her. Vda. Francisco Rodríguez Lupercio, 1725.

VALLE Y GUZMÁN, Francisco del. Relación de las fiestas… con que la… Ciudad de Durango… celebró la Regia Proclamación de… Luis Primero… México: José Bernardo de Hogal, 1725.

AGUIRRE Y VILLAR, José de. Estatua de la Paz… México, 1727.

LÓPEZ, José. Solemne jura de la soberana reyna de la América María Santissima… México: José Bernardo de Hogal, 1727.

GUERRERO Y VILLANUEVA, Nicolás Gil. Canonización festiva de la cordera del cielo, la esclarecida virgen Santa Inés de Monte Policiano… México: Her. Vda. Francisco Rodríguez Lupercio, 1728.

LARRIMBE, José. Canonización festiva de la cordera del cielo, la esclarecida virgen Santa Inés de Monte Policiano… México: Her. Vda. Francisco Rodríguez Lupercio, 1728. En Sermones varios.

Relación de los desposorios de los príncipes… México: Imprenta Real del Supremo Gobierno, 1728.

XIMÉNEZ DE BONILLA, Joachin Ignacio, et. Al. El segundo quince de enero de la corte mexicana. Solemnes fiestas… a la canonizaci{on del mystico doctor san Juan de la Cruz… México: José Bernardo de Hogal, 1730.

CABRERA Y QUINTERO, Cayetano. Viva copia del magnánimo, sagrado machabeo Joan Hyrcano, el ilmo señor doctor don Joan Antonio de Vizarrón, y Eguiarreta… México: José Bernardo de Hogal, 1732.

MORENO Y CASTRO, Alonso Francisco. La Divina Generala de las armas españolas en Italia… en acción de gracias por la coronación del señor infante don Carlos rey de Nápoles… México: José Bernardo de Hogal, 1734.

El Carmelo regocijado y con él la Corte Imperial de México y otras ciudades del Reyno, con fiestas de Canonización sin segundas del Santo más aplaudido de Dios, y celebrado de los hombres, por más amante de la Nada, y más negado del Mundo, San Juan de la Cruz Carmelita descalzo, Coadjutor y compañero de su Madre Santa Teresa de Jesús en la Reformación del antiguo y Religioso Carmelo y Doctor Místico de la Católica Iglesia.

   Descríbelas como testigo de vista, modo histórico y con visos de Panegírico y Poético, por mandado de sus Prelados y en nombre de su muy Religioso convento de Carmelitas Descalzos de San Sebastián de México, uno y el menor de los hijos del nuevo Santo Canonizado Natural y Profeso de en Andalucía, este año de 1729, en que se comenzaron a celebrar en México el día 6 de Enero y prosiguieron los siguientes.[10]

Por otro lado, se ha hecho referencia de aquellos aspectos de gran envergadura. No olvidemos que, por lo menos en ese período de doce años ocurrió otro notable número de festejos, probablemente menores en cuanto al pretexto que los movía, pero sucedieron bajo el rigor de las fiestas “votivas”,[11] de “tabla”[12] o por la dedicación de algún convento o iglesia, las dispuestas por la Universidad o las que eran animadas por los gremios. Las impulsadas por la autoridad eran aquellas cuyos beneficios servían a la obra pública o civil.

Sin embargo, las que ocurrían al llamado de hechos externos cobraba fuerte significado pues generaban el movimiento de todas las estructuras, elevando el grado de importancia justo igual al equivalente de la razón de origen. Por eso, celebrar fiestas por razones como la recuperación de una plaza como la de Orán en las circunstancias del significado militar habido de por medio, representaba elevar el ánimo, engrandecer el espíritu no solo de la corona. También de la patria que equivalía a recuperar viejos principios de expansión, tal y como ocurrió a partir de 1492.

Ya para el día 23 de noviembre, el Señor Arzobispo hizo saber que se concedía

Indulgencia Plenaria a todos los Fieles de uno y otro sexo, que haciendo las diligencias acostumbradas, hiciesen Oración, y visitasen su Metropolitana, en los expresados días veinte y siete, veinte y ocho, veinte y nueve y treinta, y pidiesen a Dios por la Exaltación de su Santa Fé, prósperos sucesos de las Armas Católicas.[13]

   Pero entre los festejos que iban celebrándose o preparándose, se encontraba la ciudad con que el

Día 27, a el medio día, y a la tarde, luego que en la Metropolitana, se entonó el Te Deum, a el aplauso de la feliz Restauración de la Plaza de Orán, se repicó generalmente, a vuelta de Esquila, en todas las Iglesias, Capillas, Hermitas y Capiteles, así de dentro, como de los contornos y extramuros, y al mismo tiempo se fue ordenando la grave, devota y majestuosa Procesión, a que daba principio un número copiosísimo de Congregaciones, Cofradías, y Hermandades con sus Insignias, Estandartes y Guiones, a que se seguían los Terceros ordenes de San Agustín y San Francisco, e inmediatamente guardando las preferencias, según sus fundaciones) las Sagradas Comunidades, con Cruces. Ciriales y Ministros, luego la Cruz de la Santa Iglesia, y demás Parroquiales, y a su continuación el numeroso, y lucido Clero, a que se seguía el Venerable Cabildo con Capas blancas Plubiales, y bajo de rico Palio, el hombros de los Capellanes de Coro, la Preciosísima Imagen de Oro de N. Señora de la ASSUMPCION, Titulas de esta Santa Iglesia, de peso de sis mil novecientos y ochenta y quatro castellanos, después el Ilmo. Señor Arzobispo revestido de pontifical, y acompañado de sus Asistentes, y a lo último la Nobleza, Cabildo Secular, Oficiales de la Real Hacienda, Tribunal de Cuenta, y Señores de la Real Audiencia, que cerraban la dilatada, y ostentosa Procesión.

   La Santa iglesia por sus interiores, y exteriores, la cera del Empedradillo, Portales, Casas del Ayuntamiento, Plaza, Esquina de provincia, Calle del Relox, por donde transitó, y todas las restantes de esta Corte, se admiraron estos días, vistosa, rica, y galanamente adornadas de telas, tapizes, colgaduras, listadas flámulas, volantes gallardetes, airosas banderas, y erguidos pendones; pero es cierto, que la de los Plateros se llevó en esta, como en todas ocasiones, la mayor atención, pues parecen, que como nunca hizo ostentación de sus brillos en los muchos, que hacían, las preciosas halajas de diamantes, perlas, oro y plata, con que (a esmeros de la industria, y del arte) desde el pavimento a la cumbre, se percibía forrada; aumentándose tan nunca vistos lucimientos, las noches de estos días, en que (dejando a parte la general iluminación de todas las calles de la Ciudad) se vieron en esta, a expensas de la misma Platería, varias, y exquisitas Invenciones de fuegos artificiales, que reverberando en los nobles, y bruñidos metales, también alumbraban a el curioso concurso para ver, como a el vistoso adorno para poder lucir.

   El día siguiente 28, se continuaron estas celebridades en la misma Santa Iglesia Metropolitana, celebrando su Illma. en Ponficiales, y siendo el Orador el Dr. y Mró. D. Bartolomé Phelipe de Yta, y Parra, su Canónigo Magistral, a que asistió a su Exc., Real Audiencia, Tribunales, Ayuntamiento, Prelados, Nobleza, e innumerable concurso de todos estados, calidades, y esferas, que acudió de esta Ciudad, y de las Provincias, y Lugares comarcanos, para hallarse en tan Regia, insigne, y solemne función.[14]

   Como se puede apreciar, todas las autoridades, componentes y jerarquías intervenían en la articulación, al menos de dichas fiestas, lo que nos da una idea del grado de importancia que podían cobrar celebraciones del calibre aquí revisado.

 Esta información procede de mi trabajo inédito:

José Francisco Coello Ugalde: “Curiosidades Taurinas de Antaño exhumadas Hogaño y otras notas de nuestros días, N° 40. Fiestas de toros durante el gobierno de D. Juan de Acuña, Marqués de Casa-Fuerte. 1722-1734”. 84 p. Ils., fots., facs.


[1] José de Jesús Núñez y Domínguez: Historia y tauromaquia mexicanas. México, Ediciones Botas, 1944. 270 p., ils., fots., p. 28.

[2] Op. Cit., p. 25-30. SIETE CORRIDAS CON 100 TOROS EN EL SIGLO XVIII. Facsímil de la DESCRIPCIÓN POÉTICA / DE LAS / FIESTAS / CON QUE LA NOBILÍSIMA / CIUDAD DE MÉXICO / CELEBRÓ / EL BUEN SUCESSO / DE LA EMPRESSA / CONTRA LOS OTOMANOS / EN LA RESTAURACIÓN / DE LA PLAZA DE ORÁN / CON LICENCIA DE LOS SUPERIORES. / (Obra, al parecer del Bachiller don Bernardino de Salvatierra. N. del A.) /  En México por Joseph Bernardo de Hogal (en realidad el editor. N. del A.), / Ministro, e Impreffor del Real, y Apostólico Tribunal / de la Santa Cruzada en todo este Reino. Año de 1734.

[3] Ibidem., p. 28-30.

[4] Rangel: Historia del toreo…, op. cit., p. 129. Cfr. Coello Ugalde: Relaciones Taurinas…, op. Cit., p. 121.

[5] José de Jesús Núñez y Domínguez: Historia y tauromaquia mexicanas. México, Ediciones Botas, 1944. 270 p., ils., fots., p. 28.

[6] Juan Ignacio María de Castorena y Ursúa,  Juan Francisco Sahagún de Arévalo: GACETAS DE MÉXICO. CASTORENA y URSÚA (1722) – SAHAGÚN DE ARÉVALO (1728 a 1742). Introducción por Francisco González de Cossío. México, Secretaría de Educación Pública, 1950. 3 V. (Colección “Testimonios mexicanos”, 4-6). Vol. 2, p. 68.

[7] Op. Cit., p. 234. Gazeta de…Nº 86, desde principio, hasta fines de enero de 1735, p. 234.

[8] Nicolás Rangel: Historia del toreo en México. Época colonial (1529-1821). México, Imp. Manuel León Sánchez, 1924. 374 p. Ils., facs., fots., p. 129. Cfr. José Francisco Coello Ugalde: Relaciones taurinas en la Nueva España, provincias y extramuros. Las más curiosas e inéditas 1519-1835. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1988. 293 p. facs. (Separata del boletín, segunda época, 2)., p. 121.

[9] Fue hasta 1767 y 1768 en que se divulgan las primeras ordenanzas que se convierten en antecedente más que claro de los futuros reglamentos taurinos. Al menos, habría que agradecerles a los monarcas de esos años el hecho de que su iluminismo intervino en el nuevo orden de la lidia que hoy día sigue vigente.

[10] Artemio de Valle-Arizpe: Doña Leonor de Cáceres y Acevedo y Cosas tenedes. Madrid, Tipográfica Artística, 1922. 236 p. Ils., p. 140.

[11] En realidad se han tenido bastantes dificultades para dar con el paradero de tales fiestas, pero si como “votivas” se entienden a las fiestas expiatorias, de ofrecimiento o de dedicación, estamos frente a aquellas que, por su índole o carácter religioso, que las hubo, y muchas durante el virreinato, se celebraron constantemente, siendo su origen el milagro, y en México, el milagro principal que viene celebrándose es el de la aparición de la virgen de Guadalupe, aparte de los efectos “milagrosos” ofrecidos por un conjunto importante de imágenes que se utilizaron para paliar inundaciones, sequías, epidemias y otras calamidades. Ahí está el caso de la Señora de los Remedios, como uno de los casos más evidentes de “salvación”. De igual forma, el “Santo señor de Chalma”, era otra de las figuras centrales que resultaban importantes para atenuar estas contingencias naturales. Sin embargo, pocas son las relaciones de fiestas que se ocupan en atender el caso, y menos las que refieren concretamente la condición de “fiestas votivas”, de las cuales encontramos mencionada alguna de ellas en la larga lista levantada por José María de Cossío en su monumental enciclopedia LOS TOROS. TRATADO TÉCNICO E HISTÓRICO. Véase: José María de Cossío: Los toros. Tratado técnico e histórico. Madrid, Espasa-Calpe, S.A. 1974-1998. 12 v. Vol. 2: APÉNDICE I. RELACIONES DE FIESTAS, p. 560-578.

[12] Las fiestas de tabla (así también llamadas por estar consideradas en aquel impresionante contexto de celebraciones novohispanas), fueron aquellas que, incrustadas en el ámbito cotidiano y por costumbre, consideraron entre otras, a la fiesta barroca concepcionista como celebración política, religiosa y cultural en Nueva España que dogmatizaban su condición.

   Carla Isadora Zurián de la Fuente en su tesina: “Fiesta barroca mexicana y celebraciones públicas en el siglo XVII: La Inmaculada Concepción de Nuestra Señora”, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 1995, dice:

   “A los vínculos sociales que entretejen el trabajo y la fiesta, se añade el religioso preámbulo solemne; vínculo que re-liga al hombre, en la soledad y precariedad de su vida, con la ecclesia y lo divino. Aunque la fiesta no necesita de exordios políticos o teológicos para justificar su sentido lúdico y libertario, lo sagrado, en buena parte de los casos, estará presente en ella” (pág. 4).

Es interesante mencionar que durante el barroco surgieron formas artísticas y culturales que utilizaron el “pavor demoníaco” elevando el temor hacia los santos y el temor a Dios, pavor que se manifestó en forma de devoción, devoción reflejada en la grandiosidad de la fiesta pública. De ahí la celebración de obras teatrales con una fuerte carga religiosa pero también profana.

   El carácter religioso elevó templos, santuarios, iglesias y capillas en medio de un sentido celebratorio. Además toda su iconografía fue motivo en diferentes fechas y por diferentes motivos de manifestaciones donde la fiesta fue pretexto, magnificándolo con corridas de toros, peleas de gallos, mascaradas, representaciones de comedias -tanto en Palacio como en el patio del Hospital Real-, juegos como el palo encebado, la cucaña, los danzantes enmascarados, los fuegos de artificio, las carreras de caballos, las obras teatrales y muchas otras diversiones que desde fines del siglo XVI tuvieron espacios permanentes que enmarcaron la intrincada sociedad barroca novohispana.

[13] Castorena y Ursúa: Gazetas…, op. Cit., p. 68.

[14] Ibidem., p. 68-9.

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DE TOREROS MEXICANOS EN RUEDOS ESPAÑOLES.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

Jaime Bravo y Francisco Sánchez. ESTO. Edición del 20 de agosto de 1955, p. 8 y 9.

    Por estos días, han venido actuando con buena frecuencia, y en ruedos españoles, los hermanos José y Luis David Adame. De igual forma, acaban de triunfar también, dos novilleros, también mexicanos en plazas hispanas. Me refiero a Miguel Aguilar y Héctor Gutiérrez.

   No es frecuente este hecho, si para ello se puede entender lo difícil que es entrar en la batalla, precisamente cuando la campaña española está en su pico máximo. Hace ya muchos años, nuestros toreros han dado la cara del otro lado del mar, y entre las características particulares con que ha sucedido tal circunstancia, se encuentra la de aquellos carteles donde más de un espada nacional se interna en la confección de los mismos, dando a ello un particular sabor de competencia.

   Ya desde finales del siglo XVIII, Ramón de Rozas Hernández El Indiano torero mulato, oriundo de Veracruz, y con prestigio suficiente a cuestas, actúa en varias ocasiones en plazas españolas. Del mismo modo, el michoacano Jesús Villegas El Catrín, y hasta donde se tienen noticias, también se remonta a la “madre patria” a finales de la sexta década del siglo XIX. Villegas poseía una capacidad económica desahogada, similar a la que en su tiempo gozaba por España el diestro Rafael Pérez de Guzmán, otro torero de la aristocracia. Caso notorio es el de Ponciano Díaz, quien confirma su alternativa en Madrid, el 17 de octubre de 1889. Su presentación en ruedos españoles asciende a 9 tardes durante su estancia, que fue de julio a octubre de aquel año, que si me apuran y con él, podría darse el antecedente más remoto de actuación conjunta, pues en su cuadrilla llevaba tanto a Celso González como a Agustín Oropeza, con quienes alterna en más de un festejo cuya integración consistió en la representación de las suertes del toreo a la mexicana, y que entonces eran desconocidas en España.

   Es importante destacar que entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, muchos de los festejos que se celebraron no sólo en las plazas de la capital, sino también de provincia, estuvieron integrados por toreros españoles en su totalidad, lo que deja ver que en esos años ningún espada mexicano gozaba del prestigio suficiente para ser tomado en cuenta por las empresas, salvo casos aislados como los de Arcadio Ramírez Reverte mexicano (que nunca cruzó el “charco”) y un poco más adelante Vicente Segura.

   De 1908 en adelante, aparece en la escena a Rodolfo Gaona, quien años más tarde se vería acompañado de diestros como el propio Segura, Luis Freg y Juan Silveti.

   Pues bien, todo parece indicar, y aquí lo interesante en los siguientes datos, es que un primer cartel semejante como los que acaban de suceder en algunos ruedos españoles, ocurrió hace poco más de un siglo, y fue la tarde del 12 de julio de 1914, en la plaza de toros de Pamplona, donde alternaron Martín Vázquez, Rodolfo Gaona y Luis Freg, en la lidia de toros de Palha. En la misma jornada, sólo que en Madrid, toreaba Miguel Freg, hermano menor de Luis, quien repitió luego de una brillante actuación que consiguió el 5 de julio anterior en la misma plaza. Ese fatídico domingo 12, alternó con Pepe Valencia e Hipólito, con reses de Contreras. Su segundo lo alcanzó en la suerte suprema, infiriéndole una herida en la región infraofoidea, con rotura del extremo mastoideo, llegando hasta la apófisis delas vértebras cervicales, dejando al descubierto el paquete vásculo-nervioso del cuello, lo que significa que materialmente lo degolló. La cornada era mortal de necesidad y Miguel dejó de existir a los treinta y cinco minutos de haber entrado en la enfermería.

   El 19 de julio de 1914 y en Barcelona, Rodolfo Gaona y Luis Freg volvieron a encontrarse, y lo hicieron alternando con Vicente Pastor. Para el 23 de agosto siguiente, y en San Sebastián, hicieron el paseíllo Rafael Gómez El Gallo, Rodolfo Gaona y Luis Freg para vérselas con 6 de Miura.

   El 2 de mayo de 1915, el de León volvió a alternar con “Don Valor”, esto en Bilbao junto a Castor Jaureguibeitia Cocherito de Bilbao con toros de Urcola. Para el 10 de agosto, y en la plaza de Manzanares, con toros de García Lama, el cartel lo conformaron Rodolfo Gaona, Juan Belmonte y Luis Freg.

   Un dato sobresaliente, durante la amplia campaña que tuvo Luis Freg por España, es el hecho de que la tarde del 18 de junio de 1916, el valeroso diestro capitalino cede el toro Naranjero de Joaquín Pérez de la Concha a su compatriota Juan Silveti en la plaza de Barcelona, con lo que además, se materializa la ceremonia de alternativa, lo cual viene a convertirse en un dato extraordinario e histórico al mismo tiempo. Ambos toreros, volvieron a encontrarse el 11 de septiembre siguiente. Esto ocurrió en la plaza de toros de Oviedo, y al parecer en un mano a mano, donde estoquearon toros de Sánchez Rico.

   Al paso de los años la presencia mexicana se intensificaba en España. Para tener una idea clara sobre este asunto, me permito citar algunos párrafos del interesante trabajo que Humberto Ruiz Quiroz presentó en una conferencia allá por 1987. Para 1990, la misma se convirtió en publicación.[1]

   Ruiz Quiroz apunta que luego de la retirada de Gaona en 1925, emergió una interesante generación de toreros, entre los que se encontraban Fermín Espinosa Armillita, Paco Gorráez, Heriberto García, Carmelo Pérez, Alberto Balderas, Jesús Solórzano, David Liceaga, José González Carnicerito, Ricardo Torres, Luis Castro El Soldado, Lorenzo Garza…

   Mientras tanto, en España, los toreros mexicanos se van haciendo presentes, tanto en Madrid, como en las principales ferias provincianas. Especialmente Armillita va sumando fechas: 22 en el año de 1932; mientras (…) en 1933 ocupa el tercer lugar en el escalafón con 53 corridas, sólo superado por Domingo Ortega y Vicente Barrera; sube a 63 en el año de 1934, abajo sólo del de Borox y en el de 35 es el que más corridas torea, con 64 actuaciones, igual que Manolo Bienvenida.

   Lorenzo Garza toma su segunda alternativa en 1934, viene a México en el invierno, donde se consagra en febrero del 35 y ese año suma en España 43 corridas.

   Luis Castro El Soldado actúa 43 en novilladas en 1934 y en 29 corridas en 1935. Ricardo Torres suma 21 novilladas y 4 corridas en 1934, aunque sólo 7 corridas en 1935 y Carnicerito, 21 en 1934 y 23 el año siguiente.

   Entre los novilleros actúan Edmundo Zepeda, Eduardo Solórzano, El Indio, Julián Rodarte, El Vizcaíno, Silverio y otros muchos, que aumentarán en 1936.

   Este último año, nuestros toreros preparan intensa actividad en plazas españolas. Armillita que tiene muchos contratos firmados, espera sustituir en bastantes corridas a Vicente Barrera, que ha anunciado su retiro. Garza y El Soldado tienen las mejores perspectivas y también aprovecharán puestos que dejará vacante el valenciano recién retirado. Carnicerito, Ricardo Torres, Fermín Rivera y una multitud de novilleros deberán actuar también en las plazas hispanas.

   La reacción de los españoles, encabezados por Marcial Lalanda, presidente de la Sociedad de Matadores, y Valencia II, que ocupa otro puesto de importancia, fue impedir a toda costa la actuación de los mexicanos.[2]

   Allí comenzó en realidad la reacción que devino conflicto, mejor conocido como “Boicot del miedo” y que Juan Belmonte lo calificó así luego de varios y desagradables acontecimientos, uno de ellos quizá el más escandaloso, ocurrió el 15 de mayo, día de San Isidro, en la mismísima plaza de toros de la capital española, cuando Marcial Lalanda se negó a torear con Fermín Espinosa Armillita, y a la cárcel no sólo fue a dar Lalanda mismo. También Juan Espinosa Armilla que defendió a su hermano Fermín de semejante afrenta. Así que para el 28 de junio un numeroso contingente de toreros mexicanos se embarcaba con rumbo a nuestro país, mismo grupo que arribó al puerto de Veracruz el 18 de julio siguiente, misma fecha en la que comienza “la sangrienta guerra civil que duraría casi tres años”, como sigue apuntando Humberto Ruiz Quiroz.

   Y luego describe un interesante pasaje, que no pretendo omitir en estas notas:

   Los toreros españoles se salieron con la suya de echar de su país a nuestros toreros; pero nunca pensaron que éstos saldrían ganando, pues de no haber existido el boicot, los hispanos que hubieran logrado salir de la Península, hubieran invadido nuestras plazas, donde seguramente hubieran actuado sin restricciones.[3]

   El contexto histórico con el que Ruiz Quiroz permite acercarnos a un momento sumamente importante, sirve ahora para incluir los datos de otra célebre jornada, protagonizada por Lorenzo Garza y Luis Castro El Soldado, en Madrid.

   En la temporada 1934, Lorenzo renunció a la alternativa, pues sólo había toreado tres festejos “en lo que sobró de temporada”

y comienza su nueva etapa de novillero en Valencia. Torea en varias plazas, entre ellas Madrid; pero no logra la atención intensa de los aficionados hasta el 29 de julio, día en que alterna Cecilio Barral, pero además con su compatriota Luis Castro “el Soldado”, en la plaza de Madrid, entendiéndoselas con toros de Gamero Cívico. Tal fue la labor de uno y otro, que se organizan para los días 9 y 23 de agosto dos corridas, mano a mano los dos novilleros mexicanos, que llenas la plaza de público. No pudo éste sentirse defraudado, pues cada uno en su manera, y los dos en la del valor, hicieron alardes temerarios y llegaron a apasionar a la afición. El 5 de septiembre vuelve Garza a tomar o renovar su alternativa. Lo hace en Aranjuez, de manos de Juan Belmonte y con toros de don Ángel Sánchez, de Salamanca.[4]

   Es el propio José María de Cossío quien detalla, en el caso del perfil biográfico de Luis Castro, lo ocurrido la célebre jornada del 19 de julio de 1934:

Al matar, así como los restantes de Gamero Cívico, el primero Cecilio Barral, fue cogido, quedando fuera de combate por aquella tarde. Quedaron solos los dos mexicanos y se entabló entre ellos tal emulación que el público, primero absorto y después entusiasmado, no cesaba de ovacionarles con entusiasmo. El Soldado lanceó con enorme variedad con el capoteo, banderilleó estupendamente, hizo unas magistrales faenas de muleta, y al matar, prescindiendo de la muleta, que tiraba a un lado, utilizaba el pañuelo para vaciar al toro en la suprema suerte. Sobre todo en su primero, en que la estocada quedó perfecta en lo alto del morrillo, muriendo el toro rápidamente, las vueltas al ruedo, y tuvo que saludar muchas veces desde los medios, varias de estas con Garza, que también toreó con gran fortuna. De aquí surgió una competencia entre ambos muchachos, y la organización de varias novilladas, ya acompañados de otro matador, ya solos, en que los billetes se acababan en la taquilla tan pronto como ésta se abría, con la suerte para los aficionados madrileños que en en ninguna de ellas defraudaron su interés.[5]

   Pasados los años, y reanudadas las relaciones taurinas entre México y España, el intercambio y la presencia de toreros de una y otra nacionalidad en plazas de aquí y de allá fue una constante, acompañada como siempre, de ciertas y constantes desavenencias.

   Para concluir, otro dato interesante. Corre el año 1955. Actuaban por aquel entonces en España Joselito Huerta, Miguel Ángel El Güero García, Antonio del Olivar, Jaime Bravo, Francisco Sánchez y Carlos Cruz Portugal. El 14 de agosto, comparecieron en “Las Ventas”, Jaime Bravo y Francisco Sánchez, quienes alternaron con Miguel Campos, lidiando una auténtica bueyada de Ignacio Sánchez y Sánchez y uno de Flores Albarrán. A pesar de ese aspecto en contra, Bravo y Sánchez se hicieron ovacionar con fuerza. Los detalles de uno y otro están rubricados por las imágenes fotográficas que hoy abren estas notas, mismas que dejan apreciar las razones por las cuales tuvieron el privilegio de torear en el primer ruedo hispano, mostrando así su “tarjeta de presentación”.


[1] Humberto Ruiz Quiroz: “Cincuentenario de la Independencia Taurina Mexicana”. México, Biblíófilos Taurinos de México, A.C., 1990. 15 p. Ils., fots. (Lecturas Taurinas, 2).

[2] Op. Cit., p. 4-5.

[3] Ibidem., p. 6.

[4] José María de Cossío: Los toros. Tratado técnico e histórico. Madrid, Espasa-Calpe, S.A. 1974-1997. 12 v., Vol. 3, p. 351.

[5] Op. Cit., p. 184.

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D. CAYETANO DE CABRERA y QUINTERO y D. BERNARDINO SALVATIERRA GARNICA EN 1732.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 DOS AUTORES: CAYETANO DE CABRERA y QUINTERO, BERNARDINO SALVATIERRA y GARNICA, UNA CUENTA DE GASTOS Y LA “RELACIÓN” DE FIESTAS EN 1732.

 I

   Cayetano Javier de Cabrera y Quintero (1698-1775) es el autor a considerar en el presente estudio. A decir de Eguiara y Eguren en su Biblioteca Mexicana, dice de Cabrera y Quintero:

Mexicano de origen y de nacionalidad, habiendo sembrado hondamente los fundamentos a favor de las letras más amenas [Humanidades y Retórica]. Adscrito entre los cultivadores de la Teología y, tenido entre los primeros, adquirió también el grado de la misma facultad.

   Muere en el convento de los padres hospitalarios betlehemitas de la ciudad de México.[1]

   Su obra es muy extensa, puesto que se registran hasta 162 diferentes trabajos.[2] En esta ocasión, nos aproximamos al HIMENEO CELEBRADO,[3] cuyo contenido arroja importante cantidad de elementos poéticos.

1723

 HIMENEO CELEBRADO

 

APLAUSO QUARTO

 

Levantase en los brazos de sí mismo,

a desahogarse en la Región del viento,

(recelando quizá, su corpulencia

plan deleznable, y sólido cimiento

hundan en el Abismo)

el Mexicano; Augusto, Real Palacio;

bien que su incontinencia,

a innoble Plan, tenaz cimiento unido,

con lapidosos Grillos cauto prende,

e igual, por tanto espacio,

cuanto, tres veces, de Arco recogido,

con ímpetu no tardo

recorrer puede desprendido Dardo,

su Fábrica prolonga, y la desprende;

tal es su Arquitectura,

en el follaje tal, y en la estructura,

con que el Pórtico, y Frontis numeroso

Crespa Pilastras, Frisos, y Acroteras,

que si no (tanto pide su alta cumbre)

al cielo aspira, y llega, a ser Coloso;

luego que el Sol, con soñolienta lumbre,

su cumbre enciende, dora sus vidrieras,

tal claridad, tal esplendor recibe,

que es Palacio del Sol; pues en él vive.

Toda esta dilación, y más que encubre

la pluma, que camina, a suelta rienda,

al que viador la espía

distinta se descubre,

por la que el Frontis mira recta senda

mas cercano se ofrece, y los que antes

enmarañaba en copos la distancia

boreales caballeros, si vagantes,

descansada la vista recopila,

y su confusión hila,

cuando ve, que cada uno en el contorno

de la que huella estancia,

devana el viento con cuádruple torno.

Cuando ve, pues, en brutos generosos

que haciendo de los brazos box viviente,

sus crines peinan, y su crencha igualan,

largo tropel de aquellos, que oficiosos

de las vainas de Marte proveedores,

guarnición bruñen, hojas acicalan,

y arman en un instante,

rígida espada de tenaz diamante.

Los cuales, de la paz anunciadores,

blancas vistieron galas, que si copian

la pura tez de blancos alelíes,

su inocencia escarnecen,

cuando en grana se riegan, y se apropian

purpúreas fajas, listas carmesíes;

y campeando de leales,

orlado bandas; y vestido cintas

al cielo elevan, y a la luz ofrecen

el Real Escudo de las Armas Reales

buen anuncio (exclamó locuaz Amyntas,

que en lugar no patente, acaso estaba,

y, haciéndolos, misterios exploraba)

buen anuncio; que ya los que sañudos

ministros eran de campal pelea,

y, a quienes (menesteroso de su arte)

sanguinolentas galas daba Marte;

pacífica librea;

porque del todo no se vean desnudos

les viste en sus aplausos Himeneo.[4]

Mas se explicára, si seguir no viera

de estos las huellas, con igual arreo,

los dos Gremios de aquellos confundidos,

que, abejas racionales, conocidos,

cuando en ferviente obrador trabajan,

unos tratable labran blanca cera;

del panal, otros, que imitar persuaden

en blancas gotas el almíbar cuajan,

y a dulces frutas mas dulzura añaden;

diversos en su oficio; mas, dejadas

sus diarias vestiduras goteadas,

todos galanes, todos semejantes,

o en sus crespos penachos, si peinados,

o en los que visten cabos bien bordados,

que ajustan cuantos, les tejió vestidos,

la piel tratable de curados antes:

lucidos todos; pero más lucidos

cuando (como del sol las claras luces

con vaporosos truenos,

que arrojan disparados arcabuces,

cuando el sol luce, apagan)

procediendo en la noche más serenos

su opacidad estragan.

Con cuantas ardiendo hachas sin sosiego,

declaran en las manos,

del corazón el excesivo fuego.

Jóvenes dos nacer de su ceniza?

Pues así mucho joven, que en lo erguido,

por su Corona tanto fuego envuelve,

si en ceniza se llora confundido,

de su misma ceniza, a nacer vuelve

del Mexicano amor signo lucido,

en alados faroles, se resuelve,

y, yerto el sacrificio, que pregona,

queda de tanto incendio, por corona.

Tanto, por fin, que solo los que erguidos

gigantes, daban, al tonante espanto,

de la noche en tres cursos, repetidos,

joyas sin-cuenta dieron a su manto,

sin numerar aquellos, que lucidos;

aunque pigmeos daban entretanto,

si sonoras sonajas nunca quedas,

al carro de la luz doradas ruedas,

ni menos dar, a luz toros festivos,

que Armados burlan de alquitrán cubiertos;

pues como ya los esperaba vivos,

la atención no ocuparon toros muertos:

Tanto, digo, que Estenopos altivos,

que el fuego rigen, y en su vuelo inciertos

el aire infectan, cual tropel de avispas,

así clararon en rumor de chispas:

Qué es esto? (Genios) donde esta horizonte

raudales guarda de tan viva llama?

Represa, por ventura, al Acheronte,

y con bombas continuas le derrama?

Como no teme de infeliz Phaetonte,[5]

carro sea el artificio, que la inflama,

y ciudad que a la noche solemniza,

campo amanezca estéril de ceniza?

A que numen levanta diligente

el de las bodas Dios copiosa tea?

Tremebunda Tynacria acaso frente,

que Erebo amante, robador campea?

El tálamo se aplaude, que luciente

aun entre nubes, hecate platea,

y abrazada en sus llamas, mariposa

a la Eftygia deidad con bella esposa?

No os engañáis: ni la razón infama,

que sea la que admiráis pompa divina?

Pues sino Plutón, y Hecate,[6] se aclama

numen mayor, mas bella Proferpina:

Así les respondiera; mas me llama

el que a darles respuesta se encamina;

pues qué númenes son? De este contexto

cómico lo dirás, Aplauso sexto.

    El APLAUSO QUINTO no se registra en virtud de no presentar ninguna evidencia del tema en revisión.

 APLAUSO SEXTO

 Yace en el Real Palacio, culta sala,

brillante gabinete, si nocturno,

donde abrogaba la arte el impío cetro

de benéfica cirse

(si, como suele, galas al vestirse,

tablas altera cómico coturno)

al compás numeroso

del, que calzado pie, Mercurial ala,

(que pies tiene también canoro metro)

en músico rumor, Ícaro, bucla,

siéndole aguda, si vocal espuela.

Ya Júpiter ligero (como su-ave

alas vestido de volante pluma)

el Alcázar dejando de los cielos;

ya vistiendo en mares

la dorada hija de la blanca espuma:

Ya Venus exornando regia Delos

al gusto de Latona[7] peregrina,

ya a su antojo sirviendo los manjares:

Y ya la misma escena, que cansada

de haber corrido grave la jornada

a la jocosa meta le reclina;

donde entre otros histriones,

sincero Montañés; mas mesurado

añadiéndose dones

sin más caudal, que el de su voz alterna,

hizo diestro el papel del amo criado.

Ya por fin de tal fiesta el delicado

sainete alegre, baile placentero,

que, al, que cómica musa metro alterna,

de las más bellas formas adornado,

que ministro el Vertumno celebrado

del aplauso tercero,

coronó de la escena la ardua frente.

Bien, que poco antes superior corona

de sí misma logró, cuando luciente

(aunque a la sombra de frondosa palma)

dividió en dos planetas toda su alma,

la que estériles rayos de Luzina,

con luces fecundo fértil Latona.

Empresa, que al deseo,

del Augusto Himeneo

como nacida vino; no ya tanto;

porque a elogio de Nupcias no vulgares

las thedas deben ser los luminares

en la corona de Himeneo; cuanto;

porque en el cielo Hesperio,

cual Latona en el cóncavo hemisferio,

exploró, a Phebo, y admiró, a Diana,

con las que les vistió purpúrea grana,

monarcas en la espera más lucidos:

La nunca extinta púrpura vestidos

sus Príncipes lucir España admira,

y arder, mejor, que en fanal Phebeo,

salamandras en rayos de Himeneo.

Y, en fin; porque si al sol, que rayos gira

príncipe aplauden signos de su esfera;

al que España venera,

séptimo aplauso preparó benigno

con el undécimo, el segundo signo.

 

José Francisco Coello Ugalde: “Relaciones taurinas en la Nueva España, provincias y extramuros. Las más curiosas e inéditas, 1519-1835”. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1988. 293 p. Facs. (Separata del Boletín, 2ª época, 2).

 APLAUSO SÉPTIMO

 Peyne de rayos circular, Apolo,

del etéreo León araba el pelo,

cuando a aplauso de LUIS del alto Polo,

el Toro celestial bajaba al suelo:

En capaz Plaza se presume solo

festivo signo; pero Acuario anhelo

deshebrándose en lágrimas hilo, á hilo,

descubrió, a nuevo Aplauso, nuevo estilo.

Viértese proceloso, y tanto llueve,

que parece, que a la ánfora en que cave,

del Toro, que del Polo se conmueve

alguna punta fue torcida llave:

Entre espumosas olas Tauro leva

animada de Europa fuera nave,

a no saber en temporal violento

recogerle la Vela el escarmiento.

Zozobró, en fin, hasta que el Sol dorando

de la Virgen Celeste el rostro ciego,

y el estéril Septiembre la hoz vibrando

cortó de Acuario el deshebrado riego:

El sol poroso, con estilo blando

ondas chupó en arena; y luego, luego

con un rayo, que en reja se disfraza

abrió al sañudo toro seca plaza.

Donde de audaz Phaeton hermana verde

trenzada teje pública Alameda,

en cuadro regular, que el suelo muerde,

sube erguida la plaza, y presa queda:

Su cumbre el lince fatigado pierde,

su trabazón al más Teseo enreda,

pues era ya su seno mal distinto,

de recortados cedros Laberinto.

Ciudad portátil en Espera escasa

multiplicado, artífice vadea,

que a una Ciudad entera, que esta abraza

es bien, otra ciudad concavo sea:

Los suelos funda, los Palacios traza,

sobre Edificios quatro, cien quartea,

en cuyos seños, cuando se contrata,

cuanto entra en Gente, se liquida en Plata.

Jardinero el Pincel, a su fachada

húmedo fecundó tales Abriles,

que del Fovonio la aura delicada

mejor no matizára sus perfiles,

que mucho? Si a su fábrica trasada

de los ligeros pesos tantos miles,

cuantos en veinte y cuatro, a los afanes

del hierro labrador fueron imanes.

Industrioso gusano (vivo torno,

que en ramas enredado, en hebras queda)

verse permite el primoroso adorno,

cuando en lignea mansión telas enreda:

Escarseado taladra su contorno,

y en cuanto afan espuma, vierte e seda,

que en Embrión agradable de matices,

gallardetes tiñó, pintó tapices.

No de Pomona frescos miradores

labró mejor urbana agricultura,

jaspeando los tintes de sus flores

bóvedas de silvestre arquitectura:

No Iris del Prado, faja de colores,

arcos corvó a las naves, que figura,

ni por doceles suspendió, a sus salas,

de mariposas las pintadas alas:

Como, a la plaza fértil primavera

vistió en doceles vegetales aseo,

y en cavados remansos de madera,

sin riego fecundó florido Hybleo:

Vestida flores, mil cada Barrera,

nuevo pensil se cultivó, al recreo,

mariposas, su seno, Abril, sus naves,

iris sus arcos, sus banderas aves,

en este, pues, de gente, y de colores

mar proceloso, náufragos los ojos,

un Pharo admiran, cuyos resplandores,

llamas, nutrieron Gallardetes rojos:

Un castillo murado, a los rigores

de cuantos combatientes, sin enojos,

buitres quieren hacer de sus entrañas,

las que juegan al aire leves cañas.

Ya Sierpe de metal; pero ladina

convoca al juego, a la carrera llama;

bufa el Caballo, y por entrar, se empina,

el toro cruje, y por salirle, brama:

A objetos dos la vista peregrina,

para admirar cualquiera se derrama;

mas batída la puerta, en ella encuentra,

que antes que el toro salga, la escuadra entra,

doce africanas garzas (bien sus plumas

en el papel lo escriben de sus galas)

sobre Favonios doce, y sus espumas,

las marlotas esparcen de sus alas;

si no copetes de nevadas brumas,

penachos sus turbantes son de Palas,

eclíptica, a que dieron circulares

partidos astros, íntegros Lunares.

Fazeto[8] Atlante, Norte de sus huellas,

en lugar de compás sus plantas mueve,

y numerando el hado las estrellas,

feminea risa compra, con su nieve:

De un príncipe, a las tímidas querellas,

adulador mendaz; consuelos llueve;

y de su voz el Turco satisfecho

espera el triunfo recostado el lecho.

A apresar cuantas Garzas se congregan,

doce águilas le ofrecen españolas,

que sobre hijos del Zéfiro navegan,

de la fuente del sol purpúreas olas.

Alas a su carrera se desplegan

las crespas crines, las peinadas colas,

garras las lanzas, picos los aceros,

copetes, plumas, plumas los sombreros.

Corvas cuchillas, que el Favonio afila

cortan los cavos la áspera campaña:

tras ellos cada escuadra se deshila,

y voluble en la meta se enmaraña:

Circula el fuerte, y fimbria le perfila,

a su rotunda falda, tan extraña,

que le ciñe, si no viviente anillo,

animada muralla, a su castillo.

Tal del fuerte, que en orbes los quebranta,

se libra cada cual, que a su carrera,

ni fuera freno, pomo de Atalanta,[9]

ni de Euridice[10] el Aspid, grillo fuera:

Vuelven a entrar; mas en revuelta tanta

los obligó a salir el toro fuera;

pues tal está, a la puerta, que furioso,

con una llave quiere abril el coso.

Arco el patente coso, de sus cuerdas,

una flecha dispara con dos puntas,

a cuya extremidad, alas no lerdas,

sus cerdas dieron solas, o conjuntas:

Peina a la espada las plumosas cerdas

y en ella bien crespadas todas juntas

parece le estimulan, corva espuela,

según saeta el toro al blanco vuela.

Blanco amarillo, a la saeta ciega,

muchos Alcides son, a cuya tropa,

de aquel color, que al oro más se llega,

la opulencia vistió dorada ropa:

Al pungente rejón, el furor niega,

cual a las manos cándidas de Europa;

mas qué mucho? Si siente, que conjuntas,

contra él se vuelven sus agudas puntas.

Cuatro veces, de Atlante el rubio hermano,

o matutina, o vespertina estrella,

vé, que de toros el festín hispano

la Africana, menguante luna sella:

Sentido Tauro de su fin temprano

a otra semana dirigió la huella,

en que reconociéndole más bravo,

coronó sus Aplausos el octavo.

 

APLAUSO OCTAVO

 

Grana fina, la Aurora, que teñía

de su Memmon[11] la púrpura luciente,

ya siete veces penetrado había

la rota Claraboya del Oriente,

cuando de sus aplausos la armonía,

octavo la lealtad tan diligente,

que, subiendo a lo sumo su opulencia,

el Non plus ultra puso, a la cadencia.

Bate otra vez el coso, que propicio,

un Calidonio Toro, y tal, socorre,

que, apenas pisa el arenoso quicio,

cuando arrastrado por la arena, corre:

Corta de los incautos el bullicio,

las capas moja, al burlador recorre,

y en el mar espumoso de su boca,

al que más se le opuso, ya sufoca.

Hércules[12] valeroso, a su avenida,

un peñasco tenaz, inmoble copia;

implicase, a su testa humedecida,

y la taladra, con su punta propia:

El cuerno vierte, que truncó la herida,

y vertiera también la Corcupopia,

si en la roja inquietud de sus hervores,

fuere su sangre, púrpura de flores.

A enmendar el fracaso del primero,

otro, tal sale, que la puerta astilla;

su curso enfrena Alcides más ligero,

y ya enfrenando, su furor ensilla:

En él procede ufano Caballero,

y con manual espuela le acuchilla,

en el inquieto Toro tan seguro,

que es viva yedra de vagante muro.

Flota de nervios en un mar de gente,

(que tanta es la que a herillo se comide)

otro se embarca; pero en tropa ingente

remora racional su curso impide:

Cuélganse muchos de su armada frente;

aunque él, instable Barco, los despide,

y en su espada embarcada la más tropa,

para Europa camina, como Europa,

osado joven valida pujanza,

a la puerta del coso firme altera;

y bien librado tras robusta lanza,

unicornio de acero, el toro espera:

Sale veloz, y al bulto se abalanza;

pero interna la punta le tempera,

dándole, trascendente, a vivo toro

la que suele lanza, a muerto Moro.

Tened (oh viles) el errante acero,

el ímpetu voraz, el diestro lance;

que, en tan patentes riesgos, el primero

puede ser de la vida el postrer trance:

Mejor es, can membrudo, y can ligero,

al toro oprima, y la Liebre alcance;

pero los brutos, como el hombre, ciegos.

Los que faltaban, excitaron juegos.

cargados perros, de marfil aljabas

(sus bocas lo declaren colmilludas)

el toro siguen, marfileñas clavas,

que Hércules cazador descarga agudas:

La fiera alcanzan, y con íras bravas,

a las orejas cuélganse lanudas;

y como su pesón mordaces hienden,

animados zarcillos de ellas penden.

Esgrime el toro su bicorne luna,

y con la oreja el perro cae al suelo:

Ensartale; y tan alto lo importuna,

que a ser etéreo can, lo eleva al cielo:

Vuelve a caer: no halla oreja; mas se aduna

a la boca del toro tan anhelo,

que le hace, sin que el diente el cutis rompa,

negro elefante de postiza trompa.

Intervalo a este juego, diestra mano

varias liebres impele, cuerpos graves,

que haciendo, en la carrera, cielo el llano,

fatigan su región, terrestres aves:

Corre esta: vuela aquella: la otra, Alano

no alcanzarás, o Lelidas, si sabes,

que, para huir de las vivientes balas,

sus ariscas orejas le dan alas.

Colmilluda saeta de Diana,

vuela el enjunto Galgo tras la liebre:

Escarcea ella el campo, y hace ufana,

mucho ladrante arpón su vuelo quiebre:

Uno la apresa, y con ella afana;

porque el concurso la prisión celebre;

pero él, que explora el sitio de la nube,

ya llega (dice) ya a la cumbre sube.

Y es, que parto del bosque, erguido pino,

no con alas de cera, si de cebo,

fatigaba la espera al sol vecino

Icaro, sin temer rayos de Phebo:

ICARO, sí; pero también camino,

por donde remontando audaz mancebo,

si las esferas, ICARO, fatiga,

con su mismo calor, sol, le castiga.

Cebo más atractivo, que el que viste,

batida plata, en su corona cuaja:

No lo lamerá, Tántalo,[13] el que triste,

pesado sube; mas ligero baja:

No te encumbres, o ven que resiste,

el mismo afán, que por subir trabaja,

y amenaza también riesgo a la vida

(. . . . . . . . . .)[14]

CONTINUARÁ.

 


[1] Claudia Parodi. Cayetano Javier de Cabrera y Quintero. Obra dramática, teatro novohispano del siglo XVIII. Edición crítica, introducción y notas de (…). México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, 1976. XCV-256 p. (Nueva Biblioteca Mexicana, 42)., p. XIII-XIV.

[2] Op. Cit., p. LIV-XCIII.

[3] Biblioteca Nacional: 1379 / LAF (1723). Cabrera y Quintero, Cayetano de. HIMENEO CELEBRADO / FESTIVOS APLAUSOS, / CON QUE LA MUY NOBLE, E IMPE- / rial Ciudad de México, celebró el feliz contrato de / las Nupcias del Serenísimo Señor DON LUIS / FERNANDO, Príncipe de las Asturias, con la / Serenísima Señora Princesa de Orleans, &c. / DESCRIBÍALOS / El Br. Cayetano de Cabrera, y Quintero, / Y LOS DIRIGÍA / Al Cap. D. Joseph de Rivas Angulo, / Ensayador Mayor de todo el Reyno, Balanzario de la / Rl. Caja &c. Quien los consagra reverente / Al Exmo. Sr. D. BALTASAR / DE ZÚÑIGA GUZMÁN SOTO- / MAYOR, Y MENDOZA, / Marqués de Valero, de Ayamonte, y Alenquér, / Gentil-Hombre de la Cámara de su Majestad, de su / Consejo, y Junta de Guerra, Vi-Rey, Gobernador, / y Capitán General (que fue) de la Nueva España, / y Presidente de su Real Audiencia, Mayordomo / Mayor de la Serenísima Señora Princesa / de las Asturias, &c. / . . . / CON LICENCIA, EN MÉXICO: / En la Imprenta de Joseph Bernardo de Hogal: En el / Puente del Espíritu Santo. Año de 1723. 128 p.

[4] Garibay K.: Mitología griega…, op. cit., p. 141-2.

Curioso caso. Muy mencionado en la poesía griega y muy borroso. Hijo de Ares en alguna leyenda y de infortunado matrimonio, no feliz en alguna ocasión. Hermoso como nadie, pero mal visto en las bodas, que él preside. Es probablemente una pura personificación de la alegría de la noche inicial en las bodas.

[5] Garibay K.: Mitología griega…., ibidem., p. 105-106.

Faetone: hijo de Helio y Climene. Cuando supo quién era su padre, fue a pedirle que lo dejara guiar sus caballos desde el Oriente. Lo concedió Helio y el muchacho en su fogosa juventud, los lleva arrebatadamente y se encabritan produciendo en el mundo mil desastres. Claman todos a Zeus en demanda de remedio y Zeus lo mata con un rayo. Fue a caer en el Eridano y sus hermanas, que lo habían seguido contemplando desde la tierra, se convirtieron en árboles de ámbar que gotean lágrimas constantemente.

   Mito también primitivo y bien dramatizado por Ovidio.

[6] Ibid., p. 114.

Hecate: diosa telúrica, probablemente de origen prehelénico. Poco precisa en sus lineamientos e historia mítica. No aparece en los poemas homéricos y sí en Hesiodo. Hay quien discuta la autenticidad de este pasaje.

[7] Ib., p. 152.

Leto, latona, en forma romana: una de los Titanes, hija de Coeo y Febe. Famosa por sus hijos, Apolo y Artemis.

[8] Faceto: que quiere ser chistoso, pero no tiene gracia. Muchas comedias o mascaradas que se desarrollaron en el virreinato tenían la doble etiqueta de “a lo grave” o “a lo faceto”. Es decir, mascarada o comedia seria o cómica.

[9] Garibay K.: Mitología griega…., op. cit., p. 56.

Atalanta: hija de Iso y Climene. Era cazadora adversa al matrimonio. Hubo muchos que se enamoraron de ella. Meleagro, que le dio al fin un hijo, que es Partenopeo. Y en seguida, Melanio, su primo, llamado tambien Hipomenes. Para condescender con ellos ponía la condición de que le ganaran una carrera a pie, o bien en otra versión, que corriendo ella por delante pudieran atraparla. Si ella lo alcanzaba a su vez, lo mataba.

[10] Euridice: esposa de Orfeo.

[11] Garibay K.: Mitología griega…, ibidem., p. 159.

Memnon: rey mítico de Etiopía que entra en la leyenda griega.

   Vino a Troya a ayudar a Príamo que era tío suyo. Mató a Antíoco y fue herido por Aquiles, pero Zeus lo sanó y lo hizo inmortal.

[12] Hércules: semidios de la fuerza, hijo de Júpiter y de Alcmena.

[13] Garibay K.: Mitología…, ibid., p. 221.

Tántalo: leyendas confusas sobre este personaje mítico. Se le hace hijo de Pluto y Rea, o de Océano y Tetis. Otras versiones lo hacen hijo de Zeus.

   Amigo de Zeus, fue su comensal constante. Pero reveló los secretos del dios, y robó la ambrosía y el néctar para darlo a los mortales.

   Por estos y por otros delitos, fue penado con durísima pena.

[14] Coello Ugalde, José Francisco: Relaciones taurinas en la Nueva España, provincias y extramuros. Las más curiosas e inéditas, 1519-1835. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1988. 293 p. Facs. (Separata del Boletín, 2ª época, 2)., p. 85-101.

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FLORES LIBRÓ SERIO PERCANCE y OTROS DATOS HISTÓRICOS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Sergio Flores en el centro del drama. Fotografía: Martín Baez.

Consulta en internet, agosto 29, 2017 en: http://altoromexico.com/index.php?acc=galprod&id=5117

   La noche del 25 de agosto pasado, Sergio Flores, y en el sexto del festejo, de nombre “Huasteco”, se plantó de hinojos frente a la puerta de toriles con afanes de triunfo, a como diera lugar. El de Xajay salió al ruedo como una locomotora, y el joven tlaxcalteca se convertía en esos precisos momentos en carne de cañón, pues el toro se lo llevó por delante. Las escenas que pudieron captarse son escalofriantes, pues lo trajo entre los pitones, campaneándolo por aquí y por allá, como si fuese un guiñapo. Después de soltarlo, y dado el nivel de drama que se generó, todo apuntaba a una auténtica tragedia.

   Por fortuna, y ya superada la crisis, el parte médico, aunque dramático, tranquilizaba a quienes imaginaron lo peor. La oportuna intervención del Dr. Héctor Guerra Malacara, Jefe de los Servicios Médicos de la plaza “Fermín Rivera”, permitió que el espada pudiera superar aquel trance e incluso a 48 horas del percance, Sergio ya daba sus primeros pasos en el Hospital de Beneficencia Española, en la hermosa ciudad de San Luis Potosí.

   Afortunadamente el accidente ocurrió en una plaza de primera categoría. Imagínense ustedes lo que habría sucedido en plazas de segunda o tercera categoría, o en aquellas donde no se cuenta incluso con una enfermería y/o ambulancia.

   Este asunto nos lleva a recordar cierto informe que es un auténtico “garbanzo de a libra”. Allá por 1864, sólo que en Aguascalientes, el torero indígena Severiano Montes, sufrió una cornada en la axila derecha con lesión de la arteria de dicha región. Quien atendió aquel caso, del que salió librado el diestro aborigen, fue el mayor del ejército de intervención francés, el Dr. Jules Aronsshon. El caso, se publicó en la entonces reconocida Gaceta Médica de México, cuya versión aparece en francés. Lo notable del mismo, es que se trata de un “parte médico” en toda forma, lo que lo ubica como un antecedente clave para esta indispensable labor que hoy día siguen realizando los médicos de plaza.

   De igual forma, y en parecidas circunstancias, allá por los años 80 del siglo pasado, Antonio Lomelín también sufrió un percance, luego de intentar lancear con el capote y de rodillas, recibiendo una lesión por cuerno de toro en la axila derecha que le desnudó el brazo derecho, en lo que los doctores llaman “desguantamiento”. El recordado Xavier Campos Licastro, lo intervino como profesional que siempre fue.

   Estos datos, que comparto con ustedes, es el resultado de un trabajo de investigación, en el que el Médico Cirujano Ortopedista Raúl Aragón López y quien esto escribe, estamos realizando de un tiempo a esta fecha. Se trata de la “Historia de la cirugía taurina en México”, donde su solo propósito nos lleva a ubicar datos que se remontan desde el periodo virreinal y hasta nuestros días. En tal propósito, pretendemos dar una explicación sobre la manera en cómo ha evolucionado la cirugía, quienes han sido los médicos más eminentes que han participado en esta labor, historia de las plazas de toros, espacios en los que durante muchos años no existieron sitios destinados a una enfermería (aspecto que se logró en 1886 y 1895 respectivamente). Esto, debido a lo impuesto en sendos reglamentos taurinos, el que estuvo en vigor en la ciudad de Toluca, y luego en la ciudad de México, aunque existe un antecedente más. Se trata del ordenamiento que las autoridades dieron al asentista de la plaza de San Pablo, esto en 1845, para que “se provea de un botiquín y de los hilos vendajes que fueren necesarios para el auxilio de los heridos. Véase: Salvador García Bolio: “Asistencia médica. Plaza de toros de San Pablo. 1845”).

   El primer volumen abarcará desde 1526 y hasta 1946, año en que dejó de funcionar “El Toreo” de la Colonia Condesa. El segundo, va de 1946 a nuestros días. En ambos casos, pretendemos incluir los casos más notorios y documentados sobre cornadas, con objeto de someterlos al análisis riguroso que la ciencia y la historia exigen. La iconografía localizada nos ha sido muy valiosa para definir, desde su sola lectura, aspectos si no evidentes, sí los necesarios para entender cuán necesaria es su presencia en aspectos como la cinemática del trauma, por ejemplo.

   Entre la valiosa información que hemos recabado, se encuentra por ejemplo aquella destinada a conocer el desarrollo de una institución que hoy día sigue dando lustre. Me refiero a la “Sociedad Internacional de Cirugía Taurina”, la cual se fundó en noviembre 1974, bajo el propósito de exponer el tratamiento de heridas por cuerno de toro, y cierre primario de las mismas. Su impulsor, el ya citado Dr. Campos Licastro, revoluciona la terapéutica quirúrgica al cerrar las heridas por cuerno de toro, que antes quedaban abiertas y convertirlas de heridas traumáticas a heridas quirúrgicas, suturándolas; dejando drenajes de “pen rose por contra abertura”. Las actividades de difusión permitieron celebrar el primer Congreso Internacional de Cirugía Taurina en la CDMX.

   En marzo de 1971, se organizó el primer “Curso de Actualización en Traumatología Taurina”, auspiciado por la División de Estudios Superiores de la Facultad de Medicina de la U.N.A.M. Asistieron médicos de plaza de diferentes estados del país. Allí, se pudo comprobar que efectivamente faltaba mucho más por lograr en cuanto al mejoramiento de los Servicios Médicos de las Plazas, tanto en su aspecto físico, como en la estandarización de los procedimientos. (Datos tomados de la publicación “Sociedad Internacional de Cirugía Taurina”, 1990).

   En noviembre de 1974, se realizó el primer “Congreso Internacional de Cirugía Taurina” en la Unidad de Congresos del Centro Médico Nacional del Seguro Social, con la asistencia de profesionales de países como España, Venezuela, Perú, Colombia, Ecuador y evidentemente del país anfitrión: México. Allí quedó instituido el emblema que ahora la representa. Se trata de la imagen de la Virgen de Guadalupe, bordada en el capote de paseo, propiedad de Jaime Rangel, entonces Presidente de la Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos, misma que figura en el emblema, por haber sido el único adorno que su puso en el Salón de Juntas de aquel Congreso.

   Posteriormente se conformó el “Capítulo Mexicano” de dicha Sociedad, iniciando con las primeras “Jornadas Nacionales de Cirugía Taurina” en la ciudad de Aguascalientes allá por 1977. Con trabajos expuestos por los jefes de servicios médicos de las plazas de toros de la República Mexicana, se dio el natural intercambio de experiencias en el tratamiento médico-quirúrgico de las heridas por cuerno de toro, a que quedan expuestos quienes actúan en un ruedo, e incluso fuera de él.

   Desde el año 1944, en los Servicios Médicos del Departamento del Distrito Federal, el Dr. Xavier Campos Licastro recibía y atendía a numerosos novilleros, que por motivos económicos y estando completamente desprotegidos por las agrupaciones de toreros, requerían servicios de emergencia. En el Hospital de la “Cruz Verde”, también conocido como “Dr. Rubén Leñero”, eran internados y operados por el entonces estudiante de medicina. Esto le hizo comprender la necesidad de que los Cirujanos Taurinos de todo el mundo se agruparan en una Sociedad Científica, que quizá algún día pudieran extender su mano y vigilar en todos sus aspectos esas vidas, a las que las ilusiones propias de la juventud, llevaban hacia grandes desgracias, por la gravedad de sus lesiones y peor aún la falta de técnicas quirúrgicas adecuadas.

   En marzo de 1977, la Secretaría General de la Sociedad, logra salir a la luz el primer número de la Revista “Cirugía Taurina”, órgano oficial de la Sociedad Internacional de Cirugía Taurina, con la colaboración de todos los Capítulos que forman a la Sociedad.

   En mayo de 1979 el Dr. Xavier Campos Licastro, estando en Madrid, encarga a la célebre “sastre” de toreros, Isabel Navitidad, La Nati, la confección de un capote de paseo de color blanco, en el que –según las intenciones de Campos Licastro-, “aparecerán las rosas de los Congresos efectuados y en que deberán anexarse cada dos años, otra rosa, como aquellas del sueño que había tenido en Madrid y que fue secundado en Colombia, para que en Venezuela se le agregará la cuarta rosa de oro, la firma de los presidentes de los congresos y la bandera de los países organizadores”.

    También en mayo de 1979, nos sigue contando el recordado cirujano, “aprovechando la magnífica calidad de realización de escudos de armas del gran amigo de los Cirujanos Taurinos, Sr. José María Sotomayor, se le pidió elaborara el escudo de la Sociedad Internacional de Cirugía Taurina, en el que aparece, naturalmente el Capote de Paseo, blanco, con rosas y la imagen de la Virgen de Guadalupe, tal y como se hizo constar en los Estatutos de dicha Sociedad, fundada en 1974”. El escudo-emblema del Capítulo Mexicano de la Sociedad Internacional de Cirugía Taurina, obra del pintor John Fulton, lo conserva el Dr. Jorge Uribe Camacho, actual Presidente de esta organización.

   Finalmente mencionaré que hace unos días y en Tlaxcala, se celebraron las XXIX Jornadas Nacionales de Cirugía Taurina, en homenaje al Dr. Fausto Adolfo Baltazar Ibarra, bajo la presidencia del Dr. José Antonio Zamora Lomelí, donde hubo nutrida participación de especialistas, llevándose a cabo, entre otras actividades la aplicación del “Manual de atención pre-hospitalaria en pacientes politraumatizados”, dirigida por el Dr. Francisco Eduardo González Sánchez. Aprovecho para mencionar que el XXX Congreso de esta eminente sociedad, se efectuará en octubre del 2018 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

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MÁS SOBRE EL “ECLIPSE”…

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Así se observó el eclipse al norte de México. Fotografía tomada de internet.

   Hace dos días ocurrió aunque en forma parcial, un eclipse de sol, acontecimiento que evidentemente produjo una natural capacidad de asombro entre quienes lo observamos. Tal circunstancia, de inmediato me llevó a buscar entre las curiosidades algo relacionado con este hecho y lo taurino en el pasado… y encontré los siguientes datos que ahora comparto con ustedes.

   El Tiempo, del 7 de marzo de 1886, p. 1 nos recuerda algo sobre

EL ECLIPSE. CIUDAD DE MÉXICO, D.F. Una nube entrometida cubrió la tarde del viernes pasado (5 de marzo de 1886) el globo del sol, en los momentos en que principiaba a verse el fenómeno de su conjunción con la luna.

   Un momento pudo verse el eclipse, cuando ya llegaba a su máximum; pero fue de poca duración ocultándolo de nuevo la nube.

   En cambio, se veían agitarse en las azoteas y observatorios de esta capital, y por todos los rumbos, hasta en las más lejanas perspectivas, multitud de gentes armadas con anteojos y vidrios de colores.

   Un eclipse total de sol tuvo lugar a principio de este siglo, siendo visible en esta capital. La oscuridad fue total en los momentos mismos en que se lidiaban toros en la plaza de San Pablo. Las gentes estaban atemorizadas.

   Viéronse lucir las estrellas como si fuera de noche y los gallos entonaron un coro general en toda la capital, secundados por los ladridos de incontables perros.

   Pues bien, la primera gran duda que genera tal remembranza es dar con la fecha de aquel acontecimiento celestial. Todo parece indicar que el fenómeno sucedió la tarde del 21 de febrero de 1803, tal cual lo recuerdan las páginas de la Gaceta de México, publicadas el 11 de marzo siguiente.

   Ese 21 de febrero de 1803 fue lunes según lo revela un gran “calendario” cuya información va de 1821 al 2080, el cual me es muy útil. Así que, día lunes, hora en que llegó a “eclipsar enteramente”, 3 y 58 m. Y sigue el apunte: “Se demoró en la tiniebla dicho eclipse 4 minutos en cuyo tiempo se dejaron ver las estrellas de primera y segunda magnitud. Comenzó a observarse la emersión a las 4 y 2 m. quedando el Sol libre absolutamente de la sombra a las 5 y 4 minutos”.

   Por supuesto todo lo anterior ocurrió en dichas horas de la tarde, y aunque no tuvo las magnitudes del ocurrido el 23 de agosto de 1691 y que detalla Carlos de Sigüenza y Góngora, “Fue el nuestro de la mitad de aquel en el tiempo de la mayor obscuridad; pero fue esta tal, que quedaron las calles como antes de que amanezca, y en las casas fueron necesarias luces artificiales para distinguir los objetos y seguir sus maniobras”.

   Un nuevo y espectacular eclipse total de sol ocurrió hasta el 12 de febrero de 1831.

   Todos estos datos son importantes pues nos indican que el 21 de febrero de 1803, además del gran acontecimiento, hubo toros. En aquellos años primeros del siglo XIX era común la celebración de espectáculos entre semana, lo que no necesariamente indica que se ajustaran al día domingo, pues la organización de ciertas temporadas, sobre todo en apego a fechas religiosas, significaba armar un bloque de festejos que se daban de lunes a viernes, salvo casos específicos, como lo indica un “Aviso al Público” del 16 de diciembre de 1815 el cual señala:

   “Las corridas se celebrarán por las tardes, comenzando después del despejo, a las tres y media en los meses de Invierno, y a las cuatro en los de Primavera, excusándose las de las mañanas para que no tengan tanta distracción los Artesanos y demás, sino que aprovechándolas con afanar su trabajo, puedan lograr la diversión sin desatender los talleres, con cuyo objeto igualmente está dispuesto que sean los días de fiesta, a excepción de las festividades más solemnes, y Lunes de cada Semana, cuando no haya necesidad de mudar la tarde, o de aumentar otra en la Semana; en el concepto, de que las de días de fiestas se lidiarán Toros despuntados como en Jamaica, Plaza de D. Toribio y Palenque de Gallos, porque no están permitidos los puntales, y las tardes de días de trabajo serán puntales”.

   Lamentablemente no tengo más información que esta, la cual no necesariamente podría ser la que corresponda o coincida con los hechos del eclipse del mes de febrero de 1803. Sin embargo, el día en que ocurrió, así como por la hora del mismo; y ateniéndome a lo que el Reporter anotaba en El Tiempo, por ahora todo podría inclinarse a la confirmación del asunto.

   Alguna duda que queda de todo lo anterior es que en la propia nota de El Tiempo su autor refiere a la plaza de toros de San Pablo, que de hecho estaba en pie por entonces. Sin embargo, al localizar otro registro periodístico de la época, se puede entender que además de la de San Pablo, funcionaba la del Volador, plaza en la que se presentaban los espectáculos de mayor ostentación. Digo lo anterior, pues aquella fue una época en que se solían presentar grandes puestas en escena, y ello significaba ensayar en espacios previos, como vino a ocurrir también con la plazuela de los Pelos o la del Baratillo. Pero también con otra ubicada en el Paseo nombrado de Bucareli, de ahí que pueda suponerse que en el ensayo correspondiente al día 21 de febrero de 1803, previo al de los grandes festejos por ocurridos en el Volador también hayan ocurrido los hechos en que el eclipse se convirtió en telón de fondo. Veamos qué dice la Gaceta de México del 11 de marzo festejos, los más inmediatos al 12 de febrero:

Estando determinado por S.M. se celebre el ingreso al Gobierno de los Exmos. Señores Virreyes con corridas de Toros, se verificaron las correspondientes al que hoy con tanto acierto nos gobierna en los seis días de trabajo de la semana anterior a las Carnestolendas y en los dos últimos de ellas, no habiéndose verificado desgracia de consideración.

   A el efecto se construyó una hermosa Plaza en la nombrada del Volador de uniforme perspectiva, se eligieron Toreros y ganados de los más acreditados, y se hicieron en tiempo oportuno los ensayos acostumbrados en otra plaza hacia el Paseo nombrado de Bucareli.

   Total, ¿San Pablo, el Volador o el Paseo de Bucareli?

   Cosas veredes.

 

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UN 9 DE AGOSTO DE 1896, CARLOS LÓPEZ “EL MANCHADO” RECIBIÓ GRAVE CORNADA EN DURANGO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Carlos López “El Manchado”. Colección Carlos Cuesta Baquero.

La edición del 20 de agosto de 1896, El Siglo Diez y Nueve, p. 2, recordaba lo siguiente:

“Otra víctima de los toros.-El conocido banderillero Carlos López, conocido con el alias del Manchado, fue cogido por un toro en la plaza de Durango, y sufrió una tremenda herida, que solo sobrevivió dos días, falleciendo en la casa de Ponciano”.

   Por su parte La Patria, en la edición del 18 de septiembre de 1896, p. 2, informaba ya fuera de contexto que el 9 de agosto de 1896, se presentó en la plaza de toros de Durango la Cuadrilla de Ponciano Díaz. Como el diestro dejara vivos a los bichos que debió matar, el soberano lo apedreó, hiriéndole en la región frontal.

Y sigue la nota. “En la misma corrida fue cogido por un toro el banderillero Carlos López (a) El Manchado, entrándole el asta por la ingle izquierda, de cuya herida murió el desgraciado López cuatro días después”.

Fue costumbre por aquellos años que una noticia de tales dimensiones, se manejara de manera irresponsable, pues mientras algunos diarios informaban del deceso, otros le daban un sentido casi teatral. “Los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud”, frase que acuñó el conocido autor José Zorrilla, utilizada a lo que se ve a diestra y siniestra, con lo que puede entenderse que el personaje aquí revisado había salvado la vida.

Pero ¿quién fue Carlos López?

Los pocos datos que sobre él existen los proporciona Heriberto Lanfranchi en su imprescindible obra La fiesta brava en México y en España. 1519-1969, T. II, p. 660: Banderillero que nació en Orizaba, Ver., (aunque Carlos Cuesta Baquero indica que nació en la ciudad de México) y que de 1884 a 1896 estuvo en la cuadrilla de Ponciano Díaz. El 9 de agosto de 1896, en Durango, Dgo., sufrió mortal cornada en el pecho al clavar un par de banderillas. Durante dos meses estuvo entre la vida y la muerte, en increíble y prolongada agonía, hasta que falleció el 9 de octubre de dicho año.

De nuevo, apoyándome ahora en apuntes imprescindibles elaborados por Roque Solares Tacubac –anagrama de Carlos Cuesta Baquero-, este refiere que, el día de la tragedia (sucedió) “el percance al lidiarse un toro muy rápido y codicioso, que se “metía debajo”. Fue enganchado y sufrió tremenda cornada en la parte inferior del lado derecho del tórax –en el “hipocondrio-. El asta interesó el hígado, el diafragma, el pulmón. El lesionado fue operado hábilmente por el doctor Herrera, cirujano de justificada nombradía. A pesar de la buena operación, el resultado fue funesto transcurridas algunas horas”. Esta sola afirmación, pone en duda por tanto, la fecha del desenlace, pues Cuesta Baquero señala, que la muerte ocurrió “algunas horas” más tarde, y no como lo indican otras notas en las que habiendo sobrevivido, finalmente dejó de existir hasta el 9 de octubre… ¡Dos meses después!

Y termina apuntando Roque Solares Tacubac: “El sepelio tuvo bastante condolencia sin llegar a exageración. Era un torero forastero y por consiguiente sin arraigadas simpatías entre los duranguenses. Después, el olvido cayó sobre la tragedia”. (Véase La Lidia. revista gráfica taurina, año I, N° 7, del 8 de enero de 1943: “Cornadas mortales casi olvidadas”).

Fue hasta el 25 de octubre de ese mismo año que, en la plaza de toros “Bucareli”, se llevó a cabo un festejo a beneficio de los deudos. En esa ocasión, se presentó la viuda y su hijo, mismos que recogieron $600.00. Aquella tarde alternaron Joaquín Navarro Quinito y José Marrero Cheché, quienes despacharon toros de Tepeyahualco. “Se vio en esa corrida lo que nunca, ¡¡¡el toro en 6° lugar, picado después de banderilleado!!!

Otro percance que sufrió este personaje sucedió la tarde del 4 de septiembre de 1887 en la plaza de toros de Colón. Los toros eran de Jalpa y el cuarto, que portaba divisa caña y rojo, era negro zaino, de libras y cornalón; salió franco y voluntario. En el segundo tercio de la lidia tomó querencia en los medios por el lado del sol y comenzó a recelarse acudiendo al bulto; así lo encontró Ponciano Díaz, encargado de estoquearlo. Carlos López intentó llevarlo a los tercios tirándole un capotazo por los hijares, el toro abandonó un momento la querencia y arrancándose con celeridad alcanzó al diestro enganchándole de la banda por la parte posterior, y echándoselo a la cabeza, lo despidió a distancia, volviendo a recogerlo de la misma banda.

Afortunadamente la cogida no tuvo consecuencias. Tal registro lo he localizado en la revista de toros La Muleta, año I, N° 3, del 18 de septiembre de 1887.

Un intento más por describirlo es el que debe hacerse a partir de una “tarjeta de visita” que ha llegado hasta nuestros días, en la que Carlos López aparece de cuerpo entero, portando un traje de luces, precisamente como los que llevaban los integrantes de las cuadrillas que, para 1885 en adelante habían comenzado a “españolizarse”, lo cual significa que abandonaron vestimentas que semejaban adefesios. Las mangas de la casaquilla son un poco más cortas, y la taleguilla se encuentra un poco sobrada. En este caso, Carlos, de rasgos indígenas, va tocado de bigote, usanza que se impuso desde los tiempos de Lino Zamora y que Ponciano Díaz defendió a ultranza en una época en la que los mexicanos bigotones, se confrontaron con hispanos patilludos.

El apodo no es casual. Al mediar el siglo XIX, buena parte de los integrantes del ejército de Juan Álvarez se les conoció como los “pintos” (enfermedad de la piel) por lo tanto, Carlos López, que no habiendo nacido en Guerrero sino en Veracruz (o en la ciudad de México), pudo haber presentado un cuadro similar…

El capote de paseo, de amplios vuelos se lo colocó al estilo con que desfilaban las cuadrillas encabezadas por Luis Mazzantini, Diego Prieto o José Machío, lo cual es seña de que el porte con que se dejó retratar el “Manchado” muestra ese toque o detalle que mucho destaca la elegancia desplegada por buena parte de toreros del romanticismo hispano.

¿En qué gabinete fotográfico fue a hacerse ese retrato? Se desconoce, aunque pudo haber sido uno de menor categoría, justo en la época en que en la ciudad de México, quienes “cortaban el bacalao” en esos menesteres eran los hermanos Valleto. El telón de fondo no guarda ninguna relación con lo taurino, aunque sí con una escena rústica, donde algunos maderos a punto de caer, parecen representar la cerca de un espacio rural. No hay en Carlos López muestras de desparpajo, sino la afirmación de una figura tan mexicana la cual armoniza con los elementos que hicieron suyos quienes se dieron cuenta que el toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna era ya toda una realidad.

Evocadora imagen, de las pocas que hoy nos permiten conocer, con nombre y apellido a personajes que, no siendo necesariamente las figuras protagónicas, formaron parte del registro con el cual podemos identificar a uno más de los que integraron las huestes de aquella torería decimonónica, a “la mexicana” encabezada, en lo fundamental por Ponciano Díaz.

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