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UNA AUTÉNTICA CURIOSIDAD…

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El Monitor Republicano, en su edición del 10 de marzo de 1896, pág. 2, publicaba una interesante nota, como resultado del festejo que se había visto dos días atrás en la plaza de toros de “Bucareli”. Leamos:

TOROS EN BUCARELI.-Bajo la presidencia del Regidor Sr. Fernando Pimentel se verificó antes de ayer en la plaza de Bucareli, la corrida de toros anunciada a beneficio del espada español José Centeno.

   Se lidiaron toros de la ganadería de Parangueo y dieron muy buen juego, sobre todo el segundo y el quinto. Todos resultaron nobles, y duros con los de a caballo.

   El toro español “Burraquito” que sólo fue picado y banderillado, dio también buen juego, dejando varias sardinas fuera de combate.

   Los espadas Centeno y “Exijano” (sic), en sus quites oportunos estuvieron a gran altura y fueron muy aplaudidos; con el capote se lucieron, pero en la suerte suprema no estuvieron afortunados.

   De los banderilleros sobresalió Filomeno, especialmente en el par de poder a poder que puso al toro español.

   De los picadores, Arriero y Pimienta, se hicieron dignos de mención.

   La entrada estuvo buena en sombra y floja en sol.

   Poco antes de comenzar la corrida fue herido accidentalmente con una banderilla, en el muslo derecho, Arturo Bárcenas.

   Le atendieron a tiempo unos practicantes de medicina.

   Instalose en la Plaza con motor un Eiolosco (eidoloscopio sería el nombre correcto. N. del A.), aparato que sacó por segundo 46 vistas del público, las cuales de tamaño natural y con sus movimientos serán exhibidas en los telones de los teatros.

   Hasta aquí con la nota.

   Ahora bien, vale la pena “vestir” y documentar estos apuntes. Tengo por aquí el cartel anunciador del festejo:

CARTEL_08.03.1896_BUCARELI_J. CENTENO_TOROS

Colección del autor.

De ese anaquel he encontrado también el volumen de El Toreo Ilustrado, en cuyo número del 9 de marzo de 1896, p. 8 aparece otra crónica, quizá más a detalle, pero sin mencionar lo del famoso asunto del Eiolosco:

EL TOREO ILUSTRADO_09.03.1896_p. 8

Ustedes disculparán la rotura importante que tiene este ejemplar… pero es que también para estos días casi es el único sobreviviente que nos queda de aquella época. Pero al margen de este detalle, lo que podemos apreciar es la forma en que “Fierabrás” que no es otro que José del Rivero que fue previo a la etapa del empresario un atinado crítico y “revistero”, y quien desde esa tribuna, lanzó duros proyectiles a todos aquellos que no comulgaran con el toreo de a pie, a la usanza española y en versión moderna. Justo cuando el “poncianismo” estaba dando sus últimas “boqueadas”.

   En cuanto al Eiolosco, se debió referir el “reporter” de El Monitor Republicano a uno de los tantos nombres de ciertos equipos que el cinematógrafo estaba haciendo realidad, luego de las primeras exhibiciones en la ciudad de México, esto por allá de 1895. Así que había equipos denominados mutoscopio, kinetoscopio o kinetófono, el fantascopio, vitascopio, y que contribuyeron a la exhibición de las “vistas animadas” que por aquel entonces era una novedad, causando gran capacidad de asombro entre los asistentes a las primeras funciones que se dieron en la ciudad de México.

   Desconozco el resultado que habrá tenido aquel “experimento”, pero el hecho es que el registro se convirtió en uno de los primeros intentos en los que el cinematógrafo pasó al interior de una plaza de toros. Con mayor certeza, hay datos que confirman la filmación y exhibición que los señores Currich y Maulinié obtuvieron luego de acudir a la plaza de toros del “Paseo Nuevo” en Puebla, la tarde del 2 de agosto de 1897, ocasión en la que toreaba Ponciano Díaz. De esa jornada, surge el registro cinematográfico denominado “Corrida entera de la actuación de Ponciano Díaz” que, lamentablemente no alcanzó a llegar a nuestros días, ni siquiera en su posibilidad de fotogramas, con lo que habría sido posible conocer otra vertiente del que fue un auténtico ídolo del pueblo, y que para ese año ya no ostentaba, ni por casualidad tamaño prestigio.

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LAS MOJIGANGAS: ADEREZOS IMPRESCINDIBLES Y OTROS DIVERTIMENTOS DE GRAN ATRACTIVO… (I).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

LAS MOJIGANGAS: ADEREZOS IMPRESCINDIBLES Y OTROS DIVERTIMENTOS DE GRAN ATRACTIVO EN LAS CORRIDAS DE TOROS EN EL MEXICANO SIGLO XIX.

PARTE I

INTRODUCCIÓN Y MARCO HISTÓRICO.

    Durante buena parte del siglo XVI criollos, plebeyos y gente del campo enfrentaron o encararon ciertas leyes que les impedían montar a caballo,[1] por lo cual también habría habido restricciones para ejecutar suertes del toreo ecuestre. Sin embargo, es posible imaginar que muchos personajes pudieron ignorar aquellas restricciones impulsados por la rebeldía, y más aún por el hecho de estar integrados al ámbito de las haciendas, donde eran comunes un tipo de prácticas relacionadas con el manejo de ganados mayores y menores. Así, en convivencia con toros y caballos por ejemplo, hubo posibilidad de crear todo un despliegue de actividades que llevaron a aquellos hombres a dominar suertes eminentemente rurales, que luego se integraron en espacios urbanos como las plazas de toros, ante la mirada de miles de asistentes que contemplaron infinidad de festejos en donde el encuentro de esas tres presencias: hombre, toro y caballo alcanzaron niveles de notabilidad que consolidaron un espectáculo el cual seguía alimentándose y retroalimentándose de aspectos novedosos. A la gran puesta en escena del toreo caballeresco se sumó otro capítulo, el de las mojigangas. Y estas representaciones se extendieron con fuerza inusitada durante buena parte del siglo XIX.  Por otro lado, y ya muy avanzado el siglo XVIII, dejaron de correrse toros en la fiesta de san Hipólito, (en lo que debo considerar cierta pérdida de interés en la misma) lo cual deja ver un síntoma que estaba encaminándose a la emancipación. Esta representación fue durante muchos años un poderoso instrumento de cohesión entre las autoridades no solo civiles sino religiosas, lo que permitió extender la imagen de la dominación española sobre los indígenas, al punto de que las representaciones del toreo a caballo fueron una especie de fiel de la balanza, y donde ciertos personajes secundarios o terciarios en tales festejos, con intención de hacerse de algún protagonismo, intervinieron pero ocultándose detrás de una máscara. Fue por eso que en tiempos en que gobernó el virrey Bernardo de Gálvez, se llegó a conocer a dichos “actores” como “tapados y preparados”, justo en momentos en que el toreo a pie estaba encontrando condiciones muy favorables para su desarrollo. Lo anterior, se suma al universo de contrates que comenzaron a surgir en tanto la nueva casa reinante -los Borbones- sustituía a los Austrias. Esto ocurrió exactamente en 1700. Es conocido el hecho de que Felipe V manifestó un abierto desprecio a ciertas costumbres comunes en la España que él comienza a reinar. Durante el reinado de Carlos III (esto entre 1767 y 1768), se empezaron a tomar iniciativas en España para acabar con la fiesta brava. El toreo fue víctima de aquel desaire y aunque las nobles se mantuvieron erguidos montando briosos corceles y ejecutando lo mejor que hasta ese momento era la tauromaquia de a caballo, se presentó el efecto de aquel ambiente, por lo que para 1730 aproximadamente eran ya muy pocos los caballeros que defendían una causa vigente desde siglos atrás, lo que permitió que una multitud de plebeyos arribara al escenario con lo que se impuso el toreo de a pie. Este partía de su expresión más primitiva pero al cabo de los siglos, dicho quehacer, como lo vemos hoy, alcanza ya lo mejor de su manifestación, luego de que durante varias generaciones fue motivo de constantes cambios y rutas que lograron ponerlo en el sitio que, como ya dijimos, ocupa esplendoroso hasta el día de hoy.

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Entre las mejores recreaciones logradas hasta hoy, se encuentran las que realizó Antonio Navarrete. Aquí, el alanceamiento de un toro, durante el periodo de esplendor del toreo caballeresco en la Nueva España.

En: Antonio Navarrete Tejero: Trazos de vida y muerte. Por (…). Textos: Manuel Navarrete T., Prólogo del Dr. Juan Ramón de la Fuente y un “Paseíllo” de Rafael Loret de Mola. México, Prisma Editorial, S.A. de C.V., 2005. 330 p. ils., retrs.

   Como dice Juan Pedro Viqueira Albán en su libro ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el Siglo de las Luces:

Las corridas dejaron de realizarse exclusivamente para festejos políticos o religiosos y se organizaron temporadas que no tenían otro objeto que recabar fondos para las cajas del Estado.[2]

   Esto es, que también el aspecto administrativo y de organización tomó otro sentido, el cual durante algún tiempo no se pudo controlar, por lo que de pronto los asentistas (o empresarios), lograron imponer férreo control hasta llegar a convertir el espectáculo de los toros en un medio de posicionamiento político.

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En: MUNDO HISPÁNICO Nº 269. Agosto 1970.

   Sin embargo, estos asentistas lograron atraer al público ofreciendo espectáculos donde se programaban “multitud de pequeñas diversiones que le hicieron perder por completo su carácter original de ejercicio de caballería”.[3] A esto, debe agregarse el hecho de que siendo la plaza de toros del Volador la única en que se permitían corridas para celebrar la entrada de los virreyes o por fiestas reales, aparecieron otros cosos en donde ese nuevo tipo de expresiones poco a poco fue adquiriendo fuerza y presencia. Así, surgieron plazas efímeras como: Chapultepec, la de Don Toribio, San Diego, San Sebastián, Santa Isabel, Santiago Tlatelolco, San Lucas, Tarasquillo, Lagunilla, Hornillo, San Antonio Abad y la Real Plaza de toros de San Pablo, escenario este, de la mayor representatividad en aquella época, que va de 1788 a 1864 con sus respectivos cortes, motivo de incendios, suspensiones, desmantelamientos o por su mal estado.

   Durante el siglo XIX, el género de la diversión taurina se hallaba provisto de una riqueza sustentada en innovaciones e invenciones que permiten verla como fuente interminable de creación cuya singularidad fue la de que aquellos espectáculos eran distintos los unos de los otros. Ello parece indicar la relación que se vino dando entre los quehaceres campiranos y los vigentes en las plazas de toros. Sociedad y también correspondencia de intensidad permanente, con su vivir implícito en la independencia, fórmula que se dispuso para el logro de una autenticidad taurómaca nacional.

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Dos escenas primitivas del toreo de a pie, representadas en la “Fuente taurina” de Acámbaro, Guanajuato, obra que se remonta a mediados del siglo XVI. En: ARTES DE MÉXICO. El toreo en México. N° 90/91, año XIV, 1967, 2a. época., p. 26.

NAVARRETE Pág. 64

Imagen que representa el “Paseo del Pendón”, con que se conmemoraba el día de San Hipólito. Cada 13 de agosto, desde 1528 y hasta principios del siglo XIX ese pretexto rememoraba la capitulación de la ciudad México-Tenochtitlan, así como la consumación de la conquista española.

En: Antonio Navarrete Tejero: Trazos de vida y muerte. Por (…). Textos: Manuel Navarrete T., Prólogo del Dr. Juan Ramón de la Fuente y un “Paseíllo” de Rafael Loret de Mola. México, Prisma Editorial, S.A. de C.V., 2005. 330 p. ils., retrs.


[1] Fue así como el Rey instruyó a la Primera Audiencia, el 24 de diciembre de 1528, para que no vendieran o entregaran a los indios, caballos ni yeguas, por el inconveniente que de ello podría suceder en “hazerse los indios diestros de andar a caballo, so pena de muerte y perdimiento de bienes… así mesmo provereis, que no haya mulas, porque todos tengan caballos…”. Esta misma orden fué reiterada por la Reina doña Juana a la Segunda Audiencia, en Cédula del 12 de julio de 1530. De hecho, las disposiciones tuvieron excepción con los indígenas principales.

[2] Juan Pedro Viqueira Albán: ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el siglo de las luces. México, Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 40.

[3] Op. cit., p. 47.

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SOBRE LA “ESTATUA DE JUAN TENORIO” POR ANTONIO GONZÁLEZ “EL ORIZABEÑO” EN 1888.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.  

   Antes de abordar esta interesante “curiosidad taurina”, conviene poner en antecedentes a los amables seguidores de este blog. Primero, los remito a la siguiente “liga”, donde aparecerá ante su vista el trabajo que, dentro de la serie “Revelando imágenes taurinas mexicanas. Revelado N° 8, dediqué al tema: Del “Esqueleto torero” a la suerte del “Tancredo”. (https://ahtm.wordpress.com/2011/06/01/del-%E2%80%9Cesqueleto-torero%E2%80%9D-a-la-suerte-del-%E2%80%9Ctancredo%E2%80%9D/). Como habrán podido comprobar, me ocupo de aquella suerte, hoy extinta, que se llamó de “Don Tancredo”. Pero antes ya otros diestros nacionales habían intentado en distintas representaciones hacer el mismo acto, el cual tuvo fuertes repercusiones, sobre todo en provincia. Hace poco, encontré en mis investigaciones de archivo un cartel correspondiente a la plaza de toros e Hipódromo del Coliseo, festejo anunciado para el domingo 4 de marzo de 1888. Ilustrado con varios grabados de Manuel Manilla, aparece casi al final del mismo el siguiente anuncio:

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“¡Acontecimiento taurino! Se expondrá al público por primera vez el espectáculo nuevo, La estatua de Don Juan Tenorio por el arrojado Antonio González, (a) el Orizabeño, quien asegura que el toro le dá la embestida y no le hace daño. Esta suerte se hará en el toro que dicho diestro crea conveniente”.

   Aquella ocasión, el cartel estuvo integrado por una cuadrilla en la que destacaban, diestros españoles en su mayoría. Sin embargo, hubo entre los picadores “Tres Famosos Mexicanos” y el puntillero lo fue José María Reyes. Seguramente, Antonio González se integró o a la cuadrilla de Fernando Lobo o a la de Manuel Blanco. Otro supuesto sobre su actuación es que haya salido como “sobresaliente”, lo cual todavía no se acostumbraba del todo por esa época.

   Habiendo revisado la iconografía de la época, sólo encuentro dos ejemplos que parecen mostrarnos lo dicho en el cartel anunciador, respecto a “La estatua de Don Juan Tenorio”. Se trata de sendos grabados del célebre artista mexicano José Guadalupe Posada, y que abordan desde su mirada tan particular lo que observaremos a continuación.

DOS IMÁGENES DE J. G. POSADA...

Allí puede apreciarse la figura protagónica que José Zorrilla elevó a órdenes de la literatura universal, precisamente en el famoso “Juan Tenorio” que nos legó. A la izquierda podemos observar varios pedestales rematados –seguramente- por las figuras de alguno de esos 32 hombres que pudo matar, y que siguen apareciendo en la imagen de la derecha, incluyendo, quizá, a la de la propia Inés, una de sus fatales víctimas femeninas. Al respecto de estas célebres representaciones, justo hace unos días, en La Jornada se publicó esta interesante nota:

150 AÑOS JUAN TENORIO...

La Jornada. Cultura, sábado 14 de noviembre de 2015, p. 6a.

Teniendo entonces, a Antonio González como el otro intérprete del “Juan Tenorio” pero en el ruedo, es entonces cuando otra imagen aquí incluida, recrea tal suerte, en la que “El Orizabeño” habría adoptado alguna de las posturas que pueden apreciarse a detalle:

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El espada mexicano don José Vázquez y sus dos discípulos “El Orizabeño” y Francisco Lobato, haciendo “El Panteón de Don Juan Tenorio”. El Universal Taurino. Tomo IV. México, D.F., martes 2 de octubre de 1923, Nº 103.

   Y es que no solo fue nuestro personaje el único en realizarla. Como se observa en el pie de imagen, aparecen también los nombres de José Vázquez y de Francisco Lobato, quienes practicaban dicha suerte con notable frecuencia, como podrá entenderse en esa otra lectura que juegan las imágenes y su contenido subliminal, que nos permite comprender otros síntomas del pasado taurino mexicano.

   Ya el Dr. Cuesta Baquero nos había advertido sobre la interpretación de suerte tan curiosa que la vio realizar desde el año de 1868 precisamente por José Vázquez (José María Vázquez) a quien en el extranjero conocieron como “El Mexicano”, practicó con frecuencia una arriesgada suerte que consistía “en vestirse con una pijama de color blanco y listas negras, simulando los costillares y otros huesos; así disfrazado (¿?), pararse en un sitio del redondel, esperaba impávidamente la acometida del toro”.

   Vuelve a comprobarse una vez más que las célebres hazañas de “Don Tancredo”, tuvieron en México notoria ejecución desde muchos años atrás. El mérito de Tancredo López fue haberse adaptado un traje de blanco purísimo, incluyendo el pedestal, y esperar a los toros con un reposo que imponía, hasta el punto de ganarse carretadas de aplausos cada vez que actuaba él o sus buenas o malas copias…

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TAUROMAQUIA: ENTRE EL PASADO y LA MODERNIDAD.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Entre los afanes que los historiadores deben procurarse, hay uno que es fundamental de suyo: seguir buscando razones que definan la razón de ser del hombre. Ya lo dijo Edmundo O´Gorman: “El pasado nos constituye”. En ese sentido, en reciente entrevista a Roger Bartra, que se publicó en El País, edición del 13 de septiembre de 2015, p. 8-9, el reconocido antropólogo nos confirma –al preguntársele directamente su definición sobre México- que: “Yo diría que es indefinible. Es un país lleno de contradicciones, de estratos antiguos que coexisten con formas modernas y hasta posmodernas, un conglomerado caótico de distintas épocas”. Esta es apenas, una pequeñísima porción de tan interesante entrevista, formulada por el periodista Pablo de Llano.

   Por estos días, en que rememoramos un aniversario más de nuestra independencia, ese telón de fondo ha servido para exacerbar los desacuerdos manifestados por una sociedad cada vez más cohesionada, por ejemplo en redes sociales (destaca aquí la presencia mayoritaria de jóvenes), y todo ello para cuestionar al estado con motivo de sus pésimas actuaciones o decisiones, por lo menos las que corresponden al sexenio que transcurre (el que inició en 2012 y concluirá en 2018).

   De un tiempo a esta fecha, ya no somos los mismos. Como sociedad quizá ya hemos alcanzado otro nivel de madurez, o quizá se ha dado un paso atrás, eso no lo sabemos bien a bien, sobre todo por el hecho de que buena parte de nuestras sociedades están sometidas al imperio del mundo globalizado. Bartra nos ayuda a entender esto cuando plantea, desde la abierta visión latinoamericana que en ese sentido “El capitalismo tardío está sufriendo importantes mutaciones. La modernidad está mutando y no sabemos hacia dónde. La globalización es una globalización llena de grietas, y eso se padece especialmente en América Latina, donde partes de la sociedad viven inmersas en la posmodernidad y otras continúan en otro siglo”.

   Es quizá, por estas razones que nos encontremos en riesgo de que se consolide una “generación perdida”, a pesar de que pueda mantenerse tan vigente como lo considere, por el solo hecho de su adhesión a estos nuevos y galopantes mecanismos virtuales que día a día no solo se producen. También se asimilan con sorprendente facilidad. Pero el hecho es que “condenados por el imperio de la modernidad o la postmodernidad”, por otro lado se estén perdiendo valores esenciales de todo tipo, mismos que le confieren al ser humano identidad, sin más.

   Si el telón de fondo –es decir, la formación del nuevo estado-nación que es México desde comienzos del siglo XIX- representó la emancipación respecto de España, la cual impuso su predominio por tres siglos, esto indica que desde aquellos momentos pretendimos seguir una ruta que permitiera alcanzar la madurez. Incluso, nos dejamos llevar por un modelo extralógico: la independencia norteamericana, pero dicha nación, formada bajo otro concepto, se adelantó a nuestros propósitos poco más de 30 años, de ahí que se idealizaran muchas aspiraciones libertarias. Retomando el asunto, se creería que al independizarse México, ya no existirían evidencias de un pasado colonial, sino que se reivindicaba el pretérito indígena, lo cual sucedió en muchos casos, pero no en todos. A partir de consumada la independencia, la impronta del mestizaje hizo acto de presencia, con lo que fue inevitable no reconocer el maridaje que resultó de la convivencia entre el padre español y la madre indígena. En medio de todos aquellos componentes, se encuentra la tauromaquia, misma que se ha conservado hasta nuestros días, enfrentando, como es natural, un fuerte cuestionamiento que ponderan ideologías y sociedades modernas, unidades inmensas que ignoran o pretenden ignorar el pasado, espacio temporal donde distintas culturas en medio de su más absoluta heterogeneidad, intentaron concentrarse con vistas a homogeneizar, en la medida de lo posible una nueva representación social conferida en los novohispanos, que luego pasaron a ser, desde principios del siglo XIX y hasta este aquí y ahora los mexicanos en cuanto tal.

   Teorizar, o intentar teorizar ese fenómeno de cohesión para luego explicar o justificar la puesta en escena de la corrida de toros, precisa acercarse a la identificación más plena y sencilla de nuestras raíces, de ese criollismo contestatario que luego maduró en nacionalismo sediento de libertad pero que no se concretó en el XIX, y que puede apreciarse en el maravilloso estudio –hoy debería ser lectura obligadísima-: México. El trauma de su historia de nuestro bien recordado Edmundo O´Gorman.

MÉXICO EL TRAUMA DE SU HISTORIA

Edmundo O´Gorman: México. El trauma de su historia. México, Universidad Nacional Autónoma de México (Coordinación de humanidades), 1977. XII-119 p.

   Por todo lo anterior, me remito, en este caso, a evocar un dato que le da consistencia como dirían algunos calificando al toreo como “vestigio” o “malformación heredada” luego de que “fuimos sometidos” por los españoles. Por tanto, he encontrado en el Boletín Bibliográfico, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en una de sus ediciones del ya lejano mes de septiembre de 1955, la reproducción en varios fragmentos, del reconocido libro de D. Luis Castillo Ledón: “HIDALGO”. Avanzada su lectura, se cruza uno con lo siguiente:

   Para 1810, y ya consolidada la acción que detonaría en el Curato de la Congregación de los Dolores (hoy estado de Guanajuato), se sabe que, para esos días de septiembre de 1810, se encontraba entre aquel grupo de conjurados tanto Ignacio Allende como Juan Aldama.

   [El viernes 7]… a las once del día, salieron Allende y Aldama [con objeto de apremia a Hidalgo a que se diese cuanto antes el grito de independencia, puesto que todo había presumir que ya no tendrían reposo ni seguridad…], a los ojos de todo el mundo, dirigiéndose al rastro de la población, con el pretexto de colear unos toros, cosa que efectivamente hicieron, y entrada la noche continuaron para San Miguel.

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Platón de cerámica vidriada, siglo XIX. Museo Nacional de Historia. Tal pieza, pero sobre todo su producción podría quedar remontada a mitad del siglo XIX, con lo que la escena allí plasmada se convertiría en fiel reflejo de lo que sucedía en el ámbito rural, no solo en esos momentos, sino más atrás. El toro que monta este intrépido caballero nos permite entender que no se trata de un toro criollo. Su fenotipo define ya ciertas características del que seguramente se lidiaba con frecuencia en las plazas.

   Hasta aquí Castillo Ledón.

BOLETÍN BIBLIOGRÁFICO43_15.09.1955_p. 1 y 7

   A lo que se ve, es que, entre lance y lance con vistas a obtener la anhelada libertad estos dos personajes se dieron tiempo para demostrar y afirmar sus capacidades, las que dominarían en el entorno rural, y que en esos momentos se tornó urbano. Meses más adelante, es posible que siguieran dejando muestra de sus muy cabales demostraciones que se constituyeron en una más de esas formas identitarias entre aquellos que vivieron en forma contundente la transición del ser novohispanos, para convertirse en mexicanos.

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SALE A LA CALLE “APUNTES PARA EL TOREO”.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Como una verdadera rareza, publico hoy la portada de una pequeña publicación que comenzó a circular a partir de los últimos días del mes de agosto de 1887. Seguramente la necesidad de una mejor información, fue la causa que movió al responsable de este “prontuario”, mismo que reúne las experiencias habidas con Francisco Montes, Domínguez (se refiere a Manuel Domínguez Desperdicios), Francisco Delgado y otros. Aquel era un momento en que, además de la publicación hebdomadaria que ya reflejaban diversos títulos periodísticos, demandaba la presencia de otros tantos estudios, por más superficiales o epidérmicos que fuesen, pero el hecho es que se requería inocular a una afición en potencia. Faltaban también algunas semanas para que circulara en la ciudad de México la obra de Domingo Ibarra, que también salió publicada en ese mismo año, la cual reflejó un alto grado de crítica con tintes progresistas y moralistas, según lo advierte la investigadora Sophie Bidault con quien, por estos días trabajo en una discusión que permita entender de mejor forma a quien, a mi parecer fue un “diletante” de la historia, forjado bajo principios positivistas, pero también de los de una dura y ácida opinión permeada de aquella resaca dieciochesca e iluminista que transformó las ideas de amplios sectores de la sociedad.

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El trabajo artístico de Manuel Manilla, grabador de y para el pueblo, no desdeñó los acontecimientos que ocurrían en torno a la tauromaquia en nuestro país.

Fuente: “Encerrona con Oscar Chávez”, cuaderno anexo al álbum de cuatro discos CD, editados en 1991. México, Discos Pentagrama, S.A. de C.V.

   Además, se publicó en El Arte de la Lidia, año III, Tercera época, del domingo 4 de septiembre de 1887, N° 44, p. 4:

   Apuntes para el toreo.-Hemos tenido el gusto de ser obsequiados por el Sr. Francisco Osacar, con la obrita con que encabezamos este suelto. Es un prontuario dedicado a los aficionados, con doctrinas y consejos de los afamados diestros Montes, Domínguez, Pepe Hillo y otros. De venta en la calle de la Encarnación, imprenta del Sr. Antonio Vanegas y Arroyo.

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FECHAS QUE RECUERDAN INICIO Y CONSUMACIÓN DE LA INDEPENDENCIA.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 PARA 1844 Han transcurrido 34 y 23 años respectivamente de las fechas que recuerdan el inicio y consumación de la independencia. Por tal motivo las conmemoraciones se desbordaron en fiestas.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Han transcurrido 34 y 23 años respectivamente de las fechas que conmemoran el inicio y consumación de la independencia. Como fruto de la exaltación natural que produce la emancipación del imperio español que durante tres siglos decidió por los mexicanos, se llegaba la hora de hacerlo por cuenta propia. A partir de 1821, la nueva nación en medio de una absoluta libertad, inició su marcha con un proyecto ideal pero impreciso, que se sumió en un mar de conflictos.

   Libres de todo peso, pusieron los ojos en una visión extralógica. El modelo era el país del norte que había logrado su independencia desde 1776, sustentada en condiciones concretas que muy pronto hicieron de los Estados Unidos de América una nación vigorosa y adelantada. Sin embargo sus principios anglosajones eran diferentes a los de un estado católico, sumamente burocrático como el español que hizo del reino de la Nueva España su mejor colonia, colonia que con el tiempo reflejó comportamientos peculiares.

   Fue notorio el contraste entre la nueva posición liberal que enfrentó la fuerte carga conservadora, mismas que se sumieron en intensa batalla, de la cual brotaron otros argumentos como los centralistas, monarquistas, moderados y hasta militares llegando con este último a la dictadura en ciertos, determinados momentos.

   Pero en 1844, las conmemoraciones se desbordaron en fiestas, siendo por los menos tres los festejos, que ocurrieron el 8, 16 y 27 de septiembre.

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   Llama la atención el discurso con el que fue construido este cartel. Ya sabemos que existen dos grandes pretextos para los cuales se comisionaron a los señores Pedro Jorrín, José María Cervantes Ozta, José Juan Cervantes y Javier Heras.

   ¿Quiénes son ellos?

   Heras es el empresario en turno de la Real Plaza de Toros de San Pablo. José María Cervantes Ozta y José Juan Cervantes y Michaus, medios hermanos, hijos de José María Cervantes y Velasco, a la sazón, uno de los firmantes del acta de independencia en 1821. José Juan es en ese año de 1844 dueño de la hacienda de Atenco. Sobre Pedro Jorrín solo se sabe que fue gobernador del Distrito Federal en 1849, y no se tienen más datos.

   En seguida, y luego de mencionar que el dueño de Atenco, personalmente escogió los toros para la función, viene otra parte del discurso, ese sí, alucinante en sí mismo.

   Sin tener noticia sobre quienes fueron los espadas y sus cuadrillas, pero que suponemos se trata de Luis o Sóstenes Ávila, aunque probablemente pudieran ser también: José María Vázquez, Manuel Bravo o Andrés Chávez. No mencionaría en estos momentos a Bernardo Gaviño, quien se encontraba actuando concretamente en Puebla.

   Claro que esto no interesaba mucho cuando lo más destacado fue la mojiganga denominada “El ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha y el Caballero de los Espejos”, la que, como vemos trataba de integrar una perfecta actuación de ambos personajes, cada cual con su escudero. En los precisos momentos de su mejor estrategia para alcanzar el amor de las damas, saldría de modo sorpresivo un toro “que es probable interrumpa la lucha”. Ante un nuevo adversario, y teniendo nuevo pretexto para redoblar sus conquistas, D. Quijote y el Caballero de los Espejos se dispondrían a desnudar sendas tizonas. Deliberadamente solo sería el Quijote quien quedaría frente a frente al cornudo enemigo, a quien “hará morder el suelo…, dando cima a tan famosa aventura”.

   Como lo marcaba el uso y la costumbre, intervinieron en seguida los imprescindibles “coleadores”, quienes se concentraron en las suertes propias de este apartado, buscando echar por tierra a los toretes empleados para el caso.

   Además

   La plaza se empavesará con todos sus adornos: dos músicas militares y la concurrencia de las autoridades a quienes se ha invitado, y si se logra la del EXMO. SR PRESIDENTE, BENEMÉRITO DE LA PATRIA, acabarán de dar al espectáculo todo el brillo posible, y será de todos modos digno del público mexicano.

    En esa ocasión, gobernaba el General Valentín Canalizo, quien participó en los hechos que consumaron el ardoroso deseo de la emancipación.

   Ese año de 1844, Lucas Alamán escribió sus Disertaciones sobre la historia de la República Mexicana desde la Conquista a la Independencia, obra en la que dejó plasmado un sentir fundamental, el de “variar completamente el concepto que se tenía a fuerza de declaraciones revolucionarias sobre la conquista, dominación española y el modo en que se hizo la independencia”. Y en aquel año, tal espíritu se unió vigoroso al propósito que se concentró en las magníficas celebraciones, ocurridas en el “mes de la patria”.

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“GRAN CORRIDA DE TOROS EN LA CIUDAD DE MÉXICO” (1934-1936).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En esta ocasión, comparto con todos ustedes una sorpresa. Se trata de la calificación a un material cinematográfico que hoy día, custodia la “Filmoteca de la U.N.A.M.” Me han solicitado hacer tal trabajo con el propósito de salvarlo de su posible baja, debido a los daños que presenta el soporte, pero que, con sensibilidad y buenas intenciones espero que pueda ser motivo de rescate.

Notas para el cortometraje “Gran corrida de toros en la Ciudad de México” editado por la casa “Bayer” en México, entre 1934 y 1936.

Se trata de un material cuyo soporte se encuentra en acetato positivo (16 mm). Es una copia compuesta (es decir, con sonido integrado o sonido óptico). Su estado actual presenta problemas de encogimiento y son notorios los “brincos” peculiares. Sin embargo no solo podría estabilizarse, sino que se sugiere o recomienda su recuperación a partir del siguiente balance.

   La “Casa Bayer” en México, encargó al camarógrafo Alfonso Manrique dicho trabajo, bajo la consigna, en los primeros intertítulos de que “Esta película ha sido tomada en México especialmente para la Casa Bayer, por Alfonso Manrique”. Sobre dicho camarógrafo, y luego de una consulta a diversas fuentes y personas que pudieron conocer a personajes con un perfil como el aquí indicado, no hubo una respuesta afortunada, lo cual señala el hecho de que todavía no estuviese concebido un propósito para realizar registros como el que ahora se reseña. Sin embargo, en el tema taurino, años atrás (precisamente en 1929) ya había trabajado Julio Lamadrid algunos materiales con dichas características y por encargo, sobre todo para el ganadero José Julio Barbabosa. Contemporáneo de Manrique, encontramos también a Manuel Reynoso, hermano de Luis, ambos dedicados en buena medida a cubrir los festejos taurinos en la capital del país, aunque Manuel no necesariamente dedicó la gran mayoría de su tiempo con este propósito.

   Entre los primeros intertítulos se indica que serán incluidas “Escenas preliminares en la Hacienda de Xajay, famosa por su bravísimo ganado”. En efecto, de inmediato es posible comenzar a apreciar diversas locaciones de aquella ganadería, entonces ubicada en el municipio de San Juan del Río, Querétaro. Se trata de un buen conjunto de escenas en las cuales aparece el casco o casa grande de la hacienda, sus propietarios -que eran los señores Francisco y Edmundo Guerrero-; los toreros, entre quienes solo aparece uno que se podría reconocer como Lorenzo Garza, esto al congelar la imagen y apreciar en detalle su perfil. También puede reconocerse a Benjamín Padilla, entonces representante principal de la empresa capitalina. Sin embargo, no se trata de ninguno de los citados en el “cartel” del que se dará cuenta más adelante, haciendo para ello las precisiones del caso. Y allí están, poco más adelante, los toros, ya reunidos en un corral de piedra ya cerrado, donde los toros pacen tranquilamente al lado de los vaqueros, personajes campiranos cuya vestimenta es rematada por los ropajes de las diarias labores, así como por el hecho de que todos llevan sombreros de ala ancha o sombreros de “cuatro piedras”, de uso común por entonces en aquellos espacios rurales. Algunos de ellos, montan a caballo en tanto que los de a pie visten camisa y calzón de manta, y llevan huaraches, es decir que puede notarse con toda claridad la división jerárquica que se acostumbraba en espacios como este. Se aprecia la maniobra de separar a los astados que se eligieron para la ocasión, lo cual permite admirar el arreo del ganado, en el que además aparece un grupo de cabestros, que encaminan a los toros por dichos espacios, entre un abrir y cerrar de puertas, operación deliberadamente realizada para canalizar uno a uno los toros en sus respectivos cajones. Poco a poco se les encamina al pasillo donde se van separando y alojando a cada uno de los ejemplares en cajones, colocados previamente en carretas tiradas básicamente por burros y mulas. Realizada dicha operación, se dirigen en fila hacia la estación del tren más cercana donde se realiza la maniobra para colocar esos cajones en una plataforma y así iniciar el viaje a la ciudad de México, siendo este escena previamente indicada por el intertítulo que dice: “Encajonamiento de los toros para su embarque por ferrocarril a la ciudad de México”. Los toros ya están listos para ser enviados. Sólo queda un detalle: darles de comer, lo cual sucede como puede verse en la imagen que permite confirmar tal momento.

   Ahora se anuncia el “Desencajonamiento de los toros en el redondel de la plaza a la vista del público”. Se trata de una maniobra frecuente por aquel entonces, la cual sucedía en forma espectacular. Habiendo concluido el festejo previo a su presentación, eran acomodados los cajones en semicírculo por los “monosabios” grupo de personajes destinados a varias actividades durante el curso del festejo y que van de realizar una limpieza al ruedo tras el paseíllo o luego del retiro de las reses enviadas al destazadero, como apoyo al repartir las banderillas o auxiliar a los varilargueros durante el curso del primer tercio. Pues bien, estos peculiares personajes, se encargan de levantar una a una las hojas de madera para permitir la salida de todos y cada uno de los ejemplares que así, se exhiben por primera vez en el ruedo, tras su reciente arribo a la plaza. Dos de esos ejemplares se cruzan y acometen en nervioso instante donde las cornamentas salen a relucir.

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    “¡Llegan los toreros!

Pepe Ortiz-

Armillita Chico

                                   Heriberto García

tres grandes matadores mexicanos.

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   Se creería que para tal ocasión, dicho cartel fue el que filmó Alfonso Manrique. Conviene aclarar que si bien, en efecto los tres toreros fueron reunidos en un cartel como el indicado aquí, esto ocurrió en otra fecha, la cual corresponde a la tarde del domingo 20 de enero de 1935. Era la 11ª corrida de aquella temporada, donde comparecieron “Pepe” Ortiz, Fermín Espinosa “Armillita Chico” y Heriberto García, lidiando 6 toros de… Rancho Seco. Pero realmente con toros de Xajay, los tres pudieron hacerlo en otras fechas y otros carteles. Se aprecia el arribo de “Pepe”Ortiz, quien desciende de un automóvil último modelo, rodeado de infinidad de aficionados. Lamentablemente se pierde la posibilidad de apreciar a Heriberto García, de quien no hubo registro de imagen alguna.

   Luego, van entrando en fila los aficionados para encaminarse a los tendidos de la plaza vigilados por la policía, mismos que van armados al observarse cómo cruzaban la portapistola por pecho y espalda.

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   “Momentos antes de la corrida, una gentil pareja baila en plena plaza el Jarabe Tapatío baile nacional de México”. En efecto, la pareja indicada lo hace sin haber tablado de por medio, lo cual da otros significados a dicha representación, todo un estereotipo de la época si nos atenemos al hecho de la importante labor que hicieron los gobiernos postrevolucionarios para recuperar un baile que reivindicaba los valores nacionalistas, tan necesarios en momentos de volver a simbolismos entrañables. No es casual que entre algunas expresiones, la musical encontrara un apoyo y difusión sin precedentes. Allí están los trabajos de José Pablo Moncayo, Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, José Rolón, Candelario Huizar, Manuel M. Ponce e indudablemente los “aires nacionales”, desde los cuales uno de ellos, el “Jarabe Tapatío” puede apreciarse en imágenes donde destaca la actuación del personaje masculino, quien “zapatea” con gran energía, y de igual modo lo hace cuando tiene que ondear el sarape de Saltillo, mismo que lleva en su bordado el escudo nacional, y lo agita tan intensamente como puede, reafirmando así, desde esos pasos bailables lo que representaba el aliento de esa patria recuperada. No podía ser mejor todo aquello en baile tan peculiar, cuya escena resultó espléndida entre otras cosas, gracias a la iluminación natural y al intenso sol que caía en esos momentos sobre el ruedo.

   A continuación puede apreciarse en “picada” el “paseíllo” o desfile de las cuadrillas, posición a gran distancia, es decir desde el punto más alto que alcanzó Manrique, quizá para lograr un efecto espectacular en su edición final. Por supuesto que no es la única imagen. Instantes después, puede observarse aquella que se desarrolla tan cerca como es posible del ruedo, para lo cual quedó colocado al ras de las barreras, desde donde estaban colocadas diversas “canastillas”, sitio desde el cual infinidad de fotógrafos, en su mayoría, recogieron los momentos más destacados, por lo menos desde los años 20 y hasta 1946, en que estuvo en funciones la plaza. Es imposible determinar quienes van al frente de las cuadrillas, pero sí puede advertirse la presencia de “Armillita Chico” y luego el paso de todas las “infanterías”, tanto a pie como a caballo.

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   “Primer toro para Pepe Ortiz”.

   El primero de la tarde sale materialmente rebrincando, y es que previo a esa espectacular presencia, se le colocó al toro una divisa que puede identificarse como de las utilizadas en festejos denominados “corrida de Covadonga”. Es decir, se trata de una divisa de gran tamaño, con un rosetón y listones muy grandes que lograban el efecto deseado. Ya sin divisa, que bien pudo desprenderse, uno de los peones, el de recibo, lanza su capote a una mano para probar las primeras embestidas, de las que luego “Pepe” Ortiz comprende su calidad para ejecutar los lances de recibo. Esto lo realiza en función de la calidad que, como ejecutante con la capa alcanzó el también considerado “orfebre tapatío”, creador de diversas suertes con este instrumento, del que pueden observarse muy buenos momentos, con alguna rapidez, la que deberá mejorarse en la deseable estabilización, para apreciar, en su auténtica dimensión momentos de enorme calidad, donde el toro embiste con casta y bravura. Además de las “verónicas” de recibo, el torero ejecuta otros lances como los “afarolados” de pie y remata con media verónica ciertamente apresurada y, como se diría en las crónicas taurinas, “fuera de cacho”. El público aplaude aquellos primeros lances. Las imágenes que siguen recogen dos series de capotazos más: los conocidos como “delantales”, y luego por “chicuelinas andantes” con sus respectivos remates. El toro acomete a la cabalgadura y lo hace con pujanza bien demostrada. “Pepe” Ortiz concluye su labor con el capotillo ejecutando “media verónica” impecable.

   Manrique recoge la labor de los banderilleros y luego el momento en que el diestro de Guadalajara toma espada y muleta, se acerca a la barrera y desde ahí solicita el permiso al juez de plaza para realizar su faena. Dicho trasteo es interesante en la medida en que tiene en frente a un toro que, luego del “castigo” conservó sus fuerzas y embistió con mucha casta, para lo cual los procedimientos empleados por el torero denotan la aplicación más de técnica que de estética, pero presentes las dos formas de dominio del matador sobre el toro. La faena es poderosa, siempre en el tercio y en un mismo sitio, lo cual establece la gran capacidad del torero, que para Manrique representó la posibilidad de no perder el “hilo” de la faena al utilizar más película, evitando así los cortes intempestivos a que estaban acostumbrados ciertos trabajos por entonces. Ha girado la cámara que mantiene fija, casi sin posibilidad de paneo alguno, esto debido al hecho de que la faena fue a continuar en otro terreno del ruedo. Concluye la faena con la estocada de rigor, el toro dobla y, como resultado de aquellos gloriosos momentos para el torero y la afición, el Juez de Plaza concede una oreja que pasea el torero en una vuelta al ruedo.

   “Segundo toro para Armillita Chico”, quien comparece. Es de llamar la atención el hecho de que su “actuación” se filmara desde las alturas de la plaza, en “picada”. Puede apreciarse que se trata de dos momentos distintos, pues el torero lleva en unas imágenes un traje de color oscuro, mientras que en otras es claro. Por supuesto que al tratarse de un torero de gran fama y no registrar imágenes suyas en semejanza con las de su alternante, pone en duda que Manrique pudiera haber puesto de por medio sus inclinaciones por Ortiz y no por Fermín Espinosa, de quien perdemos la oportunidad de apreciar su bien reconocido poderío. Un intento de tumbo es el conjunto de imágenes que vienen a continuación, pues lo que sigue es la actuación de “Armillita Chico” como banderillero, para lo cual demostró todas sus capacidades, yendo en los tres pares al cuarteo, siendo estas una serie de imágenes muy afortunadas para el trabajo en su conjunto. Brinda a un aficionado de barrera y comienza su labor por naturales y luego con la derecha, demostrando en todos y cada uno su mando y poder, porque tiene enfrente también a otro toro bravo de los de “Xajay” lidiados en aquella imaginaria tarde que “Bayer” en México” se propuso presentar (gracias al trabajo de Manrique), llegando a convertirse en uno más de aquellos que lograban exhibirse en los intermedios de los más importantes cines de la capital; y a no dudar en el resto del país. Una buena estocada también representó para el torero nacido en Saltillo la posibilidad de obtener la oreja de su “enemigo”. Un interesante acercamiento de Alfonso Manrique nos deja apreciar al muy joven torero mexicano que sonriente, saluda desde el ruedo.

   Y bien, llegó la hora de abandonar la plaza, por lo que observamos cómo los aficionados se disponen a abandonar el recinto, casi todos ellos portando traje y sombrero. Algunas mujeres se aprecian entre aquellas multitudes. Algunos momentos nos recuerdan las fotografías de Tina Modotti en eso de mostrarnos importantes registros en eventos multitudinarios.

   En las “LIDIAS” contra los DOLORES y RESFRIADOS defiéndase Ud. con INSTANTINA”, se convierte en la frase publicitaria que remata este documental, propósito de la casa Bayer, ya que “INSTANTINA es el gran producto Bayer de acción ultra-rápida, garantizado por la CRUZ BAYER”… Y ya sabemos: “Si es Bayer es Bueno!”

   Diez minutos muy importantes en este registro donde no dejan de escucharse una serie de pasodobles y piezas acordes a la fiesta de los toros. El sonido es un tanto cuanto “tímido” pero se escucha la interpretación de bandas destinadas para ese ritmo musical.

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CONCLUSIONES: Es deseable que, a partir de estas notas y apreciaciones sobre uno de tantos materiales que custodia la “Filmoteca de la U.N.A.M.” pueda llevarse a cabo su rescate, pues independientemente del tema que aborda, reflexiono sobre el hecho de que se trata de documentos únicos. En la medida en que se pueda desdeñar tal opción, en esa medida perdemos cada vez más una serie de vestigios que permiten entender el reflejo de una forma de ser, de vivir, de pensar por parte de aquellas generaciones que quedaron registradas en estos viejos materiales. Sin su presencia, pareciera que jamás existieron y jamás existirán.

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