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EDITORIALES 2010

2011 TOCA A LA PUERTA…

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

¡El destino toca la puerta! ¿Quién no recuerda esas cuatro contundentes notas del primer movimiento de la sinfonía Nº 5 del genio de Bonn, Ludwig van Beethoven que arrebatan y conmueven desde el momento mismo de su creación (1808) y hasta nuestros días?

Pues con esa misma energía nos conmovemos los seres humanos al arribo de un nuevo año, luego de que 2010 ya se nos fue, con toda su carga de cosas buenas y malas, “que de todo hay en la viña del Señor”. 2011 representa, apenas en su comienzo mismo, el enigmático dilema de cuanto podremos realizar, de todo aquello por enfrentar, e incluso por resolver. Los deseos están a la orden del día, y en ese mismo sentido, creo que lo vislumbrado para este año que comienza en materia taurina tiene que ser puesto en el tapete de las discusiones. Ante un 2010 crítico, nuestra nación no puede resolver desde hace buen número de años la tremenda crisis en que se debate. Crisis que proviene de ese reacomodo mundial y globalizado en el que todos los países de este planeta han tenido que encararla. Crisis que redunda en la no grata condición climática que se agrava conforme el hombre, pero sobre todo los dirigentes de los países más poderosos no estén de acuerdo en que debe lograrse el equilibrio ecológico, de otra forma, estamos condenados a los comportamientos extremos con que la naturaleza se deja mostrar a lo largo de todo un año. Crisis que afecta la economía de cada país, de cada ciudadano, crisis que se refleja en el marcado desempleo –a pesar de que nuestro gobierno se empeña en decir todo lo contrario-. Crisis que se extiende también en el territorio taurino, donde a pesar de los enormes esfuerzos de muchos sectores que lo integran, no pudimos ver consolidada a la figura de arrastre que seguimos esperando, ni las ganaderías mostraron ese índice de bravura, convertido en verdadera ilusión entre nosotros. Crisis en la prensa taurina distante de mostrar sus capacidades de conocimiento sobre el tema, y que por razones obvias no puede combinarlas con la exquisita forma literaria, ni con lo universal de un bagaje indispensable, por lo que sus apuntes se reducen a eso, a reseñas, a mensajes telegráficos y no más. Pero sobre todo, al hecho de que una buena parte de ese sector se sigue viendo sometido a los caprichos del poder, de ahí que no puedan dejar una estela, como la hasta ahora imperturbable huella de un Tío Carlos, un Manuel García Santos o un José Alameda, cuyos lugares siguen esperando ser ocupados por nuevos iconos de la crónica, pero también de todo ese abanico de posibilidades que la experiencia y el conocimiento contribuyen a formarlos como tal.

Un balance general de lo que fue 2010, lo ha difundido ya el portal altoromexico.com del 30 de diciembre –apenas ayer-, con la siguiente información:

En 2010 se celebraron 518 festejos, en 2009 fueron 514, mientras que en 2008 se celebraron 634 festejos. De esos 518, 322 fueron corridas de toros, 175 novilladas y 21 de rejones.

En fin, que no quisiera seguir ensombreciendo este apunte con grises tonalidades, sino con anhelos de esperanza que se ubiquen en un solo propósito: la siempre indispensable presencia del toro, sin más. No creo que se pida lo imposible, pero en la medida en que ese elemento central del espectáculo siga siendo protagonista en la escena, lo demás viene por añadidura. Pero si el afán es que nos sigan dando “gato por liebre” no tenemos muchas garantías de seguir reclamando como ahora, y lo hago desde mi tribuna, lo hago en esos términos, como cualquier aficionado que, a lo largo de muchos años ha visto una fiesta sometida por personajes oscuros, que pretenden posesionarse del control de dicha expresión, muchas veces en condiciones de un ensoberbecimiento que ofende. La lucha y todo su esfuerzo debe estar dirigida, en todo caso, a pretender un espectáculo mejor, más serio, y si me apuran, hasta con alcances de calidad total.

Este 2011, los propósitos que se van a destinar para nutrir los requisitos que la UNESCO ha solicitado desde un tiempo atrás, para la declaratoria de la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial, serán parte de nuestra misión fundamental, la de un grupo compacto que en México está trabajando desde hace ya un buen número de meses.

Este año que ya transcurre, será motivo para iniciar una intensa labor de difusión destinada a dar a conocer el perfil del torero Bernardo Gaviño y Rueda que, aunque español, en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Se fija en intenciones concretas que tienen por objeto sensibilizar a las autoridades españolas para materializar un merecido homenaje en el curso de 2012, en que se cumplirán los 200 años de su nacimiento. Habiendo nacido en Puerto Real, muy cerca de Cádiz, y en un momento que coincide históricamente con la promulgación de la famosa constitución de Cádiz, conocida entrañablemente como “la Pepa”, supongo que las actividades en dicho punto geográfico de la península española serán diversas. José Tomás, ese torero tan identificado con México, ya ha declarado que estará activo en 2012, a propósito del bicentenario de la Constitución. Véase:

http://www.burladero.com/noticias/014933/jose/tomas/colabora/celebracion/taurina/pepa

Si a ello se pensara en la posibilidad de hacer extensivo el homenaje acogiendo a nuestro Bernardo Gaviño, el de allá y el de acá, me parece que ese es un motivo suficiente para realizar una intensa labor de conversación con las áreas y las personas pertinentes, con objeto de conseguir la realidad de ese reconocimiento, lo mismo en España que en México.

Finalmente, este año, tendrá que dejar alguna huella en el trabajo que solemos hacer quienes por alguna razón decidimos poner en marcha un recurso virtual como el denominado “blog”, con objeto de difundir más y más el significado de la tauromaquia desde todas las aristas posibles, pero también la defensa que desde aquí y ahora nos compromete. En lo personal tengo mucho que compartir con ustedes, pues mi trabajo arranca desde 1977 y sigue hasta nuestros días. Una gran cantidad de materiales de diversa índole son los que pretendo ir difundiendo poco a poco, con el objeto de que no duerman el sueño de los justos, o se queden, como ya están un buen conjunto de libros, en el disco duro. Espero se cumplan esos objetivos y podamos tener garantizada la posibilidad de encontrarnos con un espectáculo más digno, más profesional, más entrañable.

31 de diciembre de 2010.

  

 

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

  Van por delante mis mejores deseos para estas fechas de navidad y fin de año. A todos los que, por alguna razón han pasado por aquí, hago extensivos que todos sus propósitos de 2010 se hayan cumplido a cabalidad. Que ocurra lo mismo con los planteados para 2011.

Aprovecho también para hacer extensiva una sincera felicitación al Lic. Julio Téllez, que en este mes de diciembre ha logrado la hazaña de mantener al aire por 38 años su programa televisivo “¡Toros y Toreros!” en Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional. Tarea nada fácil si se entiende que para conseguirlo, ha sido bajo una carga de responsabilidad que supone la dedicación de mucho tiempo previo a la edición de esa hora, o media hora que le han permitido, no siempre en los mejores horarios, pero convencido de dejar un legado, blanco de críticas, muy duras críticas; también de las opiniones favorables, que no pueden faltar. Siendo uno de los pocos reductos que hay en estos momentos en los medios masivos de comunicación, es de agradecer su permanencia.

Él mismo, con quien llevo de conocerlo un cuarto de siglo, me ha dicho: “No hagamos de nuestra amistad una sociedad de elogios mutuos” y de eso he aprendido muchísimo para aplicarlo en la vida. Por eso, y en momentos como este, creo que vale la pena apelar a la justicia y celebrar, como lo celebro, ese aniversario, que no todos los días…

Hace ya un buen número de días, apareció publicada una nota en La Jornada, D.F., precisamente del miércoles 1º de diciembre de 2010[1] bajo los siguientes términos: “Consideran diputados prohibir las corridas de toros en el D.F.”

Dos días después, se publicaba también en el mismo diario la siguiente imagen:

Argumentan en la exposición de motivos que la “llamada fiesta brava es un acto indigno con “seres pensantes”, por lo que no se debe permitir la crianza del toro de lidia y su posterior muerte en el ruedo. Y continúa su planteamiento en estos términos: “La ciudad de México, caracterizada por ser una de las ciudades con grandes avances en materia legislativa, no puede ser omisa al terrible maltrato perpetrado en las plazas de toros”, expone.

Es de considerar que lo que buscan desde entonces los Diputados de la Comisión de Administración Pública Local es eliminar toda posible evidencia para que se organicen espectáculos públicos en la ciudad de México. Llama la atención que sus propósitos vayan directamente a la parte sustancial de la Ley de Espectáculos Públicos en cuyos artículos 42 al 48 se encuentra toda la esencia para el funcionamiento de la cosa taurina. Independientemente de que se califique a las corridas de toros como “un acto indigno”, me parece que el fondo tiene que ver con la parte administrativa que se encarga de que los espectáculos se desarrollen en medio de las condiciones más favorables, y donde intervienen tanto el “titular”, empresa o empresario y las autoridades que vigilan el proceso. Si algo anda mal, y si en el fondo lo que pretende el frente común de la Asamblea de Representantes (diputados del PRI, PRD y PVEM) al modificar esa ley para prohibir las corridas de toros en el D.F. es, escudarse en el lugar común de que las corridas de toros son tortura, para irse con todo por la parte administrativa, contemplada, como ya se dijo entre los artículos 42 y 48 de dicha legislación.

Al dar lectura reposada de ese articulado uno encuentra que las cosas funcionan según lo marca dicha ley, y si a ello se agrega la aplicación de un Reglamento Taurino vigente, pues entonces estamos frente a la doble condición de un espectáculo que se rige no sólo por lo que la costumbre establece. Sino por el hecho de que intervienen dos condiciones legislativas que tanto trabajo ha costado articular desde hace ya un buen número de años (si no me equivoco, esto toma fuerza desde la aparición de la Comisión Taurina que encabezó, en primera instancia el Lic. José Muñoz de Cote, allá por los años 80 del siglo pasado).

El aficionado espera que se le ofrezca un buen espectáculo que la empresa no cumple a cabalidad y la autoridad no se encarga de imponer su idem, por lo que el público, los aficionados nos vemos en el desamparo. Y es que una de las principales razones de todo este conflicto es cuando no aparece por ningún lado lo que se anuncia: Toros o novillos como materia prima esencial. Los vemos, es cierto, pero son casos aislados y eso entonces habla de que nos ofrezcan kilos de a 800 gramos, y de que las autoridades se coludan o se hagan cómplices de la empresa o se desentiendan de su cargo, porque también no tienen una autoridad suprema que los respalde, dado que se enfrentan a la ambigüedad misma, por lo que no hay para donde hacerse.

En todo caso, lo que debe plantear la Asamblea, entre otras muchas cosas, es la eliminación de diversos anacronismos, proponer la licitación como medida de estímulo entre nuevos empresarios, impulsar la cultura, fomentar el conocimiento de un espectáculo que no es casual para esta gran ciudad de México. Que tiene una larga historia que contarnos, desde 1526 y hasta nuestros días y por ello debe conservarse como una tradición, como una costumbre, pero también como un patrimonio, como un legado del mestizaje…

24 de diciembre de 2010.


 

 

LOS DESPROPÓSITOS DEL BICENTENARIO…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Antes de todo, quiero agradecer los comunicados que diversos amigos, personas y “navegantes” expresaron por la aparición de este blog. Espero cumplir en la medida de mis posibilidades, mejorar, que ese es el objetivo primordial, pero por encima de muchas cosas, no defraudarlos.

Poco antes del año 2010 no estaban claros los propósitos del estado para las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución mexicanas. En este mismo 2010 que va camino de terminarse, los despropósitos fueron, uno a uno muestra de que ese acontecimiento en lo general se les iba…, y se les fue de las manos. En medio de esos desencantos cuyos resultados se suman al dispendio de recursos, no hubo –y era de esperarse-, forma de cuidar muchos aspectos que, por lo demás resultan prioritarios en atención y significado. Me referiré a dos: los archivos históricos (un área increíble en la que por cierto trabajé durante cinco años como Director del Archivo Histórico de Luz y Fuerza del Centro, en extinción) que, en términos de “atención” quedaron ignorados. El otro tema es el de las corridas de toros que, en términos de “significado” van a tener que esperar más tiempo para su necesaria revalorización, sobre todo porque hoy se enfrenta a situaciones adversas como nunca antes las había sufrido.

Iré por partes, como decía Jack el destripador.

Crisis, cambio de mentalidad, globalización, desarticulación, antitaurinos, ignorancia y otras causas de las que ya no entraré en detalle por ahora, parecen ser el principio del fin para una expresión entendida como ritual y acto festivo. Me queda claro que el toreo, como un proceso que tiene que ver con la vida de un pueblo y de su gente, tendrá que enfrentar en algún momento su desaparición. Si estas señales son síntomas claros de esa merma, pues entonces estamos frente a un paciente que debe pasar a terapia intensiva.

A todo lo anterior, no deja de inquietarme, ni de molestarme también, el hecho de que durante 2010 el uso y abuso de la historia se convirtió en lucha infranqueable entre quienes la manejan con la certeza y el equilibrio del profesional, pero también de todos aquellos advenedizos que, intentando blandir su estandarte, no hicieron sino un simulacro de la razón y la verdad.

El estado, insisto, no fue capaz de mostrar su mejor concepto sobre lo que para él y todos sus responsables, en tanto funcionarios públicos, exigía un reflexivo análisis sobre el significado de una independencia y una revolución como síntomas de profunda transformación que delinearon a México como nuevo estado-nación. Y me refiero a no poca cosa, me refiero a la formación de la República Mexicana, misma que encontró su denominación de origen en Apatzingán, en 1814. Por eso me parece lamentable y doloroso que dos aspectos, entre muchos como son esos maravillosos repositorios de la memoria histórica en infinidad de instituciones en todo el país, sigan siendo motivo de olvido y marginación por falta de esa “atención” a que me refería líneas atrás. Por eso me parece lamentable que la tauromaquia como un legado con casi cinco siglos de convivencia en nuestra cultura; y precisamente sus “significados”, hayan quedado al margen con un balance pobre en cuanto a la reflexión que requería justo este momento de afirmación y consolidación histórica.

No quiero terminar sin antes mencionarles que, en términos de investigación pude aportar en ocasión tan significativa los siguientes tres trabajos:

1.-Como participante en el Congreso Internacional “Dos siglos de Revoluciones en México”. Morelia, Michoacán, México, 17-20 de septiembre de 2008, convocado por la Universidad Nacional Autónoma de México. La ponencia que presenté en la mesa denominada “Cultura siglo XIX” se intitula: Las corridas de toros entre independencias y revoluciones… de la que daré cuenta más adelante en la sección de PONENCIAS, CONFERENCIAS y DISERTACIONES.

2.-Revista Relatos e historias en México, año II, Nº 15, noviembre de 2009 con el ensayo: “Tauromaquia. Doscientos años de historia”. (p. 44-53).

3.-Revista 20/10. Memoria de las Revoluciones en México. Nº 9, otoño de 2010. El ensayo publicado lleva el título: “Guillermo Prieto Pradillo, y una de sus “Charlas Domingueras”, a propósito de toros. (p. 300-313). Ils., retrs.

Si tienen oportunidad de adquirir estas dos últimas publicaciones, háganlo. Se las recomiendo, recomendación que abarca, evidentemente el contenido general de las mismas, para que con ello se formen una mejor idea de lo que significó, ha significado y significará, el asunto de estos últimos 200 años con toda la carga de espíritu, propios de la independencia y la revolución mexicanas.

Diciembre 17 de 2010.

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