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EDITORIALES 2011

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Encantador, entrañable y todo lo que puede tener el peso de la nostalgia, lo encontré en un delicioso texto –El origen de todo- de Enrique Martín, en

 que se los recomiendo. (http://torosgradaseis.blogspot.com/2011/12/el-origen-de-todo.html).

    En esas estaba cuando decidí no escribir la crónica del último festejo ocurrido en la plaza de toros “México”, y es que no lo amerita porque sucedieron cosas que ahora mismo comentaré.

   Como por arte de magia, el glamour desapareció de este escenario para dar paso a una realidad que debería ser el denominador común: y es que salieron toros, que no eran descomunales ni cosa por estilo, pero toros al fin y al cabo, con la edad que se podía comprobar en el desarrollo de su cornamenta, en esos cuerpos largos, armoniosos y musculosos. Es decir, por la sola presencia de los ejemplares de Villa Carmela, salvo uno que desentonó por falta de trapío. Pero por lo demás, esa presencia incómoda, donde la sosería por un lado, lo descastado de algunos por el otro y el desarrollo de sentido de más de dos, generó una serie de circunstancias que se agradecen en estos tiempos. Además, hubo oportunidad de disfrutar los avances técnicos y estéticos de Fermín Rivera, por lo que, para quienes lo vimos en ese cuarto de la tarde, nos dejó un grato sabor de boca. 

Sobre Mario Aguilar, tengo la impresión de que se encuentra en situación afortunada, pero que ocasiones como la de este 18 de diciembre no debe dejarlas pasar, pues lo único que puede producirse de manera afortunada, es que vaya afinando su toreo. El futuro es prometedor pero también inseguro.

   Los de Villa Carmela no fueron peritas en dulce, no se acabaron a los toreros, incluso todos pasaron con un puyazo, pero en su mayoría se vinieron a menos, lo que produjo desencanto. Aunque, como decía mi padre, una tarde así, que no es cúmulo de triunfos y detalles bonitos, tiene otro tipo de acontecimientos que una valora y aprecia con otros ojos, los de un trayecto que, para mi caso, alcanza ya los cuarenta años de andar en esto, por lo que puedo afirmar que algo se ha aprendido; aunque no todo. Se aprende un poco más para ser un poco menos ignorante. Y creo que en ese sentido, la lectura de Enrique Martín reafirma esa apreciación.

   El objeto de la lidia en su proceso técnico tuvo durante el desarrollo de esta 7ª corrida, circunstancias que los aficionados supimos valorar. Afortunadamente, la escasa asistencia estaba formada en su mayoría por “cabales” que no fallan, mismos que tuvieron en el curso de la tarde un despliegue de aspectos, como la lentitud, el aplomo y el temple con que Fermín resolvió la negativa de su ejemplar por embestir a los cites del nieto del otro gran Fermín Rivera. Y pareciera que este joven llegó a la “México” con 80 o 100 festejos a cuestas, cuando sólo traía en la espuerta registro de seis, en todo el año, lo que habla de la mala administración, combinada con la mala suerte y otros efectos demoledores que causan daños irreversibles en promesas o esperanzas como la planteada por Fermín Rivera y otros aspirantes a un lugar de privilegio en esto de los toros. Esa oreja debe haberle sabido a gloria y claro que se la ganó a ley. Esperemos que, como caja de resonancia, las empresas de provincia, y la misma plaza capitalina sean capaces de apoyarlo, que tiene con qué y para qué.

   Este domingo 25 de diciembre, la empresa nos hace un regalo en la corrida de navidad, presentando toros (espero que así sea), que proceden tanto de Campo Hermoso y La Punta. Los cuatro espadas serán: Emiliano Gamero, Alfredo Gutiérrez, Alejandro Martínez Vértiz y Eduardo Gallo, cuyos nombres no tienen semejanza con los de las “figuras” consentidas y cuyo trato va a tono con el hecho de que se les ponga, en charola de plata, ganado a modo. De igual forma, el 1º de enero de 2012, con toros de San Marcos, comparecerán: Ruiz Manuel, Miguel Ortas “Miguelete” y Antonio García “El Chihuahua”. No tengo la menor duda de que el Arq. García Villaseñor cumplirá como todo un “Señor ganadero”, enviando un encierro digno a la plaza mayor de México.

   Son carteles cuyo primer atractivo habrán de garantizarlo los toros que se anuncian, y es que en realidad se convierten dichas tardes en ocasiones perfectas para conocer y disfrutar la figura del toro bravo, ese elemento que además de ser eje central y primer actor en el espectáculo, por otro lado una serie de intereses muy bajos pretenden minarlo, reducirlo, manipularlo y demás “lindezas” hasta el punto de convertir a la fiesta en eso, en un remedo de diversión, y todo llevado a las expresiones más tristes y peyorativas que “fiesta” y “diversión” tienen también como significado de ritual que impone la sola presencia del toro bravo, sin más.

 21 de diciembre de 2011.

 

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Hace unos días, varios integrantes de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (sobre todo del partido verde), propusieron algún dislate que en nada favorece la situación actual de las corridas de toros, por lo que de inmediato encontraron una reacción, sobre todo por parte de los ganaderos, quienes presentaron un documento ante la Comisión de Administración Pública de esa misma representación, texto que fue leído por Carlos Camacho, representante común de las Agrupaciones Taurinas.

 7 de Diciembre de 2011.

 Honorable Asamblea Legislativa del Distrito Federal

Comisión de Administración Pública Local

Honorables señoras y señores legisladores.

   Acudimos a esta cita todos aquellos que representan una parte actuante de la tauromaquia Mexicana y de la celebración de corridas de toros, no solo en esta ciudad capital, sino de todos los rincones de nuestro país.

   Lo hacemos en pleno respeto de las instituciones que nos hemos dado los mexicanos para que en el marco de ellas, se discutan mediante el ejercicio democrático los intereses, a veces contrapuestos, de los ciudadanos y para que tenga lugar nuestra convivencia y viabilidad como sociedad.

   Pero lo hacemos también manifestando nuestra inconformidad por la celebración de unos foros cuya organización deja mucho que desear ya que debería caracterizarlos la equidad y la imparcialidad.

   No ha sido suficiente el tiempo entre la convocatoria y la celebración de estas mesas para preparar la defensa de más de 500 años de una actividad sumamente arraigada en nuestra cultura y en nuestra identidad nacional. No es bajo esta figura en la que se puede expresar el cúmulo de sueños, proyectos, trabajos, medios de subsistencia, empleos, inversión y formas de vida que representa el sector taurino en el país y en la Ciudad de México. Por todo ello, leemos este comunicado conjunto y coordinado delante de ésta soberanía, bajo protesta y manifestando nuestro descontento.

   Este escrito está respaldado, como ya decía por todos los sectores formales de la tauromaquia.

   En esta mesa, encuentran ustedes representados a aquellos que crían al toro mexicano, que velan por su desarrollo como especie y su crecimiento como animal con los cuidados que obligan el respeto que se le tiene a la vida. Están presentes los señores ganaderos.

   Encuentran también a los hombres que desde niños sueñan con convertirse en aquellos que quieren honrar la vocación que la naturaleza ha dado a una de las especies animales más maravillosas y que han hecho de su actividad profesional no sólo aptitud artística, sino carrera de vida. Están los señores matadores de toros, acompañados también por los picadores y banderilleros, llamados también subalternos.
   Encuentran a los hombres que invierten, arriesgan, emprenden y hacen posible que todos los actores y todas las condiciones de la fiesta se conjunten en el reconocimiento de que existe un grupo social, de hombres y mujeres, de niños y viejos, de nacionales y extranjeros que disfrutan de la celebración de las corridas de toros y en esa medida “hacen empresa“, generan empleo, contribuyen al erario, y brindan un espectáculo y entretenimiento a miles de personas. Ellos son los Empresarios Taurinos

   Están también respaldando esta manifestación los cientos de miles de personas que no sólo disfrutan la tauromaquia en sus diversas expresiones, sino que también quieren preservar y mantener vivas tradiciones, memorias, aficiones y gustos, mismos que en una sociedad moderna y desarrollada deben caber como muestra de la convivencia con tolerancia y de una agenda de libertades propia del progreso. Esos somos los aficionados taurinos, aquí representados por cada uno de los que, en sus diferentes roles, participan y disfrutan de la tauromaquia.

   Es nuestra intención aprovechar este foro para decir que no estamos de acuerdo con la prohibición de las corridas de toros y que legislar en ese sentido es y será no solo controversial, sino política y socialmente reprobable. Y no por el hecho de recoger una causa que la sociedad perciba como parte necesaria de la agenda legislativa de cualquier comunidad, sino porque manda un mensaje contrario al que se confiesa como motor original de semejantes iniciativas: La prohibición no es y nunca será parte de la agenda progresista, ni propia de una sociedad de vanguardia.

   Nos hemos presentado aquí, aún sabiendo que no es en condiciones óptimas, por diferentes razones, pero principalmente para dirigir mensajes muy claros y muy puntuales a los interesados e involucrados en este tema.

   El primero es muy puntual. Los mexicanos que tenemos afición por la tauromaquia o que vivimos de ella, estamos abiertos al diálogo y a la difusión de nuestra posición. No buscamos convencer, sino que se comprenda lo que observamos nosotros como válido. Esta apertura al diálogo la planteamos como nuestra bandera y como nuestro ofrecimiento primero.

   A aquellos activos en la causa animalista les decimos que comprendemos que su posición es igualmente valida. Que respetamos sus argumentos y reconocemos que a pesar de tener diferentes percepciones y sensibilidades sobre hechos puntuales, nos inspira el mismo respeto por el único animal que nos interesa proactivamente proteger y que de hecho hacemos. El toro de lidia.

   A ustedes ofrecemos nuestro más firme compromiso de dialogar, en condiciones de equidad y sin politizar las causas y suplicándoles evitar caer en la descalificación de nuestra manera de ver el mundo. De verdad les decimos que no nos mueve, aunque no se comprenda, la crueldad, la falta de piedad o la sinrazón y mucho menos la violencia.

   Por último, pedimos también, para tener un diálogo fructífero y que los señores legisladores y las autoridades capitalinas tengan herramientas para legislar y para gobernar, que el dialogo se lleve a cabo escuchando las sensibilidades de todos y con respeto a los argumentos que se esgriman.

   A los legisladores de esta Asamblea Legislativa les pedimos un estudio profundo de la realidad de la tauromaquia. Un acercamiento y comprensión a fondo de lo que implica en términos de una actividad milenaria. La afición por los toros, el amor al animal y el respeto que su vida y su muerte nos inspira, es cierto que no puede ser conocida y muchas veces comprendida si se observa de manera superficial. Conocer y amar la fiesta de los toros es para muchos los que estamos sentados en esta mesa gracias a la tradición o a la herencia familiar, de años de afición, de horas de inducción que ciertamente comienza en la mayoría de los casos desde la infancia, es algo que no se puede comprender espontáneamente.

   Aplaudimos sin lugar a dudas la realización de foros, de visitas, de estudios, de investigación y de comprensión de los argumentos antes de legislar en el tema que mas nos interesa. Ahí nuestro reconocimiento. Pero pedimos de la manera mas atenta y respetuosa posible a esta Soberanía, que estas causas que para nosotros son razón de vida, no se tomen a la ligera y se estudien con profundidad.

   A aquellos legisladores que no han tenido la oportunidad de acercarse a los toros, nuestra invitación a conocer al animal y a comprender el amplio respeto que por él tenemos. Conocerlo en el campo y comprender cómo es que llega al ruedo, cómo vive y cómo se cuida. Cómo cada parte de la fiesta ha tenido una evolución de siglos para hacer de la muerte del toro algo digno y de respeto. Nuestro ofrecimiento es enseñarles nuestra realidad. Nuestra petición es que no se legisle ahora, sino hasta transcurrido un buen periodo de análisis y más aún, privilegiando valores deseables de nuestra sociedad: la tolerancia, el respeto, la inclusión y sobre todo la libertad.

   A las autoridades ejecutivas capitalinas, al Gobierno de la Ciudad nuestro reconocimiento por ver en la fiesta de los toros un motor de la actividad turística; por hacer valer una más de las miles de opciones que ofrece esta Gran Ciudad de México.

   Les pedimos que conduzcan de manera ordenada el debate al que hemos sido convocados para que no se den confrontaciones innecesarias, para que las posturas radicales no sean las que imperen, para que no haya conflicto justo ahora en que los mexicanos nos disponemos a ver y evaluar las ofertas políticas para después elegir.

   Para que la Ciudad de México siga siendo reconocida como la ciudad de vanguardia que es, reconocida por ser ejemplo de tolerancia y de convivencia pacifica, en donde reinan las libertades y en donde las causas progresistas encuentran su motivo. Evitar las prohibiciones, privilegiando siempre la dignidad humana.

   Finalmente al Gobierno de la Ciudad de México le pedimos de la manera más atenta y respetuosa que las disposiciones reglamentarias que conducen nuestra actividad sean ejercidas estrictamente. Buscamos más y mejor regulación y que únicamente de esa manera nuestra actividad y nuestra afición serán respetadas en el mundo, por las diferentes posturas en torno un tema que reconocemos tiene afectos y detractores.

   A las organizaciones civiles en un lado y otro del debate, les pedimos que este se lleve siempre en el terreno de las ideas, con altura de miras y velando siempre por la mejora de nuestra sociedad. Rechazamos categóricamente el activismo, la manifestación violenta y las agresiones.

   A la sociedad en general le pedimos que si le gustan las corridas de toros se ponga del lado de las libertades y si es el caso contrario, también. Reconocer nuestras respectivas sensibilidades es la clave para una convivencia social armónica y pacífica.

Honorable Asamblea, Señoras y Señores Legisladores,

   No somos una causa. No existimos como causa, no politizamos, no polemizamos, simplemente manifestamos nuestro derecho BIEN SUSTENTADO a ejercer una actividad multidisciplinaria y multifactorial (no es solo una afición, es una profesión, es un empleo, es una inversión, es una forma de vida, es un espacio de cultura, es recreación y es ocio, es espacio de polémica, es actividad de preservación y es oportunidad de desarrollo, es crecimiento económico y es comunicación).

   Esta posición que se manifiesta aquí es una posición unificada del sector taurino de la sociedad mexicana. Para difundir nuestra actividad y para que se comprenda nuestra visión, se necesitan mejores condiciones por lo que no continuaremos con nuestra presencia en estos foros. Aquí estaremos, abiertos al dialogo equitativo y respetuoso. Creemos que habrá mejor ocasión.

   Honestamente creemos que la causa animal debe luchar por el bienestar de los animales y ahí tenemos puntos de encuentro. Apelamos a que del otro lado del pasillo, se reconozca que allí tenemos coincidencias y que nuestra perspectiva de vida tiene tanto valor, tanta importancia y tanto derecho a existir, como la suya.

   Una ciudad de vanguardia es aquella en la que imperan las libertades, en la que el respeto por los intereses del otro, es la norma, en la que el reconocimiento que los valores culturales y artísticos de otro, a pesar de no compartirlos son valiosos, respetables y tienen derecho a coexistir.

   En palabras del filosofo Wolff: exigimos Tolerancia hacia las opiniones, Respeto a las Sensibilidades y Libertad para hacer TODO lo que no atente contra la Dignidad de las personas.

   Señores legisladores: Legislar es un acto de la más alta responsabilidad. La sociedad les ha conferido esa y otras, entre ellas velar por el progreso y por la convivencia armónica de ésta inconmensurable ciudad. El progreso estará siempre de la mano de las libertades. La causa progresista encuentra su lema en el de prohibido prohibir. Hagámoslo valer.

Muchas gracias.

Suscriben:

Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares (NMTNRS)

Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros (UMPB)

Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia (ANCTL)

Agrupación de Empresarios

Múltiples organizaciones de Aficionados Taurinos.

Comisión Taurina del Distrito Federal.

   Sin embargo:

   En ellos –principalmente en los ganaderos-, les va la vida por proveer honestamente de la materia prima más importante con que se nutre el espectáculo. Si lo que viene sucediendo en los últimos tiempos es un espejo de la realidad, es decir, cuando no estamos viendo toros sino un remedo de ellos, de nada sirven pronunciamientos como el planteado por ellos, mismo que supone el común acuerdo de todos quienes integran la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia. No es posible que si se pretende conservar una tradición, un legado, un patrimonio, sean ellos mismos quienes no cumplan con ese deber. No son todos, eso me queda claro, pero por unos cuantos, y si se empeñan en esa postura u obsesión de plegarse a los intereses de otros (toreros o empresarios), no estaremos viendo resultados claros.

   Finalmente, tengo la impresión de que este documento, en aras de mejorarlo puntualmente, tiene necesidad de ajustar algunos elementos históricos, sociológicos y culturales para presentarlo de modo más coherente y contundente también.

8 de diciembre de 2011.

 

  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Hace algunos años, escribí un texto que denominé:

 LA FORMA ABSURDA DE RECLAMAR LA IRREALIDAD DE LA REALIDAD EN EL TOREO, O LA MODERNIDAD VS. ANACRONISMO.

    En él, como lo podrán leer a continuación, intentaba explicar los conflictos que para entonces se vivían en torno a la pugna entre modernidad y tradición (que entonces denominé “anacronismo”) habido en un terreno polémico como es el de las corridas de toros. Hoy día, al intensificarse ese panorama, y sin perder vigencia, no queda sino reflexionar de manera contundente para afirmar y reafirmar nuestras posturas, en aras de una defensa legítima por y para los toros, hasta convertir esa expresión y ese legado, en un posible candidato, ante la UNESCO, para verlo convertido en un patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

    El toreo, es suma de sensaciones y de experiencias, donde la cuenta de los siglos nos ha enseñado: la evolución adquirida por un espectáculo anacrónico, goza de eternidad enfrentando lo efímero. Qué se puede esperar de una fiesta, permeada de arte y técnica si la muerte se vuelve un retorno a la barbarie, si ante todo esto, la diversión no sucumbe ante el pesimismo.

   Frente a lo anterior, ¿cómo explicarse el conflictivo maridaje del toreo con toda esa carga de contradicciones?

   No es fácil. Se requiere el desmenuzamiento de nudos gordianos. Pero no es el caso. La corrida donde confluyen todos estos elementos casualmente se ha celebrado apenas ayer domingo, luego del oficio religioso, con apenas unas horas de diferencia para transitar del reposo al éxtasis. Ritos hebdomadarios, donde librarse del pecado por la mañana es honrarlo por la tarde, asistiendo a los toros.

   Parece arriesgada o atrevida esta afirmación, pero en el fondo lo es, con toda su carga de pureza conseguida, por un lado, a golpe de disciplinas que cada pecador se inventa para sí, y de ese modo obtener el perdón. Pero por el otro, se procura asistir puntual a la cita de la tarde para participar en la complicidad del pecado que puede esconderse en el grito anónimo y despiadado que descalifica al “matador” o a la autoridad en turno, desgañitándose y manoteando sin ningún control.

   Las fuerzas del bien y del mal, el antagonismo como toreo. Visión maniquea que se esconde detrás del burladero, quizá para un lance soñado o para la “espantá” indeseable.

   El toreo es azar, y por más que sepamos de la existencia de un guión que se escribe desde hace siglos, y se le respeta como al Corán o a la Biblia, sin embargo con la contraparte, como representación del mal se altera todo lo establecido. Por eso, cuando un torero obtiene el más resonante triunfo, llega a pensarse que hizo conjuros con Lucifer o que los propios ángeles hicieron alianza celestial y desde allá enviaron el rayo que iluminó aquel “milagro” de faena.

   Nunca acabaremos de entender, por más literatura y explicaciones que pretenden desentrañar ese eterno misterio, el significado real de la tauromaquia con todos sus valores, unos, suspendidos en el aire apenas con el hilo de Ariadna. Otros, soterrados, bajo la espesa e inexplicable sinrazón de un murmullo que trae toda la razón a cuestas y de pronto puede olvidársele, sin más.

   Desde luego que la interpretación del toreo se multiplica en la pluma de muchos escritores y poetas también. Allí están todos esos otros artistas que lo pretenden explicar a la luz de sus personales interpretaciones. No ha bastado tanto para tan poco, quizá para nada. Y allí vamos una vez más a la plaza, pretendiendo aprender la lección que nos resulta lugar común y de tanto concebirla así, nos olvidamos de pronto de lo esencial. Reiteramos enfermizamente ese síntoma y nos quedamos como al principio.

   Cada regreso es también un reproche, la forma absurda de reclamar la irrealidad de la realidad que no vemos por ninguna parte. Aficionados los hay que amenazan no regresar y rumian su capricho en el tendido. Cambiar de religión no es pasarse de una acera a otra y ya está. La renuncia a la vida mundana por una limitada no es de elegidos sino de quienes eligen ese destino. Este modelo metafórico lo traigo aquí para destacar que siendo aficionado de toda la vida, no se puede renunciar sólo por invocar al pasado. Se vive de presentes para construir futuros que consolidan, ahora sí, cada uno de nuestros pasados como fortaleza donde nos miramos. Pero el pasado como evocación nostálgica nos abruma con los recuerdos gratos, unidos a nosotros como enlace vivo, que nos pertenece y nos es tan familiar.

   Pero cuando el recuerdo echa en loca carrera las manecillas del reloj para atrás, se dispersa la memoria y nos pone ante escenarios ajenos, imaginados, vagamente sustentados por testimonios de una realidad, para el pasado su realidad, no la realidad del presente que en realidad es otra, tan distinta, tan ajena, que no veo como -de manera conveniente- las enlazan, las enlazamos y entonces la realidad se torna ficción.

   Todo lo anterior es sujeto de la vulnerabilidad. De ahí que el toreo sea un espectáculo donde los sobresaltos están a flor de ruedo. Al fin y al cabo es una fiesta donde todo puede ser portentoso o simplemente desabrido.

   Dejémonos de ciertos prejuicios que sólo nos dejan ver la corrida prendida de hilos subjetivos. Es cierto, cuidamos que el anacronismo no esté en peligro de extinción, pero nos volvemos demasiado radicales (¿nostálgicos?), e incluso hasta intolerantes, sin resolver nada. Por eso convocar al pasado resulta una fórmula perfecta y perspicaz de renunciar al presente.

   El toreo como manifestación estética, por encima de su estructura técnica alcanza en nuestros días la necesaria reflexión sobre el venidero siglo XXI y el tercer milenio juntos. Precisamente, José Carlos Arévalo, analizando el toreo de José Tomás, apunta:

   “Hoy, José Tomás asume los hallazgos técnicos de la vanguardia y los pone al servicio del toreo más clásico. Una dicotomía que lo hace difícil de clasificar. No es un revolucionario ni un clásico, tampoco es un artista postmoderno, aunque sea todas esas cosas a la vez. Es algo indefinible y nuevo, el torero más técnico que he visto y al que menos se le ve la técnica, porque no la utiliza como ventaja sino como desventaja -al menos, aparentemente-. Intuyo que cierra una era inventiva del toreo y que inicia una etapa estética del toreo. Y presiento que poco a poco los aficionados dejaremos de hablar de la tauromaquia -ciencia del toreo- para hablar del arte del toreo. No sé si durará mucho o poco, ni si eso es relevante o no. Pero sé que ha abierto de par en par las puertas del siglo próximo al arte de torear”.

   Como vemos, es un tema harto discutible, que tiene mucha tela que cortar, y así como se discute a la tauromaquia -ciencia del toreo-, así también entre los historiadores nos enfrascamos en el discurso de si la historia es ciencia o no lo es, porque la historia tiene sus conflictos, pero también sus soluciones.

 28 de noviembre de 2011.

 

 

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Antes de entrar en materia, debo enviar desde aquí mi agradecimiento al buen amigo Juan Antonio de Labra quien, como responsable del portal “AlToroMéxico.com”, tuvo a bien dedicar una nota que se divulgó a partir del 17 de noviembre pasado, misma que daba cuenta de la labor realizada por quien esto escribe a través del blog APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS, que me he encargado de impulsar desde el momento de su creación: el 13 de diciembre de 2010. Dicha difusión tuvo efectos afortunados pues “navegaron” por este blog un importante número de visitantes, a quienes también les estoy agradecido, pues espero que al conocer una alternativa más en términos de difusión por y para la tauromaquia mexicana, hayan encontrado una nueva opción que tiene muy clara esa tarea, partiendo del uso pertinente de la historia como forma de tratamiento en cada una de sus propuestas, que hasta estos momentos han alcanzado casi los 250 “Artículos”, repartidos en otras tantas “Categorías” que usted, amable lector podrá encontrar también en el “Archivo”. Será a partir de estos momentos en que este blog, mantendrá un enlace permanente con el portal “AltoroMéxico.com”, como una forma de dar cuenta de diversos acontecimientos ocurridos entre ese caudaloso pasado y el momento presente de la historia taurina mexicana.

    Precisamente, fue en este portal cuando hace unos días apareció una interesantísima colaboración de otro buen amigo: Paco Aguado quien da cuenta de su colaboración semanal “Desde el barrio”. La del 8 de noviembre, “Toros frente a corderos” (http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=10169) es un clarísimo testimonio de ocurrencias que los antitaurinos se han empeñado en cuestionar, olvidando que existen culturas como la islámica entre cuyas razones que se vinculan con celebración o ritual, la “fiesta del cordero” supone un sacrificio masivo de tantos corderos como sea posible, “agradeciendo a Alá su bondad para con los hombres”. Aguado explica las implicaciones que dicho asunto de honda raíz musulmana tiene en territorio español, por lo que el sacrificio del cordero, podría estar convertido –a los ojos de quienes no comprendan la raíz de esa compleja cultura- en un auténtico escándalo. Luego, da cuenta de otros asuntos relacionados, por ejemplo, con la matanza de cerdos y hasta el uso de la pistola eléctrica que sustituye, por orden europea, a los tradicionales cuchillos.

   La sustancia de su colaboración se da en el último párrafo donde enfatiza lo siguiente:

   “Pero de estas cuestiones no hablan, al menos en España, el insidioso Anselmi y sus secuaces del veganismo. Buscando siempre la publicidad gratuita y la polémica más populista, prefieren seguir engordando su negocio señalando a la fiesta de los toros como la principal “masacre” animal que no meterse en charcos tan resbaladizos como el de las costumbres religiosas, sobre todo sin son islamistas. Faltos de coherencia y de valor, les es más rentable defender a más de diez mil toros muertos con gloria que a cientos de miles de corderos degollados en nombre de Alá”.

   Por lo tanto, les recomiendo la lectura del texto de Paco Aguado.

   De igual forma, también encuentro una interesante exposición, aparecida en la página de internet: Opiniónytoros.com,[1] y que corresponde a la reflexión del señor Federico Ricardo Reyes G., aficionado de Arizona, USA y que por el peso de su contenido, lo cito a continuación.

 MORIR EN EL RUEDO

    Todos los animales inevitablemente deben pasar por el trance de la muerte, antes que la gastronomía los convierta en exquisiteces que saboreen los humanos. En el ritual de la mesa no se hacen muchas preguntas. Quien saboree una langosta no le interesa saber que ese animal fue lanzado vivo al agua hirviendo, ni quien se lleva a la boca un jugoso asado se preguntará en qué circunstancias murió esa res. En el caso de los bovinos la forma usual es llevarlos a un rastro o “matadero”, en el cual forman línea en la que las reses van avanzando, viendo como las que van adelante caen al suelo, para ser levantadas con ganchos, cabeza abajo retorciéndose aun en su agonía, para luego ser desangradas, invadiendo todo el ambiente el olor a sangre y muerte. En este grotesco proceso se oyen los lastimosos mugidos de desesperación cuando su instinto presiente el cercano final. Mal puede calificarse alguien de antitaurino si antes no ha vivido la experiencia de ver como es sacrificado el ganado que provee la carne que sin remilgos satisfará su apetito. Quienes se consideren antitaurinos y sean consecuentes con sus ideas deberían ser vegetarianos y si realmente les preocupa como son sacrificados los animales tienen aun mucho por descubrir.

   De las ganaderías de reses bravas, la mayor parte de ejemplares son enviados a estos lugares, pero dado el caso que a los antitaurinos poco les importa la forma como estos morirán, nos enfocaremos en la muerte del toro bravo en el ruedo.

   Para entender al toro bravo hay que instruirse en algunos conceptos básicos de la tauromaquia, entender lo que es la casta, la bravura, el trapío y por otro lado tener la sensibilidad artística necesaria para descubrir, sentir y disfrutar el arte. Sin esos requisitos es comprensible que un neófito en tauromaquia solo vea en el toreo a una persona llamada torero confundiendo al toro con un trozo de tela, cuando el capote y la muleta son como pinceles que dibujan con elegancia y profundidad lances armoniosos, cadenciosos, artísticos, quedando como bordadas en el albero imágenes que perduraran por siempre en las retinas del aficionado. Como negarle sensibilidad artística a genios de la talla de Pablo Picasso, quien vibraba de emoción ante una faena de antología? La sensibilidad artística es un don que no se le concede a todos y sin ella no es posible hablar de la esencia del arte en su real dimensión.

   A diferencia del ganado de carne, el cual al nacer es separado de su madre, castrado y tratado como un objeto comercial cuyo único objetivo es llegar engordado al matadero, el toro bravo nace en dehesas con pasturas y cuidados especiales, crece junto a su madre mamando de ella libre y naturalmente, en un entorno protegido y libre de predadores, bajo el cuidado del mayoral y de su propietario. Pocos animales tienen una vida tan afortunada, en un ambiente ideal, llegando a convertirse en un cuatreño, luciendo con orgullo su estampa, pitones, morrillo, ese trapío que lo convierte sin duda en uno de los animales más hermosos de la creación.

   Si el toro bravo pudiera expresarse, ante la disyuntiva de ir a morir al ignominioso matadero o salir por la puerta de toriles, haciendo gala de su casta en la plaza de toros, no dudaría un instante en preferir morir con honor, el poder pasar a engalanar el libro de toros famosos o el ser indultado, viviendo el resto de sus días luciendo su estampa de reproductor en los campos de la ganadería que lo vio nacer.

Al igual que el ser humano, ante una situación de peligro, en el toro fluye adrenalina, haciendo que la casta supere al dolor, el toro bravo no rehúye al castigo, al contrario, se crece ante el, su bravura hará que llegue embistiendo hasta el final y sin descartar en todo momento la posibilidad de infringir una cornada, de hecho toreros como Manolete fueron corneados al entrar a matar, cayendo en el albero toro y torero heridos de muerte al unísono.

   Esa es la esencia del arte de torear, una conjunción de toro, torero, arte, valor y tragedia. A esas voces que se alzan en contra de la fiesta el toro bravo les diría que no se metan con el “mundo del toro”, mundo que por derecho le pertenece, mundo reservado a quienes vivimos con pasión el arte de torear y que ni la política ni la ignorancia podrán nunca erradicar.

   Al toro bravo le ha costado mucho convertirse en Su Majestad “El toro de lidia” y nadie tiene ni la autoridad ni el derecho de impedir que cierre su fascinante ciclo de vida defendiéndose orgulloso en el ruedo.

   No estamos hablando de la “fiesta del torero” ni de la “fiesta del aficionado taurino”, este es el “MUNDO DEL TORO” es “LA FIESTA DEL TORO” en la que él es el protagonista principal y nada ni nadie impedirá que siga siéndolo.

    Finalmente, me permito incluir una interesante “carta” que aparece en el blog peruano “Suerte Suprema”, bajo la responsabilidad de Héctor José Vergara A. y que lleva por título: “Carta de un toro de lidia para antitaurinos y taurinos”, dirigida a Eva Espinosa, quien preside la peña taurina “Tierra Brava” de Apizaco, Tlaxcala. Véase:

http://tauronor.blogspot.com/2010/03/carta-de-un-toro-de-lidia-para.html

    Veremos en qué medida nuestros propósitos pueden ir avanzando con afirmaciones y revelaciones como las que hoy se presentan en esta sección.

21 de noviembre de 2011.


[1] Disponible noviembre 15, 2011 en: http://www.opinionytoros.com/tribuna.php?Id=1207

  

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    En un primer balance, luego de haber presentado –palabra por palabra-, tanto el debate sostenido por Gustavo Larios y Genaro Borrego, así como la exposición de Leonardo Anselmi, estas son mis apreciaciones al respecto.

  Cuando el imperativo en la justicia, la historia, la sociedad y en otros muchos aspectos de la vida es la verdad y esta, concebida como ideal del absoluto, aunque sólo sea posible alcanzar una dimensión relativa de la misma, se hace necesario por tanto un balance del conflicto no sólo de posturas. También de ideologías que vienen dándose con motivo de si son pertinentes o no las corridas de toros.

   Veamos.

   La animalidad y la humanidad tienen sus marcadas diferencias. Que tenemos deberes, derechos y obligaciones para con todas las especies animales, por supuesto que sí. Que debemos preservarlas evitando así su desaparición o extinción, también. En el caso concreto del toro de lidia, esta ha sido una especie cuya pervivencia ha sido posible para convertirla en elemento fundamental del espectáculo que hoy es motivo de polémica. El toro es un mamífero cuyo destino se centra en no otra cosa que para los propósitos mismos de la tauromaquia. Sin esta expresión milenaria y secular, ese hermoso animal sería uno más de los muchos condenados al matadero y su carne y derivados puestos al servicio de una sociedad de consumo, sin más.

   Pero sucede que tras un largo recorrido, el toro es y ha sido una de esos elementos de la naturaleza que han pasado a formar parte del proceso de domesticación. El hombre antiguo vio en él unas condiciones de morfología y anatomía proporcionadas, que se mezclaban con fortaleza, musculatura y belleza armónica que no tenían otras especies del amplio espectro del ganado mayor. El hombre moderno, en particular los hacendados y luego los ganaderos, llevaron esa domesticación primitiva a terrenos de la crianza más sofisticada y precisa hasta lograr ejemplares modelo. Cumplido ese principio, mantienen vigentes tales propósitos, teniendo como resultado hoy día un toro apto para el tipo de ejercicio técnico o estético tal y como se practica en nuestros tiempos. Por tanto, no ha sido una tarea fácil, si para ello deben agregarse factores relacionados con el tipo de suelo, de pastos, la presencia de fuentes de agua, de alimentación y demás circunstancias que suponen un desarrollo correcto mientras permanecen en el campo, a la espera de ser enviados a la plaza.

   Ya en este espacio, su presencia cumple una serie de requisitos no sólo establecidos por ritual, usos y costumbres o el mercado por un reglamento o legislación hecha ex profeso para permitir que el desarrollo de la lidia en su conjunto, se realice dentro de los márgenes más correctos posibles, en apego a todos esos principios, mismos que una afición presente en la plaza desea verlos materializados.

   Ahora bien, ritual, usos y costumbres y el mismo principio legislativo que determinan el desarrollo del espectáculo, no solo consideran, sino que dan por hecho que uno de los componentes en el desarrollo de la lidia es el factor en que el toro es sometido violentamente hasta llevarlo a la “muerte previa” (la “muerte definitiva” ocurre en el matadero de la propia plaza). Esa “muerte previa” ocurre en presencia de los asistentes todos, como culminación de un ritual que complementa los propósitos de un espectáculo en el que todos los actores participan (lo que para los contrarios es la tortura misma) en aras de que se produzcan efectos de disfrute o goce, celebrados colectiva, multitudinariamente en la decantación a una sola voz del vocablo, término o expresión que mejor lo explica. Me refiero a la voz expresiva o interjección “olé”, que viene de ·ualah”, y cuya connotación más precisa sería entendida bajo el peculiar significado de “por Dios”.

   En una invocación concatenada entre presente y pasado y estos eslabonados con un sinfín de elementos configurados a lo largo de siglos, explican que la tauromaquia es o se convierte en un legado, cuyo peso histórico acumula infinidad de circunstancias que han podido configurar su significado, ese que hoy rechazan ciertos sectores de la sociedad moderna, la cual parece negarse a escuchar las voces y experiencias del pasado, cuando solo tiene puesta la mirada en ese objetivo que para ellos es maltrato a los animales.

   La cultura que compartimos, que nos formó y moldeó tiene, entre sus complejos ingredientes, aquellos que nos permiten entender que efectivamente hay un maltrato, pero lo toleramos en virtud de que proviene de toda esa superestructura racional o irracional con la que, como sociedad estamos formados. En nuestro caso, asumimos la tolerancia y no sé si como redención para superar el sacrificio y muerte de varios toros durante un festejo. No por ello somos necesariamente crueles e insensibles. Sabemos y entendemos los taurinos que per se, esa parte culminante para la vida de un toro bravo se convierte en una muerte gloriosa (principio de una teoría compleja relacionada con los diversos significados que podría tener este término desde lo religioso o lo ideológico, dos factores que por sus composiciones son suficiente razón para detonar la polémica).

   Así pues: los grupos contrarios a la celebración de las corridas de toros tiene sus propios puntos de vista, discutibles o no. De ese mismo modo, nosotros los taurinos también estamos en derecho de defender, legitimar o justificar la presencia y permanencia del espectáculo taurino, asunto que no es casual. Que no es de ayer a hoy, que ha tenido que tomar muchos siglos de formación y consolidación para, en su condición primitiva, también evolucionar.

   De todo lo anterior, nos queda muy claro que entre muchos aspectos, somos conscientes del objetivo establecido por la ética, en cuanto al hecho en el que, desde la filosofía entendemos como aquel principio moral de las obligaciones del hombre para, en este caso, las especies animales, principio que además rige la conducta humana y nos lleva hacia un sendero que se valora como ética profesional.

   Por ahora este es, uno entre muchos de los elementos de defensa que hemos de seguir mostrando para dejar en claro cuáles son las razones para garantizarle pervivencia segura a la tauromaquia. De ahí que sea preciso continuar con dicha labor, hasta tener los elementos puntuales y contundentes con que hemos de dar nuestra propia batalla a su favor.

 14 de noviembre de 2011.

 

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Canes más que finales.

 Sombracanes

pregárgolas sangrías

canes pluslagrimales

entre bastardos roces contelúricos de muy ausentes márgenes

Ascuacanes ninfómanos pregono

con ululado ahinco

que malciernen inhímenes posueños de podrelengua amante.

Canes viables apenas dilucido tras la yerta penumbra acribillada por sus arpones rabos al rojo interrogante

cuando el gris hondo enhiedra sus muy amustios huéspedes en subpisos estrábicos.

 Oliverio Girondo[1]

    Este genial autor argentino (1891-1967), hizo suyo el movimiento del “ultraísmo”, circunstancia creativa que se parece en mucho al estridentismo que conmocionó en lo literario a nuestro país, allá por los años 20 y 30 del siglo pasado. Por gran argentino, y por gran poeta, escogí este poema cuya difícil construcción permite entrever una imaginaria corrida de toros tejida en ese amasijo de “superpalabras con significantes múltiples y polivalente que proceden tanto de su sentido semántico como de las asociaciones fonéticas” (según opinión de Enrique Molina, otro poeta argentino, y autor, entre otras obras de “Una sombra donde sueña Camila O´Gorman”).

   Siendo pues, motivo de estas notas lo argentino por antonomasia y vislumbrado aún mejor desde las letras, quiero aprovechar ese pretexto para ocuparme de otro argentino, un argentino de nuestros días, y que se llama Leonardo Anselmi. Este personaje llegó a Barcelona a principios del siglo XXI, allí se estableció y luego de ver una corrida de toros, se dio cuenta que ese fenómeno chocaba con sus ideales, con lo que puso en marcha un operativo cuya maquinaria detonó hasta hace bien poco en todo ese conflicto con el que, en principio se declara a Barcelona como ciudad antitaurina.

   Su caja de resonancia llegó a México en el curso de este 2011. Intentó convencer a algunos políticos que cayeron atrapados en la red de su discurso y de inmediato procedieron a hacer declaraciones (entre otras, la senadora María de los Ángeles Moreno). Pero eso no fue todo. Acudió a espacios universitarios, donde la cobertura de su propósito se ha visto respaldada por grupos en defensa de los derechos de los animales. Entre esas actividades, se encuentra la ocurrida en el mes de abril, cuando la Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.A.M. abrió sus puertas para que se dirigiera a un público amplio y diverso, siendo estas sus palabras centrales:

LEONARDO ANSELMI EN LA U.N.A.M.  

 Las próximas generaciones de catalanes y catalanas, van a nacer educados sin que las corridas de toros sean algo que hacíamos, pero que ya no hacemos porque dejaron de ser aceptables, según la moral de nuestra época.

   O bien, voy a intentar, ustedes dirán si lo voy a lograr el que ustedes no olviden lo que vamos a ver aquí. Para mí es profundamente emocionante, profundamente alentador y esperanzador ver tantas personas y tan entusiasmadas por proteger a unos seres que ni siquiera lo podrán agradecer…

   Escucho incluso a algunos antitaurinos decir: Es una cosa la alimentación y otra cosa es la diversión, el placer, y no comemos por placer porque comemos todos los días lo mismo. Cuando comemos producto de un animal, también comemos por placer. Esa no es una justificación. ¿Cuál es la diferencia entre una cosa y la otra? Para el animal, ninguna.

   La diferencia está en la sociedad.

   Las corridas de toros son el espectáculo más violento que todavía existe y que todavía se permite sobre la faz de la tierra.

   Miren: La razón por la que a nosotros no nos gustaría que nos peguen, nos pinchen, nos encierren, nos hagan pasar frío, nos trasladen en camiones durante horas a la intemperie… ¿saben por qué es? Porque podemos sufrir, no porque podemos hablar.

   Está el abolicionista pasivo y el abolicionista activo. El abolicionista pasivo ¿quién es? Aquel que no paga la entrada, porque si fuera por él, en términos estrictamente comerciales, las corridas de toros no existirían, por lo cual es un abolicionista pasivo. Y luego estamos los activistas, que somos los abolicionistas activos, y que somos aquellos que además somos antitaurinos y trabajamos para que esto se acabe. Cuando nosotros pretendemos que algo se legisle, no somos ese pequeño grupito de activistas. Somos el gran grupo de abolicionistas. No somos un movimiento social, somos una sociedad en movimiento, algo que es muy pero que muy distinto.

   Ningún taurino nació libre de ser taurino. Yo, cuando fui a ver una corrida de toros, les explicaba, una cosa que me llamó poderosamente la atención (es que había) un abuelo explicándole al niño lo que estaba pasando en la corrida de toros. El niño, llorando. Y el niño gritando:

   ¡Hazte el muerto torito, así no te siguen pinchando…!

   Y el abuelo diciéndole: ¡No, no, el negro es malo, el malo de ahí! ¿No viste que le pegaba al caballo?

   Por eso está bien lo que le hace el torero. Vas a ver el merecido que le dan.

   Lo estaban obligando a insensibilizarse.

   Lo obligaron a insensibilizarse.

   El niño lloró, y ya por el sexto toro el niño ya lloraba menos.

   Y da de menos que en la siguiente corrida llorara en el primero o segundo toros… y a la otra y a la otra y así hasta que llega un punto en que el niño ya no lloraba.

   Cuando se llega a un lugar en que son los mínimos, esto sí que se debe eliminar en forma legislativa. Es como las peleas de gallos. Llega un momento en que dijimos ¡Basta! Y probablemente seguían habiendo en México 5 mil, 10 mil, 20 mil personas que les gustaban las peleas de perros (¿?) se siguen haciendo en forma clandestina, pero son ilegales. Lo que pretendemos en este momento es que las corridas de toros en México sean ilegales.

   ¿Si los gobiernos pueden evitar que se acaben las corridas de toros?

   Sí lo pueden evitar, pero (como) en Cataluña. Ellos pueden evitar que el 1º de enero de 2012 haya las herramientas legales para hacerlo, siempre que alguien… esto es como en las guerras ¿no? Cuando alguien conquistaba un pueblo, luego el pueblo conquistado intentaba volver a conquistar pero fuerte, y ya estaban los otros dentro, estableciéndose un status quo estando dentro. Ellos tienen que pasar ahora “por las ancas del cocodrilo”. Ahora somos nosotros el status quo en Cataluña. Eso cambia mucho las cosas. Por lo cual sí lo van a volver a intentar y parece perfecto, porque hasta que no lo intenten no dormiré tranquilo. Que no lo intenten y fracasen una, dos o tres veces no dormiré tranquilo. Si lo intentan y ganan, nosotros volveremos a ganar, eso es así. La ventaja que tenemos nosotros es que cuando nos vamos a la lona nos volvemos a parar. Ellos cuando van a la lona… ahí se quedan.

   Con respecto a la pregunta en sí: ¿Qué está pasando en México? Bueno, yo creo que tienen que darse varias “aritméticas”. Probablemente aquí se esté dando la “aritmética” política pero ustedes no lo saben porque nunca lo han preguntado. Entonces, la “aritmética” política tiene que darse, y eso hasta que no sepamos, no sabemos si eso es lo que falta o lo que ya tenéis. Luego sigue la “aritmética” social, aquí la tenéis: la mayor parte de los mexicanos no van a las corridas de toros. Suficiente para convertirla en enemiga social. El tercer elemento es la “aritmética” activista, que aquí no tenéis.

   Esto, probablemente de todo lo que nos costó más en Cataluña, lo que más nos costó fue la “aritmética” activista. Cuando la gente se interioriza más, los intereses de la organización, los intereses de los animales, eso ya no (ininteligible) y muy difícil de solucionar. Y en nuestra condición de seres humanos tenemos esa actitud miserable de pelearnos por la razón que sea. Incluso, cuando queremos lo mismo por lo cual, hasta que el toro no sea más importante que el logo probablemente no se de la “aritmética” activista, y esto lo dejo como reflexión. Todos sabemos perfectamente quienes son las personas que pueden hacer mejor cada trabajo. Todos sabemos que nosotros hicimos la plataforma “pro”, buscamos al mejor de prensa, al mejor de relaciones públicas, al mejor portavoz, al mejor del orden político, no me importaba quien fuera. En lo más mínimo.

   Y poquito a poco estuvimos un año reuniéndonos con las organizaciones, más de 250 organizaciones con las que tuvimos reuniones, para pedirles que divulguen nuestras campañas, que no vayan en contra de la estrategia, para explicarles la estrategia detalle por detalle cómo iba a ser. Y no es que pedimos el apoyo de las organizaciones. Nosotros creamos como si fuera una organización nueva, sin socios, sin intereses y cuya vida útil es cuando se acaben las corridas de toros en Cataluña. Por lo cual no es que era una organización de organizaciones. Era una organización de activistas que además, trabajaban en otras organizaciones. Entonces, yo creo que eso fue probablemente el secreto al éxito de la campaña en Cataluña.

   Les voy a decir una cosa: Recuerden el día que llegaron al movimiento. El día que se indignaron. El día que puedan decir: Yo pudo trabajar por el toro. Si puedes hacer que cada día tu activismo sea el primero, no va a haber problema.

   Pienso que la unificación no tiene que darse del todo, tiene que darse con aquellos elementos pero necesitamos peso social. Para regular el mecanismo no tenemos que estar unificados, por ejemplo. O para otro tipo de acciones, pero sí por ejemplo para prohibir las corridas de toros, por lo cual debemos tener metas claras y decir: para este tema, de esta forma, con este modelo organizativo y con esta fecha de caducidad, porque juntos no podemos durar mucho tiempo. Entonces, pienso que hay que hacerlo con esa inteligencia, y sobre todo ser muy sinceros con nosotros mismos, porque a todos les gusta salir bastante en las fotos, y ese es un problema bastante grande, porque hay mucha gente que no está preparada para eso y hay mucha gente que está preparada para otras cosas. Sin embargo, pienso que todos sabemos perfectamente quien hace mejor una cosa, quien hace mejor la otra y si no lo queremos hacer así es que estamos respondiendo a un interés egoísta y personal y un interés institucional, y no al interés de los animales. Yo no defiendo posturas, no defiendo organizaciones. Sólo defiendo animales. Las organizaciones son meras herramientas, logotipos que mañana se pueden romper, tirar y quemar. No sirven absolutamente para nada más que para unificarnos, para acercarnos, pero pienso que es un movimiento en el que tiene que haber cada vez más alternativas. ¿Por qué? Porque mientras más alternativas haya, más personas tienen cabida en el movimiento. Hay gente que se identifica con plataformas de personas más jóvenes, otras con profesionales, otras donde también existan diferencias para que todo mundo encuentre su lugar.

   Quiero decirles una frase que, la tuve presente durante toda la campaña. Me la iba recordando cada día, porque no fue una campaña fácil. Una campaña dura, dura, dura. Y todos los días me repetía la frase, que dice: Muchas veces, las utopías no son más que realidades prematuras. Y los pequeños cambios en el mundo, no cambian el mundo. Pero demuestran que el cambio del mundo es posible. Y yo pienso que ahora estamos en un momento crucial en la historia de la humanidad. En un momento-bisagra, un momento donde estamos dejando de lado el salvajismo y estamos comenzando a pensar en un futuro de paz. No creo que estemos en una época grande. Creo que estamos en un cambio de época.

   Muchas gracias.

   Por ahora, dispongo de suficiente material para generar análisis de fondo, fragmentando cada una de las ideas no sólo planteadas por Anselmi, sino también con el elemento anterior del debate que sostuvieron Gustavo Larios y Genaro Borrego, mismo que también ha servido para nutrirnos de los postulados, sean estos positivos o negativos. Mi propósito es lograr entender la posición que se tiene a favor o en contra de la corrida de toros, circunstancia que es motivo de discusión. Si la discusión se da en términos razonables y pensantes, creo que al final, será la razón misma la que gane. Nosotros, los taurinos defendemos la causa, y esa causa, en la medida en que se den, precisamente “razones” de peso, serán nuestra mejor “arma” intelectual para crear el escudo de defensa, el blindaje que una tradición y un legado ancestral como es la tauromaquia merece en estos momentos en los que la crisis ha llegado a unos extremos como nunca antes.

7 de noviembre de 2011.

  

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Tratando de ser breve, intentaré explicar cuál es el objetivo de aquellas acciones encaminadas para que la UNESCO, se encuentre en condiciones de declarar a la Tauromaquia, como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

   Este proceso dio inicio en 2003, conjuntamente con la aprobación en París de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial dictada por la UNESCO. En adelante, diversas localidades estatales y algunos de los ocho países que tienen, entre su legado el de la Tauromaquia, han generado las declaratorias de Patrimonio Cultural Inmaterial. Así, Francia y Perú, son las primeras naciones en lograrlo. En el caso de México, recientemente el gobierno del estado de Aguascalientes hizo lo propio. Para ello, es conveniente tomar en cuenta los criterios para la inscripción en la “Lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad”, a saber:

   En los expedientes presentados, los estados partes deberán demostrar que el elemento propuesto para una inscripción en la “Lista representativa” reúne todos los criterios enumerados a continuación:

1.-El elemento es patrimonio cultural inmaterial, tal y como está definido en el artículo 2 de la Convención, que a la letra dice:

 Artículo 2: Definiciones

A los efectos de la Presente Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (París, 17 de octubre de 2003),

1.-Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. A los efectos de la presente Convención, se tendrá en cuenta únicamente el patrimonio cultural inmaterial que sea compatible con los instrumentos  internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.

2.-El “patrimonio cultural inmaterial”, se manifiesta en particular en los ámbitos siguientes:

a)tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial;

b)artes del espectáculo;

c)usos sociales, rituales y actos festivos;

d)conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo;

e)técnicas artesanales tradicionales.

3.-Se entiende por “salvaguardia” las medidas encaminadas a garantizar la viabilidad del patrimonio cultural inmaterial, comprendidas la identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción, valorización, transmisión –básicamente a través de la enseñanza formal y no formal- y revitalización de este patrimonio en sus distintos aspectos.

4.-La expresión “Estados Partes” designa a los Estados obligados por la presente Convención y entre los cuales ésta esté en vigor.

5.-Esta convención se aplicará mutatis mutandis (cambiando lo que se deba cambiar) a los territorios mencionados en el Artículo 33 que pasen a ser Partes en ella, con arreglo a las condiciones especificadas en dicho artículo. En esta medida la expresión “Estados Partes” se referirá igualmente a esos territorios.

 2.-La inscripción del elemento contribuirá a dar a conocer el patrimonio cultural inmaterial, a lograr que se tome conciencia de su importancia y a propiciar el diálogo, poniendo así de manifiesto la diversidad cultural a escala mundial y dando testimonio de la creatividad humana.

3.-Se elaboran medidas de salvaguardia que podrían proteger y promover el elemento.

4.-La propuesta de inscripción del elemento se ha presentado con la participación más amplia posible de la comunidad, el grupo o, si procede, los individuos interesados, y con su consentimiento libre, previo e informado.

5.-El elemento figura en un inventario del patrimonio cultural inmaterial presente en el(los) territorio(s) del(los) estado(s) parte(s) solicitante(s).

   Hace dos años y en Sevilla, se llevó a cabo el primero de dos capítulos denominado “Coloquio internacional La Fiesta de los Toros: Un patrimonio inmaterial compartido. La segunda etapa se celebrará en la ciudad de Tlaxcala, los días 17, 18 y 19 de enero de 2012, contando para ello con la participación de distinguidos especialistas, académicos y periodistas de los ochos países que detentan el espectáculo de los toros, a saber: España, Francia, Portugal, Perú, Venezuela, Ecuador, Colombia y México.

  Esta actividad eminentemente académica, busca ser el propósito de entrega del expediente con el que se formalice ante la UNESCO la solicitud de declaratoria para que la Tauromaquia sea considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, independientemente de las otras acciones mencionadas al inicio de esta exposición, y donde los “Estados partes” sea a nivel nacional o local, han estado llevando a cabo solicitudes o declaratorias, como la ocurrida el pasado 17 de octubre de 2011, donde se declara a la Fiesta de Toros Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Aguascalientes.

   Por lo tanto, se esperaría una evaluación en tiempo y forma de manera pertinente, por parte de la propia Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas) para conocer su opinión y decisión al respecto.

   Toda la movilización que en nuestros días vienen realizando no sólo las autoridades políticas (a nivel nacional,  estatal o local), sino de grupos taurinos organizados o de los aficionados en su conjunto, a favor de este movimiento, son elementos que habrán de sumarse al propósito que nace en 2003, continua en 2009 en la ciudad de Sevilla, y concluirá en la de Tlaxcala, con vistas a la formalización de la solicitud de declaratoria. En este proceso, la participación de algunos personajes clave no debe quedar ignorada. Entre otros, se encuentran: Williams Cárdenas, François Zumbiehl o André Viard.

   Siendo la Tauromaquia un elemento eminentemente susceptible de ser valorado y analizado para convertirlo en patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, todo ello parte del hecho de que su integración, al paso de los siglos permite convertirla en evidencia clara de un legado. Conscientes de lo que significa este propósito, existen otros ejemplos claros que permiten tomarlos como referente clave. Uno de ellos, es el de la Cocina tradicional mexicana, vista como una razón cultural comunitaria, viva y ancestral, siendo en concreto el paradigma de Michoacán, el elemento que obtuvo, en  noviembre de 2010 la inclusión de dicha cocina en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO. Si tal declaratoria además genera medidas de protección para cultura y natura, que representan en buena medida un triunfo cabal del sentido común de la humanidad, no nos extrañe que, de continuar con nuestro objetivo, la Tauromaquia pueda pasar por el mismo proceso de evaluación, dado que cumple con los cinco criterios de inscripción recomendados por la UNESCO.

 Texto elaborado por: José Francisco Coello Ugalde, Integrante del Comité Técnico encaminado a solicitar ante la UNESCO la declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a la Tauromaquia.

30 de octubre de 2011.

 

  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Tengo la impresión de que los grupos opositores a las corridas de toros sólo tienen en claro el presente inmediato. Les interesa el futuro o más bien, el destino de una serie de circunstancias que para ellos se están convirtiendo en “paradigmas”, pero olvidan, omiten o echan de menos el pasado, ese aglutinante en el que se han configurado diversas expresiones de la cultura, así como tradiciones cuya constitución es ingrediente integrador de los pueblos o las naciones. Consideran ese territorio como un elemento que ya no cabe en el significado de los nuevos horizontes que van de aquí y hasta un futuro impredecible. En las más recientes colaboraciones que he venido redactando para dar cabida a esta sección, además de que aún no termino en hacer una completa exploración de las reacciones habidas con organizaciones en defensa de los derechos de los animales y el mensaje que están emitiendo personajes cuyo protagonismo se viene convirtiendo en liderazgo emblemático. Conviene por otro lado, entender sus verdaderas intenciones para saber en qué medida vienen actuando o posicionándose en lugares estratégicos que luego pueden ser riesgosos si nosotros, los aficionados no somos capaces también de dar cara y hacernos de una digna trinchera. Pero entiendo en esas primeras lecturas que es el pasado uno de los argumentos inexistentes en su discurso. Parecen negarlo porque en él se encuentran los elementos que han causado el mayor de los daños a sociedades que descalifican por la descomposición en que han caído al seguir manteniendo usos y costumbres que ya no corresponden con la realidad de nuestros días.

   Es cierto, las cosas han cambiado radicalmente. El acelerado ritmo de la sociedad que hoy enfrenta lo que los sociólogos denominan “segunda modernidad” nos lleva a entender y a procesar todos los acontecimientos de una manera mucho más rápida y práctica. Así como la revolución industrial comenzó a generar un daño desde que esta entró en acción desde finales del XVIII y durante todo el siglo XIX, ha llegado a nuestros días alterando una serie de ciclos naturales a gran escala, al grado de que es el cambio climático una de sus principales consecuencias. La incorporación de la computadora y con ella, la llegada de herramientas como la internet, así como la aparición vertiginosa de “Facebook” y “Twitter” como instrumentos de participación en redes sociales a gran escala, han venido transformando de manera vertiginosa los destinos nacionales o internacionales como antes no se veía. La caída de Mubarak, el reciente asesinato de Muamar el Gadafi, las movilizaciones en España, Grecia, Estados Unidos, e incluso en nuestro país de los “indignados”, no son sino la respuesta eficaz y contundente de todos estos aspectos, enunciados en términos de su más notoria relevancia a nivel global.

   Pues bien, en lo personal me parece que todos estos elementos se encuentran al servicio de sectores perfectamente afirmados en una sociedad que reclama lo que ya no cabe como fruto del pasado. Al renegar del pretérito su contemplación sólo tiene ojos para un presente, pero sobre todo para un futuro que es aún todavía más inestable e inseguro. Al ritmo en que se vive hoy día, no me queda claro cómo afrontaremos siquiera el futuro inmediato. Las crisis económicas están agobiando en términos de un desequilibrio, pero también de un desgaste social que pronto podría tomar actitudes más contundentes y radicales. Cuando tengo necesidad de escribir todo lo que hasta aquí he pretendido decir, es porque en efecto, los movimientos que se están levantando en contra de las corridas de toros puede que tengan un peso de razón, pero no la suficiente pues entonces caemos en el terreno de los deberes y los derechos que establecen diferencias muy claras entre la raza humana y la raza animal. Si la pretensión es dar a la raza animal atributos que sólo corresponde a la humana, estamos cayendo en un equívoco que debe solucionarse marcando la natural diferencia que comienza en el raciocinio. Por otro lado es preciso aclarar que los pueblos, en buena medida se han integrado a lo largo de los siglos en sociedades que construyen formas de ser y de pensar, con sus creencias y preferencias. Desde luego lo que hoy somos como grupo social sería imposible que se adaptara si, por razones de un “túnel del tiempo”, tuviésemos que regresar 100 o 200 años atrás; o viceversa. Quedan en el ambiente o en el imaginario colectivo una serie de circunstancias que seguimos conservando –cambia la forma, el fondo permanece-. Y en ese sentido, las corridas de toros son un ejemplo muy claro. Quedaron establecidas en México luego de que ocurrió un proceso de conquista, de expansión y de guerra. Se impuso no el poderío español, que era más bien un frente de batalla muy débil, pero se intensificó gracias a que se unieron grupos indígenas que estaban sometidos, sobre todo por el imperio azteca. Fue la espada primero. Luego fue la cruz. En esa medida, los misioneros cumplieron un papel incómodo, destruyendo la religión que practicaban los pueblos prehispánicos para imponer otra. Se había producido, para bien o para mal, nunca como efecto maniqueo, un mestizaje el cual, trajo consigo diversas formas de expresión en el campo de la vida cotidiana. Las nuevas generaciones inmediatamente después de esa etapa colonizadora se amalgamaron y fue así como el padre español y la madre indígena se empeñaron en adaptarse a una nueva realidad en la que se acomodaron diversas formas de vivir. Una, entre muchas, fue la de compartir el toreo, como lo fue, y sigue siendo la religión; como lo fue y sigue siendo también el burocratismo que, desde Felipe II y hasta nuestros días permanece incólume. En esa nueva condición de adaptarse y asumir, hacer suya una condición que formaría parte del devenir histórico, los toros como espectáculo se convirtieron en elemento que cohesionó no sólo desde el ritmo de lo profano. También de lo sagrado, y esto, tomó siglos; sigue configurándose. Y hoy, en pleno siglo XXI, esa “rara avis” como ya es vista la tauromaquia, permanece viva en medio de nuevos escenarios y formas de pensar. No es posible, reflexionarán algunos, que un espectáculo anacrónico y “salvaje” como es el de los toros, aún siga perviviendo con su dinámica, una dinámica que ha acumulado siglos de configuración, de acomodos y reacomodos hasta ser lo que hoy día es: Una clara herencia de ese pasado que ahora pretenden borrar, sin más.

   Los toros como fiesta o espectáculo, contiene diversos elementos rituales, lúdicos, de profundo arraigo que hace suyo un pueblo, sin que existan de por medio diferencias de ninguna especie (sobre todo las que se refieren a las escalas sociales). En ese sentido y de esa manera se explican las corridas de toros, como convocantes y materializadoras de un proceso que decanta en la celebración, en la congregación colectiva que acude a un espacio abierto donde se pondrán de manifiesto un conjunto perfectamente articulado de condiciones donde diversas mayorías se convierten en testigos no sólo del ritual en sí, sino del resto de otras tantas expresiones en las que habita lo técnico o lo estético, dos razones entre muchos que justifican su puesta en escena. Y si en todo ese amasijo de condiciones que la constituyen, se entiende que va de por medio el desempeño de cientos, quizá miles de otras tantas personas que destinan una fuerza de trabajo y de eso depende su ingreso, pues vamos entendiendo mejor que el asunto ha encontrado a lo largo de varios siglos, entre otras cosas, una razón más de ser.

   Por esas y otras muchas razones vale la pena explicar qué son las corridas de toros, sobre todo en el siglo de los avances vertiginosos. Espero que estos no sean signos de moralidad puritana que apuesta por impedir determinados hábitos que las sociedades han procesado a lo largo de muchos, muchos años.

   El asunto apenas ha comenzado a despuntar. Debemos irnos preparando para argumentar y defender con mejores razones el significado de una fiesta, mismo que se pierde en la noche de los tiempos. Pero es preciso que nosotros, los taurinos, no nos perdamos tampoco en el falso y vago discurso de los lugares comunes.

24 de octubre de 2011.

 

 

MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA, IN MEMORIAM.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Continuando con el debate sostenido entre Gustavo Larios y Genaro Borrego, doy paso a la parte culminante del mismo, para lo cual, y en sección aparte habré de destacar los planteamientos centrales de cada uno.

   Este es el último de los diálogos transcrito en la ocasión anterior:

G.L.: Habla usted de que prohibir no se debe de hacer. Yo le pregunto, respecto de todos los ilícitos penales, respecto de lo que dice el Código Penal, si no se prohibiera nada, ¿qué es lo que ocurriría? Esto se lo digo porque de todo lo que acabo de escuchar yo, creo que cabría muy bien, para quien está defendiendo el esclavismo o para quien defiende el circo romano. Exactamente esos argumentos serían los mismos. Entonces, la pregunta es: ¿Prohibir no se vale cuando tenemos códigos penales, cuando tenemos códigos civiles? Ahí está habiendo prohibiciones por todos lados y el planteamiento es por qué si no es desde una óptica antropocéntrica, esos mismos derechos a la vida y a no sufrir, no se le puede atribuir a nadie más que a nuestra especie? Serían dos preguntas.

G.B.: No hay que prohibir nada que atente contra la dignidad humana y con la libertad del hombre. A esas prohibiciones me refiero. Y también quiero decirle que por ejemplo en el caso de la prohibición reciente en el caso de Cataluña, qué curioso, por los mismos argumentos por los cuales se prohíben las corridas de toros en Cataluña, son los mismos argumentos por los cuales se fomenta, se enaltece y crece la fiesta de toros en el sur de Francia. Resulta, que para preservar entre comillas, la identidad catalana, versus el centralismo español, y afirmar su identidad (entonces) no quieren corridas de toros en Cataluña.

   Aquí continúa.

G.B. Pues por las mismas razones, para distinguirse de la centralidad francesa, los franco-catalanes, y los vasco-francos reivindican las corridas de toros por lo mismo. Justamente por lo mismo. Y en el sur de Francia, en los últimos diez años, han triplicado la asistencia a las corridas de toros, y es una asistencia culta, es una asistencia consciente, una asistencia que va admirar el toro bravo, que quiere que se preserve, que se cuide, y que prosiga y además, es una población que reivindica su libertad. Si a alguien no le gusta, o porque tiene la percepción distinta a la mía de que el toro sufre, pues entonces que no vaya a las corridas de toros pero que no nos impidan que nosotros, que tenemos una percepción distinta, porque tenemos convicciones distintas, podamos hacerlo.

G.L. Me está usted hablando de la libertad, obviamente, teniendo ya claro, que si usted no reconoce derechos que no sea a otra especie que no sea la nuestra, y por eso digo que esto me recuerda mucho a todas las anteriores formas de discriminación. Es decir, el esclavista pues no reconoce derechos al esclavo, el misógino no reconoce derechos a la mujer…

G.B. No es de humanos a humanos. Ahí está usted equiparando el animal con el humano. Y esa es discriminación. (Y mire que yo soy “Borrego” de apellido). Aquí el tema es que no podemos estar hablando de lo mismo, no podemos estar hablando de derechos entre humanos, de derechos entre animales y humanos. Tenemos obligaciones con los animales, pero los animales no tienen derechos por sí mismos. Y además, no pueden tener derechos parejos. Si usted le da el derecho de vivir al leopardo, pues entonces no le puede dar el derecho de vivir a la gacela.

G.L. ¿Ha estudiado usted algo sobre el derecho de los animales?

G.B. No. Lo que he estudiado es que no existen. Lo que existe… hay una teoría americana, anglosajona, por supuesto, que es desde donde viene todo el antitaurinismo que habla de la liberación de los animales… la liberación de los animales.

G.L. ¿Lo leyó?

G.B. ¡Sí claro! Lo he leído, y estoy en absoluto desacuerdo, porque significaría que la liberación de los animales (significaría) entonces que… la naturaleza se vuelve totalmente caótica, y entonces otra vez Australia se va a invadir de conejos…

G.L. ¿Eso es lo que leyó usted?

            ¿De qué autor leyó “Liberación animal”, perdón?

G.B. No recuerdo el nombre, es en inglés…

G.L. No, no era inglés…

G.B. Y como lo anglosajón es lo que está pesando mucho sobre esta corriente. Esto se lo digo… lo tengo en mis notas. No lo tengo en este momento…

G.L. El autor no era inglés sino australiano: Peter Singer, y no hablaba de eso.

   Señal del moderador.

G.L. Simplemente concluiría: que no podemos hablar de libertades, o no podemos hablar tampoco de que no se puede prohibir cuando ni siquiera podemos entender lo que son los derechos de los animales. Este ha sido uno de los problemas del mundo taurino, que se ha arrogado así, un supuesto conocimiento sobre a quién le pertenecen los derechos y a quién no. Este es un movimiento efectivamente reconocido en la última forma de intolerancia propia de los países más atrasados: la discriminación por especie.

    Señal del moderador.

 

Museo “Memoria y Tolerancia”. Ciudad de México.

 G.L. Solamente quisiera decir que precisamente el problema fundamental, por el que nosotros consideramos que las nuevas generaciones están entendiendo esto es porque ya no se puede creer necesariamente lo que nos decían los padres o los abuelos, en el sentido de que: esto es arte, esto es cultura, esto es tradición. Las nuevas generaciones están acostumbradas a cuestionarse, a cuestionar. La objetividad es irrefutable. Yo no sé en qué parte de Francia o España esté creciendo esto a unos niveles como los señala el señor Genaro. Lo que sí puedo decirles es que en mi patria, en México las plazas de toros se encuentran vacías. Realmente tienen una participación cada vez menor. Incluso…

G.B. ¿Por qué le preocupa tanto prohibirlas?

G.L. La situación de las corridas de toros es una muestra de una resistencia especialmente de determinados sectores. La sociedad lo rechaza, tenemos las encuestas. La violencia que esto genera ya no es permisible en una sociedad, y más como la mexicana, como la colombiana, como los países que siguen manteniendo todas estas formas tan violentas de discriminación hacia los animales. Necesitamos, desde luego, ir atendiendo mucho más a todos estos efectos nocivos de las corridas. Si hay algo absolutamente, y en esto tenemos pruebas, no sustentable es la ganadería. No puede haber nada más antisustentable que la ganadería. Las corridas de toros no sólo son una aberración desde el campo ético, no sólo representan sufrimiento, no sólo se representa muerte, sino que además, es un atentado a la salud. Quienes se comen una carne de un animal torturado, obviamente están comiendo toxinas, están ingiriendo un alimento sumamente nocivo para su salud. Ambientalmente la ganadería genera en principio, una destrucción de habitat´s, se cambio el uso de suelo de bosques y selvas para alimentar a un poco ganado que finalmente va a divertir a unos cuantos, en un escenario de sangre y de muerte, y con una percepción de la diversión o del arte demasiado cerrada, que obviamente no va a ser reconocido por quienes aceptan las bellas artes.

   Por algo, repito, es un arte que requiere de alcohol, es un arte que tiene fronteras cerradas y que cada vez se le cierran más. El propio México, 88% lo rechaza, tengo las pruebas.

G.B. Yo quisiera, si me lo permiten, volver al tema de los derechos de los animales, y en efecto, nosotros sostenemos que no tienen derechos, pero quiero volver a subrayar: los humanos sí tenemos obligaciones para con ellos. Estas obligaciones son, como ya lo dije, relativas, son obligaciones diferenciadas y estas obligaciones las tenemos para precisamente, relacionarnos racionalmente con los animales. Hay animales domésticos, hay animales de compañía, hay animales salvajes, y no podemos relacionarnos igual. Es relativa la relación que hay con ellos. Por eso, en estos derechos, que implican siempre igualdad de derechos, no pueden ser iguales para todos los animales. La noción de derechos de los animales es contradictoria, porque, como ya lo mencioné: el derecho de lobo a vivir implica quitarle el derecho a vivir al cordero. Y la noción de derechos subjetivos, supone una autoridad neutra, y la autoridad neutra no existe en el mundo animal. Es el hombre, y el hombre por lo tanto, tiene estos derechos relativos. Y uno de ellos, en el caso del toro bravo es respetar la naturaleza brava del toro, del toro bravo.

 

Museo “Memoria y Tolerancia”. Ciudad de México.

    Ahora, yo creo que los argumentos no son válidos (por parte) de los detractores de las corridas de toros, porque no es una tortura, ni es una crueldad. Nadie va a los toros a gozar o a obtener un beneficio con un supuesto sufrimiento. Ni los aficionados ni los toreros son crueles ni son sádicos. No es el objetivo hacer sufrir al animal. Nadie obtiene un premio por haber quien lo hizo sufrir más al toro. Vamos, a que el toro tenga la posibilidad de emplear a fondo su propia naturaleza, que esto sea en público, que sea admirado. Tiene un nombre desde que nació, tiene una identidad, se le aplaude, se le reconoce. (Los nombres de) las ganaderías están colgadas. Las cabezas de los toros, admirados y respetados. Y hablando de ganaderías, he vivido en muchas, y conozco muchas de ellas en México y en España, y estoy absolutamente convencido que son verdaderos espacios de preservación ecológica. No acepto el argumento de que es antiecológico, es absolutamente ecológica la preservación de las corridas de toros.

   El toro, o el animal, cuando sufre, huye, y el toro no huye. Hay un estudio del Dr. Juan Carlos Illera del Portal, Director de Fisiología Animal de la Universidad Complutense de Madrid –que lo tengo aquí a la disposición de quien lo quiera ver-, que demuestra claramente que ha hecho una investigación y hay una producción de hormonas, de cierto tipo de endorfinas en el toro, donde se demuestra que el toro sufre más cuando se le transporta, y se transportan muchos animales, y yo no entiendo muy bien porqué no se defiende más a los pez espada cuando los pescan en el mar, o cuando a los cerdos los transportan en un camión por las carreteras. Pero van sobre el toro bravo. No sé. Pero este doctor, Carlos Illera del Portal, demuestra que sufre más el toro cuando se le transporta que cuando está en la lidia. Hay un cortizol producido por el “stress” que se disminuye en el curso de la pelea y hay reacciones hormonales únicas, una segregación de betaendorfinas encargadas de bloquear el dolor. Este es un animal genéticamente dispuesto para el combate. Su naturaleza es combatir, combatir con un humano que lo mata de frente jugándose la vida. Lo que no se valdría sin jugarse la vida, sin hacerlo de frente. Sin la posibilidad de que, en un trance, el toro le quite la vida al hombre que libremente decide hacerlo.

   Intervención del moderador.

 

Término de la esclavitud en México. Archivo Histórico del Distrito Federal.

 G.B. Por último, yo quisiera pretender una conclusión que va un poco en el sentido de mi intervención inicial respecto de las sensibilidades diferenciadas. Yo voy a las corridas de toros, y admiro los toros bravos. Don Gustavo va a las corridas de toros –si es que va-, que yo no creo, y sufre. Porque le da compasión. A mí no me da compasión, a mí me da admiración. Y me da respeto cuando veo la bravura de un toro. Entonces la conclusión es que: supongamos que de un plumazo se eliminaran las corridas de toros en México. ¿Qué perdemos? Independientemente de la evidente pérdida económica y social de miles y miles de familias que viven de esta actividad, lo que perdemos es que ahora se reivindican cierto tipo de relación con los animales y entonces, todas las bestias de labor que han sido reemplazadas por artilugios, y todas las bestias productoras de carne son progresivamente reemplazadas por máquinas de fabricar carne que no nos atrevemos a llamar animales. ¿Esta es la naturaleza¿ ¿Qué rito pagano vamos a conservar en una sociedad que abandona progresivamente todas sus ceremonias? Para los que aman y la comprenden, la fiesta de toros es una forma de resistencia, y esto lo quiero subrayar por último, a todo lo que nuestra postmodernidad nos hace perder cada día más. Por eso mejor vale quedarnos con tolerancia, con respeto y con libertad para hacer todo que no atente contra la dignidad humana.

   Intervención del moderador.

G.L. Para nosotros, el mundo taurino es un mundo absolutamente especulativo, sin bases científicas, así como se habla de derechos de los animales sin saber absolutamente nada de ellos, de este movimiento (no habla) un solo filósofo de ellos. Igualmente se asegura con la argumentación de un solo veterinario, en contra de muchos más, y yo también puedo hablar de pruebas –estoy acostumbrado a ello como abogado-. Tengo en mis manos, y también lo pongo a consideración de los organizadores, no lo de un veterinario, sino las conclusiones de médicos veterinarios de la Sociedad de Médicos Veterinarios de la Humanitat Internacional, que son veterinarios del más alto prestigio donde refutan, desde diferentes campos del conocimiento científico, el verdadero absurdo de decir que el toro no sufre. Yo también preguntaría, entonces ¿el caballo tampoco sufre? Y no sé cuantos animales más no sufren. Obviamente, de manera científica, comprobado el sufrimiento de todos los animales que tenemos un sistema nervioso central igual puedo decir en material ambiental, se habla y simplemente se insiste en que esto beneficia el ambiente, cuando científicamente está comprobado todo lo contrario. He dicho: la ganadería es el factor primordial del calentamiento global y eso también, está científicamente demostrado. Hay muchísima especulación también en relación al derecho que tenemos. ¿Quién abrogó, quién le dio al humano el derecho a decidir que va a hacer con los demás? Por eso, se parece tanto la argumentación a las otras formas de discriminación.

   Perfectamente podría decir un misógino: pues es que la mujer está hecha para que yo le pegue y para que me haga el quehacer, pero la trato muy bien. Igual en el caso de los animales no humanos. Simplemente pues yo creo que no tiene derechos. No tiene derechos.

   Interviene el moderador: El tiempo ha concluido. Recordemos que las democracias se construyen a partir del disenso, mucho más que a partir del acuerdo. Civilización a partir del disenso, hemos sido testigos de un paso en ello. Se los agradecemos muchísimo.

   Pues bien, aquí están las ideas y planteamientos de los dos panelistas en el debate que sostuvieron a partir de la idea y/o conveniencia de prohibir las corridas de toros en México. Por tratarse de un conjunto de elementos que requiere una pertinente y cuidadosa disección, dejo para un próximo capítulo ese análisis en todo sentido, prudente, apelando desde luego, a la tolerancia.

CONTINUARÁ.

13 de octubre de 2011.

 

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Hace unos días, Heriberto Murrieta dejó de manifiesto un propósito que, en lo personal, me parece muy positivo.

 

http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=9826

 En la parte esencial de la nota publicada en el portal ALTOROMEXICO.COM destaca la siguiente parte:

 

   Sin embargo, ¿cuál es la conveniencia de que la tauromaquia en México alcance primero una declaratoria de patrimonio cultural inmaterial, y segundo como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad?

   A nivel nacional es un asunto no sólo urgente, sino necesario. Solo que para llevarlo a cabo deben suceder una serie de gestiones muy particulares que consoliden la solicitud formal ante las cámaras, solicitud que debe construirse luego de un trabajo de organización por parte de interesados a nivel particular o colectivo. Para ello deben exponerse los puntos clave que justifiquen la pertinencia de su trasvase a ese criterio.

   ¿Tenemos en estos momentos los suficientes argumentos para encarar tal iniciativa? Yo creo que sí, pero antes de hacerlo deberíamos revisarlos bajo rigurosos criterios que eliminen, en primera instancia, los lugares comunes. Nuestra forma de ser nos lleva a actuar más movidos por la pasión que por la razón, y en estos momentos la razón debe privar por encima de la pasión.

   Nuestros argumentos deben ser suficientemente sólidos para convertirlos en explicaciones y contrapeso claves. Y más aún, que en función de sus contenidos, se contraponga a posibles elementos teóricos que se presenten o se planteen en su contra, de tal forma que en la posible confrontación, discusión y decisión, el peso teórico propuesto en nuestra petición, todos esos elementos sean absolutamente convincentes.

  Con todo lo anterior, es que necesito continuar presentando la segunda parte de la versión estenográfica luego de haber localizado el debate habido entre Gustavo Larios y Genaro Borrego, hace poco más de un año, y en el que encuentro suficientes razones para leerlas, volverlas a leer, desmenuzarlas, separarlas, comprenderlas y demás circunstancias que nos lleven a entender lo que cada una de las partes plantea. En el aquí y ahora, los taurinos enfrentamos un difícil panorama que nos obliga reforzar nuestras trincheras. No vamos a la guerra. Vamos a un punto donde tendremos que confluir con la oposición para dar cara y defender, justificar y revalorar todos los significados que la fiesta de los toros tiene en estos momentos en el que el destino la ha llevado más pronto que ya para sentarla en el banquillo de los acusados.

   Si me permiten, esa labor quedará a su alcance en breve.

8 de octubre de 2011.

 

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Por estos días, tuve oportunidad de visitar el Museo Memoria y Tolerancia, sito en Plaza Juárez, Centro Histórico, en la ciudad de México. Vale mucho la pena. Allí nos damos cuenta de la peor de las razones que han entrañado en los seres humanos: la diferencia, y si para demostrarla están las diversas motivaciones de la eliminación de los unos hacia los otros, ello se declara en genocidio, holocausto, pureza racial, terror, campos de concentración, persecución en cualquiera de sus manifestaciones, desplazamientos forzados, campos de detención… en fin, la guerra. El recorrido todo nos permite afirmar: ¡Nunca más! Por eso, museos como el de Memoria y Tolerancia son necesarios en cuanto lugar pueda ser posible, para decirnos a los seres humanos lo terrible, pero también lo grato que puede ser el que las sociedades sean capaces de valorarse sin necesidad de la violencia.

 

   Lo anterior sirve como preámbulo al hecho de que he podido acceder a dos fuentes muy valiosas, que permiten demostrar razones y sinrazones de un tema que se está tornando polémico: ¿Deben o no prohibirse las corridas de toros?

   Para ello, está el debate sostenido por Gustavo Larios y Genaro Borrego en “Lupa Debates”, ocurrido hace un año aproximadamente. Larios es abogado, y Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales, A.C. En cuanto a Borrego Estrada, este es un político de larga trayectoria y aficionado a los toros. Para ambos, manifiesto mi respetuosa posición en los argumentos que cada uno planteó a lo largo de dicha discusión, con el propósito de que las partes expusieran sus puntos de vista, confrontación que se hizo a la luz de un conjunto de elementos en el que se destacaba lo posible o no para que permanezcan las corridas de toros, sobre todo por el hecho de que es el toro, blanco de diversas circunstancias, la “víctima”, e incluso “causante” de diversos factores que ya no corresponden con la realidad presente. La otra fuente, es un resumen a una conferencia presentada en abril de este año en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.A.M., siendo ponente el argentino Leonardo Anselmi.

   Ahora bien, con el ejercicio de reflexión que voy a iniciar aquí, tengo el propósito de hacerlo con un cuidado extremo, sabiendo que debo manejar un lenguaje correcto. De otra manera, será imposible contener a posibles sectores de antitaurinos –que los hay-, quienes escudándose en el anonimato, insultan y degradan, provocan o amenazan. Asimismo, también pretendo mostrar elementos que se alejen de los lugares comunes que muchos aficionados a este espectáculo plantean, y no por el hecho de la descalificación misma, sino por la razón de que es ahora cuando debe aprovecharse la oportunidad de mostrar elementos de peso, venidos lo mismo de lo que arrojan diversas razones del imaginario colectivo, como por el hecho de que dispongo de una “masa crítica” (entiéndase por esto al conjunto de fuentes bibliográfico y hemerográficas para sustentar los dichos).

   Por las razones de peso tan importante que presenta el debate entre Larios y Borrego, me permito hacer un primer ejercicio, realizando para ello la versión estenográfica de la primera parte del mismo.

 Presentador: El debate es un ejercicio de difusión de la pedagogía, de la democracia.

Por lo tanto, pregunta: ¿Se deben prohibir las corridas de toros en México?

Presenta a los debatientes: Genaro Borrego y Gustavo Larios.

Se indica para ello la mecánica en que habrá de suceder el debate.

 G.L.: La humanidad se ha distinguido por ser una especie muy cruel. A lo largo de la historia hemos podido encontrar inquisición, esclavitud, sacrificios humanos, corridas de toros, peleas de gallos, cacería, que obedece a algo que se puede reconocer como discriminación. Hemos discriminado por color de piel, por género, por preferencias sexuales, por ideas, y sobre todo de una manera muy brutal y abierta, por especie. La discriminación, la intolerancia no es otra cosa que la incapacidad de reconocer derechos en los otros, necesidades en los diferentes (y ya hablaba de esto Darwin). En la medida en que se es más primitivo en la sociedad se tiene un círculo moral más estrecho, y esto alcanza a los animales no humanos de una manera brutal. La gran mayoría de los pueblos especialmente atrasados, aún siguen haciendo caso omiso de lo que pueda importar o no a los diferentes. En el caso de los animales, se llega incluso al colmo de mantenerse en este siglo XXI la capacidad de torturar y de matar, de quitar la vida a los animales por diversión. A esto suele llamársele erróneamente “arte”. Muchas veces se confunde el objeto del artista con la obra, es decir, si hay un pintor que retrata a la miseria, nuestra sociedad no debe aspirar a ser miserables. Si un pintor retrata a la tauromaquia, nuestra sociedad no debe aspirar a seguir torturando y matando a los animales. Es obvio que no debemos seguir con esta confusión. Es obvio que nuestra sociedad debe seguir evolucionando. Y así como terminó el circo romano, y como han terminado distintas las diferentes formas de discriminación, por lo menos abiertamente, por lo menos en materia de legislación y de políticas públicas, y de discurso en los diferentes ámbitos sociales, se tiene que terminar con la discriminación por especie. Es un paso obligado. Sobre todo para una sociedad que aspira a hacer un lado las diferentes formas de abuso. Objetivamente, lo que vemos en la “corrida” como en otras manifestaciones de “tortura” hacia los animales es un ruedo, una plaza, donde hay un público, que se parece mucho más al de un palenque, al de una pelea de perros, que al que asiste a una verdadera manifestación artística. Para empezar, comúnmente en las corridas de toros, se requiere –pareciera obligado-, porque la mayoría de los asistentes así están, (pareciera necesaria) de ingerir mucho alcohol, lo cual no ocurre en la ópera, en el ballet, en la pintura, en las verdaderas manifestaciones artísticas, en donde no hay fronteras, no hay países que las impidan, especialmente los más evolucionados, y donde se crea, donde no se está destruyendo una vida, características esenciales del arte.

   Luego entonces, debemos de atender a esa objetividad, ser claros y llamarle a las cosas por su nombre. México ya no puede seguir a la zaga de esto, como ha ocurrido recientemente en Cataluña, en un paso de verdadera evolución, en un ejercicio democrático cien por ciento como lo es la iniciativa ciudadana, donde la legislación exigía solamente 50 mil firmas, y con gran facilidad se encontraron 180 mil firmas. Lo que ocurrió en Cataluña fue, a diferencia de México, que los legisladores del Parlamento Catalán, supieron responder a la voluntad ciudadana. Es un ejemplo que debiéramos tomar en los países latinoamericanos, en los pocos que todavía tienen (conservan) las corridas de toros, y en donde también se está luchando de una manera muy profesional, como ya ocurrió con la plataforma pro, en Cataluña.

   Si nuestra sociedad abre la mente, le llama a las cosas por su nombre, ve en un ruedo que sale un animal para ser torturado, el caballo también tiene su parte terrible de tortura aquí; hay que llamarle a eso muerte, tortura, barbarie. Y además también debemos considerar como sociedad, que esto es un germen de violencia del que podremos abundar más tarde.

G.B.: Pregunta:

Ejercicios de análisis racional que interesan a la sociedad, de manera responsable, tolerante, respetuosa.

Comienza el interrogatorio:

G.B.: ¿Los animales tienen derechos?

G.L.: Claro que sí.

G.B.: ¿Cuándo alguien tiene derecho también tiene deberes?

G.L.: No necesariamente.

G.B.: Yo creo que para tener derechos hay que tener deberes. Y los toros, como los animales, no actúan por deberes, actúan conforme a su propia naturaleza.

G.B.: ¿Se refiere a todos los animales el trato de los humanos hacia los animales debe ser igual, similar? La discriminación a la que usted alude, ¿se refiere a la diferenciación también, o es tabla rasa a todos los animales, lo mismo al leopardo que al lince; lo mismo al coyote que a la liebre; lo mismo a la pulga que el perro?

G.L.: Yo le contestaría en relación a esta disertación en el hecho de que solamente para tener derechos hay que tener obligaciones, es algo que ha sido ya muy superado en el campo jurídico desde hace muchísimos años. Yo le contesto con una pregunta: ¿Usted cree que un bebé tiene obligaciones?

G.B.: No, pero sí el hombre tiene obligaciones para con el bebé, que es el caso de los animales. Los hombres tenemos obligaciones con los animales.

G.L.: Desde luego que, si alguien tiene una obligación para otra persona, esa otra tiene un derecho entonces. Es decir, si hay una persona que tiene una obligación sobre ese bebé, quiere decir que tiene derechos, y esto se llama capacidad de goce. Capacidad no necesariamente de ejercicio, esa es la diferencia, y aquí es donde es exactamente igual para un bebé, una persona, un discapacitado mental, que no sea capaz de responder por sus propios actos y para los animales no humanos. Es decir: La capacidad de goce se funda en la identidad en cuanto a sufrir, los derechos esenciales de todos los animales, todos es –claro, si me va a hablar de microorganismos- vamos a caer en un (ininteligible).

G.B.: No, no, estoy hablando de las pulgas y de los perros, y de los linces y de los leopardos…

 

Transición a la nueva etapa del debate.

 G.B.: Antes quisiera referirme a los derechos muy rápidamente, a los derechos que los hombres tenemos respecto de los animales, y las obligaciones que tenemos ante ellos que son relativas, que son diferenciadas, que son ajustadas a nuestras relaciones que tenemos con ellos y son adaptados a su naturaleza. Después abundaré sobre eso.

   Una advertencia al iniciar mi intervención: Estamos hablando de sensibilidades. Yo desde niño nací en contacto con el toro, sé cómo nace, cómo se le respeta, como se le identifica. Como desde que nace sabemos quién es su madre, quién es su padre, quién es su abuelo, quién es su abuela y las hazañas que hicieron toda su genealogía. Sé cómo se crían. He observado cómo se aprecian, cómo se cuidan y la sensibilidad que yo tengo –y seguramente como yo muchos otros- que hemos estado en contacto con el toro y que lo amamos, lo respetamos es de admiración, no de compasión. Cuando estamos en la plaza de toros, admiramos la naturaleza brava del toro, y lo vimos desde becerro, desde novillo, lo vimos en su medio ambiente. Y por eso a lo que voy, es respetable de que hay quien le tenga compasión. Nosotros le tenemos admiración, le tenemos respeto, y es muy respetable esta diferencia de sensibilidades.

   Ahora, si se trata de ese tipo de sensibilidades, hay muchas otras antes –de la causa animal incluso- que las corridas de toros. Pero como son sensibilidades y son subjetivas, deben ser respetables y pedimos respeto a nuestras creencias a nuestras convicciones, a nuestros argumentos, como también obviamente como respetamos las creencias, las sensibilidades, los argumentos de quienes están en contra.

   ¿De qué estamos hablando?

   ¿Qué es la corrida de toros?

   La corrida de toros es un evento para ver, para admirar el desempeño de un toro bravo, donde cumple con su naturaleza esencial y propia que es combatir y morir con honor. No en la frialdad de un rastro. El toro es bravo, el bos taurus ibericus, descendiente del uro. Vamos a la corrida de toros a admirar a hombres que libremente se juegan la vida para experimentar el goce de dominar y producir arte y transmitirlo. La corrida de toros también es el evento para participar en un rito, donde se sublima el acto de matar un animal en combate leal, desigual, pero leal. Es el triunfo del arte, de la destreza, y de la inteligencia por encima de la brutalidad, de la bravura. Es un evento además comunitario de reunión y compartimiento de tradiciones, de gustos y de sensibilidades. Es una fiesta donde la comunidad se ve asimisma. Por eso es así, de esa forma, como usted la alude, don Gustavo. Y vamos también a admirar las virtudes éticas de un torero: el valor, la caballerosidad, la dignidad, el dominio de sí de ser torero.

   Es una convivencia plural, es una evidencia de la igualdad ciudadana, de las decisiones por aclamación, donde hay reglas, y donde es una puesta en escena. Una puesta en escena (que) como dijo Orson Wells: “El torero es un actor al que le suceden cosas de verdad”.

   Ahora, ¿por qué no deben prohibirse?

   Porque es un gravísimo atentado a la ecología, a la biodiversidad, a la conservación de los ecosistemas, al equilibrio de las especies. Significaría la desaparición del toro bravo. ¿Quién lo va a criar? ¿Quién lo va a cuidar? Como yo lo vi desde niño, desde mi infancia.

   ¿Quién lo cuida, quién lo mima, quién lo respeta, quién lo cría, quién le da de comer?

   El toro bravo desaparecería.

   También es un grave atentado a la libertad, a la libertad democrática, a la libertad de los toreros, a la libertad de nosotros, los aficionados, a la libertad de los ganaderos. Y prohibir, siempre es un acto de intolerancia. Prohibir: No hay que prohibir, no hay que prohibir nada. Hay que (…) [quizá haya querido decir que se trata de] es intolerancia, hay que respetar argumentos y creencias y, creo yo también, que no hay que confundir animalismo con ecología. Los taurinos somos ecólogos, no somos animalistas.

   Sería un grave atentado a la diversidad cultural. El preservar las corridas de toros es una resistencia a la mundialización de la cultura. Ya todos, por la fuerza de la comunicación, de la tecnología, no todos tenemos que comer sushis y hamburguesas y cafés en vasos altos de cartón. Queremos respetar nuestra identidad. La uniformización de valores y de las costumbres es algo negativo para quienes hemos nacido en una identidad popular, es una denuncia a la avasalladora civilización anglosajona, que todo lo está uniformado. Todo como lo piensan en Londres, en Nueva York, en Estados Unidos, en Europa, en los países noruegos. Así vamos a pensar nosotros y ahora sí, vamos a sentir, reivindicamos la diversidad cultural.

   Y por último: Es un grave atentado a nuestra identidad mestiza, como sería también el caso de la charrería.

 

G.L.: Habla usted de que prohibir no se debe de hacer. Yo le pregunto, respecto de todos los ilícitos penales, respecto de lo que dice el Código Penal, si no se prohibiera nada, ¿qué es lo que ocurriría? Esto se lo digo porque de todo lo que acabo de escuchar yo, creo que cabría muy bien, para quien está defendiendo el esclavismo o para quien defiende el circo romano. Exactamente esos argumentos serían los mismos. Entonces, la pregunta es: ¿Prohibir no se vale cuando tenemos códigos penales, cuando tenemos códigos civiles. Ahí está habiendo prohibiciones por todos lados y el planteamiento es por qué si no es desde una óptica antropocéntrica, esos mismos derechos a la vida y a no sufrir, no se le puede atribuir a nadie más que a nuestra especie? Serían dos preguntas.

G.B.: No hay que prohibir nada que atente contra la dignidad humana y con la libertad del hombre. A esas prohibiciones me refiero. Y también quiero decirle que por ejemplo en el caso de la prohibición reciente en el caso de Cataluña, qué curioso, por los mismos argumentos por los cuales se prohíben las corridas de toros en Cataluña, son los mismos argumentos por los cuales se fomenta, se enaltece y crece la fiesta de toros en el sur de Francia. Resulta, que para preservar entre comillas, la identidad catalana, versus el centralismo español, y afirmar su identidad (entonces) no quieren corridas de toros en Cataluña.

 23 de septiembre de 2011.

 CONTINUARÁ.

  

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Luego de haber visto las imágenes que ilustran la presente editorial, imaginé que se trataba de otro de esos hechos cotidianos de reclamo con que nos amanecemos a diario. Pero no. Era el resultado de un verdadero desbordamiento popular con que se alienta entre el pueblo la figura de ídolos, esa especie en peligro de extinción. Los miles de asistentes a la “Plaza de la República”, querían estar cerca de una figura que, no siendo propia, la hicieron suya. Se trata del pugilista filipino Manny Pacquiao, campeón welter de la OMB, quien va a enfrentarse con su similar, el mexicano Juan Manuel Márquez, el próximo 12 de noviembre, en una pelea estelar, que ocurrirá en las Vegas, Nevada.

 

http://www.jornada.unam.mx/2011/09/09/contraportada.pdf

    El hecho es cuán ausentes están del imaginario colectivo ese tipo de figuras emblemáticas, capaces de causar honda afirmación de credo, de respeto, de admiración hacia una figura que aliente fe, incluso esperanza.

 

http://www.jornada.unam.mx/2011/09/09/deportes/a17n1dep

 Lamentablemente el asunto tiene tiempo que no despierta ese tipo de reacciones en el medio taurino, tanto que los últimos grandes “ídolos” fueron Manolo Martínez, así como los efímeros David Silveti y Valente Arellano.

   Desde el siglo XIX se construyeron en torno a Bernardo Gaviño, Lino Zamora y Ponciano Díaz este tipo de estructuras (que yo llamaría de afirmación social), siendo Ponciano el que alcanzó elevadas cotas que luego se deformaron en un fervor no solo patrio, sino patriotero y chauvinista, causante de actitudes colectivas fuera de control.

   En pleno siglo XX, Rodolfo Gaona escala hasta la cima del pedestal idolátrico que aún, a más de 80 años de su despedida sigue causando en las nuevas generaciones, efectos de ese radio de influencia. Junto a él hubo otros muchos casos, como el de Fermín Espinosa, Pepe Ortiz, Alberto Balderas -a quien consideraron el “torero de México”-, Silverio Pérez que se convirtió en “compadre” de todos. Lorenzo Garza, Luis Castro “El Soldado”, Gregorio García, Carlos Vera “Cañitas”, Fermín Rivera, Alfonso Ramírez “Calesero”. Entre los españoles encontramos casos como los de Ignacio Sánchez Mejías, Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Manuel Rodríguez “Manolete”, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino, Diego Puerta o Pedro Gutiérrez Moya.

   Como puede verse, la nómina es importante, pero los hechos tienen mucho tiempo de no repetirse, por eso quizá uno de los más importantes reflejos sea el de las plazas vacías.

   No habiendo figura torera en quien mostrar su veneración, se aparecen otros tantos personajes que, como estos dos señores, las multitudes los celebran y exaltan.

 

http://www.jornada.unam.mx/2011/09/09/deportes/a17n1dep

    El fenómeno José Tomás aún no consolida en México, quizá por la intermitencia con que sucede o se ha presentado, pero ya no hay más a qué aferrarse.

   Como en el cine Charles Chaplin o María Félix. Como en el canto y sus estereotipos aledaños Jorge Negrete o Pedro Infante, de quien hace unos años, alguna publicación sensacionalista y escandalosa publicaba una foto a página entera de la portada, y otra más al centro del impreso “innombrable”, pero que se convirtió en fuente de noticias y hechos de carácter sangriento. Pues bien, en esa portada, aparecía el cantor y el pie de imagen decía palabras más, palabras menos: “¡Pedro Infante… no ha muerto!”. Uno tenía que ir hasta las páginas interiores para saber el resto de la noticia, y se encontraba que en otra fotografía del doble del tamaño de aquel tabloide se contaba el resto de la historia: “¡… pero del corazón de los mexicanos!”

   Me parece que hoy, los toreros tienen muchos elementos mediáticos a su favor, pero no han sabido valerse de ellos, y es una prensa rosa o tras el escándalo la vertiente más frágil pero más fácil en hacerles si no el favor, sí el daño de involucrarlos en auténticos “chismes de lavadero”. Ese no es el caso.

   Lo sucedido con seguidores del boxeador filipino, que además es legislador en su país nos deja una enorme carga de reflexiones y preocupaciones, además de un sentimiento de culpa o hasta de pena ajena, pues el territorio taurino da o tiene suficientes motivos para detonar razones que constituyan estos fenómenos. La cosa es que sus protagonistas abran los ojos y no desperdicien una oportunidad así. De suceder o materializarse bajo esa fórmula, podríamos estar hablando sobre auténticos casos de mitificación popular. Solo que los “hubiera” no existen en la historia.

   Por lo tanto, es pertinente una revisión, la que cada uno de los matadores o novilleros pueden hacer frente al espejo, no para engrosar el ego sino para apostar por un tipo de aventura como la que aquí se plantea. Recuerdo, y ya para terminar, como hace unos años yendo por la calle, caminaba por ahí una figura viviente del boxeo mexicano, Raúl Macías, mejor conocido como el Ratón Macías. Pues vieran qué de saludos y elogios recibía ese deportista en el retiro, ya con bastantes años de cargar sus viejas glorias, pero que para muchos no era ningún desconocido. ¡Adiós mi ratón! era lo menos que recibía en elogiosa veneración de los del pueblo que le saludaban a su paso.

   ¡Cuánto de esto se extraña entre la afición de los toreros!

12 de septiembre de 2011.

  

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Vienen tiempos difíciles, comprometidos. En la medida en que estemos tan cerca de la frontera y de cara al propósito por hacer válida la propuesta para que la Tauromaquia pueda ser evaluada por la UNESCO con vistas a elevarla a “Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”, es que tendremos que llegar todos aquellos impulsores e interesados con una firme idea de lo que perseguimos. El espectáculo de los toros en general, y todos sus derivados o expresiones alternas en particular que hoy día siguen siendo manifestaciones vivas en los ocho países que lo conservan, se encuentra ante un dilema. ¿Es patrimonio? ¿Es legado? ¿Es una “fiesta” cruenta, salvaje y anacrónica?

   Frente a todas las voces y opiniones que se expresan, verdaderos galimatías ideológicos, de facción y hasta de ciertas razones enfrentadas a pasiones, que todo es válido en este momento, se intensifican las acciones y jornadas en pro y en contra. Todo es válido y no, a sabiendas de que la argumentación debe mostrar claridad, debe convencer, debe atenuar los más hondos conflictos de entendimiento en el discurso que nosotros, los taurinos, debemos mostrar apelando a la coherencia, al sentido común. Pero sobre todo, el equilibrio. No podemos ser blanco de provocaciones, y si así fuera deberemos hacer uso de la palabra, no de la fuerza. Sabemos que la postura de la oposición es invariable e inamovible. Respetamos su posicionamiento e ideología. Lo que es imposible aceptar es que se cierren al diálogo.

   Y esta no es ninguna provocación ni ningún llamado a declararles la guerra. No. Se trata de decirles que aceptamos el diálogo como la mejor manera de que las partes hablen, discutan, discusión que evidentemente tiene que darse en un marco teórico, con todas las experiencias acumuladas que nos permite el tiempo y con él la historia, la filosofía, la sociología y otras tantas ciencias de las que hay que valerse en situaciones como las que aquí se plantean para poner en claro el escenario.

   En todo caso, me adelanto a afirmar que la Tauromaquia es un legado, transmisión que, desde tiempos remotos han efectuado pueblos en formación o constituidos, que los han hecho suya como parte de una profunda afirmación del imaginario colectivo, que se une a sus creencias, a sus rituales, a su forma de ser y de pensar. Y así, cada generación va trasladándola o conservándola hasta donde alcanza a mirarse lo más hondo de sus raíces. Cambia la forma, no el fondo y así hasta llegar a ser lo que es en nuestros días.

   Como ese, muchos arraigos o costumbres inveteradas constituyen a grandes sectores de un pueblo, de una sociedad, de un país. Por lo tanto, al permanecer y seguir siendo parte de una expresión que muchas veces se pierde en la noche de los tiempos, debemos ser respetuosos de esa forma de ser y de pensar, entender y comprender sus significados y propósitos para replantearlo en medio de las ideas que privan en la actualidad.

   Nada de lo que vengo diciendo es fruto de la casualidad. Ha tomado como ya sabemos miles, cientos de años para su conformación, integración y expresión de su realidad. Que hoy día se conserve entre nosotros es un hecho insólito y extraordinario. Por eso despierta tanta polémica y suspicacia. Por eso también debemos tener muy claras las razones de una defensa, no con lugares comunes, no con actitudes protagónicas, sino verdaderamente conscientes de que planteando las cosas en su verdadera dimensión, con palabras y hechos contundentes, estaremos llegando al juicio con la seguridad de que realizaremos una defensa legítima con objeto de preservar este “patrimonio”, dejando en calidad de herencia ese “legado” a las nuevas generaciones.

 INVITACIÓN.

    Aprovecho este espacio para hacer una atenta invitación. El domingo 11 de septiembre, en punto de las 11:30 a.m. y en la emblemática Alameda de Santa María la Ribera, en la ciudad de México, se llevará a cabo un homenaje al entrañable maestro Arturo Azuela, autor entre otras obras de La casa de las mil vírgenes, El Matemático o Alameda de Santa María. Nieto del célebre Mariano Azuela, don Arturo se ha formado entre libros desde sus años mozos, es maestro de generaciones, es un gran historiador de la ciencia (sabiendo que su formación original fue la de matemático), y además un importante periodista que ha hecho esfuerzos por divulgar esa materia del conocimiento. Pero por encima de todo, es un buen aficionado a los toros, a quien saludamos permanentemente en los tendidos de la plaza de toros “México”. Por estas y otras razones, se hace más que merecido ese homenaje, en el que han unido su esfuerzo colonos de toda la vida en esta colonia de la capital. Además, se une al mismo, el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C., del que es socio distinguido.

   Así que el domingo 11 de septiembre, todos al homenaje a don Arturo Azuela Arriaga en su “Alameda”.

5 de septiembre de 2011.

  

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En el lenguaje de los contrarios existe un conjunto de términos de que se valen, para argumentar y afirmar su posición en cuanto a lo que para ellos significa la tauromaquia. Si bien, entre ellos y nosotros nunca va a existir un acuerdo, lo primero que tengo que decir en nuestra defensa, es que respeto su posición, pero no la comparto. Para ello, somos los taurinos quienes debemos valernos también de un ideario o conjunto de teorías que expliquen y justifiquen la posición que tenemos a favor de este espectáculo. De otro modo nos veríamos en una posición bastante incómoda que en nada resuelve el intento por una defensa legítima.

   Ellos emplean palabras como “crueldad”, “tortura”, “sacrificio” desde unas connotaciones verdaderamente extremosas, por no decir que tendenciosas, contando para ello su credo, que a veces raya en lo intolerante.

   Ahora bien, me parece en todo esto que la razón básica de la diferencia ha creado, desde muchos siglos atrás, la más importante de las razones en la que se establecen posiciones, criterios, creencias, ideologías y demás aspectos que han permitido a las sociedades mantenerse en esa permanente situación de conflicto, más que de acuerdo. Cuando todos esos elementos se integran en la dinámica que establecen los tiempos que corren, sucede que sus individuos asumen diversas posiciones, hasta llegar a unas condiciones tan específicas como heterogéneas que acaban siendo muy particulares. Allí están casos tan particulares como por ejemplo: discriminación, racismo, intolerancia, oscurantismo, segregación racial y social, odio por homofobia, por biofobia, por lesfobia o por transfobia que son verdaderas muestras de extremismo en cualquiera de sus expresiones. Cuando se ha llegado a estos puntos, es porque ya no se tolera al otro y hay que atacarlo. Incluso destruirlo.

   En los toros sucede algo así.

   Más que decodificar, necesitamos entender en su verdadero contexto los términos, palabras y expresiones usadas para descalificar o devaluar el sentido de una corrida de toros. Veamos qué significan al menos dos de esas palabras: “tortura” y “sacrificio”.

   “Tortura” en la Enciclopedia Universal Ilustrada, T. 62. p. 1556 nos remite al sentido del: Dolor, angustia, pena o aflicción grandes.

TORTURA. Der. V. Tormento.

TORTURA. Hist. V. Tormento.

   Del lat. Tormentum. Acción y efecto de atormentar o atormentarse. Angustia o dolor físico. Dolor corporal que se causaba al reo contra el cual había prueba semiplena o indicios para obligarla a confesar o declarar.

   El tormento –en cualquiera de sus expresiones para conseguir su propósito-, era una prueba y medio para descubrir la verdad, decían los defensores de la tortura; pero, realmente era una prueba sumamente inútil y desigual, en la que siempre el inocente perdía y el delincuente podía ganar; porque, o confesaba el inocente, y era condenado, o negaba, y después de haber sufrido el tormento que no merecía, sufría una pena extraordinaria que tampoco merecía.

   Esto nos remite a la antigua práctica que el hombre ha sostenido con distintas especies animales ya sea para sobrevivir o para domesticar.

   “Sacrificio” (Enciclopedia Universal Ilustrada, T. 52, p. 1159): Ofrenda a una deidad en señal de homenaje o expiación. // Fig. Acto de abnegación inspirado por la vehemencia del cariño.

   Sacrificio cruento: Inmolación de una víctima ofrecida a la divinidad.

   Sacrificio cruento o con sangre, llámanse aquellos que se ofrecían con efusión de sangre de animales, ya que Dios, como él mismo dice, dio la sangre como medio de expiación. Las víctimas que podían sacrificarse eran solo los animales llamados puros o aptos para los sacrificios, que son los que se indican en el sacrificio de Noé (Gén., 8, 20) y se expresan en el de Abraham (Gén., 15, 9). Estos, a no ser que en casos especiales se determinase otra cosa, podían ser de cualquier sexo o edad, pero solamente de cinco clases o especies, entre otras el buey o vaca o becerro, carnero u oveja o cordero, macho cabrío, cabra o cabrito (…).

   En lo dicho hasta aquí cabe una representación diferente aunque con los mismos fines: el mito cosmogónico náhuatl. Este se refiere a tres creaciones: la del universo, que se realiza en un momento sin tiempo; la creación cíclica de los soles como movimiento alternado de creación y destrucción y, finalmente, la creación del Quinto Sol o Sol de movimiento que da origen al sacrificio humano para garantizar la permanencia del sol y de los dioses protectores de la humanidad. El mito fundador del Quinto Sol asegura un orden social: no se trata solamente de una interpretación del mundo imaginario, sino de “una intervención práctica en el mundo real que hasta cierto punto es controlable por el hombre”.

   De lo anterior cabe lo sucedido con Ometochtzin, cacique de Texcoco quien en 1539 fue juzgado por la Inquisición por atreverse a postular la posibilidad de que coexistieran varios mundos y que los hombres pudiesen vivir cómodamente entre ellos. Ometochtzin aseveró que:

 Dado que los diversos frailes llevaban vestimentas diferentes, sostenían doctrinas diferentes y realizaban prácticas evangélicas diferentes (cuando ya había iniciado el proceso ya fuese de sincretismo o de resistencia cultural que se afincan en épocas históricas posteriores a la conquista), tal como en el periodo precolombino los diversos pueblos de México tenían diferentes formas de rezar, de vestirse y de hacer sacrificios, no entendía por qué las antiguas prácticas no podían tener asignado un lugar propio, al lado de las múltiples variaciones cristianas.

    Con todo lo anterior, como primer ejemplo, es que estamos viendo una serie de influencias externas, de aculturación propia del hombre inmerso en una sociedad compleja, y la otra que se produce en el contexto de la conquista española. Como resultado de esos dos procesos entre muchos otros, se tiene el hecho de que surge otro estadio social el cual evoluciona, da un paso más allá respecto a la anterior. En este caso puede entenderse que con el padre español y la madre indígena ocurre un maridaje que desde luego no fue movido por otra causa que no fuera la dominación. En la conquista la cruz y la espada fueron los principales instrumentos que se pusieron en práctica para hacer válido ese estado de cosas. Sin embargo la asimilación o mestizaje fueron, entre otros efectos afortunados, parte de ese resultado.

   Finalmente me parece que nosotros, los taurinos debemos plantearnos el hecho de encontrar verdaderas razones de peso que justifiquen la presencia no sólo del espectáculo en cuanto tal, sino establecer los parámetros y las razones que permitan defender su pervivencia. Entiendo que “crueldad”, “tortura” o “sacrificio” son, entre otros, un conjunto de hechos consumados cuyo propósito es comprender el dolor que significa la práctica de cualquiera de estos términos y que a nadie parece justo, sobre todo cuando existe de por medio premeditación, alevosía y ventaja. Sin embargo, para explicar la presencia de la tauromaquia en el entorno de nuestro tiempo, debemos apelar a una serie de razones que parten del hecho de que a lo largo de varios siglos se han integrado una serie de condiciones que la validan. Por eso consideré necesario hacer este primer ejercicio para integrarlo en su defensa.

27 de agosto de 2011.

 

  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    ¿Qué estamos haciendo en defensa de esa costumbre o tradición denominada “fiesta de toros”?

   Si nos atenemos a los principios básicos para ejercer defensa hacia una casi cinco veces centenaria tradición, que permeó entre nosotros, diría que muy poco. Hemos dejado que se haga presente la relajada teoría del laissez faire, laissez passer, le monde va de lui même (dejad hacer, dejad pasar, el mundo va sólo) muy a su aire, haciendo su parte, pero sobre todo dejando que todo funcione como en automático, cuando sabemos y percibimos de todo un conjunto de problemas y aspectos que afectan su buen desarrollo. Con el paso del tiempo han cambiado muchas expresiones propias de esta representación para adaptarse a los tiempos que corren, pero también a unos intereses que, en su mayoría perjudican su andar natural. Cuando cambia la forma, no el fondo es previsible encontrarnos nuevos escenarios pues la esencia de sus principios, es de esperarse, son las que se conservan. Sin embargo al hacerse presente la crisis de valores en diferentes expresiones o modalidades, una de las primeras respuestas es, entre sus efectos inmediatos, el abandono, y ese abandono se refleja en plazas semivacías. Cuando los empresarios no apuestan con garantías pero sí con simulaciones, se corre el serio peligro de un círculo vicioso el que en ocasiones, apunta al cierre de plazas o a la limitante de que los toros como espectáculo, al no ser rentables, se alejen de la realización de ferias y con ello queden condenadas a desaparecer de su organización.

   Me parece que el problema también incumbe a la autoridad pues, salvo honrosas excepciones, no se aplican los criterios legales o de reglamentación como es debido, por lo que este asunto deja ver que para algunos personajes tiene un trasfondo de tal encorsetamiento que por eso es mejor ir por la libre, bajo la autonomía y la autoregulación más absoluta, como si ello negara de un plumazo el hecho de que la fiesta, por obvias razones de su complejidad, ha pasado por el racero de los necesarios controles para evitar el caos y el abuso de unos y otros. Es bueno recordar que al menos en México, esa circunstancia priva desde 1768, con la aplicación de las primeras medidas de control en los festejos taurinos y sigue hasta nuestros días con un reglamento que, como todo asunto relacionado con la aplicación de la ley no deja satisfecho a nadie. En muchos casos, es la subjetividad la mejor forma de aplicar criterios y soluciones a la hora en que se desarrolla el espectáculo. “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que lo alumbre”. Pero es importante que el “juez de plaza” haga valer y notar su presencia en dicho espacio. Si es un convidado de piedra nos deja, a los aficionados y a la fiesta en plena indefensión, pero lo peor que puede pasar es que se haga notoria la ausencia de autoridad de la autoridad.

   En cuanto al desempeño que nosotros, los aficionados debemos poner en práctica, veo en todo ello un asunto muy complejo, pues el tendido es un espacio democrático, incluyente, autónomo que en esa condición tan abierta las opiniones son tan diversas y dispersas. Es claro que nos reunimos quienes lo son de toda la vida, en tanto que otro sector muy importante o va de paso, o aquel otro que, al iniciar su formación, no tiene idea clara, y debe contar con el apoyo de aficionados para que maduren sus ideas y conceptos con mucha mayor certeza. De esa forma, podrán integrarse al sector que quieran con principios más sólidos. Es decir, que si nos consideramos aficionados, con un amplio conocimiento de causa, tenemos la obligación de ayudar a nuestros vecinos de tendido orientándolos o reorientándolos al respecto de los temas que sean necesarios. Claro, esto suena bastante idealista, cuando muchos nos caracterizamos en ese puntito de no querer compartir con los otros, pues damos por hecho de que ya lo saben… “El león cree que todos son de su condición…”

   La prensa y todos los medios de que se valen en estos momentos debe ir más allá. Su quehacer  supone un esfuerzo “inaudito”. Pero si la realidad es que las plazas permanecen semivacías, no es sólo culpa del empresario. Lo es también de la cobertura publicitaria que sepan darle a este asunto. ¿Por qué sí se llena un espectáculo musical en el Auditorio Nacional –por ejemplo-, y con la plaza “México” nos da la impresión de que sólo los cabales o algún despistado se enteró del asunto?

   Pero también la prensa debe ser un vehículo confiable de información. El uso incorrecto que hacen algunos de la historia produce unos efectos que no llamaría devastadores, pero sí deformadores de la realidad. Haría un respetuoso llamado para que antes de hacer cualquier apunte o afirmación que tenga que ver con el pasado, incluso con el presente y hasta con el futuro mismo, se documenten e incluso apliquen algún comentario o criterio con valor agregado que merezca respeto de nuestra parte.

   ¿Y qué decir de los ganaderos, los toreros y otros actores que intervienen directamente en el espectáculo?

   De todos ellos se espera un profesionalismo intachable. Por estos días, México parece recuperar las glorias perdidas de otros tiempos en que sus toreros no sólo triunfaban en el país. Hoy lo están haciendo -¡y muy bien!- en el extranjero, de ahí que los personajes referidos hace un momento, se tomen en serio el papel que les corresponde.

   Que no sea esta una “cartita de los Reyes” más, ni un adelanto del “día de los inocentes”.

19 de agosto de 2011.

 

 

 UN ALTO EN EL CAMINO…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Revisando y supervisando las “Categorías”, así como los “Últimos artículos” que he venido subiendo a este blog, encuentro una notable ausencia en temas como: Crónica, Efemérides Taurinas del siglo XX, Glosario y diccionario taurinos, Museo Galería-taurino mexicano, Ilustrador Taurino y las Efemérides Taurinas del siglo XXI, por lo que a partir de esta nueva entrega, trataré de regularizarlas. En un monitoreo al que el sistema me permite acceder, la primera impresión que puede notarse es el reflejo de que una buena parte de las consultas se inclinan por estos temas, de ahí que no pretenda descuidarlos. Al contrario, los recuperaré en la medida de lo posible para que sirvan de información, la que detecto están encontrando los usuarios en su conjunto.

   Por otro lado, y dada la naturaleza de las fuentes que me sirven para integrar cada uno de los materiales, debo decirles a todos los “navegantes” que, en buena medida provienen de un importante número de libros de mi autoría, ya terminados y que ahora mismo concentro en el “disco duro”. Son alrededor de 80 libros perfectamente organizados y preparados para ser turnados en cualquier momento a un editor. Sin embargo, dado que el tema de la Tauromaquia hoy día se enfrenta a una serie de conflictos, entre otros la crisis, no sólo económica sino de valores, resulta que el tema “no interesa”. De ahí que apueste por encontrar nuevas vertientes, como es la del libro electrónico o libro digital. Me interesa y mucho la posibilidad de acercamiento con editores que estén apostando por alternativas como la aquí planteada. Me interesa, luego de un análisis consensuado, la posibilidad de que cada uno de esos trabajos que reúnen, lo mismo historia que ensayo; iconografía o literatura sean susceptibles de proponerse como un trabajo editorial totalmente distinto, novedoso, en el que quepan no sólo esos elementos. También la posibilidad de que diversos artistas plásticos o fotógrafos dejen plasmadas sus obras, rompiendo con aquellas ediciones clásicas. Este riesgo, por tanto, se propone como una vuelta de tuerca, sin alejarse de los principios más tradicionales, con objeto de incorporar los nuevos elementos aquí propuestos. Si el blog en el que se mueve toda esta información puede trascender, como ya está trascendiendo, podría cambiar de plataforma, seguir bajo el mismo principio al que está adscrito pero buscando caminos diferentes.

   El libro digital ya es una realidad pero hay que saber manejarlo, difundirlo y… venderlo, que ese es, entre otros propósitos, parte de una búsqueda a que todo autor tiene derecho. La inversión del tiempo, del trabajo de campo y de gabinete, así como el propiamente intelectual, tienen definitivamente un alto valor durante su proceso.

   Encuentro en todo lo anterior una forma legítima, lícita también de generar el acercamiento de las partes interesadas. Ojalá reciba algún mensaje o comentario. De suceder, me pondré en contacto con quienes así lo consideren para platicar en detalle.

   De igual forma, me parece pertinente plantear el hecho de que por estos días, vengo preparando una serie de textos que habrán de servir para algunas actividades académicas en puerta. Los temas de esas ponencias o conferencias ya tienen más o menos nombre y apellido, a saber:

 -RETRATO TAURINO EN LA CIUDAD DE MÉXICO ENTRE 1835 y 1867. (Cohesión social entre lo urbano y lo rural);

-TAUROMAQUIA: FRENTE AL DEBATE DE SU PERVIVENCIA;

-LA TAUROMAQUIA COMO PATRIMONIO;

-HISTORIA DE LA PRENSA TAURINA EN MÉXICO (SIGLO XIX), y

 …bueno aquí es donde también me gustaría saber si los navegantes de este blog les gustaría o no proponer algún tema para su desarrollo.

   Por todo lo anterior, creo que su palabra sería muy importante, de ahí que espere contar con algún balance como resultado de estas dos propuestas que intentan explorar nuevos cauces, detectar si existe o no interés por parte de los usuarios, y si el tema o los alcances de este “blog” han logrado causar algún impacto.

   Si más adelante encuentro alguna herramienta de las que “wordpress” proporciona para generar algún seguimiento específico, con vistas a detectar la opinión de quienes amablemente pasan por aquí, créanme que la utilizaré con objeto de capitalizar las inquietudes en el plano de otras tantas realidades.

17 de agosto de 2011.

  

 

CONTRA LOS MITOS Y LAS INVENCIONES EN LA HISTORIA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Uno de los puntos débiles en el imaginario colectivo de los taurinos, es la fuerte carga de “mitos”, símbolos que se han construido al paso de las generaciones al grado de convertirse en creencias sobre hechos o hazañas del pasado que, por la sola condición en tanto testimonio oral o escrito, le permiten  mantener una categoría de “impermeable” o para mejor entenderlo de “impunidad” para que no se les cuestione.

   Puede ser que el hecho o la hazaña hayan ocurrido, pero un ingrediente de exaltación o exageración termina dándoles auténtica realidad de gesta. Y esa visión o interpretación subjetiva pesan mucho para que el equilibrio y el criterio de una historia relativa y coherente entren en acción preventiva o correctiva, según sea el caso.

   A los historiadores, se nos acusa de no tener la misma visión, por ejemplo que la que tiene un periodista cuyo intento es decir todo lo ocurrido en una faena o el conjunto de hechos en una tarde de toros. La sensibilidad ante un hecho inmediato predispone todo a demasiadas y apasionadas opiniones. El reposo del tiempo, la mirada a distancia permite entender el mismo hecho de distinta manera, donde se han sumado otros factores que también dan la oportunidad de contextualizar ese acontecimiento. Nada es casual. Por eso, el ejercicio del historiador –creo yo- requiere de sensatez, aunque también una buena dosis de dones literarios y ese otro punto que nos define o caracteriza justo en los momentos de hacer nuestra tarea. Me refiero al hecho concreto de que los historiadores “no somos abogados defensores… pero tampoco debemos ser fiscales acusadores” (dixit Javier Garciadiego).

   Por lo tanto, esta es una tarea y también un oficio duro, difícil pero también gozoso que permite extirpar esa carga de “mitos” o mentiras piadosas con que ha sido permeada cierta parte de la historia taurina en nuestro país. Por ejemplo, explicar el siglo XIX a la luz del XXI tiene verdaderas dificultades por la falta de elementos o fuentes confiables que den la solidez necesaria para entender su recorrido. Para ello, el historiador debe hacer uso de una mirada contemplativa, interpretar o reinterpretar no sólo aquello pertinente sobre una época gloriosa u oscura. También son necesarios los elementos que permitan contextualizar su recorrido y su dinámica. Ese siglo, en lo político o social es una suma de conflictos y reacomodos donde uno u otro elemento condimentaron la cosa taurina. Por ello no basta explicar de manera vertical ese aspecto si no se cuenta con una serie de elementos complementarios para entender que los toros se convirtieron en una actividad muy ligada por ejemplo, a la vida política.

   El siglo XX, no se entiende sin la presencia de Rodolfo Gaona, la influencia de la “edad de oro del toreo” con Fermín Espinosa “Armillita” a la cabeza, o por la imponente presencia de “Manolo” Martínez. Pero no son los únicos elementos. A su alrededor se presentaron otros tantos personajes o hechos igual de relevantes o secundarios que también se sumaron a todo el peso de la gran ecuación cuyos registros son valles y crestas; crisis y esplendores que de una forma u otra repercutieron y definieron el destino de dicha centuria. Hoy día incluso, me resulta difícil comprender la forma en la que aficionados de generaciones recientes, que no vimos a Rodolfo Gaona sigamos hablando y discutiendo de él como si todavía disfrutáramos el último de sus triunfos. ¿Qué valida o convalida tal comportamiento si los únicos elementos de que nos valemos son las fuentes biblio y hemerográficas existentes, un conjunto notable de fotografías o un mal segmento de película que apenas nos da idea exacta de su dimensión como torero?

   Por eso es bueno explicar ese paradigma, desintoxicarlo de los “mitos” que carga pero sin necesidad de eliminar su dimensión y su influencia que la historia como tal le confirió. No es el caso. No tiene sentido. Ese capítulo ya ocurrió, pero debemos verlo con ojos sensatos, apasionados sí, pero sin esa pasión fuera de control que deforma su esencia y le da por tanto otra coloratura que sabemos no es original. La literatura escrita en torno al toreo es diversa, pero muy poca hecha con el rigor que permita confiar en su doctrina o predicados. ¿Qué recomendar entonces?

   Primero prudencia, luego poner en práctica la labor de lectura, confrontarla con otras tantas fuentes y sacar las primeras conclusiones para ver en qué medida sus autores pretendieron decir la verdad (que se intenta absoluta, aunque es imposible, por lo que sólo cabe encontrar en la relativa cierto nivel de credibilidad). Recuerdo a mi maestro, el Dr. Juan Antonio Ortega y Medina quien nos sugirió a los alumnos de un curso a que acudimos el siguiente ejercicio:

   Ustedes son diez. Ahora mismo les pido que salgan del salón de clases, vayan al primer crucero de tráfico que encuentren. No dudo que en esos momentos ocurrirá un hecho, mayor o menor, quizá un accidente. Ya de regreso, cada uno de ustedes me dará su propia versión al respecto.

   Saben que: después de oírlos el balance que tengo es el de diez accidentes distintos (cada uno de ustedes pudo colocarse previamente en diversos lugares alrededor del sitio donde ocurrió el hecho por lo que su visión variará entre unos y otros). Pero el asunto no termina ahí. Con mis conclusiones, estoy construyendo o imaginando mi propia interpretación al respecto de ese mismo hecho. Por lo tanto, ¿a quién creerle?

   Es esa, entre muchas, una de las tareas esenciales del historiador: ¿a quién creerle? si además tenemos la certeza de que las fuentes o los informantes estuvieron en el lugar de los acontecimientos. Lo demás será subjetivo en la medida en cómo se interpreten esos hechos y se respete el peso original de verdad desplegada en la versión allí manifestada. Que opere luego una especie de sistema de “teléfono descompuesto” pero que no se cuente con alguien que vaya corrigiendo los errores o malinterpretaciones al respecto, sólo garantiza que la historia original comience a cargar con “mitos” o descabelladas invenciones, matices estos que tergiversan el sentido natural en el que surgió o se desarrolló el hecho como tal.

   Ya se ve: el oficio del historiador no es, en palabras coloquiales “cualquier cosa”. La participación de este profesional en el tratamiento de los hechos del pasado va más allá, de ahí que sea conveniente su presencia (no puedo decir que indispensable, pues pecaría de chocante y soberbio) para entre sus virtudes y sus defectos, lograr el fiel de la balanza.

 12 de agosto de 2011.

 

  

LA TAUROMAQUIA COMO PATRIMONIO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    La naturaleza, el medio ambiente y diversos aspectos con los que convivimos permanentemente está sufriendo severas alteraciones. Se están vulnerando de manera descontrolada, sin que hasta el momento hayamos visto aplicar ninguna medida concreta por parte de gobiernos, el estado o todas aquellas instancias que forman el “concierto de las naciones”. Mucho de lo que significan esos entornos, tiene que ver con el hecho de que las afectaciones ya consumadas atentan el valor de muchos “patrimonios”: ya sea de orden mundial, cultural y natural o de orden inmaterial. Si no apuramos nuestros esfuerzos por implantar medidas precautorias en defensa de tales conceptos, nos estamos sumando o convirtiendo -por añadidura-en cómplices o agentes de destrucción.

   En el sentido estricto de definición que podemos encontrar para entender de qué se tratan estos patrimonios, existe una Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural aprobada por la Conferencia General de la UNESCO, el 16 de noviembre de 1972, circunstancia que se actualizó en la 32ª reunión, celebrada en París del 29 de septiembre al 17 de octubre de 2003.

   En esencia, sabemos que el término “patrimonio” se refiere al legado que recibimos del pasado, el cual debemos proteger, conservar y rehabilitar en el presente, con vistas a ser transmitido a las próximas generaciones.[1]

   Al referirme en particular a un “patrimonio”, a un “legado” como lo es la Tauromaquia, esta puede ser considerada como “Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”. Para que ello sea posible es necesario reafirmarla bajo los siguientes criterios:

 1.-Que el elemento es patrimonio cultural inmaterial, tal y como está definido en el artículo 2 de la Convención, a saber:

 Artículo 2: Definiciones

 A los efectos de la presente Convención,

 1.-Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. A los efectos de la presente Convención, se tendrá en cuenta únicamente el patrimonio cultural inmaterial que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.

2.-La inscripción del elemento contribuirá a dar a conocer el patrimonio cultural inmaterial, a lograr que se tome conciencia de su importancia y a propiciar el diálogo, poniendo así de manifiesto la diversidad cultural a escala mundial y dando testimonio de la creatividad humana.

3.-Se elaboran medidas de salvaguardia que podrían proteger y promover el elemento.

4.-La propuesta de inscripción del elemento se ha presentado con la participación más amplia posible de la comunidad, el grupo o, si procede, los individuos interesados, y con su consentimiento libre, previo e informado.

5.-El elemento figura en un inventario del patrimonio cultural inmaterial presente en el(los) territorio(s) del(los) estado(s) parte(s) solicitante(s).[2]

    Con unas condiciones tan claras como esas, se tiene la certeza de que primero que nada es preciso defender ese “patrimonio”, argumentarlo, revalorarlo pero también entenderlo con todo el conjunto de significados que posee desde el pasado y hasta nuestros días.

   Al mencionar los términos “Tauromaquia” o “corrida de toros” parece que su sola expresión ofende a un sector que se opone a su desarrollo. Pero es desde adentro donde deben evolucionar sus procesos. En todo caso es un espectáculo anacrónico mezclado con la modernidad que se pone al servicio de su funcionamiento en varias de sus expresiones: mercadotecnia, computación y todos sus variantes, servicios mediáticos y un largo etcétera.

   Ahora bien, apenas hace unos días ocurrió en España un hecho relevante, lo cual le da un respiro distinto a su funcionamiento. Resulta que los toros han pasado a depender del Ministerio de Cultura bajo el criterio de que “entendida la tauromaquia como una disciplina artística y un producto cultural, las competencias del Estado en orden a su fomento y protección tienen su correcta ubicación en el Ministerio de Cultura”. Y ello se expidió en un Real Decreto del 29 de julio pasado. Además, dicho decreto señala que de Cultura dependerá la promoción de esta disciplina artística, los estudios, estadísticas y análisis sobre la materia, el registro de profesionales del sector, y el secretariado de la Comisión Consultiva Nacional de Asuntos Taurinos.

   Sin embargo, y entre otras cosas, sus más notorias recomendaciones son las de que “los males de la fiesta de los toros no tienen su origen en ningún ministerio, sino en las entrañas mismas del sector. La degradación del toro, la permanente sospecha de fraude o la obsoleta conformación del negocio taurino, por citar solo tres ejemplos, no encontrarán solución en Cultura. Es responsabilidad de los taurinos que, una vez más, tienen la oportunidad de pasar de la estética a la ética”.[3]

   He ahí pues, el enclave más difícil a vencer. Si la problemática surge al interior de todos sus procesos, somos nosotros, los directamente involucrados en uno u otro sentido, a corregir esos problemas que le son inherentes desde hace mucho tiempo, mismos que generan un funcionamiento adverso, contrario, con el que no se tendría cara suficiente para reclamar los deseos que ahora mismo vienen gestionándose con vistas a lograr la anhelada declaratoria.

   Es deseable, por tanto, que las partes que participamos para el desarrollo del espectáculo taurino: empresarios, ganaderos, toreros, prensa, y aficionados realicemos un mayor esfuerzo, pretendiendo con ello una calidad, calidad que no ha tenido la fiesta de los toros en México desde hace mucho tiempo. Imperan intereses personales y de grupo que dañan severamente el curso que todos pretendemos por lo que el resultado que arrojan diversos festejos ha denigrado, denigra y seguirá denigrando la imagen del espectáculo mientras no suceda un cambio deseado como el que aquí se manifiesta, en aras de sumarnos al proceso de las demandas que buscan ya esa anhelada declaratoria. No olvidemos que manejamos un patrimonio y no cualquier cosa…

31 de julio de 2011.


[1] Arqueología mexicana. “México en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO”. México, CONACULTA-INAH. Edición especial 39, 90 p. 2011, p. 11.

[2] Op. Cit., p. 15.

[3] El País. Edición mexicana, del 30 de julio de 2011, p. 44. “Los toros, asunto artístico”. Nota de Antonio Lorca.

 

 

 COMUNICADO

México, julio de 2011.

    Los estamentos taurinos en México, reprobamos el brutal atentado de que fue víctima en días pasados, el Presidente del Observatorio Taurino Francés, el periodista, matador de toros en retiro e importante activista en pro de la fiesta de los toros, André Viard, pieza importantísima en el movimiento que viene realizándose con vistas a consolidar a la Tauromaquia como “Bien de interés cultural” primero, y después como “Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”.

    Actos de esta naturaleza, empañan un proceso legítimo al que se han sumado diversos representantes de los ocho países que detentan a las corridas de toros como una expresión del patrimonio. La labor de todos y cada uno de los participantes en este proceso, que tiene como propósito hacerlo del conocimiento ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés) es el de solicitar ante este organismo internacional la declaratoria para que la Tauromaquia sea considerada patrimonio inmaterial.

    Hacemos un enérgico extrañamiento para que las fuerzas oscuras de la irracionalidad entiendan que nuestro propósito tiene intenciones muy claras de considerar a la Tauromaquia como un legado que recibimos del pasado, el cual debemos proteger, conservar y rehabilitar en el presente, para con ello se transmita a las próximas generaciones.

    Dentro de algunos meses, la ciudad de Tlaxcala, México, será sede del segundo coloquio “La Fiesta de los Toros: Un patrimonio inmaterial compartido” (cuya primera etapa se celebró en la ciudad de Sevilla, España en el mes de abril de 2009). Con ello estaremos cumpliendo en tiempo y forma con los objetivos trazados por quienes nos hemos propuesto elevar a la Tauromaquia a la categoría de Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

    Finalmente, deseamos hacer llegar nuestra adhesión y solidaridad al ciudadano francés André Viard, en espera de que la reparación del daño sufrido sea superada satisfactoriamente.

 Responsable de la publicación: M. en H. José Francisco Coello Ugalde, Director del Centro de Estudios Taurinos de México, A.C.

 

  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Conforme avanzan los tiempos que nos tocan vivir, un ritmo acelerado de vida provoca que, en buena medida tengamos que adaptarnos a esa “realidad”. Queramos o no, debemos asumir sus mandatos, a menos que encontremos la solución del aislamiento. Pertenecemos a una sociedad “gregaria” en muchos sentidos. A todo esto, el desempeño de los medios de comunicación, pero sobre todo de los electrónicos están cumpliendo una función múltiple de cohesión o individualización, según como queramos ver esas reacciones. En lo personal me sorprenden algunos hechos recientes –ya comentados con anterioridad-, donde las redes sociales se unifican y actúan frontalmente contra determinado factor que ya no cumple con satisfactores que se consideran fuera de la realidad. Así pasó en Egipto, así está ocurriendo todavía con la resistencia del caso, en Libia.

   La tauromaquia, a lo largo de siglos ha sido blanco de críticas y cuestionamientos que no corresponden a los dictados de determinados segmentos de la sociedad, de ahí que se le ataque. En nuestros días ese patrón de comportamiento se viene intensificando con vistas a endurecer la reacción, por lo que es necesario por parte de nuestro “frente”, justificar la presencia de una expresión que carga con infinidad de elementos y componentes, factores esenciales de su significado.

   A lo largo de varios siglos, el toreo ha sufrido adecuaciones necesarias, atenuándose su notoria carga de violencia para convertirse en una expresión que ya no tiene todos aquellos tintes de “carnicería”. En efecto, las tauromaquias en tanto tratados técnicos y estéticos han servido para pulimentar al espectáculo. Los diversos reglamentos que ponen control a un complicado sistema, y la vigilancia de las autoridades para su cabal cumplimento también han estado pendientes de ese cambio, tratando de que se cumplan sus disposiciones, sin afectar lo que usos y costumbres han establecido a lo largo del tiempo. Diversos personajes que participan para su organización y desarrollo también participan en esa labor. Ahora bien, es cierto que cuando se desarrolla la “puesta en escena” ocurren situaciones incómodas que contradicen los buenos propósitos aquí apuntados. ¿De qué sirve tanto control y reglamento si al final, algunos personajes, movidos por intereses o caprichos provocan situaciones por las que hasta uno siente por todo ello pura pena ajena?

   Este asunto, a lo que se ve, no es privativo en el espectáculo. Ya vemos como actúan otros sistemas organizados en el resto del mundo. Me bastan como ejemplos los más recientes escándalos producidos en el seno del semanario News of the World, imperio controlado por Rupert Murdoch y su cuestionado espionaje telefónico, o la forma en que ciertas iglesias intentan imponer o controlar su enorme influencia polemizando o escandalizando alrededor de un tema como el de la homosexualidad, considerada por ellos como una enfermedad y que, para curarla nunca mejor remedio que una terapia reparativa.

   Tal parece que estamos en un momento donde las oposiciones se intensifican, se radicalizan y nos adentramos en conflictos que pueden ser de largo plazo. Nuestra incómoda posición como aficionados y defensores de las corridas de toros tiene que encontrar soluciones equilibradas a partir de una razonada exposición de motivos que intenten si no convencer, al menos desvelar no sólo su “misterio” sino también justificar su presencia, la cual incluye entre otros aspectos, la práctica de un ritual que culmina con el sacrificio y muerte de un toro, a la vista de multitudes en un espacio abierto denominado plaza de toros.

   Por ahora no puedo decir que se está frente al hecho de defender lo indefendible, pero sí de argumentar que el significado de todo ese proceso se vincula a un complicado espectro de condiciones propias de una manifestación que las ha acumulado para expresarse tal y como sucede durante una tarde de toros. En la mayoría de los casos se plantea el maltrato a los toros, pero si nos atenemos al hecho de que los sistemas ya establecidos indican que el toro es sujeto de una forma de trato y control, se puede entender o malinterpretar el hecho de que se abusa de él. Es probable. Sin embargo, al desarrollarse la corrida de toros, ocurren una serie de determinados pasajes donde el toro es blanco de ataque con arponcillos, puyas, capotazos y muletazos a tutiplén, para luego darle muerte; todo esto se sustenta no en el hecho doloso de un ataque colectivo, a mansalva; sino en la añeja condición que pretende seguirlo domesticando, hoy día con matices de sofisticación habiendo de por medio una representación cargada de teatralidad. Esta, incluye a un conjunto determinado de actores que se presentan en el ruedo escenificando cada una de sus partes tal y como las conocemos, algunas de las cuales se han moderado, en aras de la modernidad (la suerte de varas, por ejemplo).

   Es cierto, hacen falta muchos elementos éticos para entender todo esto. Por ejemplo, Fernando Savater ha dicho al respecto:

“(…) la sensibilidad hacia el sufrimiento de otros (seres) vivientes es un signo de la modernidad. A ella se deben medidas piadosas como el peto de los caballos de los picadores…” lo que así ha quedado entendido por los partícipes directos o indirectos del espectáculo que actúan en consecuencia, atenuando aquel grado de violencia que tuvieron, sobre todo durante todo el siglo XIX y las primeras dos décadas del XX.

   Y vuelvo con Savater: “En el caso del debate actual –que se tiene contra las corridas de toros- debe quedar claro que no se trata de introducir en nuestra cultura las corridas sino de prohibir una práctica secular: o sea, que no es obligación de los taurinos argumentar a favor de ellas sino de los abolicionistas convencernos de que deben ser suprimidas”.

   Ellos, los abolicionistas están en todo su derecho de cuestionar o discutir, pero al hacerlo deben ser tolerantes. Su actitud nos parece radical, de oídos cerrados, altanería y ensoberbecimiento, como si con ello se pretendiesen resolver los grandes enigmas del mundo y lo único que sucede es una descomposición y la declaración de guerra más repugnante y estúpida.

   Si desde aquí algo puede suceder en bien de este capítulo, seguiré esa marcha.

22 de julio de 2011.

  

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Al hurgar en viejos papeles, encontré en mi tesis de maestría,[1] los siguientes apuntes que dan pie a los comentarios de esta nueva entrega.

   Deliberada o no, la CAUSA en la historia ocupa un lugar determinante. De ahí que me detenga a explicar el por qué de su presencia.

   Un preguntar permanente de porqués a la historia creo que establece la búsqueda de las causas que originaron un hecho. Es cierto, causa de buenas a primeras nos sugiere determinismos que mueven al análisis causal del por qué ocurrió.

   ¿Por qué? El porqué va unido casi umbilicalmente a la causa. Dice E.H. Carr que “se conoce al historiador por las causas que invoca”. En el concepto de causa-efecto se manifiesta una simbiosis, relación de estas dos cosas, en virtud de la cual el primero es unívocamente previsible a partir del primero o viceversa. Platón dijo que consideraba la causa como el principio por el cual una cosa es, o resulta, lo que es. En tal sentido afirma que la verdadera causa de una cosa es lo que para la cosa es “lo mejor”, es decir, la idea o el estado perfecto de la cosa misma.

   Ante ese construir un estado de conveniencias ideológicas es que surge la causa con su constante preguntar y afirmar de porqués. De un abanico de posibilidades el historiador será capaz de discernir y simplificar los elementos causales de algún acontecimiento bajo estudio.

   El determinismo o condicionante de causas en la historia puede arrojar un historicismo que ampara en gran medida actos o actitudes de personajes diversos; de ahí que un historicismo bajo influencia determinista (si cabe el término) origina la siguiente idea: El ser humano cuyas acciones no tienen causa, y son por lo tanto indeterminadas, es una abstracción tanto como el individuo situado al margen de la sociedad.

   Una causa no es movida u originada si no es por alguna intervención del hombre (puede haber causas externas, la naturaleza por ejemplo) pero no por causa de un determinado acontecimiento particular y a veces sin importancia pueden cambiar los destinos de algo verdaderamente importante. El historiador debe ser capaz de valorar los elementos de un hecho, desmenuzarlo, orientarlo por distintas direcciones hasta encontrar los motivos que originaron lo que es ya su materia de estudio. Al discriminar los componentes menores procura salvar otros elementos importantes aunque no decisivos como son lo “inevitable”, “indefectible”, “inexorable” y aun “ineludible”.

   Despojada su historia de sinfín de soportes, ¿qué le queda por hacer al historiador?  Si se han eliminado impurezas, su tarea es interpretar un hecho que ocurrió partiendo de cuanto dispone, sin desviarse de la realidad hasta lograr un perfil donde se manifiesten conclusiones efectivas. Ha traducido causa-efecto para tornarla en un rico elemento que prueba el acontecimiento en toda su magnitud.

   En cuanto a la causa ajustada a una visión de Meinecke se aprecia así: “la busca de causalidades en la historia es imposible sin la referencia a los valores… detrás de la busca de las causalidades, siempre está, directa o indirectamente, la busca de valores”.

   Causa es para la interpretación histórica una entre varias condiciones necesarias de lo que se dicen ser sus efectos, y pueden producir estos últimos sólo en cooperación con otras.

   Es bien real que la actitud del historiador hacia el pasado es, en consecuencia, completamente teórica: piensa que su cometido consiste total y únicamente en determinar, sobre la base de testimonios presentes, cómo ocurrieron las cosas en tiempos pasados (E.W. WALSH).

   Ante todo esto es importante la presencia del historiador pues, en la medida en que hace suyo un examen de acontecimientos, en esa medida desborda sus opiniones y les da por consecuencia un sello de interpretación. Reconstruye y comprende el pasado con sus propias ideas, contestando así a cada uno de los porqués que se han presentado en el curso de sus apreciaciones, ya sea como causa o como cualquier otro elemento de explicación de la historia misma.

   Gracias a la historia, y aquí recupero el asunto, es posible que se tenga una mejor dimensión de cualquier hecho o acontecimiento ocurrido en el pasado remoto o reciente. También es posible sopesar su realidad cuando suceden los hechos inmediatos, y hasta podemos prever ciertos escenarios cuando se aplica una perspectiva o prospectiva para avizorar el futuro.

   Y todo lo anterior, ¿con qué propósito lo planteo?

   Cuando alrededor del tema de los toros asoman una serie de amenazas, bien vale tener como argumentos todo un conjunto de hechos que ha registrado y acumulado la historia, desde el momento mismo en que el hombre entró en contacto directo con un animal para satisfacer primero sus más elementales necesidades y luego convierte estas en una serie de elementos integrados que le dan forma a expresiones como la Tauromaquia. Nada más que para explicarlo, debemos decir que esa estructura se ha formado a lo largo de muchos siglos. Que no es producto de las casualidades, sino de las causalidades que ha tenido que enfrentar el mismo hombre en cuanto tal, o el hombre integrado en sociedad. Lamentablemente, al cobrar conciencia y discutir su pervivencia, a la que se suman muchos otros factores, surge un debate maniqueo, mismo que da origen a los debates encontrados entre diversas partes de esa sociedad compleja, aglutinada, cambiante o mutante que se manifiesta o se expresa a cada momento, dando forma a todos los significados que, por consecuencia, son los que la historia registra a lo largo de su largo recorrido.

   El “argumentario” que debe darse para justificar la presencia de esta expresión tiene que estar plena y conscientemente soportado por todos esos valores que la han constituido. De ahí que me manifieste a favor del uso correcto de esta herramienta básica, idónea, lógica que permite, sin ambages, y sin las pasiones desatadas, poner las cosas en su verdadera dimensión.

   Ojalá que podamos ver, de aquí en adelante realizado el propósito que cumple y debe cumplir una de las ciencias más afortunadas que hoy nos tiende la mano para sustentar con razones de peso, todo lo que le da sentido a la tauromaquia y así, poder lograr su permanencia. De otra forma, y si no se responde a esas expectativas, entonces sufrirá la condena de su desaparición.

14 de julio de 2011.


[1] José Francisco Coello Ugalde: “Cuando el curso de la fiesta de toros en México, fue alterado en 1867 por una prohibición. Sentido del espectáculo entre lo histórico, estético y social durante el siglo XIX”. Tésis que, para obtener el grado de Maestro en Historia, presenta (…). México, Universidad Nacional Autónoma de México. División de estudios de Posgrado. Colegio de Historia, 1996. 230 p. Ils., fots., grabs., p. 10-11.

  

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Hace algunos años, y luego de alguna espléndida faena que se realizó en la plaza de toros “México”, cuando ya era hora de que el Juez de Plaza emitiera su opinión desde el palco, surgieron las naturales diferencias. Recuerdo que un vecino de tendido le decía a otro:

-Mira, es que somos 40 mil jueces de plaza… y nunca nos vamos a poner de acuerdo.

   En efecto, ese parece ser el clima que se vive en nuestro mundo actual: nunca la humanidad va a alcanzar a ponerse de acuerdo en los múltiples acontecimientos que suceden en el complejo entramado de ideas, creencias, tendencias y demás razones que aducimos tener frente a los demás. Ya lo adelantaba en la EDITORIAL fechada el 21 de junio pasado al mencionar que existen marcadas diferencias desde que el hombre en cuanto tal, o el hombre constituido en una sociedad domina y predomina en otro o en otros, haciendo valer sus ideas, sus creencias y demás aspectos por los que tiene certeza o credibilidad.

   Hoy día mientras se debate sobre si es lícita o no la Tauromaquia, y esta ha entrado por un sendero oscuro, en el que las partes discuten con o sin razón también su permanencia, otros sectores plantean su legítima defensa a través de declaratorias como “bien de interés cultural” o como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, tarea que viene haciéndose desde tiempo atrás para darle atribuciones de esta naturaleza a un espectáculo que merece ser inscrito como tal en la lista de la UNESCO.

   Si bien, la tauromaquia es un asunto cuestionable, por su decadencia, por sus valores implícitos en los que se incluye –ya lo sabemos-, el sacrificio y muerte de varios toros, esto no puede quedar en la simple discusión en la que están metidas las partes; unas favor y las otras en contra. Pero ese no es el único elemento que debe quedar sometido a juicio sumario, buscando las rectificaciones y más aún, la razón que merece para permanecer entre nosotros como una forma de expresión milenaria o varias veces centenaria. Están una serie de significados que se han acumulado al paso de todo ese tiempo en el que ha discurrido primero una manifestación ligada al culto o a los ciclos agrícolas. También al hecho de que llegó un momento en que se convirtió en espectáculo, y además, en espectáculo crematístico, ordenado por diversas legislaciones, ordenes y costumbres que han llegado hasta nosotros en una evolución que ha ido eliminando significados de un pasado que ya no pueden conciliar con el tiempo presente. Ello, debido a que ha habido diversos personajes o instancias que han producido la sensibilidad pertinente para dosificarlo y entonces incorporarlo a los diversos gustos y preferencias por el que las sociedades han apostado como un espectáculo que guarde la pertinencia de lo razonable.

   Me explicaré. Así como las corridas de toros han ido matizándose, y se han eliminado diversas dosis de “crueldad”, ha encontrado, en nuestros días el verdadero equilibrio, donde luzcan a plenitud técnica y estética, en consonancia con lo que el gusto de la modernidad establece, buscando no perjudicar, alterar o provocar al resto de esa otra múltiple sociedad que cuestiona su permanencia, aduciendo que el trato contra los animales es irracional. Creo por tanto, que la corrida de toros ya se ha adecuado a los principios morales y éticos que establece como límite ese conjunto de ideologías que no comulgan con el espectáculo y que, abanderada por los antitaurinos y grupos ecologistas en lo fundamental, exponen sus argumentos, dominados más por excesos de pasión que por los de una equilibrada razón que permita aceptar la licitud de su pervivencia.

   Por otro lado, los taurinos debemos aprovechar esta oportunidad para manifestar nuestro acuerdo con razonamientos de peso, que permitan justificar la razón y el porqué de algo que se mantiene, incluso, en unos momentos como los actuales, en que esas condiciones anacrónicas del espectáculo pueden convivir con una sociedad globalizada, que se pliega a los principios y dictados de un poderoso esquema que nos obliga a seguir por senderos nunca antes vistos ni enfrentados. Que la fiesta de los toros cuente hoy día con una sólida infraestructura dentro y fuera del ruedo, cuya maquinaria funciona de una manera articulada, me hace recordar el hecho de que en ciertas regiones, la fiesta no es un negocio. Es una industria y que como tal ya tiene perfectamente asentadas sus razones de funcionamiento. Independientemente de que se trate de un ritual, una celebración ligada al calendario litúrgico o religioso, es ya un ordenado despliegue de trabajadores urbanos o rurales que dedican buena parte de su tiempo a mantener las condiciones para que la existencia de esta expresión quede garantizada. Nada es casual. Viene de muchos años atrás, se mantiene incluso entre generaciones y otros tantos personajes que juegan un papel determinante en su funcionamiento. Que algunos de esos “personajes” no sean los idóneos, o se excedan en sus gestiones o procedimientos, es algo que sucede con mucha frecuencia en otros sistemas, de la vida laboral, por ejemplo.

   Si el mundo es una gran plaza de toros, en la que nunca nos vamos a poner de acuerdo en lo religioso, lo político o lo ideológico, es permisible defender una parcela bajo el fuego. Si para unos la fiesta significa “crueldad”, “tortura” y demás procedimientos que van contra natura, para otros debe significar la oportunidad de justificar un patrimonio cultural compartido por ocho naciones que siguen haciendo suya esta expresión que, entre sus rachas de crisis y esplendor, permanece. Ya entramos por un sendero en el que si no logramos darle absoluto razonamiento a su incierto porvenir, estaremos siendo testigos de su pronta desaparición. La fiesta, por mucho, se defiende así misma, pero a su alrededor estamos un conjunto de interesados en llevarla a un sitio que merece tener, como muchos de esos bienes culturales intangibles. Esto es, la posibilidad de su tranquila permanencia, bajo el resguardo cuidadoso de instituciones que la consideren como dueña legítima de ese derecho.

6 de julio de 2011.

 

  

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

Van estas líneas con dedicatoria muy especial

 a mi amigo Jorge F. Hernández,

esperando que recobre enteramente su salud. 

    Resuelto el destino de la especie humana, y ya como ser pensante, el hombre hubo de enfrentarse a un amplio conjunto de adversidades que solo o en sociedad fue capaz de resolver. Lo encontramos en los distintos periodos históricos que han transcurrido desde el momento en que puso en práctica el raciocinio fundamentalmente para su supervivencia. Luego vinieron otras etapas donde ya su capacidad alcanzaba para aplicar otros instrumentos de control, fuese desde los ámbitos políticos, religiosos o militares, entre muchos más.

   Es por ello que la actitud humana se ha visto reflejada en diversas escalas. Si se asume el postulado marxista de la “lucha del hombre por el hombre”, es porque la sociedad más vigorosa se impone sobre la más débil para destruirla, conquistarla, absorberla según sea la condición o los intereses que se persigan. Esos intereses son de naturaleza variable y pueden estar de por medio aquellos de origen ideológico, por ejemplo.

   Vista esta serie de pasajes, se entiende que el hombre ha sido capaz de dominar, de controlar… de domesticar con fines enteramente acomodaticios, que den certeza, confort y demás privilegios a su modo de vida. Por eso, domesticar ha sido para él parte de su destino. Ha domesticado plantas y especies animales hasta convertirlos en elemento imprescindible para su subsistencia. ¿Quién no tiene hoy en casa un perro, lejano eslabón del lobo, como elemento integrado al hogar? ¿Quién no disfruta de un gato, minucia felina adorada por muchos? ¿Quién no encierra en jaulas pájaros y otras especies para el placer del oído o la vista?

   Así que, cumpliéndose satisfactores de esta índole, el hombre puede hacerlo en otro tipo de condiciones, como todas aquellas que se relacionan con el ciclo alimentario. Todas sin excepción. Y es el mismo hombre, son las mismas sociedades que en casos específicos como el de la tauromaquia y todos sus componentes, se escandalizan de ese proceder. Evidentemente quienes lo hacen son segmentos focalizados, cuya cultura forma parte de ese enorme abanico de posibilidades en que se constituyen las sociedades, que son diversas, eclécticas, abiertas. Debemos convencernos que la idea de un ser pensante no es la misma en otro, por mucho que comulguen con ciertos principios comunes, de ahí su discrepancia, de ahí sus permanentes diferencias. No en balde, Ortega y Gasset afirmaba: “Yo soy yo y mi circunstancia”, así que como tales, somos muy complejos, abiertos o cerrados. Ese es el hombre. Eso es el hombre.

   La tauromaquia es, por tanto, uno más de esos objetivos en que el hombre, además de crearla o configurarla, ha intervenido en distintas formas para convertirla en una manifestación que, como se sabe, tiene fuerte vínculos con la cultura, pero también con los otros elementos que vienen de una profunda raigambre donde se percibe su influencia, su afán de dominar, controlar o domesticar. Nada es fruto de la generación espontánea, todo se ha concebido cuidadosamente para darle ese “acabado” que hoy tiene, que ha tenido y en el cual, también se ha agregado la complicada y polémica figura del sacrificio y muerte del toro. Porque precisamente, al entrar ese elemento al complejo taurino, fue porque el mismo hombre impuso, por vía de creencias religiosas la constitución de un culto, ligado con ciclos agrícolas donde para fomentar o impulsar aquella fuerza que significaba rendir pleitesía a determinados iconos visibles o invisibles, fue necesario llegar al extremo del sacrificio. Ello, fue el detonante de una expresión que, con el paso de los tiempos se incorporó a la tauromaquia, circunstancia en la que se combinaban diversas condiciones lúdicas, rituales que luego, en tiempos más recientes se han podido entender con la técnica o la estética. Sin embargo, al paso de esos mismos tiempos, un hombre que evoluciona y se dirige por sendas que no comulgan con las de otros, cuestiona el significado que pueda tener la expresión de otras tantas culturas que entienden, bajo su propia perspectiva, lo que para ellos es, en un caso tan particular no la muerte sin más. Se trata, en todo caso, de un ritual que entrañó en la composición milenaria o secular de un espectáculo que, como el de los toros, se ha convertido además, en blanco de críticas.

   Si esas críticas provienen de una sociedad compleja como la nuestra, tal significa que estamos llegando a unos límites en que la permanencia de la tauromaquia como espectáculo se pone en riesgo. El debate sobre si es permisible su continuación no es de hoy. Se remonta varios siglos atrás, pero siempre bajo la idea de cuestionar lo que los otros hacen, pero que atentan mis principios. Es decir, esa confrontación parece no tener fin. Hoy día, quienes no comulgan con esta representación agregan otros criterios, nuevos fundamentos que indican su desacuerdo, así como los propios defensores del espectáculo que sostienen su esencia original en tiempos que quizá ya no corresponden al conjunto de preceptos con que fue creada la tauromaquia. Pero volvemos a encontrar que en el fondo, es la discrepancia de la que hablaba hace un rato, aquella razón en la que los hombres, la sociedad no llegan a ponerse de acuerdo, ni en lo político, ni en lo social, religioso o ideológico.

   El intento del dominante queda impuesto de tal forma que el siguiente paso es la sumisión o la confrontación. Lamentablemente ciertos sectores de este tipo de sociedades sólo comulgan con su religión, sus ideas y sus creencias, ignorando que existen otras sociedades con igual tipo de principios pero que actúan o piensan de manera diferente. En aceptar a los otros se puede tomar como el gran paso para conciliar con ellos, para entenderlos también.

   Por todas estas razones es importante mencionar que los toros como espectáculo han sido uno más de los elementos en que ha intervenido el hombre racional o irracionalmente. Los argumentos que hoy se vierten en su defensa o ataque no van a ser suficientes hasta en tanto no se comprenda que la acción humana ha jugado un papel decisivo. Esta sociedad moderna en que nos movemos, de pronto pierde vista a otras ya pasadas pero que dejan una impronta indeleble. Los ejemplos son muy claros: cambio climático, cuyas primeras acciones datan desde el surgimiento y desarrollo de la “Revolución industrial”. Diferencias humanas desde que las ideologías, políticas, religiones, militarismo y otros efectos, se impusieron generando todo ese bagaje que hoy día sigue materializándose, junto a profundas diferencias étnicas (¿o limpieza étnica?), sociales, sexuales, de género o también de su plena aceptación y conveniencia.

   Para concluir, es mi deseo que cuando se habla de tauromaquia, es porque estamos ante una estructura compleja, formada a lo largo de un tiempo bastante considerable; al perdurar y seguir materializándose en esos espectáculos que hoy ocho países del orbe mantienen y sostienen entre sus tradiciones y costumbres más entrañables; finalmente se cumple con procesos muy complejos que otras sociedades y el hombre en particular imprimieron para su puesta en escena.

   Los cuestionamientos a que se somete su destino deben valorarse en medio de total apertura. Sin embargo, es necesario hacer saber a la parte contraria que, en la medida de una argumentación de peso, sin intransigencias y sin prejuicios las más de las veces descabellados, podremos entrar en un debate equilibrado. Entonces tendrán idea, como nosotros la tendremos, de que ha sido el hombre, sin más, la fuente de todas estas diferencias, ser que ha transitado por siglos de evolución, matizada esta también de involución, efecto que nada bueno ha traído a las sociedades en diversas épocas. Hoy, perfectamente integrados a una que marcha aceleradamente pero con efectos nocivos –nada es perfecto en la vida-, tenemos la gran oportunidad de detenernos a reflexionar, y así lo haremos.

   El tema que pondremos en la mesa de las discusiones será desde luego, la tauromaquia.

21 de junio de 2011.

 

 

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

   Diversas medidas o estrategias se han venido tomando de un tiempo a esta fecha, con objeto de apuntalar el valor de bien de interés cultural que merece tener la tauromaquia. Esto ha ocurrido en Francia, algunas regiones de España, Perú, quedando pendientes las que emprendan Portugal, Venezuela, Colombia, Ecuador. Y desde luego, México.

   El camino es sinuoso y ya se han enfrentado diversos peligros, sobre todo por el hecho de que existen grupos contrarios que, desde sus trincheras, trabajan afanosamente, no se detienen. Al entrar en acción, son contundentes, lapidarios y lo hacen sin escuchar razones.

   Ese conflicto ha estado presente por siglos, pero hoy se intensifica, porque entre otras cosas, existe una mayor cobertura mediática, y se potencia con la Internet y las redes sociales. Por lo tanto, como ya no se trata de un hecho aislado, toma carácter de interés y nivel internacional.

   Me parece que hoy toda acción humana, o de la sociedad en su conjunto está siendo vigilada por espectadores que ya no son pasivos, y en el caso específico de la tauromaquia, sus argumentos no convencen a buena parte de la mayoría, debido a que en su composición se incluye el ingrediente en el que el toro se convierte en eje del sacrificio. Por eso, la defensa a esta expresión ancestral, anacrónica y cuyos elementos no son ideales para la convivencia de nuestros tiempos debe estar muy bien justificada. Entre otras razones, pervive porque se trata de una costumbre que se mantiene gracias a que lo profano y lo sagrado la han hecho suya en diversas representaciones. Pervive porque el carácter y el espíritu de estas ocho naciones aceptaron convivir con esa manifestación, como resultado de duras jornadas de conquista, colonización, imposición, sucediendo a lo anterior estabilidad o consolidación de los pueblos, como en la Nueva España primero. Del nuevo estado-nación que fue México a partir del siglo XIX y hasta nuestros.

   Además, la tauromaquia es la suma de un buen número de expresiones que se manifiestan en una sola tarde. Destaca lo técnico y lo estético, junto a una serie de representaciones complementarias cuya estela permite entender que así como las admiramos, las apreciaron otros públicos varios siglos atrás –cambia la forma, no el fondo-. También es bueno mencionar que durante mucho tiempo ha sido patente la intención de llevar el toreo a niveles de perfección, cuyo propósito comenzó en aquella lejana edición, salida de la imprenta de D. Manuel Ximénez Carreño, en 1796, y cuya autoría, la de LA TAUROMAQUIA Ó ARTE DE TOREAR. OBRA UTILÍSIMA PARA LOS TOREROS DE PROFESIÓN, PARA LOS AFICIONADOS, Y TODA CLASE DE SUJETOS QUE GUSTAN DE TOROS, es de José Delgado (alias) ILLO.

 

   Ya es posible apreciar que los pasos de esa evolución, han transitado de representaciones tan primitivas como esta:

 

Para llegar a cotas, como la que admiramos ahora:

 

Sin omitir la suerte suprema, antes planteada así: 

Resuelta en nuestros días como sigue:

 

   Por estas y otras razones es que es necesario plantear la forma en que la evolución ha pulimentado esa serie de representaciones que llegan a nuestros días sin tanta carga de anacronismo, así como por una más dosificada y pertinente realidad del sacrificio, condición implícita en esta representación ritual.

12 de junio de 2011.

 

  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    No cabe duda. Al hombre, en tanto ser consciente, lo mueven entre otras muchas cosas, pasiones y razones. No sé cual pueda más en ciertos momentos en que la tensión del equilibrio se rompe. Puede que sea la pasión y todos sus efectos, los cuales suelen llegar a unos extremos impredecibles. Pero en tanto inicia el proceso en el que debe haber mesura, comprensión y demás puntos que se recuperen en el fiel de la balanza, entonces entra a escena la razón.

   Este fenómeno sucede en muchos aspectos de la vida y en los toros no puede ser la excepción. Es la corrida de toros algo no sé si llamarlo como culminación de una compleja maquinaria o una puesta en escena del aglutinante histórico que se sintetiza en toda su expresión. Pero plaza-afuera y plaza-adentro, suceden hechos cuya sustancia activa es un detonante que agrede o estimula. En esa “química inestable” las reacciones son encontradas por lo que el equilibrio suele ser tardío.

   La tauromaquia enfrenta un duro conflicto que no es de ahora. Son siglos de una intermitente presencia que se opone a su materialización, pero sobre todo a su permanencia. No es casual el conjunto de argumentos esgrimidos por los contrarios en el tenor de que ante una presencia masiva ocurre el sacrificio y muerte de un toro (lo que en sus palabras denominan como “tortura”). Pero no quiero debatir o exaltar los ánimos. En todo caso deseo argumentar ante tan compleja circunstancia.

   A lo largo de la existencia de este “blog” he mostrado en diversas “Editoriales” o materiales anexos, otras tantas explicaciones que pretenden, desde el territorio de la historia, sustentar el hecho por medio del cual “los toros” en sus diversas manifestaciones, perviven en al menos, ocho países del orbe. Una primera razón que doy desde la perspectiva americana es que, tras la posesión que la corona española hizo de estas tierras a partir de 1492, comenzó un largo recorrido de conquista, guerra y evangelización (y no es que necesariamente asuma o rechace esto). Como proceso histórico ocurrieron y ya nada puede hacerse al respecto, que no sea comprender sus consecuencias, que tampoco pretenden combinarse aquí con teorías inconclusas y poco solventes, como la expuesta por Francis Fukuyama cuando postulaba el “fin de la historia”. El ejercicio que tenemos por delante es el de una comprensión validada –insisto- por la historia, a través de la sencilla ecuación que consiste en analizar los hechos del pasado a la luz del presente para tener, como resultado, una mejor visión de las cosas; tal y como ocurrieron o han ocurrido. Y no necesariamente para caer en el viejo y peligroso apotegma de Leopold Von Ranke sobre el hecho de que se cuente la historia tal y como ocurrió en el pasado, pero no más. Es preciso explicar, cuestionar y reflexionar esos hechos para tener entonces, una mejor visión de las cosas. Incluso, de la interpretación ya conocida de ciertos acontecimientos, la historia misma ha ido permitiendo una reinterpretación que nos da una renovada dimensión sobre lo que estudiamos.

   Sí, en efecto, los factores ya mencionados de conquista, guerra y evangelización dieron por consecuencia un giro radical en el desarrollo de una nueva cultura, la que mostró el prodigio del amalgamiento, a donde fueron a concentrarse expresiones culturales, religiosas o de la vida cotidiana para las que, por fortuna, existen diversos testimonios y así entender con suficiente claridad qué fue de cada una de esas circunstancias.

   Pero es preciso volver al tema de los toros como resultado de aquel proceso, en el que también se generó un mestizaje propio, el cual imprimió las grandes pinceladas americanas, con finos toques novohispanos y mexicanos también que la hicieron tan particular a la hora de su larga y varias veces secular puesta en escena. Por todas estas razones es que me parece notable el hecho de que antes de denostar, debemos entender cada uno de los elementos que han intervenido en la articulación del espectáculo taurino en México. La presencia de la tauromaquia no es casual. Detrás de esto se encuentra un complejo entramado de elementos que, habiéndose integrado o desaparecido en los diversos vaivenes mostrados en casi cinco siglos de andanza, permitieron dar forma y expresión a la corrida de toros en cuanto tal. Y a ese acontecimiento, debemos sumar una serie bastante larga de anejos o conceptos parataurinos los cuales denotan que hubo “tema y variaciones” a lo largo de los primeros cuatro siglos, para luego consolidarse en la anhelada manifestación del toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna, aspiración de diversos actores y protagonistas que dejaron un legado que, de un siglo para acá se ha materializado.

   Si en el fondo de todas las cosas dichas hasta aquí queda el peso de esa fuerte presencia denominada “sacrificio y muerte del toro”, entonces estamos entrando en otro territorio, copartícipe de ese ritual antiguo y moderno que es la corrida de toros, foco de polémicas que, a lo que se ve, no han concluido. Siguen nutriéndose en medio de los cambios que las sociedades experimentan conforme pasamos de un proceso histórico a otro. Y si la globalización, las redes sociales, o la cohesión de esas mismas sociedades apuntan a corregir o exterminar algo, como ya sucedió en el histórico 15M de la “Puerta del Sol” en Madrid, imagínense ustedes lo que significaría la verdadera revisión de la tauromaquia.

   Finalmente, debo poner en claro que aunque se someta a un juicio sumario, no es posible pensar en un campo de exterminio. Los taurinos “nos abrimos de capa” y damos cara a la que puedo entender como una inteligente y coherente revisión, misma que nos lleve a encontrar conclusiones claras y solventes.

 31 de mayo de 2011.

 

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Todo aquel que se considere aficionado a los toros debe saber que, para hacer una defensa legítima de un espectáculo cada vez más cuestionado, es preciso conocer que su permanencia se debe a una serie de procesos cuya integración puede sumar varios milenios. Sociedades primitivas vincularon los ciclos agrícolas concibiendo figuras idealizadas a las que comenzaron a rendir culto. En el bagaje complicadísimo de su andar por los siglos, fue necesario incorporar elementos que, llevados al sacrificio, cumplían con propósitos de celebración, veneración y hasta petición, cuyos fines se ligaban a la obtención de buenas cosechas o buscaban erradicar el mal producido por sequías, inundaciones o plagas. De ahí que sugiera entre los nuevos textos que por estos días estoy presentando, aquel que ostenta el título de un libro maravilloso de Sándor Márai y que lleva, lo mismo que la sección a que ha sido destinado, el nombre de El último encuentro.

   La caza del toro por el hombre primitivo para aprovechar su carne como alimento, su piel como vestido y más tarde, con el surgimiento de las sociedades agrícolas, como instrumento de trabajo, fue probablemente el embrión de la tauromaquia. Para apoderarse del animal, el hombre debió oponer su habilidad e inteligencia a la fuerza bruta del bóvido, dando origen a ciertas prácticas que podrían ser consideradas como una lidia primitiva. Más tarde, estas prácticas se utilizarían como deporte y como ritos religiosos.[1]

   En el sincretismo, la amalgama que esas y otras sociedades tuvieron, ya fuera por expansión de sus dominios, por guerras o esa intensa lucha que las creencias también fueron forjando, permitieron que los pueblos fueran cambiando lentamente sus esquemas de vida, asunto este que permitió, entre otras muchas cosas, expresiones de la vida cotidiana. Es así, que en ese largo proceso además de que el hombre ya convivía con animales y los domesticaba, así también surgieron expresiones que, al cabo de los siglos y de sus necesarias adecuaciones, el toreo encontró espacios de desarrollo sin dejar de incluir aquel elemento originario el que, en su nueva manifestación de rito y fiesta siguió su camino.

   En España una pieza clara en el desarrollo del toreo fue la guerra de los ocho siglos (726-1492). Es José Alameda quien nos da la más puntual de las apreciaciones al respecto. Veamos.

 (…)Esta guerra de ocho siglos, larguísima guerra, tiene también grandes treguas. Y durante las treguas, los guerreros de uno y otro bando se entrenan en grandes torneos a caballo, a veces incluso confraternizando provisionalmente para matarse mejor después. La caballería es el arma fundamental, a la que hay que mantener a punto, “en condición”, como decimos en el lenguaje deportivo de hoy.

   Y para que el entrenamiento sea más eficaz, para que se asemeje a la guerra, allí está el toro. Nacen así, por el espíritu de guerra, por el clima y las necesidades de la guerra, los grandes torneos de alanceamiento de toros.

   La intención bélica está patente porque no se emplea un instrumento “taurino” (como el rejón, que vendrá después) sino un instrumento de guerra, la lanza.

   El toreo es español porque nace en España, pero nace del hecho de la guerra.

   Fernando Villalón ha vislumbrado agudamente estas realidades y en su libro Taurofilia racial advierte que ya en tiempos de Alfonso VI y del Rey Sabio “se cultivaba la fiesta de toros como entrenamiento para la guerra”. Y le llama “escuela de guerreros y yunque donde se forjaban los caballeros”. Añadiendo: “durante las forzadas treguas, luchaban con toros bravos, como entrenamiento de corceles y de jóvenes caudillos”.

   No aclara en cambio Villalón que, al mismo tiempo que eso acontecía en España, el toro iba desapareciendo de Europa.

   Por el contrario, Ortega y Gasset señala esa desaparición del toro en el resto del mundo medieval, pero sin indicar su causa, ni tampoco lo que Villalón señala sobre el empleo del toro en España para el entrenamiento guerrero.

   Sólo la alianza de ambos puntos de vista, que supere los enfoques parciales, nos puede ir encauzando hacia la solución del problema.

   El hecho de la guerra es lo determinante. El toreo se produce en España y no en otra parte, porque España es el único país que vive en guerra. El origen no está en el bravío carácter español, ni en el fastuoso carácter musulmán, sino en el hecho de la guerra. Claro que el toreo va tiñéndose cada vez más de españolismo, a medida que se conforma y adquiere sus rasgos definitivos, de modo que, cuando siglos después queda en manos de los toreros a pie, tiene ya la bizarría y el desgarro españoles, y esa ambivalencia sin par del claroscuro de España, en que un sol decorativo y rutilante muerde la corteza del oscuro dramatismo interior.[2]

    Dada la dimensión y profundidad que tiene en este momento no sólo explicar sino entender porqué el toreo se integró y sigue integrado en un conjunto específico de culturas en lo general, y ahora en ocho países en lo particular, conviene tener la certeza de que el decurso de tales circunstancias no son fruto de la casualidad. Aquí, elementos como la cultura, la sensibilidad, ritos y creencias, espíritu y carácter se amalgamaron en un proceso donde el imaginario popular, los pueblos en consecuencia, hicieron suya dicha expresión, la matizaron hasta conseguirle un matiz particular. Si el toreo es uno, resulta que cuando se tiene oportunidad de apreciar la “corrida de toros” en Madrid o en México, se trata de dos versiones diferentes de un mismo hecho, con la salvedad de que se distinguen una de otra por la sencilla razón de que sucede en condiciones en que se marca lo madrileño de lo mexicano y viceversa. Pareciera que Perogrullo nos ha hecho el “quite”, pero no es así. Me parece que el término de las sensibilidades tiene aquí un alto valor de influencia siendo ese, en buena medida, el factor que determina las razones de su pervivencia.

   Que el toreo despierte pasiones es un hecho. Los componentes que reúne han producido, producen y seguirán produciendo diversos niveles de intensidad en las polémicas, las confrontaciones, el debate que unos y otros han mantenido por siglos. Hoy día, con explicaciones como la que ahora mismo se presenta, se da un paso adelante en el sentido de justificar el porqué de los toros, de ahí la importancia de revalorar sus significados, sin mengua de que nos enfrentamos o podemos enfrentarnos a auténticos juicios sumarios que muchas veces se cierran a la razón, siendo para nosotros la única bandera que ondea en el campo de batalla.

20 de mayo de 2011.


[1] Carmen Eugenia Reyes Ruiz: “La tauromaquia en España y la Nueva España en los siglos XVI al XVIII. Consonancias culturales y sociales y diferencias interpretativas de un mismo fenómeno cultural y artístico”. En: Caminos encontrados. Itinerarios históricos, culturales y comerciales en América Latina. Joan Feliu, Vicent Ortells y Javier Soriano (eds.). Castellón de la Plana, España, Universitat Jaume I, 2009. 408 p. Ils., fots., facs., cuadros. (Col-lecció América, 16)., p. 255-264.

[2] José Alameda (seud. Carlos Fernández Valdemoro): La pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo. México, Grijalbo, 1980. 109 p. Ils., retrs., fots., maps., p. 19-20.

 

  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Independientemente de que la misión en este “blog” es exaltar, a través de la historia, el fenómeno de la corrida de toros y todas sus implicaciones a lo largo de varios siglos, debo decir que nos enfrentamos en los momentos actuales a una difícil circunstancia derivada de la pertinencia de si el espectáculo de los toros tiene o no posibilidad de permanecer, sobre todo por el hecho de que se ha convertido en blanco de ataque, polémica, debate y demás aspectos adversos que lo enfrentan ante un auténtico y definitivo dilema.

   Mi esfuerzo como historiador se convierte día con día en una serie de acciones donde debe privar una legítima labor de convencimiento que lleve a comprender cómo, a lo largo de 485 años de recorrido, el toreo se ha convertido en una expresión identificada con nuestro pueblo, al grado de que se ha integrado en diversas formas de vida cotidiana que explican su natural inserción hasta lograr la cohesión en ámbitos como el rural o el urbano. Al paso de los siglos ha sufrido las alteraciones o modificaciones que cada sociedad imprime –cambia la forma, no el fondo-, pero en esencia, se conservan sus estructuras mismas que se han integrado al calendario litúrgico, a las fiestas civiles, significando el pretexto para sumarlo al conjunto general de la “fiesta”. No sólo es el ritual, es la organización de un espectáculo cuyos fines económicos mueven diversos hilos que, al articularse en perfecta armonía, permiten que se materialice la corrida de toros en cuanto tal.

   Detrás de todo esto se encuentra un numeroso conjunto de individuos cuya participación permite su desarrollo. No sólo son los ganaderos, los empresarios, los toreros o hasta las autoridades quienes cumplen una función o protagonismo esencial. También se encuentran otros tantos personajes que realizan actividades complementarias, generando en consecuencia una derrama económica donde no sólo se invierte. También se recupera y se capitaliza. Ello mueve un mercado cuya actividad es determinante en el proceso y culminación de la “corrida de toros”.

   Cuando observamos el proceso constructivo de un edificio por ejemplo, vemos como desde los cimientos y hasta la puesta en servicio de esa obra, han intervenido un conjunto de técnicos y obreros, sin faltar la materia prima. Esto ocurre de igual forma en la celebración de una corrida de toros, y eso se ha repetido miles y miles de ocasiones desde aquel lejano 24 de junio de 1526 en que tenemos el primer registro de un espectáculo taurino, hasta nuestros días. Que la fiesta es susceptible de la crisis como alteración de su estabilidad, es cierto. Debido a su naturaleza como espectáculo ligado al sacrificio y muerte del toro, un ritual que se pierde en la noche de los tiempos, ha sido blanco de diversas críticas y cuestionamientos a lo largo de diversas épocas donde varios pensadores reflexionaron y siguen reflexionando su permanencia.

   Así, la postura de diversos miembros de la iglesia, del estado se opusieron, se han opuesto a la tauromaquia. El “siglo de las luces”, es decir, el siglo XVIII fue el detonante ideológico más profundo que cuestionó con mayor severidad su continuidad. Y vino el siglo XIX donde el surgimiento del nuevo estado-nación que se llamó México generó la lucha, generó un enorme conflicto por su destino, mismo que enfrentaba anhelos conservadores y deseos liberales que quedaron, no siempre, en el destino de los mejores hombres. El toreo deambulaba por aquella centuria sometido a diversas condiciones. Se alza es cierto, con mucha intensidad y brilla con luz propia, pero no deja de ser blanco de una intensa crítica la cual lanza una primera advertencia en 1867, cuando son prohibidas las corridas de toros en el Distrito Federal y algunos gobernadores se hacen condescendientes a dicha medida cuya vigencia se extiende casi 20 años. Ese giro ante el desaliento natural, encuentra también un nuevo estado de cosas que surge a partir de 1887, cuando se pone en marcha un proceso diferente, renovador que yo he denominado la “Reconquista vestida de luces”. Allí se hizo presente un escenario donde la presencia española hizo suya la tauromaquia mexicana, que entonces era una mezcla de diversas expresiones que por su natural anacronismo, ya no podían ser aceptadas frente a una propuesta de la modernidad.

   Avanzado el siglo XX, y al surgir Rodolfo Gaona encontramos plenamente madura aquella tauromaquia que el leonés se encargó de universalizar, devolviéndoles a los españoles todo el aprendizaje, el cúmulo de experiencias que se desarrollaron en aquellos años formativos de fines del XIX y primeros del XX. Después surgen Fermín Espinosa “Armillita” y “Manolo” Martínez que, junto a Rodolfo Gaona se convierten en las columnas vertebrales más importantes del toreo mexicano del siglo pasado, un siglo que concentró la mayor de las experiencias ante también otro conjunto de crisis que llevaron a la fiesta por senderos difíciles y complicados. Cuestionables en consecuencia.

   Hoy, ante un siglo XXI que marcha con intensa rapidez vemos la forma en que ese “tsunami” de lo antitaurino crece con más y más rapidez, sobre todo por el hecho de que han empezado a funcionar de manera vertical y directa algunos instrumentos que se mueven con intensidad por la internet. Por todas esas razones creo conveniente generar un escudo, una defensa legítima para con la fiesta de los toros. La merece, de eso estoy convencido. Por eso, el trabajo, la labor de convencimiento debe tener una serie de sustentos muy valiosos, convincentes, legítimos, válidos, honestos.

   Se acercan unos tiempos que podrían convertirse en la garantía de su permanencia, pero también en la señal de su posible fin si no nos apuramos a legitimar ese “escudo” del que hablo. Justificar su defensa implica desarrollar diversas teorías que expliquen porqué, precisamente en estos tiempos sigue viva esa expresión denominada “Tauromaquia”. No es casual. Permanece, entre otras cosas, porque se trata de un ritual ligado a diversas sociedades, las cuales han logrado perpetuar su significado hasta el punto de que en la nuestra, plenamente identificada con la “globalización” y la modernidad, aún ondea su estandarte. Han llegado los tiempos en buscar que la tauromaquia se convierta en un “bien de interés cultural” o lo que es todavía más ambicioso: un patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, que no es poca cosa.

   Los taurinos cuidamos que ese destino llegue en unos momentos en que necesita alientos de esa naturaleza.

10 de mayo de 2011.

 

 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    No necesito decirlo. Pero los “navegantes” que pasan por aquí habrán notado que este “blog” tiene un nuevo telón de fondo, lo que es indicativo de las ganas de mejorar. Entre las figuras que se aprecian de buenas a primeras, se encuentran Bernardo Gaviño y Rueda, Ponciano Díaz Salinas, Diego Prieto “Cuatrodedos”, José Machío, y un poco más escondidos también aparecen Luis Mazzantini, Carlos Cuesta Baquero y Refugio Sánchez “Lengua de bola”.

   Todos ellos, en su conjunto tuvieron una participación definitiva en la evolución que alcanzó el toreo en México durante buena parte del siglo XIX.

   La voz cantante –hay que reconocerlo- fue Bernardo Gaviño, quien se inserta al toreo de nuestro país allá por 1829 o 1835. Desde esa fecha y hasta 1886 en que muere, se convierte en maestro, decano pero también en dictador y obstruye el paso de otros por considerarse indispensable en procesos que en ciertas épocas se tornaron más vicios que virtudes.

   Pero Gaviño no es una casualidad en el espacio taurino mexicano. Habiéndole estudiado a fondo por más de 25 años, llego a una serie de conclusiones, aquí planteadas.

 APUNTES SOBRE LA TRADICIÓN MEXICANA DEL TOREO.

    “El padre del toreo mexicano se dice que es el español Bernardo Gaviño. Sí y no. Sí, porque da a las corridas cierto cauce y orden, llevándolas a un terreno “profesional”. Pero Gaviño no era un torero mexicano, sin que con esto me refiera al lugar de su nacimiento, pues aun siendo de Cádiz, España, podía haber asumido alguna vivencia mexicana, como acontece con escritores y con artistas populares, de antes y de hoy, que sin haber nacido en México, han tenido una personalidad mexicana, desde Bernardo de Balbuena hasta Juan S. Garrido, chileno, pero autor de Pelea de gallos, la canción popular que se identifica con Aguascalientes. Gaviño era un torero español secundario y nada más, aunque sea simpática su figura por el papel que cumplió al encauzar las corridas de toros en México hacia los caminos prácticos del “oficio”.

   “El sabor mexicano, de raíz, aparece con Ponciano Díaz. Dentro del marco del oficio importado por Gaviño (tampoco específicamente español, sino simplemente técnico), mete Ponciano esencias mexicanas, de campo y de ciudad, de hacienda y de ruedo. Mexicanas, es decir de fermento indo-español, ni españolas sin más, ni simplemente indias; mexicanas. Llegan por el camino natural de la charrería. Toreo a pie que se hace a veces como a caballo; y a caballo que se hace a veces como a pie, por las mismas leyes y con olor, color y sabor a floreo de reata, a gracia banderillera y a barroco fino y campirano”.[1]

   Algo que no puede dejar de mencionarse, es el hecho rotundo de que su trayectoria en los toros alcanza los 57 años en América, puesto que habiendo llegado en1829 aMontevideo, y tras su cornada mortal en Texcoco a principios de 1886, demuestran que es una de las más largas carreras enla Tauromaquiauniversal. El poco tiempo que le debe haber tomado alguna práctica, ya en el matadero, ya en alguna plaza de la región andaluza –que no sabemos con precisión cuando pudo ser-, debido más bien a su corta edad; también se suman a ese largo recorrido que acumuló, infinidad de anécdotas, hazañas, desilusiones, actitudes, gestas…, recuerdos como el que ahora proponemos, el de un perfil biográfico donde pudimos entender no solo al personaje de leyenda. También al hombre de carne, hueso y espíritu.

   Hasta donde ha sido posible, nos hemos acercado entre tanta distancia temporal con Bernardo Gaviño y Rueda, a quien puede considerársele como un diestro de enorme peso e influencia en el toreo decimonónico mexicano, cuyo paso no fue casual. Su actividad encierra importantes, muy importantes situaciones que le dieron a la tauromaquia nacional el valor y la riqueza, elementos con los cuales hoy comprendemos tan importante dimensión.

   No me queda más que apuntar que la influencia de Gaviño durante buena parte del siglo XIX fue determinante, y si el toreo como expresión gana más en riqueza de ornamento que en la propia del avance, como se va a dar en España, esto es lo que aporta el gaditano al compartir con muchos mexicanos el quehacer taurino, que transcurre deliberadamente en medio de una independencia que se prolongó hasta los años en que un nuevo grupo de españoles comenzará el proceso de reconquista. Solo Francisco Jiménez “Rebujina” conocerá y alternará con Gaviño en su etapa final. José Machío, Luis Mazzantini, Diego Prieto, Manuel Mejías o Saturnino Frutos ya solo escucharán hablar de él, como otro coterráneo suyo que dejó testimonio brillante en cientos de tardes que transcurrieron de1835 a1886 como evidencia de su influjo en la tauromaquia mexicana de la que ha dicho, como ya vimos capítulos atrás Carlos Cuesta Baquero, autor imprescindible en el análisis de un trabajo que ahora concluye con esta sentencia:

NUNCA HA EXISTIDO UNA TAUROMAQUIA POSITIVAMENTE MEXICANA, SINO QUE SIEMPRE HA SIDO LA ESPAÑOLA PRACTICADA POR MEXICANOS influida poderosamente por el torero de Puerto Real, España, Bernardo Gaviño y Rueda.

   Además, y como ya lo he venido planteando, el portorealeño actuó en 712 ocasiones no sólo en México. También en Perú, Cuba y hasta en Venezuela.

   Se le ha cuestionado que no tuviese alternativa o grado de “matador de toros”. Lo que sucede es que habiendo salido precipitadamente de España siendo un jovencito (entre 1825 y 1828), no tuvo oportunidad siquiera de acercarse al proyecto de la “Escuela de Tauromaquia” impulsada por el Conde de la Estrella, mismo que estuvo bajo la égida del legendario Pedro Romero.

   Pero en Montevideo primero. En Cuba después y más tarde en México, logró posicionarse en lugar de privilegio. Gaviño es, por tanto, eje por donde giraron, pero también fueron influidos personajes como Luis y Sóstenes Ávila, Andrés Chávez, Mariano González “La Monja”, Pablo Mendoza, Ignacio Gadea, Abraham Parra, Lino Zamora y, evidentemente Ponciano Díaz.

   El 20 de agosto de 2012 se celebrará el bicentenario de su nacimiento, ocurrido en Puerto Real, España, de ahí que sea importante destacar –como ya lo he hecho casi desde la aparición de este “blog”- su presencia a partir de datos, anécdotas, cifras y hasta algunas de las pocas imágenes que sobre él existen.

   Estoy absolutamente convencido de que su paso en el toreo mexicano del XIX no fue una mera casualidad, por lo que es preciso reivindicarlo y ya hecha esta tarea, fortalecer su trascendencia hasta revalidarlo como un personaje que acumula diversos atributos como maestro o decano. Incluso –y para terminar-, me atrevería a decantarlo como “´heroe” e ídolo de aquel pasado taurino nacional, con objeto de recuperarlo a través de la historia, como un personaje de carne, hueso y espíritu.

   Ya lo decía Jacob Burckhardt, reconocido historiador del siglo antepasado cuando se refería a personajes polémicos: “No regañemos a los muertos. Entendámoslos”.

3 de mayo de 2011.


[1] José Alameda (seud. Carlos Fernández Valdemoro): La pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo. México, Grijalbo, 1980. 109 p. Ils., retrs., fots., maps. Pág. 71.

 

  

¡ESA ES LA CONSIGNA!

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    La fiesta de los toros en tanto espectáculo, es un ritual que en el México de los últimos cinco siglos se amalgamó al grado que este territorio y esta cultura lo hicieron suyo. A lo largo de 485 años cabales de recorrido, se insertó como una expresión de vida cotidiana que, impuesta y establecida por los españoles, la reciben nuestras culturas prehispánicas en ese momento traumático denominado “conquista”. De todo ello nos queda claro que tal aspecto significó la guerra, un proceso violento que al concluir permitió la puesta en marcha de un desarrollo y una estabilización siempre en búsqueda de la madurez.

   Estaban presentes dos culturas tan opuestas como identificadas que lograron un mestizaje, mismo comportamiento que permitió un carácter, una forma de ser que pudo definir a los novohispanos primero. A los mexicanos después.

   Remontado ese trauma, si es que pretendemos verlo como madurez de los pueblos y sus culturas, hoy podemos apreciar un México que superó etapas, aunque en otras se mantienen diversos patrones de comportamiento que nos duelen, y mucho, dado que conviven la insensibilidad del estado, métodos corruptos y frágiles por parte de las corporaciones de seguridad que, en conjunto no han podido controlar el ensoberbecimiento de verdaderas y sólidas redes del narcotráfico, incluyendo en todo ello un bajo, bajísimo nivel de educación y cultura con lo que, en buena medida podría resarcirse el estado de semejante mal.

   El país pasa por tanto, por una etapa crítica a la que se unen tasas de desempleo terribles, pobreza extrema y la debilidad del estado que manifiesta un optimismo que raya en la ingenuidad, esa que se niega ver la realidad más cruda.

   Pues bien, bajo estos escenarios se mueve la maquinaria de los toros, fenómeno que se sostiene por obra y gracia de un misterioso milagro de la supervivencia, operando bajo los más elementales principios de usos y costumbres, soportando la pésima administración de ciertos empresarios en medio de una inexistente autoridad de la autoridad, a pesar de que existen los reglamentos para su aplicación.

   Hace bien poco veía el triste espejo de la realidad, de las prácticas alevosas que siguen siendo rutina y forma demasiado descarada y natural para materializar el engaño. Esto ocurrió el pasado 9 de abril en Saltillo, Coahuila. Diversos integrantes consumaron el fraude, por lo que fue permitida la lidia de unos supuestos “toros” de Golondrinas a manos de Alberto Galindo El Geno, Maripaz Vega y Antonio García El Chihuahua.

   Pues bien, eso es algo a lo que nos negamos rotundamente. Los tendidos, claro está, se apreciaban semidesiertos, resultado de que la gente no está para fraudes y la fiesta ya no puede ser confundida con la acepción de fiesta o de parodia.

   Los esfuerzos que vienen haciéndose para recuperar su significación no pueden quedar en engaños como el de Saltillo. Me duele escribir esto, pero es pertinente en momentos en que vale detener la marcha de ese mal. Se están haciendo esfuerzos por conseguir que el espectáculo de los toros sea congruente con la realidad. Si queremos un espectáculo bajo los ideales de la calidad, eso es posible, solo que para ello hace falta un trabajo honesto. Ya entramos por el sendero de la modernidad, y prácticas de un pasado ominoso ya no son viables.

   Es bueno recordar que quienes ya asumimos el compromiso por buscar el reconocimiento de la fiesta de los toros como “bien de interés cultural” y más aún, si todo este trabajo se encamina a obtener la declaratoria que la UNESCO podría otorgar a la tauromaquia para elevarla a patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, no son pertinentes estas “ocurrencias” que denigran u obstruyen esa esencia.

   La modernidad, queramos o no, ya nos puso en el camino en el que si buscamos un producto de calidad, el fabricante o el productor tienen la obligación de ofrecer esa condición para sostener la oferta y la demanda, pero sobre todo las preferencias que se tengan sobre tal o cual bien producido.

   En concreto, me refiero a la calidad total, ese paradigma que las sociedades de nuestro tiempo ya experimentan, y del que ya no pueden sustraerse. Que son efectos de la globalización, sí. Que nos está sometiendo, también. Todo ello ha formado una sociedad de consumo que está siendo conducida a un destino preciso y concreto.

   No nos quedemos en el pasado, no hagamos eco de procedimientos donde ya no puede funcionar la improvisación ni lo terrible de la corrupción. Es mejor irse acostumbrado a dos realidades: o acabamos de una vez por todas con el espectáculo o nos integramos al gran esfuerzo por su legítima defensa que incluye recuperarla, estabilizarla y exaltarla, teniendo como consecuencia un espectáculo vivo por muchos, muchos años. ¡Esa es la consigna!

   Finalmente debo apuntar: ¿Con qué cara podríamos dar las suficientes razones o condiciones para lograr una declaratoria de patrimonio –como el que acaba de ocurrir en Francia, por ejemplo- si en México siguen tan orondas unas prácticas que sólo desprestigian al espectáculo?

    ¡Esa es la consigna!

25 de abril de 2011.

 

 

LA TAUROMAQUIA COMO ASUNTO DE DISCUSIÓN EN LA UNIVERSIDAD.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La presencia de la academia siempre es un aliciente en cualquiera de los campos del conocimiento. Cuando la Universidad participa para formar generaciones no queda la menor duda de que su presencia es imprescindible, dejando una estela donde lo universal resplandece en forma plena. Por estas y otras razones, he visto con agrado por estos días que en la ciudad de la Puebla de los Ángeles, se pondrán en marcha una serie de pláticas denominadas “Los toros hablados”. En la primera de sus sesiones (que será el viernes 22 de abril) van “mano a mano” José Antonio Luna Alarcón y Manuel Camacho Higareda.

   El hecho más sobresaliente es que el amigo Luna Alarcón, con una Maestría en Literatura Hispana, es responsable de la cátedra “La Cultura de los Toros”, misma que imparte en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), en tanto que Manuel Camacho, Doctor en Lingüística, se asume como catedrático en la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

   En ambos casos, los ponentes cuentan con la formación universitaria indispensable que permite tener una mirada, la que actualmente se necesita para explicar el conocimiento y el significado particular de la tauromaquia. El prurito que algunas instituciones de este calado tienen hoy día, la animadversión que se produce si se trata el tema de los toros como una materia más en el programa de estudios, no ha permitido que los toros entren de lleno y por la puerta grande de estas maravillosas instituciones. Dicha experiencia ya la han logrado universidades como la de Sevilla, o San Pablo CEU, en Madrid. Desde luego, ha habido algunas más en España, y no dudo que el mismo asunto se haya concretado en la Sorbona de París, o en la Escuela de Altos Estudios de la misma capital francesa, donde existe una plantilla de excelentes y muy “taurinos” profesores.

   Pero el caso que me preocupa es el de México. Creo que este es un buen momento con objeto de que se analicen y valoren las posibilidades para que diversas instituciones académicas acojan, hagan suyo este tema, y lo consideren como un tema de estudio, serio, de reflexión, permitiendo con ello una apertura sin ambages, sin prejuicios. Que la tauromaquia es un asunto para la discusión, desde luego que sí, y puede serlo desde la perspectiva de la filosofía, la historia, la pedagogía, la estética, la antropología o la arqueología. Planteado con la seriedad del caso, puede llegar a convertirse en materia de análisis hasta ser incorporado como asunto de interés capital e intelectual. En nuestra historia, la andadura de un asunto de vida cotidiana que va camino de los 500 años entre nosotros, no es una mera casualidad. Ha representado desde el momento mismo de su génesis una interesante alternativa para estudiar diversas formas de comportamiento, tanto de la sociedad novohispana, la decimonónica y luego la moderna, hasta llegar a nuestros días. Cuántos de nosotros desearíamos tener una mejor perspectiva para entender cómo, a lo largo de cientos, o miles de años, este espectáculo ha transitado entre la aceptación y el rechazo. Tenemos en realidad una vaga idea de su significado en tanto ritual, lo que lo ha puesto en un verdadero conflicto de interpretación, de ahí que lo multifacético de las sociedades, de las ideas o las mentalidades “choquen” y se manifiesten, en consecuencia, posturas a favor o en contra del espectáculo.

   Es cierto, y tenemos que reconocerlo, la tauromaquia corre un serio peligro, puesto que hoy día se han fortalecido una serie de frentes de lucha que van desde los antitaurinos hasta el trabajo de las cámaras o los congresos donde diversos representantes partidistas, se convierten en el pararrayos de reclamos que abanderan grupos ecologistas o en defensa de la vida de los animales. Todo eso está muy bien, y lo respetamos, pero la “fiesta de los toros” tiene absoluto derecho a defenderse (en muchas ocasiones lo ha hecho por sí sola), pero creo que hoy día necesita del apoyo de todos aquellos que nos sentimos comprometidos con ella. Las acciones más contundentes deben venir respaldadas por una labor coherente, equilibrada, misma que puede alcanzar los coeficientes y los niveles de credibilidad cuando un espíritu como el universitario sea, entre otros, elemento integrador de las grandes acciones a emprender en casos como el que aquí se plantea.

   Ojalá que algún día lleguemos a percibir esa apertura y entonces logremos alcanzar una de las más caras metas, que sea la de sumar entre los factores del conocimiento de las sociedades humanas el fenómeno de la tauromaquia, para lo cual ese noble espacio será consciente de que los toros, como espectáculo, debe convertirse ya en un tema de profundas reflexiones tanto para las ciencias, como para las humanidades.

12 de abril de 2011.

 

 

…EL “HUBIERA” NO EXISTE EN LA HISTORIA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    A lo largo de casi cinco siglos de convivir entre nosotros, la fiesta de los toros siempre ha sido blanco de diversas críticas y ataques. Con todo y que se debe a una serie de rituales, no deja de comportarse al ritmo de un relajamiento peculiar. Al fin “fiesta”. En sus entresijos o “intríngulis” no dejan de ocurrir momentos en que se desata el caos. Es entonces que esto puede verse o entenderse como una dicotomía, como el enfrentamiento de las fuerzas del bien y del mal. Por eso unos podrán estar a favor y otros en contra. De ahí su singular presencia.

   Sin embargo, a todo lo anterior hay que agregar un elemento todavía mayor en significados. Me refiero al sacrificio y muerte del toro.

   Cuando al toro le va la vida y este espectáculo es su destino, o la posibilidad de su permanencia (que es el caso excepcional del indulto) se suceden las encontradas opiniones de los pros y los contras.

   Por eso es que, de un tiempo a esta fecha se viene realizando de manera conjunta entre los ocho países que conservan esta expresión, una labor de defensa equilibrada y pertinente para que esa opinión la tenga muy presente la UNESCO, con motivo de que se encuentra abierto el expediente con vistas a generar la candidatura de declaratoria para que la tauromaquia pueda convertirse en patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

   Difícil tarea si para ello las garantías de esa declaratoria se enfrentan a múltiples y complicadas circunstancias, sometidas las más de las veces a duros cuestionamientos.

   Por tanto, es previsible que el trabajo emprendido para ello signifique justificar sólidamente a las corridas de toros en el contexto y marco histórico que permitan su andadura. Incluso, hasta es pertinente mencionar sus bondades, que las tiene, para dejar perfectamente comprobada su defensa y permanencia.

   El profundo simbolismo de la tauromaquia se inscribe en la suma de elementos que acumula y que ostenta no de ayer a hoy. Sí de varios milenios atrás, encarando el paso del tiempo mismo, a las diversas sociedades con que ha compartido el devenir de la cultura o de las expresiones de vida cotidiana; permeándose unos y otros de circunstancias a las que ya no pueden declararse ajenos.

   El complicado “laberinto” de sus pasos por los siglos ha sido un ingrediente difícil de asimilar, desde que la tarea a emprender se multiplique en una constante labor de convencimiento.

   Que hay debilidad en sus estructuras, sí. Que enfrenta la crisis y la devaluación de forma intermitente, también. Por eso es hora de la batalla, pero no una batalla más y mucho menos violenta. Es una batalla del orden racional, en el que imperen las ideas, los argumentos, la defensa legítima por excelencia. De otra forma es posible que este quede condenado al fracaso.

   Los taurinos nos preguntamos: ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo integrarnos? ¿Cómo sumarnos a esta digna tarea de defensa a un auténtico patrimonio cultural?

   Creo que la respuesta es sencilla: se trata de sumar esfuerzos, cohesionarse, unirse en un frente común donde todas las voces se escuchen, y para que eso suceda debemos encontrar los foros pertinentes, los conductos adecuados para que en términos formales esa voz sea una. El medio taurino con frecuencia presenta conflictos provocados por la pasión. Eso es bueno, pero a veces llega a ser tanta esa pasión que provoca rupturas, hoy poco pertinentes si se trata de dirigirse en un solo sentido, el que nos lleve a tener la certeza de que la tarea o el compromiso que buscamos, se materialice plenamente. En España, Francia y Portugal, ya han dado pasos muy importantes, sobre todo en lo que se refiere a las declaratorias de la tauromaquia como Bien de Interés Cultural (BIC, por sus siglas) y van por más. Nosotros, de este lado del mar todavía no damos señas claras de esa misma iniciativa y estamos dejando pasar un tiempo muy valioso. Espero que no llegue la hora de las lamentaciones, de las culpas recíprocas, de los reproches, porque debemos recordar que el “hubiera” no existe en la historia.

   Hay mucho por hacer, busquemos los conductos necesarios para que nuestra voz, o todos los manifiestos que vayamos a firmar o respaldar, lleguen al destino preciso. ¿Cuál es ese destino? Me parece que, en la medida en que la UNESCO sepa que se están articulando los grupos taurinos en nuestro país, abrirá de manera generosa sus puertas para que nos escuche, y de ser necesario, habrá que comprobar toda esa tarea con la recogida de firmas, la entrega de documentos y demás comprobantes que oficialicen o formalicen ese propósito.

   El aficionado mexicano desde ahora va teniendo cada vez mejor idea de que está en marcha todo el proceso relacionado con la declaratoria aquí comentada. Espero que muy pronto haya noticias claras y concretas sobre él o los pasos que debemos dar para materializar dicho propósito.

5 de marzo de 2011.

  

 

UN PASO MÁS… y UN POCO MÁS

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Con optimismo “moderado” debemos ver el avance que está tomando la afirmación respecto a que la tauromaquia en todas sus expresiones, puede convertirse en un patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Para ello, varios han sido los procesos que se han venido dando de un tiempo a esta fecha y ahora toca el turno, entre otras organizaciones a la Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de toros de España (ANPTE), la Asociación Internacional de Tauromaquia (AIT) y el Observatorio de Culturas Taurinas de Francia, que conjuntamente, emitieron el 19 de marzo pasado la Declaración Internacional de la Tauromaquia como obra maestra del Patrimonio Cultural Inmaterial, bajo los siguientes postulados:

 LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE PRESIDENTES DE PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA (ANPTE), LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE TAUROMAQUIA (AIT), EL OBSERVATORIO DE CULTURAS TAURINAS DE FRANCIA, Presentan:

   La Declaración Internacional de la Tauromaquia como obra maestra del Patrimonio Cultural Inmaterial.

   La Fiesta de los Toros es una tradición con implantación y arraigo en ocho Naciones de América y Europa, constituyendo un patrimonio cultural, antropológico, histórico, monumental y ecológico de primer orden que debe ser preservado y legado a las futuras generaciones.

   Se promulga y hace pública esta Declaración Internacional como paso previo a la constitución de una COORDINADORA INTERNACIONAL hasta lograr el reconocimiento de la TAUROMAQUIA como PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA UNESCO.

   A la presente declaración pueden adherirse todas aquellas personas -aficionados o no- que estimen que la Tauromaquia forma parte del legado histórico, patrimonio y riqueza cultural de las naciones, que debe ser preservado.

   Igualmente, todas aquellas organizaciones o entidades culturales en el ideal compartido del reconocimiento universal de la Tauromaquia, expresando así su voluntad de adherirse a la Coordinadora Internacional, cuya presentación, estructura y normas de funcionamiento se hará pública en breve, como segunda fase en la materialización del presente proyecto.

   Como el mecanismo requiere lo que llaman en España la “recogida de firmas”, agrego a continuación el enlace o “link” que lo llevará hasta la página correspondiente, misma que se encuentra funcionando para materializar este propósito.

 http://www.peticionpublica.es/PeticaoVer.aspx?pi=P2011N7758

     Este es, en sí mismo un paso muy importante con el que se nutre y documenta aún más el conjunto de requisitos con los que la UNESCO podrá valorar la declaratoria de Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, que no es poca cosa.

   Puedo apuntar que en México, trabajamos un grupo de personas sobre el mismo asunto y nos queda muy claro que el esfuerzo debe hacerse con mucho tacto, manejando planteamientos con el suficiente peso específico, donde nos asista la razón y no la pasión (aunque este elemento es de suyo esencial) para conseguir los argumentos que permitan justificar no sólo su existencia sino su permanencia en unos momentos por demás difíciles. Difíciles, en efecto porque requiere sensibilidad justificar la corrida de toros como una práctica social que también es ritual y acto festivo, integrada al paso de miles de años hasta ser lo que hoy día es: una expresión que contiene elementos técnicos y estéticos de fuerte arraigo que han evolucionado junto a toda aquella otra infraestructura que se dinamiza y se integra a un mecanismo que actúa en forma cíclica, proyectando sus principales manifestaciones a través del ejercicio que un hombre realiza frente a un toro. Ambos, concretan la tauromaquia, como “arte de lidiar toros”, que supera la antigua denominación Taurocatapsia[1] logrando sortear el tiempo y llegar hasta nuestros días, bajo el dilema de que tratándose de una expresión anacrónica, pervive en la modernidad. Su paso por siglos de recorrido, ha generado legiones de quienes la hacen suya, pero también de quienes la rechazan. El sacrificio y muerte de un toro se convierte en el centro de todas las polémicas, de ahí que resulte complicado el planteamiento de su defensa. Sin embargo, y tratándose de un ritual que no es de hoy, ni de ayer, pero que pertenece al pasado más remoto de la humanidad, será posible tener suficientes motivos para justificar esta acción, entre otras muchas que hoy cuestionan los contrarios.

   Un paso más, y ya vemos venir la tormenta, como vemos venir también el momento del reposo, de la necesaria reflexión, del detenido examen que lleve a ponderar tan alto significado para nosotros, los taurinos.

   Aprovecho este foro para mencionar que el próximo 4 de abril, el Centro Taurino Queretano, A.C., inaugura su nueva sede en el Edificio CTM, Calle Abogados Nº 104, Av. Cimatario, Col. El Marqués, en Santiago de Querétaro, Qro. Para ello, sus integrantes han organizado el siguiente evento:

 

   Buena parte del tema que abordaré, tiene que ver con asuntos como los tratados en la presente EDITORIAL, y que, por su trascendencia, no pueden quedar ignorados. Desde aquí, les hago una cordial invitación. La entrada es gratis, la salida también.

21 de marzo de 2011.


[1] Lidia de toros que se practicaba antiguamente en Tesalia y que, según relata Plinio, consistía en perseguir a caballo el toro hasta rendirlo y, entonces, agarrándolo por los cuernos, derribarlo.

 

 

MUJERES TORERAS: UN RICO CAPÍTULO EN LA HISTORIA DE MÉXICO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El toreo es una práctica que, a lo largo de los siglos ha sido controlada, en la mayoría de los casos por el sexo masculino. Detentada también en aras de la cabal demostración de unas capacidades que le son consubstanciales al hombre o que por lo menos el hombre en su carácter de género quiere demostrar a su contrario (si se entiende desde la cerrazón más autoritaria), el enemigo o la mujer, como muestra de superioridad sea para dominarlo o para conquistarla. En el peor de los casos, pero como parte de una cultura que lo ha formado a lo largo de siglos, se presenta como muestra perfecta de un patriarcado; e incluso como figura fálica, machista, que termina controlando, imponiendo la fuerza, la violencia.

   Curiosamente, esa figura que impone en el ruedo viste unas prendas próximas a lo sacerdotal, pero también a lo femenino. Por eso es que, observando el panorama considero que a lo largo de siglos y siglos, que parecen, en este caso interminable contabilidad de la desazón, la mujer ha sido objeto de una permanente discriminación, blanco de violencia o agresión física y verbal así como de una intolerancia que raya en el oscurantismo más retrógrado. Y en los toros, no ha sido la excepción. No basta para este razonamiento hacer una revisión a través del pasado. Nuestros días son el más lamentable referente de esa situación. Deseo desde aquí que los hechos en torno a su naturaleza se valoren desde una mejor perspectiva y entonces, como lo estipula la “declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” materializada en 1789, no sólo sea el privilegio de los “derechos del hombre” en tanto género; ni los de “la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia”, sino que abarquen y comprendan, por extensión a la mujer sin más.

   Vivimos en el año 2011 y todavía se mantiene una resistencia donde la mujer es motivo de cuestionamientos en cuanto a su participación absoluta en el todo de la realidad. Qué difícil ha sido para el “género” femenino ser aceptado, en los diversos patrones del ritmo laboral, académico, artístico, literario o, en este caso, taurino. Afortunadamente son ellas mismas las que nos demuestran a quienes en muchas ocasiones nos comportamos como verdaderos crogmanones y neandertales, el significado de su presencia en la vida, y no es otro que el que cumple con las mismas responsabilidades y funciones del hombre. Que la separación en cuanto sexos se convierta en el motivo principal de esa “disputa” milenaria, ojalá sea una disputa que pronto podamos dejar atrás, pero sobre todo para que alcancemos a conocer el triunfo de la razón.

   Afortunadamente los hechos ocurridos la tarde del 12 de marzo en la plaza de toros “México” hablan de un avance, sobre todo por el hecho de que pudimos atestiguar un cartel íntegramente femenino, donde además se concedió una alternativa, la primera que sucede ante la comparecencia de Mari Paz Vega, Hilda Tenorio y la nueva “matadora de toros”, Lupita López. La reticencia de muchos aficionados “tradicionalistas” se dejó notar con su rechazo, pero sobre todo con su ausencia. Allá ellos.

 

   La crónica que dedico a este suceso, intenta hacer un recuento de los hechos, donde puedo adelantar que lo ocurrido en dicha tarde tuvo dimensiones relevantes pues no estábamos ante ninguna casualidad. Cada una de ellas realizó diversas puestas en escena en función no sólo de sus capacidades, sino de las naturales limitaciones a que están sujetas en tanto mujeres. Si un buen número de toreros de a pie muchas veces quedan sometidos a llegar a una plaza tan importante como la “México” con apenas un puñado de festejos tras largos meses de “picar piedra”, de antesalas, de torear cualquier cosa, imagínense ustedes el caso extremo de las mujeres, que siguen padeciendo la marginación, la exclusión y demás fenómenos que le son consubstanciales a una sociedad que, en buena medida, todavía no tiene bien claro que la mujer ¡ya está participando! en diversos procesos como el laboral, el académico, el artístico e incluso, ya no es la excepción, el taurino.

   Quede como huella nefasta de este pensamiento, el curioso testimonio poético que, en torno a las mujeres se manejaba a fines del siglo XIX (exactamente en 1896), pero que ya no encaja en el avance que percibimos aquí y ahora en lo que va del XXI:

 TOREO FEMENINO

 En el diario “Las Tijeras”

he visto en la gacetilla

que hay formada una cuadrilla

de señoritas toreras.

 

Que nunca meten la pata,

que tienen mucho amor propio,

que hay unas que dan el opio

y hay otras que dan la lata.

 

Me alegro, ¡qué diantre! á ver

si las hembras dan de sí

estocadas hasta allí

ó pican cual debe ser.

 

No zurzáis más calzoncillos,

niñas que el arte reclama,

no cosáis, no hagáis la cama,

que os esperan los zarcillos.

 

Dejad la costura quieta,

nunca más fregar el suelo.

¡Viva el arte de Frascuelo

y que muera la escobeta!

 

Venceréis al fin y al cabo;

¿Odiáis la cocina? ¡Bien!

¿Y el fregadero? ¡También!

¿Amáis á los cuernos? ¡Bravo!

 

Seguid sin temores, hijas,

venceréis en cualquier parte,

¡Salud, lumbreras del arte, 

Frascuelas y Lagartijas![1] 

15 de marzo de 2011.

[1] Rafael Medina (Pedro Arbués): Taurinas. Colección de cuentos, epigramas, anécdotas, chascarrillos, etc. Escritos por (…). Prólogo de P. Drin, Intermedio de Villamelón y Epílogo de Trespicos. México, 1896. s.p.i. 80 p. Grabs., p. 65-66. En LECTURAS TAURINAS DEL SIGLO XIX (Antología). México, Socicultur-Instituto Nacional de Bellas Artes, Plaza & Valdés, Bibliófilos Taurinos de México, 1987. 222 p. facs., ils., p. 207-208.

 

EDITORIAL. LOS HECHOS EN OAXACA, MOTIVO PARA LA REFLEXIÓN.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Hace unos días, precisamente el 5 de marzo pasado, muy cerca de la capital del estado de Oaxaca, se organizó un festejo taurino cuyo balance creó distintos estados de opinión que merecen mesura, equilibrio y reflexión.

   Por un lado, el empresario Pedro Haces en oportuna o inoportuna circunstancia obtuvo el permiso de la autoridad, o al menos eso parece, pues en dicho estado sigue vigente un decreto que prohíbe las corridas de toros, mismo que data del 4 de septiembre de 1826, estableciendo en su: “Artículo Único. Las autoridades por ningún motivo promoverán ni permitirán las corridas de toros, quedando estas prohibidas en el territorio del Estado”.[1] Años más tarde, cuando Benito Juárez fue nombrado gobernador interino (del 23 de noviembre de 1847 al 12 agosto de 1848), aprovecha ese corto espacio de tiempo para reiterar en otro decreto suyo la prohibición impuesta a las corridas de toros desde 1826. Para 1922, justo el 4 de abril, y todo en el marco de la XXVIII Legislatura, vuelve a ratificarse tal medida, quedando inserta en el art. 151 de la Constitución del estado, como sigue:

“Ninguna ley ni autoridad puede permitir en el Estado el establecimiento de juegos de azar; ni autorizar o permitir espectáculos contrarios a la cultura y moralidad públicas como las corridas de toros y peleas de gallos”.

Por razones inexplicables, el decreto de prohibición, según puede leerse en el portal consultado,[2] “¡no se encuentra en el Archivo General del Estado!” Aún así, exista indicada o no la disposición, se haya actualizado o no, el hecho es que en Oaxaca hay prohibición de lidiar toros a muerte.

   Ya en 1867, y con la aplicación de la “Ley de Dotación de Fondos Municipales”, firmada por el presidente de la República Lic. Benito Juárez y el Secretario de Gobernación, Sebastián Lerdo de Tejada, se impuso una medida restrictiva a las corridas de toros en el Distrito Federal. Como algunos gobernadores fueron condescendientes a tal disposición, asunto que tuvo eco en Oaxaca, me parece que ello reafirmó lo que anteriormente ya era un hecho en ese estado sureño del país. Desde entonces, las pocas corridas de toros celebradas en tan bella región han sido más bien cosa aislada y los registros que se tienen al respecto son escasos.

 

Col. del autor.

    Como una rareza incluyo el cartel de una tarde de toros que se celebró en un rincón oaxaqueño hacia el 20 de noviembre de 1955. El poblado es Teotitlán del Camino. Aquella ocasión se lidiaron 4 novillos-toros, “garantizados en bravura” para las cuadrillas de: Jesús Omaña, Pepe Hurtado, Roberto Almaraz y José Luis Hernández. El festejo se organizó para el beneficio de las obras de la iglesia de San Miguel. En la tira de mano se menciona que ya se había celebrado antes algún otro festejo en la referida localidad, por lo que curiosamente resulta un pasaje interesante para el fin de estos apuntes.

   También, allá en los inicios de la octava década del siglo XX se organizó una serie de corridas en la población de Huajuapan de León que no tuvo el éxito artístico esperado. Y como se sabe, Mariano Ramos, el torero-charro también toreó en aquel territorio hacia el año de 2007. Así que con estos datos, existen suficientes razones para sustentar que el festejo más reciente en Oaxaca no es el primero en haberse celebrado luego de 175 años de celosa aplicación de las leyes respectivas.

   En esta ocasión, en medio de ambiente muy tenso, se instaló una plaza provisional en San Antonio de la Cal, misma que fue escenario para el festejo del 5 de marzo en que actuaron Pablo Hermoso de Mendoza, Federico Pizarro y Uriel Moreno “El Zapata”. El rejoneador navarro se alzó con las orejas del primero y las dos y el rabo de su segundo, en tanto que Pizarro cortó dos y “El Zapata” cosechó una vuelta. Ambos sólo lidiaron un toro cada quien, por lo que el festejo no concluyó del todo. Más bien, acabó en forma accidentada.

   Desafortunadamente un grupo de antitaurinos se opuso a la celebración, para lo cual empleó recursos como los del bloqueo del evento durante una hora y el lanzamiento de piedras, lo que generó heridas en algunas personas.

   El asunto cobra especial importancia porque se convierte para unos, en atentado a los principios de la legalidad, pero sobre todo, al espíritu que Juárez impuso desde su ejercicio como gobernador interino en 1847 y luego, por la medida que también, bajo la égida del “Benemérito”, se puso en vigor de 1867 a 1886, por lo menos en la ciudad de México, pero que, como ya quedó dicho, algunos gobernadores la hicieron suya; tanto que actualmente Oaxaca conserva –hasta donde es posible-, el respeto a ese principio.

 

La Jornada, D.F., 28 de febrero de 2011, p. 19.

    Es de lamentar un par de cosas en este acontecimiento: la cobertura incorrecta que tuvieron muchos de los integrantes de la prensa, pues al pretender escribir sus crónicas, francamente “patinaron” en los datos históricos presentados sin ningún rigor, y más aún, sin el orden de ideas requerido para el caso. El otro asunto, tiene que ver con el hecho de si se violentó o no la ley por el hecho de que habiendo sido autorizado el festejo, esto encrespó a los sectores que están a favor de la protección de los animales.

   Desde hace unos días, viene presentándose un clima tenso, sobre todo en el sur del país respecto al desacuerdo que hay respecto a la celebración de corridas de toros. Apenas el 27 de febrero y en Tuxtla Gutiérrez, marcharon grupos opositores a las corridas. Casualmente y como un contraste radical, en el mismo estado pero en Tenejapa, sus pobladores celebraban con una semana de diferencia, la corrida de toros o la vaca, puesta en escena que ocurre en la plaza central, como parte de las fiestas de carnaval.

 

La Jornada en línea, del 6 de marzo de 2011.

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/

    Finalmente, el balance que deja el acontecimiento aquí tratado crea un precedente, mismo que debe manejarse con demasiada precaución, primero por el hecho de que queda la duda sobre si se alteraron o no los principios legislativos, y luego por el hecho de que ese ambiente de tensión “provocado” ofendió a los antitaurinos. Nosotros, taurinos, los respetamos hasta donde la razón y el equilibrio permiten un diálogo franco y claro, pero si se disparan las voces, las ideas y las actitudes a un tono que puede alcanzar la intolerancia, el siguiente paso es una exacerbación de los hechos. Pero sobre todo, una defensa a ultranza de las posiciones que solo terminan radicalizándose, lo que pone todo a un paso de la declaración de guerra. No somos ni cromagnones ni neandertales. Más bien, formamos una sociedad de avanzada, dispuesta al diálogo, al entendimiento y al respeto.

   En todo caso, y de ser necesario, pongamos a prueba nuestras capacidades…

8 de marzo de 2011. 


[1] Tomo I de la Colección de Leyes, Decretos, Circulares y demás Disposiciones en el estado de Oaxaca, T. I., (6 de julio de 1823-2 de octubre de 1851).

 

 

TODO TIENE SOLUCIÓN, MENOS LA MUERTE.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Solemos ser muy críticos desde adentro tanto, que, sin darnos cuenta, dañamos la imagen que damos hacia el exterior, convirtiéndonos los aficionados, y convirtiendo la fiesta en blanco perfecto de descalificaciones… Algo tan parecido a lo que viene ocurriendo en la cada vez más desarticulada izquierda mexicana.

  En ese “fuego amigo” con que vienen combatiendo unos y otros, el resultado es esa lenta pulverización de una corriente ideológica que en México no ha encontrado un arraigo como sí ha ocurrido en algunos países suramericanos donde casos como Chile o Brasil han logrado ventajas muy favorables.

   Desde el momento en que Andrés Manuel López Obrador (personaje emblemático de la política mexicana de nuestro tiempo) pidió “licencia” a la militancia perredista, inició una verdadera guerra a raíz de ese afán de la coalición entre partidos, donde ha habido declaraciones optimistas pero desafortunadas al decir de un político bien posicionado, quien comentó que esas “coaliciones” les encantan al pueblo. El enfrentamiento entre líderes no deja ver ningún beneficio de los ideales, pero tampoco del espíritu político que debe ser estandarte en un partido que debe crear mayor grado de credibilidad, confianza y certeza del futuro en este país. Una de las últimas declaraciones de AMLO, me parece bastante afortunada, la pronuncia el pasado 26 de febrero diciendo: Por encima del PRD (Partido de la Revolución Democrática) y las izquierdas “está la nación”.

    Por encima de los intereses de unos cuantos, está la dignidad del espectáculo taurino en México, convertido hoy día en jugoso botín que satisface oscuras intenciones de aquellos que han abusado de su bondad, hasta el punto de llevar a la tauromaquia por senderos incorrectos. Veamos para ello un contraste abismal. Apenas hace dos o tres domingos, se presentaban carteles con las “máximas figuras” en la plaza de toros “México”, teniendo en consecuencia buenas entradas, pero no los llenos. Este domingo 27 con otro cartel interesante, apenas se ocuparon alrededor de 3 mil lugares, en una plaza que tiene aforo para poco más de 42 mil. Además, hubo toros bien presentados, cosa que estuvo ausente en aquellas otras tardes de “glamour”. Las comparaciones –como suele decirse, son odiosas, muy odiosas-, pero la organización de una feria como la de “San Isidro” no tiene nada que ver con la del invierno en la capital mexicana. Los 30 o más festejos dedicados al santo patrón de Madrid Villa y Corte, en su mayoría, garantizan el “¡No hay billetes!” ¿No debería ocurrir el mismo fenómeno en la capital del país?

   Creo que si se buscan soluciones –todo tiene solución, menos la muerte-, me parece oportuno incluir a continuación algunos puntos críticos, pero también alternativas. Para ello, echo mano de parte de un texto que tuve oportunidad de presentar durante el coloquio internacional: “La fiesta de los toros: Un patrimonio inmaterial compartido”, celebrado en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, entre el 14 y 16 de abril de 2009, y avanzada la lectura de mi intervención cuyo título fue: “Fisonomía del toreo mexicano en los dos últimos siglos. Legados y propuestas”, planteaba este escenario:

   En México existe un monopolio de empresas, apoderado de muchos años a la fecha del control del espectáculo, monopolio ensoberbecido, autoritario, despótico, nada competitivo que impone, como los reinados o las dictaduras, favoritos y delfines, o lo que es lo mismo: toros y toreros. Controlan plazas pero no dan festejos, entran en acuerdo con los grandes medios de comunicación y no se sirven de ellos para el mínimo indispensable de su apoyo mediático, publicitario, por lo que enterarnos de los carteles que se programan en muchas plazas, nos lleva a sentirnos en el pasado. Controlan, condicionan y amenazan a las autoridades, a los jueces de plaza, hasta el extremo de haberse consumado denuncias ministeriales por amenaza de muerte. En algunos foros he planteado la necesidad de que se sigan modelos como los españoles y se licite, si no ante las comunidades sí ante las autoridades en medio de una transparencia, la más confiable. Pero sobre todo, y ante la irregularidad de un país que vive entre la realidad de seguir padeciendo el subdesarrollo y las tentaciones del primer mundo, sería deseable, aunque imposible por ahora, que se pensara en la calidad total. Me refiero a uno de esos efectos de la globalización que se materializan en la certificación ISO9001-2000, hoy día aplicada a empresas y métodos donde se busca que el usuario tenga el mejor producto, y eso ya es posible. Sin embargo, las cosas siguen haciéndose con un primitivismo asombroso, insultante. No me desmentirá José Carlos Arévalo cuando un día me dijo en México: “En España, la fiesta de toros no es un negocio. Es una industria”. Las comparaciones son odiosas, es cierto, pero permiten entender en su cruda y fría realidad estadística o estructural, que estos dos países se encuentran muy distantes de competir, sobre todo en medio de las condiciones que ya he manifestado. Por ejemplo, es curioso que el invierno taurino mexicano adquiera una vigencia peculiar debido a la presencia de diestros españoles de primer orden, y eso es muy bueno, pero no encuentran condiciones apropiadas para generar un nivel de competencia, de rivalidad. “Hacer la América” como se estilaba y se decía en el pasado hoy es un mero trámite, donde evidentemente triunfan, no estoy negando su capacidad, pero tampoco se encuentran un toro como el español. México, tiene sus propios toros, incluso desde hace algunos años se ha puesto en práctica la inseminación artificial y la cruza con ganado de uno y otro lado del mar que empiezan a definir la presencia de un toro con improntas de casas ganaderas españolas, pero con el sello de “Hecho en México”. Ahora bien, el tipo de toros en esta temporada de visita masiva no es el que espera el aficionado, es el que impone la empresa en turno, o el apoderado; quizá el ganadero, y es el que está lejos de toda la legalidad y la tradición. Condescendientes a esa toma de decisiones son las autoridades (que presentan cuadros de comportamiento entre lo bipolar y lo ambiguo) y la prensa. La víctima: el público, el aficionado, la fiesta y la tradición en consecuencia.

   ¿Qué destino tomará el espectáculo de toros en México con el estado de cosas que aquí he planteado?

   Existen soluciones reales y antes de ver demolida la plaza “México”, único reducto y último bastión relevante del espectáculo en mi país, deben tomarse medidas donde uno de los factores más notables sea considerar, porque ya ha entrado en la difícil senda de ser una especie en extinción, a la fiesta como un patrimonio cultural inmaterial, susceptible de ser conservado con sus más profundas manifestaciones. Entre otras, aquellas que tienen una carga de significados que le han causado, a lo largo de los siglos, conflictos interminables. Me refiero al sacrificio tauromáquico, al holocausto, a la muerte del toro, situaciones que han sido condenadas por la iglesia, el estado, los grupos antitaurinos o ecologistas a veces con o sin razón. Son ellos los que se apuntan como enemigos públicos declarados, pero con actitudes de resistencia entre los taurinos, el asunto puede complicarse pues entramos entonces en las complicidades.

   Sin embargo no basta con todo lo que he dicho, o los que mis colegas han referido y lo que resta por conocer a lo largo de este coloquio, por lo que debo agregar lo que sigue:

   Con el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución mexicanas en este caso, se está dando la oportunidad de recuperar la fiesta a través de la historia y sus diversas interpretaciones, por ahora único medio posible de mirar con otra perspectiva un espectáculo deprimido. Por lo tanto, a la historia deben sumarse otros argumentos, otras reflexiones de dimensión académica capaces de enfrentar la desmedida intolerancia de los contrarios, basada siempre en ideas mal interpretadas, que luego escalan a órdenes apocalípticos por lo que sus integrantes obran en consecuencia. Estos grupos de antitaurinos siguen vertebrándose, ya no son clandestinos y se intensifican al inocularse entre ellos una falsa idea que manejan bajo el discurso de la tortura (por lo que debemos ser muy cuidadosos a la hora de enfrentarnos a ellos). Suelen aparecer en movilizaciones que permean y se convierten, algunas veces, en instrumentos mediáticos sensacionalistas.

   El presente coloquio, como la Mesa del Toro, convocada en Barcelona y del cual fue emitido un Manifiesto a favor de la Tauromaquia en Cataluña.[1] El Fórum Mundial de la Cultura Taurina en las Azores y donde también existen conclusiones al respecto[2] tendrán que conjuntar lo mejor de sus balances, agregando los de la gama académica ya citada. Pero sobre todo, fundados en el hecho de que en tanto tradición, la de toros con todas sus implicaciones –aquí y allá- es susceptible de ser considerada, según lo indica la Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura (UNESCO por sus siglas) como Patrimonio cultural inmaterial.[3] Y todo esto debido a que el patrimonio cultural hoy día es un tema que ya se ha constituido en un paradigma de las políticas públicas en América Latina, por lo que su gestión debe ser muy cuidadosa.

   Por lo tanto, invocamos desde aquí:

-La Convención para la protección del patrimonio mundial, cultural y nacional, París, 21 de noviembre de1972;

-La Recomendación de la UNESCO sobre la salvaguarda de la cultura tradicional y popular, París 15 de noviembre de 1989;

-La Declaración universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural, emitida en la 31ª sesión de la Conferencia de la UNESCO, el 2 de noviembre de 2001;

-La Convención para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, París, 17 de octubre de 2003, así como

-La Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales, París, 20 de octubre de 2005.

   Invocamos al sentido común.

   Invocamos a los gobiernos cuyos pueblos acogen esta tradición, a considerar un apoyo no solo como ente turístico, no sólo como condición de economía sustentable. También como forma cultural milenaria en unos sitios; y varias veces secular en otros. Su pervivencia no es fruto de la casualidad y a todo lo antes dicho, no me resta sino invocar aquí y ahora que el balance o las conclusiones obtenidas en estas jornadas; su contenido en esencia, afirme la salvaguarda[4] permanente de la tauromaquia. Fiesta, tradición, espectáculo… como quieran llamarla, es un agente vulnerable, en riesgo de extinción, al menos en México, ese México descapitalizado y decapitado también, sometido hoy a la apología del crimen y otras menudencias y del que vengo hasta aquí, acudiendo al llamado que han hecho los organizadores de este evento para sumar, en la medida de lo posible mi voz y mi experiencia a los objetivos del coloquio, sin tintes melodramáticos sino equilibrados y razonados, en un momento decisivo y definitivo también para decidir la pervivencia o supervivencia de la fiesta de los toros, a la que debemos terminar declarándola como la próxima postulante ante la UNESCO, con vistas a elevarla al concepto de patrimonio cultural inmaterial. Ciudad de Sevilla, España, 14 de abril de 2009.

   Espero que todo lo anterior tenga alguna utilidad en estos tiempos de recomposición para la fiesta de los toros en nuestro país.

 28 de febrero de 2011.


[1] 6 Toros 6, Nº 575, del 16 de diciembre de 2008, p. 12.

[2] Burladero.com 2 de febrero de 2009. El Fórum Mundial de la Cultura Taurina echa el cierre en Azores saca conclusiones.

[3] “Convención para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial. UNESCO”, París, 17 de octubre de 2003. 13 p., p. 2. Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos, y en algunos casos, los individuos reconozcan como parte integrante de un patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.

[4] Op. cit., p. 3. Se entiende por “salvaguarda” las medidas encaminadas a garantizar la viabilidad del patrimonio cultural inmaterial, comprendidas la identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción, valorización, transmisión –básicamente a través de la enseñanza formal y no formal- y revitalización de este patrimonio en sus distintos aspectos.

 

  

LA JUVENTUD Y LAS REDES SOCIALES EN LA TAUROMAQUIA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Un público disímbolo y heterogéneo pobló buena parte de los tendidos de la plaza “México” este 20 de febrero. Por un lado, ese segmento popular garantiza la permanencia del espectáculo. Antes del festejo, se dejaron ver muchos, muchos jóvenes que quizá sea para ellos la primera experiencia en este tipo de espectáculo. Sin embargo, ¿quién garantiza que al menos una parte de esos asistentes se decante en el bloque emergente que necesita la fiesta para su natural renovación?

   Hoy día, la media de los aficionados “cabales” o permanentes podría estar entre los 20 y los 70 años, algo más algo menos. Pero en estos momentos de reflexión, bien cabría la posibilidad de que aficionados en potencia tuvieran aquí un espacio, lo que significará aliento por un lado y posibilidad de garantizar el futuro por el otro.

   Todo esto parece muy bien, pues con ello, vuelvo a repetir, se tienen condiciones de que los toros sigan siendo un espectáculo eminentemente popular y no elitista. Una cofradía de nuevos aires y sostén para el futuro.

   Ahora bien, toda esa compleja masa popular tiene hoy día unos hábitos tan diferentes a los de una, dos o tres generaciones atrás. Se “cultivan”, se “forman” a través de la imprescindible lectura que retoma la cultura como uno de sus ingredientes, pero tienen en la internet, en los teléfonos celulares, el facebook, el twitter, en el I pad y el I pod, y hasta en las redes sociales su mejor medio de información y comunicación. Ya vimos qué sucedió tras los 18 días que hicieron tambalear y finalmente caer el régimen autoritario de Mubarak en Egipto. Hoy día se estremecen Túnez, Libia y hasta Italia con líderes que pueden caer tras muchos años de irracionalidad. Con la experiencia egipcia triunfó una democracia articulada por infinidad de jóvenes apostados en esos instrumentos de la modernidad.

   ¿Qué síntoma podría darse entonces con el fenómeno social que hoy se ha percibido en la plaza de toros “México”?

   Los medios masivos de información están más que obligados a hacer un esfuerzo con vistas a penetrar con elementos periodísticos de primer orden. Incluso, es hora de hacer un balance para saber si lo que se maneja en nuestros días en lo pertinente o no. Se siguen viejos patrones de difusión y es momento de saber hasta qué punto la crónica o la crítica taurina tienen que escalar un peldaño adaptándose a los nuevos tiempos.

   Sin embargo y en materia taurina, siguen siendo tiempos en los que se materializa el círculo vicioso de lo que pareciendo ser una información adaptada a la realidad, no es más que un modelo anacrónico de procesos que ya no perciben las sociedades. Este es un caso para comunicadores y sociólogos. Para quienes estamos comprometidos con la historia, lo pertinente es manejar información que se acerque más a la realidad que al mito. El reciente caso del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, con todo lo que implicó la revisión y el replanteamiento de lo que ha sido México en los últimos 200 años dejó una estela de tareas perfectamente realizadas (sobre todo desde la Academia), pero también de otras tantas que no cumplieron con la expectativa planteada (la que el Estado propuso), de ahí que quedaran enormes dudas sobre diversos significados que entrañan en nuestro ser cuando nos sentimos perfectamente identificados con este país.

   El toreo, he de recordar la frase de un inolvidable periodista significaba una “montaña de mentiras”. Ese ha sido, y por muchos años modus vivendi de un espectáculo que, en buena medida, debe quedar liberado de todos aquellos intereses que lo han corrompido, al punto de que, como en Egipto, se han enquistado diversas formas, sistemas, dictaduras y demás lindezas, sin que por ahora exista una fórmula para permitirle al espectáculo moverse con menores cargas de falta de credibilidad.

   Esta presencia masiva de tantos jóvenes como hoy se hicieron notar en la plaza alienta, pero también preocupa. ¿Estamos en condiciones para prepararlos y orientarlos debidamente? El toreo es un ejercicio espiritual, es una práctica llena de matices técnicos que si no se entiende en su verdadera dimensión, sucede lo que vino ocurriendo a lo largo de la tarde. Se percibía una ininteligible comunicación entre lo que sucedía en el ruedo y la reacción en los tendidos. Notaba en muchos jóvenes su asombro, pero también una suma de confusiones que crecía conforme la tarde avanzaba, y más aún, en medio del balance que arrojaba el festejo, donde la única vuelta al ruedo corrió a cargo de un “monosabio” que la tarde de hoy se despedía después de más de 60 años de servicio, mientras los tres alternantes, a pesar de sus esfuerzos, no pudieron culminar debidamente sus actuaciones.

   Tenemos que adaptarnos a los tiempos que corren. Ya vimos que la modernidad, supeditada a la globalización es capaz de generar fenómenos verdaderamente inusitados. Es tiempo de analizar profunda y seriamente nuestro papel en términos de la difusión que implica dar una idea clara sobre lo que significa, en estos momentos, la tauromaquia. Desde aquí, la tarea está mejor que entendida, por lo que, respecto a los compromisos de este “blog”, seguiré valiéndome de los elementos históricos para dar, simple y sencillamente, una visión clara y honesta de los muchos significados que desde 1526 y hasta hoy, ha acumulado la fiesta taurina en nuestro país. Con ello, seguramente estaremos en condiciones de proyectar esa compleja visión hacia el futuro, en una prospectiva que sólo me hacen recordar aquella película de los años 70 del siglo pasado –“Cuando el destino nos alcance”-, y no precisamente para la culminación de un ciclo. En todo caso, para valorar si tiene o no sentido la defensa de un espectáculo que, como el taurino, conserva elementos anacrónicos, que se pierden en la noche de los tiempos, pero que brillan con una intensidad en el aquí y ahora.

   Finalmente, no estamos ya para ser simples espectadores, o lo que es peor, convertirnos en convidados de piedra. El trabajo por hacer es mucho y más, cuando se perciben las reacciones que nuestro tiempo, y sus complejas pero heterogéneas sociedades están marcando a través de esos mecanismos tanto inmediatos como contundentes de una articulación plenamente comprobada.

21 de febrero de 2011.

 

 

A DOS MESES…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Han transcurrido dos meses desde que este proyecto virtual fue lanzado a la aventura. Desde el 13 de diciembre y hasta el momento de poner en circulación estas notas, el balance es más que alentador. Han pasado por aquí 2450 visitantes o navegantes que han puesto sus ojos en alguno de los “Últimos artículos” o “Categorías”, lo que para el autor representa más que un auténtico reto, una responsabilidad como nunca antes la había tenido, sobre todo, por el hecho de que existe el compromiso de compartir 30 años de intenso trabajo, traducido en diversas opciones que comienzan a quedar materializadas en la temática propuesta desde un principio.

   Ahora bien, por razones técnicas que deberán quedar corregidas en lo sucesivo, debo aclarar a ustedes el hecho de que en la parte correspondiente a “Archivo” de este blog, sólo aparecen los siguientes registros:

 Febrero 2011 (6)

Enero 2011 (11)

Diciembre 2010 (3)

 Tales cantidades no reflejan el conjunto de materiales “subidos” que relaciono a continuación, como una forma de comprobar su existencia:

 13 de diciembre de 2010

-JUSTIFICACIÓN

-Del Anecdotario taurino mexicano, Nº 1. Esta anécdota ocurrió el 18 de noviembre de 1860 en la ciudad de México.

-GLOSARIO y DICCIONARIO TAURINOS.

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 1: SUMA DE TRAGEDIAS…

-PRESENCIA DE LA POESÍA MEXICANA EN LOS TOROS. PARTE I

-PONENCIAS, CONFERENCIAS y DISERTACIONES (1985-2010). TAUROMAQUIA: ¿MUERTE SIN FIN? (PARTE I)

-FRAGMENTOS y OTRAS MENUDENCIAS. MINIATURA TAURINA Nº 1.

-MI PERFIL.

 17 de diciembre de 2010

-EDITORIAL: LOS DESPROPÓSITOS DEL BICENTENARIO…

-Del Anecdotario taurino mexicano, Nº 2. Esta anécdota ocurrió el 4 de febrero de 1910 en la ciudad de México.

-EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS Nº 1

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 2: EL SEÑOR SENTADO EN EL ESTRIBO…

-RECOMENDACIONES Y LITERATURA: PRESENCIA DE LA POESÍA MEXICANA EN LOS TOROS. PARTE II

-DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES, 1. EL CASO DE ANA MARÍA DE GUADALUPE Y NAVA CASTAÑEDA, TORERA HACIA 1725.

-CONFERENCIAS, PONENCIAS y DISERTACIONES. TAUROMAQUIA: ¿MUERTE SIN FIN? (PARTE II)

-FRAGMENTOS y OTRAS MENUDENCIAS. MINIATURA TAURINA Nº 2.

-EL ARTE… ¡POR EL ARTE! PRIMERA ENTREGA.

 24 de diciembre de 2010

-EDITORIAL.

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 3: ¿DON VENUSTIANO EN LOS TOROS?

-EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XXI. Nº 1. ¡¡¡nuevo!!! In memoriam. 22 DE OCTUBRE DE 2010. ¡Alí…! ¡Adeu…!

-MUSEO-GALERÍA TAURINO MEXICANO. PRIMER PIEZA. ¡¡¡NUEVO!!!

-EL ARTE… ¡POR EL ARTE! SEGUNDA ENTREGA: ¿QUÉ ES LO CLÁSICO EN EL TOREO?

-CONFERENCIAS, PONENCIAS y DISERTACIONES. -TAUROMAQUIA: ¿MUERTE SIN FIN? (PARTE III)

-RECOMENDACIONES Y LITERATURA. PRESENCIA DE LA POESÍA MEXICANA EN LOS TOROS. III.

-EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS Nº 2. La efeméride data del 4 de octubre de 1785.

-EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 1 ¡¡¡NUEVO!!! SOBRE CORRIDAS DE TOROS EN 1847.

 31 de diciembre de 2010

-EDITORIAL: 2011 TOCA A LA PUERTA…

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 4: LAS OTRAS FUNCIONES DE UNA PLAZA DE TOROS.

-RECOMENDACIONES Y LITERATURA. PRESENCIA DE LA POESÍA MEXICANA EN LOS TOROS. IV

-ILUSTRADOR TAURINO. INTRODUCCIÓN. ¡¡¡NUEVO!!!

-DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES, 2. JOSÉ MARRERO “CHECHÉ DE LA HABANA”, TORERO CUBANO EN EL MÉXICO DE ENTRESIGLOS XIX y XX. (PRIMERA PARTE)

-FRAGMENTOS Y OTRAS MENUDENCIAS. MINIATURAS TAURINAS Nº 3.

-EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 2. La presente efeméride corresponde al 19 de noviembre de 1856. (PRIMERA PARTE)

-EL ARTE… ¡POR EL ARTE! TERCERA ENTREGA. EL TOREO ES ALGO QUE SE APOSENTA EN EL AIRE Y LUEGO DESAPARECE. (Lope de Vega lo señaló. Pepe Luis Vázquez lo reafirmó).

-CONFERENCIAS, PONENCIAS y DISERTACIONES. Una conversación con párvulos del toreo: la “Vergüenza torera”. Conferencia dictada el día 18 de junio de 1996 en algún lugar de los tendidos de la plaza de toros “MÉXICO”, invitado por la escuela taurina “Ponciano Díaz”. (PRIMERA PARTE)

balance para diciembre de 2010: 39 MATERIALES publicados.

 10 de enero de 2011

-EDITORIAL. ¿Dónde están los toros?

-CRÓNICAS. El pueblo se divierte… Apuntes para la 9ª corrida de la temporada 2010-2011 en la plaza de toros “México”. Domingo 2 de enero de 2011. Cartel: Francisco Marco, Omar Villaseñor y Pepe López con 6 de Carranco.

-ILUSTRADOR TAURINO, PARTE I. SIGLO XIX (Análisis general de la iconografía seleccionada).

-DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES, 3. JOSÉ MARRERO “CHECHÉ DE LA HABANA”, TORERO CUBANO EN EL MÉXICO DE ENTRESIGLOS XIX y XX. (PARTE II)

-EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 3. La presente efeméride corresponde al 19 de noviembre de 1856, fecha de nacimiento de Ponciano Díaz Salinas. (PARTE II)

-CONFERENCIAS, PONENCIAS y DISERTACIONES. Una conversación con párvulos del toreo: la “Vergüenza torera”. (PARTE II).

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 5: ¡QUÉ GARBO, DON JUAN…!

-RECOMENDACIONES Y LITERATURA. PRESENCIA DE LA POESÍA MEXICANA EN LOS TOROS. PARTE V

-CRÓNICAS. El espectáculo de… los toros. Apuntes para la 10ª corrida de la temporada 2010-2011 en la plaza de toros “México”. Domingo 9 de enero de 2011. Cartel: “Manolo” Mejía, Pedro Gutiérrez “El Capea” y Mario Aguilar con 6 de Real de Saltillo.

-MI PERFIL.

 17 de enero de 2011

-EDITORIAL: LOS TOROS EN LA PIEDRA DE LOS SACRIFICIOS…

-GLOSARIO y DICCIONARIO TAURINOS Nº 2: El calé y el caló en los toros.

-PRESENCIA DE LA POESÍA MEXICANA EN LOS TOROS. PARTE VI, y última de esta primera serie.

-DE FIGURAS, FIGURITAS Y FIGURONES Nº 4: SOBRE LINO ZAMORA.

-Efemérides Taurinas Novohispanas Nº 3.

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 6: BANDERILLAS SUI GÉNERIS…

-EL ARTE… ¡POR EL ARTE! CUARTA ENTREGA. NOTAS PARA EL “CUADERNO DE ESCRITURA”, OBRA DE SALVADOR ELIZONDO.

 24 de enero de 2011

-EDITORIAL. NOS OLVIDAMOS DEL FUTURO.

-EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 4. La presente efeméride ocurrió el 7 de abril de 1833.

-FRAGMENTOS Y OTRAS MENUDENCIAS. MINIATURAS TAURINAS Nº 4. LA IMPORTANCIA DE BERNARDO GAVIÑO EN EL TOREO MEXICANO.

-RECOMENDACIONES Y LITERATURA. PRESENCIA DE LA POESÍA MEXICANA EN LOS TOROS. PARTE Nº VII.

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 6. LOS GESTOS DE LOS TOREROS.

-CRÓNICAS. 23 de enero de 2011. Plaza de toros “México”. Rodolfo Rodríguez “El Pana”, Alejandro Talavante y Arturo Saldívar, con 6 ejemplares de San Isidro. ¡PANA…!: AL FIN QUE TENEMOS TU TIEMPO…

 31 de enero de 2011

-EDITORIAL. CONTRA LA ESPECULACIÓN EN LA HISTORIA.

-EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 5. LA JURA COMO EMPERADOR DE AGUSTÍN ITURBIDE Y SU POLÉMICO DESENLACE. PRIMERA de CUATRO PARTES.

-EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS, 4.

-EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX. La efeméride corresponde al 21 de enero de 1917.

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 8: PRIETO – LEAL y COMPAÑÍA.

-MUSEO GALERÍA-TAURINO MEXICANO. SEGUNDA PIEZA.

-ILUSTRADOR TAURINO. PARTE II. LAS HOJAS VOLANTES.

-RECOMENDACIONES Y LITERATURA. PARTE Nº VIII.

-FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES. BERNARDO GAVIÑO Y RUEDA: ESPAÑOL QUE EN MÉXICO HIZO DEL TOREO UNA EXPRESIÓN MESTIZA DURANTE EL SIGLO XIX.

-ARTE… ¡POR EL ARTE! EL TOREO: NI ARTE, NI DEPORTE: SACRIFICIO. I.

-MI PERFIL. (34 MATERIALES DURANTE ENERO DE 2011).

balance para enero de 2011: 33 MATERIALES publicados.

 7 de febrero de 2011

-EDITORIAL. las hazañas son especies raras, en peligro de extinción.

-DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO, Nº 3. Una ocurrencia de MADAME CALDERÓN DE LA BARCA el 8 de mayo de 1840. LOS TOROS, SON COMO EL PULQUE…

-REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 9: ¡TODOS AL QUITE!

-MINIATURAS TAURINAS Nº 5. ¡NOVEDAD, NOVEDAD!, SE DARÁ A UN TORO A BEBER PULQUE.

-CRÓNICA. LUNES 7 DE FEBRERO DE 2011, SEGUNDO FESTEJO CONMEMORATIVO AL LXV ANIVERSARIO DE LA PLAZA DE TOROS “MÉXICO”. DIEGO VENTURA (A CABALLO), MIGUEL ÁNGEL PERERA, OCTAVIO GARCÍA “EL PAYO” Y ARTURO SALDÍVAR, CON 2 DE REYES HUERTAS (PARA EL REJONEADOR) Y 6 DE BARRALVA.

LA MENTIRA, CUANDO ES VERDAD, ES MENTIRA.

   Con lo que, hasta aquí van 77 materiales publicados.

    Una disculpa enorme, ya que debiendo ocupar la entrada principal para asuntos trascendentales, ha tenido que ser presentando un “corte de caja”. Los visitantes que han pasado por aquí me demuestran que esto no puede quedar en un término medio. Así que, de aquí en adelante verán ustedes las mejoras respectivas.

14 de febrero de 2011.

 

 

  AMABLE LECTOR: A DOS MESES DE HABER SALIDO A LA LUZ, ESTE BLOG TENDRÁ ALGUNOS MEJORAS TÉCNICAS. SUGIERO QUE VAYA AL “MENÚ” DE “ÚLTIMOS ARTÍCULOS” DONDE ENCONTRARÁN LAS NOVEDADES QUE YA ESTÁN CIRCULANDO.

POR SU COMPRENSIÓN, MUCHAS GRACIAS.

JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

14 DE FEBRERO DE 2011.

 

  

LAS HAZAÑAS SON ESPECIES RARAS, EN PELIGRO DE EXTINCIÓN.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

¡¡¡Mi solidaridad con Carmen Aristegui!!!

    Como historiador, uno no puede ser ajeno a los hechos del presente. El pasado representa, en buena medida lo que hoy somos, de ahí que con esto se proyecte también la constitución del futuro. “El futuro es hoy” decía en una frase lapidaria Juan Ibáñez que concibió desde su trinchera quehaceres relacionados con la cultura, sin desdeñar la taurina.

   Sin haber acudido a la plaza de toros “México” la tarde del 30 de enero pasado, he visto las imágenes que dan cuenta de la gran faena que realizó Julián López “El Juli” a “Guapetón” de Xajay. A no dudar, Julián López representa la summa del toreo, ese deseo, esa aspiración pretendida en poco más de dos siglos en que este ejercicio se afirmó en sendas tauromaquias. Aquella, de 1796 propuesta por José Delgado Pepe-Hillo y esta, formulada por Francisco Montes Paquiro en 1836. Ambos tratados buscaban el ordenamiento, la coherencia, pero sobre todo la convivencia de la técnica y la estética que otras tantas generaciones de toreros fijaron como propósito, materializando esos principios en formas y expresiones que se afinaron conforme pasaba el tiempo, al punto de que hoy día, lo hecho por “El Juli” es un paso más a la evolución del toreo. Por ahora, es imposible pensar como lo pensó en su momento Francis Fukuyama que la historia también tiene un fin. El fin de la historia en Fukuyama encendió tremendas polémicas, porque a los ojos de este personaje sólo estaba el desmoronamiento de los regímenes de Europa Oriental y la perestroika de Gorbachov, pero no el todo de la humanidad.

   La puesta en escena de “El Juli” fue una perfecta razón del equilibrio y la armonía, razones que no se explican sin la presencia vigorosa de la técnica y los matices de inspiración que provienen del misterio del arte.

   Además, el “maestro” salió a impartir cátedra, lo hizo pisando terrenos firmes, sin dudas ni desmesuras, utilizando el discurso corporal como una más de sus herramientas para darle a todo su quehacer la suficiente condición de que se estaba ante una realidad, como una catedral.

   El conjunto todo de su actuación devino “maestría”, virtud que se declaró con mayor vigor en la faena de muleta, donde impuso sus condiciones para convertirse en eje central, y donde pudieron ser notorias varias capacidades a un mismo tiempo. Por un lado, el mando, por el otro, esa difícil facilidad de torear en un terreno cortísimo. No conforme, desplegó los tres tiempos: citar, templar y mandar, agregando una cuarta dimensión “non plus ultra” en elegidos como él. Me refiero a la de “ligar” lo que da una sensación de tejido y continuidad emocional que conmovió a las fibras más sensibles.

   En ese sentido, la afición mexicana ya se sabe, es sensible de suyo, y en cuanto sucede un fenómeno como el ocurrido ese último domingo de enero del año en curso, es que se fue de lo ordinario a lo extraordinario. En el ruedo estaba un Julián López arrogante, dueño de sí mismo y de todo el control de la situación. Su paso firme en la arena así lo denotaba. Tanta figura, tanta soberbia de pronto iluminó un panorama gris, falto de aliento, falto precisamente de una “figura” que se convierta en el eje de atención de un espectáculo que necesita con frecuencia ese tipo de alientos. La tempestad llegó con nombre y apellido al ruedo de la plaza “México” arrebatándolo todo.

   La gesta aún no se consumaba, porque el noble recorrido de su virtual enemigo, permitió al “Juli” tamaña grandeza. Y sin asustarse o arredrarse frente a aquel “monstruo de las mil cabezas” disperso en los tendidos, Julián se perfiló con el honesto aplomo que se necesita en las grandes faenas, evitando devaluaciones innecesarias. Su firmeza en el estoque fue capaz de marcar esos tiempos que las “Tauromaquias” impusieron. Lo demás -es de todos conocido-, porque se convirtió en hazaña y ya sabemos: las hazañas son especies raras, en peligro de extinción. Como conquistador, Julián llegó a la cumbre de todas sus aspiraciones empuñando un estandarte cuya leyenda dice: “Tan maestro como José, el de Gelves”.

   Y el aliento, la esperanza volvieron a posarse en tierra firme. No cabe duda que en cuanto suceden hechos como el que aquí ha sido motivo de una detenida revisión, permite entender que el toreo evoluciona, no retrocede. Que siga siendo una expresión anacrónica no quiere decir que la modernidad del siglo XXI esté reñida con el aquí y ahora de la tauromaquia. Indudablemente cada sociedad evoluciona, y en este caso una manifestación técnica y estética con profundos elementos rituales como es el toreo, ha conseguido afianzarse como realidad en momentos de terribles ataques.

   Lamentablemente, esa obra impecable fue realizada en ausencia del toro, un remedo apenas, mismo hecho que aconteció durante la “magna” celebración del 65 aniversario de la plaza “México”. Si los cómplices de estos hechos se empeñan en mostrarnos una “realidad virtual” y no lo que sencillamente es, todo queda reducido a una pantomima.

   Independientemente de la nota mala respecto al ganado, afirmo que un acontecimiento como el aquí referido, inflaman el espíritu del toreo hasta elevarlo a niveles de estabilidad y fortaleza que no deben perderse, evitando con ello que la tauromaquia sea blanco vulnerable de cuestionamientos, pero es aún más importante que sus valores se fortalezcan en la medida en que se manejen con honestidad y claridad. Al margen de la faena histórica de este gran torero, no podemos olvidar que, por encima de todo está el toro, ese elemento primordial en el espectáculo. Sin él, los esfuerzos serán vanos, por más empeño que se ponga para rectificar o recuperar algo que ha sido motivo de alteración. Eso sí, deberemos ser cuidadosos en exigir ganado con los requisitos establecidos para una corrida de toros o para una novillada. Lo demás, viene por añadidura.

 7 de febrero de 2011.

  

 

CONTRA LA ESPECULACIÓN EN LA HISTORIA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Cuando la historia se convierte en un instrumento coherente y equilibrado de interpretación y análisis, no puede uno más que expulsar a la especulación, la mentira y hasta la mitomanía, defectos que se producen cuando la validez del suceso histórico en cuestión pierde sustancia, esencia, debido sobre todo a la interpretación que cada uno solemos dar a ese hecho.

   La fiesta taurina es lo suficientemente fuerte para desatar pasiones que producen en buena medida partidarismos, escisiones, pros y contras por este o aquel torero; por esa o aquella razón. Y en ello, le va la vida. Una vida por cierto bastante añeja y que se conserva entre nosotros luego de 485 años, a pesar de todos los pesares.

   Uno de esos primeros fenómenos que cayeron en la distorsión es el capítulo de la génesis de Atenco, la ganadería de toros más antigua de México, cuyo origen, como encomienda[1] tiene fecha del 19 de noviembre de 1528 y que se conserva hasta nuestros días. Así que haga usted sus cuentas. Estamos hablando de un territorio con 483 años de antigüedad.

   Pues bien, cuando se hace referencia al pie de simiente originario, se suele mencionar el caso de los “doce pares de toros y de vacas” de procedencia navarra, una casta peculiar en España y que hoy resurge en otra ganadería, gracias a los quehaceres de Miguel Reta, que ha dedicado un empeño especial para que Alba Reta, dehesa de reciente cuño, y pura casta navarra ocupe un lugar de privilegio entre las casas ganaderas de la península ibérica. Recuperando el hilo de la conversación, debo decir que esa primera mención es legada por Nicolás Rangel en su libro Historia del toreo en México. Rangel realizó una actividad en el campo de la investigación, tanto en la Universidad Nacional como en el Archivo General de la Nación Mexicana, colaborando en obras como la Antología del Centenario,[2] o “Los estudios universitario de D. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza”[3] entre otras.

   Sin embargo, la cita que Rangel nos proporciona no tiene sustento, no existe el aparato erudito o aparato crítico que permitiría afirmar el dicho, de ahí que pase a formar parte de las especulaciones. Sin embargo, esas debilidades históricas han sido suficientes para consolidar una razón que se cree a pie juntillas. Veamos cómo plantea el asunto:

    El conquistador, Lic. Juan Gutiérrez Altamirano, primo de Hernán Cortés, había obtenido de éste, como repartimiento, el pueblo de Calimaya con sus sujetos; y con otras estancias que había adquirido en el valle de Toluca, llegó a formar la hermosa Hacienda de Atenco, llamada así por ser el nombre del pueblo más inmediato. Para poblar sus estancias con ganado bovino, lanar y caballar, hizo traer de las Antillas y de España, los mejores ejemplares que entonces había, importando de Navarra doce pares de toros y vacas seleccionados que sirvieron de pie veterano a la magnífica ganadería que ha llegado a nuestros días.[4]

    Datos de esa magnitud merecen el descubrimiento mismo de la ganadería de bravo en México y por muchos años así se le ha considerado.

   ¡Grave error!

   Varios motivos que contradicen este asunto, forman un abigarrado expediente que sirve de evidencia y muestra certera de que la historia en cuanto tal tiene mucho por ofrecer en el plano de las precisiones.

   Aconseja Jacob Burckhardt “No regañemos a los muertos. Entendámoslos”. Si bien Nicolás Rangel se desempeñó mejor en la crítica literaria (véase la Antología del Centenario) que como historiador, su obra Historia del Toreo en México pasa a ser un texto muy interesante, aunque me parece -en lo personal-, una historia positivista, que solo registra pero sin navegar en profundidades del fundamento. Es decir no se compromete. Que es útil, lo ha sido, aunque en partes deja que desear por la ligereza de su construcción salvada por los conocimientos literarios y taurinos del leonés.

   Con el planteamiento anterior manifiesto mi desacuerdo, en virtud de que ese dato pone en entredicho no sólo el origen de esta hacienda (y no es que lo niegue, y por consecuencia pretenda liquidarlo de un plumazo), sino también la procedencia del pie de simiente, en unos momentos en los que, la cantidad de ganado mayor o menor establecido para entonces en la Nueva España, va incrementándose rápidamente, sobre todo entre las nuevas propiedades territoriales, donde los señores encomenderos van fijándose ese propósito. Haya o no llegado dicho “pie de simiente”; se encuentre o no el documento del que se valió Rangel para sustentar su hipótesis, hace que se cuente también con otros testimonios, con el suficiente peso para dar otro entorno a ese origen y desarrollo, ocurrido en la hacienda de Atenco.

   Si Nicolás Rangel nos dice que los doce pares de toros y de vacas “raíz brava para Atenco”, fueron traídos para un fin específico: crear un pie de simiente, su aseveración está lejos de toda realidad. La profesionalización de la ganadería llegó mucho tiempo después (últimos años del siglo XVIII en España; fines del XIX en México). En España, hacia 1732 se fue haciendo común la práctica impuesta por la Maestranza en dos vertientes: una, que sus empleados salían a buscar los toros asilvestrados o bien, encargaba a un varilarguero de su confianza la compra de reses en el circuito de abastos). En tanto el ganado que se empleaba para las fiestas poseía una cierta casta, era bravucón, y permitía en consecuencia el lucimiento de los caballeros y las habilidades de pajes y gentes de a pie. El abasto, disponiendo de la coyuntura del rastro, y la plaza son los únicos destinos del ganado, aunque al parecer no fue posible que mediara entre ambos aspectos alguna condición particular. Por lo tanto, durante buena parte del siglo XVI, no había evidencia clara en la crianza y búsqueda específica de bravura en el toro.

   Ahora bien, ¿qué hay sobre las reses navarras?

   Ni Carriquiri ni Zalduendo existían para entonces. Los toros navarros y su acreditada fiereza son bien reconocidos desde el siglo XIV pues no faltaban fiestas, por ejemplo en Pamplona, lugar donde se efectuaron con frecuencia. Posibles descendientes de don Juan Gris y ascendientes del marqués de Santacara (Joaquín Beaumuont de Navarra y Azcurra Mexía) pudieron haber tenido trato con alguno de los descendientes de Juan Gutiérrez Altamirano directamente en el negocio de compra-venta de los ganados aquí mencionados, y que pastaron por vez primera en tierras atenqueñas.[5]

   Presuponen algunos que los toros navarros eran de origen celta. Gozaban de pastos salitrosos en lugares como Tudela, Arguedas, Corella y Caparroso dominados por el reino de Navarra.

   En el curso de la Edad Media, fiestas y torneos caballerescos abarcan el panorama y nada mejor para ello que toros bravos de indudable personalidad, cuyo prestigio y fama hoy son difíciles de reconocer en medio de escasas noticias que llegan a nuestros días.

   Es cierto también que con anterioridad a los hechos de 1528, inicia todo un proceso de introducción de ganados en diversas modalidades para fomentar el abasto necesario para permitir una más de las variadas formas de vivir europeas, ahora depositadas en América.

   Sobre el misterio de los “doce pares de toros y de vacas” acaso habría que plantear si dentro de la intensa labor de evangelización, era necesario establecer una figura en el grupo no de “doce pares de toros y de vacas”, sino de los “doce apóstoles” que parecen ser recordados por aquellos doce misioneros franciscanos que llegaron a México el 13 de mayo de 1524, enviados por el Papa Clemente VII: fray Martín de Valencia en calidad de Custodio, nueve frailes sacerdotes: Francisco de Soto, Martín de la Coruña, Antonio de Ciudad Rodrigo, García de Cisneros, Juan de Rivas, Francisco Jiménez, Juan Juárez, Luis de Fuensálida y Toribio de Benavente (Motolinía), más dos legos fray Juan de Palos y fray Andrés de Córdoba. Un año antes se habían instalado Pedro de Gante, Juan de Tecto y Juan de Aora. En conjunto, se dedicaron a la conversión y defensa del indio.[6]

   A todo lo anterior, no me resta sino afianzarme en el territorio confiable de la historia, con objeto de encontrar la certeza y una más confiable veracidad de los hechos, antes que vernos acometidos por errores como los que se difunden en términos de meros rumores y especulaciones. Como se ve, esta es una entre muchas de las razones que obligan a tener mayor cuidado para manejar la historia.

 

 LA “A” DE ATENCO.

31 de enero de 2011.


[1] La encomienda es una institución de origen castellano que pronto adquirió en las Indias caracteres peculiares que la hicieron diferenciarse plenamente de su precedente peninsular.

   Por la encomienda, un grupo de familias de indios mayor o menor según los casos, con sus propios caciques quedaba sometido a la autoridad de un español encomendero. Se obligaba éste jurídicamente a proteger a los indios que así le habían sido encomendados y a cuidar de su instrucción religiosa con los auxilios del cura doctrinero. Adquiría el derecho de beneficiarse con los servicios personales de los indios para las distintas necesidades del trabajo y de exigir de los mismos el pago de diversas prestaciones económicas.

[2] Antología del Centenario. Estudio documentado de la literatura mexicana durante el primer siglo de Independencia (1800-1821). Obra compilada bajo la dirección del maestro Justo Sierra, por Luis G. Urbina, Pedro Henríquez Ureña y Nicolás Rangel. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2ª edición, 1985. 2 V. (Coordinación de Humanidades. Facultad de Filosofía y Letras).

[3] Nicolás Rangel, “Investigaciones bibliográficas: Los estudios universitarios de d. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza”, en Boletín de la Biblioteca Nacional de México, X (1913), núms.1 y 2.

[4] Nicolás Rangel: Historia del toreo en México, 1521-1821. México, Imp. Manuel León Sánchez, 1924. 374 p. fots., p. 10.

[5] Alejandro Villaseñor y Villaseñor: Los condes de Santiago. Monografía histórica y genealógica. México, “El Tiempo”, 1901. 392 p. 64-65. En 1711, el conde Don Nicolás salió electo alcalde ordinario de la Ciudad de México, noticia que encontramos en la obra del Padre Cavo.

[6] José Francisco Coello Ugalde: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia”. Tesis que, para pretender el grado de Doctor en Historia presenta (…). México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, División de Estudios de Posgrado, Colegio de Historia. 2006. 251 p. + 700 p. de anexos (titulación en trámite).

  

 

NOS OLVIDAMOS DEL FUTURO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Empeñados en defender un anacronismo en el presente, nos olvidamos del futuro. Y es que en estos tiempos de modernidad galopante, que lo mismo nos vemos afectados o beneficiados por la globalización que por el cambio climático o la hiperindustrialización que pronto nos pondrá ante una nueva generación de elementos donde la nanotecnología se moverá a sus anchas. Y entre todo ese maremágnum de condiciones a que nos vemos sujetos, es preciso aclarar que también existen las corridas de toros. Y ese existir es como la supervivencia de un pasado que convive, se dirá que un poco incómodo con nuestro presente. Quienes nos hemos comprometido a la conservación, preservación y difusión de la fiesta de los toros, absolutamente convencidos de lo que hacemos y decimos, planteamos además que se trata de un espectáculo, una diversión, pero también de un ritual que pervive en apenas ocho países que por fortuna lo hacen suyo.

   No cabe pensar aquí más que de una manera en la cual se requiere información práctica para confirmar la fe de los creyentes y atraer a todos aquellos que, en principio tienen curiosidad e incluso, sienten animadversión por un misterioso fenómeno que posee la vigorosa razón del enfrentamiento de un ser racional con un animal. Y más aún. Ya dominado el toro se produce un espectacular como traumático desenlace que ocurre con el sacrificio y muerte de ese mismo animal.

   Este ritual sujeto a una fuerte carga de elementos simbólicos se desarrolla además, matizado de razones técnicas y estéticas que le otorgan significado peculiar. Pero, y aquí la pregunta: frente a todas las embestidas que ahora se producen contra los toros, ¿tiene este espectáculo garantías de pervivencia por el resto de los tiempos?

   Francamente no sé qué decir. Todo dependerá, y aquí el presupuesto, de qué acciones tomemos sus defensores para garantizarle una correcta transmisión a las generaciones venideras. Demasiada ha sido la lucha que mantiene el espectáculo, defendiéndose así mismo tanto de los de adentro como de los de afuera. Quizá un golpe de timón inesperado pero oportuno sea el clima de aliento que espera la fiesta de los toros para marchar de mejor manera, separándose de círculos viciosos, eligiendo personajes más correctos –o se dice honestos-.

   Estoy consciente de que ese punto, dependerá, en buena medida, de la madurez en los trabajos que vienen realizándose con vistas a documentar el expediente que habrá de presentarse a mediano plazo a la UNESCO, con objeto de generar la declaratoria que permita elevar a la tauromaquia a patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. En esa medida, es muy probable que se tengan condiciones de auténtico blindaje para cuidar, conservar, preservar pero sobre todo mantener en el punto de equilibrio más pertinente, a una fiesta inveterada como es la de los toros.

   Sabemos del largo recorrido milenario y secular de esta fascinante representación, la cual tiene en su haber legiones de partidarios y numerosos enemigos. Pero el enigma aquí planteado es sobre su incierto futuro. No nos convirtamos en convidados de piedra, sino en activos participantes en pro de esta manifestación. Desplegar todos sus significados y explicarlos a la luz de la realidad es una de las mejores tareas. Por eso es importante la difusión, siempre y cuando esta sea coherente y no una barata provocación.

   Termino apuntando que al menos, desde esta trinchera, el toreo en México va a seguir teniendo todo un tratamiento histórico que permita entender sus circunstancias a lo largo de 485 años de convivencia y mestizaje. Tres connotados historiadores me dan la razón:

 -Los mexicanos tenemos una doble ascendencia: india y española, que en mi ánimo no se combaten, sino que conviven amistosamente. Silvio Zavala.

 -No somos ya ni españoles ni tampoco indígenas, y sería un error gravísimo intentar aniquilar uno de los dos elementos, porque quedaríamos mancos o cojos. Elsa Cecilia Frost del Valle.

 -La tensión que se instala en el desarrollo de México a partir de la conquista, surge también de la presencia de dos pasados que chocan y luego coexisten largamente, sin que uno logre absorber al otro. Enrique Florescano.

    Nos asiste la razón.

24 de enero de 2011.

 

 

LOS TOROS EN LA PIEDRA DE LOS SACRIFICIOS…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

En estos tiempos que corren, la tauromaquia se ha vuelto blanco de críticas y ataques con vistas a eliminarla. El año pasado en Barcelona fue la nota. En nuestro país, varios representantes populares no solo de la capital del país sino de otros estados como Jalisco o Puebla, pretenden elevar iniciativas para prohibir los toros. El 7 de enero la Radio Televisión Española (RTVE) anunció un veto a las corridas de toros por considerar que se transmiten en horario de protección de menores, argumentando que la lidia es “violencia con animales”. En fin, que se trata por ahora de la acción frontal más decidida que haya recibido el espectáculo de los toros en mucho tiempo.

Es cierto que desde épocas remotas ha sido cuestionado y puesto en el banquillo de los acusados debido a la fuerte carga de elementos que posee en términos de lo que los contrarios califican como “crueldad”, “tormento” o “barbarie”. En todo caso, nosotros, los taurinos, entendemos el significado de este espectáculo como una ceremonia en la que ocurre un “acto de sacrificio”; o más aún: “holocausto”, que derivan del sacrificio y muerte del toro. Todo ello, independientemente de las otras connotaciones que suelen aplicársele al toreo, ya sea por el hecho de que pueda considerarse un arte, e incluso deporte.

Sacrificio y muerte que, por otro lado cumple con aspectos de un ritual inveterado, que se ha perdido en la noche de los tiempos, pero que se asocia directamente con hábitos establecidos por el hombre en edades que se remontan varios miles de años atrás. Esa forma de convivencia devino culto, y el culto es una expresión que se aglutinó más tarde en aspectos de la vida cotidiana de otras tantas sociedades ligadas a los ciclos agrícolas, a la creación o formación de diversas formas religiosas que, en el fondo de su creencia fijaban el sacrificio, el derramamiento de sangre o se materializaba la crueldad, término que proviene del latín crúor y que significa “sangre derramada”. Y esa sangre derramada se entendió como una forma de demostrar que se estaba al servicio de dioses o entes cuya dimensión iba más allá de la de cualquier mortal. Eso ocurrió lo mismo en culturas como la egipcia, la mesopotámica, la griega, la romana, e incluso las prehispánicas que todos conocemos. Precisamente durante dicho periodo, las formas de control y dominio incluyeron prácticas de sacrificio aplicada a todos aquellos guerreros que eran tomados como prisioneros por los grupos en conflicto. Muchos de ellos terminaban en la piedra de los sacrificios, mientras el sacerdote abría su pecho extrayendo el corazón del “condenado”.

Considero que si debemos empezar a entender porqué un espectáculo tan anacrónico como es el de los toros convive en este ya avanzado siglo XXI, lleno de modernidad, confort, globalización y demás circunstancias, es porque ha trascendido las más difíciles barreras y pervive porque diversas sociedades lo aceptan, lo hacen suyo y por ende, se conserva porque no sólo es un espectáculo más. Es rito, práctica social, acto festivo que ha logrado recrearse en miles, en cientos de años hasta ser lo que hoy día conocemos de él. También habría que valorar que cuando se maneja el concepto de la “recreación” este significa cambio, transformación, interpretación y renovación. Eso ha sido también la tauromaquia que, al llegar de España inmediatamente después de la conquista (a partir de 1521) se estableció como un espectáculo el que, al cabo de los años se amalgamó, pasó por un proceso de mestizaje que lleva la carga espiritual de uno y otro pueblo. No es casual que al paso de los casi cinco siglos de convivir entre nosotros, se consolidara la tauromaquia como cultura popular que lo mismo en el ámbito rural que en el urbano, sigue vigente.

Tres son las herencias que quedaron de 300 años de dominio español en México: la burocracia de Felipe II, la religión católica y las corridas de toros. Herencias buenas o malas, no se trata aquí de aplicar un juicio sumario cargado de maniqueísmos o prejuicios, sino volver a entender cómo esos valores permearon, penetraron hasta la entraña de nuestro pueblo al grado de que perviven esas “herencias” por lo que para el próximo de los domingos se tiene prevista una corrida de toros más que se sumará al largo historial de profundas tradiciones generadas desde esa fuente secular que todos conocemos como la fiesta de toros, la corrida de toros o simplemente como tauromaquia.

Creo que estamos dispuestos a defender ese patrimonio vulnerable, hoy día sometido a diversos riesgos. Si no realizamos las acciones pertinentes lamentaremos profundamente su desaparición.

Bien vale la pena un esfuerzo así.

18 de enero de 2011.

 

 

¿Dónde están los toros?

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 A continuación, reproduzco un interesante artículo escrito hace 109 años y que tiene unas semejanzas con lo que sucede en nuestros días. Veamos.

 Actualidades. ¿Dónde están los toros?

 

 Está sobre el tapete la cuestión de los toros de lidia. Unos dicen que los hay, otros que no; quien afirma que los ganaderos no los dan sino a precios elevadísimos y quién, por último, asegura que las estrellas del toreo no actúan si no es con cuatreritos.

Bueno, pues hay que convenir que todos los que algo dicen tienen razón.

Que en nuestras ganaderías existen magníficos ejemplares de toros de lidia podrá dar fe quien quiera que ya por placer, ya por otro motivo se haya dado dos vueltas por cualquiera hacienda donde el ganado sea principal negocio.

Y conste que no me refiero a las ganaderías de cartel, que aunque los tienen no los presentan, por la sencilla razón de que sus propietarios quieren una fortuna por cada torito.

Sin hacer mención de aquellas corridas en que toreaban Gaviño, (Mariano González) La Monja y Magdaleno (Vera), célebres en los Anales del Toreo mexicano y en las cuales se echaban toros de seis y aún de siete años, citaré[1] como cosa que todos pueden recordar, las temporadas de 87 y 88 en las cuales se lidiaban toros de respeto.

Jalpa, Guanamé, Cieneguilla, Santín, Venadero, Tulipán y otras muchas ganaderías hoy casi olvidadas enviaban hermosos ejemplares, de muchas arrobas, bien plantados y con harta leña.

Pero hay que convenir en que por aquella época los lidiadores no se fijaban en grandeza sino que atendiendo a que ganaban regulares sueldos, procuraban satisfacer al público.

Nuestro inolvidable maleta Ponciano (Díaz) jamás hizo ascos a ningún toro por grande y cornalón que fuera. Al contrario, era un aliciente para el público que él personalmente apartara las corridas, pues ya sabía que las reses que traía eran de mucho respeto y grandes condiciones.

Y este fue sin duda su mayor mérito: la selección del ganado.

Hoy nada de eso se vé.

Los toritos que hoy se lidian de cuatro y hasta de tres años tienen que pasar a fuerza sin que en realidad haya razón para ello.

Digo, no atendiendo a la razón que dan algunos y que no es otra que el miedo que los toreadores de hoy le tienen al ganado bien puesto.

Y en parte hay que creer algo de lo que a este respecto se dice por ahí.

Las estrellas taurinas que hoy tenemos por aquí le tienen verdadero asco a los toros grandes.

Esto es un hecho.

Durante la actual temporada no hemos visto tres toros de verdad. Apenas unos cuantos se han presentado con vistas a los cuatro años, pero con el lustro completo ¡quía!

Y esto es una vergüenza, tanto más digna de tomarse en consideración cuanto de toreros del kilómetro que apenas se ganan en una tarde lo necesario para mal vivir durante toda la semana, no ponen reparo en años más o menos y en teniendo cuernos lidian desde un caracol hasta la propia luna.

Y un chusco me decía:

-Con razón como éstos no tienen atrás cien mil duros como los otros.

Puée que así sea, pero de todas maneras los interesados en no aparecer jindamones, debían exigir a la empresa que les echaran toros para darnos en la cara.

A que no, eh?

Asi pues, jóvenes, no digáis que no hay toros sino que ó que no los buscan, no los pagan o les dan horror a las estrellas Tauromáquicas.

Tales apreciaciones las encontré en El Contemporáneo, Bisemanal independiente, publicado en San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1902, y es que la situación allí planteada se parece tanto a lo que sucede hoy día que por eso, no dudé en reproducir íntegramente el pequeño texto donde se analiza la realidad de aquellos momentos, al grado de que uno se pregunta, como lo hizo Jorge Manrique ¿si todo tiempo pasado fue mejor?

Este fenómeno cíclico, como puede observarse ya era común denominador hace poco más de un siglo, y la queja, el reproche que ya puede ventilarse en la prensa deja ver el grado de descomposición de un espectáculo, pero sobre todo de su organización, sometida a las condiciones impuestas por quienes mandaban, por quienes controlaban los hilos taurinos, no habiendo más remedio que doblegarse y cumplir los caprichos, las condiciones que, ya vemos, se repiten en nuestros días, al grado que los aficionados nos preguntamos una y otra vez: ¿Dónde están los toros? 

8 de enero de 2011.


[1] Se desconoce al autor de estas notas, pero se trata de un personaje que pudo presenciar temporadas taurinas, al menos desde 1887 o 1888. Sus referencias al pasado que detentaban Gaviño, La Monja o Magdaleno, son como estelas de recuerdos que legaron los aficionados de aquellas épocas, los que, a mi parecer, se formaron de manera autodidacta, pero que, al fin y al cabo, articularon un bagaje que en ocasiones se confirma gracias a los testimonios que proporciona cierta parte de la prensa. Pero sobre todo, a la apreciación hecha por plumas nacionales como Guillermo Prieto, Antonio García Cubas, Luis G. Inclán o diversos viajeros extranjeros que también aportaron sus opiniones al respecto.

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