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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Duele decirlo, pero este 2012 termina, en lo taurino bastante mal, con un peso enorme de fallas, pendientes y otras circunstancias que harían posible, en otro momento su posible recuperación. Ya no estamos en tiempos de subdesarrollo, pero tal parece que quienes intervienen y participan directamente en su “puesta en escena”, se empeñan en mostrar el “cobre” en forma por demás descarada.

   La tarde de hoy, en la plaza de toros “México”, última del año fue una especie de espejo de la realidad pues ante una pobre, muy pobre entrada parecían quedar muy bien reflejadas las maneras en que la empresa tiene creado ese “poder de convocatoria”, es decir: un puñado de gente que además salió profundamente molesta por ese balance en que lo disparejo de un encierro, su escasez de bravura y luego esos otros aspectos que daban al espectáculo tintes patéticos –como el hecho de que el segundo de la tarde, un inválido de marca, causara un tumbo frente a un jamelgo que no tenía condiciones para la lidia-. Pues bien, todo eso y otros detalles, parecían mostrarnos que una vez más la empresa capitalina y las empresas de provincia no quieren cumplir con el mínimo de calidad… ya ven, así les va. Este recuento es desolador y no se viene planteando a la sombra de amarguras y sordas o ciegas necedades, sino de la realidad tal cual es; y ha de ser ese balance del año que mañana se nos termina.

   Bien a las claras puede observarse que no han aprendido la lección, ni ellos, pero tampoco las autoridades, ni los ganaderos, ni la prensa (y no me refiero a todos en su conjunto, siempre habrá excepciones a la regla). Pero la media es y se ha convertido en denominador común de situaciones que dominaron el panorama a lo largo de los doce meses que han transcurrido.

   Hoy por ejemplo, llamó la atención el limitado desempeño de Lupita López que, si hay que tasarla en el mismo rasero que sus demás compañeros, es preciso decirle que no supo resolver su compromiso. Se dedicó a ser un “pegapases” más, como hay muchos, y que si no hay alguien detrás de ella, insistiendo, aconsejando como es y debe materializarse la tauromaquia, tendremos a una torera que, aunque favorecida por el elogio popular, este pronto se puede acabar, como sucedió en el desencanto en el segundo de su lote, por cierto el más potable de la tarde, y donde hasta perdió los papeles. Ya no supo cómo resolver el compromiso. Pues este mismo tipo de comportamiento no es privativo en la torera, sino en muchos que se visten de luces, y pasan a hacer de su quehacer una copia de la copia del otro que también viene a resolver la situación sin mayores cambios, como si su trabajo en el ruedo fuera hacer lo que indica un “scrip” o guión perfectamente aprendido de memoria. Por eso se parecen tantos entre unos y otros que por lo tanto, no se nota o no destaca la figura que desearíamos ver y que urge, de verdad.

   También, y sucedió esta misma tarde, vimos desfilar un encierro disparejo en tipo, presentación, y juego. No ha habido hasta ahora, salvo algunos ejemplares de un encierro de Los Encinos, lidiado domingos atrás, algo qué definir como buena presentación, lidia ejemplar, bravura que son atributos ganados hasta el sacrificio y que la afición termina reconociendo. Pero cuando salen al ruedo lo que aparentemente dicen que son toros, y si a esto agregamos con escasa dosis de bravura que muchos confunden con nobleza, tenemos una equivocada visión de las cosas. Y uno se pregunta: ¿qué el veedor no tuvo suficiente criterio para elegir los encierros? ¿La autoridad está limitada en capacidades de decisión para aceptar o rechazar toros o remedo de toros cuando estos no tienen, ni por asumo, la presentación que exige una plaza como la capitalina? ¿La empresa en qué medida influye o somete para que sucedan tantos desaguisados que no son nada deseables? Y la prensa, ¿dónde queda el papel de la crítica –dejemos a un lado la de informadores-, sí una honesta y deseable crítica que abone el terreno por y para la dignificación del espectáculo?

  Nosotros, aficionados nos convertimos una tarde sí, y otra también en víctimas de ese sistemático proceder que va a terminar en producir una fuerte e incómoda sacudida si se empeñan en seguir organizando espectáculos bajo tales procedimientos que parece ser, les funciona muy bien. Pero no se dan cuenta que, con entradas tan pobres como las de hoy una vez más, a la afición se le tomó la medida. Pero eso qué importa. Vendrán nuevas tardes, sobre todo las del próximo aniversario de la plaza “México”, y entonces los tendidos del coso capitalino se verán colmados de… espectadores, atraídos por el canto de las sirenas y dirán entonces que los aficionados, como siempre, estamos equivocados, que somos unos amargados y que somos los primeros en dañar la fiesta con nuestras actitudes. Ya lo dijo, y lo ha dicho bien el empresario capitalino: ¡Para qué queremos antitaurinos, con los taurinos tenemos!

   Esa lección nos tiene que enseñar a superar el subdesarrollo en que está metida la fiesta. Si así están bien, pues que con su pan se lo coman… pero la realidad sigue estando muy lejos de lo que para nosotros, los aficionados es un espectáculo digno de ser admirado, empezando por el toro. Si esta figura protagónica sigue corriendo el riesgo de que la conviertan en un desplazado más, seguiremos presenciando mentiras que parecen verdades… y así, ¡que siga la fiesta!

   No señores, no estamos dispuestos a seguir por esas falsas veredas, y más aún cuando siguen vigentes una serie de pretensiones por darle al espectáculo taurino la categoría de patrimonio cultural inmaterial, (PCI por sus siglas) que tanto trabajo ha costado articularlo en este país, donde ya es hora de que los gobiernos no “se tapen”, como ocurrió con el del sexenio pasado (que por fortuna ya se fueron) pero que no tuvieron la capacidad de involucrarse en circunstancias que tienen que ver con la memoria histórica de un pueblo. Hasta ahora, son todavía muy pocas las poblaciones o estados que han declarado en nuestro país a la tauromaquia como PCI, estando de por medio la increíble lentitud con que esto ocurre. Tales declaraciones deben generar, en automático compromisos y responsabilidades que, en consecuencia asumen todos los participantes directos o indirectos en el espectáculo, pretendiendo con ello legitimar y defender un legado, un patrimonio que no es tampoco una casualidad. Ha sido producto de siglos y acabárselo, como pretenden las fuerzas oscuras que siguen caminando a sus anchas y aparentemente sin ninguna preocupación, no saben, es como sentenciarlo a muerte.

   ¿Qué sucederá en 2013? Lo menos que esperamos es que vuelva a repetirse la triste historia del 2012. 

30 de diciembre de 2012.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Con el nuevo pronunciamiento ahora, por parte del estado de Querétaro, que por decreto considera a la tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI por sus siglas), tal declaratoria viene a sumarse a las otras ya emitidas por municipios o ciudades del país, tales como Xico, Huamantla, Aguascalientes o Tlaxcala en un largo proceso que justifica, por parte primero de los interesados, y luego de la autoridad, el alto valor que en muchos sentidos posee esta diversión popular a lo largo de los siglos en una región específica. Para ello, ha sido necesario salvar diversos obstáculos, pero sobre todo posturas de parte de las diversas representaciones políticas y partidistas que manifiestan acuerdos y desacuerdos en ese renglón. Al consumarse el intento, y quedar demostrada la legitimidad de sus propósitos, ello deja ver que no se trata de otra cosa que de la defensa de un patrimonio o legado, cuya articulación ha sido constituida a lo largo de casi cinco siglos por diversos personajes que, a su vez, consolidaron la tauromaquia no sólo como espectáculo. No sólo como una demostración cabal de sustentos técnicos o estéticos, sino que concibieron la estructura y todas las condiciones posibles para su segura conservación, viéndolo y pensándolo como una forma de conservación ecológica, de un mercado en que se mueven ingresos y egresos y que permite la participación directa y colectiva de mano de obra en diversas modalidades. Por lo tanto, si tales condiciones no fueran suficientes para demostrar la afirmación de un entorno como el taurino, se estaría ante un grave problema de ignorancia, incapaz de entender que la tauromaquia no solo es lo “bonito” o “atractivo” del espectáculo, a veces dos condiciones bastante obvias, banales y cargadas de de excesivos lugares comunes. Pero también ante el hecho de que, considerando entre sus procesos concretos el ritual que incluye el sacrificio y muerte de un animal, lo que eleva el grado de tensión entre quienes la defienden y la atacan; entre quienes buscan conservarla a toda costa y quienes se empeñan en demostrar que es una representación salvaje y violenta, que nos regresa a los tiempos de la barbarie, o a los comienzos de la civilización. Momentos que, con toda seguridad el hombre primitivo ya procuraba construir una primera edad, la del entendimiento con los otros, es decir, los de una democracia originaria, así como los de la domesticación animal y vegetal, junto con la de la primer construcción de elementos rituales en los que ciertos animales pasaron a formar parte del ente sacrificial, como alimento, nutriente o ingrediente de aquellos actos que hoy llegan hasta nosotros convertidos en esa particular puesta en escena denominada “tauromaquia”, la cual conserva mucho de aquel significado, con todos los demás elementos acumulados en siglos de desarrollo.

   Como puede verse hasta aquí, ese complejo proceso no ha sido una casualidad.

   Veamos a continuación el contenido del “decreto”: 

PODER LEGISLATIVO

 LA QUINCUAGÉSIMA SEPTIMA LEGISLATURA DEL ESTADO DE QUERÉTARO, EN EJERCICIO DE LAS FACULTADES QUE LE CONFIEREN LOS ARTÍCULOS 17, FRACCIÓN XIX, DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL ESTADO DE QUERÉTARO Y 81 DE LA LEY ORGÁNICA DEL PODER LEGISLATIVO DEL ESTADO DE QUERÉTARO, Y

 CONSIDERANDO

 1. Que la Organización de las Naciones Unidas para Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) define el patrimonio oral e inmaterial como “el conjunto de creaciones basadas en la tradición de la comunidad cultural expresada por un grupo de individuos y que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad en la medida en que reflejan su identidad cultural y social”.

2. Que según la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003, reconocida por el Estado Mexicano el 27 de octubre de 2005, el Patrimonio Cultural Inmaterial, también llamado patrimonio viviente, es la raíz de nuestra diversidad cultural y su mantenimiento es una garantía para la continuación de la creatividad; se define como las prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y habilidades, así como los instrumentos, los objetos y artefactos, los espacios culturales asociados con los mismos, que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconocen como parte de su legado cultural.

3. Que dicho patrimonio cultural inmaterial, transmitido de generación en generación, es constantemente retomado y adecuado por comunidades y grupos en respuesta a su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, lo que les proporciona un sentido de identidad, promoviendo de este modo el respeto por la diversidad cultural y la creatividad humana.

4. Que en el Coloquio Internacional “La Fiesta de los Toros; Un patrimonio Cultural Inmaterial Compartido” celebrado en Tlaxcala en enero de 2012, cuyos participantes fueron provenientes de Ecuador, España, Francia, México y Venezuela, se realizaron mesas de discusión que versaron sobre los componentes, la cultura de la tauromaquia, el aporte ecológico de las ganaderías bravas, la realidad actual y la evolución de la fiesta y la reflexión de los motivos que justifican su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial en cada uno de los ocho países con tradición taurina, que son España, México, Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, Francia y Portugal, obteniendo como resultado de dicho Coloquio, la firma del Protocolo denominado “Declaración Tlaxcala”. A partir de esa declaración, entidades como Hidalgo, Aguascalientes y Tlaxcala, emitieron las declaratorias para que en esos Estados se reconozca la fiesta taurina como patrimonio cultural inmaterial y se salvaguarde para el futuro dicha tradición.

5. Que además de lo anterior y aunado a que el Centro Histórico de nuestro Estado ha sido designado por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad por su arquitectura colonial, principalmente por el Acueducto, obra que como sabemos es debida a Don Juan Antonio de Urrutia y Arana Pérez de Inoriza y Echávarry, Marqués de la Villa del Villar del Águila y Caballero de la Orden de Alcántara; las tradiciones y costumbres arraigadas desde hace tanto tiempo, deben preservarse y promoverse para que sigan siendo parte de la identidad de los queretanos.

6. Que la fiesta de los toros en Querétaro, junto a otras históricas costumbres y tradiciones, es producto de la mezcla cultural de dos sociedades, la española y la mexicana, que se identifican en una mezcla de gozo y respeto a las fiestas y tradiciones.

7. Que en el Estado, la tauromaquia ha sentado sus bases de forma más sobresaliente que el resto del País, ello con la inclusión de la crianza, además del desarrollo de los conocimientos científicos y empíricos sobre la estética de los toros de lidia. Muestra de ello, son las ganaderías que han encontrado en nuestra Entidad las mejores condiciones para la prosperidad de los toros de lidia, posicionándose como el segundo estado en el País con más ganaderías y, por lo tanto, con más tradición taurina que el resto; en este sentido se destacan las 32 principales ganaderías, siendo las de Antonio Guzmán Barralva, Camino Real, Carlos Castañeda, Dos Ríos, El Batán, Garfias, Gonzalo Iturbe, Jaral de Peñas, Jorge Haro, José Barba, Julián Hamdam, La Gloria, La Muralla, La Venta de Romero, La Venta del Refugio, León Sergio González, Lebrija, Lecumberri Hermanos, Los Cues, Los Encinos, Magdalena González, Ordaz, Peña Bernal, Rogelio Rosales, San Martín, Santa María, Teófilo Gómez, Tepeyahualco, Villa Mayor, Villar del Águila y Xajay entre otras.

8. Que dichas ganaderías han aportado a la fiesta taurina innumerables e inmejorables ejemplares que permiten al torero lucir todo su esplendor y aunque no se tiene datos exactos para asegurar desde qué fecha las haciendas de Querétaro se dedicaron a la crianza de ganado bravo, podemos estar seguros de que esta actividad debió estar presente desde finales del siglo XVI o inicios del siglo XVII.

9. Que de acuerdo a datos históricos narrados por el M.V.Z. Carlos Alberto Vega Pérez, en su obra ¡Yo sé de toros!, es a partir de 1680 cuando Don Juan Caballero y Osio, agregó a los festejos taurinos la costumbre de donar toros muertos a los conventos, hospitales y cárceles; además dicha tradición fue acogida por el clero, pues durante la consagración de la iglesia de la Orden de la Congregación de la Virgen de Guadalupe, en el año de 1680, se lidiaron varias corridas de toros de la ganadería de Don Juan Caballero y Osio. Así, también, para conmemorar la entrada del agua de los socavones a la ciudad, a través del famoso Acueducto, en el año de 1737, se celebraron varios festejos, entre ellos, corridas de toros. Posteriormente, en la inauguración de La Alameda, en el año 1797, también se tuvieron festejos taurinos; estos eventos se llevaron a cabo en la “Plaza Grande” que estaba ubicada en el gran atrio de la iglesia de San Francisco, en pleno centro de la ciudad; luego, años más tarde, enfrente de la entrada principal de La Alameda, se construyó una plaza fija conocida como “Calle de la tauromaquia”. Así, pues, para el año de 1870, fue construida la primera plaza de cal y canto, ubicada en lo que actualmente son las calles de Andrés Quintana Roo y Avenida del 57, conociéndose con el nombre de Plaza de Occidente y fue propiedad del Sr. Silvestre Méndez. Luego, en el año de 1898, fue construida la famosa Plaza Colón en la actual calle de Zaragoza, entre las calles de Allende y Colón, plaza que fue escenario de gran cantidad de corridas de toros, donde las ganaderías queretanas, así como las de casi todo el País, enviaron sus encierros para que fueran lidiados por toda la baraja de toreros mexicanos y españoles de la época. Fue entonces que el 22 de diciembre de 1963, Don Nicolás González Jáuregui puso en operación la actual “Plaza Santa María”, la cual tiene una capacidad para 10,000 espectadores, además de que es una edificación de gran belleza arquitectónica. Asimismo, con el ánimo de no quedares atrás, los Hermanos Torres Landa, inauguraron el 5 de mayo de 1988 la bellísima plaza de “Provincia Juriquilla”, donde también se han presentado carteles de magnífica importancia.

10. Que aunado a la importancia cultural histórica que tiene la fiesta de los toros en Querétaro, hoy en día es una tradición que debe perpetuarse.

11. Que actualmente, además de la capital, en el 80% de los municipios de nuestra Entidad se pueden encontrar sitios adecuados para llevar a cabo una corrida de toros.

12. Que hoy en día, en Querétaro están surgiendo toreros y criándose toros de talla internacional; ejemplo de ello el Matador Octavio García González, mejor conocido como “El Payo” quien al inicio de la temporada grande de este año, en la Plaza de Toros México, salió victorioso tras la lidia de un toro producido por una ganadería queretana, la de Barralva.

13. Que desde el punto de vista económico, es importante reconocer la contribución de la fiesta de los toros al Estado. Es una derrama importante que contribuye al sostenimiento de muchas familias, pues de manera indirecta la fiesta brava produce empleos para el personal que labora en restaurantes, valet parking, taxis, hoteles e incluso para los artesanos que con el objetivo de vender sus productos y servicios se acercan a los sitios donde se llevan a cabo las corridas de toros.

14. Que es indubitable que la tauromaquia representa una parte importante en la cultura queretana, por lo que es de suma importancia que la misma sea declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de nuestro Estado.

15. Que de acuerdo a la Constitución Política del Estado de Querétaro, la cultura de los queretanos constituye un bien irrenunciable y un derecho fundamental, por ello, se deberá proteger el patrimonio y las manifestaciones culturales.

16. Que aunado a lo anterior, las autoridades, con la participación responsable de la sociedad, promoverán el rescate, la preservación, el fortalecimiento, la protección, la restauración y la difusión del patrimonio cultural que define al pueblo queretano, el cual es inalienable e imprescriptible.

 Por lo expuesto, la Quincuagésima Séptima Legislatura del Estado de Querétaro expide el siguiente:

 DECRETO POR EL QUE SE DECLARA A LA FIESTA DE TOROS PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DEL ESTADO DE QUERÉTARO.

 Artículo Primero. La Quincuagésima Séptima Legislatura del Estado de Querétaro, decreta a la Fiesta de Toros Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Querétaro.

Artículo Segundo. Que para efecto de mantener y promover el patrimonio cultural inmaterial de la fiesta taurina, se establece el tercer fin de semana del mes de mayo para la celebración de un festival taurino en Querétaro, que conmemore esta tradición. 

TRANSITORIOS 

Artículo Primero. Este Decreto entrará en vigor al día siguiente de su aprobación por el Pleno de la Quincuagésima Séptima Legislatura del Estado de Querétaro.

Artículo Segundo. Remítase el presente Decreto al titular del Poder Ejecutivo del Estado, para su conocimiento.

Artículo Tercero. Envíese al titular del Poder Ejecutivo del Estado, para su publicación en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado “La Sombra de Arteaga”.

 LO TENDRÁ ENTENDIDO EL CIUDADANO GOBERNADOR CONSTITUCIONAL DEL ESTADO DE QUERÉTARO Y MANDARÁ SE IMPRIMA, PUBLIQUE Y OBSERVE.

DADO EN EL SALÓN DE SESIONES “CONSTITUYENTES 1916-1917” RECINTO OFICIAL DEL PODER LEGISLATIVO DEL ESTADO DE QUERÉTARO, A LOS CATORCE DÍAS DEL MES DE DICIEMBRE DEL AÑO DOS MIL DOCE.

 A T E N T A M E N T E

QUINCUAGÉSIMA SÉPTIMA LEGISLATURA

DEL ESTADO DE QUERÉTARO

MESA DIRECTIVA

 DIP. BRAULIO MARIO GUERRA URBIOLA

PRESIDENTE

Rúbrica

 DIP. DIEGO FOYO LÓPEZ

SEGUNDO SECRETARIO

Rúbrica 

Lic. José Eduardo Calzada Rovirosa, Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro, en ejercicio de lo dispuesto por los artículos 22 fracción I, 23 de la Constitución Política del Estado de Querétaro y 8 de la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo del Estado de Querétaro; expido y promulgo el presente Decreto por el que se declara a la Fiesta de Toros Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Querétaro.

 Dado en el Palacio de la Corregidora, sede del Poder Ejecutivo del Estado, en la ciudad de Santiago de Querétaro, Qro., el día diecisiete del mes de diciembre del año dos mil doce, para su debida publicación y observancia. 

Lic. José Eduardo Calzada Rovirosa

Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro

Rúbrica 

Lic. Jorge López Portillo Tostado

Secretario de Gobierno

Rúbrica[1] LA SOMBRA DE ARTEAGA_Nº 77_18.12.2012_PORTADA

 Portada de la edición digital de este periódico oficial.

    Para terminar, y luego de todos los razonamientos, llama poderosamente la atención una cosa: Al elaborar los argumentos que dan respaldo a dicha declaratoria, se puede observar que la presencia de historiadores en Querétaro para dar fundamentos a este tipo de testimonios o es nula, o está marginada a un número reducido que todavía no tiene presencia, lo que indica el “bajo perfil” de estos “colegas” y profesionales que, por la naturaleza y forma de expresión que manifiesta la fiesta de toros en ese estado, a esta hora ya deberían estar presentes, haciendo valer su categoría con las investigaciones y publicaciones respectivas.

   Finalmente, cabe preguntarse: ¿Quién sigue en este proceso para afianzar y afirmar su legítima pretensión ante la UNESCO? 

20 de diciembre de 2012.


[1] La Sombra de Arteaga. Periódico oficial del gobierno del estado de Querétaro. Tomo CXLV, Santiago de Querétaro, Qro., 18 de diciembre de 2012, Nº 77. (p. 17780-17782).

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EDITORIAL. VUELTA AL ENGAÑO…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Una vez más, ahora en la plaza de toros “México”, se consumó otro engaño, a la vista de miles de testigos que fueron presenciando la materialización de un fraude. ¡Novillos por toros! Evidentemente y como ya va siendo costumbre, no habrá examen post mortem, salvo que ahora apliquemos los aficionados o ciudadanos, la petición de dicha prueba científica a través, por ejemplo, del IFAI, en espera de que así se nos haga caso.

   Autoridades sin autoridad, manirrotas, sin ganas de aplicar el reglamento en vigor, ya sea porque este no tiene suficientes alternativas legales para darle poderes al juez de plaza, o es que esta figura se está viendo sometida por la autorregulación que impone la empresa.

   En ese sentido, diría uno en términos de la dignidad ausente que ¡no se vale! todo lo que vienen haciendo los principales actores, protagonistas o participantes que intervienen directamente en la celebración del espectáculo taurino en este país. Desde las más altas esferas y hasta el componente más marginal en nuestra sociedad, hoy día en que apenas se ha iniciado un sexenio más, la desilusión es uno de los factores que invaden nuestra percepción. Si lo que ha ocurrido o viene ocurriendo en los más recientes gobiernos es espejo de lo que pasa en lo más tangible o descarnado de nuestra realidad, esto nos llena de desaliento. Y tal efecto lo percibimos directamente en el ambiente taurino que no alcanza su auténtica madurez en este país. Recordemos que en el sexenio de Salinas de Gortari se pretendió posicionar a México en los países del primer mundo. Más tarde se reconocería que esto era imposible, de ahí que sigamos siendo, más para mal que para bien, un país subdesarrollado, y parece que ese comportamiento, dicha patología funciona a las mil maravillas en la cosa taurina.

   De verdad, ¡qué pena!

   ¿Qué pretenden todos los partícipes en la organización de los festejos taurinos en el país? ¿Desprestigio? ¿Condiciones precisas para ensoberbecer a los contrarios, y darles, por tanto elementos para consumar sus propósitos, que no son otros que acabar con las corridas de toros?

   A este paso, eso no tardará mucho.

   Es lamentable que los principales motores que mueven el espectáculo, y por tanto el negocio, los ingresos y los egresos. En una palabra: la dinámica financiera se mueva con una mentalidad que no corresponde con la realidad de unos tiempos como los que corren. Imperan diversos criterios establecidos por la modernidad, por la globalización. Y gusten o no, pero el hecho de que ahí están y se han convertido en la amenaza latente en muchas sociedades. Ya se sabe, la tauromaquia es una diversión popular con fuerte carga de elementos anacrónicos que, de quererlo, pueden convivir o cohabitar con el progreso. Pero buena parte de los hechos siguen viéndose manufacturados como si se tratara de aquello que ocurrió cobijado por la informalidad, el relajamiento y la mínima condición de pretender y acometer negocios malsanos, irregulares, truculentos y lo que es peor, asquerosos.

   Con esa forma de pensar o de actuar no se llega a ninguna parte y la única garantía es que el producto o sus resultados sigan siendo esta suma de irregularidades, muchas veces en la inminente frontera con el fraude, si no es que rebasan ese límite y ocupan sin mayor problema dicho territorio, en donde sin el menor miramiento sus involucrados parecen no enterarse de que han logrado cumplir con el desagradable propósito de no pretender, ni siquiera con un poquito de dignidad, hacer las cosas ya no digo con el profesionalismo teórico y pragmático más deseable, sino cobrando conciencia de que metidos en un negocio el hecho es mantener cautiva a una clientela, satisfecha por los buenos resultados. Y los buenos resultados no afloran por ningún lado, o estos son aislados.

   Por ejemplo, la plaza de toros “México” tiene años, sí años, de que no se llena hasta “la bandera”. La empresa ha procurado tener en los festejos en torno al 5 de febrero como su “tabla de salvación”, pero aún así no ha logrado llegar a ese punto, con todo y que acude un público que no es precisamente el taurino, pero que debería serlo en la medida en que se le ofrece un espectáculo que lo atraiga una vez y otra también. Si esos miles de potenciales y nuevos aficionados no acuden al siguiente llamado es porque no les interesa, de ahí que quienes seguimos asistiendo seamos esos sectores reducidos que intentamos no fallar y no traicionar nuestro espectáculo. Pero como puede observarse, a quienes sí nos traicionan son esas partes perfectamente ubicadas en el entorno de la organización del espectáculo, que siguen empeñadas en ofrecer lo que en México decimos: “kilos de a ochocientos gramos”.

   Y es que sólo estamos pidiendo que si anuncian toros, toros deben aparecer en el ruedo, sin que quepa el menor índice de duda. Las figuras, los matadores de toros que para eso están, son quienes deben enfrentarlos y entonces tendríamos el resultado de una fiesta en todo su esplendor. Pero cuando al anuncio de toros, aparecen novillos y al anuncio de matadores de toros estos tienen que rebajar su categoría profesional para convertirse en novilleros. Y lo que es peor, en consumar un engaño, eso es lo que ya no puede permitirse.

   Que las empresas tienen que hacer un esfuerzo y adquirir toros o novillos –según el tipo de espectáculo que organicen-, es su obligación. Que las autoridades deben aplicar las normas, el reglamento y todos los criterios pertinentes para que el desarrollo de la corrida de toros o la novillada sea el mejor es un deseo de muchos. Que la prensa debe cumplir un papel de información, de guía y tutela en plan absolutamente imparcial es también parte de ese proceso de lo deseable y no de la afinidad condicional que existe en muchos casos, lo que impide tener respeto hacia muchos de estos que debiendo ser periodistas, sólo son informadores.

   Que estamos a la espera de que los ganaderos ofrezcan la materia prima en toda su dimensión y no remedos. Ya vemos que el papel de los “veedores” es dañino y que habiendo toros en el campo lo que se ofrece en la plaza no corresponde con la realidad, pero tampoco con la dignidad y respetabilidad del “ganadero-señor” que todos quisiéramos. Son tan pocas las excepciones…

   ¿Hasta cuándo tendremos una maquinaria taurina que trabaje de manera más armónica, equilibrada, con capacidad suficiente de alejarse de todo mal?

   A las clara se percibe que hay muchas en este país, y que tienen una mentalidad emprendedora, positiva. En los toros, esos criterios parecen no existir. 

12 de diciembre de 2012.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Con bombo y platillo anuncian en forma por demás riesgosa, un festejo que se desarrollará el próximo sábado 8 de diciembre en la plaza de toros “Armillita” de Saltillo, Coahuila. Si no han visto los “pavos” que van a lidiarse allí, y que pertenecen a Real de Saltillo, pueden ustedes apreciarlos a continuación: LOS DE REAL DEL SALTILLO...

Disponible diciembre 4, 2012 en: http://www.torosenelmundo.com/noticias.php?id_noticia=3029

   No hay ninguna necesidad de que se engañe a la afición saltillense, como lo pretenden quienes se encuentran detrás de todo este asunto. Una y otra vez se ha repetido aquí, y en otros sitios donde suele haber independencia de opinión, que no se entiende la forma en que muchas empresas siguen empeñadas en organizar espectáculos taurinos sin la materia prima adecuada.

   La terna se encuentra formada por: Arturo Macías El Cejas, Pedro Gutiérrez El Capea y Juan Pablo Sánchez. Temo que, consumado el engaño, los tres espadas queden considerados como novilleros, y no matadores de toros, que para eso entonces, hay un abismo considerable. “Fraile Mostén, tú lo quisiste, tú te lo ten…”

   En este país que sigue siendo de notorios atrasos y subdesarrollos se vuelve a demostrar una vez más la forma en que pueden organizar un festejo y donde desde la empresa, pasando por el propietario del ganado y hasta las autoridades y la prensa –quien quiera entrar en el círculo vicioso-, van a festinar el hecho de que se está haciendo fiesta, y de que contribuyen con su trabajo y su esfuerzo en los propósitos de la deseada mejoría de la calidad del espectáculo, así como de sus posibles intenciones en sumarse a todo aquel otro esfuerzo, ese sí quizá realizado con un poquito más de dignidad, y cuya sola intención es la de buscar se reconozca a la fiesta como patrimonio cultural inmaterial, lo que no es poca cosa, desde luego. Ello implica la cabal demostración de que quienes participan en toda la celebración de un espectáculo deben hacerlo pensando y orientando sus esfuerzos en lo que todavía no se da en términos de excelencia en este país: la calidad total. Y no estoy diciendo o alentando que las corridas de toros pasen por el proceso de certificación –lo que por otro lado es absolutamente imposible, dada entre otras cosas, su condición de elementos intangibles que intervienen en su puesta en escena-, de una ISO9000, 2000 por ejemplo, sino que impere el sentido común, el de querer hacer bien las cosas. Por eso las plazas de toros no se están llenando, la afición no encuentra los suficientes elementos para acudir de manera entusiasta, aún pagando lo que tenga que pagar por ver un buen espectáculo.

   Ya que ha sido posible mostrar la materia prima, es curioso ver el resultado, como lo fueron estas imágenes, donde prácticamente la cámara se cierra sobre el objetivo (o las imágenes fueron editadas y recortadas en su punto más justo, para mayor apariencia del ganado),  que son esos ejemplares a los cuales yo no llamaría precisamente TOROS, así con mayúsculas, pues no lo son, evidentemente (esperemos que, en la medida de que apliquen el reglamento estatal correspondiente, si es que lo quieren aplicar, se tenga evidencia clara y científica de sus edades, para evitar toda sospecha).

   Enoja, y mucho la terquedad de varias organizaciones en su conjunto. de seguir por la senda menos indicada. Por eso insisto, los aficionados no se “retratan” en las taquillas. Mi ejemplo, del que he insistido no una, sino varias veces, es el mejor contrapeso de comparación. Veamos.

   Si en el Auditorio Nacional por ejemplo, anuncian en algún momento una “corta temporada” de 3 o 5 conciertos de algún artista de moda, la certeza asegura que dicho espacio se llenará durante las 3 o 5 ocasiones, a pesar de los costos elevados en que se vende el boletaje. Eso significa que la empresa encargada de ofrecer tales espectáculos busca garantías de que la gente vaya, se llene el auditorio y salgan a gusto luego de haber visto una representación que compensa el valor de cualquiera de las localidades. Pero en la fiesta de los toros, muy pocos tienen una visión así y hasta lo llevan a uno a imaginar que lo hacen de manera deliberada o mal intencionada, o de plano no lo saben hacer. Por eso es tanto nuestro insistir en que para hacer un poquito mejor las cosas, vale la pena un esfuerzo más. Y ya verán, lo demás se va a dar por añadidura.

   Ahora bien, si pretenden insistir, como se puede notar en este caso concreto en Saltillo, Coahuila tal situación significa que el respeto al público vale bien poco. Que el respeto a una tradición también, y que todo lo demás simple y sencillamente se queda o podría irse a la deriva.

   Señores, por favor ya no insistan.

   Por lo que más quieran: hagan las cosas como lo manda, al menos el sentido común.

   Tanto va el cántaro a la fuente… hasta que se rompe.

4 de diciembre de 2012.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El año de 2011 fue, para México, especialmente crítico, pues se vivió una de las sequías más extremas de que se tenga memoria, lo que ocasionó daños irreversibles, sobre todo en el campo, de ahí que cosechas y ganados sufrieran tremendo golpe, así como sus propietarios, quienes tuvieron que adaptarse a uno más de los nuevos efectos del cambio climático. Hoy día, superada y en parte estabilizada dicha crisis, permite a todos aquellos afectados fincar esperanzas de recuperación, cosa que tomará, en algunos casos, buen número de años.

   En circunstancias muy parecidas, sólo que desde la cosa taurina, todo parece indicar que con lo que viene aconteciendo en la plaza de toros “México”, se salvará –en buena medida-, esa otra sequía, la de valores que no se veía desde hace un buen rato.

   Todo parece indicar que comienzan a vislumbrarse sólidas esperanzas al ver desfilar a una serie de toreros que están dando la “nota” en la actual temporada capitalina. Desde luego, este balance sólo corresponde a los primeros festejos, lo que no significa tener la visión de conjunto, sino apenas un porcentaje, mismo que servirá más adelante para las conclusiones. Sin embargo, allí están Alejandro Talavante, Daniel Luque, “Morante de la Puebla”, José Mauricio, “El Juli”, Arturo Saldívar y Diego Silveti. De seis carteles restantes, ya se dará razón más adelante, e incluso, de esos nombres dependerá lo que pueda ocurrir en la segunda etapa de la temporada, a punto de ponerse en marcha a partir del domingo 13 de enero de 2013.

   Lo que interesa también es todo aquello que resulte con la comparecencia de otros tantos encierros faltantes: Marco Garfias, Marrón, Villa Carmela, Rancho Seco, La Punta y San Mateo, en espera de que su presentación represente alientos de esperanza, no sólo en cuanto al trapío y la edad que todos esperamos, sino a su juego. Lo que sí ha quedado en duda es el papel y desempeño de los jueces de plaza, que no han mostrado rigor, sino que, a la hora de resolver sobre la marcha los diversos conflictos o situaciones que se han dado durante los primeros seis festejos ese ejercicio ha dejado mucho que desear, lo que ha causado sospecha de sus capacidades. No es posible que ante lo manirrotos en sus otorgamientos de orejas que no se corresponden con ciertas faenas y labores de los toreros, tengan que “doblar las manos” en cuanto el público reacciona en forma por demás irreverente. Allí está el caso de la concesión de una vuelta al ruedo al tercer ejemplar de Los Encinos lidiado este último domingo, y donde inicialmente la decisión de la autoridad fue la de arrastre lento. Si los jueces no asumen su verdadero papel, el que les ha conferido la delegación Benito Juárez, luego de la sugerencia que, para el caso haya hecho del mismo la Comisión Taurina del D.F., no estamos en consecuencia ante nadie que sea confiable. También es de esperar una mejor postura a la hora de aprobar los encierros y en su caso, de ser necesario, la aplicación del reglamento en aquella circunstancia que tiene que ver con el examen post mortem. En la medida en que la Autoridad, así con mayúscula, demuestre su presencia es posible que el desarrollo del espectáculo encuentre una mejor razón de ser.

   Con el desenlace de este 2012, y en el territorio estrictamente taurino apenas empieza a levantarse algo bueno de la cosecha que como bien decía al principio de estas notas, resulta ser espejo de una prolongada sequía, aquella en la que a pesar del empeño de cierta maquinaria publicitaria o mediática intentan decirnos sobre las maravillas de tal o cual torero, pero el hecho es que un refresco con aires de renovación le vienen muy bien a un espectáculo que ha estado de capa caída. Y no es para menos. La crisis mundial también ha sido un factor macro que ha afectado los sistemas de funcionamiento en el espectáculo, no sólo en nuestro país. También en Europa, en centro y Suramérica. A ello debe agregarse el sistemático propósito de los contrarios en seguir alentando, desde su trinchera, la posibilidad de que las corridas de toros sean eliminadas. En nuestro frente, se hace algo, no del todo equilibrado y organizado, lo que demuestra fuertes señas de debilidad, más que de articulación con lo que puedan quedar garantizadas una serie de circunstancias que le den ese toque de permanencia. En opinión de algunos especialistas se ha llegado a una idea que compartimos: la fiesta de toros se va a morir en algún momento. Dejémosla morir dignamente, pero no forcemos su agonía, no apliquemos ningún procedimiento en que puedan quedar desconectadas esas posibilidades artificiales de prolongar la vida, o de acelerarla con el procedimiento de la eutanasia. Como parte de un proceso natural, la fiesta de los toros nace en algún momento, se desarrolla a lo largo de muchos siglos y tiende a morir, que no es eterna. ¿Cuándo va a ocurrir esto? No tenemos ninguna certeza.

   Por estos días salió publicada una nota en La Jornada (Ciencias) que nos dice que “Expertos creen posible medir cuánto tiempo vivirá una persona”, y esto a través de la prueba de sangre para determinar la velocidad del envejecimiento.[1] Si tal procedimiento científico fuese posible aplicarlo en el caso de una representación ritual tan antigua como lo es la tauromaquia, y si de todo esto tuviésemos el diagnóstico en nuestras manos, así nos quedaríamos más tranquilos. Hasta dónde llegue la extensión natural de la vida de la tauromaquia seguirá siendo un misterio.

   Sin embargo, y para terminar, no es válido que según ciertas acciones, deliberadas o no. Intencionadas o no también, sirvan como razones específicas para su más pronta eliminación, sea desde el interior o desde el exterior del territorio emblemático de la tauromaquia. El que ocho países sigan detentando y conservando ese patrimonio, ese legado no es ninguna casualidad. Tal representación permeó en sus culturas, estas hicieron suya sus representaciones y significados, de ahí que sea conveniente conservar, hasta donde sea posible el profundo lenguaje de sus raíces, relacionadas todas con un ritual que es el gran aglutinador de una suma y entrecruzamiento de otras tantas culturas a través de los siglos.

 28 de noviembre de 2012.


 

[1] La Jornada, Nº 10169, del martes 27 de noviembre de 2012. La Jornada de enmedio. (Ciencias), p. 2a.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La temporada taurina 2012-2013 en la ciudad de México comienza a dejar sus primeros balances.

   Uno de los puntos primordiales tiene que ver con la ausencia de materia prima. Toros, en su calidad de ganado con la edad que establece el reglamento, amén de su impecable presentación, arboladura y demás dones que la naturaleza provee a esta raza animal, no han sido denominador común. En otro sentido, y salvo que quede demostrado lo contrario con exámenes post morten, la edad de dichos ejemplares, en la mayoría de los casos queda en duda, bajo sospecha de que no están cumpliendo con aquello que se indica en el artículo 36 fr. II: “Haber cumplido cuatro años de edad, no pasar de seis y estar inscritas en el Registro Obligatorio de Edades de los Astados; (…)” Y me refiero al reglamento que en la actualidad se encuentra vigente, con fecha del 25 de octubre de 2004.

   En la medida en que todo el esquema en que se desarrolla seleccionar, enviar y aprobar el ganado en esta plaza no se lleven a la práctica con idea de ofrecer calidad, seguiremos, como hasta ahora, viendo un remedo de novillos por toros. Insisto, si entre el hecho de que –y esto lo marca el art. 28-: “Para lidiar corridas de toros o novilladas en el Distrito Federal, las reses deberán estar inscritas en el libro denominado Registro Obligatorio de Edades de los Astados. Dicho registro será llevado por la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, conforme a las disposiciones legales y reglamentarias aplicables y bajo la supervisión de la Delegación.

   “En el Registro Obligatorio de Edades de los Astados, la Asociación llevará un estricto control de las nacencias de éstos, mismo que especificará el día, mes y año en que haya tenido lugar su nacimiento, el número con que se herró a cada animal, su pinta al nacer, muescas y señas particulares.

   “Para efectos de su anotación en el Registro, la ganadería deberá proporcionar información a que se contrae el párrafo anterior a la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, dentro de los treinta días posteriores a la fecha en que las reses fueron herradas. El herradero deberá realizarse dentro de los ocho meses siguientes al nacimiento de la res. Dicho periodo se podrá aumentar por cuatro meses adicionales, previa autorización de la Asociación.

   “La Asociación proporcionará a la Delegación un duplicado del libro o documento en que conste el Registro Obligatorio de Edades de los Astados y lo mantendrá debidamente actualizado”.

   Un fenómeno que preocupa es la falta de casta, de raza. Por ende, de bravura. Hasta ahora, están saliendo ejemplares con una preocupante ausencia de estos importantes ingredientes que posibilitan a un toro contar con tales requisitos, que además serían particularmente difíciles de darse si para ello no participa el ganadero de “reses bravas”. El toro per se, en tanto animal gregario se defiende, pero debe venir precedido de ciertos procedimientos en los que, la participación del criador es fundamental puesto que al intervenir ciertos procedimientos de domesticación, es allí donde se esperaría que van de por medio esos conocimientos de cruza, de “reatas”, de genética sólo entendible a la luz de sus conocimientos, y de otros datos acumulados en las cotidianas experiencias del campo.

   Papel fundamental en todo esto, al margen de los aciertos o desaciertos de la empresa y su veedor de confianza, es el que defina el Juez de Plaza, acompañado de los médicos veterinarios zootecnistas, que para eso están, para generar un diálogo y toma de decisiones, en el entendido de no afectar los intereses de los aficionados que pagan, y pagan mucho por ver un espectáculo en el que si no hay este tipo de certezas o de golpes de confianza, seguiremos manteniendo nuestra sospecha, y tendremos entonces que alzar la voz en tono de protesta para pedir que apliquen no solo el reglamento, sino hasta el sentido común. Informes recientes nos hablan de que cada juez “tira para su lado” y no tiene o no guarda ninguna semejanza en cuanto al criterio que debe establecerse para la aplicación, por ejemplo, del examen “post morten”, como lo indica el art. 9, fr. IV:

    “Practicar el examen post mortem, a petición del juez de plaza a las reses lidiadas, en el lugar adecuado que para tal efecto proporcione la empresa dentro de las instalaciones de la plaza.[1]

   “Para efectos del párrafo anterior, el médico veterinario asegurará las reses inmediatamente después de haberse lidiado, y practicará el examen ante representantes de la autoridad, ganadería y empresa, entregando resultado de los mismos a la Delegación, a la Comisión (Taurina) y copias a la empresa y al ganadero.

   “Durante la práctica del examen post mortem, el médico veterinario deberá comprobar que sus astas no hayan sido objeto de alteración artificial o que las reses no hayan sido sometidas a tratamiento o maniobra que hubiera disminuido su poder o vigor y hacer constar su dictamen por escrito, anexando las astas de los toros que se presuma fueron manipuladas”.

    Lamentablemente no queda claro si el examen incluye, aunque eso me parecería en lo personal un hecho básico, comprobar a través de los anillos de la cornamenta o de la dentición la edad de cada res que haya sido lidiada y, en este caso, revisada para comprobar vs. Registro Obligatorio de Edades de los Astados la que presente al momento de practicarse el examen.

   Cuando fui uno más de los integrantes de la Comisión Taurina del D.F., hace poco más de una década, nos enfrentamos a diversos casos de esta naturaleza. Lamentablemente puedo decir que en aquel entonces, esperando contar con el apoyo de la Delegación Benito Juárez, lo que hicieron ciertos funcionarios es canalizar la situación o el caso de sospecha a la Jefatura de Gobierno del D.F. Enterada esta instancia, lo único que tenía por resolver es “regresarnos” a la Delegación. Es decir, el asunto se quedó como el “jamón del sándwich”: Ni para allá, ni para acá.

   Si la autoridad delegacional asume, porque tiene que hacerlo, ese tipo de apoyo en casos de sospecha, es deseable que en tanto autoridad aplique su rigor y su presencia.

   Como se ve hasta ahora, el problema central del que parte la presente editorial es el toro, sin el toro simplemente no hay garantías de celebrar un espectáculo como lo establece la costumbre. Por lo tanto, la empresa, ganaderos y autoridades no nos van a sorprender a nosotros, los aficionados que tenemos muchos años de ver festejos y sabemos diferenciar o distinguir perfectamente cuando aparece un toro en la arena y cuando no. Pero si la empresa, ganaderos y autoridades quieren sorprender al resto de los asistentes, esto ya me parece un auténtico abuso de confianza. Así que seguiremos vigilantes del resto del desarrollo de esta temporada que sigue “pintando bastos” en eso de la ausencia de toros en el ruedo. 

22 de noviembre de 2012.


 

[1] Reforma publicada en la G. O DF. el 25 de octubre de 2004.

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EN UNA PALABRA: HACER VALER LA LEY.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   De cara al presente, me resisto abandonar el pasado ante la incertidumbre del futuro. Aunque parezca una frase para discurso demagógico o un simple lugar común, esta confronta esa especie de angustia construida por el hombre y su sociedad ahora que ya va concluyendo el año 2012.

   Ante tal escenario, la fiesta de toros en México presenta un estado delicado de salud. Y ya lo sabemos: todos, en una o en otra medida intervenimos para provocar ese daño irreversible que a la postre la lleva a sufrir tan lenta como terrible agonía.

   No soy vocero del fatalismo. En todo caso, analizo con atención los márgenes por donde transita esta entrañable espectáculo que, a mi parecer encontró, en el curso del siglo XX el caldo de cultivo para que un grupo de impostores y “bandidos” se aposenten en tronos de la dictadura y se impongan mandando a placer y capricho, aceptándolo complacientes unos –los más- y renegando de ello el resto –los menos-. Y así ha sido. Recuerdo aquellos casos de abuso que comenzaron a filtrarse desde la última época, la decadente, encabezada por Ponciano Díaz, quien impuso, como empresario sus tropelías, mismas que fueron cuestionadas y repudiadas primero por la prensa, que arremetió con todo su coraje e indignación, y la afición que también lo puso en jaque. Así comenzaba en nuestro país el vicio, el abuso, que fueron fomentándose y creciendo en calidad de sutileza y de descaro, en donde todas las armas, hasta las de la amenaza, la complicidad y el condicionamiento, entraron en juego.

   Quiero entender que el fondo de todo esto es garantizarse una seguridad económica vía el proteccionismo de parte no solo de los toreros, que son los que se juegan la vida, sino de aquellos que administran sus destinos. Enseguida viene ese otro radio de acción formado por el ganadero, el empresario y hasta las autoridades. El primero proporciona la materia prima idónea, el segundo la avala y el tercero la aprueba en medio de un mar de anomalías. La prensa, por su parte se comporta (toda aquella condicionada) bajo un servilismo que ofende, largando un discurso que no se apega a ninguna verdad, sino a aquella otra “verdad” que conviene a sus intereses. En tanto que el resto busca no dejarse someter, y lo hace con el escudo de su propio compromiso con la veracidad, sin más.

   Esa es, a mi parecer, la maquinaria que opera y de la cual padecemos todos quienes admiramos el grave estado de funcionamiento. ¿Qué tiene remedio? ¡Por supuesto que sí! Es necesario, primero, la congruencia de las partes afectadas, doblegar esfuerzos, mantener la calma en medio de tácticas inteligentes, dirigidas a esa perfecta maniobra del contraataque. Uno de esos primeros pasos se sustentan en la urgente necesidad de volver los ojos al reglamento taurino para establecerle un solo lenguaje, entendido por todos no para conveniencia de los menos y el perjuicio de los demás.

   El reglamento taurino sigue siendo un instrumento no compaginado con la realidad y si se debe sancionar a quien afecta, es porque existen los argumentos suficientes para hacer valer la ley. No hay más.

   Todo acto tiene un porqué, un procedimiento que lo lleva hasta su consecución, y si en el trayecto se registran desviaciones, estas deben corregirse con inteligencia uniforme, sin claudicar; y quien lo haga debe estar seguro de esa acción, hasta consumarla.

   En una palabra: hacer valer la ley, aunque suene reiterativo.

   La posibilidad de enderezar el barco cabe en dos razones de peso: la corrección del reglamento y la aplicación sensata de este por parte de los jueces. El toro, sin más, recuperaría su papel protagónico en el espectáculo. Lo demás vendrá por añadidura.

12 de noviembre de 2012.

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