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EDITORIAL.

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

¿ES HORA DE QUE RAFAEL HERRERÍAS DEJE LA EMPRESA DE LA PLAZA “MÉXICO”?

    Reflexioné durante varios días la elaboración de estas notas, debido al trasfondo que todos los planteamientos por desarrollar significan no sólo para la fiesta. También para este servidor, pues ello supondría arriesgar diversos escenarios que irían desde un ciberataque a esta plataforma digital hasta el de las amenazas, directas o indirectas, por lo que temo por mi vida. Y es que proponer que un empresario taurino como Rafael Herrerías debe irse, significa pedirle que lo haga en aras de dejar los destinos de este espectáculo público en mejores manos, con intenciones y propuestas de depuración y mejora, pues ha llevado a tal punto de depauperación la imagen de una organización y administración con pretensiones no de impulsar, sino de minimizar y devaluar temporadas cuyos balances no han sido del todo satisfactorios, en poco más de 20 años al frente de dicha empresa comercial.

   Luego de aquel otro periodo liderado por Alfonso Gaona, con actividad intermitente en los últimos años de su presencia al frente de la empresa, y donde también, como en todo hubo más cosas malas que buenas, era conveniente la renovación. Un largo tramo de tiempo en que estuvo cerrada la plaza, daba condiciones para que se recuperara su administración, de ahí que el gobierno del Distrito Federal dispusiera alentar una “Comisión Taurina” y crear, en paralelo un patronato, mismo que en fecha emblemática como la del 5 de febrero de 1989 significó recuperar la plaza como un espacio por entonces desperdiciado. Para el 28 de mayo siguiente apunta Jaime Rojas Palacios:

 (…) se anunció la corrida de reinauguración con “Manolo” Martínez, David Silveti y Miguel Espinosa con toros de Tequisquiapan, fungiendo como empresa el citado Patronato, integrado principalmente por Jesús Arroyo, José Huerta y Eduardo Azcué (…)[1]

    Para junio de 1990, ante un cúmulo de errores y desaciertos del Patronato de marras, vino la sucesión, misma que se desarrolló tras resolver el conflicto legal habido entre Alfonso Gaona y los propietarios de la plaza, desistiéndose aquel de la demanda impuesta en contra de estos, de tal forma que la empresa Cosve, S.A.:

 (…)celebra un contrato con Televisa [ya desde entonces Televisa, N. del A.], para que bajo su patrocinio, la empresa Alfaga, S.A. de C.V. maneje la plaza México por varios años (cinco años fijos y cinco opcionales). ¿Qué quiere decir Alfaga? Las malas lenguas dicen que: “Al Fuego Alfonso Gaona”, pero váyase a saber…![2]

    Y nuestro autor de referencia recuerda que

    Al no satisfacer a Televisa los resultados financieros obtenidos por la administración de Francisco “Curro” Leal [quien fue en aquellos años el empresario por parte de Alfaga, S.A. de C.V., N. del A.], éste es dado de baja como gerente de Alfaga. Lo sustituyo el MVZ Rafael Herrerías Olea, quien entra en calidad de socio –no de empleado (así lo dio a conocer en su comida de presentación)- a manejar la México, aunque siempre bajo la férula de Televisa, presidida por el señor Miguel Alemán Magnani y como asesor, el siempre mandón de la Fiesta, “Manolo” Martínez.

   El debut del flamante empresario tuvo lugar el 23 de mayo de 1993, día en que inaugura su primera temporada de novilladas, con Federico Pizarro, Alfredo Becerra “El Conde” (a ver si ya encuentra un apellido que le acomode), y Juan Pablo Llaguno con reses de Javier Garfias.[3]

    Frente a ese estado de cosas, la acumulación de buenos resultados parece escasa, sobre todo por el hecho de que en esas dos décadas sólo se ha consolidado una “figura” –que no nuevo “mandón”- en la persona de Eulalio López “El Zotoluco”, quien recientemente se encerró con seis ejemplares de diversas procedencias. La impronta de aquel acontecimiento no fue capaz de dejar “recuerdos imborrables”.

   Lamentablemente debe mencionarse el cúmulo de circunstancias que han causado el deterioro que aquí se enfatiza, y una de ellas, pero la fundamental es que el ganado adquirido y lidiado, tanto en novilladas como en corridas de toros, ha guardado una significativa distancia entre lo que los “usos y costumbres”, junto con los criterios del reglamento taurino en vigor, y la respetable opinión de los aficionados podrían decir sobre la materia prima, la cual en casos aislados cumplió y ha cumplido con los requisitos, pero ha sido un común denominador que en la realidad no se corresponda una cosa con otra, de ahí que ese represente la principal caja de resonancia para producir desconfianza, pues de todo ello también se desprenden factores como el sometimiento que la empresa tendría sobre las “autoridades”, a quienes materialmente ha convertido en sus “empleados”, al punto de que quienes son propuestos y avalados desde la figura delegacional, con reglamento taurino de por medio, no signifique ningún riesgo para la empresa misma, que consuma sus propósitos de imponer, a base de caprichos (posiblemente también de amenazas), un ganado que finalmente termina siendo lidiado.

   Para colmo, y desde aquel escandaloso caso de los “toros” de Julián Handam, la publicidad fotográfica de los mismos en la prensa, materialmente desapareció, de ahí que la desconfianza sea mayor, ya que con esa limitante, los aficionados no tenemos forma de comprobar si el ganado a lidiarse visualmente tiene o no la presencia que supondría consumar nuestra decisión de pagar en taquilla por un “producto” que da certeza, para no vernos sometidos al lamentable punto de que “nos den gato por liebre…” o “paguemos kilos de a 800 gramos”.

   Lo anterior ha llevado al empresario a cerrar los tendidos generales cuando se celebran novilladas, ante las bajos, muy bajas entradas, ante las cuales no existe la aplicación de métodos solventes de aliento para que los aficionados se acerquen a la plaza. Entre otros: fijar precios más económicos en las entradas, retirar a los “cadeneros”…, crear campañas publicitarias lo suficientemente sólidas para que aficionados y aficionadas de toda la vida y otros en formación, tengan oportunidad de acudir no una, varias veces a distintos festejos, así como los niños.

   Cuando crece la sospecha, y es más que visible la mentirosa presencia de novillos o toros en el ruedo, hay dos caminos: rechazar un encierro o enviar a “examen post morten” los restos de aquellos ejemplares que crean la incómoda situación. Hasta hoy, no queda claro cómo en medio de diversas negativas, no se haya instaurado (y peor aún que no funcione) un laboratorio “ad hoc” en la propia plaza de toros, o que tales muestras no sean enviadas, por ejemplo a la Facultad de Medicina Veterinaria de la U.N.A.M. para contar con elementos científicos confiables. Pero ninguna de las dos instancias han prosperado como sería de esperarse.

   Por esta razón fundamental, el aficionado se está alejando de la plaza, por lo que el espacio ha venido mostrando de muchos años para acá una dolorosa imagen de abandono, tristeza y desconfianza, misma que la empresa ha pretendido “borrar” justo cuando fechas como la del 5 de febrero se convierten en “tablita de salvación”. Pero aun así, la plaza lleva muchos años de no registrar un lleno absoluto, como aquellos de “No hay billetes”: la reaparición de “Manolo” Martínez, o la consagración de Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea” con SAMURAI. También aquellas tardes, en 1982 y 1983, cuando actuaron Valente Arellano, “Manolo” Mejía y Ernesto Belmont. Como ven… “ya llovió…”

   El registro de bajas entradas a lo largo de muchas temporadas pondría a temblar a muchos empresarios que, por valientes o defensores de la fiesta no podrían con tremenda carga fiscal. Es curioso, pero sólo administradores como Rafael Herrerías han podido dar cara a semejante motivo de quiebra; no una, muchas veces. Para ello es de sentido común observar que el apoyo financiero no podría venir de otra empresa que no sea “Televisa”, misma que estaría encargándose de corregir una y otra vez pérdidas tan notorias.

   El deshonroso papel que ha jugado la autoridad en su conjunto en los más recientes festejos refleja otro más de los componentes de la autorregulación, y donde la autoridad misma, representada por la Delegación política “Benito Juárez”, en teoría apoyada a su vez por la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, simplemente se ha convertido en objeto de decoración, pero también para hacer fluir una supuesta legalidad, que al final se traduce en aprobación de encierros “bajo sospecha”, concesión de apéndices sin criterio y a destajo, otorgamiento de indultos bajo presión, sin aplicar criterios apropiados a semejante gracia, pero sí dando pie a fomentar el relajamiento en un caso histórico cuyos registros hoy día son abundantes, y cuya legitimidad se pone en duda.

   Esta empresa, pudiendo haber construido o impulsado figuras, no aplicó uno de los pocos métodos afortunados que puso en práctica Alfonso Gaona. Si mal no recuerdo, hay dos casos evidentes: Rafael Rodríguez y “Manolo” Martínez, a quienes repitió ininterrumpidamente hasta en casi diez ocasiones durante una temporada. Estuvieran bien o mal, cumplieran o no con la papeleta, el hecho es que al quedar programados para el siguiente domingo, suponía crear la expectación de rigor, así como garantizar llenos, cosas que ocurrieron en beneficio de la empresa, y de la fiesta también.

   Lamentablemente, el torero que hoy día triunfe en la “México” no tiene garantizada su inmediata repetición, como ocurre también en otro caso, como aquel donde ciertos toreros son “acartelados” para actuar en tardes de entre diciembre y enero de cada año, lo cual representa para la empresa, tener resuelta la situación relacionada con el “Derecho de Apartado”, y que en carteles como el que se celebrará el 4 de enero de 2015, prácticamente lo haga en forma masiva pero no en forma digna, como para salir del paso.

   Se venían esperando los carteles celebrados también entre diciembre y enero, pues eran notorios los encierros de mejor presencia y edad indudable que salían por la “puerta de los sustos”. Ahora, y faltando a aquella costumbre, se ha relajado también el panorama, por lo que sustentos de tal naturaleza vienen a debilitar aún más lo poco que queda de confiable en la imagen de la empresa capitalina.

   Decido publicar hoy este material en fecha que, por cercana a otra, podría haberse prestado a una broma de muy mal gusto (justo la del 28 de diciembre, día de los “santos inocentes”), la cual se presta a armar auténticas bromas. Pero los asuntos aquí tratados no tienen ninguna etiqueta como para “jugar”. Por su enorme seriedad y efecto producido a lo largo de poco más de 20 años, es preciso pedirle al actual empresario de la plaza de toros “México”, reflexione dejar el puesto al frente de dicha administración, pues como ha sucedido con los más recientes acontecimientos públicos de dura y dolorosa resonancia, trasciende la figura de funcionarios públicos que quedan sujetos al hecho de que si no cumplen con su función a las que les fue confiada tal responsabilidad. Y si no cumplen con su gestión, es la propia ciudadanía quien pide, demanda “¡Que renuncie!”

   A muchos aficionados nos parece que en un balance, apenas el suficiente para integrar esta EDITORIAL, los resultados de un trabajo llevado a cabo por la empresa de la plaza de toros “México” en esta temporada, dejan mucho que desear, y que abonan en el desprestigio de la fiesta de toros en nuestro país, justo en momentos en que se hace un esfuerzo para que la tauromaquia sea declarada patrimonio cultural inmaterial. Pero no habiendo elementos para ello, ¿con qué cara salimos a pretender defender esta expresión?

   Por todo lo anterior, esperaría una reacción importante de la prensa taurina, sobre todo de aquella comprometida con la honestidad, que en estos casos juega un papel mediático notorio. Sin embargo, somos los aficionados quienes tenemos que hacerlo ante la ausencia de dignificación que esperaríamos de un medio como el de la “prensa”. Lamentablemente, con las excepciones del caso, no creo que esto trascienda, y si trasciende es porque tenemos que decir un “¡Ya basta!” a tantos abusos que rebajan la calidad del espectáculo, hasta el punto de que la fiesta de los toros, por lo menos la que ocurre en la capital del país, pasa o vive un notable estado de deterioro que conviene depurar. De ahí que uno se pregunte si conviene, entre otras cosas licitar la fiesta y, tras la celebración de dicho asunto, los destinos del espectáculo queden en nuevas propuestas empresariales las que, sin romper con los esquemas más tradicionales de su representación, recuperen valores a punto de perderse en medio de marcadas y penosas circunstancias.

   Reitero mi temor personal ante lo que pueda significar la presente exposición, apenas la de un conjunto de asuntos que trascienden en la cosa pública, y que son tan claros como el agua, en medio de la circunstancia de un país que ha venido viviendo penosos capítulos, donde destaca la figura presidencial y de otros tantos funcionarios, así como por todos aquellos casos, como el de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que sigue sin ser resuelto, hagan que perdamos toda posibilidad de esperanza, ante quienes confiamos nuestro voto (o que no necesariamente lo hicimos, pensando en otras opciones), pero que la imagen de cada uno de esos funcionarios ha venido significando no solo no confiar, sino aplicar el beneficio de la duda hasta no ver los cambios que todos los mexicanos queremos para admirar un mejor país.

   Quedamos a la espera de los cambios y las mejoras.

25 de diciembre de 2014.


[1] Jaime Rojas Palacios. Los empresarios de toros. México, Olé Me-xhíc-co editores, 1996. 121 p. Ils., retrs., p. 82.

[2] Op. Cit., p. 88.

[3] Ibidem., p. 95.

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INDIGNACIÓN, RABIA, CORAJE…

EDITORIAL.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 I

   Indignación, rabia, coraje… son solo algunas reacciones de un pueblo que, como el mexicano se entera hoy de la tremenda noticia en la que se identifican restos de uno de los 43 de Ayotzinapa, y ahora lo que va quedando no es la resignación entre aquellos que han sido ofendidos; su respuesta, su valiente actitud es desconocer al gobierno de Peña Nieto por asesino; como así lo destacan aquellos padres de los estudiantes desaparecidos desde el 26 de septiembre.

II

    Esos y otros síntomas frente a la devastación, el deterioro, la corrupción han venido siendo un denominador común en un país que se hunde, en un país donde es necesario que ciudadanos como Agustín Gómez Pérez se haya inmolado para buscar, con esa extremosa medida la liberación de un familiar a quien le fabricaron delitos que no cometió. Terrible, demasiado terrible todo lo que de terrible pasa en México, donde el gobierno y todas sus estructuras se fracturan irremediablemente ante la respuesta frontal de la sociedad que ha reclamado, y sigue reclamando, a pesar de que sean ahora motivo de represión todas las movilizaciones sociales.

   Ese es el México que hoy, 6 de diciembre debió conmemorar orgullosamente la entrada de los ejércitos libertadores a la ciudad de México, hecho que ocurrió un 6 de diciembre de 1914, mientras por las principales calles de aquella urbe, desfilaban miles y miles de hombres que estaban encabezados en lo fundamental por los generales Felipe Ángeles, Francisco “Pancho” Villa y Emiliano Zapata.

   Son memorables un conjunto de imágenes que dan cuenta de aquel célebre acontecimiento. Manuel Ramos obtuvo una placa sin igual…

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 …donde el negativo impreso en el vidrio deja ver restos de una batalla contra el tiempo, pues se trata de una imagen craquelada, fracturada, prácticamente con buena parte de la gelatina ya desprendida, pero todavía legible, todavía visible, como para exaltar a dos de los personajes que mantienen y alientan el espíritu, la esperanza de muchos mexicanos en este aquí y ahora tan distinto al de hace un siglo, donde los anhelos eran otros, y donde parece que todo sigue igual… o peor.

 III

    Bajo la tensión de ese ambiente, también quisiera decir algo con respecto a la indignación que nos produce a muchos la celebración de esos festejos bajo sospecha, como el que sucederá la tarde de hoy en la plaza de toros “México”. Y digo que “bajo sospecha” por la simple y sencilla razón de que hasta el momento, se tiene “secuestrada” la información sobre la materia prima (a estas horas desconocemos si en los corrales hay una corrida de toros o un remedo), lo que indica que el ocultamiento podría culminar –una vez más-, en otro festejo cargado de engaños. Las reacciones comienzan a aparecer poco a poco en ciertos medios de comunicación (y no precisamente nacionales, sino internacionales), lo que produce incomodidad, pero sobre todo vergüenza pues ese gesto, de auténtico posicionamiento debería estar en marcha por parte de quienes detentan los medios de comunicación masivos en nuestro país.

   Si la ética en el periodismo es tanto o igual que el “juramento” de Hipócrates para los médicos, parece entonces que esa ética no hace su parte de manera natural y comprometida entre quienes la asumen, y la hacen suya con vistas a informar en forma imparcial. Ese sería el principio legítimo, honesto, cabal. Pero si la parcialidad termina por abarcarlo todo, hay que combatirla.

 7 de diciembre de 2014.

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 LA DEVALUADA IMAGEN DEL MÉXICO TAURINO EN EL EXTRANJERO.

EDITORIAL.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   De manera coincidente, dos importantes portales de internet: “OpiniónyToros.com” (http://www.opinionytoros.com/index.php) y esa otra opción de enorme calidad que se denomina “Taurología.com” (http://www.taurologia.com/) abordan en los días recientes un tema de esos que causan “pena ajena”. Me refiero al hecho que, desde sus miradas, las que se tienen desde fuera, pero tan necesarias desde adentro mismo del foco por el cual emana esa pestilencia que hacen evidente, es imposible entender cómo ha sido inútil la presencia de un frente común. Me refiero al que en estos precisos momentos debería estar en acción permanente, por parte de la prensa taurina mexicana. Y es que el análisis de una y otra referencia que ya he citado, dejan ver esa notoria y sospechosa ausencia de opinión, una opinión crítica, honesta, capaz de cuestionar todas aquellas acciones incorrectas que prevalecen en un medio absolutamente deprimido. Dicha condición no es natural, sino deliberada. Incluso, diría a modo de referencia, que es espejo de la triste realidad que vive el país, sobre todo de un tiempo para acá, en donde desde las mismas instituciones, comenzando por la del presidente de la república, están causando un deterioro al cual se suman desgracias como la de la desaparición de los 43 estudiantes de la escuela normal rural “Raúl Isidro Burgos”, en el municipio de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero. México y su ciudadanía manifiestan horror, pero también coraje por todo un conjunto de situaciones en donde la clase política se ve rebasada, en donde los grupos delicuenciales están a la alza. En donde la educación y opciones laborales dignas prácticamente han desaparecido. Todo lo anterior, reflejado en lo cotidiano nos viene marcando, y si ejemplos como esos, con sus mutaciones y adaptaciones respectivas en otras infraestructuras como la taurina operan de la misma manera, nos encontramos ante un sistema en descomposición.

   En el caso de “OpiniónyToros.com” se emite el siguiente despliegue de información:

OPINIÓNyTOROS.COM_05.12.2014

DIVISIÓN DE OPINIONES. 5 de diciembre. LA MÉXICO A DEBATE. [en línea], 2014, http://www.opinionytoros.com/division.php?Id=272 [consulta: 5 de diciembre de 2014]

Es más, en estos precisos momentos y si a usted lector le interesa, puede emitir su opinión. Pero lo que llama poderosamente la atención en este caso es el hecho de que en la sustancia de su encuesta, indiquen, con desaliento, y entre otras cosas que “No hay semana, no hay corrida, en la que se pongan de manifiesto ambos aspectos (presentación del ganado en la Temporada Grande y sobre la concesión de trofeos) que están rebajando sustancialmente el prestigio que antes tuvo el llamado “Embudo de Insurgentes”.

   Que yo sepa, un tipo de encuesta como la presente no la hay en los portales de información que se trabajan en mi país. Con ello entendemos que hay una “prensa” alineada, condicionada y sometida a los caprichos del poder, incapaz de mover una mano (ya no digo la conciencia) para detonar una evaluación en la que también se tome en cuenta la opinión de los aficionados. Eso se llama complicidad.

   Respecto al “Punto de vista” que, con mucho acierto ha divulgado el portal “Taurología.com”, cuyo responsable es el buen amigo y mejor periodista Antonio Petit Caro, el cual en su texto denominado “Los toros desde México: desmitificar las Américas”, cuestiona la suma de circunstancias que a la distancia generan en su opinión, opinión que resulta de las retransmisiones que “Canal + Plus” hace posible y donde es más que evidente todo el catálogo de elementos con los que es imposible no darse cuenta de todas esas cosas que suceden durante un festejo taurino, el cual ocurre no en una plaza de segunda o tercera categoría. No. Sucede en la mismísima plaza de toros “México”, considerada como de primera, pero con resultados de quinta categoría.

   El texto, que no tiene desperdicio alguno, plantea lo siguiente:

 Han perdido todo valor como referente taurino.

Los toros desde México: desmitificar las Américas.

 Las corridas de la Monumental de México DF que viene ofreciendo en la noche de los domingos el canal de pago han tenido una virtualidad: desmitificar por completo lo que hasta hace poco tiempo fue la Tauromaquia en el país hermano. La absoluta pérdida de respeto por el toro de lidia ha desembocado en una Fiesta intrascendente y sin peso alguno, que para colmo cada vez atrae menos público en una mayoría de las ocasiones. Y es que cuando al toreo se le quita su elemento esencial, que es el toro, todos acaba convirtiéndose en una pantomima, carente de todo valor. Ya ni en la “México” sale el toro.

 Actualizado 4 de diciembre 2014

 Redacción.

    Como testimonio resulta importante; como hecho taurino, decepcionante. Las retransmisiones que Canal + Toros viene ofreciendo en la noche de los domingos de los festejos en la plaza monumental “México” dejan en evidencia la distancia abismal que se da entre uno y otro lado del Atlántico, mayor casi la distancia puramente geográfica. Ya se sabía que el toro de las plazas americanas era otra cosa, con respecto al español. Lo que ha sorprendido es que sea tan poca cosa, incluso en la Monumental de Insurgentes.

   Cada vez son más las voces, entre ellas en número creciente las mexicanas, que claman contra esta desnaturalización del toro de lidia, que hoy sale de forma habitual sin la edad mínima, sin trapío,  sin ninguno de esos elementos que le son propios. Y las consecuencias están a la vista: la Fiesta pierde todo su componente de ser un arte nacido del riesgo, para convertirse en una cierta pantomima, que al final atrae poco público a los tendidos.

   La mayoría de los toros que hasta ahora hemos visto lidiar en la Monumental de México D.F. no hubieran pasado en España el reconocimiento más indulgente, incluso en una novillada por plazas sin mayor trascendencia. Pero se imponen como una plaga, salvo muy contadas excepciones, por todo el país hermano.

   Probablemente a esta situación, que es de lamentar, se ha llegado como consecuencia de la propia organización taurina mexicana, con unos poderes dominantes sobre toda la organización y sobre los propios contenidos del espectáculo. Lo alarmante es que esas organizaciones son las mismas que han aterrizado por España con una fuerza hasta ahora desconocida. Cierto que aquí tenemos determinadas salvaguardia que imposibilita tales desmanes; pero la filosofía que manejan respecto a la Fiesta resulta preocupante.

   Para sus protagonistas puede que sea una forma de hacer las cosas que le resulte rentable; entre otras cosas, porque si no habrían abandonado esa manera de entender la Tauromaquia. Pero para a la Fiesta en México le produce un daño irreparable.

   Y así, por ejemplo se han llevado por delante la importancia que hace no tantos años se concedía al triunfo de un torero en la “México”, que resultaba hasta mítico. Desde tiempo inmemorial hasta hace pocos años, aquellas confirmaciones de alternativa  constituían todo un hito, que había que reseñar de forma destacada en la biografía del torero. Ahora ya carece de todo valor objetivo. Da lo mismo que las crónicas cuenten una salida por la puerta grande a que narren una tarde anodina; ninguna de las dos tienen un valor objetivo, porque en lo que ocurre en el ruedo falta un elemento esencial: el toro.

   No deja de ser curioso como prolifera cada día más esa fea costumbre de pedir el “sobrero de regalo”, que en demasiadas ocasiones es el propio torero –o sus mentores– el que lo lleva como si fuera una parte de su equipaje. Y en muchos casos, se trata del toro más hecho y que ofrece más espectáculo. Es un dato que da que pensar acerca de los criterios ganaderos.

   Pero en el caso de México debe advertirse de un daño colateral, porque siempre fue un punto de referencia para la América taurina. Hoy vemos como en no pocas plazas del continente se lidian verdaderas becerradas anunciadas como corridas de toros, tanto que causan verdadero bochorno. Festejos intrascendentes, que como mucho servirán para el entrenamiento invernal, pero que nada aportan al historial taurino de los espadas.

   Si para colmo con la crisis económica la temporada americana tampoco resulta hoy tan rentable como ayer, el mito de va desmoronando a ojos vista. Y es lamentable que ocurra, porque una América taurina fuerte y prestigiada también resultaba un apoyo importante para lo que pudiera ocurrir al otro lado del Atlántico.

    Hasta aquí tan cruda realidad.

   Sin embargo, y con esto termino, ¿cuándo veremos actuar a algún sector de la prensa taurina a favor del espectáculo mismo, de su dignidad? Como se puede observar, ha sido necesario que se llegue al extremo que desde el extranjero nos enseñen la lección de un ejercicio que se agradece, y del que en los últimos tiempos hay ejemplos claros de muchos defensores por el derecho a la información. Por supuesto, que una buena cantidad de ellos han sido víctimas del poder, los han callado, los han asesinado, les han arrebatado no solo la pluma sino la conciencia por ejercer un derecho: el de la libertad de pensamiento.

   ¿Habrá alguien que diga: “Pongo una pica en Flandes”?

5 de diciembre de 2014.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    México, nuestro querido y pobre país, pasa por estos días una de sus peores crisis de valores, a partir de dos situaciones extremas, tan penosa una como la otra. La desaparición de 43 estudiantes de la escuela rural “Raúl Isidro Burgos” en Iguala, Guerrero, se dice que confundidos con integrantes de un grupo de narcotraficantes, sigue siendo el peor sacudimiento social vivido en muchos años, y que se parece, por su dimensión a lo ocurrido en 1968. El otro asunto tiene que ver con esa irresponsable muestra de incapacidad, pero también de una burda representación de soberbia e intolerancia por parte de la mismísima cabeza principal que gobierna la nación, y quien, a pesar de haber firmado una “minuta” con los padres de los jóvenes desaparecidos simplemente no ha cumplido. Junto con él, su esposa también vino a sumarse al reparto de una auténtica “telenovela…” pero de la vida real, donde ese intento velado de decir que no es corrupción hacerse de una casa de muchos millones de pesos (94.5 para ser exactos), y que no representa ninguna ofensa para el pueblo, nos ha demostrado a todos los mexicanos de lo que es capaz el poder.

   Si ese ejemplo proviene de lo más alto y representativo no solo al interior, sino también más allá de nuestras fronteras, donde seguramente nos tienen etiquetados de todo, ¿qué estará sucediendo en los niveles medio o inferior de la sociedad en su conjunto? Ante un país que se desmorona, con solo un 2.6% en la expectativa de crecimiento, con un PIB en su tercer semestre al 2.2 % anualizado (lo que no significa nada respecto a países del primer mundo), con una gestión de cultura en su más baja influencia, lo cual significaría revalorar a muchos estudiantes para que estos alcancen la plenitud en su educación, garantizando con ello convertirlos en ciudadanos maduros y conscientes de la realidad, hasta entonces estaremos en condición de ostentar un significado como auténticos mexicanos. Cuando se logren condiciones como las señaladas hace unos días por el investigador Genaro Aguilar Gutiérrez, investigador de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (IPN, por sus siglas), el cual apunta que uno de cada 10 mexicanos, cerca de 15 millones, vive con 1.25 dólares al día, es decir, unos 17 pesos, de acuerdo con la línea de pobreza más conservadora del Banco Mundial. Y sigue el investigador: Si en México se hubiera conservado el poder adquisitivo de los trabajadores, hoy el salario mínimo debería ser de 5 mil 683 pesos con 39 centavos al mes (333.14 €). Considera que el salario mínimo hoy debiera ser superior a los 6 mil pesos mensuales y que aquellos trabajadores que deberían obtener entre 12 mil y 18 mil pesos al mes, lo cual significaría apenas un ligero aumento del poder de compra que se tenía en México en 1980.

   ¿Bastarán estos casos para decir hasta qué punto de desastre se encuentra México?

   Evidentemente ese ejemplo se refleja en sus distintas escalas, tanto en las del ciudadano común y corriente que con todo lo anterior pierde esperanzas y se hunde en el desaliento, como de factores empresariales, alentados hoy día con reformas como la laboral o la energética, esta última uno de los sueños dorados del actual gobierno, empeñado en llevarla hasta sus últimas consecuencias.

   Y en los toros, ¿cómo se viven estos casos?

   Conviene una evaluación a profundidad de todas sus estructuras, con objeto de depurar un conjunto de defectos que han invadido sus cimientos. Una primera situación de conflicto es aquella relacionada con su insegura permanencia en el panorama multinacional, entendiendo que se trata de un legado cultural  vulnerable a los dictados impuestos no solo desde la modernidad, sino los que la postmodernidad y la globalización han venido estableciendo entre las sociedades que hoy entienden diversas culturas desde otro punto de vista, perdiendo la oportunidad de conocer su esencia. Para ello han crecido en diversas partes del mundo una serie de grupos opositores a su continuidad, mismos que demandan eliminar una expresión, dicen ellos, que estimula o alienta la violencia por vía del maltrato a los animales. En verdad, se necesita una explicación coherente y equilibrada para que los aficionados y todos aquellos integrantes de nuevas generaciones que han venido incorporando a su conciencia valores que significa aceptar la tauromaquia en cuanto tal, cuenten con un bagaje lo suficientemente claro para convertirse, en automático en auténticos defensores de esta expresión. No nos conviene el uso de lugares comunes, sino de algo más que eso, y al menos debería utilizarse el recurso de que avanzan las gestiones para alcanzar algún día, plenamente justificado, el que la tauromaquia se considere, por parte de la UNESCO, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

   Es importante que la capacidad de compromiso prive entre empresarios, con objeto de que logren cumplir con un objetivo de primerísimo orden: montar desde un festejo hasta una temporada con objeto de que dicho pretexto se convierta en eje de atención de un sector de la sociedad, interesado en acercarse para presenciar la puesta en escena de un espectáculo que además sigue ligado a una serie de elementos rituales que lo hacen distinto de los demás. Esa “celebración” cobra hoy en día un significado muy especial que de no mantener su esencia original, termina convirtiéndose en una falsa versión de la realidad. Por eso también es importante que los ganaderos colaboren a cabalidad en ese mecanismo y ofrezcan un producto capaz de convertirlo en la materia prima más importante de dicho espectáculo: el toro. Sin él, o con un remedo no se alcanzan, por más que quieran, los propósitos que también una utópica tradición ha venido estableciendo, pues idealizar una corrida de toros o una novillada significa que en uno u otro caso, lo que debe aparecer en el ruedo son toros o novillos respectivamente. Eso lo sabe la afición que por años, e incluso reflejada en el paso de generación en generación, ha mantenido un afecto entrañable que se hereda, y esto genera síntomas evangelizadores que predican la pureza del espectáculo, síntomas que deben propagarse por vía de labor misionera con vistas a lograr que el convencimiento entre nuevos y potenciales aficionados a los toros garantice la permanencia y la continuidad de esos principios. A veces, el que pareciera un auténtico “decálogo” no es más que la suma de aspiraciones que permiten comprobar el punto de certeza con que se repite una vez más ese ritual idealizado.

   Con respecto a los medios masivos de comunicación, lo único que puedo traer a cuenta es el ejemplo, y no voy a decantarme con intenciones maniqueas, sabiendo si es bueno o es malo, pero el hecho es que la renuncia de Héctor Tajonar al diario “Milenio” en diciembre de 2011 es la mejor forma de demostrar que no se puede estar maniatado a ninguna condicionante si antes uno no se traza, al menos con el mínimo de sentido común, el código de ética que conviene en casos como el que muestro a continuación:

 Apreciado Carlos Marín:

He reflexionado acerca de la breve conversación telefónica que sostuvimos la semana pasada y he tomado la decisión de suspender mi colaboración semanal en MILENIO Diario.

Antes de exponer mis razones, quiero agradecerte el haberme invitado hace cinco años y medio a colaborar en este diario después de haber publicado, a solicitud mía y en calidad de columnista invitado, el texto titulado “¿La rebelión de las masas?”, fechado el 16 de julio de 2006.
Desde entonces he podido expresar con toda libertad mi visión personal, independiente y crítica acerca del acontecer político nacional. Tu proposición de modificar esas condiciones me obliga a escribir esta carta de renuncia, con la atenta solicitud de que sea publicada en el espacio que tuviste a bien asignarme en Acentos.

   Me has pedido que dejara de criticar a Televisa en mi columna, aduciendo que MILENIO Televisión está asociado con esa empresa para sus transmisiones en cable.

   Comprendo que en la actual coyuntura mis puntos de vista puedan resultar disfuncionales para los legítimos intereses empresariales de esta casa editorial; sin embargo, sabemos que en el ámbito de los medios de comunicación, los intereses empresariales se traducen en políticas editoriales. Ello me impide aceptar tu planteamiento. Permanecer en esas condiciones significaría no sólo coartar mi libertad de expresión sino convertirme en cómplice pasivo de una situación política con la cual no comulgo.
Ha llegado el momento de marcharme. Durante 40 años he estudiado la relación entre el poder político y los medios de comunicación, en especial la televisión, y como sabes trabajé en Televisa durante dos décadas. Por tanto, puedo decir sin el menor asomo de vanidad que cuento con las herramientas teóricas y empíricas para hablar acerca de estos temas con suficiente conocimiento. Así lo he hecho desde la soledad de mi escritorio y mi conciencia en este espacio del que hoy me despido.

   Ahora más que nunca cobra actualidad la conocida advertencia de Karl Popper: La televisión se ha convertido en un poder político colosal, el más importante de todos… Se ha vuelto un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia puede sobrevivir si no se pone fin al abuso de este poder.
Televisa es el ejemplo más claro del abuso de ese poder sin control, su inocultable vínculo con el PRI representa una burla a las leyes electorales del país y el riesgo de un grave retroceso democrático. La televisora y el tricolor constituyen un binomio político-electoral indivisible y, para muchos, invencible. Lo concesionarios de la televisión han pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables. Por ello, dejar de criticar a Televisa, como me lo has pedido, equivaldría a dejar de criticar a Peña Nieto. No puedo aceptar el ejercicio de un periodismo amordazado.

   Interpreto tu exhorto a la autocensura como el resultado de una presión de los estrategas de Peña Nieto, cuya función primordial es cuidar su imagen pública, la cual ha resultado un tanto dañada en días recientes. Entiendo que les haya incomodado mi texto publicado hace dos semanas en este espacio, titulado “Los dos Peña Nieto”, en el cual menciono que la popularidad del personaje está íntimamente vinculada al secreto mejor guardado por el PRI: el costo financiero y político de su alianza con Televisa.
Hace seis años, Santiago Creel fue derrotado en la elección interna del PAN por Felipe Calderón debido a que se dio a conocer que, siendo secretario de Gobernación, el delfín de Fox intercambió presencia en la pantalla televisiva por permisos de casas de apuestas para Televisa. Los artífices de esa táctica son los mismos que se han encargado de diseñar la hasta ahora exitosa estrategia de comunicación política de Peña Nieto. Es comprensible que la máxima prioridad de dichos estrategas sea impedir que el fracaso de la alianza de Televisa con Creel se repitiera con Peña. Si alguien estorba es preciso neutralizarlo. En consecuencia, se ha recurrido al método del PRI de siempre: cooptar o silenciar. El mismo que usaron antes Echeverría, López Portillo y Salinas. Surge ahora el neoautoritarismo peñista.

El disenso no debe equipararse con la enemistad. Felicidades.

   LO QUE ESTÁ HACIENDO TELEVISA, T.V. AZTECA Y MILENIO ES IMPONER A PEÑA NIETO PRIISTA. A CAMBIO DE QUE? DE CARRETADAS DE DINERO? MONOPOLIO TELEVISIVO? Ó AMBOS?

   RECUERDA TELEVISA, MILENIO Y T.V AZTECA MIENTEN.

 Héctor Tajonar.

22 de diciembre de 2011. [1]

    De lo anterior se puede sacar una sola conclusión: Así irá cayendo uno a uno de los más o menos sinceros, con lo que será más fácil admirar el horizonte y contemplar quien o quienes permanecen al servicio de intereses y prefieren seguir pensando que lo que escriben es “su verdad”.

 22 de noviembre de 2014.


[1] Adiós de Héctor Tajonar a Milenio (por hablar mal de Peña-Televisa). 28 de octubre de 2014 [en línea], 2014, http://www.horacero.com.mx/columnas/adios-de-hector-tajonar-milenio/ [consulta: 22 de noviembre de 2014]

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INTERMINABLES AGRAVIOS.

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

Ante los interminables agravios de que ha sido víctima el país. Ante los interminables agravios de que ha sido blanco la población en diversos sentidos: laboral, educativo, cultural, y otras tantas vertientes que de atenderse debidamente por el estado, no tendrían por qué estar ocasionando tamaño conflicto entre las sociedades todas, todavía tenemos que padecer en el medio taurino y a su escala, réplicas semejantes de agravio debido al deliberado y pésimo manejo que pretende seguir mostrando, al menos en la capital del país, la empresa de la plaza de toros “México”.

Volvieron a salirse con la suya este domingo 16 de noviembre cuando lo que se presentó en el ruedo fue un encierro de dudosa edad (salvo que la empresa misma nos demuestre lo contrario con exámenes “post mortem” debidamente certificados).

Como aficionado a los toros de muchos años, hago un extrañamiento a las autoridades de la plaza de toros “México” por no cumplir a cabalidad con el Reglamento Taurino del D.F. en vigor, así como a las autoridades de la delegación “Benito Juárez” que no han sido capaces de detener los incontables abusos, lo que se refleja entre otras cosas, como ya es evidente, en entradas irregulares. Del mismo modo, sorprende y espanta la actitud de buena parte de la prensa en haberse “desgarrado las vestiduras” en torno al indulto que mereció el todavía más pequeño ejemplar de “Villa Carmela”, de nombre “Sonajero”, lidiado en séptimo lugar por Juan José Padilla. El indulto es un alto honor para toros o novillos que, por su bravura, casta, fijeza, trapío y demás virtudes mostradas a lo largo de la lidia merecen ser tomados como elementos indiscutibles para llegar a una decisión de esa magnitud.

Padilla, lugar aparte, merece una especial atención ya que al brindar la muerte de su primer ejemplar, lo hizo aludiendo a los 43 estudiantes desaparecidos, y que pertenecen a la escuela rural “Raúl Isidro Burgos” de Iguala, Guerrero, desde el 26 de septiembre pasado, donde además murieron otros seis estudiantes. Ante semejante caso, se agradece un gesto tan “torero” y tan “humano” a la vez.

Este conflicto, el de Ayotzinapa ha despertado muchas conciencias, tal y como sucedió en octubre de 1968, tras la matanza de casi 350 estudiantes en la plaza de las “Tres Culturas”, o como el caso del “Halconazo” del 10 de junio de 1971, donde también otro grupo estudiantil fue sometido a la represión del estado. En nuestros días, junto con Ayotzinapa prevalece la más burda de las actitudes por parte del estado luego del terrible escándalo que supuso cancelar la licitación del tren “México-Querétaro”, ya que detrás de todo ese proceso se destapaba la impunidad en su más descarnada visión: la “Casa Blanca” que habitan o están por habitar la pareja presidencial, casa o mansión que, por sus dimensiones y costos nos han ofendido, nos han agraviado hasta el punto de considerar de que en cualquier país democrático que se precie, ese ya habría sido un escándalo que, por su sola circunstancia demandaría la dimisión del propio presidente de la República. Sin embargo, esas cosas no pasan en México.

Y si eso no ocurre a niveles cupulares de la mayor dimensión política, ¿imagínense ustedes lo que podría suceder en otros que, como el taurino también se maneja, en muchos casos a sus “anchas”?

Estos tiempos que corren son muy distintos a los de hace unos años. El imponente despliegue de las redes sociales actúa como muchas veces no había ocurrido en tan pocos meses y hoy, sobre todo los jóvenes se encuentran a un paso de actuar en forma contundente, incluso más allá de todo el significado que tuvo, hace cosa de dos años el movimiento “#yosoy132” el cual surgió en mayo de 2012 en la Universidad Iberoamericana, institución desde la cual se logró convocar a miles de estudiantes de instituciones públicas y privadas, para exigir el derecho a optar por una democracia auténtica y manifestar su repudio a la “dictadura mediática”.[1]

Considero que son suficientes las razones para pedir o demandar, en el territorio exclusivamente taurino el desarrollo de un espectáculo mucho más profesional, sobre todo en unos momentos en que se hace necesario fortalecer a la tauromaquia, expresión creada y recreada por el hombre a lo largo de los últimos siglos, misma que concentra manifestaciones técnicas y estéticas cuya culminación se materializa en el ritual del sacrificio y muerte del toro, elemento fundamental de su significado. Valorada más un espectáculo que deporte debido a sus peculiares componentes, ha sido motivo de diversas interpretaciones que han hecho suya las bellas artes en su conjunto. Por lo tanto, su puesta en escena no puede quedar reducida a representaciones indignas, sino que deben ser todas y cada una de ellas auténticas piezas que valores y revaloren su significado, con objeto de que se manifiesta la intención de protegerla y conducirla a uno de los más caros propósitos: que la UNESCO la considere como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. De otra forma, es imposible que eso ocurra si sus más directos responsables siguen empeñándose en desvalorarla o devaluarla.

Estamos a tiempo de que ese objetivo, el de los oscuros intereses siga cubriendo de incertidumbre al toreo en nuestro país. Además, la presente advertencia debe extenderse a todas las empresas taurinas mexicanas, donde seguramente, como un sector privado, necesitan incentivarse con acciones cuya certeza y confiabilidad permitan que resurja una dinámica capaz de mover un mercado, la infraestructura toda para que con ello, ese engranaje hoy bloqueado por intereses detentados por grupos de poder, “destraben” esa maquinaria y permitan un desarrollo a la alza. ¿Quién no quiere ver a la tauromaquia resurgir de sus cenizas?

17 de noviembre de 2014.


[1] Reivindica #yosoy132 principios que le dieron origen hace un año. 12 de mayo de 2013 [en línea], 2014, http://www.jornada.unam.mx/2013/05/12/politica/005n1pol [consulta: 18 de noviembre de 2014]

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 OCULTAMIENTO DE INFORMACIÓN.

EDITORIAL.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Cualquier consumidor, antes de adquirir el producto que pretende, necesita conocer la mercancía, saber si esta cumple con los principios elementales para generar certeza y credibilidad y de ahí, proceder al mecanismo de compra-venta. Tal circunstancia parecía entenderla la empresa de la plaza de toros “México”, y así se publicitó la materia prima, es decir el encierro de Barralva, con lo que hubo un punto de confianza. Sin embargo, y a partir del segundo festejo de la temporada el ocultamiento de esa materia prima volvió a ser el común denominador, pues el sólo anuncio de 6 ejemplares, 3 La Estancia y 3 de San Isidro significó no conocerlos en la realidad hasta la hora del sorteo y luego más tarde, cuando los ejemplares fueron saliendo uno a uno al ruedo de “Insurgentes”. La misma situación se presenta ahora con los ejemplares de Marrón, a lidiarse el próximo domingo 9 de noviembre.

   En México, y durante muchos años, la costumbre fijada por diversas empresas es publicitar, dar a conocer las imágenes de los toros que serán lidiados, como forma de atraer potenciales asistentes a las plazas, convencidos de lo que se les ofrece es un encierro de toros y no otra cosa. Pero cuando no hay forma de corroborar ese aspecto, lo único que va a suceder es que arriesgamos nuestro dinero, pues lo único que podría suceder es que nos ofrezcan, como se dice coloquialmente “kilos de a 800 gramos” o peor aún, “gato por liebre”. A eso está apostando la empresa capitalina, y por ende a seguir desconfiando no solo de este procedimiento sino de muchos otros que suceden sobre la marcha, al desarrollarse el festejo, o previo a este, cuando la “autoridad” tendría que estar aprobando un encierro que, en la lógica no cumple con lo indicado en el reglamento, sobre todo en la confirmación que debe darse con registro de edades, peso (ese famoso problema del peso donde la PROFECO nada ha podido hacer) y luego toda una serie de anomalías a lo largo de la tarde, precisamente cuando se trata de que la “autoridad” imponga el reglamento… pero si se relaja y lo hace estando al servicio de la empresa, las cosas empeoran y se desmorona la credibilidad. A todo ello, hay que agregar el desaparecido procedimiento del examen “post mortem” que, siendo la última alternativa de confirmación para encontrar razonamientos científicos que avalen o confirmen la edad de los toros lidiados, lo anterior provoca reducir a su mínima expresión las posibles razones de reclamo por parte de una afición indefensa que además de todo terminó pagando sin enterarse, como ya se dijo, de una materia prima en duda.

   Yo no sé en qué medida los últimos y graves acontecimientos que ocurren en el país puedan reflejarse en un espectáculo como el de los toros, no como causa para reclamar si se deben permitir o no tales espectáculos (lo que ya es una práctica común de los grupos contrarios), sino como forma de su procedimiento, mismo que ocurre bajo los viejos y viciados métodos que, como vemos, les resultan efectivos y contundentes. El problema también está entre quienes deciden asistir, pues el conformismo puede ser peligroso en la medida en que se acepta un producto sin saber el grado de calidad que pudiera tener. Ese mismo riesgo lo tenemos a la vuelta de la esquina con la que será la tercera corrida de la temporada, y es hora en que desconocemos esa información básica, esencial relativa a los toros. No basta con un informe lacónico de sus nombres, números o pelaje. Es necesaria la imagen para saber si el trato al que finalmente llegó la empresa adquiriendo un encierro a través de su “veedor” cumple con lo que la lógica y el sentido común pueden decirnos o confirmarnos al respecto. En la prensa digital, al menos se han dado a conocer esta semana las fotografías de aquellos toros que se lidiarán tanto en Querétaro como en Saltillo en los próximos días. ¿Por qué no aparecen por ningún lado los toros que se van a lidiar en la plaza de toros “México”? ¿Qué pretenden ocultar?

   Lamento que la empresa no aspire a más, no quiere ganarse la confianza de los aficionados y de seguir así, el mejor reflejo seguirá siendo el de unas irregulares entradas, tanto en el tendido numerado como en el general, sobre todo en este, donde queda de manifiesto que a él acude una mayoría de asistentes cuya capacidad económica quizá no permita pagar más que esos precios. Por ejemplo, muchos años atrás, cuando la “México” se llenaba, el mejor síntoma que aseguraba aquel buen balance era cuando los tendidos generales se ocupaban hasta la parte más elevada de la plaza. Hoy, el panorama en tal espacio del recinto es en muchos casos, desolador y desalentador. Si en eso no tiene fija su atención la empresa, es que algo está funcionando mal. Cualquier empresario tendría que reunirse con su equipo de trabajo y rehacer el esquema hasta llegar a un punto de solución satisfactoria, pretendiendo con ello tener en cada festejo, el lleno garantizado. No basta esperar el festejo conmemorativo del 5 de febrero y convertirlo en “tabla de salvación”. Incluso, es posible entender que otras diversiones públicas tienen una mejor organización, quizá porque sus responsables se han fijado propósitos muy claros: ofrecer un espectáculo de calidad, no importa el precio que se imponga al boletaje, pero quien acude a los mismos, sabe que, de antemano se le está ofreciendo c-a-l-i-d-a-d.

   Finalmente, sepa la empresa de la plaza de toros capitalina que habemos aficionados de muchos años, desencantados por un conjunto de malos resultados, con ganas de reencontrarnos con una fiesta mejor, más organizada en términos de aplicaciones mercadotécnicas que no afecten los “usos y costumbres” establecidos en el toreo de mucho tiempo para acá, lo cual resultaría si no grave, en todo caso riesgoso, pero no por ello imposible de aplicar, siempre en aras de proporcionar un servicio, que se traduce en el espectáculo mismo, revestido de infinidad de elementos que confirmen su importancia, la de una fiesta que en estos precisos momentos necesita aliento, impulso… credibilidad.

 6 de noviembre de 2014.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El próximo domingo 26 de octubre, comenzará la temporada 2014-2015 en la plaza de toros “México”. En medio de las desconfianzas que ha venido produciendo la celebración de otras tantas temporadas, desconfianzas debidas a lo que ya no es común denominador desde hace mucho tiempo. Es decir, presencia legítima de toros que no solo deben quedar evidenciados en pizarrones engañosos, sino en su trapío, edad, desarrollo de cornamenta… vamos todo ese fenotipo que caracteriza de buenas a primeras a un toro de lidia, sin necesidad de tener que echar las campanas al vuelo para producir confusión. Suponemos que la buena fe de los ganaderos en el difícil testimonio de decir la verdad y nada más que la verdad a partir del registro de edades, ello sería uno de los primeros elementos para que cualquier encierro sea recibido en forma por demás sobrada en el coso que, por años fue referente, etiqueta que ahora se ha desplazado a espacios como Guadalajara o Mérida, donde a los empresarios de aquellas plazas les queda claro que el espectáculo ofrecido debe contar con resultados efectivos y no remiendos o remedos de toros como materia prima principalísima de todo aspecto relacionado con la celebración de festejos de tal calado.

   Si la empresa justifica que habrá toros, será necesario que ello se compruebe en forma veraz. Entre la serie de elementos de que dispone se encuentran varios recursos que, en tanto publicitarios o mercadotécnicos, pueden llegar a producir efectos satisfactorios. Uno de ellos es el siguiente ejemplo que promueve la página de “Las Ventas.com”:

MUESTRA Y MUESTREO DE TOROS

APARTADO DE LOS TOROS. 2 de mayo. Corrida de toros. [en línea], 2014, http://www.las-ventas.com/noticia.asp?codigo=5814 [consulta: 20 de octubre de 2014]

   Allí, el aficionado puede enterarse visualmente de la presencia, del trapío de cada uno de los toros. Pero no solo eso, también se incluye la procedencia, el orden de la lidia, el número con el que quedaron marcados, el guarismo, la fecha de nacimiento (mes y año), el nombre, la capa, el peso y quien se encargará de estoquear o estoquearlos.

   Si la duda continuara, no hay mejor remedio que aplicar el “examen post mortem” tal como está indicado en el reglamento en vigor, en cuyo Art. 9 se señala:

 Corresponde a los médicos veterinarios:

I. Examinar los animales que serán lidiados, a efecto de comprobar que llenen los requisitos establecidos en el presente Reglamento;

II. Presenciar la prueba de caballos e intervenir en la formulación del informe escrito que el Inspector Autoridad debe rendir al Juez de Plaza;

III. Asistir al entorilamiento y verificar que las reses se encuentren en condiciones de ser lidiadas;

IV. Practicar el examen post mortem, a petición del juez de plaza a las reses lidiadas, en el lugar adecuado que para tal efecto proporcione la empresa dentro de las instalaciones de la plaza.

   Para efectos del párrafo anterior, el médico veterinario asegurará las reses inmediatamente después de haberse lidiado, y practicará el examen ante representantes de la autoridad, ganadería y empresa, entregando resultados de los mismos a la Delegación, a la Comisión y copias a la empresa y al ganadero.

   Durante la práctica del examen post mortem, el médico veterinario deberá comprobar que sus astas no hayan sido objeto de alteración artificial o que las reses no hayan sido sometidas a tratamiento o maniobra que hubiera disminuido su poder o vigor y hacer constar su dictamen por escrito, anexando las astas de los toros que se presuma fueron manipuladas; y

V. Informar al Juez de Plaza de cualquier deficiencia que adviertan, tanto en las reses como en los caballos examinados.[1]

    Si estos requisitos se aplican conforme al derecho que habría para respetar los intereses del público, podría afirmarse que estamos del otro lado, es decir, se ha cumplido a cabalidad con la presencia indiscutible de toros de lidia y no el conjunto de engaños que, independientemente del cartel y sus resultados, quedará comprobado que también el interés de la empresa y de las autoridades se conjuntará en forma exitosa para garantizar un espectáculo de calidad.

   El cartel, que también está bastante bien equilibrado, pues alternarán José Antonio “Morante de la Puebla”, “El Payo” y Diego Silveti, con 6 toros de “Barralva”, promete cosas interesantes. Sin embargo, puede advertirse que el asunto de los toros es esencial… lo demás, viene por añadidura.

   Estaremos muy pendientes de que la empresa, las autoridades y demás participantes directos en la puesta en escena de esta temporada se apliquen dignamente en sus responsabilidades. De no ser así, van a comenzar a sufrir las consecuencias de una crítica que no busca desacreditarlos, sino que dicho ejercicio no puede ser otra cosa que el punto en el que converjan aquellas posturas en que sólo se defienden los intereses del público. Han pasado muchos años de tolerar caprichos, intereses creados y demás circunstancias que solo benefician a las partes en juego, pero que al llegar a tanto, lo único que están generando es precisamente eso, un juego, una burla, un engaño vil que podrían evitarse si quieren ofrecer un producto que, como se dijo en otro momento no puede tener otro punto de interés y certeza que el de la calidad.

CARTEL_P. de T. MÉXICO_26.10.2014

CARTEL. 26 de octubre. Corrida de toros. [en línea], 2014, http://www.lamexico.com/index.php [consulta: 20 de octubre de 2014]

    Veremos y diremos.

 20 de octubre de 2014.


[1] Reglamento Taurino para el Distrito Federal. Texto vigente. Reglamento publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el día 20 de mayo de 1997 y en el Diario Oficial de la Federación el día 21 de mayo del mismo año. Actualización al 25 de octubre de 2004.

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