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HOY, APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS LLEGA A SU OCTAVO AÑO.

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El 13 de diciembre de 2010, hoy hace siete años, puse en circulación el blog denominado APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS (https://ahtm.wordpress.com/). Pocos días después, y ante la novedad, tanto Juan Antonio de Labra como Jorge Raúl Nacif, responsables de AlToroMéxico.com, atentos al hecho tuvieron a bien el propósito de conocer más detalles al respecto. Entre otras cosas se destacaba el uso de este medio digital para difundir y divulgar diversos asuntos relacionados con la tauromaquia.

   En aquella conversación, comentaba el hecho de que, debido al cúmulo de información lista para darse a conocer, era posible que ello tomara varios años. Y así ha sido. Con casi 1700 entregas, 385 mil visitas y la distribución de temas en 22 categorías como: anecdotario, crónicas, editoriales, efemérides, personajes y suertes del pasado, ponencias, conferencias y disertaciones, así como recomendaciones y literatura entre otras, AHTM se ha posicionado en el medio de los toros, sobre todo como un blog independiente aunque marginal, debido al hecho de no tener ningún otro compromiso que no sea el debido manejo de la historia como ciencia y esta, apoyada por otras herramientas de las que el historiador se vale directamente para darle el enfoque y el toque más apropiados en el significado de lo que el profesional pretende mostrar como resultado de sus quehaceres.

   Y así es, en efecto. El logro de llegar a cifras como las ya señaladas, ha obligado a su responsable continuar con las tareas de investigación (de campo y de gabinete), así como mejorar su presentación y contenido, cosa que sucede de manera constante, en el día a día justo cuando se tiene el privilegio de acudir a las bibliotecas, archivos, hemerotecas y otros sitios donde se tiene la certeza de ubicación sobre nuevos materiales relacionados con este apasionante tema.

   Pero no olvidemos que dicha plataforma se debe a una de las muchas consecuencias generadas por la internet misma. Sobre ese tema, sugiero, por cierto la siguiente entrega: Los “blogs” en el territorio de la tauromaquia (https://ahtm.wordpress.com/2012/05/21/editorial-los-blogs-en-el-territorio-de-la-tauromaquia/) que allí mismo di a conocer en 2012. Y gracias al despliegue impresionante de información que circula y seguirá circulando, hará posible todo esto que un blog como AHTM tenga razón de ser.

   Hace algunos años los blogs estaban amenazados con desaparecer o verse rebasados por nuevas expresiones como los “nanoblogs”: Facebook, twitter, Instagram, Android y otros, con los cuales nuevas generaciones tienen hoy día un mejor y más sofisticado sistema que han puesto a su servicio las tecnologías de información y comunicación (TIC, por sus siglas), y quizá de lectura en esa nueva apropiación del periódico o revista, pero sobre todo del libro. Son ellos los que nos dirán a los que estamos una o dos generaciones atrás, si ese recurso de la modernidad les tiene resuelto parte de lo cotidiano, donde la lectura y el razonamiento también, son dos componentes esenciales.

   Y es que tanto portales como AlToroMéxico.com, o blogs como AHTM han encontrado la forma no solo de acercarse a una diversidad de usuarios, sino difundir noticias, análisis, reportajes y, evidentemente aspectos que se relacionan con la historia del toreo en este país. Con lo anterior, se cumple un claro objetivo para que la tauromaquia siga estando en la mirada de propios y extraños, buscando con ello no solo su presencia sino su preservación como auténtico patrimonio, como un legado con el que nos hemos comprometido explicar su razón de ser, sobre todo en una época que, como la nuestra, se encuentra permeada de influencias que pretenden alterar aquella expresión milenaria y secular. Por tanto, no es una tarea fácil y cómoda. Se trata, en todo caso, de la presencia de un quehacer constante que se nutre de las actividades de otros que construyen y enriquecen el andamiaje del toreo en México. Incluso, cuando aquellas intenciones se derrumban mostrando las debilidades que afectan directamente la imagen de esta práctica existente, que se debe a sistema de símbolos, a la ritualización misma. Con una simbología propia que se centra en la relación toro-hombre en su sentido más profundo, se crea la obligación de evidenciar esa falsedad con objeto de recuperar el que puede ser resultado de un mejor equilibrio.

   Quiero agradecer también, el apoyo que durante todos estos años he tenido con el favor de otras opciones digitales, que han permitido ampliar la cobertura de este ejercicio. Primero que nada quiero hacerlo con el portal “Taurología.com (https://www.taurologia.com/), donde su responsable, Antonio Petit Caro que me ha favorecido ampliamente con la publicación de diversos asuntos en diversos momentos. También a “Méxicomío” (http://www.mexicomio.com.mx/), donde Óskar Ruizesparza creyó en esta circunstancia, y ahora es posible apreciar –hasta ahora-, 35 libros electrónicos. Ello no habría sido posible sin su amistad y confianza al respecto de estas aspiraciones.

   Evidentemente no puedo dejar de mencionar el blog “La razón incorpórea” (http://larazonincorporea.blogspot.mx/), y a su “redactor en jefe” José Morente, con quien no dejo de tener su afecto y acogida en tan maravilloso espacio. No pueden faltar otras opciones como “Bibliofilia Novohispana” (http://marcofabr.blogspot.mx/), “La Aldea de Tauro (https://laaldeadetauro.blogspot.com/), “Pulques finos La Virtud (http://pulquesfinoslavirtud.blogspot.mx/), “Taurofilia” https://taurofilia.blogspot.mx/), “Toros Grada 6” (http://torosgradaseis.blogspot.mx/) o el portal de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia (http://www.anctl.mx/). Todos ellos, me han dado su apoyo y su “avío”, con lo que AHTM tiene razón de existir.

   En ese sentido, están creadas las condiciones para que, a través de estos medios de comunicación expresados en una de las consecuencias más notables de la humanidad, se genere una reacción que pretende proteger este espectáculo, resultado del sincretismo entre dos culturas encontradas que, al cabo de casi cinco siglos, ha logrado pervivir.

   Gracias pues a AlToroMéxico.com por considerarme uno más en esta tarea habitual.

   “Trabajemos”, decía y sugería Setimio Severo.

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EDITORIAL. GRACIAS POR LA SOLIDARIDAD.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Óvolo a favor de los damnificados. El País, 19 de diciembre de 1913, p. 8.

U.N.A.M. Hemeroteca Nacional Digital de México.

   Con el terremoto del 7 de septiembre pasado, los mexicanos vivimos momentos muy amargos. Sin embargo, el 19 de septiembre siguiente hasta antes de las 13:14 de la tarde, en el ambiente se percibía el duro pasaje con que recordábamos el fuerte sismo ocurrido 32 años atrás. Llegada esa hora, otro nuevo temblor lastimó a una buena parte de la población. La tragedia se enseñoreó, aunque por fortuna surgió de inmediato ese fenómeno espontáneo que conocemos como “sociedad civil”.

Es la primera reacción con la que cientos, miles de voluntarios apoyaron a quienes corrían riesgos de cualquier índole, lo que celebramos en forma alentadora. Más tarde, intervino el estado, e incluso se declaró “luto nacional”.

Diversos registros históricos nos llevan a tener una lectura en la que, a lo largo de varios siglos, la tauromaquia ha sido un respaldo con que paliar diversos golpes de la naturaleza. Un temblor, huracanes, o en su defecto apoyo a hospitales (mujeres dementes, niños expósitos, asilo de huérfanos, hospitales de sangre durante algún conflicto bélico; respaldo a la “Cruz Blanca Neutral”, etc.). También lo ha hecho generosa, en casos como el apoyo a construcción de acueductos, alamedas, kioskos, empedrados y otras obras públicas.

Hace 32 años, justo el 20 de noviembre, tal y como lo recordaba aquí este lunes 25 nuestro buen amigo Horacio Reiba, la plaza de toros “México” fue escenario de un festival inolvidable y de cuya réplica esperamos algo en el mismo sentido para las próximas semanas.

De entre los datos que he ido recabando para un trabajo denominado “Sobre festejos taurinos con fines de beneficencia en México”, se incluyen los que se remontan hasta el año de 1603, momento en que por ejemplo, la Cofradía de Santa Ana de esta ciudad, solicitó honrar sus fiestas y así recibir el apoyo en favor de la misma institución.

Luego, entre otros datos, los hay que solicitan el “beneficio de las limosnas” (1738), recaudar fondos para restituir a la corona lo invertido en el vestuario de la Tropa (1769), ayuda de los costos de la “fábrica del templo –esto en la villa de San Miguel-, en que está colocada la efigie de Cristo crucificado con la advocación de la salud” (1788); permiso para “hacer unas corridas de toros en la fiesta del señor crucificado para recabar fondos que les ayudaran a llevar agua dulce al pueblo de Tiacolvia, Oaxaca” (1794), entre otros.

Es en 1803 cuando se localiza un primer informe relativo al apoyo solidario, que proviene del producto y gasto erogado de la corrida de toros los cuales fueron consignados a la casa de niños expósitos.

El jueves 13 de diciembre de 1839 hubo en la plaza de toros de San Pablo un festejo con el que se apoyaba al Hospital de mujeres dementes en estos términos:

   La piedad de los mexicanos ha tenido su mano benéfica a los establecimientos del hospicio y casa de expósitos de esta capital, proporcionando recursos a favor de los infelices que en él se encuentran, ya por medio de suscripciones y ya dedicándoles espectáculos públicos, cuyos productos han contribuido eficazmente al logro de sus piadosos deseos. Mas su celo filantrópico, no ha fijado su atención a otro establecimiento igualmente benéfico a la humanidad, cual es el de mujeres dementes que existen en el hospital del Divino Salvador.

   Este sin duda reclama imperiosamente una mirada de compasión; porque aquellas desgraciadas están careciendo aún de los auxilios más precisos e indispensables por falta de recursos.

   Durante la invasión norteamericana de 1847, justo el 17 de enero, y también en la plaza de San Pablo, se celebró una función a beneficio de los gastos de la “presente guerra contra los Estados Unidos del Norte”, donde se lidiaron seis toros de la mejor raza. No hay mayores datos.

En 1860, ahora en la plaza del Paseo Nuevo, el 18 de noviembre, intervino la cuadrilla de Bernardo Gaviño, quienes lidiaron cinco toros de Atenco y dos más para el coleadero. Todo esto, so pretexto de que aquel era un festejo a beneficio de las familias de escasos recursos en esta ciudad. El monto de los productos y gastos de la corrida alcanzó la cifra de $1,105.87, cantidad que se entregó a los integrantes de la junta correspondiente, para que se distribuyeran “como de facto entre familias pobres”.

Los datos en ese registro prosiguen hasta nuestros días, pero he de concluir la presente entrega con lo que en su momento, escribió Ignacio Manuel Altamirano, declarado opositor a las corridas de toros, con motivo de un festejo que se llevó a cabo el 8 de diciembre de 1867 en la plaza del Paseo Nuevo, con objeto de apoyar a la población de Matamoros, que recién había sufrido el paso de un huracán. Su reflexión se publicó en El Correo de México, Nº 85 del 9 de diciembre de 1867. Decía este abanderado del pensamiento republicano y liberal:

   Ayer tuvo lugar la corrida que dieron algunos jóvenes aficionados a beneficio de los habitantes de Matamoros.

   Los jóvenes que creyeron conveniente poner la barbarie al servicio de la filantropía, hicieron todos los esfuerzos posibles para lucirse; pero el público los silbó desapiadadamente desde el principio hasta el fin, no concediéndoles sino uno que otro aplauso.

   El público no tuvo consideración que los aficionados se exponían delante de la fiera por favorecer a los menesterosos de Matamoros. Con esta corrida que se permitió a la caridad, concluyeron para siempre en nuestra capital las bárbaras diversiones de toros, a las que nuestro pueblo tenía un gusto tan pronunciado desgraciadamente. Los hombres del pueblo saben más de tauromaquia que de garantías individuales.

   Altamirano a su vez y en ese año de 1867 cambia la espada por la pluma (que de hecho fue su primera ocupación y que nunca había abandonado) se propone a ser el impulsor de la cultura nacional y funda el periódico El Correo de México al lado de Ignacio Ramírez y de Alfredo Chavero, quienes pugnaron por el respeto a la Constitución del 57´ y se opusieron al reformismo de Juárez. También apoya la independencia de Cuba, funda la sociedad de Libres Pensadores, entre otras muchas actividades.

Carteles anunciadores de los festejos tanto para el 3 como para el 8 de diciembre de 1867, con motivo de apoyar a “NUESTROS HERMANOS de Matamoros, que arruinados por el huracán que causó tantos males en la frontera de nuestra patria, deben recibir en tan tristes circunstancias un testimonio de afecto de la capital”.

Vayan estos datos como testimonio de que la tauromaquia no olvida ni se olvida de aquellos momentos donde se hace presente la dura aflicción del sufrimiento. A todos y cada uno de los que extendieron su apoyo, gracias por su SOLIDARIDAD.

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UNA TEMPORADA TARDÍA EN PUERTA.

   La empresa que regentea la plaza de toros “México” ha anunciado las novilladas, que llegan como una bocanada de aire fresco, aunque es de notar que sólo pretende cumplir con los 12 festejos de rigor, con objeto de que se celebre de la temporada grande 2017-2018.

   Sin embargo, es poca cosa ese número de tardes, si vemos con detalle información como de la que nos provee el portal “AltoroMéxico.com”, véase la liga: http://altoromexico.com/index.php?acc=escalafon.

   Allí están incluidos 90 jóvenes o aspirantes, que ya es una buena cantidad, pero que en el balance de sus actuaciones en lo que va del año, solo hay cuatro que rebasan los 10 festejos, en tanto que el resto refleja una escasa dinámica que únicamente puede crecer en la medida de que se les den más oportunidades. Por tanto, esta temporada en la capital del país tendría que ser tan notable como para crear la caja de resonancia que se complementa en la provincia mexicana, de acuerdo a ciertos esquemas convencionales que, en nuestros días parece ser que ya no funcionan.

   A estas alturas del año, y en otras circunstancias, esa misma temporada, cuyo inicio hubiese ocurrido al menos dos o tres meses atrás, tendría otro balance, quizá el necesario para comprender o valorar las capacidades o limitaciones de los muchachos que aspiran llegar a convertirse en figuras del toreo. Lamentablemente la mentalidad de esta empresa es cumplir el requisito pero no otra serie de condiciones que quizá podrían mejorar el estado de cosas que prevalece en el país con respecto a la cosa taurina.

   Es obligación de dicha empresa el cumplimiento de ciertos compromisos que hasta ahora, en términos de balance no ha obtenido desde la temporada anterior, y donde tomaron las riendas del control en la capital. Quizá se trate de entender que el desarrollo de un serial no es suficiente con ese número tan justo, sino que necesita de más y más tardes donde se incentive y estimule el capítulo novilleril que tanto anhelamos los aficionados. A 35 años vista después del último gran episodio que protagonizaron Valente Arellano, Ernesto Belmont y “Manolo” Mejía, el cual se convirtió en referencia y modelo a seguir, no hemos vuelto a admirar la consagración de otros novilleros, sobre todo a ese nivel, estadio que se necesita para que una plaza como la “México” se convierta nuevamente en el espacio donde puedan acudir por miles no solo aficionados, sino todos aquellos otros sectores de interesados o curiosos con intención de comprobar, tal cual ocurrieron entre 1982  y 1983, aquellas históricas jornadas.

   Sin embargo, y ya sin el beneficio de la duda que concedimos hace un año a dicha empresa, esperamos un resultado satisfactorio. En sus afanes de “Soñadores de gloria”, han programado ya once de los doce festejos (dejando el último para los triunfadores). Destacan dos de ellos a celebrarse los sábados 9 y 30 de septiembre a las 12:30 horas, que no son, de acuerdo a la costumbre buenas fechas. Sin embargo se verá como responde el público ante días y horarios nada convencionales. Llama la atención que el sábado 30 serán lidiados en el coso de Insurgentes 6 ejemplares de Zacatepec, ganadería tlaxcalteca que el año pasado se convirtió, al menos desde mi punto de vista, en lo más notable de la temporada. Esperemos ratifiquen su historial una vez más.

   Como aficionado no aplaudo la noticia. Ya era algo esperado desde hace meses y forjar novilleros no es de la noche a la mañana. Toma tiempo, necesitan de gente que los conduzca con acierto, mucha voz desde el callejón, opiniones que los pulan y cuestionen sus actuaciones al punto de que ellos mismos generen la autocrítica consciente y honesta, antes de caer en el error de que, por comentarios equivocados, sientan incluso que son más que “Manolete! y “Armillita” juntos. Pero sobre todo, necesitan oportunidades, aquellas en las que una tarde sí y otra también estén ahí, dejándose ver, hasta el punto de que se comience a hablar de ellos y que por tanto, se les vea como posibles continuadores por y para una tauromaquia que, como la mexicana, necesita renovarse.

   Que se mantienen los mismos precios, es lo de menos. Que se llenen los tendidos o que se registren mejores entradas es el quid del asunto, pues ello será el reflejo de importancia que adquiera la temporada. Recuerdo entradas muy malas hace un año, pero es que aquello también era un síntoma que acumulaba la falta de una publicidad apropiada, la presentación de jóvenes con apenas el mínimo de un bagaje con que llegar dignamente a la plaza más importante del país, lo cual trajo como consecuencia un final no mediano; mediocre.

   Entiendo también, y creo que es el sentir de muchos aficionados, el esfuerzo que implica este nuevo compromiso. Pues bien, hay que hacerlo pensando en resultados notables y no en “poquita cosa”. Es una buena oportunidad para que se demuestren como están trabajando empresa, ganaderos, autoridades, medios de comunicación, toreros, cuadrillas y demás personajes protagónicos en pro de un espectáculo por el que hay que trabajar a su favor en forma contundente. La labor a nivel municipal o estatal que ya ha conseguido el Vo.Bo. para que la tauromaquia sea un patrimonio cultural no significa colgar la medalla y punto. El objetivo es que ese anhelo algún día alcance el nivel nacional, por un lado, e internacional por el otro para lograr lo que tanto hemos aspirado en términos de su preservación. Pero debemos seguir trabajando y mucho, con objeto de que la fiesta de los toros se justifique plenamente, sin necesidad de falsos discursos ni protagonismos fuera de lugar.

   Esperamos finalmente un remate afortunado para este serial que arrancará el domingo 27 de agosto, pues creo que ya no podemos tolerar algo que simple y sencillamente apuntaría a la mediocridad.

   ¡No más mediocridad!

23 de agosto de 2017.

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¿HASTA CUÁNDO EL AYUNO TAURINO EN LA CIUDAD DE MÉXICO?

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

En otras épocas, las que detentaron y controlaron por ejemplo Antonio Algara, “Carcho” Peralta o Alfonso Gaona –cuando este personaje se proponía hacer bien las cosas-, la temporada de novilladas podría estar alcanzando a estas alturas del año un buen número de novilladas, lo que garantizaba que al final de ese capítulo estuviesen un buen número de aspirantes a matadores de toros. Fueron temporadas con 30 o más festejos que dejaron excelente balance. Con ello, la fiesta en nuestro país se veía intensificada, pues otros tantos empresarios, los de provincia no podían dejar pasar la oportunidad para programar a los triunfadores de la capital, cuyas plazas, “El Toreo” o la “México” se convirtieron en cajas de resonancia. De ahí que ambos cosos “daban y quitaban”, lo mismo a novilleros que a matadores de toros, con lo que su intención como frase sentenciosa tenía efectos contundentes.

Pero en este 2017, conforme avanzan los meses, semanas y días se aprecia y confirma cada vez más, que la actual empresa de la plaza de toros “México”, se empeña en no dar festejos, y si lo hace va a ser simple y sencillamente con el propósito de cumplir con lo establecido en el reglamento taurino y la ley de espectáculos públicos vigentes, con objeto de alcanzar el visto bueno y así celebrar –si es que ese es su propósito-, la temporada grande 2017-2018.

Serían 12 únicas tardes, número insuficiente para dar la oportunidad al que en estos momentos debería verse como un contingente de aspirantes (si es que los hay) dispuestos a mostrar, como es natural, más sus defectos que virtudes.

No recuerdo tarde alguna y hablo de la temporada 2016, donde se haya hecho notar alguno de aquellos que actuaron en lo justo de 12 festejos. Sí recuerdo, en cambio, que lo más sobresaliente fue el encierro de Zacatepec el cual vino a reverdecer viejos laureles de tan reconocida hacienda tlaxcalteca…, pero hasta ahí.

Por tanto, estas notas no son sino un llamado de atención que los aficionados le hacemos a una empresa que nos sigue debiendo un aporte en revelaciones juveniles, las cuales tendrían que estar entrando ya, por el sendero de firmes prospectos para un futuro garantizado en la tauromaquia nacional.

Un comportamiento deprimido como el de la fiesta en estas partes del año nada bien le viene a un espectáculo que necesita credibilidad, posicionamiento, y demás factores que la ayuden en ese aliento indispensable. En eso no parece fijarse la nueva empresa para la cual ya quedó atrás aquella generosa concesión del beneficio de la duda de nuestra parte. Hoy, lo que queremos son hechos.

Su respuesta, el silencio, la inactividad solo levantan sospechas y eso en verdad, crea muy mal ambiente.

Además, esperaríamos que dicha organización se aplicara con una serie de correctivos bastante necesarios para ganarse la confianza de quienes asistimos a la plaza.

¿Quieren ejemplos?

1.-La conveniencia de que los festejos comiencen a las cuatro de la tarde.

2.-Evitar el exceso de negocios que se instalan en áreas de acceso a la plaza, sobre todo inmediatamente después de la entrada principal de sombra.

3.-Retirar el templete o tarima que invade la libre circulación. No quiero pensar si se presentara una emergencia. Aquel obstáculo sería una auténtica trampa en una salida imprevista del público de los tendidos hacia los pasillos o exteriores de la plaza. En todo caso, ese sitio debería estar marcado como “zona de reunión” en caso de una contingencia, lo cual no deseamos pero que prevenimos con esta observación, ausente en los códigos de seguridad de la plaza y donde la delegación tendría que estar más que presente para aplicar el protocolo correspondiente.

4.-Eliminar los puntos de venta de bebidas alcohólicas que están colocados en por lo menos dos balcones ubicados en sombra y que causan desagradable impresión, convirtiendo los tendidos en zona de bar.

5.-Control a los vendedores. En las últimas temporadas ha crecido el número de vendedores en los tendidos. Pero no hay quien los controle, por lo que estos realizan sus actividades sin quedarse quietos un momento. Incluso, en los momentos cruciales de la faena o desenlace de la misma, su ir y venir provoca que los toros se “toquen”, con lo que los diestros no se encuentran en condiciones de consumar correctamente la suerte suprema.

6.-Control de esos otros negocios, sobre todo de comida que también se han incrementado y que si bien, producen un efecto o golpe interesante a la vista, dejan ver un débil rigor en la concesión de permisos. He aquí un caso que deben resolver conjuntamente empresa y autoridad delegacional.

7.-Eliminar la presencia de grupos musicales que en muchas ocasiones sus repertorios no guardan ninguna relación con el ambiente taurino. Con ello, se corregiría el exceso de decibeles que producen por efecto del equipo de sonido con el cual se hacen acompañar.

8.-¿Quieren llevar público a la plaza?

¡Bajen los precios!

9.-¿Quieren difusión?

Mejoren su imagen, mercadotecnia y publicidad.

10.-Comiencen ya, por lo que más quieran la temporada de novilladas. La afición se los agradecerá.

11.-Eviten, en la medida de lo posible el exceso de personas en el callejón. Un buen control y entonces sólo estarán en dicho espacio quienes sí tienen una función específica.

Estaremos pendiente de lo que suceda. No al ayuno taurino forzado que vivimos por estos días.

Agosto 7 de 2017.

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EL RESPETUOSO SENTIDO POR LA HISTORIA.

EDITORIAL. 

AUTOR INVITADO: ANTONIO PETIT CARO, RESPONSABLE DEL PORTAL DE INTERNET “TAUROLOGÍA.COM” 

Entre don Antonio Petit Caro y este servidor, tenemos desde hace algunos años una permanente comunicación, resuelta en esa correspondencia epistolar que nos mantiene al tanto de nuestros quehaceres y opiniones. Procuramos enarbolar los principios que cada quien se ha propuesto, y que por fortuna coinciden. Uno de ellos tiene que ver con ese respetuoso sentido por la historia, del que en esta ocasión ha logrado hermoso texto, mismo que tiene profundo sentido como para hacerlo nuestro y compartirlo desde este blog. En su contenido se encuentran esos componentes que a muchos de nosotros nos preocupan y que son, en esencia, los valores que deben mantenerse vivos para procurar que se mantengan vigentes ya no solo en nuestras manos. Lo piensa él, y lo comparto plenamente, que ese compromiso también lo prevemos para las generaciones venideras que han de conservar un legado como es el de la tauromaquia, expresión que como muchas que provienen de un pasado cuya carga contiene elementos ligados con el ritual del sacrificio y muerte de un toro, hoy día ha entrado en conflicto con las formas de ser y de pensar de las nuevas generaciones.

También tiene el acierto de reivindicar –desde la historia-, todos los significados que el espectáculo taurino ha acumulado al paso de los siglos, mostrándose tal cual es en nuestros días.

Por ese y otros motivos es que conviene leer y releer tan interesante apreciación, que es la de un aficionado con muchos años de experiencia y que hoy la comparte generoso.

Muchas gracias, don Antonio.

La figura del toro bravo se impone desde la antigüedad hasta nuestros días.

   A veces quienes nos decimos aficionados olvidamos que no somos más que un eslabón que se remonta en los siglos y que, con toda legitimidad, aspira a que se prolongue ininterrumpidamente al menos otros tantos. A final, la Fiesta no es más que el resultado de la concatenación de muchos episodios, grandes y pequeños, que conforman la historia en su amplia y compleja extensión. Nuestros mayores tuvieron la prudencia de enseñar que hasta de lo más nimio que ocurre en un ruedo puede aprenderse, y mucho. Ningún elemento, por marginal que pueda parecer, debe considerarse superfluo cuando hablamos de toros. Por eso, la historia se conforma mucho más allá de los dimes y diretes que nos contamos los unos a los otros; la integran realidades que da fe de cuánto supone transmutar el riesgo en arte.

Actualizado 7 abril 2017.

   Cuando nuestra generación era más o menos como hoy es la de nuestros hijos, aprendimos de los mayores que para acercarse a la Fiesta de toros con el ánimo pronto de entender su misma esencia, se hace necesario adoptar una postura, tanto intelectual como de ánimo, de un sereno respeto por todos los episodios, grandes y pequeños, de la historia taurina en su amplia y compleja extensión. Pero, además, con ese sentimiento de sencilla humildad que da el saber que hasta de lo más nimio puede aprenderse, y mucho. Ningún elemento, por marginal que pueda parecer, debemos considerarlo superfluo cuando hablamos de toros.

No valen, desde luego, esos clichés prefabricados que, a través de simplificaciones –perdón por ser redundante– simplistas, tratan de reducirlo todo a unos pocos conceptos, que al final suelen quedan en lugares comunes, tan faltos de sentido como de realidad. Y cuando tal se escribe, me estoy refiriendo, por ejemplo, a las vaguedades que en ocasiones oímos a gentes que se dicen entendidas, pero que todo lo dejan en añorar un pasado que muy probablemente no vieron y que nunca fue tan clamorosamente glorioso como afirman, o a pronosticar un futuro tan plagado de nubarrones que parecen augurar la proximidad de alguna suerte de “gota fría” sobre los ruedos.

Si se repasan con el respeto necesario los Anales taurinos, tengo para mí que la gran lección que se puede extraer radica, ante todo, en comprobar cómo la Fiesta ha tenido desde sus orígenes un profundo sentido dinámico y armónico, gracias al cual ha sido posible el milagro de preservar en el tiempo aquello que es propiamente esencial, sin que en este empeño influyera la probada capacidad de todo lo taurino para adaptarse a las circunstancias y condiciones cambiantes de los siglos.

Dejando a un lado otras consideraciones más o menos antropológicas, que ahora cabría hilvanar pero que mejor es omitir, esta creatividad dinámica que se contiene en el hecho taurino nace de un concepto que podríamos calificar de radical. Y es que la Fiesta de toros hunde sus verdaderas raíces en el hombre, más en concreto: en sus capacidades creativas, sea ocasionalmente torero, sea criador de las reses bravas, o tenga cualquiera de los mil cometidos que se ven en todo este enmarañado complejo de tauropartícipes, incluidos quienes, sencillamente, nos sentamos en el tendido.

Sin un hombre que sepa conjuntar el sentido épico de cuanto ocurre en un ruedo y esa otra capacidad de intuirse un creador de arte, probablemente nunca habría existido la Fiesta de los toros. Ni cuando rudimentariamente era un juego de lanzas y caballeros, ni cuando como hoy un toro permite un sinnúmero de suertes, incluso si están mal planteadas y peor resueltas. Pero sin capacidad creativa, sin ese cierto criterio de construir una obra renovada cada tarde, la Fiesta no habría pasado de ser, para quienes la miramos desde el presente, uno de esos muchos anacronismos que estudiamos en la Historia.

De este concepto que liga tan estrechamente lo taurino con el hombre, toma su fundamento la razón última que explica el porqué de la Fiesta. Y tengo conciencia clara de lo que significa cuanto sugiero que se comparta este pensamiento. Precisamente por eso bueno resulta insistir en muchas ocasiones en el sentimiento de respeto por cuanto vemos en un ruedo, ya sea en el triunfo, ya en el accidente de una tarde aciaga o, lo que es peor, en el traspié profundo de lo anodino.

   Como bien se conoce lo que supuso la revolución que trajo el Pasmo de Triana [justo cuando el autor se refiere a Juan Belmonte], sin otros preámbulos viene a cuento recordar una anécdota que me llamó la atención, y además grandemente. Ocurrió en cierta ocasión en la que le convencieron para que, ante el público y en la plaza de Jerez, toreara una becerra en un improvisado tentadero organizado para unos visitantes ilustres. Aquel día a Belmonte, ya en el tramo final de su vida, no le preocupaba si podría producirse un percance, incluso estoy por afirmar que tampoco le quitaba el sueño si iba a estar mejor o peor con la muleta; su preocupación primera se centraba en lo ridículo que supondría que una becerra pudiera trastocar en un momento toda la torería que correspondía a su historia. “No hay nada más grotesco -vinieron a ser sus palabras- que caerse ante una erala, a la vista del público, con sesenta años y llamándote Juan Belmonte”.

Como en este hombre tales sentimientos se alejaban kilómetros de cualquier creencia egocéntrica, así sólo puede pensar quien tiene un concepto completo de la Fiesta, en el que se entremezclan en riguroso pie de igualdad todos aquellos elementos que más directamente dicen del toreo, con esos otros que nacen de saberse, sin aspavientos ni extravagancias, parte de una Historia que por encima de todo, incluso de uno mismo, hay que preservar. La becerra de turno no habría revolcado a una figura señera, irrepetible; habría dejado en entredicho a la Historia misma del toreo. Esa era su verdadera obsesión de aquel día.

Estos sentimientos belmontinos, reflejan con nitidez el sentimiento que trato de explicar cuando recuerdo con reiteración que a una plaza siempre hay que acercarse con respeto, con el respeto debido a unos hombres que, sean conscientes o no de ello, tienen como objetivo último transmutar el riesgo en arte, hacer que algo fugazmente perecedero se convierta en un eslabón más de una historia inacabable, de la que forman parte y a la que deben garantizar su prolongación en el tiempo.

Del sentido globalizador de lo taurino que encierran semejantes ideas, nace la razón más verdadera de la afición taurina, que de generación en generación ha llegado a nuestros días y que espero que, con el pasar de los años, también los que ahora son niños alcancen a transmitir a quienes les sucedan.

Para servir de ayuda en tal empeño, aún en la dificultad de poder encerrar en unas pocas líneas lo que ha tardado siglos en protagonizarse en los ruedos, en pequeña medida, desde luego, pero a lo mejor estas consideraciones puedan tener alguna utilidad cuando el timón de nuestra afición común haya pasado a la siguiente generación, para que recuerden con cariño como un día, siendo todavía muy niños, se acercaron al misterio bellísimo que tiene su epicentro en una plaza de toros.

Disponible en internet abril 9, 2017 en: http://taurologia.com/respetuoso-sentido-historia-4643.htm

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CARTA DE DESPEDIDA A JESÚS SOLÓRZANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 ESTIMADO MAESTRO: 

Como cada miércoles era inminente que, a término de mediodía, recibiera tu llamada telefónica. Por eso consideré que así habría de suceder puntualmente. Han pasado de las tres y el teléfono se mantiene en silencio. He sabido de la noticia de tu partida por lo que con apresuramiento me dispongo a escribirte estas notas, de las que no tengo claro si podrán ser capaces de decir algo, al menos con ese sentido entrañable, misma razón con la cual mantuvimos hasta el último momento esa peculiar amistad.

Hoy, será imposible ya comentar las razones que un tema como los “Toritos” de Tultepec habrían generado en ti esa capacidad de asombro, la misma que causaste vestido de torero, arrancando en el olé la emoción de multitudes que te veneraron a lo largo de esa intermitente presencia tuya, milagrosa por otro lado, o al menos eso es lo que creo, pues siempre tuviste fe en el hecho de que los toreros en estado de gracia, son capaces de producir milagros, hasta el punto de convertirse en aquello de lo que fuiste particularmente un convencido al transverberarse en ti el milagro de la licuefacción de la sangre de San Genaro, o en el hecho de considerar que el torero es un hierofante, personaje que en la Grecia antigua era el sumo sacerdote de los cultos mistéricos. Y como afirmaba la escritora Rosa Montero, de quien te mencionaba que justo en uno de sus textos más recientes había logrado recuperar de ese término, lo que todo torero tendría que buscar afanosamente en su vida: ser un hierofante, es decir aquel que es capaz “de hacer aparecer lo sagrado”.

Nuestras conversaciones giraban en torno a los muchos proyectos que tenías entre manos, sobre todo por el hecho de que surgieron enormes dudas respecto al complicado ejercicio de interpretar imágenes del pasado y que, recogidas a través de películas, conservabas celosamente. Allí estaba el material filmado por tu abuelo, que daba énfasis a todos aquellos toreros que, junto a tu padre forjaron la “edad de oro del toreo en México”. Pero también surgieron nombres como los del Dr. José Hoyo Monte, Daniel Vela, Alfonso Manrique, Manuel Reynoso de cuyo legado cinematográfico teníamos pensado hacer todo un trabajo de interpretación técnica y estética de aquellos que integraron tan peculiar generación de toreros, uno de los cuales, tu padre mismo, era la pieza protagónica más destacada.

En el poco tiempo que llevábamos de realizar tan hebdomadaria rutina de llamarnos por teléfono, o en más de alguna ocasión saludarnos en tu casa o en un café, se dejaron notar la presencia de un torero y de un caballero que hicieron de Jesús Solórzano eje, modelo y referencia para otros toreros que, como Diego Silveti, o “Morante de la Puebla”, acudían a ti con frecuencia para escuchar el consejo oportuno o la anécdota sabrosa con qué condimentar largas conversaciones de las que, necesariamente tendría que salir el duende de la gracia, el sentido de la lógica, lo profundo de la reflexión.

Por eso tengo que agradecerte el privilegio de que me contaras entre tus amigos, extendiendo el capote con la notoria intención de llevar a cabo esa tarea, la que implicaba decodificar ese material de cine con visión crítica, dejando todo en su justa dimensión, a la hora de realizar ese juicio –que no sumario-, de todos esos toreros que fueron para ti paradigma y referencia. Me hablabas entusiasmado de lo que una y otra vez apreciaste en Silverio Pérez, o lo impecable de aquellas faenas de referencia de Lorenzo Garza; incluso de lo poderoso y variado que habría sido Fermín Espinosa en más de una faena. Pero por encima de todos ellos tu propio padre, a veces incomprendido, seguramente porque alcanzó estaturas que ya nadie fue capaz de comprender.

Había necesidad de ordenar aquello, generar líneas coherentes y armar faenas personalizadas con objeto luego de compartirlas entre los toreros de nuestros días, procurando así conmoverlos un poco, quitarles la idea de que el toreo no es precisamente lo que ellos piensan al respecto, sino algo que va más allá de una aparente y corta dimensión de las cosas, y porque esta época no se parece en nada a aquella otra. De esa manera, con el cambio radical de prácticas en el quehacer del mundo taurino, era necesario ese propósito de renacimiento a partir de tus tribulaciones.

Me quedo con una especie de pendiente, de tarea o propósito por materializar tus empeños hasta el punto de que sean necesarias muchas jornadas para esa nueva cruzada evangelizadora, la que requieren toreros, aficionados, integrantes de la prensa y los taurinos en su conjunto para cambiar un poco ese triste panorama con el que carga la tauromaquia mexicana de nuestros días.

Cuando haya necesidad de salir y divulgar esa doctrina, diré con satisfacción que esta es resultado de tus inquietudes con lo que se han de cumplir los más caros propósitos, preservando así tu memoria.

En fin, que por ahora me despido mientras la húmeda tarde de hoy, 15 de marzo llora lágrimas por tu partida.

Mi saludo y  mi recuerdo más entrañable, torero.

José Francisco Coello Ugalde.

Ciudad de México, 15 de marzo de 2017.

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¿ES EL TOREO TORTURA O MALTRATO ANIMAL?

EDITORIAL. 

SELECCIÓN DE: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Se ha publicado en el excelente portal “Taurología.com” (http://www.taurologia.com/), una colaboración que es de suyo, relevante sobre todo en estos tiempos de deliberada confusión. Su director, el reconocido periodista Antonio Petit Caro, quien cuenta con un ojo selectivo muy claro, incluye en dicha página electrónica la visión de un notable académico español, Antonio Arenas, una opinión que proviene de estudios científicos y no de la epidérmica discusión que brota en improvisados encuentros de “banqueta”. En correspondencia con la excelente labor que ha realizado “Taurología.com”, hago mías estas notas que desde luego, serán de enorme utilidad para disuadir la débil reflexión que existe en torno al debate sobre si el toreo es tortura o maltrato animal.

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La respuesta de un reconocido experto: ¿Es el toreo tortura o maltrato animal? Un experto reconocido, Antonio Arenas, catedrático de la Universidad de Córdoba y Académico de la Real de Veterinaria de España, ha realizado un análisis detallado de la cuestión, con el propósito de arrojar alguna luz a aquellas personas que no tienen claro el porqué del toro bravo. Para ello, acude el autor “a argumentos objetivos, ya que los subjetivos, como su propio nombre indica, pertenecen al modo de pensar o de sentir de cada sujeto y me merecen el mayor respeto, los comparta o no. Pero son sólo eso, sentimientos muy personales”.

Actualizado 1° de febrero de 2017.

Antonio Arenas, Catedrático de la Universidad de Córdoba, Académico de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España.[1]

   Aprovechando la actualidad de la sentencia del Tribunal Constitucional que anula la ley catalana que prohibía las corridas de toros, ya que considera que la norma invade competencias del Estado en materia de Cultura, me he animado a desgranar algunas consideraciones técnicas al respecto de la tauromaquia y de los toros.

   Con ello, en absoluto es mi propósito intentar reafirmar la afición en los incondicionales taurinos ni convencer a aquellos que abominan la fiesta nacional; sé que sería un esfuerzo inútil. Pretendo, más bien, arrojar alguna luz a aquellas personas que no tienen claro el porqué del toro bravo. Para ello, he procurado siempre utilizar argumentos objetivos, ya que los subjetivos, como su propio nombre indica, pertenecen al modo de pensar o de sentir de cada sujeto y me merecen el mayor respeto, los comparta o no. Pero son sólo eso, sentimientos muy personales.

   Básicamente, las corrientes antitaurinas basan sus argumentos en que el toreo es tortura y maltrato animal.

   Pero, el toreo en sí es una actividad física, tanto del hombre como de la res bovina, aprovechando la agresividad innata de ésta. Se trata, pues, de una actividad parecida a la que se pueda realizar montando a caballo, haciendo trineo con perros o haciendo trabajar a los animales de tiro (caballos, bueyes…). No hay tortura ni maltrato en estas actividades, como tampoco podemos considerar maltratar a una res el hecho de torearla o correrla.

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   El problema se suscita cuando, durante la lidia, se usan utensilios tendentes a herir físicamente al animal con objeto de estimularlo o para que pierda fuerza y poder así someterlo. No debe escandalizarnos hablar de sometimiento, ya que todos los animales domésticos –y el toro bravo lo es- son sometidos a la voluntad o el interés del hombre: educamos al perro o al gato, domamos al caballo, ordeñamos las vacas u ovejas…

   Sentada esta base de que el toreo sin herir a la res no es tortura o maltrato, podríamos preguntarnos ¿es tortura o maltrato el toreo cuando se hiere al animal?

   Es necesario aclarar aquí que a la res bovina, durante la lidia, no se le hiere por placer o de manera indiscriminada. Existen dos situaciones en las que se hiere a los animales de lidia: en el tentadero y en la corrida. En el tentadero de eralas (becerras de dos años de edad) se las hace entrar al caballo de picar varias veces hiriéndolas con una pequeña puya que solamente pincha su piel sin alcanzar tejidos más profundos, por lo que apenas sangran. Se trata de una compleja evaluación de su comportamiento en el caballo para poder valorar su bravura y sólo se hace una vez en su vida. El tentadero es la base de la selección genética de la raza bovina de lidia.

   La raza de lidia es de las pocas que el hombre ha seleccionado atendiendo a sus características comportamentales y no estéticas o productivas. Precisamente, el comportamiento es uno de los aspectos más difíciles de fijar en la selección genética. Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que esta raza es todo un prodigio genético conseguido por los ganaderos españoles durante cientos de años para un fin concreto: crear un animal fiero pero capaz de embestir con nobleza para lograr una estética muy particular, que podrá gustar o no, pero que es única.

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   La otra situación en las que se hiere a los animales de lidia es en la corrida (básicamente toros y utreros), siendo tres las fases de la lidia en las que se usan utensilios para quebrantar al toro. La primera es la suerte o tercio de vara, donde se utiliza la puya, la segunda es la suerte de banderillas y la tercera es la suerte suprema, donde se emplea el estoque para dar muerte al toro.

   Técnicamente es necesario herir al toro con la puya para quebrantarlo y ahormar su embestida, y por supuesto no se hace para hacer daño al toro por el gusto de verlo sufrir como algunos arguyen. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) define la palabra quebrantar como “Disminuir las fuerzas o el brío; suavizar o templar el exceso de algo”. En este caso el toro es llevado al caballo para que suavice su embestida y pueda ser toreado con más temple, lo que dota al toreo de mayor belleza artística. Un toro sin picar suele ser mucho más bronco en la embestida, cabecea más y lleva la cara más alta, dificultando la lidia. No obstante, esta suerte está muy vigilada y legislada, comprobando la autoridad las dimensiones de la puya, el peso de los caballos, el número de varas a que se somete un toro, etc.

   Tal vez esta suerte debería ser revisada a la luz de la genética actual del toro, ya que la bravura alcanzada hoy día hace que los animales se fijen y empleen más profundamente en el caballo (gracias a la selección genética que apuntábamos) entregándose más, lo que va en detrimento de las siguientes suertes. Además, debería regularse el lugar anatómico en el que se coloca la puya, debiendo realizarse preferiblemente sobre el morrillo, que es donde menos daño hace y donde mejor se ahorma la posición del cuello y cara durante la embestida. Estos aspectos deberían ser debatidos técnicamente con mayor profundidad.

   Por su parte, las banderillas tenían como función técnica la de excitar la bravura de los toros tras salir del caballo y antes de la faena de muleta, especialmente en los inicios de la fiesta cuando la casta del ganado de lidia era bastante exigua. Hoy día tienen como objetivo el lucimiento artístico por lo que, si la suerte no se hace bien, sería preferible obviarla, evitando un sufrimiento innecesario del animal.

Es recurrente la pregunta de si el toro sufre o no durante la lidia. La respuesta es que sí. En una lidia sin herir, existe un cierto sufrimiento psicológico, como ocurre cuando sometemos o contrariamos a cualquier otra especie animal, incluida la humana. En la lidia del toro con picadores, es innegable que existe dolor, aunque la descarga de adrenalina hace que este alcance unos niveles casi inapreciables para el toro. Algo parecido ocurre al contrario, cuando, en el fragor de la lidia, el torero apenas se duele de una cogida. La gran mayoría de los toros indultados en la plaza se recuperan fácilmente y no se aprecian en ellos secuelas físicas o psicológicas, manteniendo luego comportamientos totalmente normales.

   Finalmente, la suerte suprema, la muerte del toro en la plaza, es consustancial a la tradición española desde antes del siglo XII. Este aspecto es uno de los que más molesta a los abolicionistas, que abominan la muerte del animal. Pero es necesario detallar aquí que todos los toros, se lidien o no, son siempre sacrificados. Se habla de que en Portugal no se mata al toro, pero también se hace, apuntillándolo en los corrales.

   ¿El toreo es tortura?

   Debemos echar mano de nuevo del diccionario de la RAE para encontrar la definición de tortura; en él, se la define como el “Grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo”. Como vemos, utiliza el pronombre indefinido alguien, que se refiere a personas; no obstante, podríamos aplicarlo también a los animales. Pero deducimos que la lidia no es tortura, ya que no se trata de causar dolor para así dar castigo al animal por algo malo que haya hecho. Bien al contrario, cuando se hiere al animal durante su lidia, o es con fines de selección genética y por tanto zootécnica, o es para conseguir ahormar la embestida de un animal poderoso y poder expresar así un arte apreciado por multitud de personas y personalidades de las artes, de las letras y de las ciencias a través de los tiempos. Otras personas, en cambio, no ven aquí arte. Es cuestión de sensibilidades.

   Por su parte, la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, en sus artículos 173 y siguientes que tratan sobre “las torturas y otros delitos contra la integridad moral” tampoco contempla a los animales como objeto de tortura.

   Al toro se le hiere durante la lidia, pero no para causarle dolor, sino por motivos que tienen un fin concreto y sujetos a estrictas normas legales. Por estas razones estimamos que el toreo no puede considerarse tortura.

   ¿Es el toreo maltrato animal?

   Recurrimos otra vez al diccionario de la RAE, donde la palabra maltrato aparece definida como “Tratar mal a alguien de palabra u obra”. Una vez más utiliza el pronombre alguien, pero apliquémoslo a los animales.

   ¿Realmente tratamos mal a las reses de lidia? Definitivamente no, más bien todo lo contrario. La cría de las reses de lidia es una de las más naturales que se efectúan en las especies domésticas, habitualmente en parajes de gran valor medioambiental. Se respetan con pulcritud la etología, la alimentación, la genética, la sanidad y todo el manejo natural que se realiza.

   Por ejemplo, en una explotación de vacas de leche, estas son inseminadas artificialmente en el celo y ordeñadas hasta unos dos meses antes del parto; los terneritos suelen separarse de la madre nada más nacer y son criados con leche en polvo adecuada. Tras tres a seis meses (depende del tipo de destete), pasa a los corrales de transición y cebo hasta que alcanzan el peso de venta con unos 14 meses. Durante todo este tiempo, madre y ternero son tratados con todo mimo y cuidado, cumpliendo todas las normas de bienestar y sanidad animal.

   Lo mismo ocurre con las reses de lidia, sólo que los lotes de vacas son apartadas con un semental durante el periodo de cría y los becerros se destetan de sus madres de manera natural a los 7 u 8 meses de vida. Luego pasan a los cerrados con animales de su mismo sexo y edad. Las hembras son tentadas con unos dos años y si no demuestran nobleza y bravura son cebadas y sacrificadas humanitariamente en un matadero; en caso contrario son dejadas como vacas nodrizas hasta que mueren de viejas. Mientras, los machos son separados en corridas con unos 3 años de edad (utreros) y suelen ser toreados con 4 o 5 años (toros). Creemos interesante reseñar que sólo mueren en la plaza alrededor de un 10 por ciento de la ganadería; el resto o mueren en el campo de manera natural o son sacrificados en el matadero.

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   La cría y manejo del toro de lidia, desde que nace hasta que sale por los chiqueros de la plaza, puede ser considerada como el paradigma del bienestar animal.

Pero es que en un encierro o en una capea donde los animales corren libremente en un circuito campando por sus respetos y dando rienda suelta a sus instintos y donde en absoluto son heridos, tampoco hay maltrato.

   Además, durante el traslado, los camiones y las condiciones del viaje y alojamiento deben cumplir la estricta normativa europea de bienestar animal, siendo esto comprobado y vigilado por los servicios veterinarios autorizados y por la autoridad gubernativa y policial. Todo está absolutamente legislado en materia de bienestar y sanidad animal hasta la muerte del toro.

No debe escandalizarnos la matanza o sacrificio de los animales. El Homo sapiens, como especie, tiene todo el derecho del mundo a matar otras especies para su interés, como lo hacen el gato, el león, el lince o el águila. Nosotros, en vez de matar, empleamos el eufemismo sacrificio, porque se hace de la manera más humanitaria posible. La matanza de animales está enormemente reglamentada en todos los países civilizados, cumpliendo todos los estándares que garanticen una muerte digna.

   Teniendo todo esto en cuenta, podríamos considerar maltrato no la lidia o el toreo en sí, sino cuando se hiere al animal durante la lidia, siendo especialmente desagradable para algunas personas cuando el toro muere en la plaza. Pero es que la otra opción es morir humanitariamente apuntillado.

   Aquí me permito una licencia subjetiva… ¿es una muerte digna para un toro bravo morir apuntillado en un matadero? Precisamente creemos que la muerte en la plaza es lo que más se merece (lo más digno) un animal que ha sido altamente seleccionado y criado expresamente para pelear y defender su vida en una plaza de toros ante un torero, creando así un profundo sentimiento (para muchos, artístico, aunque para otros no lo sea). La muerte de un imponente toro bravo apuntillado en un corral o en un matadero sí que nos resulta una muerte indigna para él, ya que cercenamos su razón de ser. A otras personas, por el contrario, les resulta abominable la muerte del toro en la plaza. Como ya hemos comentado es cuestión de sensibilidades.

   Como también es cuestión de sensibilidades el aborto o ‘sacrificio’ de embriones humanos; o la eutanasia o ‘sacrificio’ de personas terminales. A unas personas su sensibilidad les lleva a tomar una posición y a otras les lleva a la contraria.

   Dice Francis Wolff,[2] catedrático de Filosofía en la Universidad de París: “Sólo hay un argumento contra las corridas de toros y no es verdaderamente un argumento. Se llama sensibilidad… La sensibilidad no es un argumento y sin embargo es la razón más fuerte que se puede oponer contra las corridas de toros… pero ¿la sensibilidad de unos puede bastar para condenar la sensibilidad de otros?”.[3]


[1] Disponible en internet febrero 11, 2017 en:

http://www.taurologia.com/respuesta-reconocido-experto-toreo-tortura–4492.htm

1Francis Wolff. 2010. 50 razones para defender la corrida de toros. Ed.: Campo Bravo SL. Madrid. pp 9-10.

[3] Fuente: http://www.portaltaurino.net/enciclopedia/doku.php/veterinarios.

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