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LA “ENCERRONA” DE HILDA TENORIO.

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XXI. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Como ya se sabe, el próximo 15 de mayo, Hilda Tenorio materializará una gesta: encerrarse con seis ejemplares de Brito. Tal aspecto, privativo entre los toreros ha sido, a lo largo del tiempo, una demostración de capacidades en al menos, dos sentidos. Uno, con el que se demuestra el grado de madurez al que puede llegar un matador de toros en su carrera, lo que supone encarar hazañas de tal naturaleza. Y el otro, para corroborar hasta qué punto el estado físico del aludido se encuentra para soportar tamaña responsabilidad. Sin embargo, lo particular del caso es que sea una mujer la que se convierta en protagonista de la que también ya puede considerarse como una efeméride.

   Y es que en nuestro país, la presencia femenina aunque bastante menor, ha tenido capítulos que sumados, pueden convertirse en un compendio de información muy pero muy interesante. Tal es el caso de un trabajo de mi autoría: “Las Nuestras. Tauromaquia mexicana con toque femenino (Desde los siglos virreinales y hasta nuestros días)”, donde en 352 páginas, 30 capítulos y tres anexos intento abarcar buena parte de los registros que la historia ha proporcionado al respecto. Allí se encuentra mencionado el nombre de la primera torera registrada: Ana María de Guadalupe y Nava Castañeda, quien en un documento de 1725, se identificaba asimismo como “Torera”, oficio con que el que aparece tal declaración en unos folios ubicados en el Archivo General de la Nación, aunque no hay más datos al respecto. De corroborarse su protagonismo en algún tipo de celebración o interviniendo directamente en fiestas de toros, ello permitiría entender que la presencia femenina, aunque de alguna manera estaba limitada por razones de género, cabría aquí la confirmación de que la Nava y Castañeda se convierta en la primera torera en la Nueva España, por lo menos a partir de estos registros. Para la época a que me refiero, la práctica del toreo estaba detentada por los hombres quienes, más a caballo que a pie desempeñaban las diferentes suertes que se realizaban por entonces. Casada con un albañil debe haber sido en todo caso el tipo de personaje que intentaba colocarse en términos marginales lo cual no le permitía demasiada libertad de movimiento, misma que se debe haber dado en medio de condiciones rigurosamente fijadas por los estamentos taurinos de entonces. Antes, en 1640, y como una mención especial, hubo otra mujer, escritora, quien escribió una importante obra cuyo título es: Fiestas de Toros, Juego de Cañas, y alcancías, que celebró la Nobilísima Ciudad de México (…) año de 1640. En celebración de la venida a este Reino, del Excmo. Sr. D. Diego López Pacheco, Marqués de Villena. Ella, su autora fue Doña María de Estrada Medinilla.

   En el siglo XIX, son varias las mujeres toreras que alternaron en diversas ocasiones con otros tantos diestros. Tal es el caso de Guadalupe Luna Lupe la Torera, Teresa Alonso, Manuela Gómez, Victoriana Sánchez, Dolores Baños, Soledad Gómez, Pilar Cruz, Refugio Macías, Ángeles Amaya, Mariana Gil, María Guadalupe Padilla, Carolina Perea, Antonia Trejo, Victoriana Gil, Ignacia Ruiz La Barragana, Antonia Gutiérrez, María Aguirre La Charrita Mexicana y desde luego las españolas Ignacia Fernández La Guerrita, así como Dolores Pretel Lolita y Emilia Herrero Herrerita. Ambas encabezaron la famosa cuadrilla de Señoritas toreras que levanto furor entre fines del XIX y comienzos del XX.

   No puedo dejar de mencionar a Concha Salata y alguna más, que toreaba por Guadalajara haciéndose llamar María la Torera, esto en la séptima y octava décadas del XIX.

   A lo largo del siglo XX, hay otros nombres: Juanita Cruz, María Cobián La Serranita y también Conchita Cintrón que fueron “ídolos” en su momento. De igual forma, Juanita Aparicio, Patricia Mc Kormick… hasta llegar a nuestros días con Raquel Martínez, Maribel Atienzar, Claudia Belmont, Mónica Serrano… Cristina Sánchez, Mary Paz Vega, Lupita López, Marbella Romero e Hilda Tenorio. Varias de ellas de origen extranjero encontraron apoyo en este país actuando en diversas ocasiones. Hoy, el caso de Hilda Tenorio y luego de revisar las fuentes apropiadas del caso, me lleva a concluir que su próxima reaparición en Tepotzotlán, se convertirá en definitiva, en la primera “encerrona” protagonizada por una mujer. Celebró de antemano este acontecimiento, con lo que nos viene a demostrar la enorme afición que ha consistido en una resistencia que no solo ha sido superar las rehabilitaciones y cornadas, sino el solo hecho de que no ha desistido en su intento de defender a ultranza su “parcela” misma que ahora comprueba con esa actuación en “puerta”. Ya los carteles de tan esperada presentación, comienzan a aparecer por las calles del también considerado “Pueblo mágico” de Tepotzotlán. ¡Suerte matadora!

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   Y qué tal si para cerrar estas notas, un poema de Elia Domenzáin publicado en 2002:

AL TOQUE

 Al toque del clarín de un cielo andaluz,

me transporto elevada sobre cuarenta mil voces

del olé mántrico gritándole a Dios.

 

Al vuelo en el ruedo, las tus luces del terno,

me brindan ilusiones y promesas

de viajar en tu faena.

 

Me tientas,

me burlas,

me seduces,

me dominas

y con los ojos clavados en el fondo del mirar,

me citas a torearme en la danza de jadeos,

me ventilas capotazos airados de estupor.

 

Muda y mansa en la sombra,

brava y tora en el sol,

me someto a tus ojos

sin intuir el puyazo,

ni sospechar la traición.

 

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DE BRONCAS E INCENDIOS EN PLAZAS DE TOROS.

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XXI. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Motivo de las notas que hoy ofrezco a ustedes, es el de la siguiente noticia:

EL COLISEO CENTENARIO SUFRE UN INCENDIO_27.02.2016

Disponible en internet, febrero 29 de 2016 en:

http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=25118

   Hace unos días y en medio de circunstancias accidentadas, el moderno “Coliseo Centenario”, ubicado en la ciudad de Torreón, Coahuila, fue blanco de fuerte incendio, resultado de un espectáculo de rodeo cuya puesta en escena si bien fue autorizada para uso de pirotecnia en frío, terminaron empleando fuegos artificiales. Alguna mecha, algún candente trozo de aquella pólvora ardiendo llegó hasta el toldo, siendo suficiente para que en cosa de segundos las brasas se extendieran peligrosas y fuera de control. Por fortuna, y hasta donde se sabe, el desalojo de unas 800 personas ocurrió en forma rápida y ordenada, por lo que no hubo reporte de lesionados.

   Este pasaje de inmediato nos lleva a recordar algunos episodios donde ocurrieron hechos muy parecidos. El primer caso del que se tiene noticia se remonta al año de 1821, en que se sabe que ocurrió un incendio en la Real Plaza de Toros de San Pablo, la que luego en 1823 fue desmantelada. En ese lapso, se puso en funcionamiento otra plaza también conocida como Plaza Nacional de Toros, quizá porque se ubicaba en el centro de la entonces recientemente nombrada Plaza de la Constitución. Ambas, como era costumbre, fueron armadas con madera. De ahí su condición de “efímeras”. [1] Son escasos los datos sobre la segunda, aunque hay un cartel, que nos remite a la corrida efectuada el domingo 15 de agosto de 1824.[2] Sin embargo, casi un año atrás, el jueves 3 de Julio de 1823, según nos cuenta Carlos María de Bustamante:

   (…) Se está echando abajo la plaza de Toros, de orden del Gobierno, porque se denunció una conspiración, en cuyas operaciones horribles entraba como la primera a incendiar esa enorme montaña de madera.[3]

   Respecto a algunos datos de la Real Plaza de toros de San Pablo me encuentro con un dilema: en 1815 se reconstruyó -en una de sus permanentes rehabilitaciones-, a partir del maderamen que dejó disponible el desmantelamiento de la plaza del Volador, ocurrido un año atrás. Fue durante el mes de abril de 1821 y luego el 9 de mayo de 1825 cuando la plaza sufrió sendos incendios, y no se tiene más noticia que la de su reinauguración, ocurrida en 1833. Bustamante aporta un dato interesante:

Domingo 4 de enero de 1824 (Bello tiempo).

Esta tarde ha habido una excelente corrida de Toros en la Plazuela de S. Pablo, cuios productos serán aplicados al reparo de la Plaza mayor. La función ha estado muy concurrida.[4]

Es decir, tanto el Ayuntamiento interesado en la continuidad del espectáculo y también el asentista, que en aquella ocasión era el coronel Manuel de la Barrera, se propusieron remozar el coso y así dar continuidad a las fiestas, para permitir con ello el arreglo de la Plaza mayor misma que, seguramente, presentaba un panorama de descuido.

Se ubicaba la plaza de toros en la manzana formada al norte, por la Iglesia de San Pablo el Nuevo, al oriente, callejón del Topacio, hoy tercera calle del Topacio, y por el poniente, con la segunda calle de Cuevas, hoy novena de Jesús María.[5]

Sin embargo, la Plaza Nacional de toros y la de San Pablo tuvieron un mismo destino aunque en distinto momento: se quemaron. Fue el 9 de mayo de 1825, día de horrible calor, según Bustamante, que se incendió la Plaza de Toros (de San Pablo) “que la ha reducido a pavezas”. Un día después el mismo autor del Cuadro Histórico apunta:

Mucho da que decir y pensar el incendio de la Plaza de Toros: a lo que parece se le prendió fuego por varias partes, pues ardió con simultaneidad y rapidez. ¿Quién puede haver causado esta catástrofe? He aquí una duda suscitada con generalidad, y atribuida con la misma a los Gachupines para hacerlos odiosos y que cayga sobre ellos el peso de la odiosidad y persecución, opinión a que no defiero, no por que no los crea yo muy capaces hasta de freirnos en aceyte, sino por que ellos obran en sus intentonas con el objeto de sacar la utilidad posible, y de éste ninguna sacarían. Otros creen que algún enemigo del asentista Coronel Barrera fué el autor de este atentado, y aún él mismo ministra fuertes presunciones para creerlo; en la postura a la Plaza se la disputó un Poblano tenido por hombre caviloso y enredador, y tanto como encargado por el Ayuntamiento de esta Capital de plantear la Plaza de Toros para la proclamación de Yturbide fué necesario quitarle la encomienda por díscolo: en el calor de la disputa dixo con énfasis a Barrera… Bien, de V. es la Plaza, pero yo aseguro a V. que la gozará por poco tiempo -expresiones harto significantes y que las hace valer mucho el cumplimiento extraordinario de este vaticinio. Se asegura que fueron aprendidos dos hombres con candiles de cebo: veremos lo que resulta de la averiguación (Encuadernado aquí el Impreso Poderoso caballero es don dinero. México, Oficina de D. Mariano Ontiveros, 1825, 4 p., firmado El tocayo de clarita) judicial que se está haciendo; por desgracia no tenemos luces generalmente de Letras sino de letras muy gordas y incapaces de llevar la averiguación acompañada de aquella astucia compatible con el candor de los juicios, ni hay un escribano como aquel Don Rafael Luaro que supo purificar el robo de Dongo en los primeros días de la administración del Virey Revillagigedo de un modo que asombró a los más diestros curiales.

En el acto del Yncendio ocurrió la compañía de granaderos del número Primero de Ynfantería la que oportunamente cortó la consumación del fuego con la Pulquería inmediata de los Pelos el que pudo haverse comunicado al barrio de Curtidores: esta tropa al mando del Teniente Coronel Borja trabajó tanto que dexó inutilizadas sus herramientas. Del edificio no ha quedado más que el Palo de en medio donde estaba la asta bandera, e incendiado en la puerta, lo demás es un cerco de ceniza que aun no pierde la figura de la plaza. Desde el día anterior se notó que en la tarde procuraron apagar con el cántaro de agua de un vendedor de dulces el fuego que aparecía en un punto de la Plaza. Dentro de ella había quatro toros vivos, y tres mulas de tyro; todas perecieron, y ni aún sus huesos aparecen. De los pueblos inmediatos ocurrieron muchas gentes a dar socorro, pues creyeron que México perecía; tal era la grandeza de la flama que se elevaba a los cielos. El daño para el asentista es gravísimo, pues a lo que parece en la escritura de arrendamiento estipuló que respondía la Plaza si pereciese por incendio u otro caso fortuito. ¡Cosa dura vive Dios! que pugna con los principios de equidad y justicia. Además tenía contratada una gruesa partida de toros para lidiar al precio de 50 pesos al administrador del Condado de Santiago Calimaya de los famosos toros de Atengo. Todo esto nos hace sentir esta desgracia, y pedir fervorosamente al cielo no queden impunes los autores de un crimen de tanta trascendencia, y que envalentonará con su impunidad a los malvados a cometer otros de la misma especie.[6]

   Por otro lado me amparo en Enrique de Olavarría y Ferrari quien nos dice:

En cambio las lides de toros sufrieron un rudo golpe con la completa destrucción de la Plaza Nacional taurina, que en la madrugada del 9 de Mayo (de 1825) comenzó a incendiarse, cebándose las llamas en aquella enorme construcción de apolillada madera, con tal actividad, que en poco tiempo quedó reducida a cenizas.[7]

   La confusión a que se expone el presente material es que se dice que estaba en servicio la plaza de San Pablo en 1824 (justo el 4 de enero, a pesar de que menciona a la de San Pablo), cuando sólo sabemos que era la Plaza Nacional de Toros (1821-1825), junto a las de don Toribio y Necatitlán, las que funcionaban por aquel entonces, a pesar de que como dice nuestro autor “Del edificio no ha quedado más que el palo de en medio donde estaba el asta bandera”, lo que complica nuestras perspectivas, pues solo la de San Pablo poseía tal ornato y no la “Plaza Nacional de Toros”, dato que se confirma del notable óleo sobre cartón que logró del escenario John Moritz Rugendas en 1833, donde aparece dicha columna rematada por la mencionada asta bandera. Asi que, ¿de cual plaza se trataba: de la de San Pablo o de la Plaza Nacional de Toros la que definitivamente se quemó?

PLAZA SAN PABLO

Desde la cúpula de la iglesia de San Pablo la corrida podía apreciarse en toda su magnitud. Litografía de Ignacio Cumplido, México, 1840.

Fuente: Heriberto Lanfranchi. La fiesta brava en México y en España. 1519-1969, T. I., p. 133.

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Corrida de toros en la Plaza de San Pablo, John Moritz Rugendas, 1833. Óleo sobre cartón.

Colección del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, México.

   Además, muy cerca de ahí se encontraba la famosa pulquería de “Los Pelos” y el barrio de Curtidores, que estaban inmediatos a la plaza de San Pablo, pues en ningún momento refiere que se tratara de la plaza ubicada en plena plaza mayor o de la “Constitución”.

   Independientemente de todo esto, las plazas de toros de San Pablo,[8] junto a la Plaza Nacional de toros, don Toribio y Necatitlán dieran corridas en aquellas fechas, lo cual significa que la ciudad de México y su población, gozaban del espectáculo de manera por demás bastante frecuente.

   Así que la plaza incendiada resulta ser nuevamente la de San Pablo, inmueble que seguramente movió a fuertes disputas por su regencia, como se aprecia a la hora en que Otros creen que algún enemigo del asentista Coronel Barrera fué el autor de este atentado, y aún él mismo ministra fuertes presunciones para creerlo; en la postura a la Plaza se la disputó un Poblano tenido por hombre caviloso y enredador, y tanto como encargado por el Ayuntamiento de esta Capital de plantear la Plaza de Toros para la proclamación de Yturbide fué necesario quitarle la encomienda por díscolo: en el calor de la disputa dixo con énfasis a Barrera… Bien, de V. es la Plaza, pero y aseguro a V. que la gozará por poco tiempo -expresiones harto significantes y que las hace valer mucho el cumplimiento extraordinario de este vaticinio-.

   La Plaza Nacional de Toros también de madera, seguramente cumplió el ciclo de su vida en ese mismo 1825, fecha que como ya vimos, nos facilita de pasada para información de su perecedera existencia; pues muchas de las plazas levantadas para celebrar corridas tenían una vida efímera al quedar inservible el material con que se construían y ambas plazas -ya desaparecidas en el mismo año- fueron sustituidas por otra que se levantó a un costado de la Alameda (en los rumbos de la Mariscala). Recordemos que en tiempos coloniales hubo alguna plaza que colindaba también con la Alameda y estaba a un lado del “quemadero” de san Diego (actualmente la Pinacoteca Virreinal). Años después, de nuevo funciona la de San Pablo (a partir de 1833), cuya vida se extenderá hasta 1864, año definitivo en que desaparece, no sin faltar otras interrupciones, como aquella de 1847, cuando la ciudad de México sufrió la invasión del ejército norteamericano y hubo necesidad de utilizar gran parte de tablas y tablones colocados en el coso para la defensa de dicha invasión, siendo formadas las trincheras por parte de los miembros del ejército nacional. Creo que el propósito por aclarar estos datos alcanza alguna luz, luego de separar la historia de cada plaza, que, por consecuencia se juntan en un momento muy cercano.

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La Plaza Nacional de Toros, en una curiosa representación, hacia 1823. Vista general.

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Detalle de la anterior. Fuente: “México y los grabadores europeos”. México, Artes de México, Nº 166, año XX, 1975. 92 pp. Ils., grabs., retrs., p. 60-61.

   De la exposición VIAJEROS EUROPEOS DEL SIGLO XIX EN MÉXICO, que fue montada en el Palacio de Iturbide en 1998, retomo unos apuntes personales que dicen:

   Esta es la Plaza de “la Constitución”, nombre que adquirió a partir de la constitución de Cádiz de 1812. Comparémosla ahora con esta magnífica recreación, para una plaza de toros que sí existió en este mismo sitio, visión realizada por Dante Escalante a partir de una retrospectiva de los ingleses William Bullock y Robert Burford, y que se remonta a un día cualquiera entre los años de 1822 a 1825. Para ver mejor el espectáculo nos colocamos desde un buen sitio, digamos Catedral, al pie de una de sus monumentales torres.

   Luego de admirar el imponente espectáculo, tenemos en primer término la Plaza Nacional de Toros, inaugurada hacia 1822, que sucedió temporalmente a la Real Plaza de toros de san Pablo, que se incendió como ahora se sabe, en abril de 1821.

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   En esta plaza se realizó un festejo el 15 de agosto de 1824 (y otro más el 25 de febrero de 1821, según consta la reproducción del cartel que me permitió retratar el Sr. Manuel Barbosa, en Guadalajara, Jalisco) en el que participaron tanto en uno como en otro, muy probablemente los hermanos Luis, Sóstenes y José María Avila, figuras que por aquel entonces destacaban en la fiesta, entendiéndoselas con toros , tanto de aquellos venidos de la Nueva Vizcaya como de Atenco. Este otro cartel, señala que la corrida fue en honor de Nicolás Bravo.

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Curioso cartel de la PLAZA NACIONAL DE TOROS, enclavada en lo que hoy es la “Plaza de la Constitución”, o “Zócalo” de la Ciudad de México.

Fuente: Archivo Histórico del Distrito Federal [A.H.D.F.] Ramo: Diversiones Públicas, Vol. 856, exp. 71: Se convocan postores para la formación de la plaza en que han de hacerse las corridas en celebridad de la Jura del Emperador Agustín 1º. Año de 1823. Sobre reconocimiento de la plaza para las corridas por la coronación de Agustín 1º.-Fojas 10.

   Conviene recordar de nueva cuenta que infinidad de plazas levantadas durante todo el siglo XIX eran de madera, por tanto vulnerables, a pesar de que su armado fuese seguro y de que se contara con los permisos de la autoridad para la celebración de buen número de festejos. Pero al paso de semanas o meses, aquellos recintos estaban sujetos a las inclemencias del tiempo, con lo que la madera se tornaba sensible y hasta peligrosa. Hasta ahora, puedo apuntar en una primera conclusión que lo ocurrido con la plaza de San Pablo se entiende a la luz de alguna venganza, debido al hecho de que el asentista o empresario de la misma, el coronel Manuel de la Barrera, personaje influyente, detentaba unos poderes en los que incluso contaba con la amistad y la anuencia de altas autoridades, incluyendo al propio presidente de la república en turno.

    Ya en la parte final del siglo XIX, hubo otras tantas plazas de toros en la ciudad de México, algunas de las cuales fueron escenario de escándalos y broncas, hasta el punto que se convirtieron en motivo de “desquite” por parte de aficionados que manifestaron su indignación ya por el mal ganado o por la pésima actuación de los espadas. Allí están casos como los siguientes:

20 de diciembre de 1885: Plaza del Huisachal. Ejemplares de Santín para Francisco Gómez Chiclanero y Juan Moreno El Americano.

16 de marzo de 1887: Plaza de toros San Rafael. Luis Mazzantini y Diego Prieto con “toros” de Santa Ana la Presa.

1° de diciembre de 1889: Plaza de toros El Paseo. Manuel Hermosilla con 6 ejemplares de Nopalapam, ocasión en que el público destruyó la plaza.

2 de noviembre de 1890, en la de Colón: Carlos Borrego “Zocato” y Vicente Ferrer, con “toros” de Guanamé que salieron malísimos.

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La misma plaza, por dentro y por fuera luego de la descomunal bronca que se desató aquella jornada.

Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 215 y 216.

   A lo largo del siglo XX, también quedaron registros de diversos escándalos, que en ocasiones concluyeron en circunstancias bastante lamentables. Allí están casos como el de la tarde del 28 de agosto de 1910…

BRONCA EN EL TOREO

   Célebre fue la bronca del 12 de julio de 1925. Toreaban en festejo mixto y en el Toreo de la Condesa, Rafael Gómez Ortega El Gallo y José Gómez Joseíto de Málaga junto al novillero José González Carnicerito de México, con ejemplares de Piedras Negras.

   Del mismo modo, volvió a presentarse caso similar como en la de San Pablo, ahora con la entrañable plaza de toros de Vista Alegre, ubicada en San Antonio Abad y Claudio Bernard. La tarde del 7 de noviembre de 1937

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Revista de Revistas. El semanario nacional. Año XXVII, Núm. 1439 del 19 de diciembre de 1937. Número monográfico dedicado al tema taurino.

Tras el engaño de rigor habido para con los aficionados, este fue el balance:

MÁS DE VISTA ALEGRE...

Revista de Revistas. El semanario nacional. Año XXVII, Núm. 1439 del 19 de diciembre de 1937. Número monográfico dedicado al tema taurino.

   De nuevo, y en “El Toreo”, no puede uno dejar de contemplar remembranzas como la del 11 de enero de 1942 cuando Luis Castro El Soldado pretendió finiquitar a Corvejón de San Diego de los Padres, sólo que desde el burladero, o la tarde del 1° de agosto de 1943. En esa ocasión se lidiaba una novillada de El Rodeo, propiedad del General Maximino Ávila Camacho. ¡Cómo estarían las cosas que al doblar el quinto, de nombre Sevillano…! una buena cantidad de asistentes se lanzó al ruedo, y aprovechando la forma en que había doblado aquel buey de carreta, pronto acomodaron los más cojines que pudieron. Aquello terminó convertido en una pira, quemándose los restos del novillo. Con ello, la afición descargaba su ira no en aquel pésimo astado, sino en el hecho de que el mismo, procedía de las dehesas administradas por el mismísimo “hermano incómodo” a quien seguramente se le destino en semejante mensaje, el desacuerdo popular habido con tan polémico personaje, hermano del entonces Presidente de la República, Gral. Manuel Ávila Camacho.

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   Finalmente menciono dos broncas que fueron célebres en la plaza de toros México. Una la del 19 de enero de 1947, donde enfurecidos asistentes arrancaron anuncios comerciales, en medio de tremenda cojiniza y quemazones por aquí y por allá, en tanto Lorenzo Garza era detenido y enviado a la cárcel…

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Era el comienzo de aquel tremendo escándalo. Col. del autor.

…y la del 11 de marzo de 1956. Toreaban en aquella ocasión Alfonso Ramírez Calesero, Luis Miguel Dominguín y Alfredo Leal, con 6 de Jesús Cabrera. 

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El Ruedo. Semanario gráfico de los toros. Año XIII, Madrid 22 de marzo de 1956 N° 613, p. 3.

   En uno de los pies de foto se indica: “Y como los mejicanos –como por “acá”- tienen la sangre caliente, la bronca que podemos ver ahora más de cerca tuvo actores de apoteosis, con hogueras y todo en los tendidos y no en el ruedo, si nos atenemos a las informaciones. Disponible en internet, febrero 29 de 2016 en:

http://bibliotecadigital.jcyl.es/bdtau/i18n/publicaciones/listar_numeros.cmd?submit=Buscar&busq_idPublicacion=352&busq_anyo=1956&posicion=26

   De entonces para acá, no han faltado ocasiones como estas. Sin embargo, el comportamiento de los aficionados ha sido más prudente, por lo que las plazas ya no son ese hervidero, próximo a destrucciones o quemazones que las hubo, y ¡vaya en qué forma!

   Finalmente debo agregar que entre las referencias bibliográficas para elaborar estas notas se encuentra la obra de Luis Ruiz Quiroz: Efemérides taurinas mexicanas. México, Bibliófilos Taurinos de México, A.C. 2006. 441 p. Se trata de una fuente primaria muy apreciada, misma que elaboró bajo el rigor que siempre caracterizó a tan reconocido bibliófilo taurino.


[1] Puede hablarse de un cambio de concepciones en cuanto a la posibilidad de hacer permanente el espectáculo en plazas que no guardan el síntoma de la permanencia-, debido a que se construyeron sus edificios a partir del apoyo de madera y nunca como posible escenario definitivo, sea este de mampostería, piedra u otros materiales.

Se trata, en todo caso, de algo que puede ser calificado como de arquitectura efímera. Véase de Guillermo Tovar de Teresa: “Arquitectura efímera y fiestas reales. La jura de Carlos IV en la ciudad de México, 1789”. Artes de México, nueva época, Nº 1, otoño de 1988, p. 42-55.

Otras plazas.-Sin afán de profundizar con detalles y minucias en plazas efímeras, dedicaré un poco de atención a aquellas que prestaron sus servicios de manera provisional.

 PLAZAS DE TOROS EN LA CD. DE MÉXICO

Datos tomados del trabajo de Benjamín Flores Hernández: “Sobre las plazas de toros en la Nueva España del siglo XVIII”. México, ESTUDIOS DE HISTORIA NOVOHISPANA, vol. 7. (México, 1981). pp. 99-160, fots. (Pág. 158-160).

 [2] PLAZA NACIONAL DE TOROS Domingo 15 de agosto de 1824 (Si el tiempo lo permite)

La empresa, deseando tomar parte en los justos regocijos por los felices acontecimientos de Guadalajara, no menos que en la debida celebridad del EXMO. SR. D. NICOLAS BRAVO, á cuya política y acierto se han debido, determina en la tarde de este día una sobresaliente corrida, en la que se lidiarán ocho escogidos toros de la acreditada raza de Atenco, incluso el embolado, con que dará fin.

Con tan plausible objeto las cuadrillas de á pie y á caballo ofrecen llenar el gusto de los espectadores en cuanto les sea posible, esforzando sus habilidades.

ENTRADAS

Sombra: Con boletines que se espenderán á cuatro reales en la primera casilla

Sol: Con boletines que se espenderán á 2 reales en las casillas 7ª y 8ª, y se entregaran en la puerta.

Las lumbreras por entero se arrendarán a cuatro pesos cada una con boletines de ocho personas en la alacena de D. Anacleto González en el portal de Mercaderes, desde el día anterior hasta la una de este, y de esta hora en adelante en la puerta principal de la misma plaza.

[3] Carlos María de Bustamante: DIARIO HISTORICO DE MEXICO. DICIEMBRE 1822-JUNIO 1823. Nota previa y notas al texto Manuel Calvillo. Edición al cuidado de Mtra. Rina Ortiz. México, SEP-INAH, 1980. 251 p. Tomo I, vol. 1. Además, entre 2001 y 2003 se publicaron dos discos compactos que reúnen la misma obra, sólo que de manera conjunta, abarcando los años de 1822 a 1834; y de 1835 a 1848 respectivamente. Diario Histórico de México. 1822-1834 (disco 1); Diario Histórico de México. 1835-1848 (disco 2). México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, El Colegio de México, 2011 y 2003. 2 CD-ROM. Tomo I, Vol. 2. Julio-Diciembre de1823, p. 8.

[4] Op. cit., T. I., Vol. 2, enero-diciembre 1824, p. 11.

[5] Lauro E. Rosell: Plazas de toros de México. Historia de cada una de las que han existido en la Capital desde 1521 hasta 1936. México, Talleres Gráficos de EXCELSIOR, 1945. 192 pp. ils., fots. (pág. 18).

[6] Bustamante: Diario Histórico de…, op. cit. Tomo III, Vol. 1. Enero-Diciembre de 1825, p. 72-73.

Lunes 9 de Mayo de 1825 (Horrible calor)

Esta mañana a las 3 se anunció por la campana mayor de catedral el horrible fuego que apareció en la Plaza de Toros que la ha reducido a pavezas; mañana referiré las circunstancias de este suceso muy doloroso de que me estoy refiriendo.

Además:

 PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

    Bien sabido es, que por el dinero, y con el dinero se ha plagado el mundo de delitos, miserias y desgracias: por él se han suscitado las guerras, y con él se han emprendido, dándose al saqueo las ciudades, y a la destrucción los imperios: por el dinero se matan los hombres, y con el dinero viven y se engrandecen los oscuros y despreciables: por el dinero se levantan las más negras calumnias, y con el dinero se cubren y quedan sin castigo los crímenes más horrorosos: por el dinero se pierde la quietud, y con el dinero se corrompe el corazón. Esto, y muchísimo más, puede el dinero en grande; veamos como obra, respectivamente, en chico.

   El déspota particular con mucho dinero, de nada carece y cuanto quiere alcanza: acostumbrado a hacer su gusto en todo, se felicita y complace en la ejecución de sus más vergonzosas pasiones y soberbios caprichos, pues cuenta siempre con la ciega obediencia de los seres degradados que lo adulan.

   Así el hombre venal, orgulloso y dominador, si es rico, aunque se vea lanzado del alto asiento que usurpaba, y destituido del poder absoluto que ejercía sobre los demás, conserva una superioridad tan altanera, que casi se identifica con el mismo absoluto poder que ha perdido. De aquí pueden hacerse aplicaciones muy exactas con referencia a los casos que han acontecido y están aconteciendo desde nuestra emancipación política: hágalas, si gusta, el juicioso lector, y luego encárguese del objeto a que se dirige este papel para fallar imparcialmente, llevando por delante aquel refrán que asienta: por lo poco, se pasa al conocimiento de lo mucho.

   Después que por motivos bastante notorios estuvo sin ejercicio el coliseo de esta corte una porción de tiempo, los cómicos proyectaron y consiguieron su apertura, quedando responsables de mancomún al arrendamiento de la finca, y cuando habían dado muchas funciones, que el público vió con aprecio, regresó de la Habana en junio de 824 el gran cantador Andrés del Castillo, convencido de que no podía lograr colocación ventajosa fuera de este suelo que le dio tantos miles de pesos.

   Admitido nuevamente al teatro por la generosidad de sus arrendatarios, tuvo la desvergüenza de decirnos por medio de un manifiesto (tratando cohonestar su punible fuga) que se ausentó con el fin de ilustrarse y volver á servirnos con nuevas y selectas operas que había adquirido. Nos dio tres o cuatro en cansadas repeticiones de doble paga, y cátese agotado todo el tesoro de sus piezas cantables; bien, que cubrió esta falta con el trágico galán Diego María Garay, que vino en su compañía a probar fortuna.

   Nosotros estábamos bien hallados con nuestros antiguos y hábiles empleados en el teatro, recibiendo por uno de ellos, desde las tablas según costumbre, el aviso de la función que debía hacerse en la noche siguiente, cuando extendida la noticia de la llegada del hombre trágico, unos pocos de la luneta, no permitiendo que se diese la cita, pidieron a gritos por más de tres noches al señor Garay que al fin se colocó en el modo y términos que están en conocimiento del público (No se habla aquí de Fernández y Patiño, protegidos por Garay, porque éstos, sin plaza efectiva, solo nos atormentaban con sus bramidos declamatorios las noches en que trabajó el padrino).

   Concluida la temporada del año próximo anterior, y puesto el teatro en pregón para la del corriente, se presentaron Castillo y Garay, haciendo postura después de que recibieron el amargo desengaño de que no podían quedarse con la finca a la sordina; y se dice (no sé si con fundamento) que estos dos amigos, sostenidos por algunos de sus paisanos pudientes, llevaban la idea de tolerar a los cómicos del país solo el primer año, y al segundo dejarlos en la calle, pues entonces ya tendrían surtido el teatro de extranjeros, tanto para las plazas principales de representado, canto y baile, como para las de mites ó domésticos.

   Presentóse en la palestra el digno mexicano coronel Manuel Barrera (dueño hoy de la empresa) que adivinando los fines de ambición y parcialidad que impulsaban esta negociación, celebró su remate por cinco años en cantidad que no tiene ejemplar, y deshizo los planes.

   Aquí entra el título de este papel como el dedo al anillo: poderoso caballero es don dinero:  ¡quien lo creyera!… Castillo y Garay, contando con el fuerte apoyo de sus protectores, revolucionaron en términos, que habiendo introducido la desunión en las compañías, arrancaron del teatro a algunas de sus primeras habilidades, y estas siguiendo indiscretamente la suerte de los cabecillas, andan ahora fuera de la capital separadas de sus familias: ya sentirán las resultas, y quizá cuando no haya remedio; pues aunque la construcción de un segundo coliseo en México les asegure un por venir lisonjero, podrá suceder… ¡quien sabe!

   Por lo poco se pasa al conocimiento de lo mucho: esta es una verdad bien acreditada. Si para el solo negocio teatral se han interpuesto tantos miles de pesos… ¿cuántos más se derramarían para volvernos a uncir al carro español si esto estuviera al arbitrio del que lo ocupa y bajo las fuerzas de sus agentes?… ¡Cuidado, compatriotas, que las trepidaciones políticas no se han acabado!

   (…)

   Por parte del dueño de la empresa, hay un grande y decidido empeño en servir a este público respetables, pues sin contar con las habilidades que lo abandonaron, está haciendo muchísimo más de lo que debía esperarse; y pagando sueldos de alto peso, e invitando a cuantos sean aptos para los ramos de que se compone el teatro, ha probado de una manera nada equívoca su deseo de agradar. Este lo llevó, ciertamente, a la (al parecer) temeraria empresa de ofrecer la operita del tío y la tía, y ya se vio que fue más que regularmente desempeñada: en la función que dio el sábado 23 de abril en honor de Jorge IV, rey de la Gran Bretaña, echó el resto, pues hizo adornar el teatro con todo el buen gusto y lujo que jamás se había visto. Diríase que soy un mercenario apologista; mas esto no será verdad, pues nunca he tenido, ni tengo, ni espero tener relaciones de confianza con el empresario. Oigo hablar mil despropósitos que distan muchísimo de los hechos, y he aquí el único motivo que tuve para publicar este papel: si lo dicho no basta, tírense pedradas, pero entiéndase que las rechazará con la rodela del desprecio.

El tocayo de Clarita.

[7] Enrique de Olavarría y Ferrari: Reseña histórica del Teatro en México por (…). 2ª. edición, México, Imprenta, Encuadernación y papelería “La Europea”, 1895. Tomo I. 383 pp. (pág. 222).

[8] Bustamante: Diario Histórico de …, op. cit.,p. 74.

Viernes 13 de Mayo de 1825 (Verano activísimo)

(…) Parece que unos negociantes ingleses ofrecen reponer la Plaza de Toros de cal y canto, y que hacen proposiciones equitativas.

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FESTEJO A BENEFICIO DEL “COMEDOR SANTA MARÍA”, A.C.

AHTM, UNA PÁGINA CON HISTORIA…

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XXI. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.  

   Hace apenas unos días, circuló una interesante noticia que “AlToroMéxico.com” se encargó de difundir en su oportunidad (véase: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=24994). El telón de fondo es la beneficencia como una razón solidaria y generosa que surge tanto entre individuos como en instituciones, sean estas públicas o privadas. Incluso religiosas. Esa muestra desinteresada por apoyar a los otros es algo que distingue a hombres y mujeres que han decidido extender su mano y su corazón para ofrecer auxilio justo cuando surge alguna contingencia en la que solo en esos términos de acogida es posible encontrar el aliento para enfrentarla y superarla.

   En esta ocasión, la ayuda llegará a un comedor comunitario que atiende a niños en pobreza extrema. Por ello se acude una vez más a la tauromaquia con objeto de celebrar una corrida de toros con el siguiente cartel:

BENEFICENCIA EN PACHUCA_COMEDOR SANTA MARÍA

 Seguramente la plaza “Vicente Segura” será un buen escenario para tan plausible ocasión que se convertirá en una efeméride para recordar. Pues bien, y aprovechando este espacio, comparto más adelante un par de datos que tienen que ver con los más antiguos registros existentes y donde los festejos taurinos fueron un fuerte instrumento de apoyo en causas relacionadas con el apoyo al prójimo. Del mismo modo, también fueron elemento para la contribución en la obra pública, en la construcción de iglesias y templos, extendiendo sus alcances en festejos destinados a auxiliar a poblaciones afectadas por algún temblor, inundaciones o el paso de un huracán. No escapa a este recuento el auxilio prestado para consolidar bancos de sangre durante el desarrollo de procesos bélicos, o para la vestimenta de los ejércitos. Hubo corridas que también se celebraron para contribuir con sus ingresos al pago, por ejemplo de la Deuda Americana de 1877. Desde luego, el buen ejemplo habido con intenciones como estas, fue hecho suyo por instituciones de beneficencia, de ahí que se organizaran festejos de gran tronío impulsados por la Beneficencia Española, la Cruz Roja, la Cruz Blanca, la Cruz Neutral, y todas con un fin en común: el auxilio desinteresado hacia sectores vulnerables de la sociedad.

   El informe más antiguo que hasta ahora he localizado, se remonta al año de 1603, cuando el 7 de julio se emitió licencia a la Cofradía de Santa Ana de esta ciudad (de México), para que “en honra de su fiesta se corran toros en la plazuela del Marquesado”, lo que significaba un acuerdo entre autoridades civiles y religiosas con el fin de materializar propósitos de apoyo, en este caso destinado para favorecer a la Cofradía de Santa Ana.

   Otro dato más: Este se generó el 1738, a partir de la petición de Justo Carcau Peñarrieta quien emitió la solicitud para que la Cofradía del Rosario de San Agustín de las Cuevas, representado por Nicolás Mancera, su Mayordomo concretara una petición de licencia para lidiar toros en la Plaza de San Agustín de las Cuevas, el día de la fiesta del Rosario y así poder beneficiarse de las limosnas.

   Datos a cual más interesantes que nos permiten entender que la fiesta de los toros, además de su puesta en escena tan peculiar, también ha sido un elemento solidario que, como ahora, en Pachuca se espera que una vez más demuestre su vena caritativa. De no ser así, vale la pena recordar los sentimientos que, en otro momento también se dejaron notar, y esto precisamente en la

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Archivo Histórico Municipal de la ciudad de Guanajuato. Col. “Agustín Lanuza” (Detalle).

   Allí, los integrantes de las cuadrillas –jóvenes aficionados guanajuatenses- fijaron su posición en estos términos:

   Sin pretensiones de ningún género y convencidos de nuestra insuficiencia en el difícil arte del toreo, pero con la satisfacción de contribuir con nuestro pequeñísimo contingente a socorrer a los pobres y enfermos de LA SEGUNDA ASOCIACIÓN DE CARIDAD, hemos arreglado una corrida de toros, a la que tenemos la honra de invitar al galante público de esta Capital.

   Aliviar en algo los sufrimientos del desgraciado, es una acción altamente meritoria y por eso deseamos que el pueblo Guanajuatense que siempre se ha distinguido por la nobleza de sus sentimientos, acuda gustoso a la función que le ofrecemos; pero que acuda, con solo el ánimo de dar un socorro a los infelices y nunca con la esperanza de presenciar una buena corrida; pues, ya lo hemos dicho, somos incapaces de ejecutar alguna suerte que merezca la aprobación de los inteligentes en el arte y por eso deseamos contar con la benevolencia del ilustrado público que tenga a bien honrarnos con su presencia.

   He aquí un pensamiento donde a “corazón abierto” seguramente acudirán solidarios muchos aficionados como en aquel entonces, a un festejo que dejará su impronta en la vida de muchos niños. ¡Así será!

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DAVID, ¿POR QUÉ TE ABANDONASTE? DOCE AÑOS SIN DAVID SILVETI.

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XXI. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

I

    12 de noviembre de 2003, 12 de noviembre de 2015. Desde entonces han pasado doce cada vez más largos años, en que la ronda macabra llamó a su puerta, sin que nadie advirtiera que Juan Belmonte o “Nimeño II” vinieran en espíritu hasta Salamanca para reclamar compañía a ese ejemplo de virtud torera que fue David Silveti, pero que la gloria le negó el paso al territorio de los “mandones” dada la vulnerabilidad de su cuerpo. Esa fragilidad casi de cristal, que cuando quedaba rota, se resistía a ser echada de la escena, no pudo ahora con toda la consecuencia y acumulación de circunstancias ocurridas durante su accidentada carrera, en la que, a pesar de todo, pudo ser capaz de sumar 551 festejos toreados, lo que, para su estado físico resulta toda una hazaña.

   Tu toreo, tu toreo nos marcó con fuego de pasión torera, como pocas veces lo ha experimentado toda esa afición que nos entregamos a ese quehacer sumido en el embrujo en donde cada lance o cada pase tuyo, se convertían en lentos y mortales episodios de tragedia. Estábamos sumidos en tu propia angustia. Cada momento era el drama mismo. Sin embargo, el drama era un trasvase inmediato de belleza y de arte, que solo bastaba algo de ti –que era mucho, sin embargo-, para quedar exhaustos y agradecidos de que esa concesión estética, soportada en débil estructura física, se convirtiera en la experiencia pasional absoluta, que se nos fue hasta el fondo mismo de la memoria, a ese territorio donde los recuerdos brotan como manantial. No todo en el toreo es fácil recordarlo. Pero lo tuyo fue el recorrido privilegiado por un museo donde puede mostrarse de vez en cuando lo mejor de su colección. Y más aún, si ese recinto guarda las colecciones más importantes del arte en sus más diversas y enigmáticas manifestaciones.

david-silveti

Col. del autor.

   No he de preguntarte ahora qué te orilló al suicidio, cuando cada tarde morías un poco. Creo que al final, casi nada quedó de ti y aun así hubo dos tardes explosivas, rotundamente violentas que pusieron al descubierto el que puede ser tu último gran esfuerzo, telúrico, de estaturas inimaginadas, poseído por los duendes, y el aquelarre juntos.

   Lamento tu partida.

   De la primera de esas tardes, rescato de mi bitácora lo siguiente:

 (…)LA BREVEDAD MARAVILLOSA DE DAVID SILVETI QUE LOGRA RECUPERAR ALIENTOS EN UNA FIESTA SOMETIDA. Apuntes para la décima primera corrida de la temporada 2002-2003. David Silveti, Manolo Mejía y “Finito de Córdoba”, con seis toros de Fernando de la Mora, ocurrida el domingo 12 de enero de 2003, en la plaza de toros “México”.

(…) Indudablemente David Silveti fue quien salvó la tarde de la inanición. Sus males óseos, su fragilidad recalcan aún más la que pudiera ser una deliberada puesta en escena, que además le va muy bien, pues se mueve como príncipe en palacio: con majestad y aires de “lord” inglés, cuya flema podría ser –para algunos-, harto chocante. Ya lo decía Artemio de Valle Arizpe, “cuando en mi casa estoy, rey me soy”. Pero eso, ¡qué importa!, pues viniendo del llamado “Rey David”, nada de esto parece incómodo a la afición que celebró su retorno a la plaza de sus anhelos. Es decir, de alguna manera, la plaza “México” recuperó a un torero con personalidad quien tuvo que lidiar a sus dos enemigos bajo cuidados extremos por parte de su cuadrilla, debido a que no contaba con la capacidad suficiente en sus piernas para moverse con tranquilidad y salvar cualquier apuro, cosa que ocurrió en varios momentos, los cuales no pasaron del sobresalto.

   Como intérprete de la “verónica”, hace gala de exquisitez. Se recrea y al hacerlo de este modo, dicho lance recupera su valor original, expulsando literalmente a los mercaderes que han tergiversado esa magistral interpretación, haciéndolo pasar como cualquier cosa, y no como dolorosa y bella expresión que recuerda a Verónica, esa mujer que se lanza –en la ruta del Calvario-, a enjugar el sudor y la sangre de un Jesús camino al martirologio con la cruz a cuestas. Y vaya momentos de intensidad, de belleza, de creación y de sentimiento, que en los brazos de Silveti, la “Verónica” no solo se mece, sino que adquiere perezosa dimensión, en por lo menos esos cuatro lances magistrales y la media con que remató tal portento durante los momentos iniciales de la lidia de su segundo “enemigo”.

   Esa circunstancia la valora a fondo la afición y se siente retribuida en algo de lo mucho que ha perdido la fiesta en su extrema estandarización, por mencionar apenas uno de esos factores que han atenuado sus principios a lo largo de muchas décadas.

   David Silveti nos permite recuperar el aliento que como aficionados hemos perdido en la noche de los tiempos… inútiles, donde ha transcurrido apenas una ligera insinuación de que sigue existiendo la fiesta, sometida, subordinada a los dictados y caprichos de ciertos y oscuros personajes que han manejado tamaños intereses que desvían de su curso original la nobleza de ese río histórico que no proviene de una casualidad, sino de una circunstancia concreta que dentro de 23 años exactos cumplirá el medio milenio de andanzas en este espacio llamado México.

   ¡Con qué aires de majestad se movió en escena David Silveti!

   Como ya vimos, no bastaron aquellos cuatro portentos y medio en la verónica. También con la capa logró en ambos ejemplares otros dibujados lances por gaoneras, tafalleras y por chicuelinas andantes.

   La faena de ese segundo que, en su conjunto fue una demostración limitada de recursos, sometida por el sobresalto, tuvo por momentos, esencia pura que la paciencia de cada uno de nosotros supo entender, ya que hacía mucho tiempo no gozábamos no tanto el prodigio de lo caudaloso; más bien eran apenas unas cuantas notas de imponente sinfonía la que, a la manera de Bruckner o de Malher nos conducen al sobresalto.

   No de otra manera, sino de esta es como se dio el reencuentro con lo sublime, con lo perfecto que quiere la vida de ciertas cosas y sucedió como un milagro. Ya en otro texto he plasmado mi principio declarándome agnóstico, porque creo en el misterio. Y a esto no le agrego –por ahora-, mi escepticismo, que al poner en duda el dicho misterio, desmorona la obra “llena de gracia, como el ave María”, que nos ofreció el milagro de la vida que se llama David Silveti.

   De regreso al quehacer de David Silveti, inconmensurable, fuera de toda dimensión, donde lo cuantitativo quedó rebasado por lo cualitativo. No era necesaria una faena de muchos pisos (de muchas series). Bastó con aquellas pinceladas surrealistas -¿acaso cubistas?- donde dichas obras en los lienzos por ejemplo- están recargadas no tanto en color, sino en idea, en construcción concreta, capaz de obligarnos a pensar con mucha mayor noción y no de pasar de largo ante ese mismo microcosmos estético. Eso produjo David que, con su misma debilidad no pudo rematar a sus ejemplares correcta y debidamente. Pero aun así, en el cuarto de la tarde fue obligado a salir al tercio y la vuelta al ruedo resultó merecida, muy merecida (…)

   A partir de este momento, todo el cúmulo de maravillas que desplegaste tendremos que revalorarlo de otra forma. Imposible no recordar ahora mismo la verónica en manos de David Silveti, lance que en tus manos adquirió una dimensión distinta, sobria y elegante, con un reposo, como el que requiere ese nombre para comprenderlo perfectamente a la luz de una tersura inexplicable en otras manos. Entre los elegidos, cumpliste con el cometido exacto y puntual de saber bordar ese lance sin los descompuestos estertores de otras manos y otros pies que no supieron valorar tamaña dimensión.

   ¡Qué forma de padecer en la vida! ¡Qué forma de padecer la muerte!

   Resulta difícil entre los toreros, la construcción de una impronta que los caracterice de por vida. Ya lo dijo el peculiar estilo de Rafael Avilés “Lumbrera chico”:

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Fotografía: Alfredo Flórez. Col. del autor.

   Silveti estaba petrificado porque era incapaz de mover las piernas, extendía la muleta (prolongación de la mano) y la hacía girar en redondo y por abajo en pases de trazo corto pero de enorme emoción, porque todos sabíamos que en caso de un derrote, un extraño, una distracción del cornudo, sería empitonado y caería al suelo partido en muchos pedazos. Era un gesto de autoinmolación, como se supone que debe serlo en todo momento el toreo, que por eso es arte y no negocio de mercachifles.

   Y cómo le temblaba la mano izquierda cuando no la apoyaba contra la nalga para disimular su espanto, y cómo sonreía con pavor mientras el hocico del hico le arrojaba un chorro de aire caliente al corbatín y los pitones le rozaban los dibujos de la taleguilla. Pocos artistas de hoy, cualquiera que sea su disciplina y género, han manifestado con tanta fuerza la profunda insatisfacción de nuestra época, la enorme estafa que nos propone este siglo, la cristiana infelicidad a la que tratan cínicamente de resignarnos.

   Silveti luchó con todo lo que tenía a su alcance –un ego del tamaño del mundo (sin el cual jamás habría sido artista), un estoicismo ilimitado, un misticismo que a la hora de la hora pesó menos que su sentido de la dignidad –y con esas armas cayó peleando, pero una vez que se encontró vencido, en vez de aceptar la compasión general como homenaje, la cristiana resignación como recompensa, terció la muleta, entró a matar por derecho y dejó un estoconazo hasta los gavilanes en todo lo alto en su pobre espejo. A ver quién borra eso…[1]

   Y aunque tu tauromaquia haya estaba fundamentada por el sobrio lance a la verónica, y aquella otra brevedad consistente en la construcción estruendosa del quehacer muleteril, soportado por el natural y el natural ayudado, eran esas realidades de arriesgarlo todo, esos generosos y lucidos remates entre serie y serie; o lo que es lo mismo, ese toreo por la cara ya desaparecido, el sello de toda tu entrega. No podía exigirse más, si ya el sacrificio se había consumado. Es más, sabiéndote poco certero con la espada, para qué exigir el fin de todo si con lo que habías sido capaz de concedernos, era suficiente para habernos sentido satisfechos, como cuando el pecador, tras haber recibido la comunión, percibe un descanso espiritual de volver a Cristo, tras haber sido tentado por Satanás, del que se ha liberado.

   Tu toreo, y para decirlo de una vez, “detuvo el tiempo”, frase que acuñó el desaparecido compositor Salvador Moreno, que algo de esto dijo cuando escuchó cantar a la memorable Monserrat Caballé en la sala Nezahualcoyotl hace ya algunos ayeres. Dice Moreno que al concluir aquel recital, toda la asistencia quedó atónita, fuera de sí, sin poder articular conscientemente su respuesta más inmediata y por tanto, eufórica: la ovación. Esta reacción ocurrió en el momento en que se dieron cuenta de lo que habían sido testigos. Del silencio misterioso, se pasó a una atronador aplauso, o lo que es lo mismo, regresaron a la realidad tras haber sido envueltos por el manto seductor de aquella voz indescriptible y única.

   En fin, David Silveti, has provocado en nosotros diversas y encontradas reacciones por tu muerte repentina. Ya no tiene caso hablar de ese momento amargo con el que recibimos la dolorosa noticia. Ahora, es necesario establecer los parámetros de “tu” propia tauromaquia de la que apenas hemos hecho algunos esbozos. Espero que el tiempo sea capaz de proporcionarnos los elementos y las herramientas indispensables para descifrar el contenido de tan soterrado misterio y entenderte como torero.

Entre el 12 y el 17 de noviembre de 2003.

II

 SELECCIÓN POÉTICA EN HOMENAJE A DAVID SILVETI.

    Esperando encontrar diversos ejemplos de la poesía dedicada a tan enigmático personaje, sólo aparecen estos cuatro poemas, como cuatro columnas vertebrales, los cuales respiran desde la más honda de las entrañas, en compañía de esos seres que pueden llevar a comprender los sentimientos encontrados desde puntos y perspectivas tan opuestas como afines. Veamos.

 2003

 

Acróstico al Rey Mexicano David

Daba su vida en cada lance
Alas de ensueño fue su muleta
Vida, la hermosura de ella, fue su toreo
Ilusión de los aficionados fue David
Daba luz verde al toreo verdad, el eterno.

Silueta de antaño fue su toreo, Gaona, Garza, Silverio…
Inmenso su arte, corto y hondo su toreo, como todo lo bello
Lentos y suaves sus movimientos como ordenaba el corazón
Versos sus lances, brillantes su remates, oro su “irse”
Eterno en la mente de los vivos
Torero, todo en él fue torero
Insignia para unos pocos elegidos.

Gregorio T. Pérez “El Inclusero”, 19 de Noviembre del 2003.[2]

 2003

 

Una mañana en el campo…

 Una mañana en el campo
Como Belmonte
En una hacienda
Como Belmonte
Razones muy poderosas
Como Belmonte
Esta vida ya no es vida
Como Belmonte
Los demonios lo han vencido
Como Belmonte
Se despide de los suyos
Como Belmonte
Un disparo acaba con todo
Como Belmonte
Lo encuentra Juanito,
Como Belmonte
El hijo de uno, el padre de otro
Como Belmonte
Los dos con el mismo nombre
Como Belmonte
Los dos, toreros
Como Belmonte
Nos enseñaste la tragedia del toreo
Como Belmonte
De tu toreo trágico, apasionado
Como Belmonte
De tu entrega y tu pasión
Como Belmonte.

 Juan Carlos Jolly[3]

2004

 

Sísifo de luces

La roca que tus manos
aprendieron a soñar
se fue apagando
l e n t a m e n t e
cuando tus ojos
se hicieron a la mar.

De cumbre en cumbre
tu corazón de fuego
se hizo luz y brújula
como los ojos de un sol
que dirige el movimiento
de las nubes y las olas.

Eras polvo vertical
y cumpliste tu designio,
entraste al laberinto
para gritar tu espíritu
con suaves obsidianas.

Hueso a hueso navegaste
la biografía del Ser;
no había carne sino luz
en tu mirar de abismo,
en cada herida
no había dolor sino proverbios.

David de uva y aire
David de la embriaguez
que sólo conocen
los que solos andan
en la fe de sus oleajes.
David de canto,
de arpas que arden
en los labios de Dios
David de los espejos
donde Ariadna se refleja
vestida con los hilos
que tejen tus nombres:
David Teseo
David Job
David Ulises
David Belmonte
David David

La roca que tus manos
aprendieron a soñar
se fue apagando
l e n t a m e n t e
cuando tus ojos
se hicieron ala y mar.

El omega que guió
tus pies de sal
estalló en el mundo
con amorosa rabia de poeta.

No hay reclamo para el Héroe
no puede haber reclamo
para el Héroe
tan sólo un llanto así:
en soledad sin sol.

Amor fue la consigna
y tu corazón se hizo bandera,
amor de alta geografía
amor que hoy entregas
a los brazos amorosos
de la tierra.

 Ernesto Hernández Doblas.[4]

2004

 


ÚLTIMO AMOR DE DON JUAN.
 

 Después de amar como el rey David a la Venus de Botticelli,

vivir entre cuchillos con la Maja Desnuda,

cegar al Minotauro para llevarle a Ariadna,

su último amor es la mujer de Lot.

 

Y entre ruinas llameantes de las ciudades,

concentra su pasión en una inocente

perversidad de niño o toro de lidia:

lamer la sal que encona sus heridas.

José Emilio Pacheco.[5]

 c3baltimo-amor-de-don-juan

Nunca mejor poema dedicado a un “don Juan” que David parece agradecer a José Emilio Pacheco…


 

[1] La Jornada, Nº 6906, del 17 de noviembre de 2003, p. 19a.

[2] Portal de Internet Burladerodos.com, del jueves 20 de noviembre de 2003.

[3] La prensa de San Diego, E.U.A., 21 de noviembre de 2003. Bullfight World By Lynn Sherwood. Requiem For David Silveti. Datos bajados de la Internet.

[4] Disponible noviembre 12, 2013 en: http://seminariocineyfilosofia.blogspot.mx/2008/04/requiem-por-el-rey-david-silveti.html

[5] José Emilio Pacheco: Tarde o temprano. [1958-2000]. LOS ELEMENTOS DE LA NOCHE / EL REPOSO DEL FUEGO / NO ME PREGUNTES CÓMO PASA EL TIEMPO / IRÁS Y NO VOLVERÁS / ISLAS A LA DERIVA / DESDE ENTONCES / LOS TRABAJOS DEL MAR / MIRO LA TIERRA / CIUDAD DE LA MEMORIA / EL SILENCIO DE LA LUNA / LA ARENA ERRANTE / SIGLO PASADO. Edición de ANA CLAVEL. México, Fondo de Cultura Económica, 2ª reimpr. 2004. 655 p. (letras mexicanas), p. 398-9.

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JUAN PABLO LLAGUNO SIGUE CONVENCIENDO…

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XXI.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

JUAN PABLO LLAGUNO_SEVILLA_15.06.2014 Foto: Arjona. Disponible en internet, junio 15, 2014 en: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=19452

     Y ¡cómo no va a dejar de convencer con semejante empaque…!

    El novillero mexicano, figura del toreo en cierne, de nombre Juan Pablo Llaguno se presentó con muchísima dignidad en la sevillana plaza de la “Real Maestranza” -la tarde del 15 de junio de 2014-, para dejar evidencia de sus adelantos que lo llevarán muy pronto, de seguir a ese ritmo, hasta la alternativa misma. Si bien, su lote mostró complicaciones (el encierro perteneció a la ganadería que se encuentra a nombre de Javier Molina), pero él se mantuvo en el tono del equilibrio.

   Enfundado en un elegante terno negro y plata, se le puede apreciar cada vez con un mejor aplomo, el que recomienda la serenidad. Si con la capa desplegó a modo de caricia cada lance de esa serie por “Verónicas”, con la muleta se distinguió por ese otro punto en el que, sabiéndose eje de la faena, giraba lo suficiente para volver a repetir con afortunado reposo la serie de muletazos, sobre todo por el lado izquierdo. Si bien la faena no fue caudalosa, tuvo entre sus momentos más destacados la ejecución de un conjunto de lo que podría llamar o considerar algo más que una “Manoletina”. Necesitan admirar el video que el propio portal de “Al toro México.com” tiene disponible en la siguiente liga: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=galmultd&id=1646

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EFEMÉRIDES DEL SIGLO XXI. DIEZ AÑOS SIN DAVID SILVETI.

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XXI.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

I

 DAVID, ¿POR QUÉ TE ABANDONASTE? DIEZ AÑOS SIN DAVID SILVETI.

   12 de noviembre de 2003, 12 de noviembre de 2013. Desde entonces han pasado diez largos años, en que la ronda macabra llamó a su puerta, sin que nadie advirtiera que Juan Belmonte o “Nimeño II” vinieran en espíritu hasta Salamanca para reclamar compañía a ese ejemplo de virtud torera que fue David Silveti, pero que la gloria le negó el paso al territorio de los “mandones” dada la vulnerabilidad de su cuerpo. Esa fragilidad casi de cristal, que cuando quedaba rota, se resistía a ser echada de la escena, no pudo ahora con toda la consecuencia y acumulación de circunstancias ocurridas durante su accidentada carrera, en la que, a pesar de todo, pudo ser capaz de sumar 551 festejos toreados, lo que, para su estado físico resulta toda una hazaña.

   Tu toreo, tu toreo nos marcó con fuego de pasión torera, como pocas veces lo ha experimentado toda esa afición que nos entregamos a ese quehacer sumido en el embrujo en donde cada lance o cada pase tuyo, se convertían en lentos y mortales episodios de tragedia. Estábamos sumidos en tu propia angustia. Cada momento era el drama mismo. Sin embargo, el drama era un trasvase inmediato de belleza y de arte, que solo bastaba algo de ti –que era mucho, sin embargo-, para quedar exhaustos y agradecidos de que esa concesión estética, soportada en débil estructura física, se convirtiera en la experiencia pasional absoluta, que se nos fue hasta el fondo mismo de la memoria, a ese territorio donde los recuerdos brotan como manantial. No todo en el toreo es fácil recordarlo. Pero lo tuyo fue el recorrido privilegiado por un museo donde puede mostrarse de vez en cuando lo mejor de su colección. Y más aún, si ese recinto guarda las colecciones más importantes del arte en sus más diversas y enigmáticas manifestaciones.

DAVID SILVETI CON TRAJE CAMPERO Col. del autor.

   No he de preguntarte ahora qué te orilló al suicidio, cuando cada tarde morías un poco. Creo que al final, casi nada quedó de ti y aún así hubo dos tardes explosivas, rotundamente violentas que pusieron al descubierto el que puede ser tu último gran esfuerzo, telúrico, de estaturas inimaginadas, poseído por los duendes, y el aquelarre juntos.

   Lamento tu partida.

   De la primera de esas tardes, rescato de mi bitácora lo siguiente:

(…)LA BREVEDAD MARAVILLOSA DE DAVID SILVETI QUE LOGRA RECUPERAR ALIENTOS EN UNA FIESTA SOMETIDA. Apuntes para la décima primera corrida de la temporada 2002-2003. David Silveti, Manolo Mejía y “Finito de Córdoba”, con seis toros de Fernando de la Mora, ocurrida el domingo 12 de enero de 2003, en la plaza de toros “México”.

(…) Indudablemente David Silveti fue quien salvó la tarde de la inanición. Sus males óseos, su fragilidad recalcan aún más la que pudiera ser una deliberada puesta en escena, que además le va muy bien, pues se mueve como príncipe en palacio: con majestad y aires de “lord” inglés, cuya flema podría ser –para algunos-, harto chocante. Ya lo decía Artemio de Valle Arizpe, “cuando en mi casa estoy, rey me soy”. Pero eso, ¡qué importa!, pues viniendo del llamado “Rey David”, nada de esto parece incómodo a la afición que celebró su retorno a la plaza de sus anhelos. Es decir, de alguna manera, la plaza “México” recuperó a un torero con personalidad quien tuvo que lidiar a sus dos enemigos bajo cuidados extremos por parte de su cuadrilla, debido a que no contaba con la capacidad suficiente en sus piernas para moverse con tranquilidad y salvar cualquier apuro, cosa que ocurrió en varios momentos, los cuales no pasaron del sobresalto.

   Como intérprete de la “verónica”, hace gala de exquisitez. Se recrea y al hacerlo de este modo, dicho lance recupera su valor original, expulsando literalmente a los mercaderes que han tergiversado esa magistral interpretación, haciéndolo pasar como cualquier cosa, y no como dolorosa y bella expresión que recuerda a Verónica, esa mujer que se lanza –en la ruta del Calvario-, a enjugar el sudor y la sangre de un Jesús camino al martirologio con la cruz a cuestas. Y vaya momentos de intensidad, de belleza, de creación y de sentimiento, que en los brazos de Silveti, la “Verónica” no solo se mece, sino que adquiere perezosa dimensión, en por lo menos esos cuatro lances magistrales y la media con que remató tal portento durante los momentos iniciales de la lidia de su segundo “enemigo”.

   Esa circunstancia la valora a fondo la afición y se siente retribuida en algo de lo mucho que ha perdido la fiesta en su extrema estandarización, por mencionar apenas uno de esos factores que han atenuado sus principios a lo largo de muchas décadas.

   David Silveti nos permite recuperar el aliento que como aficionados hemos perdido en la noche de los tiempos… inútiles, donde ha transcurrido apenas una ligera insinuación de que sigue existiendo la fiesta, sometida, subordinada a los dictados y caprichos de ciertos y oscuros personajes que han manejado tamaños intereses que desvían de su curso original la nobleza de ese río histórico que no proviene de una casualidad, sino de una circunstancia concreta que dentro de 23 años exactos cumplirá el medio milenio de andanzas en este espacio llamado México.

   ¡Con qué aires de majestad se movió en escena David Silveti!

   Como ya vimos, no bastaron aquellos cuatro portentos y medio en la verónica. También con la capa logró en ambos ejemplares otros dibujados lances por gaoneras, tafalleras y por chicuelinas andantes.

   La faena de ese segundo que, en su conjunto fue una demostración limitada de recursos, sometida por el sobresalto, tuvo por momentos, esencia pura que la paciencia de cada uno de nosotros supo entender, ya que hacía mucho tiempo no gozábamos no tanto el prodigio de lo caudaloso; más bien eran apenas unas cuantas notas de imponente sinfonía la que, a la manera de Bruckner o de Malher nos conducen al sobresalto.

   No de otra manera, sino de esta es como se dio el reencuentro con lo sublime, con lo perfecto que quiere la vida de ciertas cosas y sucedió como un milagro. Ya en otro texto he plasmado mi principio declarándome agnóstico, porque creo en el misterio. Y a esto no le agrego –por ahora-, mi escepticismo, que al poner en duda el dicho misterio, desmorona la obra “llena de gracia, como el ave María”, que nos ofreció el milagro de la vida que se llama David Silveti.

   De regreso al quehacer de David Silveti, inconmensurable, fuera de toda dimensión, donde lo cuantitativo quedó rebasado por lo cualitativo. No era necesaria una faena de muchos pisos (de muchas series). Bastó con aquellas pinceladas surrealistas -¿acaso cubistas?- donde dichas obras en los lienzos por ejemplo- están recargadas no tanto en color, sino en idea, en construcción concreta, capaz de obligarnos a pensar con mucha mayor noción y no de pasar de largo ante ese mismo microcosmos estético. Eso produjo David que, con su misma debilidad no pudo rematar a sus ejemplares correcta y debidamente. Pero aún así, en el cuarto de la tarde fue obligado a salir al tercio y la vuelta al ruedo resultó merecida, muy merecida (…)

   A partir de este momento, todo el cúmulo de maravillas que desplegaste tendremos que revalorarlo de otra forma. Imposible no recordar ahora mismo la verónica en manos de David Silveti, lance que en tus manos adquirió una dimensión distinta, sobria y elegante, con un reposo, como el que requiere ese nombre para comprenderlo perfectamente a la luz de una tersura inexplicable en otras manos. Entre los elegidos, cumpliste con el cometido exacto y puntual de saber bordar ese lance sin los descompuestos estertores de otras manos y otros pies que no supieron valorar tamaña dimensión.

   ¡Qué forma de padecer en la vida! ¡Qué forma de padecer la muerte!

   Resulta difícil entre los toreros, la construcción de una impronta que los caracterice de por vida. Ya lo dijo el peculiar estilo de Rafael Avilés “Lumbrera chico”:

 DAVID SILVETI_VUELTA AL RUEDO_ALFREDO FLÓREZ

Fotografía: Alfredo Flórez. Col. del autor.

   Silveti estaba petrificado porque era incapaz de mover las piernas, extendía la muleta (prolongación de la mano) y la hacía girar en redondo y por abajo en pases de trazo corto pero de enorme emoción, porque todos sabíamos que en caso de un derrote, un extraño, una distracción del cornudo, sería empitonado y caería al suelo partido en muchos pedazos. Era un gesto de autoinmolación, como se supone que debe serlo en todo momento el toreo, que por eso es arte y no negocio de mercachifles.

   Y cómo le temblaba la mano izquierda cuando no la apoyaba contra la nalga para disimular su espanto, y cómo sonreía con pavor mientras el hocico del hico le arrojaba un chorro de aire caliente al corbatín y los pitones le rozaban los dibujos de la taleguilla. Pocos artistas de hoy, cualquiera que sea su disciplina y género, han manifestado con tanta fuerza la profunda insatisfacción de nuestra época, la enorme estafa que nos propone este siglo, la cristiana infelicidad a la que tratan cínicamente de resignarnos.

   Silveti luchó con todo lo que tenía a su alcance –un ego del tamaño del mundo (sin el cual jamás habría sido artista), un estoicismo ilimitado, un misticismo que a la hora de la hora pesó menos que su sentido de la dignidad –y con esas armas cayó peleando, pero una vez que se encontró vencido, en vez de aceptar la compasión general como homenaje, la cristiana resignación como recompensa, terció la muleta, entró a matar por derecho y dejó un estoconazo hasta los gavilanes en todo lo alto en su pobre espejo. A ver quien borra eso…[1]

   Y aunque tu tauromaquia haya estaba fundamentada por el sobrio lance a la verónica, y aquella otra brevedad consistente en la construcción estruendosa del quehacer muleteril, soportado por el natural y el natural ayudado, eran esas realidades de arriesgarlo todo, esos generosos y lucidos remates entre serie y serie; o lo que es lo mismo, ese toreo por la cara ya desaparecido, el sello de toda tu entrega. No podía exigirse más, si ya el sacrificio se había consumado. Es más, sabiéndote poco certero con la espada, para qué exigir el fin de todo si con lo que habías sido capaz de concedernos, era suficiente para habernos sentido satisfechos, como cuando el pecador, tras haber recibido la comunión, percibe un descanso espiritual de volver a Cristo, tras haber sido tentado por Satanás, del que se ha liberado.

   Tu toreo, y para decirlo de una vez, “detuvo el tiempo”, frase que acuñó el desaparecido compositor Salvador Moreno, que algo de esto dijo cuando escuchó cantar a la memorable Monserrat Caballé en la sala Nezahualcoyotl hace ya algunos ayeres. Dice Moreno que al concluir aquel recital, toda la asistencia quedó atónita, fuera de sí, sin poder articular conscientemente su respuesta más inmediata y por tanto, eufórica: la ovación. Esta reacción ocurrió en el momento en que se dieron cuenta de lo que habían sido testigos. Del silencio misterioso, se pasó a una atronador aplauso, o lo que es lo mismo, regresaron a la realidad tras haber sido envueltos por el manto seductor de aquella voz indescriptible y única.

   En fin, David Silveti, has provocado en nosotros diversas y encontradas reacciones por tu muerte repentina. Ya no tiene caso hablar de ese momento amargo con el que recibimos la dolorosa noticia. Ahora, es necesario establecer los parámetros de “tu” propia tauromaquia de la que apenas hemos hecho algunos esbozos. Espero que el tiempo sea capaz de proporcionarnos los elementos y las herramientas indispensables para descifrar el contenido de tan soterrado misterio y entenderte como torero.

Entre el 12 y el 17 de noviembre de 2003.

II

 SELECCIÓN POÉTICA EN HOMENAJE A DAVID SILVETI.

    Esperando encontrar diversos ejemplos de la poesía dedicada a tan enigmático personaje, sólo aparecen estos cuatro poemas, como cuatro columnas vertebrales, los cuales respiran desde la más honda de las entrañas, en compañía de esos seres que pueden llevar a comprender los sentimientos encontrados desde puntos y perspectivas tan opuestas como afines. Veamos.

 2003

Acróstico al Rey Mexicano David

Daba su vida en cada lance
Alas de ensueño fue su muleta
Vida, la hermosura de ella, fue su toreo
Ilusión de los aficionados fue David
Daba luz verde al toreo verdad, el eterno.

Silueta de antaño fue su toreo, Gaona, Garza, Silverio…
Inmenso su arte, corto y hondo su toreo, como todo lo bello
Lentos y suaves sus movimientos como ordenaba el corazón
Versos sus lances, brillantes su remates, oro su “irse”
Eterno en la mente de los vivos
Torero, todo en él fue torero
Insignia para unos pocos elegidos.

Gregorio T. Pérez “El Inclusero”, 19 de Noviembre del 2003.[2]

2003

 Una mañana en el campo…

 Una mañana en el campo

Como Belmonte
En una hacienda
Como Belmonte
Razones muy poderosas
Como Belmonte
Esta vida ya no es vida
Como Belmonte
Los demonios lo han vencido
Como Belmonte
Se despide de los suyos
Como Belmonte
Un disparo acaba con todo
Como Belmonte
Lo encuentra Juanito,
Como Belmonte
El hijo de uno, el padre de otro
Como Belmonte
Los dos con el mismo nombre
Como Belmonte
Los dos, toreros
Como Belmonte
Nos enseñaste la tragedia del toreo
Como Belmonte
De tu toreo trágico, apasionado
Como Belmonte
De tu entrega y tu passion
Como Belmonte.

 Juan Carlos Jolly[3]

2004

Sísifo de luces

La roca que tus manos
aprendieron a soñar
se fue apagando
l e n t a m e n t e
cuando tus ojos
se hicieron a la mar.

De cumbre en cumbre
tu corazón de fuego
se hizo luz y brújula
como los ojos de un sol
que dirige el movimiento
de las nubes y las olas.

Eras polvo vertical
y cumpliste tu designio,
entraste al laberinto
para gritar tu espíritu
con suaves obsidianas.

Hueso a hueso navegaste
la biografía del Ser;
no había carne sino luz
en tu mirar de abismo,
en cada herida
no había dolor sino proverbios.

David de uva y aire
David de la embriaguez
que sólo conocen
los que solos andan
en la fe de sus oleajes.
David de canto,
de arpas que arden
en los labios de Dios
David de los espejos
donde Ariadna se refleja
vestida con los hilos
que tejen tus nombres:
David Teseo
David Job
David Ulises
David Belmonte
David David

La roca que tus manos
aprendieron a soñar
se fue apagando
l e n t a m e n t e
cuando tus ojos
se hicieron ala y mar.

El omega que guió
tus pies de sal
estalló en el mundo
con amorosa rabia de poeta.

No hay reclamo para el Héroe
no puede haber reclamo
para el Héroe
tan sólo un llanto así:
en soledad sin sol.

Amor fue la consigna
y tu corazón se hizo bandera,
amor de alta geografía
amor que hoy entregas
a los brazos amorosos
de la tierra.

 Ernesto Hernández Doblas.[4]

 2004

ÚLTIMO AMOR DE DON JUAN.

 Después de amar como el rey David a la Venus de Botticelli,

vivir entre cuchillos con la Maja Desnuda,

cegar al Minotauro para llevarle a Ariadna,

su último amor es la mujer de Lot.

 

Y entre ruinas llameantes de las ciudades,

concentra su pasión en una inocente

perversidad de niño o toro de lidia:

lamer la sal que encona sus heridas.

José Emilio Pacheco.[5]

ÚLTIMO AMOR DE DON JUAN...

 Nunca mejor poema dedicado a un “don Juan” que David parece agradecer a José Emilio Pacheco…


[1] La Jornada, Nº 6906, del 17 de noviembre de 2003, p. 19a.

[2] Portal de Internet Burladerodos.com, del jueves 20 de noviembre de 2003.

[3] La prensa de San Diego, E.U.A., 21 de noviembre de 2003. Bullfight World By Lynn Sherwood. Requiem For David Silveti. Datos bajados de la Internet.

[5] José Emilio Pacheco: Tarde o temprano. [1958-2000]. LOS ELEMENTOS DE LA NOCHE / EL REPOSO DEL FUEGO / NO ME PREGUNTES CÓMO PASA EL TIEMPO / IRÁS Y NO VOLVERÁS / ISLAS A LA DERIVA / DESDE ENTONCES / LOS TRABAJOS DEL MAR / MIRO LA TIERRA / CIUDAD DE LA MEMORIA / EL SILENCIO DE LA LUNA / LA ARENA ERRANTE / SIGLO PASADO. Edición de ANA CLAVEL. México, Fondo de Cultura Económica, 2ª reimpr. 2004. 655 p. (letras mexicanas), p. 398-9.

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“EL PANA” SIGUE DANDO DE QUÉ HABLAR EN ESPAÑA.

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XXI.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Recientemente me ocupaba de un acontecimiento en el que Rodolfo Rodríguez “El Pana” se convirtió en protagonista del mismo (véase: https://ahtm.wordpress.com/2013/08/26/la-actuacion-de-rodolfo-rodriguez-el-pana-en-cuenca-espana-el-25-de-agosto-de-2013/).

 CARTEL GENERAL EN CUENCA, ESPAÑA

A veces los mensajes subliminales funcionan, o pueden funcionar en otras circunstancias.

    Sin embargo, y luego del balance que arrojó su actuación en Cuenca, las cosas van rodando conforme podría ser lo previsto, pues ahora comienza a correr el rumor, apenas un hilillo del mismo, sobre el hecho de que una de las próximas comparecencias del también considerado “Brujo de Apizaco” sea la emblemática plaza de Chinchón, la cual se habilita en los días de fiesta sobre el que es un espacio público, a la vieja usanza y con su ruedo irregular, se desarrollan festejos que quedan para la memoria.

   Pues bien, al sonar el nombre de una nueva plaza como la de Chinchón, es por el hecho de que allí podrían estar alternando, entre otros, aunque sólo aparecen por ahora dos nombres en ese ir y venir de noticias que todavía no cuajan, los nombres de Rodolfo Rodríguez “El Pana” y Julián López “El Juli”. Antolín Castro, Director y Editor del portal de internet “Opinión y Toros.com” (http://opinionytoros.com/index.php), además un personaje que ha venido declarando en particular sus preferencias sobre “El Pana”, entre artículos, editoriales y entrevistas, porque se trata de un torero diferente, sugiere en su última nota “Mano a mano “El Pana” y “El Juli” en el tradicional festival de Chinchón, ese es el rumor” (véase: http://opinionytoros.com/noticias.php?Id=43467) y donde afirma, entre otras cosas:

    De confirmarse, estaríamos ante un gran acontecimiento, un inusual cartel, un diferente mano a mano que concitaría el interés de todo el orbe taurino. La máxima figura española en la actualidad, junto al más carismático de los toreros mexicanos de los últimos tiempos. La técnica elaborada y poderosa de El Juli ante el imprevisible toreo espontáneo de El Pana. Un placer contemplar y enfrentar los dos conceptos.

   El torero mexicano, quien actuó el pasado domingo en Cuenca y que espera confirmar en Las Ventas para el Día de la Hispanidad, es un atractivo muy especial en cualquier cartel.

   Sin duda, la presencia de El Pana junto a El Juli supondría un cartel que haría las delicias de todos los aficionados a los toros. Además tendría cita el toreo barroco del mexicano con el escenario de más belleza de cuantos ofrecen festejos taurinos. Cuenta con nuestro total apoyo.

    He allí pues, y como lo reitera Antolín Castro mismo, “de confirmarse…” estaremos ante otro hecho inédito, inusitado, cuyo factor principal sería la variedad con que podría quedar manufacturado el cartel que viene sonando, sonando.

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