Archivo de la categoría: IMÁGENES

“LOLITA” Y LA “SUERTE SUPREMA”.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Hace relativamente poco, hubo oportunidad de apreciar en las famosas “Rejas de Chapultepec”, una exposición denominada “10 años del Museo Archivo de la Fotografía, testimonio de un siglo de historia”, organizada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. En su contenido se incluyó una interesante reproducción que corresponde al momento en que Dolores Pretel “Lolita” se dispone a consumar la suerte suprema en el ruedo de la plaza de toros “Chapultepec”, seguramente durante la tarde del jueves 25 de diciembre de 1902, según puede apreciarse en el cartel de aquella jornada, cartel que nos informa y confirma a la vez que en esa ocasión, se lidiaron “a muerte” 5 bravos toretes de la afamada ganadería de San Diego de los Padres. Y es que el tamaño del burel así lo permite corroborar. La torera, con cierta desconfianza consuma la suerte suprema, saliéndose de la suerte, “yéndose del mundo”, como decían los antiguos revisteros a la hora de indicar que el torero ni siquiera conseguía “hacer la cruz…”, porque “el que no hace la cruz, se lo lleva el diablo” terminaban sentenciando en sus mismas reseñas.

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Col. del autor.

   Precisamente buscando notas que la prensa desplegó al respecto, ubico una en La Patria, del 27 de diciembre de 1902 que ofrece la siguiente información:

Las señoritas toreras.

Muy buena entrada en ambos tendidos, mucha gente y sobre todo mucho entusiasmo, fue lo que hubo antier en la plaza de Chapultepec.

   Los toretes estuvieron superiores dada su edad, sobre todo el 4° de hermosa lámina y el último más grande que los demás y bastante entero, tanto que el público no quería que lo estoqueara “Lolita”.

LAS TORERAS.-Superiores las matadoras y no desmereciendo las demás. “Lolita” posee regulares conocimientos y a la “Herrerita” lo que le falta en esto le sobra en valor.

   Todas derramando la sal “a mares” y el valor a ídem “Lolita” en hermoso caballo negro señaló dos rejones y no dejó ninguno a causa de estar malos [los rejones].

   Los ayudantes excelente y trabajando toda la tarde, merecen aplausos y felicitaciones sinceras.

   La corrida estuvo buena y el público galante.

   Firma CACHIGORDA CHICA.

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“La Lolita” entrando a matar. Colección Gustavo Casasola. Impresión original. Sección: Toros / Espectáculos.

   Quien aparece a su vera, con traje corto y un capote en la diestra, seguramente es uno de los “Auxiliadores”, y debe tratarse de José Huguet “Mellaíto”.

   Obsérvese el lleno que lucen los tendidos de aquella añeja plaza, ubicada al pie del bosque de Chapultepec, pero también obsérvese el rostro compungido de la señorita torera, misma que intenta señalar la estocada en lugar propicio. “Mellaíto” en natural desparpajo seguramente le va indicando cómo ejecutar la suerte en instante que todo torero busca afortunado.

   Tiempos en que fotógrafos como Lauro E. Rosell, y el propio Carlos Quiroz se armaban cámara en ristre para documentar las crónicas que entonces eran enviadas a través del hilo telegráfico para luego verlas publicadas –varias semanas después- en la célebre publicación Sol y Sombra o La Fiesta Nacional, por ejemplo.

   Gracias a este testimonio, hoy podemos comprobar la presencia una vez más, de la famosa cuadrilla de “Señoritas toreras” que causó furor en aquellos años iniciales del siglo XX en diversas tardes, y compartiendo -al menos en lo que a noticias concierne-, con otra torera: Juan Fernández “La Guerrita”, quien también actuaba por estos lares.

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RODOLFO GAONA BANDERILLANDO SOBERBIAMENTE EN BARCELONA…. Y EN MÉXICO.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS.  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

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   Mientras me daba a la tarea de elaborar las notas para esta colaboración, buscando para ello los materiales más apropiados, apareció ante mí la presente imagen, un verdadero prodigio que posee a su vez diversas interpretaciones.

   Se trata de una interesante “instantánea” recogida en alguna de las actuaciones que Rodolfo Gaona tuvo durante su temporada española de 1917, año en que las corridas de toros estuvieron prohibidas en algunas partes de nuestro país (recordando que tal decreto fue impulsado por el Gral. Venustiano Carranza entre 1916 y 1920).

   Ocupando en su lugar original apenas un mínimo espacio, y ya con el apoyo de las nuevas tecnologías se ha logrado magnificar la imagen, al punto de que podemos apreciar la forma en que se “rompió el grano”, o se “pixeló” para entenderlo con palabras de nuestros días.

   Allí vemos al “indio grande” citando para poner banderillas muy en el estilo que impuso Gaona. Se distingue la soberbia, lo bien plantado de su consumada y primera experiencia que dejó muy buenos frutos en aquella temporada, donde alternó diversas ocasiones con Juan Belmonte y José Gómez Ortega, entre otros.

   El también considerado “Petronio de los ruedos” va paso a paso, para dar cara ante un buen mozo, ese berrendo que ya tiene en los lomos, según puede apreciarse dos pares, y en este tercero se anticipan las cosas, según lo indica el pie de foto con un par de “adentro para afuera”. Rodolfo seguramente, tuvo tiempo para destilar en esa gallarda figura el reto de verse en situación comprometida, pues se le observa colocado casi al borde de las tablas y con la fija mirada del “pavo” aquel, cuya trayectoria apunta de los medios hacia el tercio, lugar final donde seguramente se encontraron hasta consumarse aquella emocionante suerte.

   Rodolfo Gaona fue un extraordinario banderillero, y así nos lo recuerda otra célebre fotografía, la que obtuvo Eduardo Melhado el 10 de diciembre de 1910. Y nada mejor que esos versos, los que escribió José Alameda para describir instantes emotivos como los de un buen tercio de banderillas. Veamos:

ESTAMPA DE GAONA CON “GALLITO”

 (A la memoria de mi padre,

Luis Fernández Clérigo, amigo

y admirador de Rodolfo).

 

Huraño, cenceño, altivo,

quieto en la estampa te veo,

como cuando estabas vivo

en la suma del toreo.

 

Te da los palos José

-las banderillas, tu suerte-.

El lo sabe –y yo lo sé-

no por competir, por verte.

 

Por ver en tiempo y espacio

el milagro de ajustar

los pies al verso de Horacio.

 

Y salir como al entrar,

andando, abriendo despacio

tu gloria, de par en par.[1]

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La Fiesta. Semanario Gráfico Taurino. N° 63, México, 5 de diciembre de 1945

Todo en ella es precisión, equilibrio, concentración de fuerzas, belleza. ¡Qué más puede pedirse para contemplar tamaña genialidad!


[1] Carlos Fernández Valdemoro (Seud. José Alameda): Seguro azar del toreo. México, Salamanca ediciones, 1983. 92 p. Ils., retrs., facs., p. 17.

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EL PASE DEL “IMPOSIBLE” POR EL “IMPOSIBLE”.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.  

   He aquí, y sin necesidad de una complicada explicación el procedimiento que Antonio Moreno Campos empleaba para lograr uno de los pases de muleta cuya realización es compleja, exacta, milimétrica y que al consumarse, tiene al borde del delirio a los aficionados que admiran y elogian al torero capaz de realizar ese pase que, por fortuna se interpreta de vez en vez. Se le conoce con el adjetivo de “Imposible”. Fue creación de dicho torero que hizo de la misma una versión portentosa y valiente, a cual más.

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Los Toros. Semanario del Buen Aficionado. México, enero 4 de 1965, p. 15. Colección “Roberto Mendoza Torres”.

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LA LIDIA PLANTEADA POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   En la antiquísima publicación Olé, y en su N° 42, del 29 de marzo de 1940, se publicaba una sección denominada “Postales viejas”. En ella, como en esta, se seguía y sigue un propósito: disponer de material fotográfico con el cual se dispone del registro en el que el movimiento queda detenido, pasando a formar parte de un testimonio específico capaz de decodificar, y de preferencia todo su contenido. En aquel entonces, el encargado de dicha sección echó mano de la que podría resultar una “mala foto”, en donde no existen elementos estéticos disponibles para ser exaltados. Más bien, se entendería que con deliberada intención eligió el presente material para poner en evidencia algún mal procedimiento del espada en turno (que en este caso se trata de Ignacio Sánchez Mejías”. Sin embargo, la nota complementaria es sumamente clara en el sentido de que explica un procedimiento técnico y de poder que puso en práctica el diestro sevillano, quien estuvo en México hacia 1921, compitiendo ferozmente con Rodolfo Gaona. Observen con atención la embestida del toro, una colada peligrosa y tirando la cornada. Miren el poco o nulo lucimiento del espada, pero lean con atención la nota complementaria para que se tenga al final una dimensión exacta del porqué de aquel momento; e incluso del porqué elegir dicha instantánea. Todo eso, en conjunto la revalora y nos permite entender esa otra parte –a veces oculta, a veces difícil de entender-, como lo es la lidia en cuanto tal.

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LA VERÓNICA DE GAONA.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Gracias a la fascinante herramienta que nos ofrece la página de internet http://www.bibliotoro.com/index.php, podemos acceder a “Impresos digitalizados”, donde nos encontramos con esta especie de telón a punto de levantarse…

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   Agradezco desde aquí la labor, tanto del Dr. Marco Antonio Ramírez, propietario e impulsor del “Centro Cultural y de Convenciones Tres Marías” (en Morelia, Michoacán), como del señor Salvador García Bolio, responsable de la biblioteca, y cuyas iniciales hoy dan nombre a dicho repositorio: GARBOSA. Del mismo modo, también este agradecimiento comprende la labor de José Moisés Ponce Domínguez, joven estudiante que ha adquirido la experiencia como bibliotecario, atendiendo a los usuarios “in situ”. Lo anterior también proviene de hacer extensivo el hecho de que, en buena medida, tal colección biblio y hemerográfica dan sustento al que es mi proyecto de tesis doctoral: “LOS IMPRESOS y DOCUMENTOS TAURINOS EN MÉXICO. SIGLOS XVI AL XXI. (EL CASO DE DOS BIBLIOTECAS y HEMEROTECAS TAURINAS: MADRID y MORELIA)”, mismo que vengo realizando como estudiante en el colegio de Bibliotecología y Estudios de la Información, adscrito a la Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.A.M. La titulación está planeada para el segundo semestre de 2018.

   Pues bien, todo lo anterior es una de muchas razones para decir sobre lo valioso que resulta en estos momentos “acceder” a información que hasta hace un tiempo resultaba impensable. No se puede afirmar que hoy día internet lo tenga todo. Creo que esa sería su propósito, pero definitivamente pasará mucho tiempo para que tal empeño se cumpla a cabalidad. En todo caso, contamos ya con una serie de elementos que, como el que habrá de comentarse en seguida, es resultado de esa intención la cual pretende acercarnos a otras tantas piezas del complejo con el que ha ido siendo posible configurar el discurso de un proceso histórico tan particular como la tauromaquia misma.

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Disponible en internet septiembre 16, 2016 en:

http://www.bibliotoro.com/digital.php?nt=124&s=80&palabras=#top

   Felix Miret, al igual que otros fotógrafos extranjeros, tal el caso de C. B. Waite y Winfield Scott, realizaron un trabajo que comprendió varias aristas de la vida de muchos mexicanos de hace poco más de un siglo. Sus ojos abarcaron lo mismo a la élite porfiriana que a las capas sociales marginadas. En ese sentido, la fiesta de los toros no les fue ajena, e incluso se dejaron fascinar por la misma, de tal forma que el resultado es una serie de registros que hoy día podemos admirarlos en diversas fuentes y soportes, incluyendo el electrónico o digital.

   En esta postal, es posible apreciar la arrogancia, de un Rodolfo Gaona que ya, para esos momentos en que fue registrada (esto durante la temporada taurina de 1909-1910), el futuro “Pontífice” afirmaba su presencia a partir de una bien aprendida y aprehendida lección que asimiló de las duras enseñanzas impuestas todavía por el que era su tutor espiritual: Saturnino Frutos “Ojitos”.

   Y es que lo que legaba el viejo banderillero español era un conocimiento, la amplia experiencia que hizo suya cuando formó parte de aquellas cuadrillas encabezadas por Salvador Sánchez “Frascuelo” y Rafael Molina “Lagartijo”. Aquel estaba dotado de una capacidad técnica inmejorable. Este, de la estética sin par. De ese modo, “Ojitos” tras el viaje en el que se integró a la cuadrilla de Ponciano Díaz, y decidir quedarse en nuestro país, lo que logró fue establecer una escuela de tauromaquia, misma que fue una realidad en León de los Aldamas, punto desde donde surgiría aquella “Cuadrilla juvenil mexicana”, entre cuyos alumnos más sobresalientes estaba ese muchacho que respondía al nombre de Rodolfo Gaona Jiménez.

   Diseminada aquella experiencia, la cual bebió Gaona como si hubiese ido a un manantial sagrado, el resultado fue esa serie de imágenes que moldearon a un torero que se sabía heredero natural de aquellas clásicas expresiones transmitidas gracias al puente de comunicación establecido por Saturnino Frutos y que se concretó en esa dimensión capaz de traspasar fronteras nunca antes previstas, con lo que para José Alameda quedó resuelto en aquella sentencia donde terminó considerándolo como un “torero universal”.

   La “verónica” que quedó perpetuada en esta imagen, además de poseer el rancio sabor de lo antiguo, desvela el impecable toque de la gracia, donde al estilo de la época, hace poco más de un siglo, concibió ese lance tal cual estaba indicado en tauromaquias como la de “Pepe-Hillo” o la de Francisco Montes; perfeccionadas por “Lagartijo” y “Frascuelo”; y luego superadas en sus propias manos.

   Hacer reseña de este solo lance nos puede llevar por el sendero donde podría caerse en el riesgo de los eufemismos, cuando es una la razón que nos detiene para degustarla. Gaona con el capote fue capaz de esto y más, que ya le conocemos esas virtudes, mismas que puso en práctica durante todo su “imperio”.

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DOS PRODIGIOS: LA FOTOGRAFÍA DE SAMUEL TINOCO… LA MEDIA DE “RODALITO”.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Rafael Rubio “Rodalito” torero de origen español, vino a México justo cuando las corridas de toros se reanudaban en la capital del país tras el asesinato del Gral. Venustiano Carranza, esto al mediar el año de 1920. De él no quedan muchos registros, ni tampoco tenemos grandes referencias sobre tardes gloriosas de este albaceteño que en su momento llegaron a llamarlo el “Rodolfo Gaona español” quizá por su gran parecido con el “indio grande”…

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Rafael Rubio “Rodalito”

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Rodolfo Gaona Jiménez

   Sin embargo, lo que ha llamado mi atención y creo que así será para muchos, es el registro de la maravillosa imagen que acompaña las presentes notas. La fotografía fue tomada por Samuel Tinoco, integrante de aquella generación de los Casasola, Melhado, Rosell, Urbina, Reynoso, Enrique F. Sosa y otros, que dejaron un auténtico testimonio de sus quehaceres, tomando en cuenta esa paciente labor, la de sentarse las más de las veces en una especie de canastilla, tal cual sucede con Enrique F. Sosa y Eduardo Melhado…

ENRIQUE F. SOSA_E. MELHADO

…desde donde tendrían que manejar aquellas cámaras, y los vidrios para finalmente obtener maravillas como la que se presenta a continuación:

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El Universal Taurino. T. III, México, D.F., 2 de mayo de 1923, N° 81.

   Sorprende la precisión con que se detuvo el tiempo, instante en el que el español remata la serie de lances con esa “media” que destila aromas de torero caro, mientras el toro queda sometido a los vuelos del capote que envuelven la figura mayestática del diestro que también tiene algo de columna griega.

   De Tinoco no tenemos hasta hoy tantas referencias como las que conquistaron todos aquellos colegas cuyos nombres hemos recordado por su enorme familiaridad con la fiesta de los toros. Sin embargo, Samuel Tinoco, al igual que esos otros hacedores de la imagen, tuvo un privilegiado manejo del sentido que permitió a muchos en aquellas jornadas heroicas, encontrar el justo medio…, ese que decidía oprimir el obturador en el preciso instante.

   La abismal diferencia entre el uso de aquella parafernalia y la cámara digital o el celular o móvil que ya tienen incorporada una cámara en su interior es que el viejo equipo forjaba fotógrafos que lograron, en la mayoría de los casos dejar su impronta de manera permanente gracias a una virtud muy especial que llamaría “sensibilidad”. Las imágenes actuales, que pueden tomarse por decenas, docenas y demás cantidades industriales, pierden esencia, salvo que se siga un propósito muy concreto: conservar el registro de lo inasible o inclasificable entre cuyos componentes se encuentra el tiempo, la vida, los seres que queremos, el recuerdo, la memoria…, solo por mencionar aquellos aspectos que resulten entrañables, pero también afines al propósito de conservar registros de la memoria.

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Eran los días en que Manuel Jiménez “Chicuelo” estaba convertido en ídolo de la afición mexicana. A su izquierda, Samuel Tinoco. A la derecha: Eduardo Sánchez Vargas, periodista. (Ca. 1924). INAH / SINAFO, N° de catálogo: 119783.

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¡A LA FERIA EN IRAPUATO! (RECUERDOS EN IMÁGENES DE 1904).

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

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Sol y Sombra, N° 392, del 31 de marzo de 1904, p. 5.

    Este animoso grupo de amigos y aficionados recién ha bajado del tren que ha llegado hasta la estación de Irapuato, Guanajuato. Tal circunstancia ocurrió el 12 de enero de aquel año, así que apenas se han comenzado a reponer de las fiestas de fin y comienzo de año, así como de los santos reyes, pues se puede notar más en unos que en otros el buen talante que ostentan en sus felices rostros.

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El cartel…

   Y es que acudieron para presenciar un festejo en el que estaban acartelados ni más ni menos que Antonio Montes, Rafael González “Machaquito” y Manuel Jiménez “Chicuelo” según podemos comprobarlo en el cartel que fue impreso en la “Tipografía de José del Rivero”, esto en la ciudad de México. Los tres diestros se enfrentaron a 6 “Hermosos y escogidos TOROS de las acreditadas Ganaderías de ATENCO Y S. DIEGO DE LOS PADRES”. Así que la ocasión no podía dejarse pasar ante tamaño atractivo.

   Todo en ellos es felicidad, y se puede comprender en la actitud que asumen frente al fotógrafo. Al centro de la imagen, aparece el ganadero D. Antonio Barbabosa Saldaña, que representaría en esa ocasión a las dos célebres haciendas… es decir Atenco y San Diego de los Padres que por aquellos días no estaban precisamente en sus mejores momentos. En torno al Sr. Barbabosa, los que irían con él, seguramente desde la ciudad de México, tuvieron ocasión de ser recibidos por otros tantos entusiastas aficionados oriundos de Irapuato. Llama la atención el enorme continente de ese hombre que lleva una chaqueta tan grande como el mismísimo “globo de Cantolla”. Se le ve rozagante, orondo, feliz por consecuencia, y como él todos los demás, cuyo deseo era echar a andar hacia la plaza que no estaría tan distante de la estación del ferrocarril.

   Como ya vimos, el cartel era de polendas, por lo que se convirtió en tentadora circunstancia para acudir en grupo que para eso este ya iba más que preparado para pasar una buena tarde de toros.

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