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HOY RECORDAMOS A CARLOS QUIROZ “MONOSABIO”, A LOS 76 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO.

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XX. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Carlos Quiroz (ca. 1880-11 de mayo de 1940), mejor conocido en el medio periodístico de entre siglos –XIX y XX respectivamente-, como “Monosabio”, fue un personaje poseedor de esa acabada y envidiable experiencia como taurino, misma que puso al servicio de la prensa al fundar un semanario que llevó el curioso y a la vez incómodo título de Ratas y Mamarrachos, cuyo primer número salió publicado el 11 de octubre de 1903, donde expresaba que “Es costumbre en toda publicación que ve por vez primera la luz pública, que en el primer número expongan sus redactores el programa a que han de ajustar sus actos, la norma que ha de regir su conducta y que manifiesten cuáles son sus aspiraciones, cuáles sus ideales.

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Primera página del primer número de Ratas y Mamarrachos, en su edición de octubre de 1903.

   “Siguiendo esta costumbre, el grupo de aficionados al viril espectáculo español que se han reunido a fin de sostener este periódico, sin más móvil, sin más intereses que contribuir con su grano de arena al engrandecimiento y prosperidad de fiesta tan hermosa y tan arraigada en nuestras costumbres; hacen hoy ante sus lectores, aunque sea en pocas líneas, ya que el tamaño que por ahora tiene este periódico no permite extenderse lo que desearan la protesta de rigor y al mismo tiempo ponen de manifiesto lo que ellos pueden dar de sí, y lo que esperan del público aficionado”.

   Y sigue aquí su “declaración de principios”:

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…para terminar escribiendo:

“…todo aquel que se lamenta de que en México no puede prosperar un periódico taurino imparcial y honrado sostenernos y alentarnos en la lucha.

   “Los redactores de éste periódico harán lo imposible por sostenerse lo más que pueden, pero necesitan de la valiosa ayuda de la afición y eso es lo único que humildemente solicitan”.

LOS REDACTORES.

   Dicha publicación pudo mantenerse en el gusto de los aficionados hasta 1911, año en que se tienen los últimos datos de su pervivencia.

   Poco antes de que terminara el siglo XIX, Carlos Quiroz ya había conseguido una corresponsalía con Sol y Sombra, una de las publicaciones españolas que adquirieron muy pronto el reconocimiento de los aficionados de aquí y de allá, puesto que su diseño moderno –para entonces-, le daba atractivas posibilidades de entrar en el gusto de cuantos desearan estar al día en cosas de la tauromaquia. El buen papel, el proceso fotomecánico que también daba un toque de modernidad, pero sobre todo las plumas que firmaban crónicas, editoriales, reseñas y demás, la hizo brillar con luz propia. En ese sentido, “Monosabio” enviaba puntualmente sus apuntes sobre la que fue última temporada en Bucareli (1899), y luego todas aquellas que daban cuenta de lo ocurrido en la plaza de toros “México”, inaugurada en diciembre de aquel mismo año, hasta poco antes de 1910, en que ya no se publicaron. Este asunto no era novedad, pues años atrás el también periodista Julio Bonilla, había logrado insertarse, con su firma, o a través de la “Agencia Taurina de México, fundada en 1885” en otros tantos diarios o semanarios españoles de corte eminentemente taurino, extendiendo así la labor que realizaba cada ocho días en El Arte de la Lidia (1886-1911).

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Carlos Quiroz y Lauro E. Rosell. Sol y Sombra N° 346, semanario de junio de 1903.

   Carlos Quiroz, junto a Lauro E. Rosell, reconocido fotógrafo y diletante de la historia, fueron inseparables en aquella etapa con Sol y Sombra, y a no dudar, ambos deben haber decidido seguir su ruta entregándose en la elaboración de Ratas y Mamarrachos.

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Cabecera de Ratas y Mamarrachos, año V, 12 de octubre de 1906, N° 115. 

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Fotografía de madurez.

   Por cuanto se conoce sobre el legado de Monosabio, personaje que está a la espera de un reposado análisis, no solo en su obra. También en su personalidad, e incluso en sus debilidades que lo encaminaron al descrédito popular, se sabe que adquirió un conocimiento invaluable en la forma de escribir de toros, lo que supone el hecho de que para esos años iniciales del siglo XX, era ya el resultado de muchas de las aspiraciones que se habían impuesto varios lustros atrás, personajes como Eduardo Noriega, Pedro Pablo Rangel, Carlos M. López o Carlos Cuesta Baquero… pero sobre todo aquel cenáculo que fue el “Centro Taurino Espada Pedro Romero”.

   Y pasaron los años, con lo que ya un Carlos Quiroz maduro se convirtió en colaborador tanto en El Universal como en El Universal Taurino. Imposible no dejar de recordar también su aportación bibliográfica más importante: la entrevista que realizó en vísperas de la despedida de Rodolfo Gaona, misma que se convirtió en el célebre libro Mis veinte años de torero, que alcanzó varias ediciones, entre 1924 y 1925. Por alguna razón Monosabio cayó en las tentaciones y a cambio de escribir maravillas demandaba el “unto mexicano”. Pero si este no llegaba, las notas podían ser demoledoras, como fue lo ocurrido en más de una ocasión. Así lo recuerda en “directo” José Julio Barbabosa, quien para el 30 de diciembre de 1926, apuntaba en sus “Memorias”: “Olvidé escribir el 14 del presente, cuando informé del juego de los toros de Atenco, el 12 de este mismo mes, que mi implacable enemigo Monosabio, al informar en el Universal de la corrida, dijo “que los toros de Atenco habían resultado así, porque como estuvieron juntos con los de Santín en los corrales de la plaza estos les pegaron su mansedumbre” ¿Se dará infamia mayor?”

   Se sabe también que Quiroz fue uno de los co-fundadores del célebre tabloide Ovaciones que hoy día sigue circulando en nuestro país. Pero el incordio que padeció casi al final de sus días alcanzó niveles de auténtico descontento. En los últimos años de la tercera década del siglo XX, construyó una campaña de desprestigio contra Alberto Balderas. La entonces célebre agrupación denominada La Porra, sector de aficionados que se forjaron al calor de aquellas tardes en que el “Torero de México”, junto a “Armillita”, Jesús Solórzano, “Carnicerito de México” o Lorenzo Garza, entre otros se disputaban las palmas como auténticos guerreros se dio cuenta de aquello, e incluso sus integrantes hicieron circular su propia publicación poniendo al célebre periodista como “lazo de cochino”. Algo no funcionó bien en la forma de pensar de Monosabio, por lo que al llegar una tarde a la plaza y nada más sentarse en su barrera, comenzó a ser hostigado por La Porra al punto de que todos ellos y a una voz comenzaran a gritarle ¡Monoburro, Monoburro!, mientras llegaba hasta su lugar una paca de alfalfa que en fina dedicatoria le enviaron…, precisamente los de La Porra. Carlos Quiroz tuvo que salir de la plaza prácticamente humillado. Todavía, dos años después de su muerte, Martín Luis Guzmán debatía aquel proceder en El Estado de la Cuestión, reportaje que aparecido en El Tiempo, se convertía en evidencia de las debilidades que este y otros periodistas tuvieron entre sus actividades cotidianas.

   El legado de Carlos Quiroz es rico en materia de estudio. Hombre de carne, hueso y espíritu tuvo virtudes y defectos. Al margen de todas estas razones, conviene, como ya se dijo, un profundo análisis a su obra que es amplia, caudalosa, pero sobre todo rica en testimonios sobre el que fue aquel significativo cambio que registró la tauromaquia mexicana durante los primeros cuarenta años del siglo XX.

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A 30 AÑOS DE LA MEMORABLE FAENA QUE PEDRO GUTIÉRREZ MOYA REALIZÓ CON “SAMURAI” DE “BEGOÑA”.

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XX.  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Regresemos en el tiempo 30 años. Para entonces y al cabo de 100 años, la afición de la ciudad de México, había logrado hacer suyos a una serie de toreros españoles considerados como “ídolos”. Allí estaban, entre otros: Luis Mazzantini, Antonio Montes, Manuel Jiménez Chicuelo, Joaquín Rodríguez Cagancho, Manuel Rodríguez Manolete…, Manuel Benítez El Cordobés, Diego Puerta… A ese numeroso grupo se agregó Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea quien la tarde del 4 de mayo de 1986 conquistó a los taurinos gracias a la célebre faena a Samurai, de Begoña.

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Fotografía, Manuel Navarrete, publicada en El Heraldo de México.

   La plaza “México” llena hasta la bandera, quedó convertida aquella tarde en auténtico manicomio. Cada lance, cada pase de aquella prodigiosa y caudalosa labor técnica y estética producían una especie de impulso eléctrico. Recuerdo que la gran mayoría estuvimos al borde nuestros asientos que parecían tener resortes, pues casi estoy seguro, y no quiero equivocarme, al afirmar que es una de las últimas grandes obras que han conmovido de manera por demás demoníaca, como lo fue también en su momento el episodio que Rodolfo Rodríguez El Pana nos produjo la tarde de su “despedida y resurrección”: el 7 de enero de 2007. Por cierto, ¡fuerza, Rodolfo!

   Es decir que, lo apolíneo y dionisíaco se dieron la mano en aquella célebre jornada que además, trajo consigo, una brillante culminación: el indulto de aquel ejemplar de pinta colorada. De salida, brincó la barrera, luego en el tercio de varas desmontó al primer picador lanzándolo al callejón, hasta terminar recibiendo tres puyazos. Fue un toro que tenía, a decir de José Alameda, una “bravura alegre”, ingrediente que sirvió para que el salmantino planteara los cites desde largo, dándole luego a cada uno de los pases la dimensión necesaria en armonía con el impulso del toro y su indispensable respiro.

   Y sigue diciéndonos Alameda en la crónica que publicó al día siguiente en El Heraldo de México:

   “Eso fue lo bonito, la vistosidad de aquellas arrancadas y el gran recorrido del toro que el torero no sólo aprovechó sino que fomentó con gran talento, de modo que pudo prolongar las series, siempre cabalmente rematadas. Huelga decir que dio muchos muletazos en redondo con la derecha y con la izquierda. Fue de lo más original su manera de cambiarse la muleta por la espalda a favor de la larga embestida del toro. Hubo un muletazo precioso, tomando al toro de costado para hacerle describir una curva perfecta, como un derechazo al revés… En un momento dado, el tendido comenzó a cubrirse de pañuelos blancos; el público pedía el indulto del toro… Así que cuando Capea quiso perfilarse para entrar a matar, surgió la protesta… Sin embargo la autoridad no accedía… La escena se repitió varias veces… Hasta que por fin, la presión fue tal que el juez también sacó su pañuelo blanco, y el toro, perdonado, volvió a los corrales”.

   Y mientras se desarrollaban estos acontecimientos, recuerdo que desde distintas partes del tendido comenzó a surgir el grito sincero de “¡Paisano!”, ¡Paisano!”, con lo que nuestra afición abría simbólicamente las puertas de estas tierras para convertirlo en uno más de nosotros. Y es que el adjetivo “paisano” tiene, entre sus connotaciones, una muy peculiar que aplica en forma entrañable –por lo menos entre los mexicanos-, ya que es una demostración sincera de integrar a todo aquel que por alguna razón, ha trascendido. Y ese mérito lo logró con creces Pedro Gutiérrez Moya, quien desde aquel entonces y hasta estos días, en que luego se deja ver, sigue recibiendo cariñosas demostraciones de quienes rememoran aquella efeméride…, como si hubiera sido apenas ayer.

   Hay gritos estentóreos, gritos desesperados…, gritos entusiastas como este “¡Paisano!” que luego llega a oírse de nuevo desde los tendidos, quizá ya no de manera tan entusiasta. Es posible que aquella gesta se convirtiera desde entonces en cumbre conquistada, o lo que es lo mismo: en la aspiración de todos aquellos que al verla, pretenden alcanzarla.

   En 30 años ¡lo que no hemos visto! Sin embargo, se puede contemplar todavía desde esa cumbre, el estandarte que, como “una pica en Flandes”, fue a poner en ese sitio Pedro Gutiérrez Moya.

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   Un samurai, es una especie de guerrero japonés, servidor de reyes. Pues bien, al día siguiente ese toro todavía siguió siendo noticia. Antes de serle restañadas las heridas, y mientras se realizaba la operación en los corrales en el coso de Insurgentes, un movimiento inesperado; alguna señal inoportuna… el hecho es que sobrevino la tragedia. Felipe Sánchez Reyes, a sus entonces 16 años de edad, dedicado a barrer los corrales, recibió cuatro cornadas de Samurai, quien en forma vertiginosa hizo el viaje sobre una puerta, destrozando el cerrojo y botándola casi como si esta fuera de papel.

Fue el Dr. Xavier Campos Licastro quien lo atendió luego de casi hora y media de haber transcurrido el desagradable percance, ya que nada ni nadie –y mucho menos Felipe Sánchez-, esperaban sucediera un imprevisto de tamañas dimensiones.

   Treinta años ya…

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ENCERRONAS MÁS REPRESENTATIVAS EN EL PASADO TAURINO MEXICANO. 

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   La actuación en solitario de un espada capaz de lidiar y estoquear 6 o más toros, supone entender esa gesta como “encerrona”. A lo largo de los tiempos, nos hemos enterado de sinfín de casos como el que aquí se presenta. Imposible no olvidar las célebres actuaciones de José Gómez Ortega o Rodolfo Gaona que marcaron la destacada línea de poder que hasta hoy, a 100 años vista, parecen todavía meta inalcanzable. Luego vinieron otros muchos casos, entre toreros españoles o nacionales, que los ha habido en número importante. Sin embargo, lo que hoy comparto con ustedes es esa búsqueda, la que se va hasta el siglo XIX mexicano y de la que surgirán verdaderas sorpresas.

   No solo seis, sino hasta ocho, e incluso hasta 10 toros llegó a despachar Bernardo Gaviño incontables ocasiones. Por entonces, a este y otros personajes, se les consideraba como auténticos “Gladiadores”, término que fue acuñado con el propósito de utilizarlo debidamente en la labor publicitaria que quedaba plasmada en carteles anunciadores de la época, mismos que fueron elementos “mediáticos” de enorme valor, pues en ellos era posible conocer a detalle, el desarrollo de espectáculos alucinantes.

   Por ejemplo, llama la atención el que dio a conocer un festejo celebrado en la Plaza Principal de toros de San Pablo el

Domingo 6 de octubre de 1844: 7 toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. La empresa, deseosa de contribuir por su parte a la satisfacción pública por el feliz enlace del Escmo. Sr. Presidente General Don Antonio López de Santa Anna con la Escma. Sra. Da. Dolores Tosta, ha dispuesto una sobresaliente corrida de toros.

Programa:

Una marcha militar y una salva de artillería que hará un fortín puesto al intento, anunciarán la llegada de la Escma. Sra. Presidenta. Pasado el despejo del circo, se lidiarán 3 toros, y en seguida el mismo fortín repetirá la salva, descubriéndose un grupo de la América sostenida por los antiguos aztecas.

Estos, en celebridad de su digna presidenta, lidiarán con un toro, que en aquel acto saldrá adornado de listones y bandas, banderillándolo y dándole muerte con una macana de fuego.

Seguirán otros 4 toros de la misma raza, y por fin de función se iluminará el fortín y dos pirámides, en cuyos remates se verá el retrato de la Escma. Sra. Presidenta y vivas a sus Excelencias.

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El Siglo Diez y Nueve, 6 de octubre de 1844, p. 4

   Por lo que este cartel pasaría por ser el primero en México con un registro tan específico como el de una “encerrona” en cuanto tal.

   El 30 de enero pero de 1853, Gaviño actuó en la plaza del “Paseo Nuevo” en la ciudad de México, estoqueando ocho toros de Atenco, y para el 24 de abril siguiente en el cartel se anunciaba “Cuadrilla de Bernardo Gaviño. 9 toros de Atenco. Función en celebridad del feliz arribo del Exmo. Sr. Presidente de la República, general D. Antonio López de Santa Anna”. No conforme, ocho días después, el 1° de mayo, el gaditano fue partícipe en la gesta de lidiar 10 toros, también de Atenco. Los datos que sobre actuaciones heroicas de ese tipo y que se encuentran en mi libro son frecuentes. Veamos.

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El libro al que me refiero es este, publicado en 2012, por la Universidad Autónoma de Nuevo León.

PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 10 de enero de 1858. Ocho o diez toros de Atenco y El Cazadero. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

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PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 10 de junio de 1860. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. 9 toros de Atenco y toro embolado de la misma raza.

PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 1º de mayo de 1853. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. 10 toros de Atenco. Toro embolado y fuegos de artificio.

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Justo cuando Bernardo contaba con 64 años de edad, los mismos que ahora tiene Rodolfo Rodríguez “El Pana”, y cuya reciente “encerrona” en Texcoco es motivo la presente colaboración, debo recordar que en 1876, el de Puerto Real acumuló las siguientes actuaciones:

PLAZA DE TOROS DE TLALNEPANTLA, EDO. DE MÉXICO. Domingo 11 de junio. Toros de San Diego de los Padres. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

   De las páginas gloriosas en el libro de los recuerdos para San Diego de los Padres, aparecen los toros GENDARME y FLECHA, lidiados en Tlalnepantla, al parecer el domingo 11 de junio de 1876, cuando visitaba nuestro país don Carlos VII de Borbón.

   Clementina Díaz y de Ovando, en su libro Carlos VII EL PRIMER BORBÓN EN MÉXICO, relata el acontecimiento.

El domingo 11 (de junio de 1876) don Carlos asistió en Tlalnepantla a una corrida de toros. Muy príncipe, pero llegó a su palco como cualquier plebeyo, entre pisotones y empujones. La gente de sol lo ovacionó a su manera gritándole indistintamente; ¡don Carlos! O ¡don Borbón! Los bichos resultaron bravos, un picador y un banderillero se lucieron, y “un chulillo hábil y valiente manejó la capa como el barón Gostkowski el claque”.

Don Carlos estuvo muy cordial con los que le ofrecieron la fiesta, llamó a su palco al banderillero y al picador (y como veremos después, al propio Gaviño), y los premió con esplendidez. El picador bien lo merecía ya que realizó toda una proeza, según reseñó La Revista Universal el 13 de junio:

La hazaña del picador merece contarse: embistió el toro y resistió el de a caballo bravamente; ni él se cansaba de arremeter; ni el hombre de resistir; al fin, desmontándose hábilmente sin separar la pica de la testuz, el picador se deslizó del caballo, se precipitó entre las astas del toro, soltó la púa, se aferró con los brazos y las piernas de la cabeza del animal, y mantuvo todavía algunos minutos completamente dominado y sujeto contra el suelo por un asta. El de la hazaña fue objeto de grandes ovaciones: ¡si al menos el mérito de la lucha hubiera salvado al mísero animal![1]

Pero faltaba que Enrique María de Borbón llamara a su palco a Bernardo Gaviño a quien regaló una petaquilla y le dijo: “Con estos toros no se echan de menos los de España”.

 PLAZA DE TOROS DE TLALNEPANTLA, EDO. DE MÉXICO. Domingo 18 de junio. No se indica la procedencia de los toros. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. La noticia podemos confirmarla en El Monitor Republicano del mismo día.

PLAZA DE TOROS DE TLALNEPANTLA, EDO. DE MÉXICO. Domingo 22 de octubre. En El Monitor Republicano del 20 de octubre de 1876, p. 3 aparece la siguiente nota:

TOROS.

El incansable Bernardo Gaviño ofrece, para el próximo domingo en Tlalnepantla, una gran corrida de toros.

Aviso a los que gustan presenciar esos bárbaros espectáculos.

PLAZA DE TOROS DE TLALNEPANTLA, EDO. DE MÉXICO. Domingo 29 de octubre. Grandiosa función. Arrogantes toros de San Diego Caspe. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. La función comenzará a las tres y tres cuartos en punto con tres arrogantes toros de muerte y uno de cola.

Se dará fin con la chistosísima mojiganga de Aguadores y Galopinas, los que lidiarán un torete de la misma raza.

La banda de Zapadores cubrirá los intermedios. (Nota aparecida en El Monitor Republicano, D.F., del 29 de octubre de 1976, p. 4).

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   De igual forma, no dudo que toreros como Pablo Mendoza, Lino Zamora, Abraham Parra “El Borrego” o Tomás y José María Hernández hayan conseguido otras tantas hazañas como las que eran cosa cotidiana para Gaviño. Lamentablemente los registros de estos “gladiadores” son mínimos debido a que la prensa de la época, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX tuvo un comportamiento irregular, marcado por las tendencias políticas e ideológicas de aquellos tiempos, aunada a un rechazo natural, lo que significaba esa reducida cobertura taurina, basada en notas brevísimas, las más de las veces cargadas de opiniones adversas, pero entendibles a la luz del cambio que se estaba dando en el país por aquel entonces.

En el caso de Ponciano Díaz, también es bueno apuntar algunas cosas que abonan el tema tratado el día de hoy. El de Atenco y su cuadrilla actuaron infinidad de ocasiones enfrentando a 5, 6 o más toros según la costumbre de aquellos tiempos, alternando dicha lidia -lo mismo que ocurrió con Gaviño- con esa presencia intermitente de jaripeo, coleo, mojigangas, toros embolados, fuegos de artificio y hasta el “loco” o payasos. De una tabla de actuaciones que he reunido a lo largo de poco más de 30 años, ahora puede saberse que Ponciano se presentó, por ejemplo la tarde del 7 de noviembre de 1886 en la plaza de toros de Tlalnepantla, donde lidió 6 ejemplares de Santa Isabel, o que el 27 de mayo de 1888 también enfrentó otros seis, procedentes de la hacienda de Jalpa en la plaza de Bucareli. O esas otras presentaciones en Pátzcuaro y Morelia entre el 16 y el 24 de septiembre de 1893, donde lidió ejemplares de Paramuén y La Huerta. Allí está el registro de una presentación más, ahora en Monterrey, la tarde del 24 de diciembre de aquel mismo año con 6 de Atenco. Finalmente, la tarde del 18 de abril de 1897 en Bucareli, enfrentando 6 de San Diego de los Padres, último registro con estas características, a dos años antes de su muerte, por cierto ocurrida un 15 de abril de 1899, con lo que para esa fecha muy próxima ya, se estarán conmemorando 117 años de su deceso.

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De una reproducción facsimilar editada por los Bibliófilos Taurinos de México, en 1988.

   Como se habrá podido comprobar, la historia es un recipiente inagotable de conocimiento, el cual nos ha permitido compartir datos, siempre tan interesantes para entender la manera en que se comportó la tauromaquia mexicana, la de hace poco más de siglo y medio. Gracias por su atención, y hasta la próxima.


[1] Clementina Díaz y de Ovando: Carlos VII. EL PRIMER BORBÓN EN MÉXICO. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978. 138 pp. Ils., p. 64.

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TAUROMAQUIA: ANTÍGONA DEL PROGRESO.

EDITORIAL.

TAUROMAQUIA: ANTÍGONA DEL PROGRESO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Mi experiencia por España e Italia.

   La creación, el arte y demás fundamentos humanos que se acercan al sentimiento, han hecho posible que se produzca, por vía de la inspiración una obra humana sólida, representativa del mejor de los ingenios.

   Su materialización puede ser esa larga y milenaria presencia religiosa, que la de lo mundano y terrenal.

   Cuando la dimensión de las luces se abre a lo universal, uno puede verse rebasado hasta el punto de confesar “solo sé que no se nada”, tal cual decía Platón, o Sócrates. O como pensara Pío Baroja cuando afirmaba: “De las navegaciones y naufragios en hemerotecas, archivos, registros y bibliotecas, prefiero que se lea el resultado”.

   Acercarse a otras culturas trae consigo la necesidad de ampliar el espectro de un aprendizaje que debe culminar felizmente en la sabiduría, misma que debe seguir en expansión, con anhelos que no alcanzan el infinito. Pero en tanto límite, es suficiente para poseer un amplio velo de conocimiento.

   Este viaje con propósitos que cubrieron una estancia académica estimulada por la U.N.A.M., que sustenta mi proyecto de tesis doctoral, se ha visto además, enriquecido por la valiosa oportunidad de abrir el interminable abanico del saber.

   Afortunada experiencia de la que comparto a continuación uno de sus muchos capítulos.

   Enfrentamos el difícil momento de una encrucijada: el destino de la tauromaquia. Nunca como hoy la sociedad moderna ha cuestionado tanto una peculiar representación, sobre todo por lo que es y contextualiza. Es decir, un valioso legado milenario y secular que llega a este siglo XXI convertido en antígona del progreso. Nuestro tiempo ya no le merece tantas atenciones y es más, hasta le echa de menos. Es cierto, hay que reconocerlo: los toros, al no representar profundo interés viven ya esa latente amenaza de desaparecer.

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Fotografía: Dra. María Verónica de Haro y de San Mateo, registro del seminario que presenté en la Universidad de Murcia, el 14 de octubre de 2015.

   En el que parece ya su último y decisivo momento para defenderse, ser defendido, difundido, estudiado y hacerle pervivir en consecuencia, tiene hoy pendiente la asignatura en la que, bajo los mejores argumentos, la UNESCO valore si debe otorgarle o no título de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, pretensión bastante atrevida por cierto, que no desmerece el largo e intenso camino de quienes se han involucrado en tamaña empresa.

   Pero es necesario entonces, un esfuerzo que viene de revisar las estructuras, cimientos y andamiajes propios del espectáculo. La puesta en escena además de todos sus rituales se desarrolla en medio de una dura representación del sacrificio y muerte de un toro. Tal circunstancia ha servido desde los tiempos de Isabel la Católica y hasta nuestros días para que sectores abiertamente contrarios a su desarrollo le cuestionen o pongan en duda. Sin embargo, el endurecimiento que hoy asumen los antitaurinos se ve cohesionado al amparo de la vigorosa era digital con aportes tan impensables hasta hace un tiempo como puede ser el de las redes sociales.

   Su organización, más que la de los propios taurinos puede ser tan sorpresiva como un ataque militar. Quizá por eso sea necesario poner en práctica un pulimento basado en perfecciones técnicas y estéticas que eliminen o atenúen las voces y posicionamientos de rechazo.

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Fotografía: Dra. María Verónica de Haro y de San Mateo, registro del seminario que presenté en la Universidad de Murcia, el 14 de octubre de 2015.

   El toreo tiene un fuerte aroma de componentes que desaparecerlos representaría reducir su profunda razón de existir. Por eso es necesario restituir o reacomodar, valorar y consensuar los propósitos de la suerte de varas, el uso de las banderillas, la espada y la espada de descabellar. Si todo lo anterior lo analizan sus propios ejecutantes, tendremos una representación adecuada a nuestro tiempo, matizada, con objeto de que no resulte del todo “violenta”.

   Tauromaquias como las de Pepe Hillo y Paquiro fueron quienes establecieron pautas para encaminar de mejor forma un espectáculo que evolucionó y se afinó en buena parte del siglo XIX, y de todo el XX. Otro punto de inflexión es la medida que impuso en 1928 Primo de Rivera para el uso del peto protector y que luego hizo suya la fiesta mexicana en 1930. Lo que queda entonces es adecuar la fiesta a una real condición de conformidad con nuestros tiempos. En ese tenor, aprecio y observo que la tauromaquia tal y como hoy se representa parece estar en armonía con el minimalismo, sobre todo cuando algunas de sus escenas son llevadas a su mínima expresión. El fondo musical de Phillip Glass, Steve Reich o John Cage podrá ayudarnos en algo para entender a qué punto de posible agotamiento o renovación se enfrenta el toreo en cuanto tal. Y hay algo más. Debe fijarse el propósito de que los repertorios donde domina la escasez se renueven, sean otra cosa. La misma vista cansa y no es posible que todo se reduzca a verónicas, chicuelinas y algún lance más como sucedería también junto al catálogo de la muleta. Con ambos instrumentos, el catálogo es caudaloso, pero no hay forma de que se ponga en valor la variedad, lo cual hace difícil que ello suceda hasta en tanto se lo propongan los toreros.

   Es deseable por tanto que se preste atención a este capítulo esperando ver los resultados que se prevén.

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Fotografía: Antonio Petit Caro, disponible en  internet “Taurología.com”, http://www.taurologia.com/historiador-mexicano-coello-ugalde-inaugura-curso-aula–3866.htm

29 de octubre de 2015.

   La tauromaquia por sí misma reúne tal cantidad de circunstancias que terminará defendiéndose sola. Pero necesita la inminente organización de actores y espectadores en cualquier escala de participación. Si los estamentos más directos: autoridades, ganaderos, empresarios, toreros y medios de comunicación no se acercan lo suficiente, deben ser convocados a una profunda revisión de los instrumentos que hacen posible la celebración del espectáculo, y en ello le va la vida por ejemplo a los intelectuales, quienes habrán de demostrar cuán importante es y ha sido el derrotero de la tauromaquia para saber a qué aspiramos en estos momentos cruciales, donde los tiempos se reducen cada vez más.

   De ese esfuerzo planteado hasta aquí, apenas en su parte más epidérmica depende el futuro de la fiesta de los toros, sin más. Es deseable que, desde foros universitarios o académicos en los que, entendemos se abren a todas las razones universales del conocimiento, se mantengan actividades de análisis, reflexión y estudio para pensar y repensar ya no solo un pasado rico, por lo demás en un legado extensísimo. Es preciso tener en cuenta la realidad del presente para configurar un destino conveniente. Lo demás, vendrá por añadidura.

   La Universidad de Murcia (España) me ha permitido impartir un seminario relacionado con el avance de mi tesis doctoral cuyo título es: “Los impresos y documentos taurinos en México. Siglos XVI al XXI. (El caso de dos bibliotecas y hemerotecas taurinas: Madrid y Morelia)”. Realizar esta labor en el salón de clases (auténtico anfiteatro por otro lado), y dirigirme a alumnos en las carreras de Periodismo y la de Información y documentación, fue posible gracias al apoyo de la Dra. María Verónica de Haro de San Mateo, profesora-investigadora de dicha institución, así como de uno de sus Decanos, el Dr. Francisco Javier Martínez Méndez, quienes sin su apoyo habría sido imposible llevar a cabo dicha actividad.

   Del mismo modo, debo agradecer desde aquí la generosa recepción que el Dr. Rafael Cabrera Bonet me permitio para  pronunciar , como apunta mi buen amigo D. Antonio Petit Caro, “la lección magistral con la que se inauguro el nuevo curso –y van ya 15– del Aula de Tauromaquia de la Universidad San Pablo-CEU, la tribuna académica ya reconocida como la más rigurosa en el tratamiento de las cuestiones taurinas. La conferencia de apertura resultó todo un acierto: muy original en el fondo y en la forma, toda la disertación iba en paralelo con la proyección de documentos inéditos en España y un acertado fondo musical. Pero para ofrecer una versión más global, Coello contextualizó los hechos taurinos con la vida social y política de la época. Un conjunto todo él muy poco conocido en España, pero que sin embargo supuso un importante factor de enraizamiento de la Tauromaquia”.

   Con lo anterior queda demostrado que estudiantes e investigadores de tres reconocidas universidades: la de Murcia San Pablo CEU y la Universidad Nacional Autónoma de México, reunidas en ocasiones muy especiales, hayan unido esfuerzos en sendos actos en los que se dejó ver lo intensas que pueden ser las luces del pensamiento. Lo celebro y saludo.

Madrid, España, 28 de octubre de 2015.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   El viejo y heroico quehacer que José Ortega y Gasset sintetiza en La caza y los toros, acaba de cobrarse una víctima en la figura de Francisco Rivera Ordóñez. Apenas hemos asimilado este duro percance, cuando el nombre de Saúl Jiménez Fortes se suma a la inhóspita realidad de quienes caen en batalla.

   Osada profesión de la que nadie escapa frente al temerario riesgo de enfrentar, en medio de un estado natural salvaje, alterado o adaptado, el encuentro de dos fuerzas aparentemente opuestas, cruce de dos ejes, choque del equilibrio y el caos devenido arte y estructura. Pasión y locura al mismo tiempo.

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Disponible en internet, agosto 18, 2015 en: https://anancientseeker.wordpress.com/category/ciencia/

   Las figuras rotas de Rivera Ordóñez y Jiménez Fortes sobreviven luego de padecer tremendas heridas y se espera además del milagro, la oportuna asistencia que decidan la cirugía y la medicina en su conjunto, ambas al servicio de la tauromaquia. Recordemos que la medicina en todas sus expresiones, ha estado presente desde que el hombre, en sociedad se enfrentó a la necesidad de curar enfermedades que otros integrantes presentaban ya fuese por razones externas e internas, de edad o de todas aquellas circunstancias que las causaran. Vino con el tiempo el estudio, aplicación y especialización que incluían intervenciones quirúrgicas así como el uso de las más avanzadas tecnologías.

   En ese sentido, la tauromaquia no ha escapado a tales bondades, siendo todos sus integrantes o actores, susceptibles de diversos percances que han puesto en riesgo sus vidas. Determinadas muertes, cornadas y otras heridas, que generan la intervención de médicos, enfermeras y todos los servicios en torno a ello, así como las visiones reglamentarias o sanitarias que son obligatorias en estos casos, han permitido que esa comunidad se vea respaldada, garantizando así un servicio apropiado. Si bien todavía es posible observar fallas, o ausencia de tal circunstancia en algunos casos, la tendencia es lograr en forma por demás completa tal prioridad y segura atención.

   Todas estas razones son ahora mismo el asidero del que depende la vida o la muerte de aquellos caídos en la lucha, en esa “cruz o cara” a que se someten los toreros, personajes que, entre otras cosas, decidieron poner al filo del abismo sus propios destinos. Habiéndose dado a conocer los partes médicos, estos alcanzan la escala de “muy grave”. Se espera pasen esas primeras y largas horas. Esos primeros y largos días cargados de angustia, pero también de esperanza, donde no quepa la posibilidad de que algunas mentes oscuras piensen que ha sido mejor un balance así que el propiamente establecido por los patrones de la tradición. Quizá por tal motivo, Cayetano Rivera Ordóñez pidió “respeto”, un respeto que se convierte en esa callada oración la cual nos lleva hasta ese alejado punto en el que el silencio se vuelve un lenguaje de reflexión, circunstancia de la que con frecuencia perdemos su verdadera dimensión.

   Agosto es, por cierto, y ya lo advertía José Alameda hace muchos años, uno de los meses más trágicos en el quehacer taurino, y hasta en más de una ocasión llegó a preguntarse el porqué de aquella abultada e indeseable presencia. Las causas pueden ser diversas y muy razonables, pero el hecho es que Agosto vuelve a la carga, y se lleva por delante a dos buenos toreros que decidieron honrar una peligrosa profesión, aquella en la que un hombre armado se dirige hacia su víctima –de ahí la caza y los toros– donde la espada se torna en el instrumento con el que habrá de culminar aquel acto, luego de la compleja cacería, cuyos orígenes más remotos pueden remontarse hasta el neolítico o el mesolítico (10,000 a. C. – 8,000 a. C.), donde se registró el fin de la era glacial, se impuso un clima templado y con ello se incrementaron los bosques y una biodiversidad mucho mejor definida.

   Dejemos pues que se serenen los más encontrados sentimientos, que los toreros necesitan recobrar aliento y fortaleza…

FRANCISCO RIVERA ORDÓÑEZ

Francisco Rivera Ordóñez. Disponible en internet agosto 15, 2015: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=23378

Foto: F. Maciá

 JIMÉNEZ FORTES

Saúl Jiménez Fortes. Disponible en internet agosto 18, 2015 en:

http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=23418

…iluminados quizá, por versos que, como los de Concha Urquiza nos recuerdan

Mi cumbre solitaria y opulenta…

Mi cumbre solitaria y opulenta
declinó hacia tu valle tenebroso,
que oro de espiga ni frescor de pozo
ni pajarera gárrula sustenta.

En tu luz gravitante y macilenta,
quebrado el equilibrio del reposo,
vago sobre tu espíritu medroso
como un jirón de bruma cenicienta.

Libre soy de tornar a mis alcores
do Eros impúber la zampoña toca
ceñido de corderos y pastores;

mas a exilio perpetuo me provoca
la chispa de tus ojos turbadores,
la roja encrespadura de tu boca.

 Porque se necesitan estas cosas para saber hasta qué punto debería entenderse el misterio de la tauromaquia, sobre todo hoy que se pierde la dimensión de sus raíces para comenzar a ser sometida a un racero entre lo ambiguo, entre esa dicotomía de lo bueno y lo malo, entre el someter a juicios de valor y establecer el prejuicio como la única salida posible en medio de los más eufemismos posibles pero no de palabras claras, que cada vez se enfrentan a maniqueismos feroces e intolerantes .  He aquí pues una más de las verdades de la tauromaquia.

18 de agosto de 2015.

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LA IMPORTANCIA Y LA ESENCIA DE CIERTAS “MINUCIAS” TAURINAS (XXVI).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Va aquí otro manojo de noticias recogidas en forma natural, conforme uno va acudiendo a los repositorios de este o aquel archivo; de esa o aquella biblioteca con la esperanza de encontrar novedades… Afortunadamente fue el caso en esa constante y necesaria tarea que emprendemos los historiadores, buscando –como siempre-, el “dato” o el “documento” que a veces convertimos en la figura de nuestras pretensiones. A veces no son más que meras piezas de ese enorme rompecabezas, el que ya armado, pero no completo, presenta un mejor panorama de las cosas, suficiente para ir teniendo un mejor panorama, sobre todo del pasado, con objeto de entenderlo a la luz del presente. No es cosa fácil, pues esos nuevos informes a veces son capaces de afirmar o desaprobar nuestras teorías, con lo que es necesario utilizar herramientas como las de la reinterpretación misma que se debe a nuevos componentes con los cuales es obligada una nueva visión de los hechos. Por encima de todo, ante esa alternativa conviene crear todo un estado de certidumbre para que aquellos que han creído a pie juntillas tal o cual episodio histórico del toreo. Y que además lo elevan a niveles de “mito”, reconsideren en esa nueva lectura la resignificación del hecho hasta aceptarlo como lo que debe ser, sin apelar desde luego al hecho de que debe alcanzarse exitosamente lo que en derecho se conoce como “verdad histórica”, pero que en este otro territorio, el histórico se acerca en términos de lo que es una verdad relativa. La verdad absoluta definitivamente es imposible concebirla o imponerla como dogma, pues ello significaría un riesgo en la construcción o reconstrucción del pasado mismo.

 EL DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 12 de febrero de 1893, p. 2:

 El toro sabio “Frascuelo”.-Nos escribe de San Luis Potosí el diestro Saturnino Frutos Ojitos, comunicando que después de muchos trabajos ha conseguido domesticar un toro bravo de la ganadería del Espíritu Santo, que ejecuta infinidad de suertes, cuya res puede presentarse sin riesgo ninguno en la pista de los circos y escenarios de los teatros. El toro Frascuelo es retinto claro y oscuro, bien armado y de bonita estampa.

   Las Empresas que deseen explotar esta novedad, pueden tomar informes en esta Agencia (Agencia Teatral y Taurina que tiene establecida en México el Sr. Julio Bonilla).

 LA ESPADA DE DON SIMPLICIO, D.F., del 23 de noviembre de 1855, p. 2:

 TOROS.

 ¡Buena estuvo la corrida

Que dio Bernardo el domingo!

Murieron veinte caballos

Y quedaron diez heridos.

Los toros eran puntales

Y de Atenco ¡bravos bichos!

Toreros y picadores

Andaban despavoridos.

Todos midieron el suelo,

Todos hicieron el mingo,

Y Media Luz temerario

Tuvo la vida en un hilo.

 

En los toros hay chiripas

Y son sangriento los fallos;

Si mueren veinte caballos,

Y diez se quedan sin tripas,

Exclaman los concurrentes:

¡Buenos toros! ¡Qué valientes!

    Miren ustedes, hoy día tan escasos de argumentos en ese episodio de la defensa legítima del espectáculo, con vistas a considerarlo como un patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, aquí hay un buen número de elementos con qué comprobar el hecho de que desde épocas tan remotas como 1851, se tenía una idea clara sobre la legitimación del espectáculo. Todo lo que ustedes leerán a continuación, se relaciona con el hecho de la inminente inauguración de la que fue una de las plazas más importantes en la ciudad de México. Me refiero a la del “Paseo Nuevo”, la cual funcionó entre diciembre de 1851 y diciembre de 1867. Como dato complementario apuntaré que en ese lapso de tiempo, el diestro Bernardo Gaviño actuó la friolera de 320 ocasiones.[1]

 EL ESPECTADOR DE MÉXICO, D.F., del 22 de noviembre de 1851, p. 10-12:

 NUEVA PLAZA DE TOROS.

 MUCHO se ha hablado contra la diversión española de los toros; pero lo más curioso es, que casi siempre los mismos extranjeros que la crítican, solicitan con ansia asistir a ese espectáculo, cuando se hallan en lugar en que lo hay.

   En Francia se han hecho esfuerzos para establecer las corridas de toros, y no se ha llevado a cabo porque la policía lo ha impedido. En Nueva-Orleans se han visto en este año cuatro o cinco lides, a que ha concurrido número considerable de espectadores.

   Necesario es convenir, que sería más injusto impedir entre nosotros el espectáculo de que hablamos, cualesquiera que sean los defectos que tenga, que cerrar los teatros, no obstante las muchas piezas inmorales que en ellos se representan, y cuyos frutos en el ánimo del público son más funestos que los de aquella diversión.

   Para contestar a los que tan atrozmente censuran el espectáculo de toros, creemos que nada tendrá más fuerza que las siguiente palabras del presbítero doctor Balmes, que no podrá ser tachado de ridículo; y sobre todo, que él mismo confiesa que no está por esa diversión.

   “Ante todo, dice en el cap. 31 del Catolicismo y Protestantismo comparados, y para prevenir toda mala inteligencia, declaro que esa diversión popular es, en mi juicio, bárbara, digna, si posible fuese, de ser extirpada completamente. Pero toda vez que acabo de consignar esta declaración tan explícita y terminante, p0ermítaseme hacer algunas observaciones, para dejar en buen puesto el nombre de mi patria. En primer lugar, debe notarse que hay en el corazón del hombre cierto gusto secreto por los azares y peligros. Si una aventura ha de ser interesante, el héroe ha de verse rodeado de riesgos graves y multiplicados; si una historia ha de excitar vivamente nuestra curiosidad, no p0uede ser una cadena no interrumpida de sucesos regulares y felices. Pedimos encontrarnos a menudo con hechos extraordinarios y sorprendentes; y por más que nos cueste decirlo, nuestro corazón, al mismo tiempo que abriga la compasión más tierna por el infortunio, parece que se fastidia si tarda largo tiempo en hallar escenas de dolor, cuadros salpicados de sangre. De aquí el gusto por la tragedia: de aquí la afición a aquellos espectáculos, donde los actores corran, o en la apariencia o en la realidad, algún grave peligro.

   “No explicaré yo el origen de este fenómeno; bástame consignarlo aquí para hacer notar a los extranjeros que nos acusan de bárbaros, que la afición del pueblo español a la diversión de los toros, no es más que la aplicación a un caso particular de un gusto cuyo germen se encuentra en el corazón del hombre. Los que tanta humanidad afectan cuando se trata de la costumbre del pueblo español, deberían decirnos también, ¿de dónde nace que todos asistirían con gusto a una batalla por más sangrienta que fuese, si fuera dable asistir sin peligro? ¿de dónde nace que en todas partes acude un numeroso gentío a presenciar la agonía y las últimas convulsiones del criminal en el patíbulo? ¿de dónde nace finalmente que los extranjeros, cuando se hallan en Madrid, se hacen cómplices también de la barbarie española asistiendo a la plaza de toros?

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Fuera de ese escenario -la Plaza del PASEO NUEVO– la vida mexicana palpitaba agitadamente, en medio de conmociones que causaban el natural desconcierto. La anhelada paz aún no llegaba. Solo guerras, solo invasores; o la presencia de un príncipe extranjero también. Y como contraste, seguía cabalgando Carlos IV a las afueras del coso, símbolo el suyo de la tradición colonial que no desaparecía; como los toros. Hasta que un día…

Autor: Casimiro Castro.

Fernando Benítez. LA CIUDAD DE MÉXICO, T. 6, p. 60.

    “Digo todo esto, no para excusar en lo más mínimo una costumbre que me parece indigna de un pueblo civilizado, sino para hacer sentir que en esto, como en casi todo lo que tiene relación con el pueblo español, hay exageraciones que es necesario reducir a límites razonables. A más de esto, hay que añadir una reflexión importante, que es una excusa muy poderosa de esa reprensible diversión.

   “No se debe fijar la atención en la diversión misma, sino en los males que acarrea. Ahora bien, ¿cuántos son los hombres que mueren en España lidiando con los toros? Un número escasísimo, insignificante, en proporción a las innumerables veces que se repiten las funciones; de manera, que si se formara un estado comparativo entre las desgracias ocurridas en esta diversión y las que acaecen en otras cases de juegos, como las corridas de caballos y otras semejantes, quizás el resultado manifestaría que la costumbre de los toros, bárbara como es en sí misma, no lo es tanto sin embargo que merezca atraer esa abundancia de afectados anatemas con que han tenido a bien favorecernos los extranjeros”.

   Se ve por estas razones que las corridas de toros son, cuando más, uno de los defectos perdonables que precisamente debe tener toda sociedad; y que, sobre todo, en el grado de perfección a que ha llegado la tauromaquia, el hombre ya casi no corre peligro de perder la vida.

   Se dice que es una crueldad presenciar la muerte de un toro y un caballo; y aunque confesamos que semejante vista es nada tierna, decimos, que casi la misma escena pasa en las peleas de gallos, a que es tan afecto el pueblo eminentemente civilizado de la Gran Bretaña, cuya nación gusta además de ver luchar a los hombres a puñadas; costumbres que se llama pugilato, y a que los franceses han dado el nombre de anglomanía.

   Concluimos, pues, esta cuestión diciendo, que en el estado de tolerancia a que han llegado las sociedades moderna, es más contra el espíritu del siglo prohibir las diversiones de toros, que consentirla; sin que se entienda por esto que nosotros la consideremos tan honesta que la deseáramos admitida en todo el mundo.

   Contrayéndonos a la nueva plaza, cuyo grabado acompaña nuestro artículo, decimos, que nos parece la más sólida, hermosa y bien construida que ha habido en esta ciudad, al menos en nuestro tiempo. La casa que se ve al frente formará un café o sociedad para el recreo de los concurrentes en los ratos que quieran dejar la plaza e ir a disfrutar del paseo de Bucareli. Esa ventaja de poder gozar la vista de los toros y paseo, ha hecho que todo el mundo pronostique al dueño de la plaza el más feliz éxito en su especulación.

   Las dimensiones de la plaza son las siguientes:

   La altura, inclusive el balaustrado que la corona es de nueve varas. La circunferencia exterior es de doscientos cuarenta y seis; y la interior, que forma el lugar de la lid, o como se llama ordinariamente, valla, tiene doscientas varas.

   El número de palcos o lumbreras es de ciento treinta y seis primeras, y otras tantas segundas. Las gradas formarán siete líneas, con distancia entre sí de cuatro pies, lo que les da una amplitud extraordinaria. En la azotea se colocarán también concurrentes; lo que hace que en toda la plaza puedan estar cómodamente de ocho a nueve mil personas.

   El público no debe temer lance alguno desgraciado, pues todo está previsto y preparado lo necesario; por ejemplo, para un caso de numerosa concurrencia, el techo tiene cada cuatro o cinco varas seis o siete fuertes vigas que lo sostienen, con la mayor firmeza; y para un principio de incendio hay buenas bombas listas, y agua por varios puntos sin salir del edificio.

   Damos el parabién al propietario, y deseamos ver perfectamente premiados los esfuerzos con que ha levantado una obra tan dificultosa en menos de diez meses.-LOS REDACTORES.

 EL FENIX DE LA LIBERTAD, D.F., del 23 de noviembre de 1833, p. 4:

 AVISOS

 Los vecinos de Huichapan han dispuesto que en los días 4,5 y 6 del inmediato diciembre se celebre en la iglesia Parroquial de dicha villa una función solemne, en acción de gracias al Santísimo Sacramento por haberlos librado de la devoradora epidemia del Cholera-Mórbus, y dado la victoria en los campos de Guanajuato a las armas federales; y asimismo han dispuesto que en los días 7 y 8 del propio mes se celebre el aniversario de los héroes de la independencia, y concluidas estas funciones habrá tapada de gallos en los días 9, 10 y 11; y por último tres corridas de toros que se verificarán en los días 12, 13 y 14 del referido diciembre; lo que se avisa al público para su inteligencia.

 EL FENIX DE LA LIBERTAD, D.F., del 19 de febrero de 1834, p. 3:

 PERIÓDICOS FORÁNEOS. ESTRACTO.

 TOLUCA.-Reformador.-Excitados los editores para tratar sobre la policía de la ciudad de Toluca, comienzan por las diversiones públicas que se reducen a la de toros, circo y teatro. Respecto de la primera, dicen que es necesario permitirla aunque es bárbara porque están convencidos de que las costumbres de los pueblos no se morigeran en corto tiempo, y hay además multitud de personas dedicadas al campo, inclinadas naturalmente a luchar con los toros, quienes se disgustarían si se llegase a destruir esta costumbre (…)


[1] José Francisco Coello Ugalde: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Prólogo: Jorge Gaviño Ambríz. Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Peña Taurina “El Toreo” y el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C. 2012. 453 p. Ils., fots., grabs., grafs., cuadros.

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LOS NÚMEROS DE 2014 EN APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS.

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 60.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 22 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

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