EDITORIALES 2018.

ATENTA INVITACIÓN:

EN ESTE BLOG PUEDE USTED ACCEDER A 1764 MATERIALES, QUE VIENEN APARECIENDO ININTERRUMPIDAMENTE DESDE EL 13 DE DICIEMBRE DE 2010 y HASTA NUESTROS DÍAS.

MÉXICO MÍO y APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS UNEN ESFUERZOS Y APUESTAN POR UN PROYECTO EDITORIAL SIN PRECEDENTES.

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que administra OSKAR RUIZESPARZA.

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PRO-HI-PA-DI_PORTADA

PROYECTO INTEGRAL HÍBRIDO_29.05.2015

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Luz y Fuerza de la Memoria Histórica. Aquí la liga:  http://kilowatito2009.blogspot.mx/

TAMBIÉN EN ESTE BLOG PUEDE USTED ACCEDER A 1018 MATERIALES, QUE VIENEN APARECIENDO ININTERRUMPIDAMENTE DESDE EL 27 DE ENERO DE 2013 y HASTA NUESTROS DÍAS.

PRONTO HABRÁ UN CAMBIO IMPORTANTE EN LyFMH, COMPARTIENDO NUEVA ÉPOCA.

EN OCASIÓN DE HABER ALCANZADO LAS 2772 ENTREGAS TANTO EN “APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS”, COMO EN “LUZ y FUERZA DE LA MEMORIA HISTÓRICA”, PONGO A DISPOSICIÓN DE LOS INTERESADOS LA LISTA COMPLETA DE TODOS ESOS MATERIALES.

 BLOGS AHTM y LyFMH_2010-2018

FINALMENTE, PONGO A SU DISPOSICIÓN EL ARCHIVO (PDF), EN EL QUE APARECEN TODOS LOS TRABAJOS PUBLICADOS (EN PAPEL o EN FORMA DIGITAL), DESDE 1987 Y HASTA NUESTROS DÍAS.

OBRA PUBLICADA JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE_1987-2018

ORLAS

Aunque se sepan cosas y se tengan noticias y vivencias del pasado que nos ayuden a comprender sobre la marcha, no hay que confiar demasiado en ellas, sino tener presente que el toreo está reciennaciendo y recienmuriendo a cada paso.

Seguro azar del toreo. José Alameda.

ORLAS

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

CARTA ABIERTA DIRIGIDA A LOS SEÑORES

Christian von Roehrich, Ángel Luna, delegados salientes en la “Benito Juárez”; así como al C. Santiago Taboada, nuevo representante en la alcaldía de “Benito Juárez”.

Presente.-

Señores Roehrich y Luna:

Lamento comentarles, como un aficionado más a los toros que su actuación, al menos desde que la empresa de la plaza de toros “México” fue asumida por los señores Bailleres y Sordo Madaleno hace casi dos años, deja ver que no tuvo para ustedes el interés que amerita una expresión que, para su desarrollo cuenta con un reglamento, y además, como espectáculo público se encuentra incluido en la ley respectiva.

Simple y sencillamente “dejaron hacer”, y con esto, la empresa, entre otras cosas, tuvo a bien instalar un descarado servicio de bebidas alcohólicas que hoy permanece impune, con lo que podría pensarse que el esquilmo se encuentra a todo lo que da, y no importa ley ni autoridad que se interponga, pues lo visto es que solo hay una ley: la que pervive en los bares, antros y demás espacios donde se expenden este tipo de bebidas. El tránsito de vendedores es descarado, aún a pesar de que el Art. 56 del Reglamento Taurino en vigor recomienda otra situación, que a la letra dice:

A la hora anunciada en los programas para el inicio del festejo, el Juez de Plaza dará orden de que suenen clarines y timbales y la función comience. En ese momento suspenderán sus actividades los vendedores en los tendidos y los alquiladores de cojines y ni unos ni otros podrán ejercer su comercio, sino en el lapso que va del apuntillamiento del toro al toque que ordene la salida del siguiente. La empresa y los vendedores serán directamente responsables del cumplimiento de este artículo.

Este reglamento fue expedido el 21 de mayo de 1997 y cuenta con últimas reformas fechadas el 25 de octubre de 2004.

De igual forma, han instalado cantinas en espacios que cuentan con butacas, restando con ello posibilidades para que los asistentes ocupen dichas localidades (por supuesto hace falta que la plaza registre una vez sí y otra también el lleno, bajo el aviso de “¡No hay billetes!”, lo cual se percibe cada vez más lejano). Pero, en lo fundamental lo que notamos es que la autoridad de la autoridad no se ha impuesto, por lo que el mal pervive al punto de que no han logrado sancionar, ni tampoco clausurar una serie de condiciones que hasta hace poco no estaban presentes, y que tampoco lo estuvieron en otros tiempos en la plaza más importante del país (salvo que se vendiera y siga vendiendo cerveza, única bebida alcohólica que en el supuesto del cumplimiento legal está permitida).

Sin embargo, el hecho es que el giro que ahora presenta la plaza de toros “México”, parece estar clasificado en el concepto de bar y no de espacio para espectáculos públicos, con lo que crece el nivel en su falta de seriedad. Lamento de verdad, el hecho de que literalmente abandonaron su responsabilidad al no vigilar debidamente las condiciones en que ahora ha caído el coso capitalino.

Sr. Luna: está a punto de irse, por el cambio en puerta, pero tanto usted como el Sr. Von Roehrich evadieron cualquier asunto relacionado con este caso, que hoy ya se ha convertido en auténtica plaga…

Sr. Santiago Taboada

…esperamos que usted pueda hacer algo, tan luego tome las riendas administrativas en la “Benito Juárez”, para reparar la imagen de una plaza donde la empresa que la regentea –eso sí- lo hace a sus anchas, por lo que la autoregulación se ha convertido en figura de impunidad con lo que queda bastante claro que solapar más comercio, no les representa ninguna importancia –salvo la económica-, generando con ello la invasión de espacios que pueden convertirse en auténticas trampas humanas; siempre y cuando llegue a presentarse algún incidente o desalojo imprevisto. El resultado: venga, más y más comercio, ante el cual no estoy en contra; es una forma digna de ganarse la vida. El hecho es que permitirlo al exceso ha alcanzado puntos que pueden convertirse en un auténtico dolor de cabeza… o en un riesgo.

Pero aún faltan muchos otros puntos que deben corregirse para tener como resultado, el correcto desarrollo de un espectáculo público como el de las corridas de toros, mismo que se celebra en un recinto ubicado en la alcaldía que usted va a gobernar, a partir del 1° de diciembre próximo.

Lo que privó el domingo 23 de septiembre de 2018 en la plaza de toros “México” fue nuevamente ese estado de cosas, y creo que de seguir así, nos encontraremos con la persistencia ufana de quienes así lo han tolerado.

Espero, sobre todo de usted, la consideración a este asunto, y que quede corregido lo más que sea posible, porque ya es inminente la apertura de una temporada grande más: la 2018-2019.

Gracias por su atención.

ORLAS

EDITORIAL.

ES EL TORO EL QUE CONMUEVE Y SE LLEVA LA FIESTA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Ante esta armonía rotunda de la belleza animal, no hay nada más que decir.

Toro “Caminero” de Victoriano del Río – Toros de Cortés, lidiado en Madrid, el pasado 1° de junio de 2018. Imagen tomada de http://www.las-ventas.com/ y el toro “Naviero” de Atenco (ca. 1950). Col. del autor.

 Y bien, estamos de regreso con las acertadísimas opiniones y reflexiones de Raúl Torra, que encabezan el excelente trabajo editorial de Horacio Reiba. Me refiero, como ya lo imaginarán, al libro Ofensa y defensa de la tauromaquia de reciente aparición en Puebla.

Torra que no solo es argentino, sino un habitante universal y que comprende en esa dimensión las ideas que explora y analiza apunta lo siguiente:

“Por lo que sé, en el ruedo no se mata por matar, no se mata por deporte o diversión. Se mata precisamente para no diversificar, para que la atención no se vierta fuera sino para que quede retenida en ese punto oscuro, inevitable. Se va en pos de la muerte para hacerla el momento de un estremecimiento central. Es una muerte profundamente erótica, de un erotismo espectacular. El sacrificio ceremonial, en todas las culturas, siempre ha sido un espectáculo, una mostración de lo misterioso en la que se reúnen lo erótico con lo tanático. Se trata de una muerte por representación. El que se sacrifica, el que es sacrificado, está ahí en lugar de otro, de un colectivo cuya vida se quiere preservar. Una muerte que también es una redención”.

Es cierto que desde épocas remotas, el toreo ha sido cuestionado y puesto en el banquillo de los acusados debido a la fuerte carga de elementos que posee en términos de lo que los contrarios califican como “crueldad”, “tormento” o “barbarie”. En todo caso, nosotros, los taurinos, entendemos el significado de este espectáculo como una ceremonia en la que ocurre un “acto de sacrificio”; o más aún: “inmolación” u “holocausto”, que devienen sacrificio y muerte del toro. Todo ello, independientemente de las otras connotaciones que suelen aplicársele al toreo, ya sea por el hecho de que pueda considerarse un arte, e incluso deporte.

Sacrificio y muerte que, por otro lado cumple con aspectos de un ritual inveterado, que se ha perdido en el devenir de los siglos, pero que se asocia directamente con hábitos establecidos por el hombre en edades que se remontan varios miles de años atrás. Esa forma de convivencia devino culto, y el culto es una expresión que se aglutinó más tarde en aspectos de la vida cotidiana de otras tantas sociedades ligadas a los ciclos agrícolas, a la creación o formación de diversas formas religiosas que, en el fondo de su creencia fijaban el sacrificio, el derramamiento de sangre o se materializaba la crueldad, término que proviene del latín crúor y que significa “sangre derramada”. Y esa sangre derramada se entendió como una forma de demostrar que se estaba al servicio de dioses o entes cuya dimensión iba más allá de la de cualquier mortal. Eso ocurrió lo mismo en culturas como la egipcia, la mesopotámica, la griega, la romana, e incluso las prehispánicas que todos aquí conocemos. Precisamente durante dicho periodo, las formas de control y dominio incluyeron prácticas de sacrificio aplicada a todos aquellos guerreros que eran tomados como prisioneros por los grupos en conflicto. Muchos de ellos terminaban en la piedra de los sacrificios, mientras el sacerdote abría su pecho extrayendo el corazón del “condenado”.

Considero que si debemos empezar a entender porqué un espectáculo anacrónico como es el de los toros convive en este ya avanzado siglo XXI, lleno de modernidad, confort, globalización y demás circunstancias, es porque ha trascendido las más difíciles barreras y pervive porque diversas sociedades lo aceptan, lo hacen suyo y por ende, se conserva porque no sólo es un espectáculo más. Es rito, práctica social, acto festivo que ha logrado recrearse en miles, en cientos de años hasta ser lo que hoy día conocemos de él. También habría que valorar que cuando se maneja el concepto de la “recreación” este significa cambio, transformación, interpretación y renovación. Eso ha sido también la tauromaquia que, al llegar de España inmediatamente después de la conquista (a partir de 1521) se estableció como un espectáculo el que, al cabo de los años se amalgamó, pasó por un proceso de mestizaje que lleva la carga espiritual de uno y otro pueblo. No es casual que al paso de los casi cinco siglos de convivir entre nosotros, se consolidara la tauromaquia como cultura popular lo mismo en el ámbito rural que en el urbano. todo eso, hoy sigue vigente.

Vuelve a la palestra Torra con estas otras afirmaciones:

“…son los toros, es el toro con su fuerza tremenda y su tremenda belleza, es el toro con su turbulenta pasión, un toro que llega desde una remota antigüedad representado en la piedra o en el hierro, el que conmueve y se lleva la fiesta. Se diría que el torero es lo que pasa y el toro lo que permanece. Y permanece –paradójica o quizá necesariamente- porque está puesto en el lugar del perdedor. Es claro que la historia de la tauromaquia ha de recoger la trayectoria de los grandes toreros pero difícilmente un torero victorioso producirá un poema de las calidades del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías [de Federico García Lorca]. El torero victorioso puede ser llevado en andas. Pero torero cogido por el toro alcanza otra dimensión, muestra que el lado trágico que siempre acompaña a la fiesta envuelve a uno y otro.

“El hombre frente al toro, el hombre frente a la fuerza, la belleza aun la pasión de la naturaleza que quiere permanecer. El torero sale a matar pero teme, teme equivocarse, pone en riesgo su vida. ¿Algo en ese temor del torero no nos hará preguntarnos si en el comienzo de los comienzos hubo quizá un equívoco, si el hombre no será un ser equivocado? Todo lo pienso claro, desde mi escritorio, porque desgraciadamente yo no soy aficionado a la fiesta brava. Pero mucho hay que aprender de ella.

Raúl Torra remata entre otras cosas, con una sentida opinión en la que reconoce no ser “aficionado, [y] estoy convencido, tanto como tú [dirigiendo sus palabras a Horacio Reiba], de que sería triste que nuestra cultura, ya bastante entristecida, se quede sin los toros”.

Sabemos del largo recorrido milenario y secular de esta fascinante representación, la cual tiene en su haber legiones de partidarios y numerosos enemigos. Pero el enigma aquí planteado es sobre su incierto futuro. No nos convirtamos en convidados de piedra, sino en activos participantes en pro de esta manifestación. Desplegar todos sus significados y explicarlos a la luz de la realidad es una de las mejores tareas. Por eso es importante la difusión, siempre y cuando esta sea coherente y no una barata provocación.

Termino apuntando que al menos, desde esta trinchera, el toreo en México va a seguir teniendo todo un tratamiento histórico que permita entender sus circunstancias a lo largo de 492 años de convivencia y mestizaje.

En ese sentido, tres connotados historiadores me dan la razón:

-Los mexicanos tenemos una doble ascendencia: india y española, que en mi ánimo no se combaten, sino que conviven amistosamente. Silvio Zavala.

-No somos ya ni españoles ni tampoco indígenas, y sería un error gravísimo intentar aniquilar uno de los dos elementos, porque quedaríamos mancos o cojos. Elsa Cecilia Frost del Valle.

-La tensión que se instala en el desarrollo de México a partir de la conquista, surge también de la presencia de dos pasados que chocan y luego coexisten largamente, sin que uno logre absorber al otro.

Enrique Florescano.

A todo lo anterior, debo agregar estas conclusiones:

Cuando el imperativo en la justicia, la historia, la sociedad y en otros muchos aspectos de la vida es la verdad y esta, concebida como ideal del absoluto, aunque sólo sea posible alcanzar una dimensión relativa de la misma, se hace necesario por tanto un balance del conflicto no sólo de posturas. También de ideologías que vienen dándose con motivo de si son pertinentes o no las corridas de toros.

Veamos.

La animalidad y la humanidad tienen sus marcadas diferencias. Que tenemos deberes, derechos y obligaciones para con todas las especies animales, por supuesto que sí. Que debemos preservarlas evitando así su desaparición o extinción, también. En el caso concreto del toro de lidia, esta ha sido una especie cuya pervivencia ha sido posible para convertirla en elemento fundamental del espectáculo que hoy es motivo de polémica. El toro es un mamífero cuyo destino se centra en no otra cosa que para los propósitos mismos de la tauromaquia. Sin esta expresión milenaria y secular, ese hermoso animal sería uno más de los muchos condenados al matadero y su carne y derivados puestos al servicio de una sociedad de consumo, sin más.

Pero sucede que tras un largo recorrido, el toro es y ha sido una de esos elementos de la naturaleza que han pasado a formar parte del proceso de domesticación. El hombre antiguo vio en él unas condiciones de morfología y anatomía proporcionadas, que se mezclaban con fortaleza, musculatura y belleza armónica que quizá no tenían otras especies del amplio espectro del ganado mayor. El hombre moderno, en particular los hacendados y luego los ganaderos, llevaron esa domesticación primitiva a terrenos de la crianza más sofisticada y precisa hasta lograr ejemplares modelo. Cumplido ese principio, mantienen vigentes tales propósitos, teniendo como resultado hoy día un toro apto para el tipo de ejercicio técnico o estético tal y como se practica en nuestros tiempos. Por tanto, no ha sido una tarea fácil, si para ello deben agregarse factores relacionados con el tipo de suelo, de pastos, la presencia de fuentes de agua, de alimentación y demás circunstancias que suponen un desarrollo correcto mientras permanecen en el campo, a la espera de ser enviados a la plaza.

Ya en este espacio, su presencia cumple una serie de requisitos no sólo establecidos por ritual, usos y costumbres o el marcado por un reglamento o legislación hecha ex profeso para permitir que el desarrollo de la lidia en su conjunto, se realice dentro de los márgenes más correctos posibles, en apego a todos esos principios, mismos que una afición presente en la plaza desea verlos materializados.

Ahora bien, ritual, usos y costumbres y el mismo principio legislativo que determinan el desarrollo del espectáculo, no solo consideran, sino que dan por hecho que uno de los componentes en el desarrollo de la lidia es el factor en que el toro es sometido violentamente hasta llevarlo a la “muerte previa” (la “muerte definitiva” ocurre en el matadero de la propia plaza). Esa “muerte previa” ocurre en presencia de los asistentes todos, como culminación de un ritual que complementa los propósitos de un espectáculo en el que todos los actores participan (lo que para los contrarios es la tortura misma) en aras de que se produzcan efectos de disfrute o goce, celebrados colectiva, multitudinariamente en la decantación a una sola voz del término o expresión que mejor lo explica. Me refiero a la voz expresiva o interjección “olé”, que viene de ·ualah”, y cuya connotación más precisa sería entendida bajo el peculiar significado de “por Dios”.

En una invocación concatenada entre presente y pasado y estos eslabonados con un sinfín de elementos configurados a lo largo de siglos, explican que la tauromaquia es o se convierte en un legado, cuyo peso histórico acumula infinidad de circunstancias que han podido configurar su significado, ese que hoy rechazan ciertos sectores de la sociedad moderna, la cual parece negarse a escuchar las voces y experiencias del pasado, cuando solo tiene puesta la mirada en ese objetivo que para ellos es maltrato a los animales.

Sabemos y entendemos los taurinos que per se, esa parte culminante para la vida de un toro bravo se convierte en una muerte gloriosa (principio de una teoría compleja relacionada con los diversos significados que podría tener este término desde lo religioso o lo ideológico, dos factores que por sus composiciones son suficiente razón para detonar la polémica).

Así pues: los grupos contrarios a la celebración de las corridas de toros tiene sus propios puntos de vista, discutibles o no. De ese mismo modo, nosotros los taurinos también estamos en derecho de defender, legitimar o justificar la presencia y permanencia del espectáculo taurino, asunto que no es casual. Que no es de ayer a hoy, que ha tenido que tomar muchos siglos de formación y consolidación para, en su condición primitiva, también evolucionar.

Por ahora este es, uno entre muchos de los elementos de defensa que hemos de seguir mostrando para dejar en claro cuáles son las razones para garantizarle pervivencia segura a la tauromaquia. De ahí que continuemos con dicha labor, hasta tener los elementos puntuales y contundentes con que seguiremos dando nuestra propia batalla a su favor.

Celebro desde aquí la aparición de un libro más en el horizonte literario destinado a los toros, pero sobre todo su manufactura intelectual que es, como ya se ha comprobado, de altos vuelos.

ORLAS

EDITORIAL.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

Imagen tomada de un cartel, fechado el 4 de febrero de 1859. Función en el Gran Teatro Nacional, con la puesta en escena de “El Aprendiz de torero”. Col. del autor.

   El pasado domingo 24 de junio, la efeméride del primer registro taurino en México, llegó a los 492 años de haber ocurrido. De ello, como se sabe, dio cuenta el Capitán General Hernán Cortés en su “Quinta carta-relación” dirigida al rey Carlos V desde la ciudad de Tenuxtitan [sic], a 3 de septiembre de 1526 años:

“Otro día, que fue de San Juan, como despaché este mensajero [refiriéndose al visitador Luis Ponce de León], llegó otro, estando corriendo ciertos toros y en regocijo de cañas y otras fiestas…”

Por otro lado, llama la atención que solo estemos a ocho años de alcanzar los 500 y con ello, seguramente se desarrollarán festejos conmemorativos, así como obligadas actividades de cultura que permitan dejar en claro esa permanencia, sobre todo hoy, cuando la tauromaquia enfrenta dos grandes problemas: el ataque de los contrarios y una natural fragilidad que la ubica en riesgo de su natural desaparición.

Estas reflexiones, perfectamente entendidas por los aficionados, nos ponen en preventiva lo cual implica resguardarla, pero sobre todo afirmar con razones de peso el porqué de su presencia.

Recientemente se presentó en Puebla un libro esencial, labor paciente de mi buen amigo Horacio Reiba, el cual lleva como título “Ofensa y defensa de la Tauromaquia”. El prólogo es de Raúl Dorra, eminente investigador en el terreno de la teoría literaria y del lenguaje, la semiótica y el análisis del discurso, lo que no es poca cosa.

Su presentación es lúcida e impecable y de entrada se declara no ser taurino pero sí un ser pensante que, en su apertura universal, reconoce el valor simbólico de esta representación.

Al igual que Leonardo Anselmi, ambos son argentinos y en ellos puede apreciarse un contraste ideológico marcadamente opuesto. Mientras para Anselmi su labor pasionalmente evangelizadora en contra de los toros sigue ganado adeptos, en Torra encontramos un equilibrio que sorprende.

Con absoluta seguridad afirma:

“La estética del toreo (el traje y los movimientos del torero, ese complejo baile que lo liga con el toro, el colorido –de una proliferación casi insoportable-, la impresión de que todo está cubierto de galas sin resquicios, salvo el toro que sale desnudo mostrando su fuerza y belleza primordial) me retrotrae a a la estética del barroco, a sus incesantes figuras literarias; pero su simbólica conduce fuera ya del tiempo histórico, a un estadio elemental en el que el hombre, para serlo, debió sacrificar, domesticar, la fuerza de la naturaleza”.

Nadie que sea antitaurino, ha formulado hasta ahora un razonamiento de tamaña calidad. Y no justifico a Torra, pues él mismo lo hace apuntando que en “Argentina, donde yo nací y crecí, no había toros de lidia”.

En otro sentido plantea que la pasión colectiva, patología que se hace presente en las plazas de toros en los momentos de mayor intensidad [por lo] “que por definición es un exceso, un desborde sigue el llamado de la profundidad del ser. Y en esa profundidad, el sacrificio es un elemento primordial”.

El uso del lenguaje y este construido en ideas, puede convertirse en una maravillosa experiencia o en amarga pesadilla.

En los tiempos que corren, la tauromaquia ha detonado una serie de encuentros y desencuentros obligados, no podía ser de otra manera, por la batalla de las palabras, sus mensajes, circunstancias, pero sobre todo por sus diversas interpretaciones. De igual forma sucede con el racismo, el género, las diferencias o compatibilidades sexuales y muchos otros ámbitos donde no sólo la palabra sino el comportamiento o interpretación que de ellas se haga, mantiene a diversos sectores en pro o en contra bajo una lucha permanente; donde la imposición más que la razón, afirma sus fueros. Y eso que ya quedaron superados muchos oscurantismos.

En algunos casos se tiene la certeza de que tales propósitos apunten a la revelación de paradigmas, convertidos además en el nuevo orden de ideas. Justo es lo que viene ocurriendo en los toros y contra los toros.

Hoy día, frente a los fenómenos de globalización, o como sugieren los sociólogos ante la presencia de una “segunda modernidad”, las redes sociales se han cohesionado hasta entender que la “primavera árabe” primero; y luego regímenes como los de Mubarak o Gadafi después cayeron en gran medida por su presencia, como ocurre también con los “indignados”, señal esta de muchos cambios; algunos de ellos, radicales de suyo que dejan ver el desacuerdo con los esquemas que a sus ojos, ya se agotaron. La tauromaquia en ese sentido se encuentra en la mira.

Pues bien, ese espectáculo ancestral, que se pierde en la noche de los tiempos es un elemento que no coincide en el engranaje del pensamiento de muchas sociedades de nuestros días, las cuales cuestionan en nombre de la tortura, ritual, sacrificio y otros componentes como la técnica o la estética, también consubstanciales al espectáculo, procurando abolirlas al invocar derechos, deberes y defensa por el toro mismo.

La larga explicación de si los toros, además de espectáculo son: un arte, una técnica, un deporte, sacrificio, inmolación e incluso holocausto, nos ponen hoy en el dilema a resolver, justificando su puesta en escena, las razones todas de sus propósitos y cuya representación se acompaña de la polémica materialización de la agonía y muerte de un animal: el bos taurus primigenius o toro de lidia en palabras comunes.

Con estas palabras inicié mi ponencia “Ambigüedades y diferencias: confusiones interpretativas de la tauromaquia en nuestros días”, dentro del II Coloquio Internacional “La fiesta de los toros: Un patrimonio inmaterial compartido”. Ciudad de Tlaxcala, Tlax. 17, 18 y 19 de enero de 2012.

Y vuelvo con Torra que parece entonarse en estos apuntes al reflexionar:

“Mentiría si digo que he seguido la polémica entre taurinos y antitaurinos, apenas la conozco de oídas. Pero me asombra el escándalo en torno al sacrificio cuando nuestra cultura, como toda cultura, está fundada sobre el sacrificio. Seamos o no creyentes, nuestra cultura es cristiana y ella se asienta sobre el sacrificio del Hijo, sacrificio que se renueva en cada misa donde se come y se bebe –es verdad consagrada para el creyente- la carne y la sangre del Cristo. ¿O habrá que prohibir también las ceremonias religiosas? Sería interesante pensar en la posibilidad real de una cultural totalmente laica, pero esa posibilidad –en la que pensó por ejemplo Bertrand Russell– está aún lejos de nosotros”.

Ahora bien, de acuerdo a lo que un servidor anotaba en Tlaxcala hace seis años:

En este campo de batalla se aprecia otro enfrentamiento: el de la modernidad frente a la raigambre que un conjunto de tradiciones, hábitos, usos y costumbres han venido a sumarse en las formas de ser y de pensar en muchas sociedades. En esa complejidad social, cultural o histórica, los toros como espectáculo se integraron a nuestra cultura. Y hoy, la modernidad declara como inmoral e impropio ese espectáculo. Fernando Savater ha escrito en Tauroética (Madrid, Ediciones Turpial, S.A., 2011, 91 p. Colección Mirador., p. 18.): “…las comparaciones derogatorias de que se sirven los antitaurinos (…) es homologar a los toros con los humanos o con seres divinos [con lo que se modifica] la consideración habitual de la animalidad”.

Peter Singer primero, y Leonardo Anselmi después, se han convertido en dos importantes activistas; aquel en la dialéctica de sus palabras; este en su dinámica misionera. Han llegado al punto de decir si los animales son tan humanos como los humanos animales.

Sin embargo no podemos olvidar, volviendo a nuestros argumentos, que el toreo es cúmulo, suma y summa de muchas, muchas manifestaciones que el peso acumulado de siglos ha logrado aglutinar en esa expresión, entre cuyas especificidades se encuentra integrado un ritual unido con eslabones simbólicos que se convierten, en la razón de la mayor controversia.

Singer y Anselmi, veganos convencidos reivindican a los animales bajo el desafiante argumento de que “todos los animales (racionales e irracionales) son iguales”. Quizá con una filosofía ética, más equilibrada, Singer nos plantea:

Si el hecho de poseer un mayor grado de inteligencia no autoriza a un hombre a utilizar a otro para sus propios fines, ¿cómo puede autorizar a los seres humanos a explotar a los que no son humanos?

Para lo anterior, basta con que al paso de las civilizaciones, el hombre ha tenido que dominar, controlar y domesticar. Luego han sido otros sus empeños: cuestionar, pelear o manipular. Y en esa conveniencia con sus pares o con las especies animales o vegetales él, en cuanto individuo o ellos, en cuanto colectividad, organizados, con creencias, con propósitos o ideas más afines a “su” realidad, han terminado por imponerse sobre los demás. Ahí están las guerras, los imperios, las conquistas. Ahí están también sus afanes de expansión, control y dominio en términos de ciertos procesos y medios de producción en los que la agricultura o la ganadería suponen la materialización de ese objetivo.

Si hoy día existe la posibilidad de que entre los taurinos se defienda una dignidad moral ante diversos postulados que plantean los antitaurinos, debemos decir que sí, y además la justificamos con el hecho de que su presencia, suma de una mescolanza cultural muy compleja, en el preciso momento en que se consuma la conquista española, logró que luego de ese difícil encuentro, se asimilaran dos expresiones muy parecidas en sus propósitos expansionistas, de imperios y de guerras. Con el tiempo, se produjo un mestizaje que aceptaba nuevas y a veces convenientes o inconvenientes formas de vivir. No podemos olvidar que las culturas prehispánicas, en su avanzada civilización, dominaron, controlaron y domesticaron. Pero también, cuestionaron, pelearon o manipularon.

Superados los traumas de la conquistas, permeó entre otras cosas una cultura que seguramente no olvidó que, para los griegos, la ética no regía la relación con los dioses –en estos casos la regla era la piedad- ni con los animales –que podía ser fieles colaboradores o peligrosos adversarios, pero nunca iguales- sino solo con los humanos. (Sabater, 31).

Por lo demás, conviene rematar dignamente estos comentarios en la próxima colaboración. Gracias.

ORLAS

EDITORIAL.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 ¡TIENE QUE SALIR UN AUTÉNTICO “FIGURÓN” DEL TOREO!

 

Aunque con entradas como esta, no hay mucho que decir…

    La empresa que maneja los destinos de la plaza de toros “México”, ha hecho el anuncio para una nueva temporada de novilladas, misma que arranca el domingo 4 de marzo de 2018.

   Eso es bueno, evitando así el ayuno a que nos tienen acostumbrados entre el fin de la temporada grande y el arranque de la temporada chica, donde puede haber varios meses de por medio. Sin embargo, quienes solemos acudir a este espacio taurino, tenemos que confesar el hecho de que llevamos años de soportar desaciertos en la administración, sobre todo porque hay una razón de suyo preocupante. Llevamos varios años en los que no sale una auténtica “figura del toreo”, como resultado de que no se empeñan en conseguir no solo ese propósito, sino también atraer a importantes sectores de viejos y nuevos aficionados. La mejor manera de comprobarlo es esa constante donde no se registran buenas entradas; y no se diga sobre llenos capaces de generar expectación. A lo anterior, persisten en traer encierros justos en presentación, casi siempre pertenecientes a un bloque capaz de “garantizar el éxito”, dejando al margen a una buena cantidad de ganaderías que, o dejaron de venir por alguna razón expresa, o porque las han olvidado. Reactivar esa posibilidad, permite también reactivar una economía que afecta directamente al espectáculo, pero también a quienes no encuentran en oportunidades como estas, la garantía de continuar en el difícil camino de la crianza y una obligada condición de posicionamiento.

   En un reciente evento donde salieron a flote diversas noticias relacionadas con el nuevo serial, seguramente se habló mucho y bien sobre la nueva temporada. Pero “del dicho a trecho, hay mucho trecho”, por lo que con notorias dudas que nosotros, los aficionados tenemos al respecto de la actuación de la nueva administración, estaremos muy pendientes de que cumplan a cabalidad con su cometido, mismo que se ve emparejado con la digna pero ignorada función que tienen las autoridades.

   Dejando a un lado las luces de artificio, urgen resultados evidentes con balances que recompensen el estado de cosas en que se mantiene el espectáculo, sobre todo en unos momentos donde necesita estímulos para justificar su digna presencia. Así, habría suficientes razones para defenderla como se merece.

   ¿Qué somos críticos? En efecto. Y es que hoy, cuando dudamos hasta de nuestra sombra, vendría muy bien no solo una vuelta de tuerca, sino un auténtico quiebre que sorprenda. Y si ese comportamiento se mantiene, e incluso va a más, estoy seguro que la empresa sería la primera en ser reconocida, pues demostraría estar cumpliendo con el compromiso, pero sobre todo con su palabra.

   La empresa, hemos de decirlo claro, en términos financieros debe tener pérdidas muy serias, pues de un tiempo para acá, todas las entradas en temporada chica han sido lamentables. Vimos también cómo, en la recién concluida temporada grande 2016-2017, los tendidos del coso capitalino mostraron notoria ausencia de asistentes, a pesar de que algunos de los carteles eran suficiente motivo para el “lleno”. Sin embargo, ahí se deja notar, y en buena medida, a dos posibles causas: que no hay bolsillo capaz para pagar cada ocho días una entrada, o que los aficionados, con buena dosis de decepción, prefieren irse.

   Son tiempos de aplicación de estrategias mercadotécnicas más apropiadas (no se conformen con dar los doce festejos de cajón, pues si comienza a tomar interés la temporada, lo mejor será continuarla), de métodos capaces de producir atracción, mismos que se encuentran en el mismo ambiente, y que proceden, buena parte de ellos de un pasado al que se niegan mirar.

   Y de lo anterior, nada más como recordatorio, debe mencionarse el segmento cultural. Lamentablemente, y como sucede a nivel país, la cultura es prioridad “Z”. En tal sentido, está visto que dicho asunto no le interesa a los sectores más duros y posicionados de la tauromaquia. También ese pendiente tiene soluciones prácticas y resolverlas significa saber en qué medida los estamentos taurinos tienen o no claro el compromiso que significa impulsar la cultura en todas sus expresiones. En tema tan sensible, la actual empresa ha desairado el caso. Y, de esto deben enterarse, para decirlo de una vez: se trata de una de las columnas vertebrales más importantes en el espectáculo. Lo lamentable es que no tienen ojos ni interés sobre la misma.

   Por eso, no bastan eventos donde lo espectacular del solo anuncio represente una nota más para la prensa. Estamos esperando resultados concretos. Lo vulnerable del espectáculo en estos tiempos refleja el hecho de que diversos sectores allí concentrados, no están trabajando debidamente. Además, ratificar a quien da la cara por parte de la empresa y, ante los errores que se han cometido, no es algo favorable pues significaría tener que hacer los cambios pertinentes, con vistas a mejorar la imagen de la tauromaquia, sobre todo la que se desarrolla en la ciudad de México, corazón, fuelle y reflejo de cuanto debería estar ocurriendo en el resto del país.

   Ya no estamos para conceder beneficio de la duda alguna. Esperamos buenos resultados. Y como apuntaba al principio, si nos sorprenden con el arribo de un auténtico “figurón” del toreo, con ganado propicio y una puesta en escena apropiada, seremos los primeros en reconocer ese esfuerzo, digna muestra en la mejora de sus capacidades, lo que traería por consecuencia el fortalecimiento que urge para resignificar el toreo en México.

   Estaremos pendientes de cuanto se ponga en práctica, sobre todo si es pensando en este gran beneficio, y no en el perjuicio que siguen teniendo hacia la tauromaquia. Parece que ese “mano a mano” entre “El Juli” y Sergio Flores el 4 de febrero pasado fue el botón de muestra de lo malo que pueden ser ciertas consecuencias. Espero, como esperamos muchos aficionados que se levanten dignamente y continúen su marcha, convencidos de que es buen momento para rectificar.

2 de marzo de 2018.

ORLAS

EDITORIAL.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

TAURINOS, ANTITAURINOS y CAMBIO CLIMÁTICO.

    ¿Qué el espectáculo de los toros es grandioso?

   Lo es, en efecto, y lo es para una comunidad que, a lo largo de los siglos ha entendido esto y desde los cimientos del imaginario colectivo, como la expresión en la que, la suma de sus componentes genera y ha generado ciclos históricos, síntomas de pasión como pocas expresiones donde le va la vida a quienes intervienen directa e indirectamente. Y también ocurre, lo que es aún más notable: la contundente representación del sacrificio y muerte del toro, esa especie animal destinada en particular a dicha puesta en escena. Esto como resultado de un proceso selectivo minucioso, cuyos cuidados son especialmente aplicados por sus propietarios.

   Sin embargo hoy día, así como se enfrentan condiciones vulnerables causadas por efectos internos y externos provenientes del mismo espectáculo, las hay incluso creadas por circunstancias cuyo origen proviene en forma directa causada por el cambio climático.

   Internamente los agentes que han causado debilidad son múltiples, como la presencia de la iniciativa privada o de particulares que la administran. En la mayoría de los casos no llegan por vía de un proceso, licitación o concurso que los obligue a cumplir con propuestas sólidas y luego a entregar buenos resultados, ganancias, pero sobre todo compromisos que garanticen preservar una tradición que, sin entenderlo, se trata no de un negocio; no de una aventura más. Es, para su conocimiento un patrimonio, sin más.

   Lo hacen en medio de estructuras improvisadas, sin vigilancia alguna por parte de la autoridad, imponiendo sus propios criterios, su propia “ley”. Por desgracia, el resultado queda a la vista y pueden hacer y deshacer indiscriminadamente sin que medie ningún reglamento, ley de espectáculos públicos, juez de plaza, sanción correspondiente o la opinión de la prensa; e incluso de aquello en como piense o actúe el público más en contra que a favor. De manera natural, espontánea, pero con un malestar de fondo, una plaza semivacía –incluso, bajo la condicionante de un “buen cartel”-, es el mejor reflejo de inconformidad.

   La última temporada en la plaza “México” es el caso más evidente donde fueron públicos y notorios diversos casos en los que ciertos ejemplares se aprobaron o lidiaron sin haber cumplido los requisitos establecidos por el reglamento. Aunque si eso es grave, fue más aún el hecho de que los jueces de plaza, sin respaldo alguno (por parte de la jefatura de gobierno o la delegación política correspondiente) se vieron atados de pies y manos pues no se supo de rechazo alguno o de suspensión del festejo respectivo porque en lo ambiguo de la ley y el peso de la razón que impone la empresa, su presencia es meramente decorativa. Con lo anterior, la autoridad de la autoridad simple y sencillamente no existe.

   Otro caso fue el exceso de vendedores quienes ante la ausencia de inspectores obligados por el reglamento se mueven a sus anchas, ignorando que esa dinámica es fuente constante de riesgo, pues distraen o “tocan” al toro, con lo que ello representa peligro para quienes realizan su labor en el ruedo. Y si lo es de riesgo, también es de malestar por su ir y venir en los tendidos

   No se diga sobre la presencia tentadora de bares al aire libre, que ocupan 3 de los 7 balcones, donde existen asientos, los que en forma sospechosa se atribuye la empresa pues se trata de sitios que no fueron renovados o que deliberadamente destino para ese propósito. A esa administración parecen preocuparle más las prebendas, beneficios o canonjías que son también los de todos aquellos comerciantes colocados fuera y dentro de la plaza que, a ciencia y paciencia han invadido incluso sitios señalados por normas de seguridad.

   Esto es apenas parte de lo visible, un todo que ha quedado impune, sin sanciones ejemplares, con escasa y débil presencia por parte de la prensa, sector del que siempre esperamos una postura imparcial, no percibida salvo casos excepcionales.

   Otro agente lo vemos en antitaurinos o poderosas corporaciones encargados todos en alentar un discurso que se confronta con el andamiaje logrado por la tauromaquia en siglos de evolución, en el que columnas vertebrales como lo ritual, la técnica, el arte, profesionalización y regulación de la misma, han sido razón constante de expresión y mejora.

   Dudaban ellos –los antitaurinos-, y nosotros también que el toreo llegara a nuestros días en clara condición de supervivencia. Queda por parte de los contrarios adecuar su postura, pues en todo caso desconocen o malinterpretan los métodos de crianza y selección aplicados por sus propietarios. A ello hay que sumar la acumulación de valores rituales, suma de culturas occidentales que se amalgamaron con la de nuestros antepasados y que en este aquí y ahora, sujeto al principio de que cambia la forma, no el fondo, sigue presente en la entraña de nuestro pueblo. En lo particular el concepto “pueblo” es utopía al no existir una razón que lo defina como tal. Las luchas civiles entre señores -durante el siglo XIX y el XX, e incluso el nuestro-, utilizan las masas humanas como instrumento para conseguir intereses personales, sustentados en el término pueblo, el mismo que funciona para satisfacer -sí y solo sí- los intereses. Cubierta esa necesidad, el pueblo vuelve a su estado utópico, en tanto que terrenable es o son masas (todo ello bajo el entorno latinoamericano).

   Junto con lo anterior, no podemos olvidar que ese “pueblo” también está permeado por otra razón de peso: la religión, donde según datos   actualizados que proporciona la página del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, por sus siglas), indica que el 89.3% de la población es católica.

   Si el giro que dan los opositores es favoreciendo el necesario impulso a un planeta afectado por el cambio climático en todas sus expresiones, lo que esperaríamos que hicieran es reorientar los esfuerzos a favor de una sustentabilidad así como rectificar su equivocada lectura que también nosotros, los taurinos deberemos corregir, en la teoría y la práctica. Adecuarnos a los tiempos que corren, sometiendo la regulación y representación mismas del espectáculo a las mejoras convenientes, será el mejor camino. Y no solo será. Sino que ya es una tarea, un imperativo de profunda responsabilidad, basado sobre todo en el uso apropiado de la puya, banderillas, estoque y puntilla, trebejos empleados en el curso de la lidia y que, en buena medida son motivo de discusión, pero también de corrección apropiada, basado lo anterior en el uso correcto de dichos instrumentos.

   Este legado, el que conservan ocho naciones en el mundo cuenta con suficientes motivos para justificarlo y defenderlo. Incluso, consolidando las debidas declaratorias de patrimonio cultural inmaterial impulsadas desde niveles como el municipal, estatal o nacional, de acuerdo al compromiso moral asumido por quienes consideran que su defensa, conservación y preservación es no solo necesaria, sino urgente.

   Los taurinos tenemos mucho que hacer. La lucha frontal, ante cualquier motivo extraño que altere la esencia misma de la tauromaquia, es motivo más que suficiente para enfrentar y eliminar ese mal.

   Ya lo decía un reciente empresario que dejó en condiciones críticas el espectáculo: “Para qué queremos antitaurinos. Con los taurinos tenemos”.

   Que esto no sea denominador común, ni etiqueta descalificadora para unos y otros. Cada quien tiene compromisos por cumplir. El telón de fondo es reconstruir una fiesta que alcance –aunque he ahí lo complicado-, niveles de calidad total. Y más aún, una digna supervivencia, e incluso también, una muerte apropiada.

   Por otro lado, el cambio climático podría contenerse o adecuarse si para ello existe conciencia, educación (en apego a realidades no a intereses), pero sobre todo voluntad de las sociedades que habitan el planeta Tierra. Los niveles alarmantes causados por el propio cambio aún no tocan fondo, de ahí la marcha despiadada con la que causa efectos irreversibles.

19 de febrero de 2018.

ORLAS

EDITORIAL.

EL TORO: UNICA GARANTÍA EN EL ESPECTÁCULO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

¿Cómo lo prefieren: de frente o de perfil?

     Cuando el público, la afición se va de las plazas de toros, no es casual ni gratuito. Hay suficientes motivos de peso que obligan a esta forzosa decisión. Si un espectáculo no tiene la escala o el nivel congruentes con lo que se paga en taquilla, el espectador prefiere no dejar dos pesos por algo que vale centavos. Si ve permanentemente salir por toriles ganado con las condiciones señaladas por un reglamento que nos habla del toro de cuatro años de edad y 450 kilos de peso, y que no pide otra cosa más que se cumpla con estos requisitos, la desilusión nos invade y no habiendo otro estímulo, preferimos irnos. Pero se quedan aquellos que, o son quienes montan el espectáculo y colaboran en él sin darse cuenta que con ese fomento afectan radicalmente la imagen del espectáculo, o porque su terquedad y obsesión han caído bajo el encanto del poder.

   Como un médico, mi diagnóstico, luego de conocer algunos de los síntomas, me dice que, en tanto patológicos, y de seguir ese cuadro, pronto se darán menos corridas en las plazas de toros, no por incosteables, sino porque el negocio no se ha realizado a cabalidad.

   El caso de la plaza de toros “México” es significativo. Desde que el Dr. Rafael Herrerías Olea tomó las riendas del coso capitalino, y que manejó el mismo de manera incorrecta, logró hacer de esto un fracaso permanente (aunque se mencionen cifras, números y demás posibles ventajas de su presencia e influencia, si lo único que se tuvo como balance fue el de una crisis generalizada de la que aún se percibe el lamentable saldo). Se entiende que el empresario, cumple con lo indicado en la Ley para la celebración de espectáculos públicos en el Distrito Federal, en su art. 43, fracciones I a VIII y si ante las autoridades cubre esos requisitos, todo aquello que soporta documentalmente una temporada debería cumplirse a cabalidad. Lamentablemente también la autoridad quedó sujeta a caprichos e imposiciones que la redujeron a la triste figura decorativa.

   Pero ante el desastre, quien debe rendir cuentas?

   Si las leyes, siendo tan claras se enturbian entre negociaciones, arreglos o “enjuagues”, es posible que el resultado sea una criatura, hija del mal, engendro no tolerado por la afición, que se da cuenta claramente del “abuso de confianza” en que está convertido el engaño, la tomada de pelo.

   ¿Cómo controlar todo esto?

   Muy sencillo. Cumpliendo legítimamente con todo lo requerido en el proceso de autorización de una temporada, cuando la empresa presenta la documentación solicitada, misma que se aprueba por la autoridad correspondiente; y en el entendido de que no existe inconveniente alguno, se da el visto bueno. Más tarde, y durante el curso de la temporada, los jueces deben dar fe y testimonio del cumplimiento, agregando a lo anterior, los resultados del examen post-mortem (que por cierto dejó de practicarse) cuyos datos son definitivos para corroborar si la edad del toro corresponde al dato proporcionado por el ganadero (bajo protesta de decir verdad), y en consecuencia es la misma. De no ser así, deben aplicarse las sanciones a que tenga lugar la infracción.

   Ahora bien, de un tiempo a esta fecha, hemos visto toros y novillos que ni por casualidad dan ya no tanto el peso, sino la edad que dice el ganadero tener él o los toros que vendió a la empresa, lo que insinúa un mal, un pésimo arreglo de complicidades, del que, únicamente pierden de vista el costo que significa el alejamiento de los aficionados, quizá el costo más elevado, porque es esta parte la que mantiene el espectáculo y no lo otro.

   El hecho de que se sostenga la mentira provoca la pérdida del interés ocasionado en el aficionado, al que se le ha arrebatado uno de los factores esenciales en el espectáculo: la emoción provocada por un toro en la plaza, un toro que requiere haber cumplido nada más –insisto por la lógica del sentido común- los cuatro años y 450 kilos de peso reglamentarios, con la idea de que no sean aparentes sino lo más reales posibles. De otra forma reincide el engaño, la mentira, y con la mentira no se puede jugar (o se hace bien o no es mentira), que para eso están los resultados a la vista. En cuanto haya un retorno legítimo del toro a las plazas, regresará también el aficionado. En cuanto se nos cobre lo justo y no haya imposiciones de ninguna especie, sentiremos que los impedimentos habrán desaparecido. Las cosas volverán a ser mejores. Y no crean que estoy idealizando, ni fascinado por la utopía. Las plazas recuperarán su colorido, como el espectáculo su integridad.

   Cuando la autoridad se sienta respaldada por las leyes pero no coartada por amenazas oscuras, este espectáculo recuperará glorias perdidas. El Juez es la máxima autoridad en la plaza, incluso es representante directo del Jefe de Gobierno, lo que eleva su estatura, y si aplica el reglamento de manera adecuada y congruente; siempre a favor de la razón, lo que podemos esperar es el curso de un espectáculo en condiciones favorables.

   Que pedimos mucho, sinceramente no. La verdad es que queremos simple y sencillamente un espectáculo digno, no sumido en ningún tipo de polarización y a la altura de todos aquellos que, de alguna manera han alcanzado la “calidad total”.

   Incluso, conviene recordar una acertada síntesis sobre las opiniones emitidas por varios ganaderos quienes, en 1991 fueron entrevistados por Octavio Torres, colaborador en la recordada revista Torerísimo, N° 2 de marzo o abril:

   Un toro es un ser muy especial: la resultante de una larga evolución filogenética, un metazoario superior con simetría bilateral. Un toro es lo que debe salir por la puerta de toriles. Un toro es aquel que persigue con celo a los banderilleros y el que se recarga fuertemente en los caballos, apencando el rabo. Un toro es lo que quiere ver el aficionado cuando paga su boleto. Un toro es un toro. Un toro no es aquel que se cae o aquel que brinca al callejón. Un toro no es un novillo, es un toro. Un toro es eso: un toro.

   Nuestros tiempos, la madurez a la que hemos llegado como país, no merecen un espectáculo como el que pretenden darnos a la fuerza, a base de mentiras y del que terminamos siendo cómplices, sin quererlo ni desearlo. Vamos por una fiesta más digna, demandemos el cumplimiento sin cortapisas de un reglamento (instrumento legal para el que ya va siendo hora de hacerle ajustes, de ponerlo en la realidad de los tiempos que corren) que es fruto de un espíritu que pretende el desarrollo normal de un espectáculo entendido ya como un patrimonio, y no del capricho de unos cuantos, como a veces llegan a entenderlo quienes no quieren dar la cara a la legalidad, o lo que, en una palabra se reduce a la verdad de las cosas.

   Recordemos que lo que bien empieza, bien acaba.

ORLAS

HOY, APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS LLEGA A SU OCTAVO AÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

El 13 de diciembre de 2010, hoy hace siete años, puse en circulación el blog denominado APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS (https://ahtm.wordpress.com/). Pocos días después, y ante la novedad, tanto Juan Antonio de Labra como Jorge Raúl Nacif, responsables de AlToroMéxico.com, atentos al hecho tuvieron a bien el propósito de conocer más detalles al respecto. Entre otras cosas se destacaba el uso de este medio digital para difundir y divulgar diversos asuntos relacionados con la tauromaquia.

En aquella conversación, comentaba el hecho de que, debido al cúmulo de información lista para darse a conocer, era posible que ello tomara varios años. Y así ha sido. Con casi 1700 entregas, 385 mil visitas y la distribución de temas en 22 categorías como: anecdotario, crónicas, editoriales, efemérides, personajes y suertes del pasado, ponencias, conferencias y disertaciones, así como recomendaciones y literatura entre otras, AHTM se ha posicionado en el medio de los toros, sobre todo como un blog independiente aunque marginal, debido al hecho de no tener ningún otro compromiso que no sea el debido manejo de la historia como ciencia y esta, apoyada por otras herramientas de las que el historiador se vale directamente para darle el enfoque y el toque más apropiados en el significado de lo que el profesional pretende mostrar como resultado de sus quehaceres.

Y así es, en efecto. El logro de llegar a cifras como las ya señaladas, ha obligado a su responsable continuar con las tareas de investigación (de campo y de gabinete), así como mejorar su presentación y contenido, cosa que sucede de manera constante, en el día a día justo cuando se tiene el privilegio de acudir a las bibliotecas, archivos, hemerotecas y otros sitios donde se tiene la certeza de ubicación sobre nuevos materiales relacionados con este apasionante tema.

Pero no olvidemos que dicha plataforma se debe a una de las muchas consecuencias generadas por la internet misma. Sobre ese tema, sugiero, por cierto la siguiente entrega: Los “blogs” en el territorio de la tauromaquia (https://ahtm.wordpress.com/2012/05/21/editorial-los-blogs-en-el-territorio-de-la-tauromaquia/) que allí mismo di a conocer en 2012. Y gracias al despliegue impresionante de información que circula y seguirá circulando, hará posible todo esto que un blog como AHTM tenga razón de ser.

Hace algunos años los blogs estaban amenazados con desaparecer o verse rebasados por nuevas expresiones como los “nanoblogs”: Facebook, twitter, Instagram, Android y otros, con los cuales nuevas generaciones tienen hoy día un mejor y más sofisticado sistema que han puesto a su servicio las tecnologías de información y comunicación (TIC, por sus siglas), y quizá de lectura en esa nueva apropiación del periódico o revista, pero sobre todo del libro. Son ellos los que nos dirán a los que estamos una o dos generaciones atrás, si ese recurso de la modernidad les tiene resuelto parte de lo cotidiano, donde la lectura y el razonamiento también, son dos componentes esenciales.

Y es que tanto portales como AlToroMéxico.com, o blogs como AHTM han encontrado la forma no solo de acercarse a una diversidad de usuarios, sino difundir noticias, análisis, reportajes y, evidentemente aspectos que se relacionan con la historia del toreo en este país. Con lo anterior, se cumple un claro objetivo para que la tauromaquia siga estando en la mirada de propios y extraños, buscando con ello no solo su presencia sino su preservación como auténtico patrimonio, como un legado con el que nos hemos comprometido explicar su razón de ser, sobre todo en una época que, como la nuestra, se encuentra permeada de influencias que pretenden alterar aquella expresión milenaria y secular. Por tanto, no es una tarea fácil y cómoda. Se trata, en todo caso, de la presencia de un quehacer constante que se nutre de las actividades de otros que construyen y enriquecen el andamiaje del toreo en México. Incluso, cuando aquellas intenciones se derrumban mostrando las debilidades que afectan directamente la imagen de esta práctica existente, que se debe a sistema de símbolos, a la ritualización misma. Con una simbología propia que se centra en la relación toro-hombre en su sentido más profundo, se crea la obligación de evidenciar esa falsedad con objeto de recuperar el que puede ser resultado de un mejor equilibrio.

   Quiero agradecer también, el apoyo que durante todos estos años he tenido con el favor de otras opciones digitales, que han permitido ampliar la cobertura de este ejercicio. Primero que nada quiero hacerlo con el portal “Taurología.com (https://www.taurologia.com/), donde su responsable, Antonio Petit Caro me ha favorecido ampliamente con la publicación de diversos asuntos en en otros tantos momentos. También a “Méxicomío” (http://www.mexicomio.com.mx/), donde Óskar Ruizesparza creyó en esta circunstancia, y ahora es posible apreciar –hasta ahora-, 35 libros electrónicos. Ello no habría sido posible sin su amistad y confianza al respecto de estas aspiraciones.

   Evidentemente no puedo dejar de mencionar el blog “La razón incorpórea” (http://larazonincorporea.blogspot.mx/), y a su “redactor en jefe” José Morente, con quien no dejo de tener su afecto y acogida en tan maravilloso espacio. No pueden faltar otras opciones como “Bibliofilia Novohispana” (http://marcofabr.blogspot.mx/), “La Aldea de Tauro (https://laaldeadetauro.blogspot.com/), “Pulques finos La Virtud (http://pulquesfinoslavirtud.blogspot.mx/), “Taurofilia” https://taurofilia.blogspot.mx/), “Toros Grada 6” (http://torosgradaseis.blogspot.mx/) o el portal de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia (http://www.anctl.mx/). Todos ellos, me han dado su apoyo y su “avío”, con lo que AHTM tiene razón de existir.

En ese sentido, están creadas las condiciones para que, a través de estos medios de comunicación expresados en una de las consecuencias más notables de la humanidad, se genere una reacción que pretende proteger este espectáculo, resultado del sincretismo entre dos culturas encontradas que, al cabo de casi cinco siglos, ha logrado pervivir.

Gracias pues a AlToroMéxico.com por considerarme uno más en esta tarea habitual.

“Trabajemos”, decía y sugería Setimio Severo.

ORLAS

EDITORIAL.

GRACIAS POR LA SOLIDARIDAD.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

Óvolo a favor de los damnificados. El País, 19 de diciembre de 1913, p. 8.

U.N.A.M. Hemeroteca Nacional Digital de México.

   Con el terremoto del 7 de septiembre pasado, los mexicanos vivimos momentos muy amargos. Sin embargo, el 19 de septiembre siguiente hasta antes de las 13:14 de la tarde, en el ambiente se percibía el duro pasaje con que recordábamos el fuerte sismo ocurrido 32 años atrás. Llegada esa hora, otro nuevo temblor lastimó a una buena parte de la población. La tragedia se enseñoreó, aunque por fortuna surgió de inmediato ese fenómeno espontáneo que conocemos como “sociedad civil”.

Es la primera reacción con la que cientos, miles de voluntarios apoyaron a quienes corrían riesgos de cualquier índole, lo que celebramos en forma alentadora. Más tarde, intervino el estado, e incluso se declaró “luto nacional”.

Diversos registros históricos nos llevan a tener una lectura en la que, a lo largo de varios siglos, la tauromaquia ha sido un respaldo con que paliar diversos golpes de la naturaleza. Un temblor, huracanes, o en su defecto apoyo a hospitales (mujeres dementes, niños expósitos, asilo de huérfanos, hospitales de sangre durante algún conflicto bélico; respaldo a la “Cruz Blanca Neutral”, etc.). También lo ha hecho generosa, en casos como el apoyo a construcción de acueductos, alamedas, kioskos, empedrados y otras obras públicas.

Hace 32 años, justo el 20 de noviembre, tal y como lo recordaba aquí este lunes 25 nuestro buen amigo Horacio Reiba, la plaza de toros “México” fue escenario de un festival inolvidable y de cuya réplica esperamos algo en el mismo sentido para las próximas semanas.

De entre los datos que he ido recabando para un trabajo denominado “Sobre festejos taurinos con fines de beneficencia en México”, se incluyen los que se remontan hasta el año de 1603, momento en que por ejemplo, la Cofradía de Santa Ana de esta ciudad, solicitó honrar sus fiestas y así recibir el apoyo en favor de la misma institución.

Luego, entre otros datos, los hay que solicitan el “beneficio de las limosnas” (1738), recaudar fondos para restituir a la corona lo invertido en el vestuario de la Tropa (1769), ayuda de los costos de la “fábrica del templo –esto en la villa de San Miguel-, en que está colocada la efigie de Cristo crucificado con la advocación de la salud” (1788); permiso para “hacer unas corridas de toros en la fiesta del señor crucificado para recabar fondos que les ayudaran a llevar agua dulce al pueblo de Tiacolvia, Oaxaca” (1794), entre otros.

Es en 1803 cuando se localiza un primer informe relativo al apoyo solidario, que proviene del producto y gasto erogado de la corrida de toros los cuales fueron consignados a la casa de niños expósitos.

El jueves 13 de diciembre de 1839 hubo en la plaza de toros de San Pablo un festejo con el que se apoyaba al Hospital de mujeres dementes en estos términos:

   La piedad de los mexicanos ha tenido su mano benéfica a los establecimientos del hospicio y casa de expósitos de esta capital, proporcionando recursos a favor de los infelices que en él se encuentran, ya por medio de suscripciones y ya dedicándoles espectáculos públicos, cuyos productos han contribuido eficazmente al logro de sus piadosos deseos. Mas su celo filantrópico, no ha fijado su atención a otro establecimiento igualmente benéfico a la humanidad, cual es el de mujeres dementes que existen en el hospital del Divino Salvador.

   Este sin duda reclama imperiosamente una mirada de compasión; porque aquellas desgraciadas están careciendo aún de los auxilios más precisos e indispensables por falta de recursos.

   Durante la invasión norteamericana de 1847, justo el 17 de enero, y también en la plaza de San Pablo, se celebró una función a beneficio de los gastos de la “presente guerra contra los Estados Unidos del Norte”, donde se lidiaron seis toros de la mejor raza. No hay mayores datos.

En 1860, ahora en la plaza del Paseo Nuevo, el 18 de noviembre, intervino la cuadrilla de Bernardo Gaviño, quienes lidiaron cinco toros de Atenco y dos más para el coleadero. Todo esto, so pretexto de que aquel era un festejo a beneficio de las familias de escasos recursos en esta ciudad. El monto de los productos y gastos de la corrida alcanzó la cifra de $1,105.87, cantidad que se entregó a los integrantes de la junta correspondiente, para que se distribuyeran “como de facto entre familias pobres”.

Los datos en ese registro prosiguen hasta nuestros días, pero he de concluir la presente entrega con lo que en su momento, escribió Ignacio Manuel Altamirano, declarado opositor a las corridas de toros, con motivo de un festejo que se llevó a cabo el 8 de diciembre de 1867 en la plaza del Paseo Nuevo, con objeto de apoyar a la población de Matamoros, que recién había sufrido el paso de un huracán. Su reflexión se publicó en El Correo de México, Nº 85 del 9 de diciembre de 1867. Decía este abanderado del pensamiento republicano y liberal:

   Ayer tuvo lugar la corrida que dieron algunos jóvenes aficionados a beneficio de los habitantes de Matamoros.

   Los jóvenes que creyeron conveniente poner la barbarie al servicio de la filantropía, hicieron todos los esfuerzos posibles para lucirse; pero el público los silbó desapiadadamente desde el principio hasta el fin, no concediéndoles sino uno que otro aplauso.

   El público no tuvo consideración que los aficionados se exponían delante de la fiera por favorecer a los menesterosos de Matamoros. Con esta corrida que se permitió a la caridad, concluyeron para siempre en nuestra capital las bárbaras diversiones de toros, a las que nuestro pueblo tenía un gusto tan pronunciado desgraciadamente. Los hombres del pueblo saben más de tauromaquia que de garantías individuales.

   Altamirano a su vez y en ese año de 1867 cambia la espada por la pluma (que de hecho fue su primera ocupación y que nunca había abandonado) se propone a ser el impulsor de la cultura nacional y funda el periódico El Correo de México al lado de Ignacio Ramírez y de Alfredo Chavero, quienes pugnaron por el respeto a la Constitución del 57´ y se opusieron al reformismo de Juárez. También apoya la independencia de Cuba, funda la sociedad de Libres Pensadores, entre otras muchas actividades.

Carteles anunciadores de los festejos tanto para el 3 como para el 8 de diciembre de 1867, con motivo de apoyar a “NUESTROS HERMANOS de Matamoros, que arruinados por el huracán que causó tantos males en la frontera de nuestra patria, deben recibir en tan tristes circunstancias un testimonio de afecto de la capital”.

Vayan estos datos como testimonio de que la tauromaquia no olvida ni se olvida de aquellos momentos donde se hace presente la dura aflicción del sufrimiento. A todos y cada uno de los que extendieron su apoyo, gracias por su SOLIDARIDAD.

ORLAS

EDITORIAL.

UNA TEMPORADA TARDÍA EN PUERTA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

La empresa que regentea la plaza de toros “México” ha anunciado las novilladas, que llegan como una bocanada de aire fresco, aunque es de notar que sólo pretende cumplir con los 12 festejos de rigor, con objeto de que se celebre de la temporada grande 2017-2018.

   Sin embargo, es poca cosa ese número de tardes, si vemos con detalle información como de la que nos provee el portal “AltoroMéxico.com”, véase la liga: http://altoromexico.com/index.php?acc=escalafon.

   Allí están incluidos 90 jóvenes o aspirantes, que ya es una buena cantidad, pero que en el balance de sus actuaciones en lo que va del año, solo hay cuatro que rebasan los 10 festejos, en tanto que el resto refleja una escasa dinámica que únicamente puede crecer en la medida de que se les den más oportunidades. Por tanto, esta temporada en la capital del país tendría que ser tan notable como para crear la caja de resonancia que se complementa en la provincia mexicana, de acuerdo a ciertos esquemas convencionales que, en nuestros días parece ser que ya no funcionan.

   A estas alturas del año, y en otras circunstancias, esa misma temporada, cuyo inicio hubiese ocurrido al menos dos o tres meses atrás, tendría otro balance, quizá el necesario para comprender o valorar las capacidades o limitaciones de los muchachos que aspiran llegar a convertirse en figuras del toreo. Lamentablemente la mentalidad de esta empresa es cumplir el requisito pero no otra serie de condiciones que quizá podrían mejorar el estado de cosas que prevalece en el país con respecto a la cosa taurina.

   Es obligación de dicha empresa el cumplimiento de ciertos compromisos que hasta ahora, en términos de balance no ha obtenido desde la temporada anterior, y donde tomaron las riendas del control en la capital. Quizá se trate de entender que el desarrollo de un serial no es suficiente con ese número tan justo, sino que necesita de más y más tardes donde se incentive y estimule el capítulo novilleril que tanto anhelamos los aficionados. A 35 años vista después del último gran episodio que protagonizaron Valente Arellano, Ernesto Belmont y “Manolo” Mejía, el cual se convirtió en referencia y modelo a seguir, no hemos vuelto a admirar la consagración de otros novilleros, sobre todo a ese nivel, estadio que se necesita para que una plaza como la “México” se convierta nuevamente en el espacio donde puedan acudir por miles no solo aficionados, sino todos aquellos otros sectores de interesados o curiosos con intención de comprobar, tal cual ocurrieron entre 1982  y 1983, aquellas históricas jornadas.

   Sin embargo, y ya sin el beneficio de la duda que concedimos hace un año a dicha empresa, esperamos un resultado satisfactorio. En sus afanes de “Soñadores de gloria”, han programado ya once de los doce festejos (dejando el último para los triunfadores). Destacan dos de ellos a celebrarse los sábados 9 y 30 de septiembre a las 12:30 horas, que no son, de acuerdo a la costumbre buenas fechas. Sin embargo se verá como responde el público ante días y horarios nada convencionales. Llama la atención que el sábado 30 serán lidiados en el coso de Insurgentes 6 ejemplares de Zacatepec, ganadería tlaxcalteca que el año pasado se convirtió, al menos desde mi punto de vista, en lo más notable de la temporada. Esperemos ratifiquen su historial una vez más.

   Como aficionado no aplaudo la noticia. Ya era algo esperado desde hace meses y forjar novilleros no es de la noche a la mañana. Toma tiempo, necesitan de gente que los conduzca con acierto, mucha voz desde el callejón, opiniones que los pulan y cuestionen sus actuaciones al punto de que ellos mismos generen la autocrítica consciente y honesta, antes de caer en el error de que, por comentarios equivocados, sientan incluso que son más que “Manolete! y “Armillita” juntos. Pero sobre todo, necesitan oportunidades, aquellas en las que una tarde sí y otra también estén ahí, dejándose ver, hasta el punto de que se comience a hablar de ellos y que por tanto, se les vea como posibles continuadores por y para una tauromaquia que, como la mexicana, necesita renovarse.

   Que se mantienen los mismos precios, es lo de menos. Que se llenen los tendidos o que se registren mejores entradas es el quid del asunto, pues ello será el reflejo de importancia que adquiera la temporada. Recuerdo entradas muy malas hace un año, pero es que aquello también era un síntoma que acumulaba la falta de una publicidad apropiada, la presentación de jóvenes con apenas el mínimo de un bagaje con que llegar dignamente a la plaza más importante del país, lo cual trajo como consecuencia un final no mediano; mediocre.

   Entiendo también, y creo que es el sentir de muchos aficionados, el esfuerzo que implica este nuevo compromiso. Pues bien, hay que hacerlo pensando en resultados notables y no en “poquita cosa”. Es una buena oportunidad para que se demuestren como están trabajando empresa, ganaderos, autoridades, medios de comunicación, toreros, cuadrillas y demás personajes protagónicos en pro de un espectáculo por el que hay que trabajar a su favor en forma contundente. La labor a nivel municipal o estatal que ya ha conseguido el Vo.Bo. para que la tauromaquia sea un patrimonio cultural no significa colgar la medalla y punto. El objetivo es que ese anhelo algún día alcance el nivel nacional, por un lado, e internacional por el otro para lograr lo que tanto hemos aspirado en términos de su preservación. Pero debemos seguir trabajando y mucho, con objeto de que la fiesta de los toros se justifique plenamente, sin necesidad de falsos discursos ni protagonismos fuera de lugar.

   Esperamos finalmente un remate afortunado para este serial que arrancará el domingo 27 de agosto, pues creo que ya no podemos tolerar algo que simple y sencillamente apuntaría a la mediocridad.

   ¡No más mediocridad!

23 de agosto de 2017.

ORLAS

EDITORIAL. 

¿HASTA CUÁNDO EL AYUNO TAURINO EN LA CIUDAD DE MÉXICO?

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

En otras épocas, las que detentaron y controlaron por ejemplo Antonio Algara, “Carcho” Peralta o Alfonso Gaona –cuando este personaje se proponía hacer bien las cosas-, la temporada de novilladas podría estar alcanzando a estas alturas del año un buen número de novilladas, lo que garantizaba que al final de ese capítulo estuviesen un buen número de aspirantes a matadores de toros. Fueron temporadas con 30 o más festejos que dejaron excelente balance. Con ello, la fiesta en nuestro país se veía intensificada, pues otros tantos empresarios, los de provincia no podían dejar pasar la oportunidad para programar a los triunfadores de la capital, cuyas plazas, “El Toreo” o la “México” se convirtieron en cajas de resonancia. De ahí que ambos cosos “daban y quitaban”, lo mismo a novilleros que a matadores de toros, con lo que su intención como frase sentenciosa tenía efectos contundentes.

Pero en este 2017, conforme avanzan los meses, semanas y días se aprecia y confirma cada vez más, que la actual empresa de la plaza de toros “México”, se empeña en no dar festejos, y si lo hace va a ser simple y sencillamente con el propósito de cumplir con lo establecido en el reglamento taurino y la ley de espectáculos públicos vigentes, con objeto de alcanzar el visto bueno y así celebrar –si es que ese es su propósito-, la temporada grande 2017-2018.

Serían 12 únicas tardes, número insuficiente para dar la oportunidad al que en estos momentos debería verse como un contingente de aspirantes (si es que los hay) dispuestos a mostrar, como es natural, más sus defectos que virtudes.

No recuerdo tarde alguna y hablo de la temporada 2016, donde se haya hecho notar alguno de aquellos que actuaron en lo justo de 12 festejos. Sí recuerdo, en cambio, que lo más sobresaliente fue el encierro de Zacatepec el cual vino a reverdecer viejos laureles de tan reconocida hacienda tlaxcalteca…, pero hasta ahí.

Por tanto, estas notas no son sino un llamado de atención que los aficionados le hacemos a una empresa que nos sigue debiendo un aporte en revelaciones juveniles, las cuales tendrían que estar entrando ya, por el sendero de firmes prospectos para un futuro garantizado en la tauromaquia nacional.

Un comportamiento deprimido como el de la fiesta en estas partes del año nada bien le viene a un espectáculo que necesita credibilidad, posicionamiento, y demás factores que la ayuden en ese aliento indispensable. En eso no parece fijarse la nueva empresa para la cual ya quedó atrás aquella generosa concesión del beneficio de la duda de nuestra parte. Hoy, lo que queremos son hechos.

Su respuesta, el silencio, la inactividad solo levantan sospechas y eso en verdad, crea muy mal ambiente.

Además, esperaríamos que dicha organización se aplicara con una serie de correctivos bastante necesarios para ganarse la confianza de quienes asistimos a la plaza.

¿Quieren ejemplos?

1.-La conveniencia de que los festejos comiencen a las cuatro de la tarde.

2.-Evitar el exceso de negocios que se instalan en áreas de acceso a la plaza, sobre todo inmediatamente después de la entrada principal de sombra.

3.-Retirar el templete o tarima que invade la libre circulación. No quiero pensar si se presentara una emergencia. Aquel obstáculo sería una auténtica trampa en una salida imprevista del público de los tendidos hacia los pasillos o exteriores de la plaza. En todo caso, ese sitio debería estar marcado como “zona de reunión” en caso de una contingencia, lo cual no deseamos pero que prevenimos con esta observación, ausente en los códigos de seguridad de la plaza y donde la delegación tendría que estar más que presente para aplicar el protocolo correspondiente.

4.-Eliminar los puntos de venta de bebidas alcohólicas que están colocados en por lo menos dos balcones ubicados en sombra y que causan desagradable impresión, convirtiendo los tendidos en zona de bar.

5.-Control a los vendedores. En las últimas temporadas ha crecido el número de vendedores en los tendidos. Pero no hay quien los controle, por lo que estos realizan sus actividades sin quedarse quietos un momento. Incluso, en los momentos cruciales de la faena o desenlace de la misma, su ir y venir provoca que los toros se “toquen”, con lo que los diestros no se encuentran en condiciones de consumar correctamente la suerte suprema.

6.-Control de esos otros negocios, sobre todo de comida que también se han incrementado y que si bien, producen un efecto o golpe interesante a la vista, dejan ver un débil rigor en la concesión de permisos. He aquí un caso que deben resolver conjuntamente empresa y autoridad delegacional.

7.-Eliminar la presencia de grupos musicales que en muchas ocasiones sus repertorios no guardan ninguna relación con el ambiente taurino. Con ello, se corregiría el exceso de decibeles que producen por efecto del equipo de sonido con el cual se hacen acompañar.

8.-¿Quieren llevar público a la plaza?

¡Bajen los precios!

9.-¿Quieren difusión?

Mejoren su imagen, mercadotecnia y publicidad.

10.-Comiencen ya, por lo que más quieran la temporada de novilladas. La afición se los agradecerá.

11.-Eviten, en la medida de lo posible el exceso de personas en el callejón. Un buen control y entonces sólo estarán en dicho espacio quienes sí tienen una función específica.

Estaremos pendiente de lo que suceda. No al ayuno taurino forzado que vivimos por estos días.

Agosto 7 de 2017.

ORLAS

EDITORIAL.

EL RESPETUOSO SENTIDO DE LA HISTORIA.

AUTOR INVITADO: ANTONIO PETIT CARO, RESPONSABLE DEL PORTAL DE INTERNET “TAUROLOGÍA.COM” 

Entre don Antonio Petit Caro y este servidor, tenemos desde hace algunos años una permanente comunicación, resuelta en esa correspondencia epistolar que nos mantiene al tanto de nuestros quehaceres y opiniones. Procuramos enarbolar los principios que cada quien se ha propuesto, y que por fortuna coinciden. Uno de ellos tiene que ver con ese respetuoso sentido por la historia, del que en esta ocasión ha logrado hermoso texto, mismo que tiene profundo sentido como para hacerlo nuestro y compartirlo desde este blog. En su contenido se encuentran esos componentes que a muchos de nosotros nos preocupan y que son, en esencia, los valores que deben mantenerse vivos para procurar que se mantengan vigentes ya no solo en nuestras manos. Lo piensa él, y lo comparto plenamente, que ese compromiso también lo prevemos para las generaciones venideras que han de conservar un legado como es el de la tauromaquia, expresión que como muchas que provienen de un pasado cuya carga contiene elementos ligados con el ritual del sacrificio y muerte de un toro, hoy día ha entrado en conflicto con las formas de ser y de pensar de las nuevas generaciones.

También tiene el acierto de reivindicar –desde la historia-, todos los significados que el espectáculo taurino ha acumulado al paso de los siglos, mostrándose tal cual es en nuestros días.

Por ese y otros motivos es que conviene leer y releer tan interesante apreciación, que es la de un aficionado con muchos años de experiencia y que hoy la comparte generoso.

Muchas gracias, don Antonio.

La figura del toro bravo se impone desde la antigüedad hasta nuestros días.

   A veces quienes nos decimos aficionados olvidamos que no somos más que un eslabón que se remonta en los siglos y que, con toda legitimidad, aspira a que se prolongue ininterrumpidamente al menos otros tantos. A final, la Fiesta no es más que el resultado de la concatenación de muchos episodios, grandes y pequeños, que conforman la historia en su amplia y compleja extensión. Nuestros mayores tuvieron la prudencia de enseñar que hasta de lo más nimio que ocurre en un ruedo puede aprenderse, y mucho. Ningún elemento, por marginal que pueda parecer, debe considerarse superfluo cuando hablamos de toros. Por eso, la historia se conforma mucho más allá de los dimes y diretes que nos contamos los unos a los otros; la integran realidades que da fe de cuánto supone transmutar el riesgo en arte.

Actualizado 7 abril 2017.

   Cuando nuestra generación era más o menos como hoy es la de nuestros hijos, aprendimos de los mayores que para acercarse a la Fiesta de toros con el ánimo pronto de entender su misma esencia, se hace necesario adoptar una postura, tanto intelectual como de ánimo, de un sereno respeto por todos los episodios, grandes y pequeños, de la historia taurina en su amplia y compleja extensión. Pero, además, con ese sentimiento de sencilla humildad que da el saber que hasta de lo más nimio puede aprenderse, y mucho. Ningún elemento, por marginal que pueda parecer, debemos considerarlo superfluo cuando hablamos de toros.

No valen, desde luego, esos clichés prefabricados que, a través de simplificaciones –perdón por ser redundante– simplistas, tratan de reducirlo todo a unos pocos conceptos, que al final suelen quedan en lugares comunes, tan faltos de sentido como de realidad. Y cuando tal se escribe, me estoy refiriendo, por ejemplo, a las vaguedades que en ocasiones oímos a gentes que se dicen entendidas, pero que todo lo dejan en añorar un pasado que muy probablemente no vieron y que nunca fue tan clamorosamente glorioso como afirman, o a pronosticar un futuro tan plagado de nubarrones que parecen augurar la proximidad de alguna suerte de “gota fría” sobre los ruedos.

Si se repasan con el respeto necesario los Anales taurinos, tengo para mí que la gran lección que se puede extraer radica, ante todo, en comprobar cómo la Fiesta ha tenido desde sus orígenes un profundo sentido dinámico y armónico, gracias al cual ha sido posible el milagro de preservar en el tiempo aquello que es propiamente esencial, sin que en este empeño influyera la probada capacidad de todo lo taurino para adaptarse a las circunstancias y condiciones cambiantes de los siglos.

Dejando a un lado otras consideraciones más o menos antropológicas, que ahora cabría hilvanar pero que mejor es omitir, esta creatividad dinámica que se contiene en el hecho taurino nace de un concepto que podríamos calificar de radical. Y es que la Fiesta de toros hunde sus verdaderas raíces en el hombre, más en concreto: en sus capacidades creativas, sea ocasionalmente torero, sea criador de las reses bravas, o tenga cualquiera de los mil cometidos que se ven en todo este enmarañado complejo de tauropartícipes, incluidos quienes, sencillamente, nos sentamos en el tendido.

Sin un hombre que sepa conjuntar el sentido épico de cuanto ocurre en un ruedo y esa otra capacidad de intuirse un creador de arte, probablemente nunca habría existido la Fiesta de los toros. Ni cuando rudimentariamente era un juego de lanzas y caballeros, ni cuando como hoy un toro permite un sinnúmero de suertes, incluso si están mal planteadas y peor resueltas. Pero sin capacidad creativa, sin ese cierto criterio de construir una obra renovada cada tarde, la Fiesta no habría pasado de ser, para quienes la miramos desde el presente, uno de esos muchos anacronismos que estudiamos en la Historia.

De este concepto que liga tan estrechamente lo taurino con el hombre, toma su fundamento la razón última que explica el porqué de la Fiesta. Y tengo conciencia clara de lo que significa cuanto sugiero que se comparta este pensamiento. Precisamente por eso bueno resulta insistir en muchas ocasiones en el sentimiento de respeto por cuanto vemos en un ruedo, ya sea en el triunfo, ya en el accidente de una tarde aciaga o, lo que es peor, en el traspié profundo de lo anodino.

   Como bien se conoce lo que supuso la revolución que trajo el Pasmo de Triana [justo cuando el autor se refiere a Juan Belmonte], sin otros preámbulos viene a cuento recordar una anécdota que me llamó la atención, y además grandemente. Ocurrió en cierta ocasión en la que le convencieron para que, ante el público y en la plaza de Jerez, toreara una becerra en un improvisado tentadero organizado para unos visitantes ilustres. Aquel día a Belmonte, ya en el tramo final de su vida, no le preocupaba si podría producirse un percance, incluso estoy por afirmar que tampoco le quitaba el sueño si iba a estar mejor o peor con la muleta; su preocupación primera se centraba en lo ridículo que supondría que una becerra pudiera trastocar en un momento toda la torería que correspondía a su historia. “No hay nada más grotesco -vinieron a ser sus palabras- que caerse ante una erala, a la vista del público, con sesenta años y llamándote Juan Belmonte”.

Como en este hombre tales sentimientos se alejaban kilómetros de cualquier creencia egocéntrica, así sólo puede pensar quien tiene un concepto completo de la Fiesta, en el que se entremezclan en riguroso pie de igualdad todos aquellos elementos que más directamente dicen del toreo, con esos otros que nacen de saberse, sin aspavientos ni extravagancias, parte de una Historia que por encima de todo, incluso de uno mismo, hay que preservar. La becerra de turno no habría revolcado a una figura señera, irrepetible; habría dejado en entredicho a la Historia misma del toreo. Esa era su verdadera obsesión de aquel día.

Estos sentimientos belmontinos, reflejan con nitidez el sentimiento que trato de explicar cuando recuerdo con reiteración que a una plaza siempre hay que acercarse con respeto, con el respeto debido a unos hombres que, sean conscientes o no de ello, tienen como objetivo último transmutar el riesgo en arte, hacer que algo fugazmente perecedero se convierta en un eslabón más de una historia inacabable, de la que forman parte y a la que deben garantizar su prolongación en el tiempo.

Del sentido globalizador de lo taurino que encierran semejantes ideas, nace la razón más verdadera de la afición taurina, que de generación en generación ha llegado a nuestros días y que espero que, con el pasar de los años, también los que ahora son niños alcancen a transmitir a quienes les sucedan.

Para servir de ayuda en tal empeño, aún en la dificultad de poder encerrar en unas pocas líneas lo que ha tardado siglos en protagonizarse en los ruedos, en pequeña medida, desde luego, pero a lo mejor estas consideraciones puedan tener alguna utilidad cuando el timón de nuestra afición común haya pasado a la siguiente generación, para que recuerden con cariño como un día, siendo todavía muy niños, se acercaron al misterio bellísimo que tiene su epicentro en una plaza de toros.

Disponible en internet abril 9, 2017 en: http://taurologia.com/respetuoso-sentido-historia-4643.htm

ORLAS

CARTA DE DESPEDIDA A JESÚS SOLÓRZANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 ESTIMADO MAESTRO: 

Como cada miércoles era inminente que, a término de mediodía, recibiera tu llamada telefónica. Por eso consideré que así habría de suceder puntualmente. Han pasado de las tres y el teléfono se mantiene en silencio. He sabido de la noticia de tu partida por lo que con apresuramiento me dispongo a escribirte estas notas, de las que no tengo claro si podrán ser capaces de decir algo, al menos con ese sentido entrañable, misma razón con la cual mantuvimos hasta el último momento esa peculiar amistad.

Hoy, será imposible ya comentar las razones que un tema como los “Toritos” de Tultepec habrían generado en ti esa capacidad de asombro, la misma que causaste vestido de torero, arrancando en el olé la emoción de multitudes que te veneraron a lo largo de esa intermitente presencia tuya, milagrosa por otro lado, o al menos eso es lo que creo, pues siempre tuviste fe en el hecho de que los toreros en estado de gracia, son capaces de producir milagros, hasta el punto de convertirse en aquello de lo que fuiste particularmente un convencido al transverberarse en ti el milagro de la licuefacción de la sangre de San Genaro, o en el hecho de considerar que el torero es un hierofante, personaje que en la Grecia antigua era el sumo sacerdote de los cultos mistéricos. Y como afirmaba la escritora Rosa Montero, de quien te mencionaba que justo en uno de sus textos más recientes había logrado recuperar de ese término, lo que todo torero tendría que buscar afanosamente en su vida: ser un hierofante, es decir aquel que es capaz “de hacer aparecer lo sagrado”.

Nuestras conversaciones giraban en torno a los muchos proyectos que tenías entre manos, sobre todo por el hecho de que surgieron enormes dudas respecto al complicado ejercicio de interpretar imágenes del pasado y que, recogidas a través de películas, conservabas celosamente. Allí estaba el material filmado por tu abuelo, que daba énfasis a todos aquellos toreros que, junto a tu padre forjaron la “edad de oro del toreo en México”. Pero también surgieron nombres como los del Dr. José Hoyo Monte, Daniel Vela, Alfonso Manrique, Manuel Reynoso de cuyo legado cinematográfico teníamos pensado hacer todo un trabajo de interpretación técnica y estética de aquellos que integraron tan peculiar generación de toreros, uno de los cuales, tu padre mismo, era la pieza protagónica más destacada.

En el poco tiempo que llevábamos de realizar tan hebdomadaria rutina de llamarnos por teléfono, o en más de alguna ocasión saludarnos en tu casa o en un café, se dejaron notar la presencia de un torero y de un caballero que hicieron de Jesús Solórzano eje, modelo y referencia para otros toreros que, como Diego Silveti, o “Morante de la Puebla”, acudían a ti con frecuencia para escuchar el consejo oportuno o la anécdota sabrosa con qué condimentar largas conversaciones de las que, necesariamente tendría que salir el duende de la gracia, el sentido de la lógica, lo profundo de la reflexión.

Por eso tengo que agradecerte el privilegio de que me contaras entre tus amigos, extendiendo el capote con la notoria intención de llevar a cabo esa tarea, la que implicaba decodificar ese material de cine con visión crítica, dejando todo en su justa dimensión, a la hora de realizar ese juicio –que no sumario-, de todos esos toreros que fueron para ti paradigma y referencia. Me hablabas entusiasmado de lo que una y otra vez apreciaste en Silverio Pérez, o lo impecable de aquellas faenas de referencia de Lorenzo Garza; incluso de lo poderoso y variado que habría sido Fermín Espinosa en más de una faena. Pero por encima de todos ellos tu propio padre, a veces incomprendido, seguramente porque alcanzó estaturas que ya nadie fue capaz de comprender.

Había necesidad de ordenar aquello, generar líneas coherentes y armar faenas personalizadas con objeto luego de compartirlas entre los toreros de nuestros días, procurando así conmoverlos un poco, quitarles la idea de que el toreo no es precisamente lo que ellos piensan al respecto, sino algo que va más allá de una aparente y corta dimensión de las cosas, y porque esta época no se parece en nada a aquella otra. De esa manera, con el cambio radical de prácticas en el quehacer del mundo taurino, era necesario ese propósito de renacimiento a partir de tus tribulaciones.

Me quedo con una especie de pendiente, de tarea o propósito por materializar tus empeños hasta el punto de que sean necesarias muchas jornadas para esa nueva cruzada evangelizadora, la que requieren toreros, aficionados, integrantes de la prensa y los taurinos en su conjunto para cambiar un poco ese triste panorama con el que carga la tauromaquia mexicana de nuestros días.

Cuando haya necesidad de salir y divulgar esa doctrina, diré con satisfacción que esta es resultado de tus inquietudes con lo que se han de cumplir los más caros propósitos, preservando así tu memoria.

En fin, que por ahora me despido mientras la húmeda tarde de hoy, 15 de marzo llora lágrimas por tu partida.

Mi saludo y  mi recuerdo más entrañable, torero.

José Francisco Coello Ugalde.

Ciudad de México, 15 de marzo de 2017.

ORLAS

EDITORIAL. 

SELECCIÓN DE: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

¿ES EL TOREO TORTURA O MALTRATO ANIMAL?

   Se ha publicado en el excelente portal “Taurología.com” (http://www.taurologia.com/), una colaboración que es de suyo, relevante sobre todo en estos tiempos de deliberada confusión. Su director, el reconocido periodista Antonio Petit Caro, quien cuenta con un ojo selectivo muy claro, incluye en dicha página electrónica la visión de un notable académico español, Antonio Arenas, una opinión que proviene de estudios científicos y no de la epidérmica discusión que proviene de encuentros de “banqueta”. En correspondencia con la excelente labor que ha realizado “Taurología.com”, hago mías estas notas que desde luego, serán de enorme utilidad para disuadir la débil reflexión que existe en torno al debate sobre si el toreo es tortura o maltrato animal.

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La respuesta de un reconocido experto: ¿Es el toreo tortura o maltrato animal? Un experto reconocido, Antonio Arenas, catedrático de la Universidad de Córdoba y Académico de la Real de Veterinaria de España, ha realizado un análisis detallado de la cuestión, con el propósito de arrojar alguna luz a aquellas personas que no tienen claro el porqué del toro bravo. Para ello, acude el autor “a argumentos objetivos, ya que los subjetivos, como su propio nombre indica, pertenecen al modo de pensar o de sentir de cada sujeto y me merecen el mayor respeto, los comparta o no. Pero son sólo eso, sentimientos muy personales”.

Actualizado 1° de febrero de 2017.

Antonio Arenas, Catedrático de la Universidad de Córdoba, Académico de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España.[1]

   Aprovechando la actualidad de la sentencia del Tribunal Constitucional que anula la ley catalana que prohibía las corridas de toros, ya que considera que la norma invade competencias del Estado en materia de Cultura, me he animado a desgranar algunas consideraciones técnicas al respecto de la tauromaquia y de los toros.

   Con ello, en absoluto es mi propósito intentar reafirmar la afición en los incondicionales taurinos ni convencer a aquellos que abominan la fiesta nacional; sé que sería un esfuerzo inútil. Pretendo, más bien, arrojar alguna luz a aquellas personas que no tienen claro el porqué del toro bravo. Para ello, he procurado siempre utilizar argumentos objetivos, ya que los subjetivos, como su propio nombre indica, pertenecen al modo de pensar o de sentir de cada sujeto y me merecen el mayor respeto, los comparta o no. Pero son sólo eso, sentimientos muy personales.

   Básicamente, las corrientes antitaurinas basan sus argumentos en que el toreo es tortura y maltrato animal.

   Pero, el toreo en sí es una actividad física, tanto del hombre como de la res bovina, aprovechando la agresividad innata de ésta. Se trata, pues, de una actividad parecida a la que se pueda realizar montando a caballo, haciendo trineo con perros o haciendo trabajar a los animales de tiro (caballos, bueyes…). No hay tortura ni maltrato en estas actividades, como tampoco podemos considerar maltratar a una res el hecho de torearla o correrla.

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   El problema se suscita cuando, durante la lidia, se usan utensilios tendentes a herir físicamente al animal con objeto de estimularlo o para que pierda fuerza y poder así someterlo. No debe escandalizarnos hablar de sometimiento, ya que todos los animales domésticos –y el toro bravo lo es- son sometidos a la voluntad o el interés del hombre: educamos al perro o al gato, domamos al caballo, ordeñamos las vacas u ovejas…

   Sentada esta base de que el toreo sin herir a la res no es tortura o maltrato, podríamos preguntarnos ¿es tortura o maltrato el toreo cuando se hiere al animal?

   Es necesario aclarar aquí que a la res bovina, durante la lidia, no se le hiere por placer o de manera indiscriminada. Existen dos situaciones en las que se hiere a los animales de lidia: en el tentadero y en la corrida. En el tentadero de eralas (becerras de dos años de edad) se las hace entrar al caballo de picar varias veces hiriéndolas con una pequeña puya que solamente pincha su piel sin alcanzar tejidos más profundos, por lo que apenas sangran. Se trata de una compleja evaluación de su comportamiento en el caballo para poder valorar su bravura y sólo se hace una vez en su vida. El tentadero es la base de la selección genética de la raza bovina de lidia.

   La raza de lidia es de las pocas que el hombre ha seleccionado atendiendo a sus características comportamentales y no estéticas o productivas. Precisamente, el comportamiento es uno de los aspectos más difíciles de fijar en la selección genética. Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que esta raza es todo un prodigio genético conseguido por los ganaderos españoles durante cientos de años para un fin concreto: crear un animal fiero pero capaz de embestir con nobleza para lograr una estética muy particular, que podrá gustar o no, pero que es única.

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   La otra situación en las que se hiere a los animales de lidia es en la corrida (básicamente toros y utreros), siendo tres las fases de la lidia en las que se usan utensilios para quebrantar al toro. La primera es la suerte o tercio de vara, donde se utiliza la puya, la segunda es la suerte de banderillas y la tercera es la suerte suprema, donde se emplea el estoque para dar muerte al toro.

   Técnicamente es necesario herir al toro con la puya para quebrantarlo y ahormar su embestida, y por supuesto no se hace para hacer daño al toro por el gusto de verlo sufrir como algunos arguyen. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) define la palabra quebrantar como “Disminuir las fuerzas o el brío; suavizar o templar el exceso de algo”. En este caso el toro es llevado al caballo para que suavice su embestida y pueda ser toreado con más temple, lo que dota al toreo de mayor belleza artística. Un toro sin picar suele ser mucho más bronco en la embestida, cabecea más y lleva la cara más alta, dificultando la lidia. No obstante, esta suerte está muy vigilada y legislada, comprobando la autoridad las dimensiones de la puya, el peso de los caballos, el número de varas a que se somete un toro, etc.

   Tal vez esta suerte debería ser revisada a la luz de la genética actual del toro, ya que la bravura alcanzada hoy día hace que los animales se fijen y empleen más profundamente en el caballo (gracias a la selección genética que apuntábamos) entregándose más, lo que va en detrimento de las siguientes suertes. Además, debería regularse el lugar anatómico en el que se coloca la puya, debiendo realizarse preferiblemente sobre el morrillo, que es donde menos daño hace y donde mejor se ahorma la posición del cuello y cara durante la embestida. Estos aspectos deberían ser debatidos técnicamente con mayor profundidad.

   Por su parte, las banderillas tenían como función técnica la de excitar la bravura de los toros tras salir del caballo y antes de la faena de muleta, especialmente en los inicios de la fiesta cuando la casta del ganado de lidia era bastante exigua. Hoy día tienen como objetivo el lucimiento artístico por lo que, si la suerte no se hace bien, sería preferible obviarla, evitando un sufrimiento innecesario del animal.

Es recurrente la pregunta de si el toro sufre o no durante la lidia. La respuesta es que sí. En una lidia sin herir, existe un cierto sufrimiento psicológico, como ocurre cuando sometemos o contrariamos a cualquier otra especie animal, incluida la humana. En la lidia del toro con picadores, es innegable que existe dolor, aunque la descarga de adrenalina hace que este alcance unos niveles casi inapreciables para el toro. Algo parecido ocurre al contrario, cuando, en el fragor de la lidia, el torero apenas se duele de una cogida. La gran mayoría de los toros indultados en la plaza se recuperan fácilmente y no se aprecian en ellos secuelas físicas o psicológicas, manteniendo luego comportamientos totalmente normales.

   Finalmente, la suerte suprema, la muerte del toro en la plaza, es consustancial a la tradición española desde antes del siglo XII. Este aspecto es uno de los que más molesta a los abolicionistas, que abominan la muerte del animal. Pero es necesario detallar aquí que todos los toros, se lidien o no, son siempre sacrificados. Se habla de que en Portugal no se mata al toro, pero también se hace, apuntillándolo en los corrales.

   ¿El toreo es tortura?

   Debemos echar mano de nuevo del diccionario de la RAE para encontrar la definición de tortura; en él, se la define como el “Grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo”. Como vemos, utiliza el pronombre indefinido alguien, que se refiere a personas; no obstante, podríamos aplicarlo también a los animales. Pero deducimos que la lidia no es tortura, ya que no se trata de causar dolor para así dar castigo al animal por algo malo que haya hecho. Bien al contrario, cuando se hiere al animal durante su lidia, o es con fines de selección genética y por tanto zootécnica, o es para conseguir ahormar la embestida de un animal poderoso y poder expresar así un arte apreciado por multitud de personas y personalidades de las artes, de las letras y de las ciencias a través de los tiempos. Otras personas, en cambio, no ven aquí arte. Es cuestión de sensibilidades.

   Por su parte, la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, en sus artículos 173 y siguientes que tratan sobre “las torturas y otros delitos contra la integridad moral” tampoco contempla a los animales como objeto de tortura.

   Al toro se le hiere durante la lidia, pero no para causarle dolor, sino por motivos que tienen un fin concreto y sujetos a estrictas normas legales. Por estas razones estimamos que el toreo no puede considerarse tortura.

   ¿Es el toreo maltrato animal?

   Recurrimos otra vez al diccionario de la RAE, donde la palabra maltrato aparece definida como “Tratar mal a alguien de palabra u obra”. Una vez más utiliza el pronombre alguien, pero apliquémoslo a los animales.

   ¿Realmente tratamos mal a las reses de lidia? Definitivamente no, más bien todo lo contrario. La cría de las reses de lidia es una de las más naturales que se efectúan en las especies domésticas, habitualmente en parajes de gran valor medioambiental. Se respetan con pulcritud la etología, la alimentación, la genética, la sanidad y todo el manejo natural que se realiza.

   Por ejemplo, en una explotación de vacas de leche, estas son inseminadas artificialmente en el celo y ordeñadas hasta unos dos meses antes del parto; los terneritos suelen separarse de la madre nada más nacer y son criados con leche en polvo adecuada. Tras tres a seis meses (depende del tipo de destete), pasa a los corrales de transición y cebo hasta que alcanzan el peso de venta con unos 14 meses. Durante todo este tiempo, madre y ternero son tratados con todo mimo y cuidado, cumpliendo todas las normas de bienestar y sanidad animal.

   Lo mismo ocurre con las reses de lidia, sólo que los lotes de vacas son apartadas con un semental durante el periodo de cría y los becerros se destetan de sus madres de manera natural a los 7 u 8 meses de vida. Luego pasan a los cerrados con animales de su mismo sexo y edad. Las hembras son tentadas con unos dos años y si no demuestran nobleza y bravura son cebadas y sacrificadas humanitariamente en un matadero; en caso contrario son dejadas como vacas nodrizas hasta que mueren de viejas. Mientras, los machos son separados en corridas con unos 3 años de edad (utreros) y suelen ser toreados con 4 o 5 años (toros). Creemos interesante reseñar que sólo mueren en la plaza alrededor de un 10 por ciento de la ganadería; el resto o mueren en el campo de manera natural o son sacrificados en el matadero.

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   La cría y manejo del toro de lidia, desde que nace hasta que sale por los chiqueros de la plaza, puede ser considerada como el paradigma del bienestar animal.

Pero es que en un encierro o en una capea donde los animales corren libremente en un circuito campando por sus respetos y dando rienda suelta a sus instintos y donde en absoluto son heridos, tampoco hay maltrato.

   Además, durante el traslado, los camiones y las condiciones del viaje y alojamiento deben cumplir la estricta normativa europea de bienestar animal, siendo esto comprobado y vigilado por los servicios veterinarios autorizados y por la autoridad gubernativa y policial. Todo está absolutamente legislado en materia de bienestar y sanidad animal hasta la muerte del toro.

No debe escandalizarnos la matanza o sacrificio de los animales. El Homo sapiens, como especie, tiene todo el derecho del mundo a matar otras especies para su interés, como lo hacen el gato, el león, el lince o el águila. Nosotros, en vez de matar, empleamos el eufemismo sacrificio, porque se hace de la manera más humanitaria posible. La matanza de animales está enormemente reglamentada en todos los países civilizados, cumpliendo todos los estándares que garanticen una muerte digna.

   Teniendo todo esto en cuenta, podríamos considerar maltrato no la lidia o el toreo en sí, sino cuando se hiere al animal durante la lidia, siendo especialmente desagradable para algunas personas cuando el toro muere en la plaza. Pero es que la otra opción es morir humanitariamente apuntillado.

   Aquí me permito una licencia subjetiva… ¿es una muerte digna para un toro bravo morir apuntillado en un matadero? Precisamente creemos que la muerte en la plaza es lo que más se merece (lo más digno) un animal que ha sido altamente seleccionado y criado expresamente para pelear y defender su vida en una plaza de toros ante un torero, creando así un profundo sentimiento (para muchos, artístico, aunque para otros no lo sea). La muerte de un imponente toro bravo apuntillado en un corral o en un matadero sí que nos resulta una muerte indigna para él, ya que cercenamos su razón de ser. A otras personas, por el contrario, les resulta abominable la muerte del toro en la plaza. Como ya hemos comentado es cuestión de sensibilidades.

   Como también es cuestión de sensibilidades el aborto o ‘sacrificio’ de embriones humanos; o la eutanasia o ‘sacrificio’ de personas terminales. A unas personas su sensibilidad les lleva a tomar una posición y a otras les lleva a la contraria.

   Dice Francis Wolff,[2] catedrático de Filosofía en la Universidad de París: “Sólo hay un argumento contra las corridas de toros y no es verdaderamente un argumento. Se llama sensibilidad… La sensibilidad no es un argumento y sin embargo es la razón más fuerte que se puede oponer contra las corridas de toros… pero ¿la sensibilidad de unos puede bastar para condenar la sensibilidad de otros?”.[3]


[1] Disponible en internet febrero 11, 2017 en:

http://www.taurologia.com/respuesta-reconocido-experto-toreo-tortura–4492.htm

1Francis Wolff. 2010. 50 razones para defender la corrida de toros. Ed.: Campo Bravo SL. Madrid. pp 9-10.

[3] Fuente: http://www.portaltaurino.net/enciclopedia/doku.php/veterinarios.

ORLAS

Hoy, 1° de febrero de 2017, recordamos a José Guadalupe Posada, en el 165 aniversario de su nacimiento. Sin más propósito que difundir un pequeño homenaje, dejo a continuación la liga que recuerda ese pasaje, misma que salió publicada en este blog el 10 de octubre de 2012. Aquí la liga: https://ahtm.wordpress.com/2012/10/10/el-arte-por-el-arte-jose-guadalupe-posada-en-los-toros-i/

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ORLAS

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Continuación de la anterior…

   En cuanto a la temporada 2016-2017, el primer gran desencanto fue elevar los costos en el “Derecho de Apartado” así como en el valor de los boletos. Análisis económicos reflejados desde el bolsillo nos pusieron en un predicamento. A lo anterior debe considerarse el error de celebrar festejos sábados y domingos con carteles manufacturados anticipadamente, donde varios de ellos sufrieron alteración debido a que hubo toreros heridos sobre la marcha.

   Las entradas, malas en lo general, con horarios de inicio –a las 5 p.m.- que afectaron su desarrollo. Es deseable y solo sugiero, volver al de las 4 de la tarde. En estos meses invernales oscurece tan temprano que terminamos saliendo de noche, lo que para un espectáculo donde la presencia simbólica del sol es esencial, de tal forma que se pierde gran parte del sabor que los usos y costumbres impuestos a lo largo de varios siglos.

   Y como ya lo había apuntado en algún otro texto, resulta que una decisión, venida de no sé dónde, concluyó en la colocación de un templete, a pocos metros de la entrada principal, sitio en el que se ha instalado un grupo musical que, amparado en equipo de sonido con altos valores de decibeles intenta amenizar el ambiente mientras los aficionados van llegando a la plaza. Y uno se pregunta: ¿estamos arribando a un salón de baile o a la plaza “México”? Podría ser anacrónico o tradicional el hecho de que hasta hace un tiempo, la empresa contrataba a una banda que con sus solas interpretaciones de un repertorio de pasodobles y demás piezas relacionadas con el ambiente taurino lograba mantener un ambiente gozoso, como preámbulo al festejo mismo. Pero ese grupo musical, escandaloso y sin ninguna relación, viene produciendo verdadero malestar entre quienes pueden considerarse aficionados a los toros… y no al baile, que para eso están otros espacios. Ojalá pongan atención en este asunto, que podría resultar incluso banal y de poca trascendencia, pero que como mero detalle, deja mucho que desear.

   De pronto, y con los ajustes que han tenido que producirse sobre la marcha, tuvieron que cumplir o medio cumplir con la traída y llevada “Feria Guadalupana”, que consistió en tres y no los cuatro festejos anunciados, lo que para los altos valores de los boletos y por el hecho de que se celebraron entre el 10 y el 12 de diciembre del año que recién ha concluido, las entradas, como ya lo apunte, no resultaron sino medianas. Considero que el poder de convocatoria de cada cartel pudo haber significado mejores resultados, pero la afición tuvo que decidir entre ir o no ir a este o aquel festejo, estando de por medio otra circunstancia, misma que tuvo que ver con la puesta en marcha del conocido puente “Guadalupe Reyes” en el cual se produce una baja natural de actividades, pues la sociedad, el pueblo, la gente común y corriente, dedican sus tiempos y atenciones a aspectos eminentemente familiares o de todo aquello relacionado con los gastos que se inclinan a las fiestas de fin de año… y eso fue inevitable a la hora de hacer un balance relacionado con lo ocurrido durante esas tres tardes, e incluso con las anteriores… donde existiendo carteles cuya manufactura era cuestionable, pero que poseían poder de convocatoria, el aficionado no se “retrató” en taquilla como quizás ustedes lo esperaban.

   Y vino lo inesperado. Tras la “encerrona” de “Joselito” Adame, cortaron de golpe la temporada, misma se reiniciará hasta el 22 de enero con lo que el ambiente se enfrió, e incluso se congeló de tal forma que independientemente del anuncio de otros seis festejos, es probable que la reanudación vaya de menos a más.

   Han buscado remendar errores y uno de ellos tiene que ver con el precio de las entradas, aunque de hecho la baja en las mismas, aunque podría parecerse a la de la temporada grande anterior, es espejo pero justo cuando la anterior empresa organizaba los carteles de aniversario, con lo que el mencionado “descuento” no será sino una mera seña simbólica. Los tiempos que corren, cargados de adversidades que golpean la economía en nuestro país harán que se presente un momento de incertidumbre para esperar en qué medida responde la afición ante seis carteles cuya confección no presenta novedades significativas. Un poco más de lo mismo (incluso debo decirles que se ignoró rotundamente a un torero que, como Diego Urdiales vino a convertirse en el gran ausente). Los nombres de muchos de quienes intervendrán en los festejos que van del 22 de enero y hasta el 19 de febrero ya resultan más que sobradamente conocidos y archiconocidos, de ahí que no nos resulten novedosos. Aún así, acudiremos a los más que nos sean posibles, siempre y cuando la economía nos lo permita.

   Se agradece que hayan revalorado el horario en el inicio de los festejos pues de las 5 pasan a las 4 y media de la tarde, con lo que el disfrute de la luz del día será benéfico.

   Pongo punto final agradeciendo su atención, en espera de que no se sientan ofendidos. Sin embargo, creo que esto es un sentir entre la mayoría de los aficionados que estamos pendientes no solo de los festejos, sino de un conjunto de circunstancias que los rodean. En la medida en que se ofrezcan mejores festejos, y que de ellos se obtengan resultados satisfactorios, porque eso es clave para la prosperidad de cualquier negocio, tendrá ustedes nuestro reconocimiento. Mientras tanto, son días para trabajar y corregir errores e imperfecciones con tal de alcanzar no digo que la “calidad total”, pero sí un propósito que deje satisfechos a los aficionados y enaltezca a una fiesta que en estos tiempos, necesita recuperar credibilidad, certeza, confianza.

Agradezco su atención.

14 de enero de 2017.

ORLAS

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

Sr. Alberto Bailleres

Sr. Xavier Sordo Madaleno

Coempresarios de la Plaza de Toros “México”

   Me permito distraerlos unos momentos, en el entendido de sus múltiples ocupaciones. Sin embargo, es necesario que tengan conocimiento del lamentable balance arrojado en los primeros 22 festejos que han organizado; 12 novilladas y 10 corridas de toros, en el lapso que va del 11 de septiembre al 12 de diciembre del 2016.

   Sobre los festejos destinados a incentivar la parte juvenil, a los aficionados nos queda claro que no hubo un resultado favorable, a pesar de todos los esfuerzos y de que al final, en precipitado como comprometido cierre, no vimos señales de una figura en potencia, ni la de un novillero con posibilidades de atractivo o “arrastre” popular. Esa circunstancia, en cualquier negocio enciende los focos rojos, pero sobre todo señala las profundas debilidades que ha representado el desdén que existe hacia las nuevas generaciones, donde debe fortalecerse la presencia de escuelas, maestros, pero sobre todo condiciones para que los muchachos se desarrollen en tientas o en otras plazas del país. Aspectos de esta dimensión no pueden abandonarse y en todo caso lo recomendable es abonarlo y estimularlo con objeto de que los prospectos se convenzan o convenzan a partir de sus posibilidades. De igual forma si se concluye que no están preparados para tamaña aventura, es mejor tomar una dura decisión, pero a tiempo.

   Como sabrán, las entradas fueron pobres, precarias, con lo que el resultado o balance de las mismas apunta a pérdidas significativas.

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Los novillos de Zacatepec, probablemente lo mejor de la temporada “chica” en 2016.

Disponible en internet enero 14, 2017 en: http://ntrzacatecas.com/temas/novillos-de-zacatepec/

   El ganado en lo general, justo en presentación y juego, sin nada notable. Esto también es de tomarse en cuenta habiendo de por medio dos factores: novilladas con y sin picadores, lo que marca diferencias notables en el desarrollo de la lidia. De ahí que los ganaderos –así lo esperamos-, hayan tomado cartas en el asunto para corregir las posibles impurezas que se presentaron de acuerdo a sus propósitos como criadores de toros de lidia. Notamos exceso de nobleza pero no bravura (salvo el encierro de Zacatepec, del que era un gusto verles embestir como lo hicieron, lamentablemente con el saldo de aquel novillo que terminó rompiéndose el pitón desde la pala y que, como todo parecía indicar, iba a ser otros de los que habrían puesto en alto, como sucedió, la divisa de tan emblemática como no recurrente ganadería). Es más, me atrevo a comentar en forma personal, que la mejor y única nota de dicha temporada fue el encierro que envió en su momento los señores Alejandro, Mariano, Juan Pablo y Bernardo Muñoz, herederos de una familia entregada a esto.

   Retomo el hilo conductor subrayando que al notar exceso de nobleza pero no bravura, por tanto conviene que se establezcan las diferencias entre uno y otro factor con objeto de no confundirnos, evitando con ello errores de percepción. Para ello conviene detenerme un momento luego de haber ubicado unas notas escritas por el recordado Renato Leduc, quien escribió las mismas allá por 1966. Dice el autor de Historia de lo inmediato:

(…)¿En qué consiste o debe consistir la bravura? El diccionario de la Real Academia la define así: “Fiereza de los brutos. Esfuerzo o valentía de las personas…”. Y luego remacha esta mala definición así: “Bravo, valiente, esforzado, bueno, excelente. Hablando de animales, fiero, feroz…”. Decimos que la definición es mala y véase por qué:

   No hay razón para que la bravura sea una cosa en el hombre y otra cosa en el toro, sobre todo si se tiene en cuenta que el hombres es también un animal y a veces incluso más animal y más bruto que el toro. Va para dos años, don Álvaro Domecq que indudablemente sabe más de toros que las momias de la Academia en una conferencia que dio en el Casino Español insistió y recalcó que una cosa es la fiereza y la ferocidad y otra cosa es la bravura en los toros. Dijo también: “La estampida es clásica del animal salvaje –o feroz-“. Y aludiendo a ciertas reses que había que matar a tiros porque no había manera de arrancarlos del monte explica: “estos toros eran feroces pero quizá no bravos ya que NO HABÍA MANERA DE HACERLOS ACUDIR AL ENGAÑO.

Y sigue Leduc con este otro apunte:

(…) Pero para evitar discusiones, en el caliche tauromáquico existe un adjetivo inventado no sabemos si por Pauiro o Pepe-Hillo: “Boyante” aplicable al toro que se deja lidiar sin mayores dificultades; adjetivo que el diccionario de la Real ha acogido con la siguiente definición: “Boyante –Dícese del toro que da juego fácil”. Y otra cosa: Se puede –hombre o animal- ser muy valiente en unos casos y muy cobarde en otros: Mi general Yocupicio se enfrentaba a tiros él solo contra un batallón pero que no le dijeran que subiera a un avión porque hasta popó se hacía.[1]

CONTINUARÁ, si ustedes lo permiten.


[1] El Sol de México, Sección B, del 15 de diciembre de 1965, p. 6.

ORLAS

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

ESTE BLOG CUMPLE HOY SEIS AÑOS DE EXISTENCIA.

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   Hace seis años, justo el 13 de diciembre de 2010 se puso en marcha el blog APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS (aquí la liga: https://ahtm.wordpress.com/), cuya responsabilidad es de quien firma la presente nota. Hasta hoy he publicado poco más de 1600 colaboraciones con cerca de 330 mil visitas. Este medio, en su condición marginal ya que su cobertura no es igual a la de un portal, ha conseguido posicionarse hasta el punto de que ya es una referencia. Sin embargo, entre las bondades que ofrece se encuentra la de una absoluta libertad de expresión lo que ya es mucho en estos tiempos donde es necesario este recurso que ha facilitado la opción digital y donde por ejemplo, las redes sociales son una consecuencia natural, de acuerdo a su dinámica y contundencia.

   En el curso de estos años, en tanto historiador, me di cuenta de que estaba ausente en el medio de los toros el tratamiento serio desde la mirada histórica, con lo que se procuró desde un principio este tipo de relación, con objeto de dilucidar ciertos aspectos que corrían como “leyenda urbana”, pero sin sustento. Ahora bien, el propósito es más de divulgación que de investigación, donde ambas condiciones son absolutamente complementarias, lo que ha permitido abordar distintos temas que se acercan lo mismo al periodo virreinal, que el siglo XIX y XX. Incluso, los temas de nuestros días en este XXI con todo y su imparable marcha.

   Varias son las categorías que comprenden el constante quehacer y compromiso asumidos, con objeto de que se diseminen en diversas direcciones, procurando llegar lo mismo a interesados como a quienes no lo son. De taurinos a antitaurinos, pero sin entrar en el desgastante asunto de polémicas que, en estos tiempos no traen nada bueno. Así que el “menú” es verdaderamente amplio pues va de series a temas muy concretos, de editoriales a las efemérides, de apuntes sobre técnica y estética, perfiles y biografías de diversos personajes de ayer y de hoy, así como glosarios y diccionarios, sin que falte el análisis puntual de la imagen (fotografías, grabados, caricaturas y otros), recomendaciones y literatura y en fin…, la mar de cosas que por esa razón tiene su razón de ser en el panorama virtual.

LOS “BLOGS” EN EL TERRITORIO DE LA TAUROMAQUIA.

    En 1991, luego de diversas experiencias cuyo desarrollo se remonta hasta 1958, se puso en operación de manera global la versión WWW (World Wide Web), que también en 1972 genera el surgimiento del InterNetworking Working Group, organismo encargado de administrar este recurso tecnológico. Entendida como una gran red de computadoras, con capacidad de generar comunicación entre usuarios y creadores, con sus naturales vinculaciones comerciales, la difusión de la Internet alcanza hoy una dimensión nunca antes prevista. Entre sus múltiples herramientas o derivados, surgen los blogs, bitácoras o ciberdiarios cuya función principal es presentar en condiciones periódicas información creada por su responsable, quien además dispone de absoluta libertad para publicar lo que, a su juicio, considere pertinente. El Blog, además de todo, es un elemento digital cuya dinámica permite tejer redes con otras publicaciones en su mismo entorno y además, generar diálogos e intercambios con sus “lectores”, de ahí que el creador o los creadores estén comprometidos a generar un producto cada vez más atractivo, ofreciendo certeza y credibilidad en sus comentarios. Desde luego que la libertad y el ambiente en que pueden desarrollarse son tan amplios, que han llegado a darse casos extraordinarios en los que en un solo día, el blog de Susie Lau o Susie Bubble recibe poco más de 35 mil visitas.[1]

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   En el estudio que ahora se plantea, pretendo explicar algunos comportamientos que he percibido, para entender la interacción habida hasta nuestros días entre las TIC (tecnologías de información y comunicación) y la Tauromaquia, línea de investigación que he desarrollado por más de 30 años.

   Primero que todo, debo explicar el hecho de que la Tauromaquia es un espectáculo de hondas raíces, cuyos orígenes se remontan a varios milenios atrás. En México, tal forma de expresión de la vida cotidiana se insertó como parte del proceso de asimilación y mestizaje que se produjo como resultado de la conquista española. Por tanto, es en 1526 cuando se tiene registro del primer festejo y hasta nuestros días en que dicha representación con fuerte carga de anacronismos, usos y costumbres se mantiene, enfrentando serios cuestionamientos que hoy, la modernidad ha afirmado bajo circunstancias muy especiales: las que se relacionan con el nuevo tejido de redes sociales que dinamizan acuerdos o desacuerdos, bajo síntomas cuya patología se asemeja a la de la “primavera árabe” o a la de los “indignados”.

   Para que todo esto sea posible, es necesario remontar la brecha digital. ¿Y qué es la brecha digital?

   Su explicación es muy clara en el siguiente cuadro:

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Disponible mayo 21, 2012 en: http://brechadigital.org/%c2%bfque-es-la-brecha-digital/

   En buena medida, la fiesta taurina ha encontrado en la prensa escrita primero. Luego en el cine, la radio y la televisión los medios masivos de comunicación y transmisión para su cobertura. De ellos se ha valido, los ha hecho suyos por lo que la expectativa en dicha dinámica, hasta antes de la aparición de Internet parecía no tener ningún problema. Pero se fue anquilosando, además de que grandes sectores de quienes son afectos a este espectáculo son adultos y adultos mayores, lo que significa en términos generacionales un conflicto habido con las nuevas tecnologías, mismas que fueron encontrando campo de acción, al crearse portales y más tarde, el amplio conjunto de blogs que hoy día realizan sus diversas labores de difusión. Pero también nos encontramos con otros dilemas: ¿Qué certeza de información ofrecen este tipo de elementos y por quién están administrados? ¿Son expertos en el tema, son meros “aficionados”? Y por otro lado: ¿qué sectores notorios de juventudes adaptadas a las TIC están presentes para dar continuidad a la permanencia del espectáculo taurino?

   Para ello, traigo hasta aquí mi caso particular. Soy aficionado a los toros desde 1969, aunque asisto con frecuencia desde 1976. En 1981 comienzo a publicar mis primeras colaboraciones en algunas publicaciones destinadas a la cobertura del tema. En 1996 obtengo la Maestría en Historia por la Universidad Nacional, proponiendo un tema relacionado con la tauromaquia,[2] y de entonces a acá mis actividades profesionales han estado enfocadas a dar un tratamiento académico al asunto, con extensión al nivel doctoral, donde sólo queda presentar el examen de grado.[3]

   El blog que hoy día es de mi responsabilidad, fue puesto en circulación –como apuntaba al principio- en diciembre de 2010, bajo el nombre de: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS, en cuya Justificación anotaba lo siguiente:

Durante un tiempo considerablemente largo estuve sometido a decidir si comenzaba o no esta aventura. He optado por hacerlo, convencido del hecho de que no hay, hasta ahora, un portal, blog o propuesta concreta que plantee un ejercicio histórico o literario que tenga, como tema central a la tauromaquia, y más si esta ocurre en México.

   El atrevimiento consiste en hacer una revisión seria pero gozosa al mismo tiempo, y de igual forma sencilla y profunda que logre atraer no solo lectores o “navegantes” que ya conocen el tema, sino de aquellos otros que desean acercarse con objeto de que entiendan esta manifestación, sujeta hoy día a diversos cuestionamientos.

   El presente es un proyecto de difusión y/o divulgación relacionado con la historia de la tauromaquia en México en lo particular, y del toreo en lo general, para lo cual es posible la existencia de sus diversas manifestaciones o expresiones culturales. La tauromaquia para uno en estado de extinción, para otro motivo de análisis y reflexiones, ha sido esa forma de cultura atada a la larga noche de los tiempos –milenarios o seculares-, que necesita en estos justos momentos, la revisión que permite entenderla a la luz de la razón y el equilibrio. Será necesario sí, el peso de las pasiones para dar, a este propósito –o despropósito-, los fines de su publicación. Nada mejor que acometer esta empresa en momentos difíciles como los que enfrente una forma de vida cotidiana ligada a muchos pueblos, culturas y civilizaciones.

   En el caso particular de México, con casi 500 años de ser una historia vinculada a la historia misma de nuestro país, nos permitirá acercarnos un poco más para entender mejor el significado de la tauromaquia entre nosotros. Nunca mejor oportunidad como esta para que así ocurra.

   Al avanzar este proyecto espero sea posible percibir y consolidar el propósito con el que ha sido concebido, cumpliendo a satisfacción todas y cada una de sus finalidades.

   Las propuestas son ricas y variadas, a saber: EDITORIAL, CRÓNICAS, ANECDOTARIO, EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS, EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICA, EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX, GLORISARIO-DICCIONARIO, IMÁGENES, REGISTROS SONOROS, MUSEO-GALERÍA, ILUSTRADOR TAURINO, RECOMENDACIONES y LITERATURA, FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES, PONENCIAS, CONFERENCIAS y DISERTACIONES, FRAGMENTOS y OTRAS MENUDENCIAS

   Finalmente, hasta donde he venido percibiendo, no hay una página web o “blog” dedicada o destinada a la divulgación de la historia del toreo en México, por lo que considero oportuna su puesta en marcha. Por eso es que este tendrá que ser un ejercicio objetivo cuya mejor apuesta es que los “navegantes”, entendidos o no en la materia; a favor o en contra de esa expresión comprendan su significado, valiéndome para ello de un lenguaje claro. Aún así, considero que será necesaria la herramienta de un diccionario o glosario que permita explicar el uso, contexto y connotación con el que se han de utilizar cada uno de los términos o palabras del lenguaje taurino.

   Pero a todo lo anterior me hago una pregunta básica: ¿En qué medida todos estos recursos cuentan con la autoridad moral del autor para manejar información que resulte confiable?

   Observando la dinámica en un amplio abanico de posibilidades puedo deducir el hecho de que, en su mayoría, son “bitácoras” que han intentado hacer propuestas dignas, sobre todo por el hecho de que el recurso digital permite una presentación agradable, donde los diversos “menús” nos permiten “navegar” entre el texto y la imagen. Sin embargo, pocos se asumen como blogs con fines o propósitos académicos. No se trata tampoco de disuadir a los usuarios con esquemas aburridos o pesados, sino de hacerlos cautivos a partir de la intención que su creador tenga en formar una comunidad y garantizarla, sino de incrementarla. En ese sentido, he intentado buscar opciones en el mismo sentido, que permitan dilucidar un poco ese estado de cosas. Por ejemplo, en el blog denominado: mi+ed: Un lugar para la ciencia y la tecnología, encontraba para noviembre de 2011[4] la siguiente afirmación: Blogs Académicos y sus Mil formas de aburrir al Ciudadano: Los Blogs “Somos los Mejores”. Y así es, en efecto, se trata de una especie de autoexaltación o autoelogio deliberada, no exenta de privilegios en los que el autor se afirma como el único, el indispensable. Pero a lo que voy es todavía más sustancioso: ¿Cuántas de esas alternativas se proponen con una plataforma académica en la que no necesariamente esta condición termine desvaneciendo el interés, sino al contrario, atrayendo más y más, con objeto de crear el vínculo que garantice la credibilidad del usuario?

   Como historiador e investigador del tema en tratamiento, así como me daba cuenta de que en los precisos momentos de incorporarme a la red no había una propuesta seria, a los pocos meses de su puesta en marcha, el síntoma sigue siendo el mismo. En todo caso, aparecen otro tipo de opciones, donde se da fuerte proyección al material fotográfico, o al sustento de pequeñas historias o pasajes, sobre todo entre los blogs nacionales. De los extranjeros, su apuesta es mucho más diversa. Sin embargo, el número de dichas bitácoras va en aumento.

   Una de sus principales características es su capacidad de almacenaje, lo que permite crear, administrar y difundir de manera periódica diversos materiales que cumplen un cometido específico: justificar la presencia de una diversión pública en riesgo, diversión que, en tanto patrimonio o legado requiere un tratamiento muy especial, que se encuentra vinculado con ejercicios y trabajos de reconocimiento por parte de la comunidad que es afín a dicha expresión, con objeto de buscar que la UNESCO le otorgue el valor de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. En ese sentido, el ejercicio cotidiano realizado a través de mecanismos como las TIC, permite una integración a dicha labor, la que ya no se excluye de las otras tareas “oficiales” a que se dispone y prepara para su posible nominación, donde precisamente buena parte de su difusión debe llegar a sectores sociales donde predomina la juventud, segmento generacional que se ha adaptado plena o casi plenamente con estos esquemas. En cuanto a la visión que puedan tener, mantener o conservar los adultos, parece ser que sólo un pequeño sector es capaz de asimilar, pues su postura es conservadora, y prefieren los otros medios de comunicación que han constituido una condición, tradicional de suyo.

    Desde luego, se tiene prevista una futura desaparición de este tipo de instrumentos de difusión, cuyo respaldo podría ser migrado a otra expresión, con objeto de continuar la labor que cada uno de sus autores tenga al respecto del tema que aborda. En este caso particular, “wordpress” es la empresa de la que dispongo para, en forma gratuita, generar dichas labores. En su afán de que las mejoras sean visibles, le permiten al responsable del blog una serie de herramientas de edición, así como de supervisión, permitiéndole conocer la dinámica, el número de visitantes, en tiempo real al día, y luego por semanas o meses. Las vistas por país, palabras clave para buscadores, referencias o sitios de donde provienen esas consultas, contenido de todos los materiales en líneas, así como las taxonomías y el vínculo creado con otros blogs. Una supervisión más se enfoca en detallar las visitas en términos particulares, con lo que se crea una etiqueta denominada “Top Post & Pages”, los “clicks” que diversos usuarios están generando sobre las imágenes, material al que se da un tratamiento de configuración para comprimir muchas de ellas, evitando con ello un uso indebido. En la mayoría de los casos se les ha asignado su procedencia. Finalmente aparece el control que, sobre categorías temáticas ofrece la bitácora, de ahí que el administrador pueda entender las preferencias que el usuario tiene al respecto de su trabajo.

   Finalmente puedo afirmar que, sin deslindarme del compromiso original, y convencido de que mi perfil como historiador es un buen referente de credibilidad entre quienes han accedido al blog: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS, puedo afirmar, en tanto responsable y hacedor de dicha propuesta, que las expectativas han sido bastante favorables, pues se ha pasado de condiciones verdaderamente marginales a una cobertura donde el sólo nombre del mencionado sitio, se ha posicionado entendiendo para ello que la comunidad de aficionados se encuentra concentrada en ocho países,[5] independientemente de otro conjunto de interesados que pudiesen estar repartidos en el resto del planeta, con la clara idea de que la labor allí comprometida, sigue su curso.

   Mi agradecimiento muy especial, tanto a Juan Antonio de Labra como a Jorge Raúl Nacif, Director y Coordinador de Redacción del portal de internet AltoroMéxico.com respectivamente, por permitirme este espacio el de los miércoles, en espera de que la confianza depositada siga rindiendo frutos.

   Y gracias a todos los “navegantes” que día a día siguen y seguirán pasando por esta opción digital, cuyo enfoque es, o podría decirlo Perogrullo eminentemente histórico.


[1] EL PAÍS SEMANAL, Nº 1827, del 2 de octubre de 2011, p. 92-3.

[2] José Francisco Coello Ugalde: “Cuando el curso de la fiesta de toros en México, fue alterado en 1867 por una prohibición. Sentido del espectáculo entre lo histórico, estético y social durante el siglo XIX”. Universidad Nacional Autónoma de México, División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia. Tesis que presenta (…) para obtener el grado de Maestro en Historia de México. México, 1996, 220 h. Ils., fots., facs.

[3] José Francisco Coello Ugalde: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia”. Universidad Nacional Autónoma de México, División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia. Tesis que presenta (…) para obtener el grado de Doctor en Historia de México. México, 2006, 251 p. + 931 p. (anexos). Ils., fots., facs.

[4] http://www.madrimasd.org/blogs/universo/2011/11/17/140797

[5] A saber: España, Francia, Portugal, Venezuela, Perú, Colombia, Ecuador y México.

ORLAS

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

CHARRERÍA: PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD.

   Hace apenas unas horas comenzó a circular la noticia que da pie a esta editorial:

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Disponible en internet diciembre 1°, 2016 en:

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/12/01/se-suma-la-charreria-al-patrimonio-de-la-humanidad

   Tal asunto es motivo de una sincera felicitación a quienes fueron encaminados este asunto por el sendero más apropiado, el que luego alcanzó en las recientes mesas de trabajo, por parte de la UNESCO, dicha nominación.

   Se entiende que no es una labor fácil de manejar, pues ello implicó la presencia de muchos componentes, a favor y en contra. Sin embargo, lo que determinó la toma de decisión es, entre otros, el criterio de que se trata de “un elemento importante de la identidad y el patrimonio cultural de las comunidades depositarias de esta tradición y constituye para ellas un medio para transmitir valores sociales importantes a las nuevas generaciones”.

   Evidentemente, charrería y tauromaquia nacieron juntas, se hicieron fuertes en el ámbito rural y urbano a partir de la participación de cientos, miles de protagonistas cuyos nombres, los de muchos quedaron en el anonimato, mientras otros se consolidaron como figuras emblemáticas y siguen siendo, hasta nuestros días, claro e identificado referente.

   Dicha circunstancia tendrá que ser enaltecida y respaldada por quienes hacen posible, dentro y fuera de los lienzos esa labor cotidiana, manteniendo, conservando y divulgando sus valores.

   Por tanto, conviene mostrar a continuación las siguientes reflexiones.

 PRESENCIA DE LA CHARRERÍA EN LA HISTORIA, EL CAMPO Y LAS PLAZAS DE TOROS DE MÉXICO Y EL EXTRANJERO.

   Para apartar los animales surge en el campo mexicano el vaquero quien, en el siglo XVI creó el rodeo, forma puramente mexicana legalizada incluso por el virrey Enríquez en 1574. Consistía en una “batida circular sobre un territorio amplio en extensión cuyo propósito era concentrar el ganado en un punto “donde con la ayuda de una especie de garrochas, muy parecidas a las andaluzas, se apartaba el ganado que deseaban seleccionar”. Surgió con este nuevo personaje una expresión que acabó siendo nacional, mediando para ello una necesidad primero, la necesidad de un lucimiento no solamente limitado al campo, sino que además, era la plaza pública, la plaza de toros, el otro sitio para obtener el privilegio del aplauso. Y entre la plaza de toros y el campo la expresión acabó transformada en una manifestación artística. En otras palabras, estamos hablando del charro, de sus habilidades y sus destrezas.

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Escenas que no sólo fueron comunes en el campo. La plaza se convierte en la extensión perfecta donde brillaron todas estas demostraciones.

   La charrería en México, surgida desde el siglo XVI, todavía en nuestros tiempos presenta la disputa sobre sus orígenes, que pelean dos estados tan representativos como Jalisco e Hidalgo, en cuyos campos surgen escenas donde los vaqueros realizan suertes vistosas. Lazar y colear se ha convertido para ellos en parte intensa de su vida. Y como los toreros, su vestimenta también fue enriqueciéndose con el paso del tiempo hasta encontrarnos con trajes de gala, verdaderas joyas tocadas por sombreros galanos de soberbia manufactura.

   Durante el siglo XIX hubo, a mi parecer, tres distinguidos “charros”: Ignacio Gadea, Lorenzo Cabello, jefe de los hermanos de la hoja, o los charros contrabandistas de la rama, mejor conocido como Astucia (personaje de la novela histórica de costumbres mexicanas con episodios originales, obra de Luis G. Inclán) y Ponciano Díaz, “mitad charro y mitad torero”.

   La charrería como expresión mexicana pudo conocerse en España, precisamente en 1889 cuando Ponciano recibió la alternativa en la madrileña plaza de la carretera de Aragón, el 17 de octubre de aquel año. El 28 de julio anterior, y en el mismo escenario de su “doctorado” el diestro mexicano vistió el traje nacional y sus mejores suertes quedaron recogidas en sendas obras logradas por la visión siempre grata de Daniel Perea, ilustradas en hermosas cromolitografías que aparecieron en La Lidia.

   Ya en el siglo pasado, algunos otros representantes de este género trascendieron el quehacer en plazas de toros de México y el extranjero como los hermanos Aparicio, allá por los años 30. El 18 de junio de 1964 la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla fue escenario de la “Gran Charreada Mejicana” donde aquel grupo demostró lo bueno que eran en piales y manganas, jineteo de toros, floreo de reata a caballo y a pie, jineteo de potros cerriles y la arriesgada suerte del “paso de la muerte” sobre un caballo salvaje.

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Hugo Aranda Pamplona: Luis Inclán El Desconocido. 2a. ed. Gobierno del Estado de México, 1973. 274 p. Ils., retrs., fots., facs.

   En estos últimos tiempos el rejoneador Ramón Serrano rescató el traje y las suertes del toreo a caballo con expresiones netamente mexicanas, y como un dato curioso, el propio Pablo Hermoso de Mendoza vistió en Toluca, -una moderna ciudad del interior del país-, el traje de charro mexicano, actuación que resultó espléndida según lo cuentan las crónicas, que recogieron sus pasos por aquellos rumbos, la tarde del 28 de octubre de 2000.

   Entre el 21 de junio y el 22 de julio del año en curso, algunas personas tuvimos oportunidad de exaltar los valores de un personaje clave. Me refiero a Luis G. Inclán, cuyas dos ilustraciones para esta nota corresponden a su autoría. De ese ejercicio, obtuvimos un balance positivo, entendiendo la época que le tocó vivir, por lo que una vez más, la charrería y la tauromaquia sirvieron como telón de fondo para un nuevo re-conocimiento para ambas manifestaciones.

   Como se ve, la charrería sigue siendo un arte y un ejercicio que propios y extraños siguen haciendo suyo en virtud de su particular encanto, logrando que el espíritu del considerado “deporte nacional” siga vigente, para orgullo de México.

   ¡Enhorabuena por la nueva declaratoria en favor de la Charrería!

ORLAS

EDITORIAL.

LA CHARRERÍA ES DECLARADA PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO.

   La noticia con que hoy nos despertamos, que además viene a convertirse en una bocanada de aire fresco, nos alienta. Ha sido nominada la charrería como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Tal acontecimiento merece una nota más amplia, misma que será motivo de una siguiente participación en este blog.

   Por ahora, cabe felicitar a todos quienes han participado en ese anhelo, mismo que estimula -por otro lado-, los que se han venido impulsando por el lado de Tauromaquia.

1° de diciembre de 2016.

ORLAS

EDITORIAL.

LA NUEVA EMPRESA SIGUE DE TROPIEZO EN TROPIEZO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Es increíble que una nueva empresa como la que actualmente regentea la plaza de toros “México” siga sin dar pie con bola. Su primer gran desacierto: subir el precio de los derechos de apartado así como el de las entradas de forma considerable. Lo anterior vino a sumarse al hecho de ofrecer una temporada con festejos sábado y domingo, y en el arranque mismo de esa temporada grande mezclar los tres últimos festejos novilleriles que fueron además un auténtico fracaso (sobre todo en balance y en entradas, las tres menores con menos de quinientos asistentes promedio). Tuvieron que echar mano de la promoción, ofreciendo el pago de una localidad –para el sábado o el domingo-. Pero el hecho es que el tenedor o quien así adquiriera su boleto, contaba con el regalo de otro como opción para uno y otro día. Y el resultado fue de miedo. Tres mil asistentes el sábado 26 y otro tanto el domingo 27. El domingo, nada más fue llegar al coso de Insurgentes y lo que nos tenía preparada la empresa era otro de esos errores que no aciertan corregir, pues consideró que en el espacio que queda en la zona de entrada, nada más uno traspasa la puerta principal de sombra, era el indicado para poner un conjunto musical, como si aquello fuera un salón de baile, con el escándalo consiguiente. Pero ese propósito no se corresponde con el espíritu, naturaleza y hasta con los usos y costumbres que han prevalecido en los festejos hasta ahora celebrados en la plaza capitalina.

   Otra falla notoria es su obsesión en programar los festejos a las cinco de la tarde. Medio festejo lo vemos con luz de día o lo que queda de este, y el resto en la penumbra, aunque con el apoyo de la iluminación, misma que, salvo cumplimiento reglamentario, todavía deja mucho que desear en términos del requisito en lúmenes obligados. El sonido también no ha sido resuelto del todo, así que persisten esos problemas técnicos que deberán ser atendidos y resueltos a la brevedad.

   Es cierto, ya se ven cambios que no son meramente cosméticos, sino de fondo. Las nuevas butacas en barreras de sol y sombra dan mejor imagen, lo mismo que los baños, a los que también ya atendieron, luego de que eran auténticos chiqueros. Se aprecia también el remozamiento en escalinatas y localidades numeradas pues eran evidentes miles de fracturas del viejo cemento. Incluso, la isóptica original prácticamente ya se perdió por la aplicación permanente de capas y más capas en los asientos de cemento, consiguiendo únicamente “tapar el ojo al macho” con lo que el remedio temporal servía para salir airosos de la situación, pero no se ponía remedio definitivo al deterioro que año tras año ha venido sufriendo un inmueble de estas dimensiones y con una muy marcada antigüedad. Llama la atención el hecho de que hayan colocado una escultura de enorme formato frente a la puerta de “pases”. Por lo menos en sus características artísticas no encontramos relación alguna con tema taurino, lo cual rompe con el equilibrio del conjunto escultural que rodea a través del muro perimetral a toda la plaza

   Si bien este tipo de espectáculo no se ha renovado en ciertos aspectos. Pero por otro lado, conserva fuertemente la tradición, el arraigo, y alterarlo como lo pretenden ahora arruina o afea esa imagen tradicional. Es cierto, deben hacerse esfuerzos por tener una puesta al día, aunque para ello es necesaria la intervención equilibrada de quienes pretendan tamañas modificaciones.

   Me parece, a título personal que estos no son los medios apropiados para atraer a una afición que se ha alejado, primero por mantenerse bastante engañada, luego por los altos precios de las localidades. También por la idea equivocada (y esto corresponde directamente a la empresa)  de que se puedan llenar los tendidos al solo anuncio de carteles en los dos días finales de la semana. Y ahora hasta nos quitan el aliento con detalles como el del conjunto musical, lo cual deja mucho que desear por el solo hecho de preguntarnos a quién se le ocurrió tamaña tontería. Creo que en términos de publicidad, y publicidad muy bien pensada o diseñada, deben existir infinidad de posibilidades de crear un ambiente más propicio, afortunado, que sea dirigido a una afición constituida por nuevos y viejos aficionados con el propósito de disuadir sus sospechas y generar desde luego, con buenos resultados, el retorno o la atracción que suponga el buen manejo de campañas, dirigidas a encontrar una mejor imagen del espectáculo. Y si a todo lo anterior, la empresa decide entregarse para ofrecer el mejor producto, créanme que los resultados definitivamente van a ser otros… pero como van, todo parece indicar que los esfuerzos por mejorar la imagen del espectáculo estarán condenados al fracaso.

   Justo en estos momentos es cuando más se necesita fortalecer la imagen de la tauromaquia en México, darle credibilidad, usar mecanismos de mensaje que generen fortaleza, confianza. E incluso, hasta puede haber un punto en el que si la apuesta es tal, la empresa, con la enorme capacidad económica que tiene detrás, podría decantarse por propuestas más atrevidas (ofrecer los precios que imperaron durante la temporada 2015-2016, por ejemplo), pero sin llegar a extremos como los que se han venido apuntando hasta aquí y que devalúan o generan desaliento entre los clientes potenciales, que es la afición en su conjunto.

   Los 3 mil o 5 mil asistentes promedio que hubo este fin de semana son el resultado de un conjunto cautivo de aficionados que suelen acudir con frecuencia al espectáculo, pero la plaza tiene 42 mil localidades y no la llenan ni con la confección de los “mejores” carteles que se propusieron ofrecer.

   Hace muchos años que la plaza no registra los llenos esperados, a pesar de que ha habido carteles sumamente importantes (lo del mano a mano entre José Tomás y “Joselito” Adame se convirtió en un asunto atractivo y fallido a la vez, pues los festejos que siguieron al de tan mediática propuesta, la plaza volvió a sus medias entradas de siempre).

   Finalmente debo reiterar que seguir por ese sendero, el de abaratar y devaluar la imagen del espectáculo taurino, primero que todo va en menoscabo de la tradición misma. Y lo otro, es que urge hacerse de un buen conjunto de asesores, capaces de pretender recuperar la honra de la tauromaquia mexicana. Gente experta en mercadotecnia, campañas publicitarias (hechas por taurinos, e incluso por quienes no lo son, pero al final gente sensible), es uno entre los muchos pendientes que nos debe la nueva empresa; claro si quiere recuperar desde luego la confianza de todos sus clientes potenciales, que seguimos siendo los aficionados a los toros.

   Se ha terminado el beneficio de la duda y ahora lo único que esperamos los aficionados es un mejor espectáculo, que para organizarlo con mayor calidad deben dejarse de lado desaciertos como los que hasta aquí he referido. Mi opinión no pretende ser más que el eco de otras tantas que queremos levantar la voz y protestar, reclamar y pedir insisto calidad, no cantidad.

27 de noviembre de 2016.

ORLAS

¿HABRÁ BOLSILLO QUE ALCANCE… O QUE AGUANTE?

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Vayamos a conocer en detalle uno más de los ingredientes de la nueva temporada taurina en la ciudad de México. Me refiero a los precios de las localidades.

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A esto hay que agregar el costo para las tres novilladas que restan, mismas que se desarrollarán empalmadas por lo menos con los primeros tres festejos mayores (se tiene certeza del sábado 19 y domingo 20 de noviembre). Veamos:

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Ahora, aquí tienen ustedes los siguientes diez carteles:

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Cartel en el que por cierto ya se tiene la primera baja, debido al percance que Luis David Adame sufrió ayer en Aguascalientes.

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Veamos qué puede pasar para alguien que tenga un derecho de apartado en la fila N° 13 del segundo tendido de sombra, cuyo precio es de $400.00 el boleto, así como los $120.00 por cada una de las tres novilladas, siempre y cuando decida acudir a todos esos festejos.

   Por las tres novilladas, tendrá que pagar $360.00;

   Por los 10 festejos aquí contemplados, tendrá que pagar $4000.00, sin considerar otro gasto que el boleto, y todo lo anterior por persona.

   Total: $4,360.00

   Lo primero que pasa por nuestra cabeza es si habrá bolsillo que alcance… o que aguante tamaño gasto?

   Como sabemos, los festejos comenzarán a las cinco, hora más que mala pues la penumbra ha comenzado ya y lo único que se aventura es un conjunto de festejos bajo la noche. En España comenzar a las cinco, seis o siete de la tarde tiene otra razón, sobre todo por el punto geográfico en el que está ubicado dicho país, por lo que es factible, y más aún entre la primavera, el verano y parte del otoño que los festejos terminen incluso con luz de día. En nuestro país, como hemos comprobado en estos últimos días, a las cuatro, cuatro y media de la tarde, la penumbra se apodera del ambiente y no queda sino esperar que caiga el peso de la noche a muy tempranas horas. Así que el horario de las cinco ya tiene su inconveniente, e incluso hasta han olvidado que hubo uno muy particular, el de las cuatro de la tarde, que es mucho más tradicional y práctico.

   No conocemos todavía la materia prima: los toros. En cuanto a los carteles, francamente aunque la prensa se haya prodigado en comentarios a favor de la nueva empresa, nosotros los aficionados, vemos en buena parte “más de lo mismo”, y eso que ya no incluyeron -¡gracias a Dios!- a Pablo Hermoso de Mendoza, quien se había convertido en auténtico peligro para la fiesta, debido a la serie de imposiciones que fue desplegando por aquí y por allá hasta empoderarse del control que anhelaba.

   A todo lo anterior, falta agregar por lo menos ocho festejos más, en la que se considera segunda parte de dicha temporada, y donde como ya se sabe, vendrán -por enésima vez-, Enrique Ponce y Julián López “El Juli”, ahora que les favorece estar colocados dos españoles en cada cartel, con lo que se vulnera el Art. 47 de la Ley para la celebración de Espectáculos Públicos en el Distrito Federal (cuya última reforma es del 26 de enero de 200) y que a la letra dice:

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   Y desde luego, al sumar ocho festejos más, en los cálculos que se venían realizando, el poseedor de un derecho de apartado en la fila 13 del segundo tendido de sombra, o quien adquiera el mismo tipo de localidad, y decidan acudir a estos otros festejos, tendrán que desembolsar $3,200.00. Por lo tanto, el presupuesto final para estos 21 festejos asciende a $7,560.00

   Y vuelvo a preguntar: ¿habrá bolsillo que alcance… o que aguante tamaño gasto?

   Mal asunto si esto se materializa en aras de supuestos beneficios que se han advertido, pues ello implicaría el hecho de que los toreros mexicanos también tendrán el mismo tipo de ventaja en ruedos hispanos. Por lo menos así se entendería el funcionamiento en ese fiel de la balanza.

   En fin, que cuanto se aproxima es un conjunto de festejos en el que la afición no solo estará dispuesta a ofrecer el beneficio de la duda. Estará en capacidad de hacer un justo reclamo si las cosas comienzan a deslavarse, de tal forma que, como ocurrió hace muchos años, hubo sectores en la plaza que reclamaron así:

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Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. II., p. 486. Foto: Mayo.

   Veremos y diremos.

Noviembre 7 de 2016.

ORLAS

EDITORIAL.

 UN APUNTE DE ACTUALIDAD HISTÓRICA. LA DECISIÓN EN CATALUÑA A FAVOR DE LOS TOROS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

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   Hace unos días el Pleno del Tribunal Constitucional de Cataluña, derogó el art. 1 de la Ley 28/2010 que prohibía la celebración de corridas de toros y otros espectáculos taurinos en la misma región, que ha mostrado fuertes tendencias nacionalistas, a cuyo componente se agrega el trabajo que ejerció Leonardo Anselmi. Entre otros puntos pudimos saber que la Generalitat menoscabó la competencia del Estado para la “preservación del patrimonio cultural común”. De ahí que convenga, en estos momentos, acercarnos a algunos elementos que pongan en claro este aspecto fundamental.

   La tauromaquia como patrimonio. La naturaleza, el medio ambiente y diversos aspectos con los que convivimos permanentemente sufre no solo severas alteraciones, sino terribles consecuencias. Se están vulnerando de manera descontrolada, sin que hasta el momento hayamos visto aplicar ninguna medida concreta por parte de gobiernos, el estado o todas aquellas instancias que forman el “concierto de las naciones”. Mucho de lo que significan esos entornos, tiene que ver con el hecho de que las afectaciones ya consumadas atentan el valor de muchos “patrimonios”: ya sea de orden mundial, cultural y natural o de orden inmaterial. Si no apuramos nuestros esfuerzos por implantar medidas precautorias en defensa de tales conceptos, nos estamos sumando o convirtiendo -por añadidura-en cómplices o agentes de destrucción.

   En el sentido estricto de definición que podemos encontrar para entender de qué se tratan estos patrimonios, existe una Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural aprobada por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en francés) el 16 de noviembre de 1972, circunstancia que se actualizó en la 32ª reunión, celebrada en París del 29 de septiembre al 17 de octubre de 2003.

   En esencia, sabemos que el término “patrimonio” se refiere al legado que recibimos del pasado, el cual debemos proteger, conservar y rehabilitar en el presente, con vistas a ser transmitido a las próximas generaciones.[1]

   Al referirme en particular a un “patrimonio”, a un “legado” como lo es la Tauromaquia, esta puede ser considerada como “Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”. Para que ello sea posible es necesario reafirmarla bajo los siguientes criterios:

1.-Que el elemento es patrimonio cultural inmaterial, tal y como está definido en el artículo 2 de la Convención, a saber:

Artículo 2: Definiciones

A los efectos de la presente Convención,

1.-Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. A los efectos de la presente Convención, se tendrá en cuenta únicamente el patrimonio cultural inmaterial que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.

2.-La inscripción del elemento contribuirá a dar a conocer el patrimonio cultural inmaterial, a lograr que se tome conciencia de su importancia y a propiciar el diálogo, poniendo así de manifiesto la diversidad cultural a escala mundial y dando testimonio de la creatividad humana.

3.-Se elaboran medidas de salvaguardia que podrían proteger y promover el elemento.

4.-La propuesta de inscripción del elemento se ha presentado con la participación más amplia posible de la comunidad, el grupo o, si procede, los individuos interesados, y con su consentimiento libre, previo e informado.

5.-El elemento figura en un inventario del patrimonio cultural inmaterial presente en el(los) territorio(s) del(los) estado(s) parte(s) solicitante(s).[2]

   Con unas condiciones tan claras como esas, se tiene la certeza de que primero que todo es preciso defender ese “patrimonio”, argumentarlo, revalorarlo pero también entenderlo con todo el conjunto de significados que posee desde el pasado y hasta nuestros días.

   Al mencionar los términos “Tauromaquia” o “corrida de toros” parece que su sola expresión ofende a un sector que se opone a su desarrollo. Pero es desde adentro donde deben evolucionar sus procesos. En todo caso es un espectáculo anacrónico mezclado con la modernidad que se pone al servicio de su funcionamiento en varias de sus expresiones: mercadotecnia, computación y todos sus variantes, servicios mediáticos y un largo etcétera.

   Finalmente debo decir que si bien España y Francia ya han obtenido sendas declaraciones, en México se han logrado en forma estatal o municipal. Ya se trabaja en el propósito en el que, como estado también se agregue a ese propósito. Por tanto, la petición formal que habrá de hacerse en algún momento para obtener la declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad parte de una solicitud multinacional, a la que se agregan países como Portugal, Perú, Ecuador y Colombia, de la cual se esperan resultados satisfactorios que garanticen su preservación y conservación.

26 de octubre de 2016.


[1] Arqueología mexicana. “México en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO”. México, CONACULTA-INAH. Edición especial 39, 90 p. 2011, p. 11.

[2] Op. Cit., p. 15.

ORLAS

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Antes de continuar con la labor de análisis que realizo para explicar, y de ser necesario separar los caminos convergentes que existen en la ruta de la tauromaquia, y formada esta a lo largo de varios siglos, deseo incluir a continuación unas interesantes notas, como todas las que se emiten desde el portal “Taurología.com” (véase: http://taurologia.com/), cuyo responsable es mi buen amigo el Sr. Dn. Antonio Petit Caro.

   El Pleno del Tribunal Constitucional ha estimado por mayoría de sus miembros  el recurso de inconstitucionalidad presentado por el Grupo Parlamentario Popular en el Senado y ha declarado inconstitucional y nulo el art. 1 de la Ley 28/2010 que prohíbe la celebración de corridas de toros y otros espectáculos taurinos en Cataluña. La sentencia cuenta con el voto particular discrepante de la Vicepresidenta, Adela Asua Batarrita y de los Magistrados, Fernando Valdés Dal-Ré y Juan Antonio Xiol Rios.

   Al comunicar esta decisión, el alto Tribunal aún no ha dado a conocer el texto íntegro de su sentencia, que habrá que leer con todo detenimiento. Es un hecho habitual que el Tribunal informe de sus decisiones y que en fecha posterior se divulguen los textos íntegros.

   El Tribunal considera que al ejercer su competencia para la regulación de los espectáculos públicos, la Generalitat ha “menoscabado” la competencia del Estado para la “preservación del patrimonio cultural común”, condición que las corridas de toros tienen atribuida por ley. Ha sido ponente de la resolución la Magistrada Encarnación Roca.

El Tribunal explica que el precepto recurrido se inscribe tanto en el ámbito de la protección de los animales como en el de la regulación de los espectáculos públicos, materias cuya competencia corresponde a la Generalitat. En cualquier caso, el ejercicio de esas competencias por la Comunidad Autónoma ha de “cohonestarse” con las que la Constitución reserva al Estado; por esta razón, la norma impugnada debe ser analizada bajo el prisma de los arts. 149.1.28 CE (defensa del patrimonio cultural) y 149.1.29 CE (seguridad pública).

   La sentencia analiza, en primer lugar, si la norma autonómica afecta al art. 149.1.29 CE, que atribuye al Estado la competencia exclusiva en materia de seguridad pública.

   A este respecto, señala que la competencia sobre espectáculos públicos se refiere a la “policía de espectáculos”, que según reiterada doctrina constitucional consiste en la “reglamentación administrativa sobre los requisitos y condiciones que deben cumplir los espectáculos públicos para garantizar su libre desarrollo, así como la seguridad tanto de los ejecutantes como del público asistente”.

   “No cabe duda”, asegura el Tribunal, de que la Comunidad Autónoma ostenta competencias en materia de policía de espectáculos, que es diferente a la de seguridad pública atribuida por la Constitución al Estado. En consecuencia, el ejercicio de dicha competencia por la Comunidad Autónoma podría incluir “la facultad de prohibir determinado tipo de espectáculo por razones vinculadas a la protección animal”; ahora bien, reitera la sentencia, el ejercicio de dicha facultad por la Comunidad Autónoma “ha de cohonestarse con las que, en esa materia, estén reservadas al Estado, que no pueden verse perturbadas o menoscabadas”.

Constatada la inexistencia de vulneración del art. 149.1.29 CE, el Tribunal analiza si la norma impugnada ha afectado a las competencias estatales en materia de cultura. En concreto, el art. 149.2 CE, que considera el servicio de la cultura como deber y atribución esencial del Estado, y el art. 149.1.28 CE, que le atribuye la competencia exclusiva en materia de defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación y la expoliación.

   En materia de cultura, explica la sentencia, existe una “concurrencia de competencias” del Estado y las Comunidades Autónomas; competencias que han de dirigirse siempre a la “preservación y estímulo de los valores culturales propios del cuerpo social” desde la instancia pública correspondiente. La doctrina constitucional ha señalado que al Estado corresponde la “preservación del patrimonio cultural común”.

   El Tribunal señala el hecho “incontrovertido” de que “la tauromaquia tiene una indudable presencia en la realidad social de nuestro país”; asimismo, explica que las corridas de toros “son una actividad con múltiples facetas o aspectos que explican la concurrencia de competencias estatales y autonómicas en su regulación” dado “su complejo carácter como fenómeno histórico, cultural, social, artístico, económico y empresarial”. Como “una expresión más de carácter cultural”, las corridas de toros “pueden formar parte del patrimonio cultural común que permite una intervención del Estado dirigida a su preservación ex art. 149.2 CE”.

   En el ejercicio de esas competencias, derivadas del citado art. 149.2 CE, el Estado ha dictado un conjunto de normas a través de las cuales “ha declarado formalmente la Tauromaquia como patrimonio cultural”. La sentencia recuerda que la dimensión cultural de las corridas de toros, presente en la ley desde 1991 y mencionada por el Tribunal Supremo en 1998, se ha potenciado después con la aprobación de Ley 18/2013 para la regulación de la Tauromaquia y Ley 10/2015 para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Estas dos últimas normas, que fueron dictadas con posterioridad a la aprobación de la ley autonómica objeto del presente recurso y que no han sido recurridas ante este Tribunal, expresan una actuación legislativa “dirigida específicamente a la preservación de la manifestación que son las corridas de toros”.

   La sentencia explica también que el deber constitucional que los poderes públicos tienen de “garantizar la conservación y promover el enriquecimiento del patrimonio cultural” (art. 46 CE) no puede ser entendido como una obligación de mantener “todas las manifestaciones inherentes a los espectáculos tradicionales, como pueden ser las corridas de toros”. Así, los diversos poderes públicos pueden tener una concepción heterogénea, e incluso opuesta, de lo que deba entenderse “como expresión cultural susceptible de protección”.

   En otras palabras, el legislador autonómico goza de libertad en la “interpretación de los deseos u opiniones que sobre esta cuestión existen en la sociedad catalana a la hora de legislar en el ejercicio de sus competencias sobre espectáculos públicos”; pero esas diferencias de interpretación “han de manifestarse de modo conforme al orden constitucional de distribución de competencias (…), de manera que no pueden llegar al extremo de impedir, perturbar o menoscabar el ejercicio legítimo de las competencias del Estado en materia de cultura al amparo del art. 149.2 CE”.

   Esa es la razón por la que la norma recurrida, al incluir la prohibición de las corridas de toros en el ejercicio de la competencia autonómica sobre espectáculos públicos, “menoscaba las competencias estatales en materia de cultura, en cuanto que afecta a una manifestación común e impide en Cataluña el ejercicio de la competencia estatal dirigida a conservar esa tradición cultural (…)”.

   Nada impide que la Comunidad Autónoma, en el ejercicio de su competencia sobre ordenación de espectáculos públicos, pueda “regular el desarrollo de las representaciones taurinas”; o pueda, en materia de protección de los animales, “establecer requisitos para el especial cuidado y atención del toro bravo”. Y tampoco tiene la obligación de “adoptar medidas concretas de fomento en relación a las corridas de toros”. Pero la prohibición recurrida “menoscaba por su propia naturaleza el ejercicio de una competencia concurrente del Estado (art. 149.2 CE), que responde también al mandato constitucional del art. 46 CE”.

   “El respeto y la protección de la diversidad cultural ‘de los pueblos de España’ que deriva del citado art. 46 CE, y que no es sino manifestación de la diversidad propia de nuestro Estado autonómico, parte precisamente de la imposibilidad de prohibir, en una parte del territorio español, una celebración, festejo, o en general, una manifestación de una arraigada tradición cultural -si su contenido no es ilícito o no atenta contra otros derechos fundamentales-”. Se trata, por el contrario, afirma la sentencia, “de garantizar que aquellas tradiciones implantadas a nivel nacional se vean complementadas y enriquecidas con las tradiciones y culturas propias de las Comunidades Autónomas”.

   Por todas esas consideraciones, el Tribunal acuerda declarar la inconstitucionalidad el art. 1 de la Ley 28/2010 por incurrir en un “exceso en el ejercicio de las competencias autonómicas que invade o menoscaba las que el art. 149.2 CE otorga al Estado”.

   El voto particular que presentan los tres magistrados discrepa de la sentencia por la argumentación seguida en cuanto a la atribución de competencias. Consideran que no se han ponderado suficientemente las competencias de la Comunidad Autónoma de Cataluña en materia de protección de animales y de defensa de los valores culturales de Cataluña.

Disponible en internet octubre 23, 2016 en: http://taurologia.com/constitucional-anula-parlamento-catalan-prohibio-4335.htm

   Si todo lo anterior, lo viésemos como una clara extensión hacia el resto de los otros siete países que comparten dicho patrimonio (me refiero a Portugal, Francia, Ecuador, Perú, Venezuela, Colombia y México) se sabría perfectamente que dichas circunstancias son enteramente las mismas, por lo que con el hecho de que se aplique el mismo criterio, tendríamos como resultado un mismo efecto. Y justo ahora que se aproximan unos días de intenso cabildeo con los representantes del Constituyente para la Ciudad de México, me parece que este claro ejemplo de justicia, viene a darle a la tauromaquia razones de su pervivencia.

   Por tanto, vale la pena recordar los elementos razonados que sobresalen en tan histórica decisión, para que no se vea que existen diferencias culturales o políticas. Los ocho países y sus respectivas aficiones que hoy mantienen este legado (cuya estructura se debe a la multiplicidad de elementos que la constituyen), así como de recursos que provienen de todos los elementos que se incluyen en la siguiente ilustración:

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Por lo tanto, de tan esperada decisión, se hacen notar los siguientes postulados:

-Reafirma su carácter de patrimonio cultural inmaterial.

-Reafirma la libertad de creación artística e incluso el derecho a la educación.

-Insta a los poderes públicos a promover el acceso a la cultura y el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico, pero sobre todo

-Establece que el Estado tiene competencia exclusiva en la defensa de la igualdad de todos los españoles, telón de fondo en el que sobrevino el debate entre el independentismo catalán aunado a la presencia protagónica de Leonardo Anselmi lo cual insufló aquella polémica prohibición de las corridas de toros en 2010.

   Así que a pocos días o semanas de que concluyan los trabajos de análisis relacionados con el texto de la nueva Constitución de la Ciudad de México, bien valdría la pena que los grupos parlamentarios sopesaran con gran cuidado una decisión como la que ahora viene a darle un respiro a la tauromaquia. Sabemos que la reacción de los contrarios, lo cual supuso una dura derrota, provocará estrategias que podrían ser incluso más enérgicas. Veremos y diremos.

23 de octubre de 2016.

ORLAS

EDITORIAL. 

LA CONQUISTA ESPAÑOLA: SU INCÓMODA ACEPTACIÓN.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   En esta ocasión abordó el que fue el episodio de la conquista, la que como sabemos, comprende desde el 21 de abril de 1519 y hasta el 13 de agosto de 1521. El arribo del contingente español representaba un número reducido de soldados y caballos, así como de bergantines. En aquellas circunstancias totalmente desiguales, este grupo tenía mínimas posibilidades de realizar un proceso que significara vencer al enemigo. Es decir, quienes integraban el imperio azteca se podía contar por miles, y con una indudable superioridad bélica. Sin embargo, grupos sometidos como los tlaxcaltecas se sumaron a Cortés, lo que trajo consigo la integración de un ejército lo suficientemente fuerte y capaz como para dar cara a una guerra, lo cual se materializó en diversos episodios, unos más cruentos que otros, recordando fechas como la de la matanza del Templo Mayor, o la batalla de Otumba. Incluso la capitulación misma, ocurrida el 13 de agosto de 1521. Se estaba en un proceso bélico, era la guerra, y las hostilidades vinieron de uno y otro frente, incontenibles.

   Con el triunfo de los españoles, ocurrió un cambio radical pues ello significó el predominio de su cultura, sus ideas para imponerlo como parte de un proceso en el que primero fue la espada. Luego fue la cruz. Y ante ese escenario, conquistadores y conquistados tuvieron que convivir, por lo que diversas circunstancias de vida cotidiana tuvieron que ponerse e imponerse, obteniéndose como resultado una asimilación conciliada que devino en maridaje, donde el padre español y la madre indígena concibieron un mestizaje, esencia que constituyó buena parte del recorrido colonial aglutinado en tres siglos de convivencia. Ese mestizaje tuvo tales comportamientos que en el entrecruzamiento de tres razas distintas: blanca, indígena y negra, surgió tal número de castas que hizo de la sociedad novohispana una representación heterogénea en ideas, religiones, creencias, matices y demás circunstancias hasta producir esa rica expresión mexicana y novohispana a la vez de la cual hoy tenemos un rico catálogo de consecuencias –favorables y desfavorables-, pero que conformaron al fin y al cabo ese complejo tejido social.

   Ambas culturas, española e indígena en el intercambio y aceptación en las formas de ser y de pensar, cargaban con una serie de acumulaciones culturales muy amplias. Dos pueblos que a lo largo de varios siglos manifestaron la suma de otros tantos pueblos, cuya mezcla de este o aquel elemento dejaban mostrar diversas improntas, una de las cuales tuvo que ver con la profunda realidad religiosa. Así que cuando por esos breves años del proceso aquí referido, hubo necesidad de conocer y reconocer lo que significaba cada pueblo en esos personajes, entendieron mutuamente qué extremos alcanzaban sus creencias.

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Códice Tovar. Representación del Zompantli.

   Sabemos, por la lectura que viene siendo parte de estas explicaciones, me refiero al extraordinario trabajo de Michel Graulich, que el sacrificio y muerte de infinidad de guerreros, fue una de las razones que escandalizaron a los españoles, pues estos admiraron ese tipo de representaciones que se consumaba en la antropofagia e incluso en el canibalismo. Incontables fueron esos casos que nutrían un amplio y misterioso aspecto de la cosmovisión, el cual no terminaba en la ejecución misma. Para dejar constancia fehaciente del imperio, era necesario llegar al punto de una escenificación materializada en el zompantli, que hoy admiramos en la talla de algunos de ellos ubicados en el Templo Mayor. Pero aquello tenía por objeto imponer, por lo que diversos cráneos humanos, incluso los de ciertos caballos quedaron más que afirmados, tal cual se puede apreciar en toda su crudeza en una de las ilustraciones del códice “Florentino”.

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Códice Florentino.

   Así que esa “convivencia” inicial y contradictoria, repugnante y escandalosa fue parte de esas primeras realidades, tanto y más en el proceso de conquista que el de la colonización misma. La idea de expansión establecida por el poderoso imperio español también tenía entre sus estrategias la aplicación de métodos de sometimiento. Apenas unos años atrás, 1492 para ser exactos, había terminado una de las más largas batallas, la guerra de los ocho siglos, sostenida entre moros y cristianos lo que debe haber generado diversas estrategias que luego vinieron a aplicarse en menor o mayor medida a estas tierras, ya que la conquista se extendió a otros territorios en centro y Sudamérica.

   La colonización representó un enorme ejercicio evangelizador con propósitos de una clara cohesión, sobre todo a partir de la llegada de los primeros franciscanos, labor que luego se extendió a otras órdenes que poco a poco diluyeron la idea de Tonantzin o “madre tierra” para establecer el culto y veneración de la virgen de Guadalupe, lo que significó la instauración de la religión católica, cuya convivencia terminó asimilada o aculturada en lo que hoy día se conserva o mantiene en nombre de diversas poblaciones. Tal es el caso de San Juan Teotihuacán, San Mateo Atenco, San Lucas Tunco, por mencionar tres del que luego fue ese nuevo universo novohispano.

   Concluyo anotando lo siguiente:

   No es casual que Miguel León Portilla haya titulado a una de sus obras fundamentales como La visión de los vencidos, donde están reunidos una serie de testimonios que recogen el dolor, la pérdida, fracaso, abandono e incluso el que resultaba un nuevo sometimiento que aplicó en una cultura que, tras su capitulación quedaban atrás privilegios y autoritarismos del que fue un imperio.

   El zompaltli es la representación más contundente por el hecho de que en dicho conjunto se reunían los cráneos atravesados de guerreros, e incluso, como ya quedó anotado también de cabezas de caballos que fueron tomadas como trofeos de guerra durante los enfrentamientos entre aztecas y españoles con sus aliados.

   Se encontraron dos religiones contrarias. A Hernán Cortés se le confundió con el mito del retorno de Quetzalcoatl, sobre todo porque influían factores de un tiempo que se cumplía en forma coincidente con el anunciado regreso así como con el color de la piel, o por el hecho de que los conquistadores en su gran mayoría eran barbados. En ese trasvase de ritmos de vida, o de sucesión en las costumbres, se revelaron infinidad de cambios radicales en hábitos, usos y costumbres.

CONTINUARÁ.

ORLAS

EDITORIAL. 

LA IRRUPCIÓN DE ANTITAURINOS EN LA PLAZA “MÉXICO” y UNA LECCIÓN HISTÓRICA. (II).

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   La presencia de lo sobrenatural ha privilegiado a la tauromaquia, al punto de que esta se convierta en la suma de diversos misterios, revelados las más de las veces con uno de los factores más claros y contundentes: el sacrificio y muerte de un toro[1] y que hoy lo mismo asombra que causa polémica, dada la naturaleza de nuestra sociedad, la cual se debate en múltiples ideologías, formando un complejo enredo que entra en confrontación permanente. Religiones y creencias, usos y costumbres se ponen en duda mientras el mundo todo intenta evolucionar (¿o involucionar?).

   Vuelvo a Graulich quien afirma, amparado en Platón:

   (…) Los dones son agradecimiento, reconocimiento de estatus, “el cuidado […] que los esclavos dan a sus amos”, pero también “homenajes, honores y […] una manera de resultar grato” (Platón, Eutifrón, XV, VIII) para merecer recompensa. Do ut des, “doy para que me des”. “Aquí tienes la mantequilla, ¿dónde están tus dones?”, dice el ritual védico.y Sócrates: “Sacrificar ¿no es darles presentes a los dioses; y rezar, pedirles algo?” (Platón, Eutifrón, XIV).[2]

   La fuerte carga de elementos rituales de que consta concebir la tauromaquia en cuanto tal es, hoy día el centro de una de las discusiones que refieren, por parte de sus oponentes el argumento de tortura.[3] A lo largo de muchos siglos, esa condición ha imperado como factor de sometimiento entre los hombres. En todo caso, lo que va a suceder con los animales proviene de otras causas –hoy confundidas gracias a una mala interpretación, e incluso a la excesiva presencia de eufemismos que van generando una mala lectura de las cosas. Me refiero, y no puede ser otra la razón que al sacrificio. Y el sacrificio, como ofrenda de vida-alimento de lo capturado en la caza o en la guerra, procede entonces del don. Veamos en ese sentido que el “don”

En el dominio religioso es un instrumento extremadamente valioso porque, como don, puede presionar a los que supuestamente controlan la marcha del universo, y el mayor sacrificio, el sacrificio humano, puede desde ese momento ser visto como el esfuerzo más patético del hombre para controlar su ambiente y el universo.

   No obstante, el sacrificio ocupaba un lugar aparte por tratarse de seres vivos ejecutados. Esto le confería un valor particular y además llegó a engendrar especulaciones que en ciertos casos lo hacían salir de la categoría del sacrificio-don en sentido estricto.[4]

   El hombre involucrado con la evolución consideró, entre otras cosas, que la culpa se puede pagar con objetos de sustitución exteriores al culpable, ofrendas y, mejor aún, sacrificios de animales o de hombres, que desempeñan el papel de símbolos expiatorios. (Graulich, El sacrificio humano…, 40). Es decir, se fueron distinguiendo una serie de condicionantes relacionadas con la dimensión no solo de diversos actos en los que estuviesen relacionados los hombre entre sí, sino también de factores externos y naturales causantes de una mayor urgencia para obtener dones o superar circunstancias extremas (inundaciones, sequías, plagas, etc.).

   Muchos pueblos antiguos, entre ellos los aztecas, siempre consideraron al Sol como fuente de todas las fuerzas vitales. En ese sentido, vuelvo de nuevo con Graulich: “Los aztecas son el pueblo del Sol: se encargan de guerrear para alimentar al astro; son los colaboradores del Sol, pues luchan de su lado, el del bien, contra las fuerzas de las tinieblas y del mal” (Op. Cit., p. 43).

   Es decir, que justo en tiempos en que dicho imperio se iba consolidando,[5] y obligados por esa necesidad de dominio, predominio y control sobre otros grupos, construyeron elementos de la cosmogonía que permitieron alentar andamiajes hegemónicos, pero también la mitología con lo que fue posible pasar de la ideología a la materialización concreta, entre otras cosas, del sacrificio humano.

   Esta y otras condiciones fueron el conjunto de escenarios con que los conquistadores españoles se encontraron a su arribo justo el 8 de noviembre de 1519 a la ciudad de México-Tenochtitlan, sin embargo, los hispanos ya se encontraban en estas tierras desde abril de aquel mismo año.

   Para entender el proceso bélico que derivó de las diversas hostilidades generadas por uno y otro bando, conviene tener al alcance una serie de fechas claves, reunidas en la siguiente Cronología de la conquista.[6]

 Año de 1519

21 de abril – Cortés llega a la Isla de Cozumel, procedente de Cuba.
22 de abril – Fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz en Chalchicueyecan.
24 de abril – Cortés se reúne por primera vez con los embajadores de Moctezuma.
15-25 de mayo – Creación del primer cabildo español en la Villa Rica.
1-3 de junio – Viaje a Cempoala, alianza con los zapotecas y traslado del cabildo a Quiahuiztlan.
Julio – Quema de las naves españolas.
16 de agosto – Parte la expedición de conquista hacia México-Tenochtitlan.
18 de agosto – Paso por Xalapa.
1-10 de septiembre – Combates con los tlaxcaltecas
16-18 de octubre – Matanza de Cholula
3 de noviembre – Paso por Amecameca.
8 de noviembre – Arrivo a Mexico-Tenochtitlan.
14 de noviembre – Prisión de Moctezuma.

Año de 1520

10 de mayo – Salida de Cortés a Cempoala, al encuentro de Pánfilo de Narvaez.
15 de mayo – Matanza del Templo Mayor, se inician las hostilidades armadas con los mexicas.
24 de junio – Cortés vuelve a Mexico-Tenochtitlan.
30 de junio – Derrota de la Noche Triste y retirada de los invasores.
7 de julio – Batalla de Otumba
8 de julio – Regreso a Tlaxcala.
Julio-octubre – Cortés reafirma alianzas, recibe refuerzos considerables y prepara su regreso a Tenochtitlan.
30 de Octubre – Cumpleaños 35 de Córtes.
25 de Noviembre – Cuitlahuac muere de viruela. Lo sustituye Cuauhtémoc.
Diciembre – Se prepara el asalto a Tenochtitlan y se realizan matanzas en los pueblos aledaños al lago.

Año de 1521

Enero-abril – Cortés duplica el número inicial de guerreros.

Marzo – Se terminan en Tlaxcala las 12 embarcaciones que Cortés necesita para asaltar la isla de Tenochtitlan.
16 de abril – Los ejércitos invasores entran a Xochimilco.
30 de mayo – Da inicio el asalto y asedio a Mexico-Tenochtitlan.
13 de Agosto, captura de Cuauhtémoc, matanza de Tlatelolco y fin de la guerra.

   En la próxima entrega, se hará un profundo análisis sobre lo que significó el encuentro de dos culturas, en principio diametralmente opuestas pero donde una y otra ejercieron, por vía de la guerra sus más avanzadas estrategias.

CONTINUARÁ.

27 de septiembre de 2016.


[1] Esto nos remite a la antigua práctica que el hombre ha sostenido con distintas especies animales ya sea para sobrevivir o para domesticar.

   “Sacrificio” (Enciclopedia Universal Ilustrada, T. 52, p. 1159): Ofrenda a una deidad en señal de homenaje o expiación. // Fig. Acto de abnegación inspirado por la vehemencia del cariño.

   Sacrificio cruento: Inmolación de una víctima ofrecida a la divinidad.

   Sacrificio cruento o con sangre, llámanse aquellos que se ofrecían con efusión de sangre de animales, ya que Dios, como él mismo dice, dio la sangre como medio de expiación. Las víctimas que podían sacrificarse eran solo los animales llamados puros o aptos para los sacrificios, que son los que se indican en el sacrificio de Noé (Gén., 8, 20) y se expresan en el de Abraham (Gén., 15, 9). Estos, a no ser que en casos especiales se determinase otra cosa, podían ser de cualquier sexo o edad, pero solamente de cinco clases o especies, entre otras el buey o vaca o becerro, carnero u oveja o cordero, macho cabrío, cabra o cabrito (…).

[2] Op. Cit., p. 38.

[3] Ellos, los que se oponen, emplean palabras como “crueldad”, “tortura”, “sacrificio” desde unas connotaciones verdaderamente extremosas, por no decir que tendenciosas, contando para ello su credo, que a veces raya en lo intolerante.

   Ahora bien, me parece en todo esto que la razón básica de la diferencia ha creado, desde muchos siglos atrás, la más importante de las razones en la que se establecen posiciones, criterios, creencias, ideologías y demás aspectos que han permitido a las sociedades mantenerse en esa permanente situación de conflicto, más que de acuerdo. Cuando todos esos elementos se integran en la dinámica que establecen los tiempos que corren, sucede que sus individuos asumen diversas posiciones, hasta llegar a unas condiciones tan específicas como heterogéneas que acaban siendo muy particulares. Cuando se ha llegado a estos puntos, es porque ya no se tolera al otro y hay que atacarlo. Incluso destruirlo.

   En los toros sucede algo así.

   Más que decodificar, necesitamos entender en su verdadero contexto los términos, palabras y expresiones usadas para descalificar o devaluar el sentido de una corrida de toros. Veamos qué significan al menos dos de esas palabras: “tortura” y “sacrificio”.

   “Tortura” en la Enciclopedia Universal Ilustrada, T. 62. p. 1556 nos remite al sentido del: Dolor, angustia, pena o aflicción grandes.

TORTURA. Der. V. Tormento.

TORTURA. Hist. V. Tormento.

   Del lat. Tormentum. Acción y efecto de atormentar o atormentarse. Angustia o dolor físico. Dolor corporal que se causaba al reo contra el cual había prueba semiplena o indicios para obligarla a confesar o declarar.

   El tormento –en cualquiera de sus expresiones para conseguir su propósito-, era una prueba y medio para descubrir la verdad, decían los defensores de la tortura; pero, realmente era una prueba sumamente inútil y desigual, en la que siempre el inocente perdía y el delincuente podía ganar; porque, o confesaba el inocente, y era condenado, o negaba, y después de haber sufrido el tormento que no merecía, sufría una pena extraordinaria que tampoco merecía.

[4] Graulich, Ibidem, p. 38.

[5] Consolidación que se alcanza según todo parece indicar en una primera etapa (1375),  justo en los momentos en que los mexicas escogieron a su primer rey, Acamapichtli. En 1427 los aztecas vencen a los tepanecas y se consolida la triple alianza –México-Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan- de la que se esperaba gobernaría el Imperio azteca hasta el final..

   Llegado el momento en que Ahuizotl ocupó el trono (1487), este tuvo el deseo de demostrar cuán fuerte podía ser el imperio que encabezaba, por lo que para inaugurar el templo principal en México-Tenochtitlan fueron sacrificados, en tres o cuatro días unos 80,400 guerreros.

[6] Datos que provienen de: http://conquistamex.blogspot.mx/2006/11/cronologia-de-la-conquista.html

ORLAS

EDITORIAL.

LA IRRUPCIÓN DE ANTITAURINOS EN LA PLAZA “MÉXICO” y UNA LECCIÓN HISTÓRICA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Los antitaurinos tuvieron, hasta hace poco, el propósito de llevar a cabo manifestaciones a las afueras de la plaza de toros “México”. Se les veía y escuchaba con actitud respetuosa por parte de los aficionados que asistimos a dicho espacio donde es posible presenciar una representación festiva denominada tauromaquia. Sin embargo, la tarde del 25 de septiembre de 2016, su desplazamiento alcanzó los tendidos del coso capitalino.

   Dado el aviso de la autoridad para dar inicio al espectáculo, aquel grupo de más o menos 50 personas comenzó a lanzar gritos de reclamo y protesta que derivaron en la necesaria presencia de la policía, misma que se encargó de retirarlos entre la no menos importante actitud de los asistentes que se vieron impulsados a defender un territorio cada vez más cuestionado por parte de aquellos que, defendiendo una causa –que respetamos pero que no compartimos-, pretenden imponer por vía de un discurso, “su discurso”. Es decir, que me refiero al de ciertas ideas que no se corresponden con la realidad, a menos que sea necesario entrar en materia antropológica e histórica (y si cabe la posibilidad lo será en términos de la filosofía, la sociología y otras ramas del saber), como es el caso en esta colaboración. Minutos más tarde de aquel altercado, las cuadrillas partieron plaza y, a la mitad del desfile surgió un peculiar grupo de niños, acompañados por sus padres, corroborando que la presencia infantil en la plaza no es, por ningún motivo para forjar asesinos en potencia. Sería, en todo caso condicionante –de parte de los contrarios-, el hecho de afirmar que un niño en la plaza de toros es un formativo de la violencia canalizada, instrumentación perfecta en y para la ideología animalista o cosa por el estilo, pero siempre con propósitos e información que ponemos en duda.

   Sabemos que desde el momento en que el hombre dio forma a aquella condición denominada “sociedad”, se creaban también una serie de factores en los que se forjaron diversos aspectos que permitirían evolucionar ese esquema de su estadio más primitivo a otro u otros, hasta llegar al que actualmente impera en este mundo globalizado.

   Para ello, han tenido que transcurrir miles de años donde grupos más cohesionados tuvieron que dominar a otros por vía de la fuerza o de las ideas. Entre estas, hay dos expresiones que llaman poderosamente la atención. Una es la domesticación de animales, plantas y peces. La otra, tiene que ver con lo ritual, aspecto que involucra la creación de diversas creencias o religiones así como de su correspondiente cosmovisión, es decir, una manera de interpretar, de comprender el mundo.

   Veamos primero este aspecto desde una mirada antropológica.

   Aquel propósito entretejió una complicada red de fundamentos (e incluso de fundamentalismos) en los que bajo el principio en el que se entendían los ciclos agrícolas, vinculados con la presencia solar, y desde luego todo aquello que implicaba las que para nosotros son la presencia de cuatro estaciones al año. Para esos hombres y con ciertos misterios por resolver, Michel Graulich apunta que

Mary Douglas [establece en Purity and Danger. Concepts of Pollution and Taboo. Routledge, Nueva York, 1971] ha llamado [cuando se refiere a entidades como los montes, las aguas, fuentes, desfiladeros, árboles, animales salvajes y serpientes, al Sol, la Luna, las estrellas, las nubes y los aguaceros, en suma a toda la creación y a todos los dioses] a esto el pensamiento precopernicano: así como para el hombre de las sociedades tradicionales el Sol parece subjetivamente girar alrededor de la Tierra, así el universo en su totalidad parece habitado por intenciones y voluntades dirigidas a él. Desde ese momento se trata de que el hombre establezca comunicación con las cosas sobrehumanas o sobrenaturales para obtener favores, controlarlas, controlar gracias a ellas, acceder a ellas. Los medios de esta comunicación son los mismos que los de la comunicación entre los hombres y, más precisamente, de los hombres con sus superiores o sus enemigos: la palabra para rezar, saludar, alabar, halagar, implorar, preguntar, someterse, reconciliarse, consagrar, dialogar y actos como los gestos de expiación, de saludo, de postración, el don, las purificaciones (con agua, sangre, fuego…), los ascensos (de montañas naturales o artificiales, de mástiles o de postes, de escaleras) que nos acercan a la divinidad, la comida de comunión que une a hombres y dioses, la danza, el trance, que permite participar aún más en lo sobrehumano. Por otro lado, también están las privaciones (ayuno, continencia) que, como los dones, piden igualmente favores, además de facilitar e incrementar la parte espiritual e inmaterial en cada uno.[1]

En dicha panorámica parece encontrarse la génesis de aquellos propósitos en los que el hombre estableció condición, símbolo e incluso desenlace y que operaron bajo un complejo proceso que devino ritual.

   Y el ritual en la Tauromaquia, está metido hasta la entraña.

   Incluso, circunstancias bélicas como la actual guerra sostenida por el Estado Islámico o las protestas raciales en Charlotte (E.U.A.), la guerra en Alepo, desplazados y refugiados tienen de fondo implicaciones de esta naturaleza mezclada, inevitable ya, con el amargo elemento de la guerra. Sea por razones ideológicas, religiosas e incluso por aspectos raciales o de color, pero siempre habrá un dominante sobre un dominado.

CONTINUARÁ.

27 de septiembre de 2016.


[1] Michel Graulich: El sacrificio humano entre los aztecas. Trad. De Julio Camarillo. 1ª ed. en español. México, Fondo de Cultura Económica, 2016. 477 p. (Sección de Obras de Antropología), p. 36.

ORLAS

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