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FUE DEMASIADO…

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Fueron demasiados los errores del Juez de Plaza, partiendo del primero y más relevante: haber aprobado un encierro que, como el de “Teófilo Gómez” tendría el mínimo de presentación para la categoría de la plaza de toros “México” que esta tarde, 5 de febrero de 2017, conmemoraba su 71 aniversario.

   Se trató de seis ejemplares (el séptimo, que fue de “regalo” perteneció a la vacada de Fernando de la Mora) cuya presencia no infundió ningún respeto y hasta se tuvo en el segundo de la tarde, a un astado con poco trapío, cariavacado el cual se derrumbó varias veces no tanto por debilidad, sino por padecer calambres en forma notoria en la pata derecha.

   Fue demasiado el otorgamiento de apéndices, aunque cada uno de los asistentes al final nos convertimos en jueces y no compartimos la misma y voluble decisión de quien estaba en el palco de la autoridad. Y es que allí se suman diversos factores, como el nivel de la faena, los pinchazos iniciales, tanto en la faena de “Morante” al cuarto, como la de “El Juli” al quinto. Del mismo modo, no solo fue demasiado sino un desacierto absoluto haber concedido una vuelta al ruedo a los restos del que hizo quinto, y del que un buen sector del público buscaba que se le indultara, cuando sólo recibió como castigo ya no el puyazo, sino apenas un piquete, suficiente razón para ocasionar el necesario derrame o escape de la sangre, buscando así drenar y equilibrar el flujo sanguíneo en un toro que, como la gran mayoría,  ha salido al ruedo congestionado.[1]

   La rechifla que acompañó la inmerecida vuelta al ruedo dejó claro que los asistentes no se convencieron de aquel ejemplar cuya lidia representó falta de casta, raza, bravura por ende, y sólo fue notoria una porción de nobleza que lindaba con la mansedumbre. Aun así, Julián López construyó una interesante faena, cuyos más intensos momentos ocurrieron en espacios suficientemente pequeños. Ya lo veremos más adelante.

   Pero también fue demasiado que el conjunto de estas reses mostrara el grado de docilidad que puede darse por vía de la intervención genética, labor que seguramente tienen claro todos los ganaderos, y que buscan en ello el resultado de un toro apto para la lidia de nuestro tiempo. Sólo que componentes como la raza y la bravura no estuvieron a la altura de ese producto final, en el que también debe sumarse el trapío, como búsqueda de la perfección en esa raza animal domesticada a plenitud, dirigida y encauzada por el hombre con propósitos específicos para ser aprovechados en un espectáculo cuya razón de ser tiene, entre sus objetivos la exaltación del toro bravo, de su trapío, de su nobleza, de ese ir a más, como auténtico guerrero, preparado para morir en medio de un ritual donde priva el sacrificio. Y bajo esa circunstancia, dejar demostrada su casta, sin más.

   Buena parte de los asistentes al festejo conmemorativo seguramente lo hicieron por primera vez… Ojalá hayan tenido ese toque de coqueteo, suficiente razón para dejarse seducir y regresar en otras ocasiones, hasta el punto de que con el tiempo se conviertan en aficionados, lo cual garantizará la continuidad del espectáculo. Que así sea.

   En ese tenor, la dimensión de las dos faenas centrales, ocurridas en el cuarto y quinto de la tarde, tuvieron una particular dimensión, la que seguramente tomó por sorpresa a tan notorios sectores de aficionados en potencia, que respondieron con emoción ante el quehacer de “Morante de la Puebla” como de “El Juli”, dos grandes exponentes que han consolidado sus trayectorias una vez más, con labores como las que nos compartieron en el curso de la tarde. Es de notar que tuvieron en suerte dos ejemplares “a modo” con los que dibujaron, bosquejaron y materializaron el toreo, cada quien a su modo y estilo. Y como ya sabemos, José Antonio Morante lo hizo prodigando arte a raudales, tocado de gracia, abandonándose en momentos de sí mismo para convertir aquello en obra divina y efímera a la vez. Lo que bordó en el redondo telar de la “México” fue una armonía, un gozo y si no consiguió acariciar la eternidad con el capote (a pesar de prodigarse en remates, o en esas chicuelinas que estallaron como luces de artificio), lo logró sin dificultad con la muleta, sabedor de que contaba con un ejemplar que iba a todas, y aun renunciando de pronto a este o aquel cite, el de la Puebla terminó obligándolo a pasar en rematados pases de pecho, o en el molinete, o el de trincherilla…

   Vino un pinchazo y luego la estocada, pero la faena ya había producido efectos suficientes para demandar, como era lógico, el premio y celebración de aquel héroe. Una oreja parecía ya el mejor balance, pero vino a continuación y sin más trámite la concesión de la segunda. Con un toque mágico, casi imperceptible, José Antonio poco a poco consiguió decirles a los asistentes que esa concesión ya no solo podría haber sido el resultado de una decisión incorrecta, sino a lo que equivalía honrarle y que lo correspondía con esa contundente vuelta al ruedo.

   Fue demasiado lo que vimos entre las capacidades de madurez de un Julián López, ese señor que conocemos desde que, hace ya casi veinte años y siendo un “niño prodigio” nos adelantaba en sus presentaciones novilleriles de gran calado. De entonces a estos tiempos, ha escalado hasta alcanzar sitio de privilegio. Ya se adelantaba en unas chicuelinas bajando. No. Desmayando los brazos todavía más allá, cerca de los infiernos, y tan lejos del fundamento que lograra José Mari Manzanares que también bajó los brazos y los vuelos del capote, en esa natural antítesis que puede percibirse con las excelsas chicuelinas que bordaran Antonio Bienvenida o “Manolo” González, cada quien en su estilo, pero respetando la nota clásica dictada por Manuel Jiménez “Chicuelo”.

   Desde luego que también a toda esa virtud, deben agregarse los “tranquillos” que ha venido afinando, como ese juego de muñecas que aplica para concretar y extender la dimensión del pase (sea con la izquierda o con la derecha) y hasta el que llaman “julipié”, palabra compuesta que imita el propósito del “volapié”, sólo que con su toque personal y que se concreta en el momento del encuentro, produciéndose un peculiar brinco y arqueo del cuerpo que sellan en forma contundente la suerte suprema.

   El hecho es que culminó una faena cuyo andamiaje se concentraba en esa ostensible muestra de mando, pues si no conseguía un pase por aquí, lo lograba por allá, y todo en un abrir y cerrar de ojos, con una muleta a modo de espada, cual consumado “maestro de esgrima”, en alusión perfecta a la obra  de Arturo Pérez-Reverte que lleva el mismo título. Y no sé si era un muestrario más de virtudes que de defectos, pero el hecho es que ante aquella representación de nobleza tirando a descastamiento como fue el desempeño del quinto de la tarde, Julián pudo obtener tan buen resultado que a unos gustará más que a otros. Sin embargo, fue evidente el grado de dominio, ese que ha logrado hasta obtener una economía de terrenos con los movimientos precisos para alcanzar el propósito de “su” faena. Tras el pinchazo sobrevino la estocada que, por golpe de suerte ocasionó luego del encuentro que el de Teófilo Gómez trastrabillara, derrumbándose finalmente. Y como ya se sabe, vinieron las orejas como el premio a su gesta heroica, celebrada ruidosamente luego del desatino en el arrastre de los restos mortales de un ejemplar que, en forma definitiva no mereció tamaño tributo.

   Y de Luis David Adame, ¿qué puede decirse al respecto de su comparecencia?

   Este joven aguascalentense ha venido sorteando el difícil camino de la recuperación tras reciente percance que sigue haciendo notar las secuelas del mismo. En su confirmación le vimos torear con firmeza, pero sin conectar a plenitud con los tendidos. Es una pena porque en su toreo hay muestras evidentes de ese dominio que alcanza niveles de calidad, sobre todo cuando se trata de demostrar planta, temple, colocación y la serenidad que son, entre otros, factores que le permitirán alcanzar deseadas fronteras. Tiene por delante un camino en el que ya ha demostrado la fuente de donde proviene.

6 de febrero de 2017.


[1] Recuérdese que hace algunos años, el profesor Juan Carlos Illera del Portal, adscrito al Depto. de Fisiología Animal, en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, refería el hecho de que el toro de lidia tiene características endocrinológicas especiales, y el toro ante el dolor libera una gran cantidad de betaendorfinas, hormonas que contrarrestan el sufrimiento y reducen el nivel de estrés y el dolor que el toro experimenta durante la lidia. En la suerte de varas, precisamente, estas betaendorfinas se hacen presentes eliminando dolor y estrés.

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SE ESCUCHA EL HIMNO NACIONAL EN LA PLAZA DE TOROS “MÉXICO”.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.  

   Hoy, 5 de febrero de 2017, fue un día marcado por diversas efemérides que por sí mismas, se han tornado en datos para la historia de nuestro país en lo general, y de la ciudad de México en lo particular. Y es que hace un siglo cabal, en Querétaro se promulgaba la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que sigue en vigor, a pesar de las 552 veces que ha sido modificada, por lo que, en buena medida requiere ser puesta al día, y adaptarla a la realidad presente antes que todo ese conjunto de variantes –que ya no se corresponden con la realidad-, siga perjudicando la esencia de un país que en estos últimos tiempos viene sufriendo humillaciones así como un resquebrajamiento social, político y económico que, como un auto sin frenos, podría encontrar pronto el barranco donde terminar su loca carrera o el muro donde estrellarse sin remedio.

   Del mismo modo, hoy 5 de febrero de 2017 se promulgó la Constitución de la Ciudad de México, documento que, como lo califica el maestro Bernardo Bátiz, es de “avanzada” y será modelo a seguir por otros estados del país, como lo asevera también Porfirio Muñoz Ledo.

   También este 5 de febrero y ya en lo estrictamente taurino, se conmemoró el 71 aniversario de la inauguración de la plaza de toros “México”, acontecimiento que contó con un marco admirable, poco antes de que sucediera el paseíllo y durante el curso de este. Aunque a las afueras del coso se apreciaba un ambiente de día de fiesta, el hecho es que al interior, los tendidos no se llenaron en su totalidad…

   Habiendo ocupado mi lugar, observé que en el ruedo, además del arreglo floral que acostumbran colocar en ocasiones como estas, se encontraban cuatro tarimas. Faltando unos 15 minutos para comenzar el festejo, salió un grupo de cuatro parejas ataviadas con el traje de charros y “chinas poblanas” que bailaron, al son del “Jarabe Tapatío” tan hermosa pieza interpretada por la banda de la plaza. Con ellos también estuvieron varios jóvenes que se lucieron, dos a pie y dos a caballo con suertes del floreo, y las crinolinas y otras proezas que suelen ejecutar con la reata. Total, que el cuadro resultó muy atractivo, aunque faltara una voz que por medio del pésimo sonido anunciara aquella escena llena de nacionalismo. Pocos minutos después, la propia banda interpretaba como parte de un repertorio más nutrido, la introducción de la ópera “Carmen” de George Bizet, siendo precisamente la marcha del “Toreador”, pieza que hacía mucho tiempo no se escuchaba en esta plaza.

   Y desde el palco de la autoridad, solícitos parches y clarines dieron la señal de comenzar el espectáculo. Los toreros tardaron más de lo debido en salir de aquel patio de cuadrillas que se encontraba lleno a rebosar, sobre todo de aquellos encargados de la cobertura del festejo, y donde eran interminables los flashes con que fueron integrando sus respectivos reportajes. Para entonces, y por la puerta de picadores, salieron cinco charros suntuosamente vestidos, y montados en hermosos caballos tomaron puesto en medio del ruedo. Quien encabezaba el grupo, empuñaba en su mano diestra la bandera nacional. Y con toda marcialidad comenzó el paseo de cuadrillas, mismo que se detuvo con todo y ritmo del acostumbrado “Cielo Andaluz” para que la ya citada banda, transformara aquel compás de pasodoble por las notas marciales del Himno Nacional –aunque por lógicas razones estuviese ausente la “marcha de honor”-, lo que obligó a todos los asistentes a ponerse de pie y entonar poco a poco la letra que para ese canto patriótico escribiera Francisco González Bocanegra. Quizá faltó un toque marcial más pronunciado, e incluso con buen sonido de por medio, pero el hecho es que se escuchaba un himno vibrante sí; que de pronto emocionaba hasta el punto de causarnos un nudo en la garganta. Pero el hecho es que sentí en todo esto una interpretación triste, poco emotiva, quizá producto de ese tenso ambiente que se vive nada más comenzar el año en medio de las embestidas mal intencionadas del gobierno que, con el solo “gasolinazo” produjeron reacciones de elevado repudio. O las que vinieron del despreciable personaje que recientemente ascendió a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica y quien no se ha cansado de humillar a los mexicanos en su conjunto, sin que haya de por medio una reacción del estado, haciéndole notar lo que significan esas ofensas.

   Fueron gratos y solidarios instantes donde se percibió una extraña unidad, solidaridad que tiene el mexicano en cuanto tal. Pues bien, lo anterior me llevó a hacer una rápida contemplación para recordar en qué otras épocas se registraron hechos como este. Y es que podría rememorar los días, allá por el siglo XIX en que ya instaurada la ejecución del Himno Nacional, este fue interpretado en diversas ocasiones en plazas como el Paseo Nuevo (tiempos de Zuloaga, Comonfort o Juárez), y luego en la de Bucareli (allá por 1888). Se pueden recordar otros pasajes justo cuando acudieron a los toros diversos presidentes de la República, como el General Porfirio Díaz, el Lic. Francisco I. Madero, los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Su presencia era suficiente razón para que se interpretara el himno nacional. Y esto mismo, ya en menor medida siguió ocurriendo en otras ocasiones. Probablemente la última de ellas (penúltima en este caso) haya sido aquella en la que acudió el Lic. Adolfo López Mateos acompañado por el Mariscal Josip Broz Tito presidente de Yugoslavia, justo la tarde del 6 de octubre de 1963 a esta misma plaza. No tengo hasta ahora una afirmación que sostenga el hecho de que en aquella jornada se realizara el protocolo militar que significaba, entre otras cosas, honores a la bandera y la correspondiente interpretación del himno nacional.

   A todo lo anterior, debe agregarse un pasaje anecdótico a cual más. En Orizaba hubo una gran tarde el 19 de enero de 1946, Alfonso Ramírez “Calesero” alternaba con “Manolete” y Fermín Rivera. Y nos cuenta don Alfonso:

   Fermín y yo no habíamos tenido suerte en nuestros primeros toros. “Manolete” tenía en su haber una oreja de cada toro. Al sexto toro de LA PUNTA, lo cuajé. Estando haciendo la faena, el jefe de la banda comenzó a dirigir el Himno Nacional. Yo estaba enredado con el toro, y al pegar el pase de pecho volteé a los tendidos y la gente estaba sin sombrero, los guardias presentando armas y yo seguía con el toro hasta que le pegué un estoconazo. Corté el rabo y me sacaron en hombros. Descansando en el Hotel de Francia, donde nos vestíamos los toreros me dijeron:

   Metieron al director de la banda a la cárcel. Yo era muy amigo del Presidente municipal y allí estaba precisamente conmigo, por lo cual le pedí que sacáramos al director de la cárcel. Al llegar al lugar, Alfonso Ramírez vestía de paisano, no de torero, lo cual no le permitió al músico reconocerlo. Le dice el presidente al director: ¿Por qué tocó usted el Himno Nacional?

   Hombre, mire usted. El torero mexicano le está dando la pelea al torero español, yo dije, porqué no tocarle el Himno Nacional…

   Y tocó el himno nacional.

   Pero no sabe que el himno se toca en actos a la bandera

   Sí señor. Pero yo cometí el desacato y, ni hablar. Ya lo hice.

   Pero sabe usted que tiene quince días de arresto.

   Si señor y cumpliré lo que ustedes digan.

   No más una cosa le digo: si vuelve a torear ese hombre como toreó, se lo vuelvo a tocar!

   Hubo otras ocasiones, particularmente los días en que se celebra a las fuerzas armadas, y donde era costumbre que acudiera el presidente de la república en turno. Uno de los últimos que así lo hizo fue el Lic. José López Portillo… de ahí en adelante no se volvieron a realizar esos festivales con toque taurino en la plaza “México”, sitio escogido para tan significativa ocasión…

   Y ha sido hasta hoy, en fecha particularmente especial en que esta plaza monumental sirvió como escenario para que se escucharan las notas marciales del Himno Nacional cuya música escribió Jaime Nunó. Así que de comprobarse el dato que alude aquella presencia, la de López Mateos y “Tito” se concluye que transcurrieron largos 54 años. Si tal no fuese así, creo que el dato anterior se pierde en la noche de los tiempos, aunque sería posible ubicar la fecha, siendo una de ellas la tarde del 10 de abril de 1938, ocasión en que se celebró la “Gran Corrida Patriótica pro-pago de la deuda petrolera” de la que incluyo parte de la tira de mano:

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   Por lo demás, y en breve, les compartiré el complemento de esta crónica tan especial.

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DE SEGUIR A ESE PASO, LA FIESTA SERÁ UN REMEDO.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Hoy, los gustos de la afición han cambiado radicalmente. Con los hechos, por cierto bastante lamentables que se vivieron en el ruedo de la plaza “México”, no se puede pensar en otra cosa que en la pérdida de esencia en el sentido de lo estrictamente original que tiene el espectáculo de los toros. El desfile de reses provenientes de la ganadería de Montecristo, estuvo encabezado por aquellas banderas de la invalidez, la mansedumbre y la falta de casta, que alcanzaron a convertir la jornada en un tedioso capítulo de desencanto, colmado además por una sesión que fue larga, larguísima, casi tres horas, como si con este remedio los toreros hubiesen querido levantar el derrumbe. Aquella apariencia, la correcta presentación de los ejemplares de Germán Mercado Lamm no tuvo ninguna semejanza en cuanto al pésimo juego que mostraron en la plaza.

   Tras el largo receso que “enfrió” a la afición, este 22 de enero, fecha de notable efeméride con motivo de un aniversario más del nacimiento de Rodolfo Gaona Jiménez (22 de enero de 1888), volvieron a sonar parches y clarines a las 4:30 de la tarde, como primer intento que, por parte de la empresa, pretende corregir la suma de errores que ha venido cometiendo en torno a la organización de esta temporada 2016-2017, agregando a lo anterior un propósito de bajar precios, o ajustarlo al que se cobró justo hace un año, cuando los carteles “conmemorativos” al aniversario de la plaza ya habían sido confeccionados. La entrada –apenas un tercio-, dejó notar el enojo, la desconfianza habida para con los empresarios por una afición que no responde debidamente a los llamados de carteles de lujo, que tampoco tienen la mejor manufactura, y que vienen a ser  incluso “más de lo mismo”. Y durante la lidia, tuvimos que observar ciertas alteraciones que ya son aceptadas por esa neoafición que se ha instalado en nuestros días. He aquí algunos ejemplos.

   Quedó comprobado que ninguno de los tres espadas: Miguel Ángel Perera, Juan Pablo Sánchez y Diego Silveti no lograron nada de notable con la capa que no fueran meros esbozos, pero sin llegar siquiera al sobresalto.

   Durante el primer tercio, la presencia del varilarguero prácticamente es decorativa, pues aquel momento en el que se determinan infinidad de cosas relativas al toro y la bravura de este, todo queda reducido a un puyazo, monopuyazo o apenas el leve castigo de un “refilón”, después del cual el astado sigue bajo el peto y son los subalternos quienes tienen que quitar al ejemplar, arrancarlo de ahí, ante la mirada conforme de los matadores que se mantienen impasibles en esos momentos, por lo que el antiguo “quite” ese que era retirar al toro para reducir el peligro de un percance y donde las figuras se lucían en lances emotivos, hoy es un mero trámite que los diestros decoran con algunos capotazos que muchos suelen llamar “quites” cuando ya no lo son. Se trata en todo caso de lances con un toque de gracia o de exposición. En seguida, y ya durante el segundo tercio, los banderilleros unos, no todos, dejan ver sus deficiencias y por tanto tenemos que soportar ese desgaste de peones que tocan y vuelven a tocar, lancean y vuelven a lancear sin miramiento alguno a un ejemplar al que van minando innecesariamente.

   Ya para el tercer tercio, lo que queda por ver es el comienzo de una faena en la que dejar ahormado al animal para disponer de él en la faena, es recurso que ha desaparecido. Esos pases de castigo, en todo caso suelen verse al final del trasteo, mientras todo se conduce por el intento de faenas que pretenden lucidas, bonitas, que es en buena medida, propósito de la moderna tauromaquia. Sin embargo, con esto queda demostrada la pérdida de otro elemento de valor donde gana el arte, pero pierde la técnica.

   Y esta tarde, ¡cómo sufrimos con esa fallida labor con la espada! en la que los alternantes, como si hubiesen logrado un acuerdo común, se fueron de balde pinchando en hueso, y más de alguno demostrando que con la espada corta de descabellar no se llevan. En seguida vino la participación de los puntilleros, dos señores respetables, llenos de años, pero no de facultades cuya imagen ya no es tan agradable. Se necesitan personas más jóvenes para cumplir con dicho cometido y no a estas personas que un buen día pueden ser blanco de algún percance. Algo tendrá que hacer la Asociación de Banderilleros, Picadores y Puntilleros procurando evitar un caso desagradable producido por algún momento de riesgo o peligro.

   El fuerte signo de decadencia que esta tarde pudimos contemplar con tristeza, nos pone una vez más en alerta, pues de seguir a ese paso, la fiesta será un remedo. Los principales responsables, en esta ocasión fueron el ganadero y la empresa. Desde luego, que otro reflejo de esa indiferencia provocada por la ausencia de bravura, fue esa actitud relajada y relajienta que se hizo notar en los tendidos. La gente no estaba metida en los toros, sino en otra cosa. En la medida en que la emoción estuvo ausente, esto fue suficiente para dispersar, distraer y no conectar con el sólo ambiente que por sí solo es necesario para atraer… pero no hubo tal. Y eso no produjo sino algunos momentos en donde por ejemplo Juan Pablo Sánchez se acomodó con el quinto, y que de tanto liarse con él, debido a lo corto en sus embestidas, pasó un apuro que repuso volviendo a recuperar el ritmo de esa faena que, entre altibajos también recobraba aliento.

   Para terminar con estas notas que parecen ser el reporte de un desencanto, creo que hoy los pacientes aficionados tuvimos que sortear la notable e incómoda presencia de vendedores, que no dejan de moverse, de realizar su propósito, pero sin que se queden sentados esperando el momento en que tras la primera estocada y luego ya cuando el siguiente toro aparece en la arena, sea el tiempo preciso para sus empeños de venta y despacho de cuanto se ofrece en los tendidos. Aquello es un verdadero mercado, donde la novedad fue la del ofrecimiento de bebidas alcohólicas, servidas al pie del lugar de quien las solicitara, como si de un bar se tratase. La delegación “Benito Juárez” y sus inspectores deberían darse una vuelta a la plaza para regular esa venta desproporcionada y sin control que incomoda a quienes asistimos. El “pasadero” de vendedores con cervezas, canastos, bebidas, y otros productos es una auténtica monserga que debe controlarse, evitando con ello que se desaten por aquí y por allá distractores que entorpecen nuestra atención.

   Y la cereza en el pastel fue la aparición de aquel joven que, saltando del tendido al ruedo, como si de un “espontáneo” se tratara, este consiguió en parte su propósito al despojarse de una chamarrilla con lo que quedó pecho y espalda al descubierto. En ambos sitios se podían leer frases de rechazo ante lo que para él era la tortura. No más tortura, se alcanzaba a leer no solo en su cuerpo sino en un cartel que alcanzó a desdoblar. Aquello duró unos cuantos segundos y se le retiró en medio de un fuerte reclamo de los aficionados, quienes no pararon al descubrir en el tendido a los “cómplices”, otras cuatro personas que materialmente fueron lanzadas de la plaza.

   Mal la pasamos, y no quiero que estas notas queden como símbolo del pesimismo, pero se necesita poner atención en todo lo aquí apuntado más otros factores que, por mínimos pero no por ello vitales en la lidia, deben ser atendidos para evitar en lo posible que vuelvan a repetirse. La tauromaquia, ya lo advertía, está cambiando, pero ese cambio se debe a deficiencias que son en realidad, descuidos o abandono generados por la ausencia de factores tan indispensables como esa notoriedad en bravura, presencia, codicia, edad, presencia y demás circunstancias que parten del eje central del espectáculo: el toro. Sin todo esto, vuelvo a repetir, el espectáculo sólo será un triste remedo.

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“MORANTE DE LA PUEBLA”, “HIEROFANTE” DEL TOREO, LLEGÓ A LA CUMBRE.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Rosa Montero, reconocida escritora española, acaba de consignar en una reciente colaboración periodística, y justo en el texto que tituló como “Una hermosa lágrima”,[1] el pasaje de un mendigo callejero que produjo en ella la profunda sensación de “un regalo en forma de cristal que refleja la dignidad y la belleza de la vida”. Por su relevancia, lo reproduzco a continuación:

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   En su interior, hay una expresión que hoy, tras admirar la nueva comparecencia de José Antonio “Morante de la Puebla” nos lleva a entender que cuanto se produjo en el ruedo de la “México” fue tan similar a aquel sucedido que nos cuenta en el clímax de su texto la autora, entre otras obras como La loca de la casa:

   Horas más tarde, aún trastornada por el suceso, escribí a un amigo contándole la historia, y él me contestó: “Es un hierofante; no sientas pena de él”. Me pareció precioso: sí, un hierofante, que en la Grecia antigua era el sumo sacerdote de los cultos mistéricos. De hecho, la palabra hierofante significa “el que hace aparecer lo sagrado”, y eso era exactamente lo que había logrado…”

… y logró, ahora volviendo a estos territorios espirituales, el de la Puebla del Río.

   Así que, convertido “Morante de la Puebla” en auténtico “hierofante”, parece que la referencia, aunque compleja en el uso de una expresión que no es común, comprende su dimensión como un absoluto.

   Y el “torito de la ilusión” se llamó… Peregrino que como todos los de esta tarde, correspondieron a la traída y llevada ganadería de Teófilo Gómez, por aquello de que es “garantía de éxito”, aunque no en presentación, pues todos a pesar de los pesos que se definieron, no se correspondían con la realidad. Veamos si no.

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El Programa. Plaza México. Año 30 N° 1025, 8ª corrida. 11 de diciembre de 2016 (páginas interiores).

El orden en que salieron fue este:

Agua Clara (N° 359), 508 kg.; 2° Don Ricardo (N° 355), 491 kg.; 3° Sanjuanense (N° 375), 530 kg.; 4° Peregrino (N° 337), 520 kg.; 5° Romancillo (N° 325), 540 kg., y 6° Farolito (N° 345), 536 kg.

   Más claras no pueden ser las evidencias.

   Con Peregrino sucedió el reencuentro. Y José Antonio, enfundado en ese lila y azabache que daba aires de invocación cercana al milagro, comenzó un despliegue de lo bello y efímero. Se le veía ya en estado de gracia, cuyos inciensos bordaron verónicas y chicuelinas, rematados ante el alarido de una asistencia ávida del milagro, como el que ya rememoran los mexicanos y guadalupanos creyentes del sucedido al pie del cerro del Tepeyac.

   Del castigo justo, como de trámite, con el piquero pasamos a un tercio de banderillas donde a su término los de la cuadrilla saludaron la ovación con montera en mano. Y “Morante” al brindar la faena, nos advertía que el sobresalto estaba por suceder.

   Y así fue.

   Andándole de las tablas a los medios concibió el preámbulo bordado de gozo. Por la derecha, consiguió prodigiosos momentos. “Morante” tiene la virtud de escaparse con ligereza de esos cartabones que en realidad no dicen nada, salvo que se repitan una y otra vez, con lo que se pierde la esencia de una estética que intentan pero no encuentran. Así que el andamiaje de esta faena se forjó con el toque de la gracia.

   El de Teófilo Gómez cumplió a cabalidad con los estándares de tan consentida ganadería, por lo que la garantía de triunfo llegó felizmente, como llegó el momento de la culminación, en la que tras una estocada que ejecutó dentro de las normas clásicas, consiguió que el cuarto de la tarde-noche rodara “patas pa´rriba”, como bravo guerrero. (Dos orejas y vuelta al ruedo, tras el arrastre lento a los restos del ejemplar).

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Morante de la Puebla, en olor de santidad. Disponible en internet diciembre 12, 2016 en:

http://www.altoromexico.com/img/cmsgaleria/galimg99842.jpg

Fotografía: Sergio Hidalgo.

   En su primero, ya nos había anticipado entre buenos y firmes apuntes lo que vendría con su segundo. Con tal escenario, José María Manzanares intentó dos trasteos que no pudo rematar como quizá era su propósito. Pero los duendes no lo permitieron, así que todo quedó en buenas intenciones.

   Por lo que respecta a Gerardo Rivera, nos llevamos una grata impresión en el de la confirmación. Bien plantado con la capa, con banderillas superior, con mucha habilidad y certero. Es ya un rehiletero que confirma, en su caso, a uno más de los de la escuela clásica mexicana. Con la muleta también estuvo muy valiente, corriendo la mano y deletreando cada pase, entre los que destacaron los saboreados pases de pecho. De tan valiente, y al intentar una “arrucina”, se puso en calidad de carne de cañón, con lo que se llevó tamaño susto, del que ni siquiera se miró la ropa. En ese toro y con el sexto mostró pocas habilidades con la espada así que el gozo… se fue al pozo.

12 de diciembre de 2016.


[1] EL PAÍS SEMANAL, N° 2097 del domingo 4 de diciembre de 2016, p. 96.

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CON LOS DE “EL VERGEL”… POCO OROPEL.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En efecto, los toros propiedad de Octaviano García Rodríguez, procedentes de la Hacienda Soledad, en Vallecillo, Nuevo León fueron ejemplares que, en conjunto no mostraron un comportamiento homogéneo. Antes al contrario, lo heterogéneo de lidia y juego de los seis que se lidiaron, arrojó un balance harto interesante que sirvió de mucho para entender no solo el arte de los toros. Sino la técnica que va aunada a aquel ejercicio. Y no es que hayan sido toros terroríficos, sino por el hecho de que la lidia –vuelvo a ese término clave-, la lidia hubo de tener algunos cambios frente a lo que la estandarización nos tiene acostumbrados.

   Con los de José Julián Llaguno en su nueva línea o encaste Domecq (vía Jandilla), los aficionados asistentes el sábado 26 a la plaza “México”, tuvieron el privilegio de reencontrarse con toros. Lamentablemente no fue lo que se esperaba… Y este domingo 27 de noviembre, la materia prima estuvo formada por un encierro justo en presentación, y donde cada uno de los seis ejemplares se desbordó en diferentes comportamientos lo cual fue de enorme utilidad para quienes se encontraban en el ruedo y para aquellos que, desde los tendidos observamos y analizamos el desarrollo del festejo.

   A Sergio Flores le correspondió un lote complicado, sobre todo su primero con el que las cuadrillas naufragaron en pésima actuación. El tlaxcalteca terminó doblándose con él, castigándole para someterlo y todavía tener algo con qué lucirse, pero no se lo permitió. Así que la labor fue de una brevedad que se agradeció. Con el quinto de la tarde, Flores tuvo enfrente a un ejemplar que parecía mansear, pero que entre sus negativas de embestir y luego hacerlo con fijeza pudo forjar una faena a la cual, y si me apuran, faltó ese ingrediente de reposo para encontrar mejor equilibrio. Sergio en algún momento estaba tan entregado que no supimos en realidad qué quiso hacer en ese instante, pero corrigió a tiempo y volvió a tomar el paso, obligando al de el Vergel a permanecer en el centro del ruedo, cuando este pretendía irse a la querencia –y que en algún momento lo logró-. Sin embargo pudo más la voluntad tlaxcalteca que se extendió en otros tantos momentos, hasta culminar con una casi entera, traserilla que derrumbó al que hizo quinto. La petición fue unánime, aunque habría sido suficiente una oreja. Sin embargo, la demanda obligó a que Jesús Morales se retractara de su decisión como Juez de plaza y de uno pasar a dos apéndices, lo que en automático generó esa especie de devaluación a lo ya sentenciado. Si la decisión de la máxima autoridad en la plaza se altera en esa forma, genera un distanciamiento más con el rigor y la justicia.

   Tanto en ese toro como en alguno más, se desató una especie de miedo colectivo entre los de a pie, pues no atinaban colocar un par de banderillas como es su obligación. Pasaban en falso, intentaban, y así lo consiguieron, colocar los palitroques con el recurso poco afortunado de la suerte de sobaquillo. Y peor aún, en angustiosas carreras pretendieron más de dos colocar un palo. Lo único que estaban causando era una pésima condición en la lidia, pues a sus carreras y pasadas en falso se agregaban más capotazos. Penosa circunstancia que soportamos, y que deben evitar en lo sucesivo.

   Fermín Rivera que carga con ese nombre, el mismo que llevó su abuelo, se ostenta como un torero a lo clásico. Le falta “romper” para convertirse en definitiva en la figura del toreo que muchos hemos esperado de él. Llevamos varias temporadas cargando con esa paciencia de santo, y hoy casi lo logra, pues consiguió además de unas lucidas chicuelinas, construir una faena en la que fue posible apreciar firmeza en el trazo, rotundidad en los remates. La estocada, casi entera tardó en hacer efectos. El toro se refugió en tablas pero no se dejó humillar para el descabello. A Fermín en tanto, se le concedió una oreja y con ella dio merecida vuelta al ruedo.

   El español José Garrido, en la confirmación de su alternativa diré que cumplió dignamente y que estuvo voluntarioso, aunque sin conectar con los tendidos salvo en algunos momentos afortunados.

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¡NO NOS MERECÍAMOS ESTO!

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Ocho ejemplares de José Joaquín Marrón Cajiga dieron al traste con una tarde-noche en la que la mansedumbre, junto a los constantes derrumbes de los cornúpetas en el ruedo nos dejan ver –una vez más-, cómo la fiesta se va al precipicio, sin posibilidad alguna de salvación.

   Hace ocho días, un lleno esplendoroso. Hoy, domingo de Super Bowl, las mayorías decidieron quedarse en casa y disfrutar toda esa parafernalia del balón ovalado, mientras en la plaza de toros “México”, se registraba una entrada de novilladas. El asunto no para ahí. Sabíamos los asistentes que hoy nos recetaban un cartel de cuatro matadores, con lo que justo antes de las ocho de la noche, estábamos saliendo del recinto cabisbajos, derrotados, luego de soportar aquel desagradable espectáculo en el que la bravura, la pujanza y otros factores que son característicos en el toro, simple y sencillamente brillaron por su ausencia.

   Si ya en presentación dejaron que desear, en el juego fueron candidatos seguros para la yunta y esto se lo tendrá que pensar muy bien el ganadero, para resolver el tremendo galimatías que hoy tuvo que encarar. Pero también la autoridad, ¿será capaz de valorar y poner a discusión el retiro del cartel por tan malos resultados?

   Lo que hicieran Francisco Rivera Ordoñez, Diego Silveti, Fermín Espinosa “Armillita IV” y Juan Pablo Llaguno desmerece ante unos remedos de toros que además rodaron por la arena incontables ocasiones causando el enojo de los pocos asistentes, que se portaron con bastante decencia. Esto en otros tiempos, hubiera sido motivo suficiente hasta para destruir una plaza o que los aficionados bajaran al ruedo mostrando su indignación por el fraude que se estaba consumando. Evidentemente los tiempos han cambiado, pero lo que hoy hemos presenciado es el reflejo de la crisis que vive el espectáculo en todos sus aspectos, y más aún los que se materializan en la plaza de toros, cuando se lleva a cabo el festejo, eso sí bajo la fuerte presencia del azar. Pero si el azar es todo ese conjunto de circunstancias que he intentado resumir en estas notas, solo puede tenerse como resultado la debacle.

   ¿Qué hacer al respecto?

   En esto mucho tiene la culpa la empresa que no ha sabido cuidar ni sus propios intereses… menos los de los aficionados a quienes nos someten a una especie de graciosa explicación de “Confórmate con lo que te ofrezco”, y además nos cobran unas cantidades que no se corresponden con lo que pagamos. Así que hoy tuvimos el clásico fenómeno del “kilo de a ochocientos gramos” o una supuesta buena bebida rebajada con agua. También ya poco esperamos de las autoridades que no están haciendo su papel y quedan reducidas a ser “convidadas de piedra”. Y me refiero tanto a las de la delegación “Benito Juárez” como a las de la Jefatura de Gobierno que tienen abandonada a su suerte a este espectáculo. A todo lo anterior, esperamos un quehacer digno y responsable de la prensa haciendo un severo extrañamiento. No es justo que la fiesta se desmorone, y más en estos tiempos en que se “enseña el cobre” de esta manera. No bastan declaratorias de Patrimonio Cultural Inmaterial a favor de la fiesta si por otro lado se preparan casos de posible prohibición, por ejemplo en San Luis Potosí, donde ya sólo están esperando un buen momento para consumar ese anhelado propósito. Por lo tanto, no es casual la presencia de movilizaciones de grupos antitaurinos, como la que hoy se registró en el Monumento a la Revolución, bajo la consigna de “Abolición ¡Ya!” contra las corridas de toros. Parece que eso estamos esperando.

   Un delicado asunto también se dejó notar en esta jornada: el monopuyazo, lo que significa que la crianza ha tocado fondo en el hecho de producir un “toro” que no acomete a las cabalgaduras, y si lo hace es porque los públicos, profundamente sensibles y alterados en su percepción, tienen por idea el hecho de que la suerte de varas es precisamente eso: la reservada acometida de reses que apenas tienen la suficiente fuerza para embestir, recibiendo a cambio un puyazo, lo que no puede traducirse sino en descastamiento a pasos acelerados.

FORMIDABLE BRONCA EN LA PLAZA DE EL TOREO

   Los hechos sucedidos la tarde del 7 de febrero de 2016 en la plaza de toros “México” son de suyo delicados y requieren una especial atención, evitando con ello que la fiesta de toros en este país registre otra estrepitosa caída, si no queremos de veras que esto produzca una especie de paro respiratorio y con ello la declaración de muerte. No exagero, pero las condiciones no están para seguir tolerando lo que sólo se mantiene con “pinzas”. Espero que no tengamos que convertirnos en cómplices de esta amenaza que hace agua en la complicada embarcación de la tauromaquia mexicana.

7 de febrero de 2016.

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CON LA ESPERANZA DE MEJORES TIEMPOS, FIRMAN JOSÉ TOMÁS y JOSÉ ADAME.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

Dedico estas notas a una “tomasista” o “tomista” declarada, Rosana Fautsch F.

   Han pasado ya todos los alientos causados por el que fue, en términos publicitarios, el espectáculo taurino del año. Seguramente habrá otros que le superen en términos de balance, a menos que se repita la condición más importante: la de un lleno en la plaza de toros “México”. Pero además, el festejo aludido vino acompañado de elementos que orbitaron como un auténtico sistema solar en el que el “mano a mano” José Tomás y “Joselito” Adame se convirtió en eje central de este episodio, que ya sentó precedente.

   Llegar a la plaza era ya todo un espectáculo, lamentablemente empañado por un grupo de antitaurinos que no paró de vociferar casi hasta la mitad del festejo. Tal concentración fue “encapsulada” por granaderos, que los hubo como para contener toda una manifestación, pero ello evitó cualquier fricción o enfrentamiento con los aficionados que llegaban por miles al coso de Insurgentes. Otra razón más es que a la entrada, parecía que no accedíamos a una plaza de toros sino a un reclusorio. Tres o cuatro grandes muros metálicos fueron el parapeto por el que estuvimos obligados a pasar, previa revisión tipo carcelaria luego de habernos formado en largas, larguísimas filas bajo la paciente espera de aquel dispositivo que no terminó ahí. La siguiente etapa vino luego del paseíllo. Se comprende que José Tomás, como primer espada se tome, junto con su administración, algunas libertades o ventajas, ¡pero hombre!, 20 minutos para el retiro del adorno floral, el rastrilleo de los monosabios, la presencia de aquella camioneta que distribuye el agua, y vuelta a rastrillar y apisonar la arena… ¡20 minutos!

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Esto sucedió a las afueras de la plaza de toros “México”. No se trataba de ningún reclusorio…

   Por los registros históricos habidos hasta nuestros días, ninguna “figura del toreo”. Ningún “mandón” fue capaz de causar semejante molestia, lo que es de notar luego de esa desagradable experiencia. Sin temor a equivocarme, la última gran conmoción fue la de aquellos lejanos días en que “Manolete” vino a México y armó la que armó, sin necesidad de estas cosas. En fin, que no íbamos armados, ni con intención alguna de ocasionar conflictos, sino simple y sencillamente a presenciar un espectáculo de las dimensiones ya conocidas.

   Por lo demás, el desempeño de José Tomás –tomando en cuenta lo dicho hasta aquí- se vio empañado por algunos factores que diluyeron las esperanzas por admirar una gran hazaña. El de Galapagar se notó desenvuelto, en su estilo arrebatador, de plantarse como una columna salomónica y soportar las arremetidas de aquellos tres ejemplares (cuatro si nos atenemos a la estadística). A su primero que terminó justo de fuerza, tuvo que ponerse más cerca, al punto de ser prendido hasta en dos ocasiones. Sin embargo, hasta ahí, todo era correcto, aún no se desataban los demonios y la faena se quedó en un buen intento. Remató de un estoconazo algo desprendido, y aunque la petición no fue mayoritaria, Jesús Morales otorgó sin más miramiento una oreja, misma que fue protestada. Esto vino a convertirse en inoportuna razón que provocó el desacuerdo general, hasta el punto de tener que ocultar aquel “obsequio”, agradecer desde los medios y pasar a retirarse al callejón. Todo esto en un santiamén.

CONTRASTES...

   Al segundo de su lote, pequeño e indigno para esta plaza, pero que pasó casualmente sin que se le protestara, José Tomás lo supo entender de mejor manera. Si bien, en sus lances de recibo no se le pudo ver el deseable aplomo, pues aquellas “verónicas” no fueron maravilla ni excelsitud arrebatadora. La mano de la salida por uno y otro lado apuntaron hacia arriba, con lo que nos quedó a deber con mejores lances. Por “chicuelinas” más tarde bien, pero no más. Vestido de salmón y oro construyó una faena a la que los españoles nos tienen poco acostumbrados en México. Esta fue a base de varias series de muletazos, caudalosos y por ambos lados. Pero las mayorías seguían incrédulas. El desencanto subió de tono tras varios desaciertos con la espada.

   Y vino el episodio con el quinto, el cual fue devuelto sin mayor trámite. En su lugar, salió un ejemplar de Xajay, en el mismo tenor de aquel y para entonces las cosas se tornaron burla, pues por más esfuerzo que intentó el madrileño, el público ya no quiso tomárselo en cuenta. El mito se tambaleaba.

   ¡Viva Aguascalientes´nnn! ¡Viva!, fue ese grito de batalla que se escuchó casi toda la tarde, demostración de afecto que los aficionados dedicaron a “Joselito” Adame, Antígona natural de José Tomás en este polémico cartel, y del que el aguascalentense sacó ventaja luciendo sus adelantos y más de algún detalle de mal gusto, que los tuvo.

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Plaza llena y tarde de toros sin más.

“Joselito” tiene la virtud de mostrar cada tarde sus adelantos, aunque si no es capaz de pulir algunas deficiencias, aquello podría convertirse en un auténtico dolor de cabeza. El acabose en estas “novatadas” fue ese par de momentos en que lanzó las zapatillas por aquí y por allá sin motivo aparente.

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Panorámica del acontecimiento taurino del año.

   Por lo demás, bien, muy bien por momentos, donde materialmente quedó convertido en “carnada” dando cara a dos de sus tres enemigos con los que pudo lucirse a ese extremo, lo que por algún momento no comprendió la “clientela” y después terminó agradeciéndole. Pero a pesar de que marcó los tiempos tal cual lo establecen las más rancias tauromaquias, su toreo no causó las conmociones esperadas, ni tampoco puso de cabeza a una plaza que seguía a la espera de un milagro mayor, como aquellos que se producen o no en la más importante de las iglesias en Nápoles, justo donde reposa la sangre de San Genaro, y de la que para que se produzca el milagro es que esa sustancia debe licuarse, lo que sucedió recientemente, justo en marzo de 2015.

   “Joselito” animado por los gritos que recordaban su “matria” y la de muchos más que allí se encontraban, tuvo un notable desempeño en el último de la tarde-noche, al que entre otras cosas, lo saludó con una serie de lances por “zapopinas”. De la faena, y como las otras dos, realizadas en un mismo terreno, lo que habla del mando del torero sobre el toro, fue dándole forma con sapiencia y mucho mando. Técnicamente impecable, lo cual en su caso no fue una casualidad, pues ha venido a la plaza de la recientemente declarada ciudad de México con un bagaje de actuaciones dentro y fuera del país que le ponen en condiciones de compromiso cada vez más notables. Estaba mentalizado el hombre y así lo entendió y así se lo propuso. Delantera y desprendida quedó la espada en el remate de aquel trasteo, y como tardara en doblar echó mano del descabello. Dos orejas generosas que sirvieron para equilibrar de cualquier manera una jornada que no alcanzó las cotas esperadas.

   A la salida, aquello todavía seguía siendo un río de gente, a la que no se le apreciaba con demasiado entusiasmo. Pronto fueron retirándose, quizá con la esperanza de mejores tiempos, o una mejor tarde de toros que esta…

GRABADO ROSSANA FAUTSCH F.1

Apunte en blanco y negro de José Tomás, por Rosana Fautsch. 2003.

   Antes de terminar, solo me queda un apunte: la mala nota –una vez más- con el ganado. De mala presentación y apenas con un puntito de raza, que alguno hasta hizo cosas de manso y aún así, aplaudieron sus despojos camino al matadero. Por precaución, evito poner el nombre de esas dos ganaderías que, una vez más, se prestaron para manchar su honor.

2 de febrero de 2016.

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