Archivo mensual: abril 2011

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La presente anécdota ocurrió durante el mes de octubre de 1849.

 EL UNIVERSAL, 17 de octubre de 1849, p. 4:

 Toros en Morelia.

 D. Bernardo Gaviño ha dado dos excelentes corridas de toros en aquella capital; actualmente se halla en Toluca y creemos que muy pronto llegará de su expedición del interior a esta capital, donde al parecer piensa formar una plaza con la capacidad conveniente a esta clase de espectáculos.

    Todo parece indicar que ese año de 1849 no fue nada bueno para nuestro personaje. Vendrían tiempos mejores.

   En 1844 había toreado en 22 ocasiones. Y en 1853 alcanzaría las 45 actuaciones. Y es que 1849 todavía arrastraba la “resaca” de la invasión norteamericana que si bien, había comenzado en 1846, continuó en 1847, un año más tarde culminaría con un daño irreversible no sólo desde el punto de vista bélico, sino el que significaba la pérdida de un considerable territorio de la nación mexicana.

   Además, todavía eran los tiempos en que para trasladarse de la ciudad de México a cualquier punto de la república, ello significaba exponerse a los difíciles caminos que además estaban infestados de delincuentes que robaban sin miramiento alguno las diligencias que transitaban siempre bajo el riesgo de aquellas terribles jornadas.

   Se desconocen más datos, respecto a esa “expedición del interior” donde presumiblemente pudo haber actuado en otras tantas tardes pero que, para el registro sólo se cuenta con la confirmación de esas dos jornadas, aumentadas en su estancia por Toluca, sitio en el que además consolidó un gran cartel durante muchos años; y luego llegar a la ciudad de México en “olor de santidad”; recuperando glorias pasadas y preparándose para las siguientes batallas que luego lo colocarían en lugar de privilegio.

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ARTEMIO DE VALLE-ARIZPE Y LOS TOROS. 4 de 4.

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX. ENTREVISTA CONCEDIDA POR EL DR. PABLO PÉREZ y FUENTES. 4 de 4.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Esta efeméride corresponde al 15 de noviembre de 1961.

    Es la mañana del 21 de enero de 2004. Llego puntual a la cita que me ha concedido el doctor Pérez y Fuentes, quien desde temprana hora ya está dedicado en cuerpo y alma a su oficio, atendiendo y sanando enfermos. Por necesidades en su trabajo, -tiene que acudir a una visita a domicilio, precisamente a casa del matador de toros en retiro Juan Estrada-. Me pide que lo acompañe para, en el camino ir platicando sobre este proyecto y así, tener un intercambio de opiniones.

   Y a boca de jarro, le planteo la primera pregunta a mi buen amigo, en estos términos:

¿Qué tipo de aficionado taurino era Artemio de Valle-Arizpe?

   Don Artemio era un aficionado culto, a distancia de la plaza, pero presente en ella. Entendía perfectamente todos los sucesos y todo el desenvolvimiento histórico de la fiesta brava. Sentía la fiesta brava hondamente.

Quiere decir, que más o menos estaba emparentado con aquella actitud que asumió Nicolás Rangel, que además de ser un importante historiador, muy poco se acercaba a las plazas de toros.

   Yo creo que es muy acertado este símil, porque es muy propio de las personas con cultura histórica y con sabor del toreo.

Doctor, me comentaba en alguna ocasión que don Artemio era franciscano de la orden seglar, un dato ciertamente curioso, inédito. Nos puede dar detalles al respecto.

   Los franciscanos seglares, llevan una vida como cualquier otro católico, recta dentro de lo que ordena la iglesia católica y hacen su labor, su trabajo, y ese es su apostolado.

Así que don Artemio permaneció toda su vida soltero…

   Sí, desde luego. Los franciscanos seglares no necesariamente deben ser solteros. Ha habido muchos franciscanos seglares en matrimonio, como Isabella Católica, como Beethoven y muchísimos otros notables en la historia, han sido franciscanos seglares y no es necesario hacer ostentación de esa actitud espiritual que es eminentemente profunda.

Menciona usted el aspecto de ostentación. Sabemos que don Artemio era muy dado a presumir sus 365 anillos, uno que se ponía día con día. Esta es una historia poco conocida, quizá extravagante; sin embargo, lo anterior nos dice que don Artemio era muy extrovertido. ¿Realmente era muy presumido en su persona, en su carácter?

   No de ninguna manera. Era una persona muy accesible, muy educado, un hombre atento y muy fino que desde su infancia así fue.

¿Cómo conoció el doctor Pablo Pérez y Fuentes a Artemio de Valle-Arizpe?

   Pues yo tuve la fortuna de conocer a don Artemio en Saltillo, Coahuila, porque él nació en Saltillo y yo soy también de Saltillo, y mi papá era muy amigo de don Francisco de Valle-Arizpe y de don Jesús de Valle, hermanos de él. Vivían enfrente de la casa de mi papá, en la calle de Victoria, antes llamada calle del Curato.

La foto fue tomada por José María Lupercio a principios del siglo XX. Se trata de un Artemio de Valle-Arizpe atildado, de finos modales, vistiendo como “lord” inglés tal cual lo impuso la moda de aquel entonces. Pero dentro de esa figura se encuentra un colonialista consumado.

Así que mantuvieron su amistad no solo en la ciudad de Saltillo, sino en la de México…

   Si claro. Una relación respetuosa, a una distancia prudente y como digo, con la admiración de parte mía para don Artemio y toda su familia.

Personaje extraño, excéntrico o un amigo redivivo de Góngora, Juana de Asbaje o del Capitán Ramírez de Vargas. ¿Cómo consideraría a don Artemio de Valle-Arizpe, prácticamente un protagonista de los siglos virreinales ubicado en pleno siglo XX?

   Yo lo considero perfectamente original. Un escritor dentro de la lengua española, tan es así que fue miembro dela Academia.

Para quienes no lo conocimos, ¿cómo era don Artemio?

   Era un hombre correcto como he dicho. Distinguido. Siempre pendiente de presentarse con corrección, porque el presentarse con corrección –digamos de paso-, es tener atención con el prójimo. Si alguien se arregla mal, no se hace daño así mismo. El daño lo hace al prójimo.

   Haciendo un alto y precisamente, para darnos idea de esa corrección, no en su apariencia, que de suyo era muy cuidada, sino en su quehacer como escritor, veamos qué es lo que apunta don Artemio sobre la segunda edición de La gran ciudad de México-Tenustitlán, perla de la Nueva España, según relatos de antaño y de hogaño, publicada en la colección Cultvra en 1924:

 En esta obra se han deslizado por lamentables descuidos no pocas erratas. (…) caen acentos sobre vocales que no necesitan de su peso; comas, puntos y comas y dos puntos y curiosas interrogaciones y muy graves admiraciones se intercalan entre palabras que para nada han menester esos signos, escabulléndose ágiles de donde hacían falta precisa.[1]

 Antes de iniciar la entrevista comentaba con usted que don Artemio de Valle-Arizpe aparece en un momento en el que su quehacer, su trabajo literario comparte las planas, las páginas junto con miembros de generaciones importantes. Los contemporáneos, el grupo sin grupo, los estridentistas, y todo de esta manera se puede contemplar como un enfrentamiento. Es decir, todos estos grupos son de avanzada, son de proa, más que de popa. Y parece que don Artemio les dice a todo mundo: Prefiero poner los ojos en el pasado. Esto, ¿en cierto sentido fue algo que don Artemio cargó como un sambenito durante su trayectoria como escritor?

   No de ninguna manera. Fue una forma que él escogió y creo que lo hizo muy acertadamente.

Dr. Pablo Pérez y Fuentes, ¿en lo personal recuerda alguna anécdota muy particular que haya tenido el gusto de compartir con don Artemio?

   Yendo los dos por la calle de (Francisco I.) Madero le comenté: “vamos por la calle de Plateros”. Y él me dijo de los Plateros…

Así que era quisquilloso en algunas de sus precisiones.

   Tenía precisión en la definición de las cosas, lo cual es muy importante, porque si no tenemos cuidado en una coma, podemos equivocar todo el sentido de las cosas. Con mayor razón si nos faltan dos palabras.

   Tengo que agregar algo muy importante.

   Don Artemio me hizo el encargo de avisar al Ateneo Fuente que era su deseo que su biblioteca –muy valiosa por cierto-, fuera para ese sitio. Y el mecanismo en que así fuera, tuvo que ser sumamente original como lo fue don Artemio toda su vida. Durante el proceso del testamento se presentaron muchas dificultades, pero ante el deseo de él de que su biblioteca fuera al Ateneo, su hermano don Francisco de Valle-Arizpe –general-, invitó al senador Florencio Barrera Fuentes para que él, personalmente abriera la casa de don Artemio, en vista de que haciendo uso del fuero pudiera realizarlo sin problema de ninguna naturaleza. Y así fue. Una vez abierta la casa, sacaron todos los libros y los muebles de don Artemio y los trasladaron al Ateneo Fuente de Saltillo, y en ese lugar están los muebles y algunos de los libros, en vista de que otros desgraciadamente se quemaron.

   Es lamentable saber que el mencionado Ateneo Fuente enfrentó un incendio en el que parte de esta valiosa colección desaparece por obra de las llamas.

   Bien, en esta primera etapa de una entrevista que se antoja más profunda, más amplia,[2] yo le agradezco a usted la atención que ha tenido conmigo de concederme estas palabras.

   El agradecido soy yo.

   Terminada esa conversación, todavía hubo un tema que parece importante agregar. Me comentaba el Dr. Pérez y Fuentes una de las posibles reacciones que Artemio de Valle-Arizpe mantuvo como rechazo frente a lo que serían los años de transición más violenta en nuestro país, precisamente entre 1906 y 1913. Primero, porque su padre, habiéndole obligado a estudiar leyes, lo orilla a encaminarse hasta una región del sureste mexicano que el joven no conocía, pero que, adquirido el compromiso, había que representar en una curul, concretamente del estado de Tabasco. ¿Cómo, de Saltillo a Tabasco, sin ser originario de ese lugar, representando a una población que no le era común? ¡Imposible!

 NOTA IMPORTANTE: El texto traído hasta aquí y presentado en cuatro partes, forma parte de la Introducción de mi libro –inédito- “Artemio de Valle-Arizpe y los toros”. Es pertinente aclarar el punto, con objeto de evitar, en lo posible cualquier intento de reproducción, como lo ocurrido con mi conferencia “Los poncianismos de Ponciano: paradigma de su generación”, dictada el 27 de abril de 1999 en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, en la ciudad de México, misma que fue “fusilada” por el “periodista” Rafael Flores Ramos, quien entre agosto y noviembre de 2010 publicó en ZÓCALO SALTILLO y en 8 partes dicho trabajo. 


[1] Valle-Arizpe: Historia de la ciudad de México… op. cit., p. 5 y 6.

[2] Lamentablemente, el Dr. Pablo Pérez y Fuentes, fallece el 27 de diciembre de 2004, con lo que se cancela toda posibilidad de seguir dialogando en torno al personaje de esta historia.

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FUTURO Y PORVENIR DE LA TAUROMAQUIA EN MÉXICO. 1 de 2

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 A mi entrañable amiga Rossana Fautsch Fernández, le “brindo esta faena literaria”.

    El pasado 4 de abril, fui invitado por el “Centro Taurino Queretano, A.C.” en el marco de la inauguración de su nuevo centro de reuniones, para dictar la conferencia que lleva el título: “Futuro y porvenir de la tauromaquia en México”. Me parece oportuno traerla hasta aquí, con objeto de que los navegantes conozcan su contenido, cuyo enfoque tiene que ver con una especie de labor evangelizadora, con vistas a cumplir con las condiciones de un proceso que busca impulsar la declaratoria que la UNESCO podría hacer a favor de la tauromaquia para otorgarle el nivel de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

 I

    En buena medida, el pasado constituye alientos y desalientos entre los taurinos que gozan o cuestionan hechos heroicos o episodios, nutrientes para buena parte de la historia del toreo. Ahora bien, cuando es preciso valorar el presente nos queda un dejo de incertidumbre pues ante los hechos contrastados es más que evidente aquellos que hemos observado, sin necesidad de mayores comentarios, o como afirmaba Santo Tomás, “Hasta no ver, no creer”.

   En estos tiempos que corren queramos o no, formamos parte de la globalización. Los recursos actuales como el de la computación han llegado a unos extremos en los que no podemos sustraernos, a menos que se aplique el síndrome de “Robinson Crusoe” y la isla solitaria.

   Estos recursos han hecho suyos a la tauromaquia, expresión que sigue conservando anacronismos que, junto al ritual de sacrificio y muerte hoy siguen siendo blanco de opiniones a favor o en contra. La cobertura que alcanza y comprende a los toros se encuentra al alcance de todas las escalas sociales y espectros culturales, bajo las condiciones de acceso que así lo permiten.

   Aún así, y aquí comparto no sólo la pregunta sino la inquietud inherente a la misma: ¿cuál va a ser el futuro taurino? ¿Qué posibles escenarios podemos prever? Sobre todo porque no hay puesta sobre la mesa ninguna condición de seguridad.

   Que van a terminarse y a desaparecer un día, es creíble, pero para que eso suceda es evidente la presencia de elementos que produzcan o provoquen tal eliminación. Es deseable por tanto analizar aquí y ahora algunos paisajes que nosotros, aficionados a los toros con esta parte recorrida del siglo XXI tenemos que hacer, en aras de trabajar y analizar; evitando así, y en la medida de lo posible que ninguna amenaza ensombrezca ese futuro, por ahora, impredecible.

   Exceso de poder, falta de control y sensibilidad sobre la protección y resguardo de esa tradición, la presencia articulada y cada vez mayor de los antitaurinos. Aunque a veces opiniones como las de Rafael Herrerías son suficientes para explicar lo que sucede entre nosotros. Este personaje “non grato” ha dicho: “Para qué queremos antitaurinos. Con los taurinos tenemos”. Plazas semivacías, novillos y no toros, utreros y no novillos. Toreros, pero no figuras, telegramas y no crónicas, ausencia de plumas pertinentes y no excesos de folletineros son entre otros, las constantes con las que convive la fiesta de los toros. Cultura limitada, falta de especialistas en diversas materias no son, por ahora, suma de optimismo.

   A pesar de que Jorge Manrique ha sido nuestro aliado con aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”, nos encontramos que la verdad solo se le da a la fiesta de vez en cuando, de ahí que una embarcación llamada mentira, navegue a sus anchas por el océano taurino.

   Ahora bien, Crisis y porvenir de la ciencia histórica es un libro que, para muchos historiadores podemos entenderlo como paradigmático. Este trabajo de Edmundo O´Gorman, publicado por la Imprenta Universitaria en 1947, anuncia lo que después sería una de las obras más rotundas del historicista mayor: La invención de América, compendio de muchas razones que sirvieron para polemizar, debatir sobre si lo del descubrimiento de América fue un invento, encuentro, desencuentro o encontronazo de culturas. Y más aún, por el hecho de que con una obra así, se allanaba el camino matizado de ligerezas planteadas en ausencia del rigor. Sobre todo del rigor histórico.

   Crisis y porvenir de la ciencia histórica me ha servido de modelo o referente para ocuparme, frente a ustedes, de un asunto que nos llena de preocupación: el futuro y porvenir de la tauromaquia en México. Para ello es preciso aclarar lo siguiente. Según el Diccionario de la Real Academia Española:

Futuro: Es lo que está por venir;

Porvenir: Suceso o tiempo futuro. Situación futura en la vida de una persona, de una empresa, etc.

   Definitivamente no podemos fingir demencia cuando hemos sabido de los intermitentes periodos de crisis a que ha quedado expuesta la tauromaquia en nuestro país, por lo menos desde el siglo XIX y hasta nuestros días. Un intermitente cuestionamiento, aunque sin consecuencias mayores se dio en el virreinato en dos sentidos: uno el que provenía de la iglesia. Otro el que algunos representantes de la corona o el gobierno se opusieran, sobre todo en los momentos en que la Ilustración, ese peculiar fenómeno ideológico del siglo XVIII embestía poderosamente. Pero dicho comportamiento persiste hasta nuestros días, lo que es motivo para reflexionar y dejar sentado el hecho de que nos vemos obligados a cobrar conciencia sobre el futuro de las corridas de toros. De ahí que se haya puesto en marcha un proceso sin precedentes, para que por medio de una serie de razones y sólidos argumentos, sea posible que la UNESCO declare a la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

   Con todo lo anterior, se tiene un marco de referencia para volcarnos en una revisión lo suficientemente rápida para entender la forma en que ha transitado la tauromaquia, desde los siglos virreinales hasta nuestros días, y con ello tener una mejor idea para construir un futuro sólido y confiable, contando así con la prospectiva más lógica y coherente que nos deje presupuestar lo por venir.

 El virreinato y los toros. Una síntesis.

    Tres siglos virreinales siguieron, luego de consumada la conquista el 13 de agosto de 1521, por un sendero en el que las dos culturas: europea y americana, se amalgamaron, quedando como resultado un mestizaje peculiar, distinto incluso entre las colonias restantes. Además, nuevas formas de vida cotidiana fueron el indicador perfecto de que aquellas sociedades evolucionaban con todos los síntomas y contrastes que les fueron consubstanciales.

   En aquel complejo escenario, la diversión de los toros se integró a dicho engranaje, hasta el punto que fue necesario establecer una infraestructura que satisfaciera o satisficiera[1] la fuerte demanda de un número indeterminado de fiestas, entre solemnes y repentinas, o que seguían el patrón del calendario litúrgico, bajo condiciones como las establecidas en la “Tabla de las fiestas”.

   Para 300 años de virreinato el recuento de tan notables acontecimientos no llega a 400 registros de los denominados “Relación de sucesos”, lo que apenas dan una idea de aquella dimensión. Querétaro en este caso no escapa al hecho de contar por lo menos con tres de ellas, a saber:

1680. Carlos de Sigüenza y Góngora: Glorias de Querétaro. México: Vda. De Bernardo Calderón, 1680. (Contiene también Primavera indiana).

1701: Loa que se representó en la ciudad de Santiago de Querétaro en las fiestas que hizo dicha ciudad a la coronación, y jura de nuestro católico monarca don Luis Primero: Muestran con ella su lealtad los texedores de obrages.

1738: Francisco Antonio Navarrete: Relación peregrina de el agua corriente, que para beber… goza la… ciudad de Santiago de Querétaro… México: José Bernardo de Hogal, 1739.

   El toreo a caballo detentado por nobles, más que por plebeyos se consolida en buena parte del virreinato. Sin embargo, al final de dicho periodo el toreo de a pie ocupará lugar protagónico importante. Para entonces ya se conocen diversas ganaderías como El Jaral, la Goleta,  Enyegé, Xaripeo, Bledos o Atenco, entre otras. En cuanto a plazas, casi todas ellas efímeras, salvo las de Real de Catorce, la de Cañadas, en Jalisco, o la de Zacatecas, fueron construcciones primitivas hechas de mampostería, entre los siglos XVII y XIX. En la ciudad de México, se encontraban estas:

 Don Toribio                                     Por 1813-1828

Jamaica                                              Por 1813-1816

Plazuela de los Pelos                              1803

Tarasquillo                                                 1803

Volador                                                  1803-1815

Villamil                                           

Boliche                                                         1819 (?)

Plaza Nacional                                     1822-1823

Necatitlán                                              1808?-1845

San Pablo                                                1815-1821

[Como Real Plaza de Toros

de San Pablo]                                        1833-1850 y hasta 1864.

Paseo Nuevo                                         1851-1867

 Siglo XIX, o el laboratorio del caos.

    La guerra de Independencia, según Orlando Ortiz, comenzada por Hidalgo en 1810 y concluida –formalmente- en 1821, marcó el arranque de una etapa conflictiva –política, social y económicamente- en extremo para el país. Según Paul Vanderwood, entre 1821 y 1875 México fue sacudido por ochocientas revueltas. Esto, desde luego, repercutía directamente en todos los niveles de la economía, pero por si fuera poco, no faltaban los vivales que sabían que “a río revuelto, ganancia de pescadores”, y con un granito de arena –parecido al peñón de Gibraltar- contribuían a agravar las desigualdades socieconómicas.[2]

   En los hechos taurinos, se puede entender que lo que ocurrió en nuestro país, fue espejo de aquella realidad.

   Entre los toreros mexicanos sobresalientes puedo mencionar a los hermanos Ávila, a Mariano González “La Monja”, Lino Zamora y en especial a Ponciano Díaz. Este grupo convivió de una u otra forma con un personaje clave: Bernardo Gaviño, de quien trataré de dar un breve perfil a continuación.

   Gaviño llega a nuestro país entre 1829 y 1835. Muere, a los 73 años por cornada de toro en 1886, así que fue un torero longevo. Su trayectoria no abarca solamente a México, también otros países como Cuba, Perú y Venezuela. Que en 51 años toreó, según registros que he hecho de él en 712 ocasiones, 388 de ellas fueron ante ganado de Atenco. Por cierto, aquí otro dato clave. Entre 1815 y 1915 fueron lidiados 1068 encierros de esta hacienda emblemática, lo que señala que estamos ante una unidad de producción agrícola y ganadera con altos niveles de capacidad que conviven con naturales periodos de crisis.

   Hablé de Ponciano. El torero nacido en Atenco en 1856 en cierta medida es depositario de los avances tauromáquicos del XIX no solo a pie. También a caballo. Habiendo realizado una biografía sobre este personaje, puedo afirmar que por recuentos exhaustivos que van de 1877 a 1899, están registradas 579 actuaciones entre México, Estados Unidos, Cuba, Portugal y España. Sin embargo su paso por el toreo fue un periodo que se caracterizó por irregularidades pero también de cismas, altos niveles de popularidad y cambios que así como lo pusieron en lugar de privilegio, también sirvieron como elemento para su destrucción.

 El siglo XX.

    Del cúmulo de hechos ocurridos la pasada centuria debo sintetizarlo en cinco nombres clave: Rodolfo Gaona, Fermín Espinosa “Armillita”, Silverio Pérez, “Manolo” Martínez y la ganadería de San Mateo. Lo demás es complementario, accesorio.

   Durante el siglo pasado se afirmó la expresión del toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna, siendo Rodolfo Gaona el que hizo suya dicha modalidad, materializándola y enriqueciéndola de clasicismo, pero sobre todo, universalizándola, según nos lo dijo en su momento José Alameda pues al ser aprehendida por los nuestros, fue Gaona el que de alguna manera les regresa a los españoles ese bagaje, corregido, aumentado y adecuado con expresiones estéticas importantes.

   La del leonés no fue una presencia casual o espontánea. Surge de la inquietud y la preocupación manifestada por Saturnino Frutos, banderillero que perteneció a las cuadrillas de Salvador Sánchez Frascuelo y de Ponciano Díaz. Ojitos, como Ramón López decide quedarse en México al darse cuenta de que hay un caldo de cultivo cuya propiedad será terrenable con la primer gran dimensión taurina del siglo XX que campeará orgullosa desde 1908 y hasta 1925 en que Gaona decide su retirada.

   Por otro lado, hace poco más de tres décadas que Fermín Espinosa Armillita dejó la mortalidad para incluirse en el terreno de los inmortales. Después de Rodolfo Gaona, el diestro saltillense abarca un espacio que comprende la “edad de oro del toreo” en su totalidad (1925-1946) extendiendo su poderío hasta el año 1954. O lo que es lo mismo: treinta años de dominio y esplendor. Como se ve, al cubrir las tres décadas se convierte en eje y timón para varias generaciones: una, saliente, que encabezan Juan Silveti y Luis Freg, la emergente, a la que perteneció; y más tarde otra en la que Alfonso Ramírez Calesero, Alfredo Leal, Jorge Aguilar El Ranchero o Jesús Córdoba -entre otros- se consolidan cada quien en su estilo.

   Para entender a Fermín debemos ubicarlo como un torero que llenó todos los perfiles marcados en las tauromaquias y reclamados por la afición. Federico M. Alcázar al escribir su TAUROMAQUIA MODERNA en 1936, está viendo en el torero mexicano a un fuerte modelo que se inscribe en esa obra, la cual nos deja entrever el nuevo horizonte que se da en el desarrollo del toreo, el cual da un paso muy importante en la evolución de sus expresiones técnicas y estéticas.

   Silverio Pérez. La sola mención de Silverio Pérez nos lleva a surcar un gran espacio donde encontramos junto con él, a un conjunto de exponentes que han puesto en lugar especial la interpretación del sentimiento mexicano del toreo, confundida con la de “una escuela mexicana del toreo”. La etiqueta escolar identifica a regiones o a toreros que, al paso de los años o de las generaciones consolidan una expresión que termina particularizando un estilo o una forma que entendemos como originarias de cierta corriente muy bien localizada en el amplio espectro del arte taurino.

   Silverio Pérez representó una fuerza que fue a unirse a aquella majestuosa expresión del nacionalismo cultural como medida de rescate, al recibir su generación todo lo que queda del movimiento armado que deviene movimiento cultural, en inquieta respuesta vulnerada entre el conflicto de quienes pretenden extenderla como signo violento o como signo demagógico. Pero en medio de aquel estado de cosas, Silverio Pérez al incorporarse al esquema de la otra revolución, la que enfrenta junto a un contingente de extraordinarios toreros y una tropa de subalternos eficaces, genera una de las marchas artísticas y generacionales de mayor trascendencia para el toreo de nuestro país. En todo esto, el papel protagónico de Silverio Pérez, con su peculiar y personal expresión de la tauromaquia, nos dice que una vez más esta grande expresión de arte y de técnica, se abrió para acumular el sello propio de un gran torero, exponente quintaesenciado que por ningún motivo representa a una escuela mexicana del toreo, fabulosa invención que lo único que consigue es confundir unos cuantos árboles con el gran bosque.

   Manolo Martínez pertenece a la inmortalidad desde el 16 de agosto de 1996, al abandonar este mundo luego de haber logrado uno de los imperios taurinos más importantes del pasado siglo XX.

   Cuando me integré de lleno a la fiesta, el diestro de Monterrey mandaba y regía en el espectáculo de modo muy especial. Era la figura torera por antonomasia. Ocupaba el lugar de privilegio que tuvieron en su momento figuras como Rodolfo Gaona, Fermín Espinosa, Lorenzo Garza, Silverio Pérez o Carlos Arruza.

   Sin embargo me consideraba antimartinista porque en esos años ejercía un papel de mando que hacía infranqueable cualquier posibilidad para que algún torero se acercara a sus terrenos. Eso por un lado, y por el otro realizaba un toreo que atentaba los cánones más puros al abusar de ciertos privilegios que da el mando y el control sobre los demás, a partir de un ejercicio donde lo limitado de su quehacer, así como detalles en el uso y abuso del pico de la muleta y lo crecido de ésta, daban la impresión de un marcado exceso cercano más a la comodidad que al compromiso por ser modelo a seguir.

   Ahora, al paso de los años, de sensibilizar más en el significado de la fiesta en cuanto tal, me doy cuenta de ciertas equivocaciones. Mi cerrazón como aficionado tradicionalista o conservador no me permitieron observar una serie de situaciones que hoy analizo con más reposo. Una de ellas, creo que la principal, es su personalidad, dueña de un carisma cercano al aspecto dictatorial. Mi observación no pretende calificar con tono peyorativo su papel protagónico, pero el hombre se convierte en una figura emergente que poco a poco se fue adueñando del terreno que pisaba siempre con mucha fuerza, aspecto que al final convenció a miles de aficionados que, por “istas”, fueron legión. Verle caminar con aquel donaire y desaire a la vez lo convierten en centro de atención y polémica. Manolo se desenvuelve con un desenfado y una arrogancia que no compró ni copió a nadie. El mismo supo crearse esa imagen que pocos toreros han logrado.

   Su sola presencia inmediatamente alteraba la situación en la plaza, pues como por arte de magia, todos aquellos a favor o en contra del torero revelaban su inclinación. Parco al hablar, dueño de un gesto de pocos amigos, adusto como pocos, con capote y muleta solía hacer sus declaraciones más generosas, conmoviendo a las multitudes y provocando un ambiente de pasiones desarrolladas antes, durante y después de la corrida. Mientras, en los mentideros taurinos se continuaba paladeando una faena de antología o una bronca de órdago.

   Es importante apuntar que la de San Mateo en su primer origen y desarrollo fue una ganadería moderna que se alejó de los viejos moldes con los que el toro estaba saliendo a las plazas: demasiado grandes o fuera de tipo, destartalados y con una casta imprecisa. El ganado que crió a lo largo de 50 años Antonio Llaguno González recibió en buena medida serias críticas más bien por su tamaño –“toritos de plomo”- llegaron a llamarles en términos bastante despectivos. Pero en la lidia mostraron un notable juego, eran ligeros, bravos, encastados; incluso una buena cantidad de ellos fueron calificados como de “bandera”. San Mateo por tanto se convierte en ganadería madre de otras tantas a lo largo de todo el siglo XX, por lo que es posible que haya quedado perfectamente definida una influencia sin precedentes en la historia de la ganadería de bravo en nuestro país.

 CONTINUARÁ.


[1] Pretérito imperfecto.

[2] Orlando Ortiz: Diré adiós a los señores. Vida cotidiana en tiempos de Maximiliano y Carlota. México, Santillana Ediciones Generales, S.A. de C.V., 2007, y 1ª ed. En Punto de Lectura. 291 p. (Punto de lectura, 402), p. 96.

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LA FIESTA DE LOS TOROS. UN PATRIMONIO COMPARTIDO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    En breve, ocurrirá un acontecimiento para el cual ha sido extendida la siguiente invitación:

   De ahí que considere pertinente algunas apreciaciones al respecto de la nueva publicación.

   Es una obra que recoge las memorias del coloquio internacional “La fiesta de los toros: Un patrimonio inmaterial compartido”, celebrado enla Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 14, 15 y 16 de abril de 2009.

   Allí se dio el primer gran paso con que se pretende elevar la Tauromaquia a patrimonio cultural inmaterial, según las recomendaciones establecidas por la UNESCO, mismas que vienen cumpliéndose en forma correcta. Para que se tenga una idea puntual sobre lo ocurrido en Sevilla, me parece pertinente incluir las generalidades, temas y discusiones que se abordaron al respecto, incluyendo la “Declaración final”, documento clave que le confiere el carácter legítimo de dicha reunión, pero también del propósito emprendido.

 Presentación

 La fiesta de los toros, originada en la Península Ibérica, pero cuyas raíces se nutren en el fondo multisecular de la cultura mediterránea, constituye un patrimonio festivo compartido por los pueblos de España, Portugal, Francia, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela. Esta fiesta sólo se puede entender en el contexto de las sensibilidades y las tradiciones particulares de dichos pueblos. El coloquio La fiesta de los toros: un patrimonio inmaterial compartido, que se celebra en Sevilla, cuna del toreo, en el marco incomparable de la Real Maestranza de Caballería, se propone estimular la reflexión en torno a cuatro objetivos principales:

 §§ poner de relieve los componentes culturales de la tauromaquia;

§§ insistir sobre el aporte ecológico de las ganaderías bravas, preocupación esencial hoy en día;

§§ analizar la realidad actual de la corrida y reflexionar sobre las evoluciones deseables de este espectáculo en  nuestras sociedades modernas;

§§ preparar las vías para un reconocimiento institucional de la fiesta de los toros como patrimonio inmaterial común a varios pueblos latinos, de conformidad con las condiciones especificadas por la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial de la Unesco.

Este encuentro internacional reúne a destacados especialistas de la Fiesta: universitarios, escritores, profesionales y representantes de la afición de los ocho países con tradición taurina de Europa y América.

 Tema: Los componentes culturales de la tauromaquia

Moderador: Andrés Amorós (España)

El significado del sacrificio y de la lidia del toro

José Carlos Arévalo (España)

La dimensión apolínea y dionisíaca de las corridas de toros

Juan Carlos Gil (España)

La historia de la fiesta de los toros en el Perú y su arraigo en el bagaje cultural del poblador autóctono

Raúl Aramburú Tizón (Perú)

El tiempo del toreo o el tiempo de la ilusión

Bartolomé Bennassar (Francia)

Fisonomía del toreo mexicano en los dos últimos siglos. Legados y propuestas

José Francisco Coello Ugalde (México)

 

Tema: Las sensibilidades de la afición

Moderador: Manuel Jesús Montes (España), periodista

La sensibilidad del aficionado mexicano

Jorge F. Hernández (México)

La sensibilidad de las aficiones colombiana y española

Antonio Caballero (Colombia)

¿Cómo se vive y se interpreta la corrida en España, Francia y Portugal?

Victor Mendes (Portugal)

La sensibilidad de la afición española en el discurso taurino

François Zumbiehl (Francia)

La forma andaluza de ver, sentir e interpretar el toreo

Andrés Amorós (España)

 

Tema: El estatuto del toro y el valor ecológico de la ganadería

Moderador: Juan Ramón Romero (España), periodista

El estatuto moral del Toro de Lidia

Francis Wolff (Francia)

El comportamiento del toro bravo en la dehesa y en sus faenas de manejo

Indalecio Ruiz Calatrava (España)

Ser ganadero en Colombia y en España

César Rincón (Colombia)

El encaste bravo como patrimonio ecológico

Fernando Cuadri (España)

El toro bravo: defensor del ambiente y reserva genética

Alberto Ramírez Avendaño (Venezuela)

 

Mesa redonda sobre la evolución del espectáculo y las vías de reconocimiento de la Fiesta en el siglo XXI.

Moderador: François Zumbiehl (Francia)

§§ Luís Francisco Esplá (España)

§§ Araceli Guillaume-Alonso (Francia)

§§ André Viard (Francia)

§§ Esteban Ortiz Mena (Ecuador)

§§ Eduardo Miura (España)

§§ Francisco Javier López Morales (México)

Declaración final

 Nosotros, profesionales, investigadores y escritores de los ocho países de América y Europa con tradición taurina, participantes en el coloquio La Fiesta de los toros: un patrimonio inmaterial compartido, que acaba de celebrarse, a iniciativa de la Unión Latina y con el apoyo de la Junta de Andalucía, en el marco incomparable de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, declaramos:

 – Que la Fiesta de los toros, cuya expresión moderna se cristaliza en la Península Ibérica al final del siglo XVIII, y de manera especial en Andalucía, saca sus raíces de un fondo milenario de la cultura mediterránea heredada por los pueblos latinos, en la cual el enfrentamiento entre el hombre y el toro, y su interpretación simbólica, han dado lugar a un sinfín de mitos, de celebraciones y de obras de arte;

– Que esta Fiesta, en sus diferentes interpretaciones, refleja la sensibilidad específica de cada uno de los pueblos y comunidades que la comparten, pero expresa al mismo tiempo, en el aspecto ético y cultural, los valores fundamentales del hombre latino y su manera de enfrentarse con la vida, con la muerte y con lo efímero.

– Que la tauromaquia está basada en el respeto que los ganaderos, toreros y aficionados sienten por el toro durante su lidia y durante su cría en condiciones óptimas de libertad, en unos espacios preservados que constituyen una reserva ecológica insustituible para la fauna salvaje y la flora, y que mantienen numerosas tradiciones y oficios de campo;

– Que la Fiesta de los toros, en definitiva, constituye un patrimonio cultural inmaterial reuniendo todos los criterios especificados, en su artículo 2, por la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, firmada en la UNESCO el 17 de octubre de 2003, que se aplica a los ámbitos de las tradiciones y expresiones orales, de las artes del espectáculo, de las actividades rituales y festivas, de las prácticas en relación con la naturaleza, de los oficios y artesanías tradicionales;

– Que la protección de cualquier expresión del patrimonio inmaterial condiciona la diversidad cultural y garantiza el desarrollo sostenible, como lo declara el texto de esta convención en su primer considerando; que por otra parte la promoción de la diversidad de las expresiones culturales ha sido objeto de una convención firmada en 2005 por el conjunto de los estados representados en la UNESCO, con el fin de evitar, dentro de los límites marcados por la Declaración universal de los derechos humanos, los efectos negativos de la globalización.

 En consecuencia recomendamos a las autoridades competentes de nuestros respectivos países que adopten todas las medidas necesarias para la protección y la promoción de la Fiesta de los toros y para su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial a nivel regional, nacional y mundial.

Felicitamos a la Unión Latina por la organización de este coloquio, a la Junta de Andalucía por el apoyo brindado a este encuentro y, de manera más general, por su compromiso en la promoción de nuestra Fiesta, y a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla por su espléndida acogida. Agradecemos a todas las instituciones y organismos por su colaboración y apoyo.

Adherimos a la Declaración del Foro Mundial de Cultura Taurina, celebrado en Terceira a principios de este año, y apoyamos todas las iniciativas emprendidas por organismos y asociaciones en nuestros ocho países para la defensa y promoción de la Fiesta de los toros. Nos comprometemos a establecer una permanente coordinación y solidaridad para mantener vivo este patrimonio inmaterial compartido del mundo latino.

Sevilla, 16 de abril de 2009.

Andrés Amorós (España)

Raúl Aramburu Tizón (Perú)

José Carlos Arévalo (España)

Bartolomé Bennassar (France)

Antonio Caballero (Colombia)

José Francisco Coello Ugalde (México)

Fernando Cuadri (España)

Eduardo Dávila Miura (España)

Luís Francisco Esplá (España)

Juan Carlos Gil González (España)

Araceli Guillaume-Alonso (France)

Jorge F. Hernández (México)

Julián López El Juli (España)

Victor Mendes (Portugal)

Eduardo Miura (España)

Esteban Ortiz Mena (Ecuador)

Alberto Ramírez Avendaño (Venezuela)

César Rincón (Colombia)

Indalecio Ruiz Calatrava (España)

André Viard (France)

Francis Wolff (France)

François Zumbiehl (France)

    Por lo tanto y desde aquí, recomiendo ampliamente la lectura de esta “novedad”, para que todos aquellos aficionados a los toros conozcan a detalle esa experiencia, rica en elementos que permiten entender diversos significados de este singular espectáculo. Con ello, estaremos en condiciones de prepararnos para la siguiente etapa sugerida también por la UNESCO, y de la que pronto espero dar noticias.

 Juan Carlos Gil González (Coord.): LA FIESTA DE LOS TOROS. Un patrimonio compartido. Almagro, Editorial Biblioteca Nueva, S.L., en coedición con la Junta de Andalucía y Unión Latina, 2010. 169 p. (Biblioteca Nueva, 17).

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EL ARTE… ¡POR EL ARTE! OCTAVA ENTREGA. EL HISTORIADOR Y EL POETA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El quehacer de la investigación rinde de pronto, unos frutos inimaginables. Lo que se leerá a continuación, es un texto que si bien, originalmente no guarda ninguna relación con el toreo, la tiene desde el punto de vista del concepto que allí se vierte. Una teoría del arte siempre es bienvenida en el espacio taurino, sobre todo para que, desde otras perspectivas, pueda entenderse la concepción del ejercicio espiritual, donde entre lo técnico y lo estético radica la principal razón de su existir. Cuando un nuevo aficionado tiene ante sí la posibilidad de decodificar los significados del toreo, se encuentra ante la enorme dificultad de no entender –de buenas a primeras- en qué momento es arte, y en cual otro surge el dominio del diestro, pero esto, al cabo de muchas jornadas, como muchas lecturas o muchos recorridos por diversos museos, permiten poner en claro al neófito que se encuentra ante una auténtica obra de arte. Con frecuencia, esa obra puede convertirse en auténtico paradigma, lo que produce una búsqueda de lo perfecto. Acaso, ¿no son “La Piedad” de Miguel Ángel, o “El Mesías” de Haendel dos obras, entre el conjunto de las producciones universales culminantes, anhelo de muchos y explicación de otros?

   Por eso, el toreo guarda esa misteriosa dosis de elementos que le dan, por un lado condiciones de tragedia y por el otro, hacen que se convierta en fuente de ilusiones debido al misterioso potencial del que es poseedora. Y si la prudencia interviene aquí en un “quite” magistral, entonces es momento de disfrutar el texto que hace 155 años escribiera Francisco G. de Medina acerca de dos manifestaciones que, como pudo tratarlas en su escrito, se complementan a plenitud. La historia y la poesía, la poesía y la historia. Me parece –para terminar- que lo culminante de este texto se encuentra en la siguiente frase: “…todo poema debe constituir no solo un todo, sino la unidad completa en lo posible. Los historiadores antiguos entendieron bien esa máxima que es común a las artes de imitación, a la poesía, a la elocuencia, a la pintura, a la escultura, a la música y por consiguiente a la historia, la cual no es más que una pintura escrita…”

    Por lo tanto, y para dar paso a la lectura del texto traído hasta aquí, nada mejor que contextualizar la idea en el toreo de la siguiente manera: Toda obra tauromáquica debe constituir no solo un todo, sino la unidad completa en lo posible.

 EL HISTORIADOR Y EL POETA.[1]

    Los siglos más inmediatos al nuestro cayeron en la cuenta de que, para escribir la historia no bastan los preceptos de la elocuencia, y examinando a los historiadores antiguos con la misma rigidez que juzgaba Dionicio Alicarnaso a la de Tucídides, juntaron un buen número de observaciones para formar un arte cabal, apareciendo más perfectos, si como fueran humanistas se hubieran presentado como filósofos los que trabajaron en ordenarla. Detuviéronse principalmente en las partes y en el estilo, sin acertar con la forma que corresponde a toda obra que resulta de un arte instrumental, o de imitación. El diverso giro y estructura de las historias que examinaron para deducir las reglas, les suministró el conocimiento de las bellezas parciales que deben usarse en cada clase de narraciones. Supieron hallar los medios para construir un todo agradable, útil y bello; pero como en este todo debe residir un alma, un espíritu, un móvil que anime, o que sea como el centro o punto de apoyo que sostenga su mecanismo, al señalarle procedieron con tal incertidumbre, que apenas han sabido decirnos cual es el fin de la historia. La poética padecería la misma indeterminación, si sus primeros elementos no hubieran caído en manos de Aristóteles. Antes de enseñar los medios de hacer un poema bello, indagó el centro íntimo a donde debían ir dirigidas todas las partes más hermosas de su composición, y de aquí nace que todo poema debe constituir no solo un todo, sino la unidad completa en lo posible. Los historiadores antiguos entendieron bien esa máxima que es común a las artes de imitación, a la poesía, a la elocuencia, a la pintura, a la escultura, a la música y por consiguiente a la historia, la cual no es más que una pintura escrita; esa máxima bien entendida y practicada por Herodoto, Xenofonte Plutarco Salustio, Tito Livio y Cornelio Tácito, es cabalmente la que se escapó a la perspicacia de los formaron el arte histórico: en el aspecto de lo verdadero caben las mismas reglas que en la ficción y expresión delo inverosímil. El encadenamiento y dependencia que tienen los hombres entre sí, hace que las acciones de muchos de ellos vayan de ordinario encaminadas a un solo fin, y he aquí el oficio de la historia. Las sociedades civiles son una especie de poemas reales y fábulas verdaderas, ya se consideren en el todo, o en alguna de sus partes.

   La fábula poética es una, por el fin o centro a que debe dirigirse todo lo comprendido en ella. La narración histórica debe igualmente ser una por el objeto a que se dirigen todos los sucesos, y operaciones que abraza. El poeta da a sus trabajos la forma, orden, constitución, y economía que corresponde a la calidad del asunto, y clase de obra que elige. Igual obligación corresponde al historiador. El poeta expresa los caracteres de los hombres, del modo que éstos obrarían supuesto en ellos tal genio y tal estado. El historiador retrata la verdad de esos caracteres, representándolos del modo más a propósito para comprenderlos. En el mover de las pasiones, en la energía del escribir, en los episodios, en las costumbres, en las sentencias, y en las demás circunstancias accidentales que sirven a la mayor belleza de los escritos imitativos, son iguales el poeta y el historiador, porque del mismo modo debe deleitar la historia que la poesía, y hacer amable la enseñanza.

 Francisco Granados de Medina.


[1] EL GENIO. PERIÓDICO POLÍTICO, COMERCIAL, CIENTÍFICO LITERARIO. Por el Lic. Francisco G. de Medina. T. I., Nº 16. Victoria de Tamaulipas, 12 de Mayo de 1856. Impreso por Francisco Hernández, Calle de Morelos Núm. 4, p. 5 y 6.

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FESTEJO TAURINO EN SAN ANDRÉS LAGUNAS, TEPEZCOLULA, OAXACA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

La presente efeméride ocurrió el 5 de abril de 2011.

   Ya sin demasiado escándalo, y al transcurrir de los días, un rincón oaxaqueño volvió a ser escenario de un festejo taurino. Esto apenas acaba de ocurrir el pasado 5 de abril, en San Andrés Lagunas, Tepezcolula. Se trató de un festejo mixto en el que, para celebrar al santo patrón del lugar, que es el señor de las Misericordias, los mayordomos de dicha población decidieron organizar un festival, en el que actuaron los matadores Marcial Herce, Manolo Lizardo, así como el novillero Pablo Soberanes y hasta pudo “colgarse” del cartel el becerrita José Mari Mendoza quien por cierto salió a hombros con las orejas y rabo de su ejemplar.

http://www.sabiosdeltoreo.com/Salidas_asp/Noticias/noticiasTaurinas.asp?Numerador=4155

    De reanudarse como ya es un hecho la actividad taurina en un estado que se negaba a hacerlo, o por lo menos en forma aislada porque sus autoridades permitieron al paso de los años este o aquel festejo, el hecho es que Oaxaca se convertirá en un nuevo caldo de cultivo, donde tendrá que irse definiendo una afición, ahora en cierne. Recientemente mi buen amigo el Lic. Xavier González Fisher me informaba sobre el hecho de que el 27 de mayo de 1932 se realizó otro festejo en la capital del estado, en una plaza de toros conocida como arena “Rodolfo Gaona”. Así que los desinformados siguen diciendo que luego de 175 años de prohibición, Oaxaca vuelve a recuperar ese espectáculo, cuando se ha podido demostrar con los pocos documentos o noticias que se tienen (equivalentes a un número menor de festejos), que décadas atrás ocurrieron otras tantas jornadas taurinas en el mismo estado sureño donde ya se conciben fuertes esperanzas para un nuevo territorio taurino.

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UN “COMBATE”… NO NECESARIAMENTE TAURINO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Hace algunas semanas, tuve la oportunidad de ser invitado por el Lic. José Amalio Ballesteros, reconocido taurino, para visitar el rancho “Yeregé”, de su propiedad, el cual se encuentra en el estado de Michoacán. Es un sitio muy bello, emblemático, que acumula más de cuatro siglos de historia y por el que tiene un afecto entrañable. Por cierto, en el pasado se ostentó como una hacienda ganadera que debe haber nutrido de toros a diversas fiestas, destacando entre otras, las que ocurrieron en 1789 con objeto de celebrar al virrey Marqués de Croix, al Visitador José de Gálvez y el Ayuntamiento de la Ciudad, hecho que ocurrió en la plaza de toros el Volador, para lo cual fueron adquiridos sesenta toros, vendidos por el entonces propietario don Juan Francisco Retana. Hecha la aclaración del caso, vuelvo al recorrido por sus diversas instalaciones. Entre otras, la “troje”, ese lugar destinado al almacenaje de granos y semillas. Hubo momento en que pudo pasarse a su interior, y en él, me encontré con un interesante “paisaje” consistente en parte de la cosecha del maíz en sus dos colores, tal y como se puede observar en la siguiente fotografía:

Al centro, se encontraba esa vara seca de una de las matas de maíz, donde se sostenía una mazorca. Cuando el Lic. Ballesteros me dijo que eso equivalía al “Combate”, de inmediato busqué elementos para explicar el mensaje de dicha señal, y he aquí la respuesta.

   “Combate” es la celebración anual en las haciendas, a la terminación de las cosechas. Consistía en diversos festejos verificados exclusivamente en honor de los peones. Se les servía abundante comida; había música, palo ensebado, toritos de fuego, bailes y demás diversiones propias de la gente del campo; se les obsequiaba, además, con diversas prendas de vestir.

   Así que el compromiso quedó estipulado en una rica y abundante comida a la que está obligado por semejante gratitud de la naturaleza.

   Pero el hecho no queda ahí. En una antigua fotografía que he encontrado al paso de mis revisiones, me detengo ante una que apareció en un número del Sol y Sombra, publicación española de finales del siglo XIX y primeras dos décadas del XX. Allí, en un ejemplar de 1902 apareció de manera asombrosa un hecho similar que aquí reproduzco.

   Según el “pie de foto”, dicha imagen se produjo en la hacienda de San Diego de los Padres. El fotógrafo, en algún momento reunió a los invitados, pero también a un grupo importante de trabajadores, acompañados algunos de ellos de sus esposas e hijos. Casualmente la imagen fue hecha en un sitio que si bien no es la “troje”, debe ser, por otro lado algún lugar inmediato a dicha dependencia. Pero lo curioso del caso es que el “supuesto ganadero de Atenco”, marcado con el Nº 1, sostiene una vara, y en ella no está una, sino varias mazorcas.

Costumbre inveterada esta del “Combate”, que generó un vínculo muy especial entre hacendados y sus dependientes, pero que, como ha venido comprobándose, no se perdió. Sigue siendo una práctica en nuestros días.

   Termino apuntando que tengo mis dudas al respecto. En las pocas imágenes que existen sobre los hermanos Barbabosa, sobre todo aquellas que se remontan a principios del siglo XX, ninguno de ellos se dejaba la barba. Eso sí, unos bigotes, quizá uno más de esos aderezos faciales que marcaban distinción y aristocracia, según los dictados de la época. Además, el señor que aparece identificado como D. Manuel García, apoderado de “Reverte” tiene, en todo caso, una enorme semejanza con don José Julio Barbabosa, ganadero de Santín. La actitud de desparpajo y arrogancia con que se deja retratar no puede ser sino la de el propietario de los “toros nacionales”. Véanlo en estos dos acercamientos.

Conclusión: Si el señor que atribuyen como el ganadero de Atenco no es en realidad, puedo sugerir que podría tratarse de Juan González o Manuel Terrón, personal de confianza de D. José Julio Barbabosa. Y si el apoderado de “Reverte” no es el dicho apoderado, también podría concluir insinuando que no es otro que José Julio Barbabosa.

   Total que por el pretexto de un “Combate” pasé a otro “Combate” con el respectivo desmenuzamiento de la imagen, no sé si para desmentir, aclarar, o para confundir aún más en este intento por aproximarme a la realidad. Espero me dispensen sus “mercedes”…

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