PARTIMOS DE UN CERO DEMOLEDOR.

Por: José Francisco Coello Ugalde.

Allí está también el futuro, templando y mandando.

   La enseñanza de la historia y otros saberes pasan por el peor de sus momentos. Ante la necesidad de implantar nuevos y eficientes programas educativos, la didáctica, la pedagogía y otras especialidades tendrán que unir esfuerzos para proporcionar a los maestros o guías, las herramientas convenientes para un buen conocimiento. A distancia es el método más recomendado, aunque lo presencial es requisito en el que se buscarán formas apropiadas para su aplicación. Sin embargo, no toda la comunidad en nuestro país goza del privilegio por razones que priman en la desigualdad social, y en eso el estado debe garantizar que el total de la población alcance una educación de calidad. El imperativo es por tanto ese, donde por ningún motivo tenga que argumentarse la falta de recursos digitales. Como sabemos, el 52% de la población se encuentra en pobreza y un 40% en condiciones inestables de preservar su materia de trabajo con lo que sus ingresos se vulnerarían en forma irreversible.

Con la educación por tanto, se deberán encarar nuevos escenarios, donde se presente un incremento considerable a nivel licenciatura en adolescentes, porque seis años en el nivel primario y otros tres en el secundario ya no son viables. Del mismo modo, las universidades ajustarán sus planes de estudio a puntos tales que alcancen a titular generaciones de aquí en adelante. Y no se diga al respecto del posgrado, donde otros tres años sean suficientes para que alcancen su primer doctorado antes de los 18 años. Y si así lo desean, continuar acumulando otros más. A todo lo anterior debe sumarse la especialización, cursos en línea con valor curricular, diplomados, etc. Lo que tendrán en frente los patrones a la hora de contratar, es un sólido conjunto de especializados.

El problema latente es la automatización en buena parte de la industria lo que hará difícil contratar legiones de hombres y mujeres con esa capacidad de conocimiento nunca antes vista. El trabajo en casa es una vertiente más y mientras los ingresos queden garantizados, la movilidad de ese sector no será visible en los ámbitos donde apliquen su experiencia. Así que se podrán ver también generaciones de trabajadores que terminen su ciclo antes de los 50 años de edad, en condición garantizada para una pensión digna. Claro, todo esto en condiciones ideales.

Resuelto ese escenario, debe haber una peculiar asistencia a sectores que por diversas razones vayan quedando en un notorio atraso que perjudique, en consecuencia el acceso, primero a una vida digna y luego, entre otras opciones a cadenas productivas, por lo que es de esperarse que los conflictos o ausencias aquí planteados se resuelvan a satisfacción de las necesidades elementales a que todos tenemos derechos en la nueva sociedad igualitaria, donde a pesar de que una minoría acumule el mayor porcentaje de riqueza, el resto de la población pueda vivir en forma solvente, sin que falte nada que vulnere su condición, en este aquí y ahora, y en el futuro inmediato.

Me preocupa, en tanto historiador, cuál ha de ser el nuevo soporte de preparación para las generaciones venideras. Tenemos claro que las humanidades pueden tener mejor percepción que las ciencias y que ese segmento puede continuar su enseñanza al amparo de un conocimiento donde está presente un alto grado de dificultad en términos de lo abstracto que exige dicha preparación. Sin embargo, las humanidades, y en particular la historia tiene ante sí el enorme reto de poner en valor el pasado, cuando este aparentemente ha sido borrado por la pandemia. Los maestros saben que las lecciones deberán continuar pues es el único asidero del que dependen, en lo universal o nacional, para que, con su labor, se tenga garantizada la acumulación del conocimiento en forma clara, sin necesidad de wikipedias de por medio. Los alumnos tendrán que seguir pensando, discutiendo, reflexionando debidamente ese contexto, pues de alguna manera, tampoco puede borrarse la sentencia afirmada por Edmundo O´Gorman: “el pasado nos constituye”, justo cuando el eminente profesor universitario, se dedicó a combatir permanentemente la cuestionable postura de un historiador alemán. “Afirma Leopold Von Ranke que el pasado ya nada significa como influencia viva para nosotros. ¿Qué riesgo hay en decir la verdad?, había preguntado hacía años Feijóo refiriéndose a los historiadores. Ranke está firmemente persuadido de que la historia es lo pasado, lo que ya pasó y que, en consecuencia, lo presente es constitutivamente ajeno. Está claro que por presente entiende Ranke la vida.”

Así que, al margen del historicismo que O´Gorman defendió a ultranza, el dicho de Ranke se vea hoy como contundente razón que se afirma bajo las condiciones impuestas que lamentablemente soportamos.

En otro sentido, y a poco tiempo de que pueda ostentar el doctorado en Bibliotecología y estudios de la información también me preocupa el destino de toda aquella concentración de libros reunida en espacios que cada vez se ven menos visitados. ¿Se convertirán en otros tantos museos, como lo que ocurre con colecciones como el de la Universidad Nacional y su rico fondo reservado, o el de la no menos célebre Biblioteca Palafoxiana?

Este será otro reto a resolver y todos aquellos conjuntos del conocimiento no pueden quedar hacinados. Buena parte de la literatura se encuentra digitalizada por lo que eso genera destinos de conservación sólo de originales o piezas únicas y entonces las grandes instalaciones se conviertan de inmediato en elefantes blancos. Incluso, muchas de ellos son edificios faraónicos, donde sólo cabe la posibilidad de hacer un reparto equitativo y balanceado que soliciten sus responsables a partir de faltantes temáticos en otras regiones del país a donde por la razón que se argumente, no llegaron en forma conveniente.

Pero a donde pretendo llegar también es sobre toda aquella historia acumulada en casi cinco siglos en una expresión de la vida cotidiana como es la tauromaquia. Cuando el agotamiento informativo es inminente, me parece que quedará confinada a una información digitalizada, donde sólo temas específicos puedan desarrollarse en buen número de colecciones, siendo la mejor opción la completísima biblioteca “Salvador García Bolio”, ubicada al interior del Centro Cultural y de Convenciones “Tres Marías”, en Morelia, Michoacán y cuyo propietario, el Dr. Marco Antonio Ramírez ha sido por años, promotor a la hora de incentivar esta historia paralela a la del propio país. dicho recinto garantiza su conservación y preservación, y como se percibe, será hasta el fin de la humanidad.

Pasarán muchos años para alcanzar la estabilidad que paró en seco al comenzar 2020, y esto en todos los ámbitos constituidos por la humanidad en su conjunto.

Ahora bien, sea cual fuere la decisión que la UNESCO pueda tomar al respecto sobre si la tauromaquia debe convertirse en patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, en este preciso momento, ya no cobra el sentido pasional que teníamos hasta hace unos meses. Si bien, ha sido un elemento cotidiano, este ha sido el cúmulo de intermitentes pasajes que una buena y consistente literatura, ha estudiado en forma racional, junto a la muy ligera que abunda en anécdotas y pasajes que dan colorido a su representación. Por lo tanto –por más que se busquen razones-, esto por ahora no tiene ninguna importancia, salvo que aún se tomen en cuenta los bien intencionados argumentos que existen al respecto.

El conocimiento acumulado de la humanidad se ha trastocado en forma contundente. Tendremos que aprender, de aquí en adelante lo que represente el nuevo tiempo, que se ve respaldado eso sí, por todo lo que significaron siglos de formación. Y si a eso se agregan circunstancias políticas o religiosas que diezmaron el aprendizaje y pusieron a muchos pueblos en limitada situación cultural, lo que queda es un pliego que puede leerse y entenderse en el menor tiempo posible.

Ya solo habrá discusiones encendidas que acusen a este o aquel pueblo de haber hollado territorio y población. En todo caso, se recordarán como casos infames producidos por efectos militares, o ideologías del absurdo que se impusieron para dominar. La teoría del fin de la historia planteada no hace mucho por Francis Fukuyama nos parecía un absurdo, y ahora se cumple a cabalidad. Iniciamos la nueva época –eso sí- en medio de registros noticiosos intrascendentes.

Al hacer exhaustiva búsqueda de información ya no solo en bibliotecas o archivos sino por internet la desilusión aumenta y es constante en el hecho de que pretender buscar este o aquel dato en abundancia, nos da como resultado reiteraciones. Y la historia del toreo en México es una víctima más en todo ello. Con los pocos libros escritos hasta antes del siglo XX, y con las mínimas ilustraciones el armado de su historia debo reconocerlo, no dio para mucho. Es decir, el tema por ahora se ha agotado. En cuanto al propio siglo XX, creo que todo está dicho también y lo que queda es valernos y apasionarnos por las anécdotas, los recuerdos o las fotografías para mantener viva la tradición.

En todo caso, es recomendable para afirmar e iluminar nuestro conocimiento, la lectura de cuanto libro se tenga al alcance, recrearnos en museos que tampoco nos dan mucho, pero que son espacios que están ahí para solaz y esparcimiento.

Leo en estos momentos Sor Juana o las trampas de la fe de Octavio Paz y el célebre autor hace auténtico trabajo de microscopio dedicado a tan célebre mujer y su tiempo. Sorprendido voy de página en página conociendo aspectos en que muchos autores también se habían detenido como lo fue su paso de la vida ordinaria a la religiosa. Sin embargo, cuanto fue necesario explicar dicha decisión en términos que parecerían irrelevantes, el autor ocupa varias páginas para entender lo que hubo atrás de aquello. Pues bien, esto me lleva a entender que en un caso de vida privada se explora hasta lo último.

Así ha sido en lo taurino, componente de la vida cotidiana, a veces intrascendente, epidérmico y en otros casos profundo, donde las fibras sensibles quedan en conmoción. “Su” literatura allí está, a disposición y quede en los lectores el mejor juicio al respecto.

La pregunta que nos hacemos todos es una severa sentencia sobre el futuro de la humanidad, ante todo lo ya hecho (o casi todo), creo que estaremos condenados por buen número de años a un vacío contundente, solo animado como ya es sabido, por la gracia del conocimiento que allí está, en su condición universal buscando que cuanto se lea será alimento espiritual.

Finalmente, por el hecho de ser taurinos, buscaremos como es nuestro principal defecto, el asidero de los recuerdos, de esas pasiones que no deben faltar, pues estamos tallados por las fibras sensibles que han de seguir nutriéndonos hasta donde esto sea posible.

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