Archivo mensual: enero 2015

CARTEL CON SELLO DE MUJER.

A TORO PASADO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

CARTEL CON SELLO DE MUJER. Opinión al décimo festejo ocurrido la tarde del 20 de septiembre de 2009, dentro de la temporada de novilladas 2009. Plaza de toros “México”: Elizabeth Moreno, Lupita López y Vanessa Montoya con 3 de La Muralla y 3 de Sergio Rojas.

    La novillada se prolongaba más allá de lo razonable. Además, un toldo oscuro que amenazaba lluvia a cada instante se acercaba peligrosamente al impulso de un viento molesto que ya no cesó durante el festejo.

   En el ruedo de la plaza capitalina, tres novilleras pasaban apuros debido, y eso vale la pena reconocerlo a su entrega, aunque esta contara con una notable ausencia de técnica y rodaje, dos factores de peso a la hora de valorar diversos aspectos que determinan, en este caso tan particular, el destino de quienes, como ellas, se les vio reunidas en un cartel con sello de mujer.

   El destino a veces es cruel o se da como un golpe de suerte que si no se le aprovecha en seguida, así como llegó, así puede esfumarse. Es decir, un auténtico albur.

   Desde el paseíllo, las cosas apuntaban a cante mayor, pues se les veía tanto a Elizabeth Moreno, como a Lupita López y a Vanessa Montoya materialmente decididas al triunfo y no otra cosa. Uno era el propósito. El despropósito se apareció en forma de infortunio, puesto que habiendo puesto todo el empeño posible, pasaron ratos inesperados, tiempo este que incluso se extendió más allá de lo permitido y que en buena medida fue elemento clave a la hora de la verdad, pues se pasaron de faena y pasaron fatigas a la hora de oficiar con la espada, que hasta estuvieron en riesgo de ver regresar a sus enemigos a las corraletas. En el conjunto de los seis novillos, fue abrumador, y desesperante observar cómo, la ausencia de buenos consejeros y la práctica hasta la terquedad de esta suerte, brillaron por su ausencia. Es una lástima, pues al igual que otros tantos jóvenes del sexo contrario, ese aspecto parece estar en absoluto descuido, cosa que no pudieron ocultar, en la tarde del domingo 20 las novilleras actuantes. En todo caso fue más que evidente. Sin embargo, el público las trató con respeto y tolerancia. Hubo momentos incluso en que el silencio fue tal, y casi oíamos el pulso de Lupita López, cuando se perfilaba a matar a su segundo, quinto del festejo.

   En buen parte de los tendidos de la plaza aparecía la rumorología, se deseaban los “hubieras” y se invocaba al azar como fermento de las posibilidades que solo llegaron por instantes.

   Fue un espectáculo intenso aunque dotado de ciertas impaciencias generadas, ahora lo sabemos, por ese racimo de nervios y de pasiones encendidas que resultó ser la terna programada para tan especial ocasión. Con un poco más de visión por parte de muchos empresarios, estas tres mujeres, junto a Hilda Tenorio podrían contar en su haber con un destino más favorable. Los claros defectos que mostraron no son más que el resultado de una limitada trayectoria de actuaciones en varios años de andar en esto, por lo que tal insuficiencia es muestra del escaso apoyo, de la condición marginal que deben enfrentar como mujeres en un elemento detentado por hombres y cuyos controles se pueden convertir en auténticas murallas, sobre todo porque aplica la falocracia, el patriarcado, el machismo, o lo misógino de muchos que se oponen a la presencia femenina en el espectáculo. Eso no es de hoy, viene de mucho tiempo atrás, pero se ha relajado un poco en estos tiempos en que se ha permitido la presencia de la mujer en el quehacer taurino, presencia que se ve reflejada en diversos testimonios y actuaciones, cuyo protagonismo, el más alto, es dejarlas torear, y si además lo hicieron tres en un mismo cartel, el aspecto se convirtió en algo enteramente novedoso, causante del morbo natural que por lo menos ayer no encontró el eco deseado, pues la entrada que registró la plaza de toros “México” con mucho era la de una tarde de novilladas cualquiera en estos tiempos. En todo caso, se habría esperado un mejor escenario, puesto que la terna no era cualquier cosa.

ELIZABETH MORENO_20.09.2009

imagen tomada del portal de internet “Opinionytoros.com”

   Poesía no eres tú, clamaba y proclamaba Rosario Castellanos en la mejor de sus antologías poéticas, en contraste o confrontación con aquella postura bequeriana que respondía a la pregunta de cierta admiradora del poeta sevillano, sobre lo que para Gustavo Adolfo Becquer significaba precisamente la poesía. Su respuesta, aunque contundente no dejaba de mostrar el peso de un romanticismo que hoy parecería simplón. “Poesía eres tú”. Por eso, la antítesis que planteó Castellanos desde su actitud en tanto mujer, parece retar aquel episodio anacrónico. Si bien, por un lado Rosario Castellanos deja en tal obra su mejor sello, y lo confirma con una postura anti-romántica, propia de su tiempo y su estilo metido ya en plena contemporaneidad. Y actitudes como la suya fueron hechos aislados pero heroicos, como el de Carmen Mondragón o “Nahuí Olín”, Elena Garro, Remedios Varo, Pita Amor y hasta de la religiosa Concha Urquiza. Aquella condición limitada a la que quedaron sujetas, vistas además como agentes provocadores hoy día tienen plena libertad de acción, por lo que su condición, aunque restringida, tiene actualmente mayor cobertura que no se ha ganado por concesión, sino por justo derecho de equidad. En ese sentido, el hecho de que la mujer participe en el papel principal de un espectáculo supuestamente reservado para el hombre, me parece un avance significativo en las relaciones humanas que velan por la igualdad. Es muy común todavía, encontrarnos con actitudes intolerantes que se cierran al mundo por el hecho de pensar que la mujer vaya apropiándose de espacios antes reservados en exclusiva a su oponente natural: el hombre. Conforme avanzan los tiempos, su lugar en muchos sentidos adquiere un aspecto tan representativo per se, que no debe haber por ello ninguna reacción en contra. Lamentablemente todavía existen culturas que restringen y limitan su presencia, salvo que lleven elementos que oculten su apariencia como la burka o la “tarha”, el pañuelo tradicional sudanés que cubre la cabeza y los hombros. De no ser así, nos enfrentamos al terrible fenómeno de tortura, maltrato y lapidación, acusaciones fuera de lugar como el hecho de usar, entre otras prendas el pantalón de mezclilla (el caso de Lubna Ahmed al Hussein quedó inscrito en lo más ridículo de Ondurman, que pertenece a Sudán). “Si algunas personas se refieren a la sharia (ley islámica) para justificar la flagelación de mujeres por cómo se visten, entonces díganme qué versos coránicos o hadith (dichos del profeta Mahoma) lo dicen. Yo no los he encontrado”, fue su respuesta ante la autoridad que la sentenciaba (a una multa, misma que al no pagar se tradujo en un mes de cárcel), mientras otras compañeras suyas eran sentenciadas a sufrir la penosa sentencia de latigazos infamantes. El incidente de Lubna Ahmed ocurrió en julio de 2009 al ser detenida en un restaurante por ir vestida con un pantalón ancho y una blusa larga.

   Que la mujer siga siendo objeto de actitudes como la anterior en este avanzado siglo XXI me parece una total condición anti natura que desfavorece a la razón humana, espectro que ha sido motivo de innumerables revisiones, sobre todo desde el momento en que el movimiento ilustrado de finales del siglo XVIII coincidía con la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, adoptada desde el 14 de julio de 1789. Sin embargo, a la persona de sexo femenino no se le cita en ninguno de sus 17 artículos, lo que pone en un predicamento al texto fundamental.

   En fin que la discusión sobre el tema de la mujer sigue siendo, en la teoría o la práctica un polémico ardid planteado desde la posición masculina y se percibe que en ese sentido ha ido madurando lentamente hasta concederle –como ya se dijo- el lugar que la justicia le permite a la mujer que no solo va de insertarse en la vida doméstica como arquetipo (o encasillada en este ámbito), sino también en la vida laboral o académica. Por fortuna, para ellas es una auténtica realidad mostrarse y demostrarse con sus capacidades o limitaciones en el ambiente de los toros, y eso lo pudimos comprobar en el cartel que dichosamente fue programado para la tarde del 19 de septiembre de 2009 en la plaza de toros “México”. Cartel que por otro lado no tuvo, como era deseable, los resultados apetecidos en lo artístico, al margen de los buenos detalles que vimos a lo largo de un largo festejo.

20.09.2009

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 PEQUEÑAS JOYAS DE LA TAUROMAQUIA MEXICANA EN 1886. (LA SEXTA y ÚLTIMA).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

PLAZA DE TOROS EN PACHUCA, HIDALGO. Domingo 7 de noviembre de 1886. Se verificó la corrida segunda de las tres que tiene contratadas Fernando Gutiérrez “El Niño”.

   Las notas que siguen, aparecieron publicadas en El Arte de la Lidia, año III, Tercera época, N° 5 del 14 de noviembre de 1886, p. 2-3.

   Con una tarde fría y desagradable, como vd. No puede formarse idea, y a las 4 y media en punto dio principio la función. Excuso decir a vd. Que los toros que se habían de lidiar pertenecían a la hacienda de San Javier. El público, ya escamado de las corridas anteriores, brilló por su ausencia; es decir, que solo hubo media entrada; castigo merecido para la empresa, pues la voz general del pueblo le había indicado que dichos toros no tienen lidia posible por estar todos toreados en distintos puntos, y vamos a la corrida.

   Hecho el paseo por la cuadrilla, según costumbre, marchando al frente el simpático Gutiérrez y acompañado sólo del torero mexicano Genovevo Pardo, pues los demás no son conocidos como tales, se dio suelta al primero de los cuatro toros que estaban destinados al sacrificio.

WILSON_PACHUCA FINALES SIGLO XIX

De la emprendedora ciudad, que crecía de acuerdo a los nuevos tiempos, impulsados sobre todo por la minería, salieron de esas casas los entusiastas aficionados hacia la plaza de toros para disfrutar la tarde que aquí se reseña. Imagen que procede de la revista Bicentenario, el ayer y hoy de México, N° 5, p. 62-67. “Señor Carranza, Que me devuelvan la plata” disponible en internet, enero 28, 2014 en: http://revistabicentenario.com.mx/index.php/archivos/senor-carranza-que-me-devuelvan-la-plata/

    De color josco, bien puesto, salió correntón (sic), pero sin hacer caso ni de capotes ni de los caballos, después de varias carreras y tomando de huída cuatro puyazos, tocaron a banderillas; un joven nuevo en el arte, conocido por el Orizabeño, intentó poner tres pares de banderillas, pero el toro no hacía por el diestro y quedó deslucido. Tocan a muerte y el público protestaba, pero la autoridad así lo dispuso el Niño coge los trastos y después de varias vueltas tras de la res, porque no acudía al engaño, pudo dar una estocada baja y dos intentos de descabello, rematándolo el cachetero después de varios golpes.

   El segundo, amarillo oscuro, de buena estampa y algo más bravo que su hermano el Niño le dio varios lances de capa que le valieron palmas. De los piqueros tomó varios puyazos sin consecuencias para la caballería. Lo banderilleó Genovevo con tres pares regulares. Tócase a matar y Fernando se arma de estoque y muleta; pide permiso al Sr. Juez y se dirige a su adversario, a quien después de varios pases naturales y dos con la derecha le da una estocada por todo lo alto hasta la empuñadura, resultando algo tendida; vuelve a pasarlo con la derecha, e intenta descabellar dos veces; viendo el presidente que se hacía larga la faena, mandó lazar.

   El tercero verdugo meco, grande y de poder, salió mansurrón; a fuerza de echarle los caballos encima, tomó cinco puyazos y derribó a los jinetes. Otro torero de los que no conozco quiso poner banderillas, pero no le fue posible; terminando la faena el Orizabeño, que fue cogido dos veces, sin consecuencias; muchas palmas al muchacho por su valentía. Gutiérrez cede los trastos a Genovevo, a petición del público, y después de varios pases a su manera, pincha dos veces, vuelve a pasar y da una estocada a meteisaca que corta el tendón de la mano derecha (es decir, descordó al toro) y queda el toro sin poder caminar; el presidente manda a los lazadores que cumplan su cometido.

   El cuarto y último, josco listón, único toro que pudo torearse. El Niño dio varios lances a la verónica, escuchando palmas; tomó varios puyazos sin consecuencia para los piqueros ni caballos. Salieron dos jóvenes a banderillar, pegando dos medios pares. Fernando brinda su último toro a la presidencia; después de varios pases naturales y dos por alto, cita corto, y da un meteisaca hasta los dedos, vuelve a pasar y da una buena estocada en su sitio que hizo rodar a la fiera.

   Por lo que llevo expuesto, amigo mío, comprenderá vd. que con bichos como los lidiados esta tarde y con cuadrilla que solo dos pueden llamarse toreros, no es posible que ningún capitán salga airoso de su empresa.

   Aconsejamos a los señores empresarios, busquen toros que no estén corridos en otra parte, pues de lo contrario sufrirán grandes pérdidas sus intereses.

Suyo afmo. y s.s.

EL CORRESPONSAL.

    Fernando Gutiérrez seguía muy activo, alternando por aquí y por allá. Ahora le tocó el turno hacerlo junto con Genovevo Pardo y “El Orizabeño”. Sin embargo, en la lectura de otras crónicas, las actuaciones de “El Niño” merecieron la puntual observación de los “reporter” respecto a los frecuentes percances de que era blanco el diestro español, pero hecho de algún raro material, respondía con fortaleza, la de aquel joven fornido que ya conocimos en el retrato de la entrega anterior.

   Lamentablemente el ganado que las cuadrillas enfrentaron en Pachuca, no tuvo, ni por asomo la calidad de lo que merecían los aficionados (¿dónde hemos visto ese mismo comportamiento por estos días que van del 2015, dónde?). Ya se ve que la mala costumbre de los empresarios por tomarle la medida a quienes deberían consentir no es un asunto al que se acostumbren, ni por tantita dignidad…

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 PEQUEÑAS JOYAS DE LA TAUROMAQUIA MEXICANA EN 1886. (LA QUINTA).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 PLAZA DE TOROS EL HUISACHAL, ESTADO DE MÉXICO. Domingo 12 de septiembre de 1886. Francisco Jiménez “Rebujina” y Fernando Gutiérrez “El Niño” con toros de Santín.

   Resulta interesante acudir a los comentarios que desplegó “Un reporter” en El Diario del Hogar del 14 de septiembre de 1886, p. 2, quien elaboró larga crónica para LA PRIMERA CORRIDA DEL “NIÑO”.

 El éxito del “Niño” en la justificación de su sobrenombre, como torero, fue completo en esta vez.

   Cuando Quevedo escribió aquel soneto “A un narigudo”, que comienza con este verso:

Érase un hombre a una nariz pegado, se dijo por alguno que estaban por demás los trece versos restantes del soneto.

   Lo mismo podría decirse del resto de estas notas tomadas en la barrera durante la corrida de antier, después de haber dicho ya, repitiendo la opinión general del público de esa función, que el “Niño” justificó su sobrenombre como torero.

   Si estuviste, lector en la plaza, y eres además imparcial como pretenden serlo estos apuntes, opinarás del mismo modo; si no estuviste, es necesario que yo te de una idea del trabajo del “Niño” en dicha función, para justificar mi opinión con hechos.

030_FERNANDO GUTIÉRREZ_EL NIÑO

He aquí al célebre Fernando Gutiérrez “El Niño”, de quien se describen sus hazañas

en la presente evocación. Col. del autor.

    Además, tal vez sea oportuno dar al lector una pálida reseña de la corrida en general: por estas razones, creemos que no basta con decir que el “Niño” justificó su nombre de lidia.

   Óyeme pues, lector, y juzga como buen juez.

   El tiempo en el rancho de los Morales fue bonito, convidaba alegre a entrar cuanto antes a la plaza. Esta, a la hora fijada para el comienzo, estaba llena de gente y de animación. El público de sombra era público de gran estreno. Muchos aficionados, mucha gente de buen trapío, muchos charros de la goma, algunas españolas alegres con toilette flamenca, y casi todo el gremio abarroteril, con la alegría del paisanaje endomingado. En el sitio de los ruidos los muchachos del Tecpan, alegrando los aires, y el juez, con puntualidad señoril, haciendo sonar la obertura en el clarín de un rural, de acuerdo con la hora. Entusiasmo estruendoso en toda la plaza.

   Ábrese la puerta del corralón como forzada por todas las miradas, y aparece dando cara al sol de la tarde la cabeza de la cuadrilla, a vista de la cual resuena otro grito al unísono, como salido de la plaza hecha inmensa boca.

   Terciadas las capas de paseo, campaneando el brazo y con todo el salero toreril en las caderas, la cuadrilla avanza recta al palco presidencial, con el Niño y el coquetón Rebujina al frente. Alto; saludan; ¡bravooo! media vuelta rumbo al sol; el Niño alza su montera sobre su cabeza; ¡bravooo! y se oye algo que entra por los oídos al corazón: el toque del clarín.

   Las capas de lujo vuelan a los tendidos de sombra, se dispersan los muchachos con las de trabajo, trotan los rocinantes a tomar puesto, lanza en ristre los jinetes, y…

   ¡Eso es gloria! Una moña de seda de largos listones tricolores, cuatro patas azotando el aire y dos cuernos sobre una gruesa mancha color de tinta es lo que se ve volar hacia el centro del redondel. ¡Qué hermosa fiera!

   Un encontrón a vuela cuerno con el jaco de un piquero y cataplúm! Después al bicho le apesta la pica, o le espanta la flacura de los rocines, y huye. Clarinazo para parear al rajón.

   Felícitos (Mejía), nervioso como siempre, y de azul y oro, lo llama a grandes señas con los vistosos palos: acude a la cita, y Mejía, de frente, se los deja sembrados en el morrillo.

   ¿Quién grita? todos. ¿Qué suena? la diana. Segundo par, aprovechando; cae un palo junto a los anteriores y otro en el suelo. Tercer par, cuarteando, de manos maestras. Aplauden hasta los horteras. Diana y sombreros. Tras los nones del vítor, el toque de muerte. Gran silencio.

   El Niño de rojo y negro, saluda empuñando los trastos mortales, y cruza la arena como un caballero un salón. Lo miran hasta los ciegos. Hace alto lejos del reo, esperando que lo lleven las capas de la cuadrilla toda.

   Recíbelo en suerte, da dos pases de telón y un horrible puntazo en el esqueleto, que lo sitió todo el mundo como en los callos. El Niño lo debe haber sentido en el alma. Lluvia de frutas y de rayos de sol. El Niño agacha la cabeza y pide satisfacción al hueso entrometido. El bicho la da por su hueso, y recibe en cambio media estocada baja en buen sitio, que le hace voltear sobre sí bramando, vacilar un rato, y a poco caer y morir. Gran respiro en la sombra y gran ruido en el rincón de las dianas.

   Ya está en la arena el segundo. Pero ¡vive Dios que son hermosos estos toros de Santín! negro como el delito, fiero como la venganza, arrogante, lustroso, ligero como un gato, y unas armas… Parece todo él decir: “¡Heme aquí que vengo a vengar a mi hermano!”

   ¡Con qué furia echa las manos y las agudas astas sobre los capotes! Con el suyo, se lucen Felícitos, y el Niño, y Rebujina y Cuquito, recibiendo el primero una ovación.

   El bicho, después de unas sangrientas puyas de los de tanda, busca algo en el callejón, y sale seguido de un mastín tan negro como él, que lo persigue tenazmente. Un buen lazo lo atrapa por los cuartos traseros, y es expulsado de la arena. Bravos al can y al lazador.

   Cuquito, de morado y negro, toma los palos y clava el primer par al quiebro con todo el arte. El bicho vuelve al callejón. Cuquito, en cambio, deja el segundo par en la faz de la tierra. Al tercero, se conforma con un palo.

   El clarín pone a Rebujina, de morado y negro, armado para la muerte frente al toro. Después, de unos pases en redondo resulta el toro por tercera vez en el callejón. Al fin se encaran en la arena, y el matador de un harponazo en duro. Rechifla en el sol. Vuelve a la faena y da un metisaca sin fruto. Por tercera vez se cruzan el acero y las astas, y da Rebujina una media estocada a volapié con la misma desgracia. ¡Horror y escándalo! El lazo y el cachetero acaban el drama.

   Tercero toro, tercer Apolo de la raza. Igual color, hermosura y fiereza. En un santiamén vacía el vientre de tres solípedos, jugando con ellos a la pelota. La plaza en sus glorias, y la música en sus dianas.

   Tovalo, de morado y negro y bailando y haciendo el ciego, adorna a la fiera con dos medios pares, y el tercero bien a la media vuelta.

   Va a vindicarse el Niño.

   Vedlo esperando que la cuadrilla le ponga el toro frente a la muleta. Ya está. Entonces le da un pase y se le va a paso de banderillas, soltándole un pinchazo tal, que al mismo tiempo arranca un bramido de dolor a la fiera y una exclamación de horror al público.

   Vuelve a la faena y el encararse al bicho le da éste una embestida de ariete que lo arroja a tierra, y el Niño se salva de una muerte inminente rodando como un puro hasta la barrera. Gran emoción.

   Ya en pie, y estoque en mano, tira a su enemigo un segundo pinchazo que le acarrea un aguacero de apóstrofes y de naranjas. Lleguemos al fin. El Niño logra envainar todo su estoque en la fiera, a volapié, con el mismo resultado que si le hubiera puesto una banderilla. El lazo y la puntilla caen como un velo sobre este cuadro, y sobre el Niño caen como una lluvia los jarros, las naranjas y vociferaciones como éstas: “¡Ese Niño a la escuela! Está reciennacido! No hace más que niñadas! Aquí sólo Ponciano es el niño!”, etc.

   Sale al fin el cuarto y último de la corrida. Es en todo hermano gemelo de los anteriores, menos en libras y empuje, en lo que les aventaja.

   Entre las suertes de capa Cuquito tuvo la de no haber muerto, pues el toro en uno de los atrevimientos del diestro, le metió una llave entre las piernas echándolo al aire como rehilete. Pero no sufrió más que una buena quemadura en la parte inferior del muslo, la pérdida de los calzones y de un zapato, y el susto, no suyo, sino del público, pues siguió al bicho para hacer alarde de su serenidad y arrojo.

   También este toro dio su paseo por el callejón, y al volver al ruedo echó fuera de él dos rocinantes, después de hacerlos pelota con los jinetes.

   Candelas, de rojo y plata, pone sus tres pares allí donde el arte manda y el público aplaude en masa.

   Esto hace aparecer pronto a Rebujina armado frente al todo para la gran suerte.

   Después de unos pases en redondo, el toro se va a pasear en redondo por el callejón segunda vez. Sale, y al trastearlo se le cae la muleta. La recoge y le da después de dos buenos pases una regular estocada, dejándole envainada media espada. Tras un segundo piquete, el matador tiene que huir dejando espada y muleta en el suelo. Gran tuti de silbidos. Recobra las armas, pero no el crédito, pues da un tercer piquete, y luego un cuarto quedando desarmado, y el toro tasajeado, y por orden del juez, entregado al brazo del puntillero, que acaba con sus penas.

   La corrida no pudo ser más concurrida ni más desgraciada.

   ¡Lástima de ganado! Los dos espadas compitieron en mal éxito. En esa corrida, de la que tanto bueno se esperaba, sólo lucieron los banderilleros y el juez, a nuestro juicio muy acertado.

   Creo que merece una multa el responsable del estado de riego en que se abre al público la plaza, pues además de la vez de ella carece de la cuerda de la barrera, lo que facilita el salto de los toros, y esto puede acarrear una desgracia en el público.

 En cuanto al Niño, no riño

Por si podrá o no volver

A torear: el lo ha de ver

Si no es demasiado Niño.

 UN REPORTER DEL “DIARIO”

  PLAZA DE TOROS EN TOLUCA, EDO. DE MÉX. 26 de octubre de 1886. En El Diario del Hogar del 3 de octubre de 1886, quedó registro de un festejo celebrado en aquella plaza. Y va de crónica.

 TOROS EN TOLUCA.

    La corrida verificada el último domingo, dejó satisfechos a cuantos presenciamos el arrojo de los diestros, vamos a dar, aunque sea a vuela pluma, una ligera descripción de ella.

   La corneta anunció la presencia del juez en la lumbrera presidencial, y la cuadrilla se presentó haciendo el saludo de ordenanza; en ella descuellan la arrogante figura del NIÑO y la muy simpática del MESTIZO.

   El toril se abre, y hecho un león aparece en el redondel un bicho amarillo, de pelo bien puesto y bravo. El Niño le da cinco verónicas, muy parado y toreando de brazos, según el arte moderno, causando gran impresión con este su primer trabajo que merece grandes ovaciones. Los picadores tientan el pelo a la res más de quince veces, entra el segundo tercio de la lidia, y cumple Genovevo con tres pares; al llegar el momento de la verdad, Fernando (a) el Niño, se arma de estoque y muleta, da varios pases naturales, cita corto y resulta una estocada baja metisaca, vuelve a pasar, y estando otra vez corto, le da una magnífica por los rubios, hasta el pomo; en esta suerte y en la confianza en que el bicho estaba bien rematado, fue enganchado el Niño por la pierna y volteado sin graves consecuencias. El toro se echó y el cachetero cumplió de fórmula, pues ya no había paciente. Gran ovación al matador y muchísimas palmas por su arrojo y serenidad ante la fiera.

   Segundo animalito en el redondel, pelo josco, bonita lámina, algo flojo; mas al sentirse tocado por las garrochas, se creció al castigo; cambio de rodillas por el Mestizo, que es saludado con repetidas palmas; toma el bicho varios puntazos, mata un caballo y en seguida lo banderilla Candelas con dos y medio pares bastante buenos. El Mestizo, brinda al juez, y puesto frente al enemigo, que está bravo y en buenas condiciones, lo pasa varias veces de pecho y al natural, arranca luego y da una soberbia estocada por lo alto; nuevo pase, y con el permiso de las gentes de sol, remata al bicho instantáneamente de un magnífico descabello con la puntilla; nutridísimos aplausos al diestro.

   Tercer toro de la plaza; josco, bravo, ligero y de más relance que los anteriores; tomó diez puyazos recargando en la suerte, que dejó sin vida a un caballo. Los matadores lucieron buenos quites. El Mestizo dio un quiebro de primera, a cuerpo limpio. El Niño se apodera otra vez de los trastos del sacrificio; el público admira el arrojo y temeridad del diestro que con su natural serenidad da unos muy buenos pases ceñidos en seguida mete el pie y cuadra, dando en esta postura una magistral estocada, recibiendo muchísimos aplausos, vivas y demostraciones de admiración y simpatía; viendo que la res se defendía y no quería echarse, vuelve a dar algunos pases, rematándola de un buen metisaca. Los aplausos se repiten, pues el Niño ha cumplido con su compromiso a pesar de estar lastimado de la cogida del primer bicho.

   El cuarto y último: josco, prieto, de menos fuerza que los anteriores, pero como sus compañeros, bravo y ligero, tomó once puyazos y no perdió su ley. El Mestizo lo banderilló en la silla oyendo muchas palmadas y con dos pares buenos lo terminó Candelas. Al Mestizo le tocó empuñar la adarga taurina, y después de unos magníficos pases saludó al bicho con una buena baja; pero como pasaba el tiempo y el animalito no quería dar con su estampa en tierra, a pesar de estar ya muerto, la terrible trompeta presidencial anunció que era llegado el momento de los lazos, y el puntillero remató a la res.

 RESUMEN

    La corrida estuvo buena: los toros fueron de la hacienda de Comalco, y sobre ser bravos crecieron de los tres tercios de la lidia; si el propietario no descuida la cría, llegará a presentar bichos, si no como los navarros o Veraguas, sí de los primeros que los aficionados a los espectáculos de la lidia admirarán en la República.

   He aquí nuestra pobre opinión acerca de los matadores.

   Fernando Gutiérrez (a) El Niño, a quien vimos por primera vez el 12 del presente en la plaza del Huisachal, y a quien tratamos con dureza en nuestra revista de aquella fecha, debido a la imparcialidad con que sellamos siempre nuestros escritos, ha recuperado por completo nuestras simpatías y admiración, pues en la corrida de aquella tarde, debido a un cúmulo de circunstancias excepcionales que después hemos sabido, no pudo desarrollar en todas sus partes la escuela que practica. Fernando es un lidiador de la Escuela Verdad, es decir, de la Rondeña, y digno émulo de los Romero, Montes y Domínguez; torea de capa sin mover los pies, ejecutando solo con los brazos; a la hora suprema para y aguanta, o cita a la res, corto y por derecho, según el arte manda.

   Es poco conocida entre nosotros esta escuela, y bueno será que nuestros lectores vean de nuevo al Niño para juzgarlo cual de justicia se merece.

   Juan León (a) El Mestizo; poco diremos de este apreciable diestro, pues ya bien conocido de los aficionados. Es un buen torero de la Escuela sevillana, banderilla en todas las formas conocidas y ejecuta la suerte de matar al estilo mexicano.

   El resto de la cuadrilla cumplió, sobresaliendo Candelas como primer banderillero.

   El mal estado del tiempo, pues las nubes amenazaban echar por estas tierras cataratas de agua, hizo que la entrada estuviera floja.

   Según me informaron al poner el pie en uno de los vagones de la muy acreditada línea del Ferrocarril Mexicano, para emprender la vuelta a esta ciudad, El Niño ha recibido proposiciones para ser contratado por los empresarios de la plaza de Toluca, para torear en ella próximamente; si así fuere, de nuevo lo veremos para distraer a nuestros lectores con nuestras impresiones toreras.

 MIRELO.

    Por lo demás, creo que no es necesario agregar ni una nota más ante el completo trabajo de los señores redactores de El Diario del Hogar, a quienes ya podemos entender, eso sí, como cronistas taurinos en potencia, listos para desarrollar un trabajo periodístico que luego iría a consolidarse justo al año siguiente, es decir en 1887, cuando se dieron a conocer diversas publicaciones eminentemente taurinas, contando para ello con el antecedente de El Arte de la Lidia, cuya labor había comenzado en 1884.

 CONTINUARÁ.

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HOY, 28 DE ENERO RECORDAMOS LA “CORTESÍA” DE RODOLFO GAONA AL PRESIDENTE MADERO EN 1912.

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Y es que con un cartel como el que anunciaba a Rodolfo Gaona, imposible dudar en no acudir a semejante acontecimiento…

EL CORREO ESPAÑOL_27.01.1912_p. 3

El Correo Español, 27 de enero de 1912, p. 3.

    Guillermo Ernesto Padilla, en su imprescindible Historia de la plaza El Toreo,[1] nos permite conocer, casi a detalle las incidencias de tarde tal especial.

    El Califa de León celebró su beneficio el 28 de enero, encerrándose con seis toros, de los cuales tres procedieron de San Diego de los Padres y tres de Piedras Negras.

   El festejo fue de tronío, por lo que la plaza presentó el aspecto de los grandes sucesos, máxime cuando se supo que el Presidente de la República, don Francisco I. Madero, asistiría a la corrida de gala del gran torero mexicano.

   Aquella tarde se cubrió de gloria el esteta de León de los Aldamas, quien reservó para tan significada ocasión lo mejor de su repertorio. Desde el instante del paseíllo, hasta que rodó el quinto toro, pues el sexto lo pasaportó (Francisco Bonal) “Bonarillo” por encontrarse lastimado Rodolfo, una ovación ininterrumpida fue el marco brillantísimo que tuvo en todo momento aquella corrida inolvidable.

   Si maravilloso y variado estuvo el Indio con el capotillo y enorme en el tercio de banderillas, genial e inspirado se mostró en sus faenas de muleta, así como decidido y certero con la espada. Sobra decir que el público que asistió a tan memorable corrida, salió ebrio de arte de la plaza y con la satisfacción de haber colmado un deseo que hacía tiempo venía alimentando, que era el de ver al Indio Grande encerrarse con seis toros.

   Después de la lidia del primer toro, que el Califa de León había brindado al Presidente, Sr. Madero, éste llamó al diestro a su palco para abrazarlo y felicitarlo por su triunfo. Fue un momento histórico.

    Hasta aquí lo evocado por Padilla.

SINAFO_68250

INAH. Sistema Nacional de Fototecas (SINAFO). N° de Catálogo: 68250

    Con la natural descomposición del soporte en vidrio, se puede apreciar el desprendimiento de la emulsión del lado izquierdo. Virada la fotografía, pareciera mostrarnos una presencia de la pátina del tiempo que se reafirma con el peso de aquel momento, en que el fotógrafo en turno (de quien no se tiene una idea exacta de quién pudo tratarse),[2] recogió tras instalar su parafernalia, el momento preciso en que Rodolfo, toda majestad, apostura y continente, fue a saludar a D. Francisco I. Madero, vestido con elegancia, como para la ocasión, y destocándose del sombrero de copa no desaprovechó la ocasión para voltear a la cámara. No hubo tiempo para que sus acompañantes, seguramente miembros del gabinete y tres soldados que contemplan la escena con cierta indiferencia, se acomodaran en forma más armónica para obtener un nuevo testimonio fotográfico que ya no pudo ser; quizá por lo reducido de aquel receso; quizá porque técnicamente el fotógrafo tuvo ante sí lo incómodo de la contraluz. En fin, que Rodolfo tenía que regresar al ruedo, en olor de santidad, luego de haber cortado apéndices en ese primero de la tarde, sabedor de que la gesta prometía irse cuesta arriba, lo que así ocurrió en los siguientes cuatro toros.

   El reconocido encuentro de dos “figuras” nos deja entender aquellos tiempos heroicos, en los que el torero, además de ser la figura celebrada por el pueblo, puede llegar a tal cercanía, hasta con el propio presidente de la república en turno, lo que así ocurrió en tiempos pasados con Bernardo Gaviño, Ponciano Díaz. E incluso con Luis Mazzantini y Antonio Fuentes, por mencionar los casos más notorios, que los hay a lo largo de muchas otras épocas.

   Enterados ya de lo que sucedió en aquella célebre jornada, bien vale la pena incluir a continuación una caricatura que, meses previos a tan notable acontecimiento venía siendo tema de pasiones encontradas, dignas incluso de motivos para que trascendiera en las publicaciones periódicas. Tal es el caso de Los Toros, cuyo primer número, de la tercera época salía el 18 de octubre de 1911. En la portada aparecen, gracias a la genial inspiración de “Garrido”, esas dos figuras que agradecen “al alimón” una cerrada ovación. El público lanza habanos, sombreros, y los toreros, desmonterados no dejan de mostrar su emotiva actitud, la cual se ve empañada, en el caso de “Don Panchito I. Madero” a quien, por alguna circunstancia llega hasta su calva cabeza un cigarro que lo golpea. “Tuc” habrá escuchado y desde luego, habrá sentido aquel pequeño objeto, convertido quizá más que en ese propósito, en un dardo lanzado desde las graderías, donde se apostaba el pueblo, demandando con detalle tan peculiar, alguna inconformidad por su forma de gobernar, lo que no venía bien, sobre todo por el hecho de que hasta la misma caricatura lo reduce más en el tamaño en el que normalmente solían hacerlo aparecer en otros tantos dibujos, como aquellos del El Ahuizote en que, Madero, por ejemplo, al lado de Porfirio Díaz quedaba convertido en una figura insignificante.

GAONA Y MADERO

Col. del autor.

    Es más, aquí Gaona adquiere el primer plano, la figura que ostenta es mayor en estatura a la del propio Presidente Madero (no sólo en la realidad; también en la ficción caricaturesca) y Gaona, que lleva incluso el capote, como para reafirmar su perfil, gana en espacio. Tiempos difíciles aquellos en que la Revolución, que iba a llegar a su primer año de haber estallado, siguiera reflejando estos comportamientos, los de unos momentos de profunda tensión social, donde cada personaje que ocupara un cargo público se convertía en blanco de veneración y esperanza… pero también de odio y desolación.


[1] Guillermo Ernesto Padilla: Historia de la plaza EL TOREO. 1907-1968. México. México, Imprenta Monterrey y Espectáculos Futuro, S.A. de C.V. 1970 y 1989. 2 v. Ils., retrs., fots., T. I., p. 79.

[2] Muchas imágenes de la época, por facilidad o economía de identificación, pasan a ser etiquetadas como material registrado por los hermanos Casasola. Es un hecho que se ganaron el reconocimiento a lo largo del tiempo, pero un mal trabajo de identificación o cierto anonimato en que quedaban luego de ser obtenidas, no pudo evitar que se perdieran el nombre de importantes fotoperiodistas de la época.

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 HOY, 27 DE ENERO RECORDAMOS A JORGE “EL RANCHERO” AGUILAR. 34 AÑOS DE AUSENCIA…

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    NACE Y MUERE EN HACIENDAS TAURINAS.

   JORGE AGUILAR GONZÁLEZ (TLAXCALA, 1927-1981), CONOCIDO EN EL MUNDO DEL TORO COMO EL RANCHERO, VIVE SUS AÑOS MOZOS EN PIEDRAS NEGRAS, EN LA JUVENTUD SE CONVIERTE EN FIGURA DEL TOREO Y FALLECE DE UN INFARTO AL CORAZÓN MIENTRAS TIENTA UNA VAQUILLA EN COAXAMALUCAN.

   SU HISTORIA, REPRESENTACIÓN FIEL DEL SENTIMIENTO TLAXCALTECA, ESTÁ ESCRITA EN EL CAMPO, EN ESE PAISAJE BRAVÍO QUE SÓLO CONOCEN LOS HABITANTES DE UNA GANADERÍA, LOS DUEÑOS DE LA NATURALEZA TODA.

   TORERO DE MUCHAS FAENAS, CON UN CUERPO MÁS PARA MOSTRAR EL FONDO QUE LA FORMA EN LA EXPRESIÓN ARTÍSTICA, DESINHIBIDO Y SIEMPRE ECHADO PA´LANTE, SE LE RECUERDAN VARIAS OBRAS INMORTALES: LA DE MONTERO DE SAN MATEO O LA DE NÁUFRAGO DE LA LAGUNA, CON LAS QUE DEMUESTRA UNA SÓLIDA TAUROMAQUIA FINCADA EN EL APRENDIZAJE NATURAL DE SUS LARGAS ESTADÍAS EN LAS HACIENDAS DE PIEDRAS NEGRAS, EN LA PROPIA LA LAGUNA, COAXAMALUCA O ZOTOLUCA.

RANCHERO AGUILAR1

    DE SU FAENA A MONTERO, CONSIDERADA LA MEJOR DE SU CARRERA DE MATADOR DE TOROS, EL ANTIRRANCHERO CARLOS LEÓN, ESCRIBE:

 FAENA DE ESCÁNDALO DE LAS QUE PUEDEN CONVERTIR RÁPIDAMENTE EN “FIGURA” DEL TOREO A SU REALIZADOR. FUNDAMENTALMENTE IZQUIERDISTA, PUES LAS TANDAS DE NATURALES CUMBRES SE SUCEDIERON COMO APARICIONES MILAGROSAS, DIERON LA SERIEDAD QUE REQUIERE TODA FAENA GRANDE. Y JUNTO A ESA VERDAD, LA VARIEDAD DE LOS PASES CAMBIANDO EL VIAJE, QUE SORPRENDIERON AL PÚBLICO POR NOVEDOSOS. ¡QUÉ GRAN FAENA! (…) CUANDO MATÓ DE UNA ESTOCADA CORTA, YA LOS TENDIDOS ERAN UN MANICOMIO. LAS DOS OREJAS, EL RABO Y LA SALIDA EN HOMBROS, ENTRONIZABAN A UN NUEVO ÍDOLO QUE SUPO RECTIFICAR EL CURSO ERRÓNEO Y APRENDER A TIEMPO…”

RANCHERO AGUILAR2

    DESPUÉS, DEBIDO A SU RECIA PERSONALIDAD QUE APUESTA A SEÑALAR LAS COSAS POR SU NOMBRE Y NUNCA BAJAR LA CABEZA, YA SEA EN LA PLAZA, YA SEA EN LA ADMINISTRACIÓN POLÍTICA, MÁS CUANDO LO NOMBRAN TESORERO DE LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE MATADORES DE TOROS Y NOVILLOS, ES CONFINADO POR CIERTOS SECTORES AL OSTRACISMO Y ALGUNAS EMPRESAS LO MARGINAN, POR LO QUE SE DESPIDE DE LO TOROS EL 11 DE FEBRERO DE 1968 EN LA PLAZA MÉXICO, NO SIN ANTES DEJAR UN LEGADO DE AUTENTICIDAD QUE LE DA ORIGEN, MATIZ, SERIEDAD Y UNIVERSALIDAD A LOS TOREROS NACIDOS EN TLAXCALA, EL ESTADO MEXICANO CON MAYOR NÚMERO DE GANADERÍAS DE BRAVO, SÍMBOLO EN ESOS AÑOS DE LA GRANDEZA DE NUESTRO TORO, DE NUESTROS MATADORES Y DE NUESTRA FIESTA.

   Nunca mejor recordado que con las notas y los rasgueos del corrido…

 JORGE AGUILAR “EL RANCHERO”

 

Tlaxcalteca, cien por ciento

campirano y buen torero

fue valor y sentimiento

Jorge Aguilar “El Ranchero”.

 

El veintisiete de enero

a las doce horas cabales

murió en “la raya”, “El Ranchero”

bordando tres naturales.

 

Fue el año de ochenta y uno

que no olvidaremos nunca.

Un ataque inoportuno,

lo mató en Coaxamalucan.

 

Tlaxcala llora con pena

y lo llora el mundo entero.

¡Sabemos que tu faena

la terminaste en el cielo! 

RANCHERO AGUILAR3

 La Malinche se lamenta

con ayes de sufrimiento,

pues fue testigo en la tienta

de ese terrible momento.

 

Los toros braman inquietos.

Las vacas se arremolinan.

Los bueyes se quedan quietos

y los pájaros, no trinan.

 

Los caporales se agachan

con lágrimas lastimeras.

Los “maletillas” se marchan

a soñar glorias toreras.

 

Ya me voy, ya me despido

ténganlo ustedes presente:

Que el torero que se ha ido

fue el mejor y el más valiente. 

Héctor de Jesús “Hachegé”

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LA SUERTE DE DESCABELLAR CON EL “VERDUGUILLO”

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En un “santiamén”, o como se dice actualmente, bajo comportamiento “viral”, ha venido trascendiendo el momento en que “Morante de la Puebla”, luego de dejar su impronta, tras la intensa faena que el “juez” Jesús Morales ignoró con objeto de tomar en cuenta la petición de oreja que se formó tras derrumbarse aquel berrendo en negro aparejado, seguramente bajo consigna y amenaza de la empresa, con lo que al premiarlo a él, por lo menos con la oreja que ya tenía en la espuerta, se premiaba a la organización que está detrás del sevillano (Bailleres, y ahora su nuevo gran emporio: FUSIÓN INTERNACIONAL POR LA TAUROMAQUIA). José Antonio, había fallado en el primer intento. Pero con el segundo, que fue el definitivo, remataba aquella obra que quedó ignorada.

MORANTE DESCABELLANDO_TADEO ALCINA_25.01.2015

http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=21595

Fotografía: Tadeo Alcina.

    La suerte que realizó “Morante de la Puebla” si bien no es nueva, vino a tener la intención de ser retomada del “desuso” en que han caído muchas de las que se realizaron o siguen realizándose en el toreo. Para ello, y antes de la excelente nota que ya publicó Jorge Raúl Nacif, [1] el también buen amigo José Morente había dejado testimonio, desde 2012 de este mismo asunto, en otra interesante colaboración que denominó “Suertes en desuso (III) La suerte del cachetero con el toro en pie”.[2]

   Conviene recordar, que dentro del imaginario colectivo en que se ha convertido la tauromaquia, existen algunas otras evidencias, que dan testimonio del momento en que habiendo ocurrido en similares circunstancias, convenga hacer para ello un breve recuento de la misma.

   En la “Tauromaquia” de Francisco de Goya existe un grabado que pareciera tener semejanza con la suerte aquí reseñada. Sin embargo, y como está indicado en el número 9 de dicha serie:

CABALLERO ESPAÑOL MATA UN TORO...

Caballero español mata un toro después de perder el caballo.

    Por el detalle en que quedó lograda tal obra, pareciera que el objeto utilizado por el dicho “caballero” no es otra cosa que un “verduguillo”. Sin embargo, ateniéndonos a las prácticas y a las armas empleadas por los nobles en aquella época, debe haber sido la espada la que utilizó para liquidar al enemigo. Lo que de inmediato nos hace recordar un soneto escrito por la célebre sor Juana Inés de la Cruz en estos términos:

 Ca. 1685

 Habiendo muerto un toro, el caballo a un caballero toreador[3]

 El que Hipogrifo[4] de mejor Rugero[5]

ave de Ganímedes[6] más hermoso,[7]

pegaso de Perseo[8] más airoso,

de más dulce arion[9] delfín ligero

 

fue, ya sin vida yace al golpe fiero[10]

de transformado Jove[11] que celoso

los rayos disimula[12] belicoso,

solo en un semicírculo de acero.

 

Rindió el fogoso postrimero aliento

el veloz bruto a impulso soberano:[13]

pero de su dolor, que tuvo, siento

 

más de activo y menos de inhumano,[14]

pues fue de vergonzoso sentimiento

de ser bruto, rigiéndole tal mano.[15]

    Una suerte más, de enorme parecido, y que también procede de la obra del genial autor de los “Caprichos”, es la lámina N° 23 donde aparece el célebre

Francisco-de-Goya-Mariano-Ceballos-alias-el-Indio-mata-el-toro-desde-su-caballo

Mariano Ceballos, alias el Indio, mata el toro desde su caballo.

    Otra imagen, sujeta ya a la cámara fotográfica es la que ocurrió en la plaza de toros “México” de la Piedad, justo la tarde del 20 de noviembre de 1904. Alternaron aquella ocasión Luis Mazzantini, “Bonarillo” y Manuel Lara “Jerezano”, que lidiaban un encierro de Santín. la escena ocurrió en el sexto:

LA FIESTA NACIONAL_17.12.1904_N° 36_p. 11

La Fiesta Nacional, N° 38 del 17 de diciembre de 1904, p. 9.

    Apunta “Festivo”: Jerezano, estuvo tranquilo y parado con la muleta, sobresaliendo de su faena un pase ayudado por lo bajo y uno de pecho, muy buenos ambos. Con el pincho dejó un pinchazo, bajo llevándose el estoque y media delanterilla, descabellando después a la ballestilla al segundo intento, provocando gran entusiasmo por recordarnos al infortunado Reverte, y de “Reverte” podríamos remontarnos de nuevo a personajes como José Cándido, que en esa época, la de “Reverte”, fue recreada gracias a los buenos oficios de Daniel Perea en la célebre Lidia. 

JOSÉ CÁNDIDO_SUERTE DEL PUÑAL_LA LIDIA2

    Seguramente también “Reverte” fue otro más de los practicantes de aquella suerte, que deberemos entender realizada a la “Ballestilla”, la cual tiene un mayor grado de dificultad, pues amerita que el torero, empuñando el “verduguillo” lance este hacia la testuz del toro, con objeto de apuntillarlo, tal y como debería suceder en los mismos términos en que lo hace el “puntillero”.

   Pues en esos términos es como vimos, apenas ayer esa escena del pasado taurino… una vez más puesta al día, gracias al detalle que impuso José Antonio Morante, “Morante de la Puebla”, como una más de sus intenciones por agradar a un público que estuvo más en contra que a favor. Público cuyos reclamos procedían concretamente del tendido de sol, y que nos parecía, a todas luces, un grupo perfectamente ubicado y ubicable de detractores a pago que no paraban de lanzarle denuestos, insultos y demás recordatorios que parecían tener, en el fondo, otro mensaje, ese sí subliminal y que se podía entender como la batalla que siguen sosteniendo dos empresas que ayer por la tarde, se encontraron casualmente en la plaza de toros “México”.

   No nos vayamos sin antes apreciar otra imagen más, esta con Rafael Gomez Ortega “Gallito” procediendo a realizar la misma suerte cuando toreaba el célebre pero todavía no “divino calvo” en Castellón, la tarde del 1° de noviembre de 1904.

LA FIESTA NACIONAL_26.11.1904_N° 35_p. 11

La Fiesta Nacional, del 26 de noviembre de 1904, N° 35, p. 11.


[1] ESPECIAL: UNA SUERTE CON SABOR AÑEJO. [en línea], 2015, http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=21595 [consulta: 26 de enero de 2015]

[2] SUERTES EN DESUSO (III). LA SUERTE DEL CACHETERO CON EL TORO EN PIE. [en línea], 2015, http://larazonincorporea.blogspot.mx/2012/11/suertes-en-desuso-iii-la-suerte-del.html [consulta: 26 de enero de 2015]

[3] Sor Juana Inés de la Cruz: Sor Juana Inés de la Cruz: OBRAS COMPLETAS. Vol. I. Lírica Personal. Edición, prólogo y notas de Alfonso Méndez Plancarte. México, 5ª reimpr. Fondo de Cultura Económica-Instituto Mexiquense de Cultura, 1997. LXVIII-638 p. Ils., retrs., facs. (Biblioteca americana, serie de Literatura colonial, 18)., p. 544.

   Gran soneto cortesano y taurino-mitológico, que ignoramos –se pregunta A. Méndez Plancarte- por qué incluyó X. VIll. entre los “Morales” y no entre los “de Homenaje”…, y que luce en “Los toros en la Poesía Castellana” de José Ma. de Cossío, como “ejemplo instructivo”, ya que no “modelo imitable”, donde “todos los tópicos de la más exaltada expresión culterana se dan cita”… (Madrid, 1931, I, p. 162 y t. II, 181).

   Respecto al título. En ocasión idéntica, rimó Góng. su décima “Murió Frontalete”…, a D. Pedro de Cárdenas, por un caballo que le mató un toro.

[4] Hipogrifo: Animal fabuloso compuesto de caballo y grifo. De medio cuerpo arriba águila, y de medio abajo león.

[5] De Rugero (“Ruggiero”, el gallardísimo paladín) y su Hipogrifo o caballo volador. Y el mismo nombre (allí igualmente grave, no esdrújulo), en “La Vida es Sueño”, de Calderón:

 Hipogrifo violento

que corriste parejas con el viento…

[6] Ganímedes: copero y amado de Júpiter.

[7] Sor Juana: OBRAS COMPLETAS. Vol. I., op. cit., p. 545.

En Calderón, el mismo corcel es “pájaro sin matiz” (o sea, sin plumas); y en Ruiz de Alarcón (o de quien sea la Parte I de “El Tejedor de Segovia”), el bridón de Vargas es un Hipogrifo que:

Goza en los vientos privilegios de ave..

 Y Ariosto, VI, oct. 18, compara a su “Ippogrifo” con el águila portadora del rayo… –Así, aquí, este caballo es el águila que arrebató de Troya al gentil Ganímedes Para Ser copero en el Olimpo: sólo que este jinete es “más hermoso”… –Cfr. Góng., Sol. I, v. 7-8; y D. Alonso Ramírez de Vargas, en su Rom. de los Rejoneadores, en las Fiestas por la Mayoridad de Carlos II, Méj. 1677, cuando “el juego de Toros… duró seis días”… (Poets. Novs., III, 91).

[8] Perseo: semidiós, hijo de Zeus y de Dánae.

[9] Arión: figura del poeta griego transformado en delfín.

[10] Ibidem., p. 545. Verso 1-5. “El que fue Hipogrifo, Águila, Pegaso y Delfín de un caballero superior a Rugero, Ganímedes, Perseo y Arión (ese caballo admirable de un jinete pasmoso) yace sin vida”… y cfr. Góng., décs. “De unas fiestas”…:

 Juegan cañas, corren toros / cortesanos caballeros,

Por lo gallardo Rugeros / y por lo lindo Medoros…

 [11] Ibid. Verso 6: de transformado Jove que, celoso…: el Toro, en quien se pensaría que Júpiter se había de nuevo metamorfoseado, como para el rapto de Europa. (Ovidio, Metam. II, vv. 847-51).

[12] Ib. Verso 7: “los rayos disimula”: en las astas del Toro ha trocado Jove sus rayos… Cfr. Ramírez de Vargas, op. cit.

[13] Ib., p. 546. Verso 10: impulso soberano…: cfr. La déc. De Alarcón sobre el asesinato del Conde de Villamediana.

[14] Ib. Verso 12: en los textos (y X. VIll. y Abr.): más de activo…; pero suplimos la clara errata con el afectivo, que piden verso y contexto…: que, más que a la cornada, sucumbió el noble bruto a la vergüenza de serlo bajo riendas tan sabias…

[15] Salvador Novo: Mil y un sonetos mexicanos. Selección y nota preliminar por (…). 3ª ed. México, Editorial Porrúa, S.A., 1971. 253 p. (“Sepan cuantos…”, 18)., p. 76.

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PEQUEÑAS JOYAS DE LA TAUROMAQUIA MEXICANA EN 1886. (LA CUARTA).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 CIUDAD DE MÉXICO, D.F. El Siglo Diez y Nueve, del 11 de junio de 1886, p. 3 reporta las siguientes notas:

Un robo con circunstancias notables.-El Reproductor de Orizaba refiere lo siguiente:

“En la noche del sábado hubo uno con circunstancias especialísimas. Tuvo lugar en la casa de Miguel Castillo, calle de la Cuchilla, dos cuadras más acá de la fábrica de Cerritos.

  Al husmo de una regular cantidad de dinero que dicho Miguel Castillo había cobrado por una venta de café que hizo, como unos siete ladrones asaltaron su casa. La esposa de Castillo, que fue la primera que sintió a los bandidos, quiso pedir auxilio; pero fue muerta de un balazo que se le disparó en la boca a boca de jarro.

   La detonación y una herida que se le infería en aquel momento, despertó a Castillo, quien con gran arrojo pudo coger un machete y hacer frente a los asaltantes, logrando inferir una horrible y profunda herida en el rostro y otra en la mano que le hizo soltar la pistola a uno de los asaltantes. Castillo recibió siete heridas; pero su heroica resistencia determinó la fuga de los bandidos, quedando él en un estado de verdadera gravedad.

   Al día siguiente fue encontrado en un solar cercano, sin sentido y en un charco de lodo y sangre, el ladrón herido que murió ya en el hospital. Hay presos otros tres sospechosos, entre ellos un hermano del ladrón herido, que aprehendido al entrar a los toros, bien armado.

   Castillo está en el hospital. Su estado es grave y se duda que pueda sobrevivir.

   Las sospechas de este crimen recaen sobre una partida de tahúres que se reunía en el billar de la plaza del mercado y otros cafetines de ese género”

    El acontecimiento anterior, aunque más propio de la nota roja, nos permite saber, por otro lado, que entre todos los movimientos registrados por los ladrones, uno de ellos tuvo a bien, o a mal irse a los toros, festejo que se celebraba en esos momentos en la plaza orizabeña. Además, lo hizo, como apunta nuestra fuente “bien armado”.

    La siguiente carta, enviada por CÉSAR a D. Victoriano Agüeros, no tiene desperdicio. Tengo la impresión de que, al amparo del anonimato, y apenas cubierto por el nombre del célebre emperador romano, este César se “despachó con la cuchara grande” en término de las afirmaciones enunciadas en su envío, donde queda de manifiesto una crítica sesgada sobre lo que, haciéndose en una sencillísima población mexicana para celebrar las fiestas de independencia, no eran capaces de realizarlas las de la capital, pues entonces Tejupilco, autoridades y pobladores serían el referente para conmemorar, como “Dios manda” tales acontecimientos, en los que no faltaron las corridas de toros.

 CIUDAD DE MÉXICO, D.F. El Tiempo, 27 de agosto de 1886, p. 1:

Tejupilco (Estado de México)

Sr. Lic. D. Victoriano Agüeros, Director de El Tiempo.-México.

   Estimado amigo:

   Las fiestas de la patria se preparan aquí con entusiasmo: no tendremos nada que se parezca a lo que en esa capital se proyecta para el próximo 16 de Septiembre, ni en sueño siquiera veremos algo que se parezca al gran baile que se prepara en Minería y que, según cuenta La Voz de España, va a dejar atrás en lujo y esplendidez a cuantos se han dado hasta hoy, en todas las naciones del globo, desde nuestro padre Adán hasta nuestros días; pero sí en nuestras fiestas nada habrá que imite esa sencillez democrática, ni nada que nos deje boqui-abiertos por esa novedad, ese fausto y esa esplendidez tan criticadas por nuestros prohombres de hoy en tiempos anteriores cuando ellos no eran el santo de la fiesta y tan encomiado hoy que ellos los promueven; en cambio, sí tendremos lo suficiente para divertirnos en familia: habrá toros y comedias de aficionados, un simulacro de guerra, fuegos artificiales y un bailecillo, de provincia se entiende, amén del paseo de carros, los discursos y lo demás de estampilla, lo cual me parece más que suficiente para satisfacer las exigencias de nuestro pueblo.

   En la parroquia de esta población, se están haciendo reparaciones de importancia, que tienden a su conservación y ornato, y pronto quedarán concluidas. Ya vé vd. que no hay motivo para negarles la razón a los que gritan en todos los tonos de su destemplado diapasón: “¡¡El catolicismo se va!!”…, sí, se va… afianzando más cada día.

   El que quiera emprender alguna industria lucrativa y de seguros resultados, no tiene otra cosa que hacer que venirse a esta población y establecer aquí una fábrica de cristal. (…)

   Deseando a vd., Sr. Director, toda clase de felicidades, me repito con el afecto de siempre, su afectísimo amigo y S.S.

 CÉSAR.

    Por su parte la afición veracruzana tuvo a bien presenciar una función en la que actuando “Rebujina”, alternaron Camelia Martínez, como matadora; Leonor Ramírez, como banderillera, y Margarita Fernández (a) La Dorada a fuego, como picadora. Así que aquí tenemos un buen antecedente para ubicar la actuación de mujeres toreras en nuestro país, aunque no podemos olvidar nombres como los de Ana María de Guadalupe y Nava Castañeda quien para 1725 ya alternaba en funciones taurinas novohispanas; o a “Lupe la Torera”, Victoriana Sánchez, Dolores Baños, Soledad Gómez, Pilar Cruz, Refugio Macías, Ángeles Amaya, Mariana Gil, María Guadalupe Padilla, Carolina Perea, Antonia Trejo, Victoriana Gil, Ignacia Ruiz “La Barragana”, Antonia Gutiérrez, María Aguirre “La Charrita Mexicana” y desde luego, la española Ignacia Fernández “La Guerrita”, a lo largo de la segunda mitad del siglo antepasado.

LA PAJUELERA_GOYA_LA TAUROMAQUIA

“La Pajuelera” picando un toro en la plaza de Zaragoza. Ilustración proveniente de la “Tauromaquia” de Francisco de Goya y Lucientes.

 PLAZA DE TOROS EN VERACRUZ. 29 de agosto. En El Monitor del Pueblo, D.F., del 7 de septiembre de 1886, p. 2, encuentro la siguiente información:

  Tres lidiadoras se han presentado últimamente en la plaza de toros de Veracruz, a saber: Camila Martínez, primera espada; Leonor Ramírez, banderillera y Margarita Fernández, picadora.

   Por otro lado en El Monitor Republicano, D.F., del 26 de septiembre de 1886, p. 1, también aparece este dato:

   Ahora anda por ahí, un célebre matador que se llama “el Niño” sobre el que los periódicos taurinos traen gran polémica.

   Y las mujeres siguen toreando, buscándoles las malvadas, tres pies al gato, y no toreando y picando a los hombres, que eso es de épocas más añejas que la momia de Sesostris, toreando a los indómitos hijos de Atenco, que la verdad sea dicha, son caballeros de muy pocas pulgas.

   En la función dada en Veracruz el mes pasado a beneficio del taurino Rebujina, tomaron parte en la corrida las toreras Camelia Martínez, como matadora; Leonor Ramírez, como banderillera, y Margarita Fernández (a) La Dorada a fuego, como picadora; de éstas las primeras son mexicanas y la tercera española.

   Esa Dorada a fuego debe ser un dije. Pronto la veremos en México, porque en unión de sus consocias va a ser contratada por un empresario de las plazas cercanas a la gran Capital.

 CONTINUARÁ.

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