LUIS REYNOSO, AS DE LA FOTOGRAFÍA TAURINA.

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS MEXICANAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 

Composición y retratos, col. del autor.

   Hoy día, una buena cantidad de habitantes en este planeta, dispone de un teléfono celular. Con ese implemento de la modernidad se obtienen, entre otras cosas, cientos; quizá miles de fotos para luego ser diseminadas en redes sociales, por ejemplo. En ese sentido, la fotografía alcanza nuevos niveles, resultando importante sobre todo para cubrir una difusión que auxilia a los propios medios de información, en un gesto de auténtica solidaridad civil.

Hace un siglo, un joven de nombre Luis Reynoso (CDMX 20 de junio de 1895-22 de enero de 1983), ponía en marcha el interesante oficio de fotógrafo, cubriendo entre otros asuntos, el de los festejos taurinos.

Tiempos en los que realizar esa labor era un acto heroico, debido a que los formatos de aquellos equipos era distinto, muy grandes, pesadas y con mínimas posibilidades al no contar con lentillas de acercamiento o zoom. Además, en el maletín con el que se acompañaban, debían llevar una mínima cantidad de vidrios que, ya colocados servían para obtener las imágenes. Sin embargo, también necesitaban un “ojo” muy sensible para registrar el momento preciso y luego de pasar por el “cuarto oscuro” donde ocurría el proceso de revelado, las turnaban a la redacción para ser impresas.

A todo lo anterior, debe agregarse el hecho de que particularmente, los fotógrafos que acudían al “Toreo” de la colonia Condesa, se apostaban en pequeñas e incómodas canastas, ubicadas poco más abajo de la barrera de primera fila, traspasando aquel pequeño límite marcado por la pieza metálica en donde se colocaba la publicidad.

Conclusión: el de fotógrafo fue, en aquellas épocas un oficio grato pero incómodo, sólo compensado por la valiosa aportación de auténticas piezas en las que se apreciaban momentos muy precisos, diríase que perfectos de una suerte; o el drama y la tragedia en el momento de surgir el percance. Ora una cornada, ora un tumbo de órdago… o lo excelso de una “larga cordobesa”, como las que solía interpretar Rodolfo Gaona con frecuencia.

Y el trabajo de Luis Reynoso se recuerda de modo particular, debido al generoso legado que dejó en su trayectoria, pues cada fotografía suya, es resultado de un registro donde se concentran diversos elementos que justifican sensibilidad en el quehacer, búsqueda y afirmación estéticas y hasta el mero sentido común con el que obtuvo un lugar entre los mejores.

Dos creadores. Gaona el torero, Reynoso el fotógrafo.

   Ya lo decía la prensa en su momento:

Reynoso no es un fotógrafo profesional. Es un artista que concurre a la plaza para impresionar los grandes momentos de los buenos toreros. Aficionado entusiasta a la fiesta sin par, están en acecho, cámara en mano, para tomar las instantáneas que reflejen los primores de un arte cada día más apreciado por los que tenemos la dicha de ser taurófilos.

“Así han surgido las maravillosas fotografías de Reynoso.

“El par de “Pavo”.

“La “gaonera” de “Azote”.

“El pase de “Dentista”…

Reynoso es, indiscutiblemente, el “As” de los fotógrafos taurinos mexicanos. Hace el solo, lo que todo el resto de sus camaradas.

“Así se explica que sus “fotos” hayan sido reproducidas en todos los periódicos taurinos de México y de España, cosa a la que no nos hemos opuesto, no obstante nuestros derechos de propiedad, porque los triunfos de Reynoso, son triunfos de “EL ECO TAURINO” [publicación de la que traigo hasta aquí las presentes notas, publicadas en octubre de 1928], son triunfos nuestros…

“Este año Reynoso pondrá de nuevo la “muestra”. Los museos taurinos se enriquecerán con nuevos lances de maravilla hechos solo por afición, ya que Reynoso jamán anda ofreciendo sus fotografías ni a toreros ni a apoderados.

“No lo necesita por dos motivos: primero, porque no vive de eso, y, segundo, porque aún contra su voluntad, se ve asediado por los diestros que tienen la suerte de inspirarle sus creaciones.

“Es natural que, a quien tanto vale, se le busque…”

Luis Reynoso fue un integrante más de la célebre “Unión de Fotógrafos Taurinos de México”, creada desde 1928 por Samuel Tinoco, Eduardo Melhado y Enrique Díaz. En 1940 aquella sociedad celebró una exposición, en la que convocados los diferentes artistas de la lente, fue posible concentrar un trabajo colectivo con lo mejor de lo mejor. En ese sentido, Rafael Solana hijo o José Cándido, en la firma de sus crónicas apuntaba:

“No ha sido suficientemente estimada la labor del fotógrafo dentro de la fiesta taurina. El fotógrafo completa, contiene y afianza al poeta y al pintor, que respaldados por el artista de la cámara, puede pulir y abrillantar las escenas que se suceden en el ruedo, sin el peligro de que, devorado por la fugacidad de un instante, todo vuele hacia la fantasía y se convierta en mera creación imaginativa. El fotógrafo, en los grandes fastos de la tauromaquia, en las hazañas heroicas, en las tardes en que desborda la maravilla de arte que es el toreo, es el notario que da fe, con su respetabilidad, con su crédito público de hombre que sólo trata con realidades, de que aquello que incendió nuestros ojos en una llamarada increíble no fue solamente un ensueño, sino fue una verdad. Si el fotógrafo no rescatara pruebas palpables, evidentes, incontenibles, todos los extraordinarios momentos del arte se mezclarían en nuestra memoria hasta convertirse en una sola masa de irrealidad, de fantasía, de sueño”.

Hasta aquí con esa elogiosa nota que sigue con otros apuntes más, todos ellos convertidos en la justa calificación de tan notable tarea, que por fortuna, ha quedado registrada en infinidad de publicaciones donde la célebre firma “Reynoso” viene a confirmar todos estos dichos, que nos refieren a un auténtico artista de la lente.

El mérito de aquellos diletantes de la imagen, de auténticos profesionales en la fotografía, permite recuperar un pasado que nos parece todavía más representativo en la medida en que esos registros adquieren una dimensión especial, y que recreamos porque muchas de ellas alcanzaron el centro mismo de una suerte, de la “fugacidad de un instante” –Rafael Solana dixit-.

Loor a Luis Reynoso.

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