ACLARACIONES SOBRE EL ORIGEN DE ATENCO.

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Retomando las aclaraciones al respecto del origen y desarrollo que, a mi parecer son las correctas, continuaré con dicha misión.

   Es preciso aclarar un punto clave que quizá todavía no he abordado.

   En 1526 Hernán Cortés revela un quehacer que lo coloca como uno de los primeros ganaderos dela Nueva España, actividad que se desarrolló en el valle de Toluca. En una carta del 16 de septiembre de aquel año Hernán se dirigió a su padre Martín Cortés haciendo mención de sus posesiones en Nueva España y muy en especial “Matlazingo, donde tengo mis ganados de vacas, ovejas y cerdos…”

   Dos años más tarde, y por conducto del propio Cortés, le fueron cedidas en encomienda a su primo el licenciado Juan Gutiérrez Altamirano, los pueblos de Calimaya, Metepec y Tepemajalco, lugar donde luego se estableció la hacienda de Atenco a partir de la fecha que he considerado como la de su origen o su fe de bautizo: 19 de noviembre de 1528.

   Ahora bien, es mi deber aclarar que su origen no se remonta a 1522 como se dice por ahí, sino al año 1528, pero esto no es en sentido obligatorio en cuanto al hecho de que surge, sin más la ganadería de toros bravos. En dicho espacio se asentó ganado mayor y menor, y que por su naturaleza propia fue extendiéndose, al grado de que al mediar el siglo XVI se convirtió en un peligro debido a que los indígenas de la región tenían que sortear la presencia de ganado mayor que ocasionaba sobresaltos.

   El ganado destinado en las ocasiones de regocijo no contaba con una selección previa. En todo caso podría insinuarse que en los momentos de ser enviados a la plaza se tomaban en cuenta aspectos tales como: presencia, algo de bravuconería que naturalmente tienen las reses en el campo.

Esta imagen, probablemente nos ayude a entender qué tipo de ganado

 pudo ser el que se estableció y desarrolló durante la primera etapa del virreinato.

   Por todo lo anterior, no podremos ignorar la situación que prevaleció en la hacienda, sobre todo, en un momento en el que el ganado comenzaba a desarrollarse de manera desmesurada, pero que también se utilizaba para provisión y entretenimiento lo más o lo mejor que tenían.

   Joaquín García Icazbalceta, respetable bibliófilo congregó una de las bibliotecas más importantes hacia fines del siglo XIX, y en la cual se encontraban documentos valiosísimos. En su trabajo OBRAS, Tomo 1, opúsculos varios 1. México, Imp. de V. Agüeros, Editor, 1896. 460 p., nos presenta en el pasaje “El ganado vacuno en México” datos como el que sigue:

   La asombrosa multiplicación del ganado vacuno en América sería increíble, si no estuviera perfectamente comprobada con el testimonio de muchos autores y documentos irrecusables. Desde los primeros tiempos siguientes a la conquista, los indios poco acostumbrados a la vista y vecindad del ganado, padecían a causa de él, mucho daño en sus personas y sementeras, lo cual dio lugar a repetidas disposiciones de la corte, que vacilaba entre la conveniencia de que los ganados se aumentasen, y el deseo, que en ella era constante, de procurar el bien de los indios. Entre esas disposiciones es notable la relativa a la gran cerca que se labró en el valle de Toluca para encerrar el ganado de los españoles. Consta en la cédula real de 3 de Junio de 1555, que por su interés histórico y por hallarse únicamente un libro rarísimo (la Monarquía Indiana, Libro I, cap. 4), me resuelvo a copiar, a pesar de su mucha extensión. Dice así:

   El Rey-Nuestro Presidente é oidores dela Audiencia Realdela Nueva España.A Nos se ha hecho relación que D. Luis de Velasco, nuestro visorrey de esa tierra, salió a visitar el valle de Matalcingo, que está doce leguas desa ciudad de México, cerca de un lugar que se llama Toluca, que es en la cabecera del valle, é que tiene el dicho valle quince leguas de largo, é tres y cuatro y cinco de ancho en partes, y por medio una ribera, y que hay en él mas de sesenta estancias de ganados, en que dizque hay mas de ciento cincuenta mil cabezas de vacas é yeguas, y que los indios le pidieron que hiciese sacar el dicho ganado del valle, porque recibían grandes daños en sus tierras y sementeras, y haciendas, y que no las osaban labrar, ni salir de sus casas, porque los toros los corrían y mataban, y que los españoles dueños de las estancias, y el cabildo dela Iglesiamayor desa ciudad, por otra, le pidieron que no se sacase el ganado dela Iglesia, que perdía lo más sustancial de sus diezmos, y a los oidores y a la ciudad que se les quitaba de su provisión y entretenimiento lo más o lo mejor que tenían. E que visto lo que los unos y los otros decían, y mirada y tanteada toda la dicha tierra, y comunicado con ciertos religiosos y con los dichos indios principales naturales del dicho valle y todas sus comarcas, irató que se hiciese una cerca que dividiese las tierras de los indios de las de esas estancias, cada una conforme a la cantidad de ganado que tuviese; que la cerca se tasase por buenos hombres, y que la dicha cerca se hizo, la cual tiene más de diez leguas, medidas por cordel, y que los indios tienen por bien que del precio della se compre censo para tenerla reparada siempre, por estar seguros de los daños de los ganados, y que se trasó la cerca en diez y siete mil y tantos pesos de oro común, y que al tiempo del pedir la paga a los dueños de las estancias, apelaron para esa Audiencia de mandarles el dicho visorrey pagar, y que han hecho el negocio pleito, con fin de dilatarlo todo lo más que pudieren, por que los indios no sean pagados, ni la cerca no se conserve, que es lo que pretenden, y que convenía mandásemos que los que tienen ganado en el valle pagasen la cerca ó sacasen los ganados, por que con ello se contentarían los indios, aunque lo más conveniente para el sustento y conservación de la una república y de la otra era que la cerca se pague, porque el ganado se conservase sin daño de los naturales. E visto todo lo susodicho y entendido que es conveniente que la dicha cerca se conserve, envío a mandar al dicho visorrey, que en lo del pagar la dicha cerca los españoles, ejecute luego lo que en ello tiene ordenado. Por ende, yo vos mando que vosotros ayudéis é favorezcáis a la ejecución dello, sin que pongáis estorbo alguno: é si los dichos españoles ó alguno de ellos se agraviare, mandamos que se ejecute el dicho repartimiento sin embargo dello, é vosotros veréis los agravios, y haréis sobre ello, llamadas é oídas las partes a quien tocare, brevemente justicia, y avisarnos heis de lo que en ello se hiciere. Fecha enla Villade Valladolid, a tres del mes de Junio de mil é quinientos é cincuenta é cinco años.-La Princesa.-Pormandado de su Majestad, su Alteza en su nombre, Francisco de Ledesma.

   Es decir, en la cita que recoge García Icazbalceta se hace una reflexión acerca del exceso con el que el ganado se desarrollaba en la hacienda de Atenco, concretamente, pero que también este mismo asunto da idea de la asombrosa multiplicación que el ganado vacuno promovió entre los habitantes del lugar, pero sobre todo el cabildo de la Iglesia mayor desa ciudad, pidió que no se sacase el ganado de la Iglesia, puesto que perdía lo más sustancial de sus diezmos, y a los oidores y a la ciudad que se les quitaba de su provisión y entretenimiento lo más o lo mejor que tenían ya que el dicho ganado propiciaba entre los habitantes formas de “entretenimiento lo más o lo mejor que tenían”. Es pues, en Atenco, donde se da una forma primitiva de fomento a la diversión taurina, en la que seguramente hubo evidencias de ese otro toreo no registrado en las fuentes pero que con el pequeño dato proporcionado por Torquemada es suficiente para considerarlo como tal.

   La necesidad que tiene el indio por equipararse a las capacidades del español, en los ejercicios ecuestres y campiranos produce reacciones que seguramente van a manifestarse de manera velada o soterrada, a espaldas de quien lo conquistó y ahora le niega una posibilidad por realizar labores comunes en la plaza. El campo, evidentemente fue más bondadoso en ese sentido y concede al indio encontrarse con un ambiente al que imprimirá su propio carácter, su propio sentir. Su “ser” en consecuencia. Bajo esas condiciones es muy probable que el indio haya efectuado los primeros intentos por acercarse al toreo de a caballo, y por ende, al de a pie, con el que gana terreno sobre el español. Y aunque la mayor manifestación de libertad en cuanto a ejecución del mismo se va a dar durante el siglo XVIII, va permeando con ese “ser” su propio espíritu a través de dos siglos muy importantes, tiempo que no desperdició en enriquecer la expresión torera.

 CONTINUARÁ.

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