PONCIANO DÍAZ SALINAS REPRESENTA EN LO TAURINO AL SIGLO XIX MEXICANO.

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Hoy, 19 de noviembre de 2011 celebramos el 155 aniversario del nacimiento de Ponciano Díaz Salinas, por lo que considero oportuno no dejar escapar tan importante hecho y recordar a nuestro personaje.

   Vió la luz primera en la hacienda de Atenco. Fue hijo de D. José Guadalupe Albino Díaz “El Caudillo”, hábil vaquero de la propia hacienda, enclavada en el Valle de Toluca, en el estado de México. Su madre, Doña María de Jesús Salinas. Para entender mejor esta destacada figura, escribo a continuación una semblanza humana del personaje.

 PONCIANO DÍAZ SALINAS REPRESENTA EN LO TAURINO AL SIGLO XIX MEXICANO.

    Ponciano Díaz Salinas representa en lo taurino al siglo XIX mexicano. Y no es para menos, debido a la complicada forma en que debemos entender aquel espacio histórico, lleno de conflictos internos, de convulsiones y de complicadas situaciones que, aunque impiden verlo de pronto con absoluta pureza, buscamos entenderlo quienes como historiadores tenemos compromiso de llevarlo hasta ese territorio donde la claridad sea dominante.

   Su profunda personalidad ha sido motivo para estudiarla desde diversas perspectivas. Sobre todo la humana, esa que siempre está llena de laberintos. Habiendo nacido, como es de todos conocido, el 19 de noviembre de 1856 en la hacienda de Atenco, su protagonismo en el último tercio del siglo decimonónico nos obliga a poner los ojos con un alto grado de atención para entender la forma en que influyó en esa tauromaquia mexicana, espejo fiel, como ya quedó señalado, de lo que fue y significó aquella centuria en el destino de nuestro país. Ponciano parece ser uno más de esos personajes arrancados de la leyenda –entre patriótica y mitológica- que navega también, entre el héroe y el antihéroe. Su presencia no fue una casualidad. Cuando ya galopaba seguro de sí mismo por cuanta plaza, por cuanto pueblo y ciudad pudo pasar, las multitudes se le rendían incondicionalmente, hasta el punto de la frontera con la glorificación. Ese torero híbrido, a pie y a caballo, logró encontrar y aprovechar el secreto de una afirmación taurina que se consolidó en varios territorios: Atenco, Bernardo Gaviño y el nacionalismo, que más tarde devino patriotería y aún algo más doloroso: la decadencia.

   En Atenco convivió de manera cotidiana con los quehaceres propios de una hacienda dedicada y destinada, entre otras cosas, a la crianza del toro bravo. Durante esa época, quien dedicó grandes esfuerzos a encontrar el toro ideal fue Bernardo Gaviño, diestro español por nacimiento; mexicano por adopción. El encuentro que durante más de 300 ocasiones tuvo con los atenqueños a lo largo de 40 años, permite entender la acertada elección del ganado que pastaba al pie del Valle de Toluca. Por eso, la presencia de don Bernardo era constante y deben haberlo considerarlo como uno más entre quienes participaban en las tareas campiranas, en muchos de cuyos lances convivieron juntos primero el padre de Ponciano, José Guadalupe Albino Díaz, quien además ostentó el famoso grado de Caudillo, es decir ocupaba la función de segundo jefe o subalterno del caporal. Más tarde, el joven Ponciano que debe haber encontrado en el “Maestro” al guía espiritual que esperaba para seguirlo y con quien tuvo que acercarse para formularle su mayor propósito: “Quiero ser torero…, como usted”.

   Mientras para Gaviño pasaban los mejores años, pero su influencia seguía siendo una pesada losa en el medio taurino mexicano, Ponciano ascendía por la ruta tentadora de la popularidad a pasos muy rápidos. El toreo de esas épocas era fascinante, pero también un caos. Como el país. Hoy día es difícil entender la forma en que se planteaba una tauromaquia que convivía permanentemente con mojigangas, jaripeo, manganeo, fuegos de artificio, toros embolados y otra serie de invenciones y recreaciones que quedaban materializadas en una misma tarde. Ese comportamiento lo mantuvo Bernardo Gaviño, pero también lo alentó Ponciano Díaz. Y habiendo muerto el de Puerto Real, en1886, a Ponciano no le quedó otro remedio que defender a ultranza aquella razón de ser de la tauromaquia mexicana, mientras comenzaban a soplar vientos enrarecidos que llegaban de allende el Atlántico. Por eso debe haber intensificado el nacionalismo en cuanto aparecieron en escena un conjunto de diestros españoles que, a partir de 1882 y hasta 1888 en que logran su objetivo principal: el de consumar la “reconquista vestida de luces”. Tal “reconquista” debe quedar entendida como ese factor el cual significó reconquistar espiritualmente al toreo, luego de que esta expresión vivió entre la fascinación y el relajamiento, faltándole eso sí, una dirección, una ruta más definida que creó un importante factor de pasión patriotera, chauvinista si se quiere, que defendía a ultranza lo hecho por espadas nacionales –quehacer lleno de curiosidades- aunque muy alejado de principios técnicos y estéticos que ya eran de práctica y uso común en España.

México Gráfico, del 1º de julio de 1888, p. 2.

    Por lo tanto, la reconquista vestida de luces no fue violenta sino espiritual. Su doctrina estuvo fundada en la puesta en práctica de conceptos teóricos y prácticos absolutamente renovados, que confrontaban con la expresión mexicana, la cual resultaba distante de la española, a pesar del vínculo existente con Bernardo Gaviño. Y no solo era distante de la española, sino anacrónica, por lo que necesitaba una urgente renovación y puesta al día, de ahí que la aplicación de diversos métodos, tuvieron que desarrollarse en medio de ciertos conflictos o reacomodos generados básicamente entre los últimos quince años del siglo XIX, tiempo del predominio y decadencia de Ponciano Díaz, y los primeros diez del XX, donde hasta se tuvo en su balance general, el alumbramiento afortunado del primer y gran torero no solo mexicano; también universal que se llamó Rodolfo Gaona.

   Dueño de la situación, es motivo de versos, litografías, corridos, grabados, exaltación, sin más. Inaugura con recursos propios su plaza, la de Bucareli un 15 de enero de 1888 y a su carrera, ascendente, no le falta más que consolidarla con la alternativa, práctica común en España desde hacía algún tiempo, pero que en México no se consideraba como necesaria. Para qué, si estaba Ponciano. Y Ponciano aceptó el reto, para lo cual se fue a España y allá la recibió un 17 de octubre de1889. A su regreso, las cosas no fueron iguales. De nuevo, en suelo mexicano, sus seguidores, que eran legión, consideraron que aquello era una traición y se lo echaron en cara, por lo que poco a poco la popularidad vino a menos, hasta el punto de la decadencia, y donde si no lo dijo, como dicen que lo expresó Rafael Guerra “Guerrita”, su padrino: “No me voy… me echan”, debe haberlo pensado mientras en medio de diversas derrotas, no sólo se le echaban encima sus partidarios. También aquel ejército de toreros hispanos que impusieron el toreo de a pie, a la usanza española y en versión moderna.

   Sin embargo, la obra de Ponciano Díaz puso de manifiesto la independencia taurina mexicana y que hoy valoramos en toda su dimensión, consientes de que aunque fue rebasada por los nuevos tiempos, sirvió para apuntalar el sentido de unos principios de auténtica libertad, supeditados eso sí, a los esquemas técnicos impuestos, para bien o para mal por su antiguo maestro Bernardo Gaviño, de quien por cierto tomó distancia, no sabemos si por diferencias de conocimientos, o por el hecho de que ambos, dueños de gran popularidad, entraban en pugna.

   Hoy día, con un legado de información que resplandece más y más al “torero con bigotes” podemos entenderlo mejor, gracias al hecho de que se convirtió en un personaje popular de altos vuelos, pero ser humano al fin y al cabo, de carne, hueso y espíritu que al cometer aciertos y errores se convierte en uno más de los que deben pasar por el juicio de la historia para valorarlo en su dimensión más plena. Bien lo decía el historiador holandés Jacob Burckhardt: “No regañemos a los muertos. Entendámoslos”.

   El personaje que fue Ponciano Díaz Salinas vuelve hoy a plantearnos la posibilidad de conocer, con una mejor perspectiva qué fue y qué significo no sólo para el siglo XIX. También para la tauromaquia mexicana. De ahí que conmine a las autoridades aquí presentes a recordarlo en su justa dimensión ahora que se acerca el año 2010, momento en que ocurrirá una de las mayores reflexiones sobre el Bicentenario dela Independenciay el Centenario dela Revoluciónmexicanas. Ofrezco para ello mi quehacer que, en tanto historiador he realizado desde hace más de 20 años alrededor de esta figura peculiar del toreo nacional para lograr que los mexiquenses sepan de aquí en adelante el papel protagónico que desempeñó nuestro personaje. El trabajo de acopio sobre su iconografía, la revisión hemerográfica o bibliográfica de la época, el análisis que supone ese paso que arranca en 1877 y llega a 1899 no terminan ahí. Apenas si le conocemos. Por esa y otras razones, es que pongo a la disposición de las instituciones académicas o de aquellos interesados, todos mis materiales que podrían integrar un capítulo de revisión a fondo de su vida y su obra. Ponciano merece dedicarle tiempo, publicaciones, exposiciones y reflexiones para que terminemos conociéndolo mejor.

Deja un comentario

Archivado bajo EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s