EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 I

    Antes de entrar en materia, la que hoy continuará abordando el tema de las juventudes taurinas en México, a propósito del surgimiento de “juventudEsTOROS”, quisiera compartir con ustedes algunas ideas que derivaron de una lectura hecha al trabajo de Edgar Tello Leal, y que presento a continuación, con objeto de encontrar las profundas relaciones que existen entre las virtudes y disponibilidades que puede explotar este marcado sector de la sociedad, estando al servicio de sus inquietudes y desarrollo todo el proceso materializado de la tecnología digital.

   De entrada, el autor[1] parece plantearnos un paradigma con fuerte carga visionaria: “Es deseable alcanzar una sociedad del conocimiento donde la inclusión de los individuos en la generación del conocimiento sea total…” Es decir, marca además de todo la condición de que, en la medida de tomar una ruta incorrecta en la brecha digital, en esa medida el potencial de esa misma brecha será desperdiciado, cuando el propósito es el de un “conocimiento total…”. Para ello sin embargo, está presente un desequilibrio social que va de la mano con el desequilibrio económico y otras inestabilidades de nuestro tiempo. A esto es preciso agregar la presencia contundente de la tercera revolución industrial, que trae consigo las nuevas tecnologías que son eminentemente intelectuales. Tal fenómeno viene dictando principios en los que se hace presente la economía del conocimiento inherente a la actividad humana, pero también al desarrollo y transformaciones sociales que se ven reflejadas en la afirmación de las TIC. Pero en tanto brecha es tanto más cuanto abismo digital que establece marcadas diferencias, ya sea a nivel sociedad o a escala de estado o nación.

   Edgar Tello Leal pone énfasis especial en la presencia de internet para cuya explicación acude a José Cabrera quien apunta: “(…) es una tecno-estructura cultural comunicativa, que permite la resignificación de las experiencias, del conocimiento y de las prácticas de interacción humana”. Si ello se mira en condiciones ideales, sus propósitos están más que cubiertos. Sin embargo, el uso que de ese instrumento viene haciéndose en términos de la cohesión social, ya no en tanto individuo, sino como colectividad, demuestra que han operado cambios inéditos cuyo tejido se debe, en buena medida a la simple y a la vez compleja articulación.

   No debe olvidarse, a partir del análisis que el razonamiento de los investigadores y la literatura destinados a estas explicaciones, detectan la presencia de elementos tales como la brecha cognitiva, suma de efectos de las otras brechas y que concentran “ámbitos constitutivos del conocimiento, acceso a la información, la educación, la investigación científica, la diversidad cultural y lingüística…” como “desafío a la edificación de las sociedades del conocimiento”. Este propósito sería ideal si permeara en todas las aristas de la sociedad, sin que nadie quedara marginado. Sin embargo, habrá y de hecho ya hay, un buen sector de sectores que están quedado peligrosamente rezagados del beneficio que las brechas ofrecen (lo que seguramente cabe en la definición de brecha digital internacional como abismo que separa a las regiones y a los países). Es decir, ya hay un sector de sociedades privilegiadas y otro que no lo es. Desde luego que todo propósito en los gobiernos sería el de una educación sin excepciones, equilibrada. En 2010 por ejemplo, el gobierno mexicano destinó un 5% del PIB, tres puntos por debajo de lo deseable, en donde el 1% se dirige a investigación científica y desarrollo tecnológico en las instituciones públicas de educación superior.[2]

   A nuevas definiciones como el de la “sociedad de la información” se aprecian escenarios que la convierten en “un sistema económico y social donde el conocimiento y la información constituyen fuentes fundamentales de bienestar y progreso…” siempre y cuando intervengan condiciones como el respeto a los derechos humanos, premisa que se ha incorporado al engranaje en muchas sociedades.

   Las prospectivas, más que perspectivas ofrecen un panorama non grato en el sentido de que la desigualdad seguirá marcando más abismos que brechas, brechas digitales que se armonizan conforme a los postulados que la globalización va delineando. Ello será notorio en estados de primer mundo. Los que se integran en la tercera escala serán víctimas marginales del pretendido avance. Cuando es deseable la apropiación tecnológica sine qua non dado que, para el caso mexicano concretamente, la infraestructura para su funcionamiento existe, aunque no para todos.

   Sucede que a la brecha digital, de conformidad con las TIC permite, entre otras cosas, el beneficio de la capacitación y la educación en armonía con los recursos integrados en la tecnología. Pero como ya se dijo, es imposible olvidar de que infraestructura se vale para ofrecer el servicio. Por eso, el autor identifica que las “inversiones y las políticas nacionales para la reducción de la brecha digital [ vs. mercado y nuevas tecnologías ] siguen orientadas principalmente hacia el desarrollo de la conectividad”.

   En el estudio de Tello Leal se propone el empleo de registros y mediciones a partir, por ejemplo del grado de masificación del uso de las TIC (nivel estado, región, grupos o personas); censos en otras palabras, que puedan identificar como llama a la “disponibilidad de computadoras, a la densidad telefónica y a la velocidad de acceso (a internet) por persona”.

   Otro factor que no puede quedar soslayado es el conflicto de la desproporción, es decir: volumen creciente de información vs. escasa disponibilidad de conocimiento lo que pondría en duda los beneficios previstos por la brecha cognitiva. La información debe transformarse en conocimiento, ese es el dilema. De nada vale contar con todo el recurso si no hay acceso real a la información y más aún. Si no hay suficiente capacidad para convertirla en conocimiento y el conocimiento en beneficios tangibles. Como se podrá ver, la ecuación es demasiado compleja.

   Por ahora la brecha digital avanza y avanzará en forma incontenible. Conviene por tanto no sólo aprovechar los nuevos fenómenos que la tecnología ofrece a través del mercado que, traducidos a infraestructura (doméstica, académica o a gran escala) considere también el fenómeno de la brecha digital y colaterales como la cognitiva. Esto desde luego no puede verse como un beneficio de gratuidad. No. Sucede todo lo contrario. Tiene un costo y los productores “no quieren perder los beneficios de sus descubrimientos”. Por ello se sugiere un derecho al conocimiento con la protección de la propiedad intelectual. De ahí que, por ejemplo, el usuario doméstico o el estudiante “se oriente de forma decisiva hacia el perfeccionamiento de habilidades de auto aprendizaje, de búsqueda eficiente de información con vistas a construir conocimientos relevantes”.

   México vive un rezago digital y marcadas desigualdades (diferencias culturales, edad o ingresos entre otras) que impiden el desarrollo concreto de las TIC en la sociedad. Desde luego no es lo mismo medir la cantidad de computadoras, que el tipo de usuarios y las edades en que oscila el empleo de las TIC. Mexicanos de 19 a 49 años (estudiantes, profesionistas y trabajadores) las utilizan en sus actividades. Los adultos de más de 50 años tienen, en este momento una presencia menor.

   Cuando la computadora personal se incorporó a los hábitos cotidianos (por lo menos desde 1990), esto ocurrió en medio de diversos comportamientos: ya fuese de rechazo o una novedad pasajera. Tomemos en cuenta que en aquellos momentos las capacidades de esa infraestructura no eran las mismas a las de hoy en día. Sin embargo, utilizábamos ese equipo conforme a las condiciones de avance que iban dando. Generacionalmente resultó más fácil para los niños y jóvenes ese acceso que a los adultos, acostumbrados todavía a elementos mecánicos (o para mejor entenderlos, analógicos). En 20 años esa infraestructura evolucionó considerablemente y en buena medida, ha obligado al usuario a actualizar los servicios complementarios o a actualizarlos, de ahí que las TIC han venido a integrarse de manera más lógica en nuestros quehaceres ordinarios, los de casa y todos aquellos que tienen que ver con la educación o la tramitología. Sin embargo, es notorio que no en todos los hogares, si ubicamos este fenómeno en un común denominador preciso, existe ya no digo la computadora, sino el conjunto de la infraestructura que haría posible la materialización de las bondades de las TIC, pero sobre todo aquel otro que, por añadidura se convierte en condición intelectual benéfica: la brecha cognitiva. Con ello, queda marcado también la fuerte dependencia que esos espacios y elementos que lo integran, tendrían en poseer si no esa infraestructura, al menos las otras (televisión, radio o teléfono con línea directa o celular) como TIC, aislados momentáneamente de la computadora y la conexión a internet, con lo que no tendrían, en consecuencia el acceso “completo” y deseable que, como fin último prevé la brecha digital y sus condiciones cognitivas aquí revisadas.

 II

   Ahora bien, la experiencia y el conocimiento, taurino, ¿con quién conviene compartirlos?

   Y es que hoy, cuando se extienden y se despliegan buena parte de los saberes, sobre todo en los medios masivos de comunicación e internet, cuyos múltiples instrumentos y derivados son las herramientas de que se valen aquellos que cuentan con ese acceso, es entonces cuando contemplamos un mundo posible para la materialización de las TIC. En su natural y vertiginoso crecimiento, destacan los empeños que la sociedad civil ha experimentado en su por ahora, infinito campo de acción. En esas circunstancias, conviene aprovechar los síntomas de la experiencia, con objeto de aplicarlos directamente como posible respuesta a la pregunta planteada líneas atrás.

   Es posible que el propósito didáctico potencia mejor en niños que en jóvenes pues ellos, los infantes se encuentran bajo la tutela de los padres, en tanto que los jóvenes manifiestan signos de rebeldía e independencia (desconozco el porcentaje de aquellos que, a los 18 años siguen integrados al núcleo familiar o se separaron de él). A esto hay que agregar diversas actitudes contestatarias que les son particulares. Y es en ese segmento duro donde el ejercicio didáctico y pro-taurino debe encontrar caminos y veredas que no resulten complicados.

   El primer gran elemento a tratar es la explicación de sus significados rituales, sobre los que actualmente no solo hay un gran desconocimiento, sino una enorme polarización, lo que ha creado dificultad para entender la razón de su presencia. Tal ejercicio, conlleva un rico argumentario cultural que no ideológico. Ancestral., que no inmediato.

   Las juventudes que por primera vez acuden a una plaza de toros lo hacen en función de varios comportamientos y razones. Una de ellas está fincada en el hecho de que habiendo acudido de la mano de sus padres, ahora jóvenes lo hacen convencidos de continuar las siguientes etapas de aprendizaje, para lo cual ya cuentan con elementos básicos de formación. Otro sector lo hace atraído por los otros, aunque esto no garantiza que se desarrolle en ellos su inclinación hacia los significados que despliega la tauromaquia. De primera impresión es tan deslumbrante y descarnado cuanto ven en esa sola tarde de toros, que lo único que puede producirles es más confusión, rechazo o repugnancia. Entender el toreo en todas sus aristas nos puede tomar toda la vida. Por eso, aquellos jóvenes que por primera vez presencian el espectáculo en toda su dimensión, no alcanzan a entender demasiado, lo que requiere un tiempo muy representativo para otras contemplaciones “in situ” incluyendo el diálogo con aficionados. Y aún más. El mayor contacto que sea posible en términos de lecturas complementarias, la mirada a todos los materiales visuales posibles de tal forma que, codificado ya en términos cognitivos lo que significa, en general la tauromaquia, es preciso decodificar todos sus significados en lo particular. También es probable que a su alrededor, el joven interesado sea influido por la idea de los otros, aquellos que no comulgan necesariamente con la representación de la tauromaquia y entonces su postura sea inestable. En esa actitud que muchos jóvenes manifiestan en nuestros días, apoyados en el uso de todos aquellos dispositivos tecnológicos, la información que podría fluir se convierte en elemento que circule de manera inmediata a través de las redes. Es deseable entonces que cuanto pueda circular entre ellos, y de conformidad a estos propósitos didácticos o de aprendizaje se convierta en la suma de datos pertinentes. El aprendizaje de muchos de nosotros vino ocurriendo desde que nuestros padres nos retroalimentaban con sus propias opiniones. Al cabo de los años, y ya integrados como jóvenes o adultos en el espectáculo como asistentes consuetudinarios, nos valemos de esa misma información ya “archivada” en nuestra memoria, la cual procesamos permanentemente con objeto de “guardar” los datos que constituyen y enriquecen nuestro propio bagaje cultural al respecto. Si este método fuese posible en todos los casos, sería el más deseable. Sin embargo, muchos de quienes se acercan a los toros por primera vez suele ocurrir en forma espontánea, por invitación. Incluso para sumarse al caos o al “desmadre” si el asunto no interesa en verdad… y entonces terminan por abandonar o alejarse de esto, convirtiéndolo en un episodio fugaz. Lo importante es saber en qué medida es posible contar con la certeza de los cautivos, de los aficionados en potencia que irán inoculándose de toda la información que se encuentre a su alcance.

 

 

   Concluyo que las TIC son, por ahora, condiciones favorables para encontrar una respuesta en cuanto a la otra respuesta, la que los jóvenes podrían dar cuando se encuentran por primera vez ante un espectáculo que ofrece infinidad de representaciones en una sola puesta en escena. El trabajo y las tareas por hacer son muchas. Si “juventuEsTOROS” se propone poner en marcha ese operativo de “evangelización”, va a necesitar de muchos “misioneros” capaces de convencer, y de poner en claro que la fiesta de los toros no tiene, hasta ahora, esa carga de significados negativos que le cuelgan como “sambenitos”, en tanto exista la libertad de expresión, libertad y expresión para decirles, con el conocimiento acumulado de siglos, lo que significa la tauromaquia, sin más.

   Sin embargo, para que todo esto pueda ser posible, falta un ingrediente importantísimo: la tolerancia.

 25 de febrero de 2012.


[1] Edgar Tello Leal: “Las tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) y la brecha digital: su impacto en la sociedad de México”. Barcelona, Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento. Universitat Oberta de Catalunya, 2007. Vol. 4 Nº 2, 8 p.

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