EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El año de 2011 fue, para México, especialmente crítico, pues se vivió una de las sequías más extremas de que se tenga memoria, lo que ocasionó daños irreversibles, sobre todo en el campo, de ahí que cosechas y ganados sufrieran tremendo golpe, así como sus propietarios, quienes tuvieron que adaptarse a uno más de los nuevos efectos del cambio climático. Hoy día, superada y en parte estabilizada dicha crisis, permite a todos aquellos afectados fincar esperanzas de recuperación, cosa que tomará, en algunos casos, buen número de años.

   En circunstancias muy parecidas, sólo que desde la cosa taurina, todo parece indicar que con lo que viene aconteciendo en la plaza de toros “México”, se salvará –en buena medida-, esa otra sequía, la de valores que no se veía desde hace un buen rato.

   Todo parece indicar que comienzan a vislumbrarse sólidas esperanzas al ver desfilar a una serie de toreros que están dando la “nota” en la actual temporada capitalina. Desde luego, este balance sólo corresponde a los primeros festejos, lo que no significa tener la visión de conjunto, sino apenas un porcentaje, mismo que servirá más adelante para las conclusiones. Sin embargo, allí están Alejandro Talavante, Daniel Luque, “Morante de la Puebla”, José Mauricio, “El Juli”, Arturo Saldívar y Diego Silveti. De seis carteles restantes, ya se dará razón más adelante, e incluso, de esos nombres dependerá lo que pueda ocurrir en la segunda etapa de la temporada, a punto de ponerse en marcha a partir del domingo 13 de enero de 2013.

   Lo que interesa también es todo aquello que resulte con la comparecencia de otros tantos encierros faltantes: Marco Garfias, Marrón, Villa Carmela, Rancho Seco, La Punta y San Mateo, en espera de que su presentación represente alientos de esperanza, no sólo en cuanto al trapío y la edad que todos esperamos, sino a su juego. Lo que sí ha quedado en duda es el papel y desempeño de los jueces de plaza, que no han mostrado rigor, sino que, a la hora de resolver sobre la marcha los diversos conflictos o situaciones que se han dado durante los primeros seis festejos ese ejercicio ha dejado mucho que desear, lo que ha causado sospecha de sus capacidades. No es posible que ante lo manirrotos en sus otorgamientos de orejas que no se corresponden con ciertas faenas y labores de los toreros, tengan que “doblar las manos” en cuanto el público reacciona en forma por demás irreverente. Allí está el caso de la concesión de una vuelta al ruedo al tercer ejemplar de Los Encinos lidiado este último domingo, y donde inicialmente la decisión de la autoridad fue la de arrastre lento. Si los jueces no asumen su verdadero papel, el que les ha conferido la delegación Benito Juárez, luego de la sugerencia que, para el caso haya hecho del mismo la Comisión Taurina del D.F., no estamos en consecuencia ante nadie que sea confiable. También es de esperar una mejor postura a la hora de aprobar los encierros y en su caso, de ser necesario, la aplicación del reglamento en aquella circunstancia que tiene que ver con el examen post mortem. En la medida en que la Autoridad, así con mayúscula, demuestre su presencia es posible que el desarrollo del espectáculo encuentre una mejor razón de ser.

   Con el desenlace de este 2012, y en el territorio estrictamente taurino apenas empieza a levantarse algo bueno de la cosecha que como bien decía al principio de estas notas, resulta ser espejo de una prolongada sequía, aquella en la que a pesar del empeño de cierta maquinaria publicitaria o mediática intentan decirnos sobre las maravillas de tal o cual torero, pero el hecho es que un refresco con aires de renovación le vienen muy bien a un espectáculo que ha estado de capa caída. Y no es para menos. La crisis mundial también ha sido un factor macro que ha afectado los sistemas de funcionamiento en el espectáculo, no sólo en nuestro país. También en Europa, en centro y Suramérica. A ello debe agregarse el sistemático propósito de los contrarios en seguir alentando, desde su trinchera, la posibilidad de que las corridas de toros sean eliminadas. En nuestro frente, se hace algo, no del todo equilibrado y organizado, lo que demuestra fuertes señas de debilidad, más que de articulación con lo que puedan quedar garantizadas una serie de circunstancias que le den ese toque de permanencia. En opinión de algunos especialistas se ha llegado a una idea que compartimos: la fiesta de toros se va a morir en algún momento. Dejémosla morir dignamente, pero no forcemos su agonía, no apliquemos ningún procedimiento en que puedan quedar desconectadas esas posibilidades artificiales de prolongar la vida, o de acelerarla con el procedimiento de la eutanasia. Como parte de un proceso natural, la fiesta de los toros nace en algún momento, se desarrolla a lo largo de muchos siglos y tiende a morir, que no es eterna. ¿Cuándo va a ocurrir esto? No tenemos ninguna certeza.

   Por estos días salió publicada una nota en La Jornada (Ciencias) que nos dice que “Expertos creen posible medir cuánto tiempo vivirá una persona”, y esto a través de la prueba de sangre para determinar la velocidad del envejecimiento.[1] Si tal procedimiento científico fuese posible aplicarlo en el caso de una representación ritual tan antigua como lo es la tauromaquia, y si de todo esto tuviésemos el diagnóstico en nuestras manos, así nos quedaríamos más tranquilos. Hasta dónde llegue la extensión natural de la vida de la tauromaquia seguirá siendo un misterio.

   Sin embargo, y para terminar, no es válido que según ciertas acciones, deliberadas o no. Intencionadas o no también, sirvan como razones específicas para su más pronta eliminación, sea desde el interior o desde el exterior del territorio emblemático de la tauromaquia. El que ocho países sigan detentando y conservando ese patrimonio, ese legado no es ninguna casualidad. Tal representación permeó en sus culturas, estas hicieron suya sus representaciones y significados, de ahí que sea conveniente conservar, hasta donde sea posible el profundo lenguaje de sus raíces, relacionadas todas con un ritual que es el gran aglutinador de una suma y entrecruzamiento de otras tantas culturas a través de los siglos.

 28 de noviembre de 2012.


 

[1] La Jornada, Nº 10169, del martes 27 de noviembre de 2012. La Jornada de enmedio. (Ciencias), p. 2a.

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