SOBRE EL TORO DE LIDIA EN MÉXICO: DE 1768 y HASTA NUESTROS DÍAS. (CUARTA PARTE).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

LOS DIFERENTES CRITERIOS QUE LOS REGLAMENTOS TAURINOS HAN ESTABLECIDO SOBRE EL TORO DE LIDIA EN MÉXICO: DE 1768 y HASTA NUESTROS DÍAS. (CUARTA PARTE).

   Al mencionarse dos toros para el coleadero y además, el toro embolado de costumbre, ello nos refleja el carácter de mezcolanza habido durante buena parte del siglo antepasado, anejo indispensable y complementario de las diversas corridas efectuadas tanto en la Real Plaza de toros de San Pablo, como en la Plaza de toros del Paseo Nuevo y que tanto gustaban al público de entonces. No concebían una corrida si no llevaba como uno más de sus actos, el coleadero y el toro embolado. Como vemos, la cuadrilla de Gaviño, independientemente de la que presentara Mariano González “La Monja”, estuvo constituida por: dos espadas, cuatro banderilleros, dos chulillos, dos locos, cinco picadores y dos coleadores. Es decir, un auténtico grupo formado con los elementos que por entonces exigía la tauromaquia concebida y realizada en México.

AHTM24RF1_047Ilustraciones hechas por Luis Inclán, para las “Reglas con que un colegial puede colear y lazar”. Fuente: Hugo Aranda Pamplona. Luis Inclán El Desconocido.

   Ávila y Magdaleno Vera fueron, entre otros los picadores. Para la fecha, quiero suponer simplemente que al respecto del primero, se tratara de uno de los famosos hermanos Ávilas, ya fuera Luis, Sóstenes o José María. En cualquiera de los casos, y si esto resultara verídico, encontramos que el torero mexicano aprovechaba cualquier circunstancia para poder actuar en la plaza, pero sobre todo cuando Gaviño tenía compromiso. Bernardo, en algún momento debe haber representado un centro de atención muy especial, puesto que la cantidad de festejos donde actuó marcan la línea de un “mandón” de los ruedos, influyente en todo sentido y capaz de tener finalmente controlado todo el sistema que se movía alrededor de las corridas de toros. En cuanto a José Delgado y “El Moreliano”, de este último puedo decir que pudiera tratarse de Jesús Villegas, más tarde conocido con el remoquete de “El Catrín”. Era un torero de Morelia que se entusiasmó tanto cuando vio a Gaviño actuar en alguna plaza michoacana, que dejó a la familia y se fue a hacer la legua con el gaditano. Sin embargo, es Francisco Soria el verdadero “Moreliano” quien pertenece a la cuadrilla del torero español. En todo esto no hay más que una coincidencia y casualidad al mismo tiempo.

   La suerte del mete y saca era tan común que hasta hubo manera de identificar a cada torero a la hora de ejecutarla. No es casualidad que a grandes estocadas, como las de Mariano González “La Monja” se le conocieran con denominaciones como la “estocada Mariana”. Adjetivos de grandeza y “eficiencia” también.

   Siguiendo con las referencias señaladas, es ahora el “Champurrado”, picador de toros y Joaquín, banderillero español, a quienes dedicamos estas líneas. “Champurrado”, aparte de ser el popular atole de masa de maíz con chocolate, leche, canela y azúcar, también es una denominación para calificar un mestizo a otro mestizo. En la época que nos detiene para su revisión el “Champurrado” debe haber sido un picador cuyas características nos pueden ser reveladas por esos maravillosos apuntes de costumbre, recogidos en ASTUCIA de Luis G. Inclán. Joaquín López, banderillero andaluz, quizá estuvo integrado a la cuadrilla de don Bernardo, como un subalterno más. Ya vimos que Gaviño no aceptaba “intrusos” que empañaran su trayectoria artística, sobre todo a la hora de las ganancias, pero también del renombre que tenía de sobra, ganado por nuestro torero español y mexicano al mismo tiempo.

SUERTE DE VARAS SIGLO XIX EN MÉXICOLa imagen procede del siguiente cartel: Cartel de la plaza principal de SAN PABLO para el domingo 10 de enero de 1858. CUADRILLA DE NIÑOS / TOROS / EN LA / PLAZA PRINCIPAL / DE SAN PABLO./ DOMINGO 10 DE ENERO DE 1858. / GRAN / CORRIDA DE TOROS. Col. del autor.

   José María, otro de los picadores, Pilar Cruz, el bárbaro Cruz, es uno más de los varilargueros, temerarios y valientes como el que más, y Manuel Lozano García, banderillero.

   José Juan Cervantes, es nada más y nada menos, que el dueño de la hacienda de Atenco, dehesa que nutre de toros y más toros a las corridas efectuadas por aquel entonces. A propósito, tuve oportunidad de encontrarme un documento de gran importancia que se conecta con el apartado que a continuación dedicaré en relación a la presencia e influencia que pudo haber mostrado el gaditano. Se trata, precisamente de una correspondencia dirigida a José Juan Cervantes a la hacienda de Atenco en el mismo año de 1852. Dice el documento:

                 Sr. D. José Juan Cervantes

          Méjico, enero 25 de 1852

          Mi muy Apr.e amigo y Sor.

          Con su enviado Francisco Recillas he recibido ayer su muy grata fha.20 y con ella los trece toros (13) de mi pedido inclusos (sic) los siete que había separado Bernardo. Hoy deben jugar 6 según verá V. por el anuncio adjunto y habría tenido una verdadera satisfacción si V. hubiera podido venir para verlos lidiar.

          Espero que será otro día, y mientras tanto me repito de V. afmo. amigo y S.S

Q.S.M.B.

Vicente Pozo (rúbrica).[1]

   Como podemos ver, son dos las situaciones que encierra la epístola de Vicente Pozo, a la sazón, empresario de la plaza del Paseo Nuevo, a su amigo don José Juan Cervantes. Una de ellas es que menciona a “Bernardo” quien “había separado” los toros, es decir, gozaba de libertad absoluta para escoger el ganado fuera en la plaza o en el campo. En cuanto a la segunda situación, ésta tiene que ver con un verbo que comienza a figurar con mayor fuerza en el ambiente taurino de aquel entonces: “lidiar”. La tauromaquia en cuanto tal, lleva implícito este significado que se enriquece con cada época, y para la que revisamos, resulta sumamente objetivo el propósito por aprovechar embestidas que dieran en consecuencia un conjunto de lances o de pases que concretaran los primeros pasos de un arte de lidiar reses bravas en nuestro país, en unos momentos que ya lo requerían o necesitaban.


[1] Universidad Nacional Autónoma de México. Biblioteca Nacional. Fondo Reservado. FONDO: CONDES SANTIAGO DE CALIMAYA, en adelante: [U.N.A.M./B.N./F.R./C.S.C.] CAJA Nº 18 18/1 Pozo, Vicente, carta desde la ciudad de México, le comunica que ha recibido 13 toros de un pedido. Méjico, enero 25 de 1852, 1 f.

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