TANTO VA EL CÁNTARO A LA FUENTE… HASTA QUE SE ROMPE.

CRÓNICAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Luego de celebradas tres tardes en la actual temporada “Grande” en la plaza de toros “México”, el balance en materia de ganado ha sido de auténtico fracaso. Hoy, ante las gestiones que vienen haciéndose para que la tauromaquia pueda convertirse en patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad, ¡con qué cara! podríamos salir airosos ante dicho intento, si un elemento tan esencial como es el toro, no hace acto de presencia en forma digna, al menos en la plaza más importante del país. Esa materia prima no ha presentado condiciones como para considerarla apropiada en términos de la dimensión que supondría la estatura del coso capitalino. ¿De quién es la culpa? ¿Cómo remediar ese abuso o la desmesura de su impresentable condición?

   Se entiende que, para que un encierro de seis toros (y los excesos desmedidos de varios “regalos”) alcancen una calificación aprobatoria indudable, es porque la empresa hizo labor de “campo”, y se confió para ello en el trabajo de un “veedor” de todas las confianzas. Además, se tiene la certeza de que él o los ganaderos, están ofreciendo un producto que cumple con el libro de registros, es decir, se garantiza que tienen la edad reglamentaria. El o los criadores elegidos para una temporada, supongo, se esmerarán en preparar el lote de toros escogidos para mandarlos a la plaza con una presentación impecable, razón suficiente para elevar su prestigio.

   Adquiridos esos toros y enviados a la plaza, son sujetos de la aceptación y/o rechazo que el Juez de Plaza, junto a los veterinarios deberán de valorar, en función de varios criterios. El primero de ellos es el del Reglamento, seguido del cumplimiento documental que avale sin sospecha alguna que se trata de toros. Si estos llegan a los corrales con una presentación más que sobrada de trapío, con cornamenta ofensivo-defensiva lo suficientemente desarrollada para que no queda la menor duda de que el producto ofrecido por el ganadero, con el aval del “veedor”, es en esencia suficiente motivo para el desarrollo de la corrida el domingo siguiente, día en que los integrantes de ese encierro se han recuperado del traslado de la ganadería a los corrales, circunstancia que trae consigo la pérdida de su libertad para pasar a un cautiverio, causándoles “stress”, baja de peso, negativa de comer o beber agua en otro espacio que no reconocen como suyo. Todo lo anterior se convierte en la suma de factores en contra que podrían ocasionar aceptación o rechazo, antes de proceder al sorteo. Si el ganadero envió un lote mayor en número de lo previsto, o si la empresa dispone de toros de reserva, es probable que cualquier imprevisto, en el cual la toma de decisión del Juez de plaza y veterinarios, quede totalmente superado, por lo que existen condiciones para celebrar el sorteo y con ello, razón previa autorizada para que el festejo se realice conforme a todo lo previsto. Luego, con la salida de seis ejemplares dignos de la crianza de su ganadero, sucede o discurre –en teoría- una buena tarde, ese factor dependerá de muchas otras causas. Lo importante es destacar que han salido, por la puerta de toriles, simple y sencillamente toros. Lo demás viene por añadidura, aunque es de esperar la presencia de un reflejo contundente a lo largo de toda la lidia. Ello estará indicando si los empeños del ganadero fueron los correctos o no, en aras de mantener vigente la casta de la que provienen sus ejemplares, afirmando lo que en México se llama “reata”, que en términos de crianza significa mantener los valores de bravura y nobleza aunados a los de la vigorosa presencia de esos maravillosos animales.

   Lamentablemente estos apuntes solo tienen una fuerte carga de idealismo. En la realidad, está ocurriendo lo contrario y si por alguna razón me equivoco, apelo a los resultados que esos tres festejos han arrojado en términos de presencia y juego mostrados por 24 animales que ni por casualidad han cumplido con el status de toros, ni sus juegos o lidian han tenido la digna calificación ya no digo de extraordinario, sino de bueno, sin más.

   Por eso, como al principio me pregunto: ¿De quién es la culpa?, si el gran ausente hasta ahora ha sido el toro en una plaza de toros.

   Cualquier abuso, colma la paciencia de propios y extraños. Reiterarlo una y otra vez convertirá la maniobra cómplice en el consabido “tanto va el cántaro a la fuente… hasta que se rompe”. Quienes están involucrados en esto, a lo que se ve, no está midiendo las consecuencias, tanto de sus excesos como de sus errores. Ojalá y no se presente un episodio desagradable, incluso antes de tiempo pues detonando sin remedio, creo también que se estrellan contra el piso muchas aspiraciones, quedando todos nosotros en evidencia por culpa de unos cuantos. Además, si los medios de comunicación no realizan su labor de manera digna, honesta, clara y contundente, estaremos ante un caso evidente de exaltación de la mentira. El público que paga un boleto, se nota, es en su mayoría, una masa crítica que no está dispuesto a tolerar ese tipo de abusos, de “tomadas de pelo”, como ocurrió con la devolución de ese primer “toro” que le correspondía a Enrique Ponce en la tarde inaugural. El público, que no la afición, se da cuenta de si hay o no condiciones de calidad. Muchos asistentes en estos últimos tiempos son entusiastas interesados que acuden a la plaza, como resultado de la publicidad, del poder de convocatoria que generan los carteles, más que la profundidad o no de su conocimiento, pues esa formación se va a dar en la medida en que se integren de manera permanente a la fiesta, la hagan suya y se documenten en forma ávida y personal hasta adquirir perfiles de conocimiento adecuado que los convierta en aficionados, dispuestos a seguir con sus “pasiones” el decurso de la tauromaquia de aquí en adelante. Aunque también es probable, en el peor de los casos, el desencanto y abandono definitivo ante las demasiadas evidencias de hacerles creer una cosa cuando están viendo otra.

   Si con todo lo anterior los que detentan el control de esta circunstancia aún siguen empeñados en seguir mintiéndole a la afición, a los públicos, a la prensa y a sí mismos, me parece que este será un propósito fallido, un capítulo más de sus terquedades, de sus obsesiones, de sus caprichosas formas de seguir engañando y cumpliendo con intereses muy poderoso$ que sólo benefician a unos cuantos, pero afectan, y mucho, a la fiesta de los toros en general, al punto de someterla al riesgo de que su reputación quede, una vez más, en la peor de las dudas.

 22 de noviembre de 2011.

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