LA CONQUISTA ESPAÑOLA: SU INCÓMODA ACEPTACIÓN.

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   En esta ocasión abordó el que fue el episodio de la conquista, la que como sabemos, comprende desde el 21 de abril de 1519 y hasta el 13 de agosto de 1521. El arribo del contingente español representaba un número reducido de soldados y caballos, así como de bergantines. En aquellas circunstancias totalmente desiguales, este grupo tenía mínimas posibilidades de realizar un proceso que significara vencer al enemigo. Es decir, quienes integraban el imperio azteca se podía contar por miles, y con una indudable superioridad bélica. Sin embargo, grupos sometidos como los tlaxcaltecas se sumaron a Cortés, lo que trajo consigo la integración de un ejército lo suficientemente fuerte y capaz como para dar cara a una guerra, lo cual se materializó en diversos episodios, unos más cruentos que otros, recordando fechas como la de la matanza del Templo Mayor, o la batalla de Otumba. Incluso la capitulación misma, ocurrida el 13 de agosto de 1521. Se estaba en un proceso bélico, era la guerra, y las hostilidades vinieron de uno y otro frente, incontenibles.

   Con el triunfo de los españoles, ocurrió un cambio radical pues ello significó el predominio de su cultura, sus ideas para imponerlo como parte de un proceso en el que primero fue la espada. Luego fue la cruz. Y ante ese escenario, conquistadores y conquistados tuvieron que convivir, por lo que diversas circunstancias de vida cotidiana tuvieron que ponerse e imponerse, obteniéndose como resultado una asimilación conciliada que devino en maridaje, donde el padre español y la madre indígena concibieron un mestizaje, esencia que constituyó buena parte del recorrido colonial aglutinado en tres siglos de convivencia. Ese mestizaje tuvo tales comportamientos que en el entrecruzamiento de tres razas distintas: blanca, indígena y negra, surgió tal número de castas que hizo de la sociedad novohispana una representación heterogénea en ideas, religiones, creencias, matices y demás circunstancias hasta producir esa rica expresión mexicana y novohispana a la vez de la cual hoy tenemos un rico catálogo de consecuencias –favorables y desfavorables-, pero que conformaron al fin y al cabo ese complejo tejido social.

   Ambas culturas, española e indígena en el intercambio y aceptación en las formas de ser y de pensar, cargaban con una serie de acumulaciones culturales muy amplias. Dos pueblos que a lo largo de varios siglos manifestaron la suma de otros tantos pueblos, cuya mezcla de este o aquel elemento dejaban mostrar diversas improntas, una de las cuales tuvo que ver con la profunda realidad religiosa. Así que cuando por esos breves años del proceso aquí referido, hubo necesidad de conocer y reconocer lo que significaba cada pueblo en esos personajes, entendieron mutuamente qué extremos alcanzaban sus creencias.

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Códice Tovar. Representación del Zompantli.

   Sabemos, por la lectura que viene siendo parte de estas explicaciones, me refiero al extraordinario trabajo de Michel Graulich, que el sacrificio y muerte de infinidad de guerreros, fue una de las razones que escandalizaron a los españoles, pues estos admiraron ese tipo de representaciones que se consumaba en la antropofagia e incluso en el canibalismo. Incontables fueron esos casos que nutrían un amplio y misterioso aspecto de la cosmovisión, el cual no terminaba en la ejecución misma. Para dejar constancia fehaciente del imperio, era necesario llegar al punto de una escenificación materializada en el zompantli, que hoy admiramos en la talla de algunos de ellos ubicados en el Templo Mayor. Pero aquello tenía por objeto imponer, por lo que diversos cráneos humanos, incluso los de ciertos caballos quedaron más que afirmados, tal cual se puede apreciar en toda su crudeza en una de las ilustraciones del códice “Florentino”.

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Códice Florentino.

   Así que esa “convivencia” inicial y contradictoria, repugnante y escandalosa fue parte de esas primeras realidades, tanto y más en el proceso de conquista que el de la colonización misma. La idea de expansión establecida por el poderoso imperio español también tenía entre sus estrategias la aplicación de métodos de sometimiento. Apenas unos años atrás, 1492 para ser exactos, había terminado una de las más largas batallas, la guerra de los ocho siglos, sostenida entre moros y cristianos lo que debe haber generado diversas estrategias que luego vinieron a aplicarse en menor o mayor medida a estas tierras, ya que la conquista se extendió a otros territorios en centro y Sudamérica.

   La colonización representó un enorme ejercicio evangelizador con propósitos de una clara cohesión, sobre todo a partir de la llegada de los primeros franciscanos, labor que luego se extendió a otras órdenes que poco a poco diluyeron la idea de Tonantzin o “madre tierra” para establecer el culto y veneración de la virgen de Guadalupe, lo que significó la instauración de la religión católica, cuya convivencia terminó asimilada o aculturada en lo que hoy día se conserva o mantiene en nombre de diversas poblaciones. Tal es el caso de San Juan Teotihuacán, San Mateo Atenco, San Lucas Tunco, por mencionar tres del que luego fue ese nuevo universo novohispano.

   Concluyo anotando lo siguiente:

   No es casual que Miguel León Portilla haya titulado a una de sus obras fundamentales como La visión de los vencidos, donde están reunidos una serie de testimonios que recogen el dolor, la pérdida, fracaso, abandono e incluso el que resultaba un nuevo sometimiento que aplicó en una cultura que, tras su capitulación quedaban atrás privilegios y autoritarismos del que fue un imperio.

   El zompaltli es la representación más contundente por el hecho de que en dicho conjunto se reunían los cráneos atravesados de guerreros, e incluso, como ya quedó anotado también de cabezas de caballos que fueron tomadas como trofeos de guerra durante los enfrentamientos entre aztecas y españoles con sus aliados.

   Se encontraron dos religiones contrarias. A Hernán Cortés se le confundió con el mito del retorno de Quetzalcoatl, sobre todo porque influían factores de un tiempo que se cumplía en forma coincidente con el anunciado regreso así como con el color de la piel, o por el hecho de que los conquistadores en su gran mayoría eran barbados. En ese trasvase de ritmos de vida, o de sucesión en las costumbres, se revelaron infinidad de cambios radicales en hábitos, usos y costumbres.

CONTINUARÁ.

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